martes, 25 de marzo de 2014

ORACIÓN


ORACIÓN:

Padre santo, te doy gracias por tu presencia en mi vida, por el apoyo físico y espiritual que me das. Permíteme estar siempre conciente de tu amor y a gozarme en el. Por favor te ruego que pongas en mi corazón el deseo de dar aliento a los necesitados y a los enfermos. Dame fortaleza para ayudar a quienes se encuentran en soledad, tristes, afligidos y preocupados; que mis palabras sean guiadas por tu Santo Espíritu para que les den el consuelo que necesitan, En el nombre de Jesús, Amén.

¿ESTÁS OBEDECIENDO LA PALABRA DE DIOS?


¿Estás obedeciendo la palabra de Dios?

Lucas 5:1-11
“Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron”.

Para estos experimentados pescadores, verdaderos profesionales de la pesca, las palabras de Jesús debieron parecerles totalmente ilógicas. Probablemente ante ellos surgieron muchas preguntas. ¿Qué tenía en mente Jesús? ¿Cuál era su propósito al pedirles que regresaran mar adentro y echaran las redes de nuevo?

Ciertamente las palabras del Señor debieron estar apoyadas por una autoridad y una firmeza imposibles de ignorar. Por eso, aún en contra de toda lógica, Simón Pedro le dijo: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red”0 Y tan pronto aquellos pescadores obedecieron, sus redes se llenaron de peces de tal forma que comenzaron a romperse. ¡Qué poder tan extraordinario tiene la palabra de Dios!

Mientras las abultadas redes eran arrastradas a la playa, estos hombres comenzaron a entender un principio eterno que muchas personas aun no han entendido: cuando obedecemos la palabra de Dios lo imposible se convierte en posible. Ellos jamás hubieran podido imaginar el resultado de su obediencia. Lo que más buscaban y deseaban era precisamente lo que Dios les dio en exceso: unas redes desbordantes de peces. La diferencia estuvo en que la segunda pesca se llevó a cabo bajo la influencia de la poderosa palabra de Dios. El apóstol Pablo comparte su propia experiencia en este aspecto cuando escribe a los efesios y les dice que Dios “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros” (Efesios 3:20).

Cuando estés en medio de una situación muy difícil en la que no encuentres solución, cuando todo te parezca imposible, pon tu confianza en Dios y actúa conforme a su palabra, aunque pienses que es totalmente ilógico;  ten la plena seguridad de que el poder de Dios se manifestará en tu vida tan pronto obedezcas, como les pasó a Simón Pedro y sus amigos. Sólo tienes que confiar y obedecer.

ORACIÓN:
Bendito Dios, gracias por tu palabra y el poder de tu Espíritu que has puesto a mi disposición para ayudarme en las pruebas y aflicciones de este mundo. Ayúdame a depositar toda mi confianza en ti, y a obedecer tu Palabra aunque yo no vea soluciones inmediatas. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

lunes, 24 de marzo de 2014

Esperar en Dios no es lo más fácil, pero SÍ es lo más Seguro.



Esperar en Dios no es lo más fácil, pero SÍ es lo más Seguro.

Esperar en Dios es tener toda tu esperanza en Él. Deja las cosas en sus Manos y no te preocupes mientras esperas, quizás es difícil y la espera puede parecerte muy larga, pero de algo debes estar seguro(a), Él está trabajando en tu problema, buscando el momento de darte respuesta. No sientas frustración, no sientas enojo ni desesperación en la espera, simplemente CONFÍA, descansa, piensa positivo, vive feliz, sabiendo que es en DIOS en quien Tú confías.

“Gracia y Paz”

Oly Sawyer

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia".


Efesios 4:31-32
“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.

Jesús nos dice que debemos perdonar a quienes nos hacen daño, orar por quienes nos persiguen y bendecir a quienes nos maldicen (Mateo 5:44). Esto es difícil. Pero hay algo más difícil: vivir lleno de odio, amargura y resentimiento.

La falta de perdón ha saqueado el mundo. Es la causa de guerras, asesinatos y divorcios. La consecuencia emocional de la falta de perdón es fatiga nerviosa (tensión), enojo, odio y celos. La falta de perdón ocasiona a heridas emocionales y espirituales. Invariablemente, la falta de perdón roe nuestro cuerpo físico y nos saquea con enfermedades — incluso hacia la muerte.

El más gran asesino de la tierra no es cáncer, no son las enfermedades del corazón, tampoco las enfermedades cerebro vasculares, o alguna otra enfermedad física, el más gran asesino de tierra es el odio, la amargura y la falta de perdón.



“Gracia y Paz”

ORACIÓN


ORACIÓN:

Padre mío, Gracias Señor por este nuevo día. Gracias por la oportunidad que me das de servirte. Gracias por tu Palabra, porque por medio de ella conozco las bendiciones que tu tienes para mi día con día; gracias porque aún en medio de mis problemas y dificultades, tú siempre me llevas de triunfo en triunfo. Gracias porque tu me enseñas que no importa cuan difíciles sean mis circunstancias, todas me ayudan a bien. Gracias por la victoria que Jesús obtuvo en la cruz; gracias porque se que esa victoria también es mía. Gracias porque que no importa cuantas necesidades tenga, se que en ti tengo la seguridad de que cada una de ellas será suplida conforme a las riquezas en gloria en Cristo Jesús. A ti mi Dios sea toda honra y alabanza por siempre, En el nombre de Jesús. Amén.

¿DERROTADO O EN VICTORIA?



¿Derrotado o en victoria?

1 Corintios 15:54-57
“Cuando lo corruptible se revista de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: “La muerte ha sido devorada por la victoria.” ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!”

Para los inconversos, la victoria está definida por circunstancias favorables en su vida en un momento determinado. Cuando la situación cambia y se vuelve negativa, el sentido de victoria desaparece y da lugar al fracaso. Y así va por esta vida de fracaso en “victoria” y de “victoria” en fracaso, de desilusión en triunfo, de decepción en esperanza dependiendo de las circunstancias. La vida cristiana, por el contrario, es siempre una vida de victoria gracias a lo que Cristo hizo una vez y para siempre en la cruz del Calvario. Nuestra victoria consiste en reconocer a Cristo como nuestro Salvador y llegar a ser hijos de Dios. Antes vivíamos en el reino de tinieblas bajo las garras del diablo, hundidos en la maldición y el pecado pero al ser librados de ellas por nuestro Señor, nuestra posición y perspectiva de la vida cambió radicalmente. Salimos de un reino derrotado a un reino victorioso.

Dios no nos promete una vida sin problemas o dificultades, pero sí nos asegura que aún en medio de difíciles situaciones podemos obtener la victoria. Jesús les dijo a sus discípulos: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Nuestra victoria es principalmente espiritual, pero afecta profundamente lo físico y lo emocional. Esto tenemos que creerlo de todo corazón y rechazar todo pensamiento negativo que el enemigo ponga en nuestras mentes. Aquí reside fundamentalmente nuestra victoria, en creer lo que dice la Palabra de Dios aunque las circunstancias a nuestro alrededor estén gritando a toda voz que estamos derrotados. Esto se llama “Fe”. “Fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

El apóstol Pablo, después de su conversión en el camino a Damasco, sufrió como nunca antes en su vida. Fue torturado, golpeado, humillado y encarcelado, pero nunca se consideró derrotado sino victorioso. Nunca antes en su vida había sentido una paz y un gozo tan genuinos como sentía ahora en medio de circunstancias tan negativas. Por eso, en la escritura de hoy, él escribió: “¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!”. Esta seguridad en la victoria es algo poderoso que nos enseña que no importa cuan bajo lleguemos, si confiamos en Dios siempre seremos sostenidos por él. No importa cuantas necesidades tengamos, con Dios tenemos siempre la seguridad de que cada una de ellas será suplida “conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). No importa cuan negativas parezcan las circunstancias que nos rodean, al final todas estas circunstancias darán lugar a un resultado favorable para nosotros por la gracia y el poder de Dios, pues “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). Esta es la verdadera victoria.

Nuestra victoria espiritual en Cristo debe ser nuestro aliento y motivación para enfrentar cada día de nuestras vidas. La clave para ser un ganador en la vida es ser primero un triunfador interior. Eso sólo puede hacerlo nuestro Señor. Dice Romanos 8:37: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. En la vida somos más que vencedores por la gracia del Señor Jesucristo. Cultiva una íntima comunión con el Señor por medio de la lectura de la Biblia y la oración diariamente y podrás disfrutar plenamente esa victoria cualesquiera sean las circunstancias que te rodeen.

ORACIÓN:
Padre mío, Gracias Señor por este nuevo día. Gracias por la oportunidad que me das de servirte. Gracias por tu Palabra, porque por medio de ella conozco las bendiciones que tu tienes para mi día con día; gracias porque aún en medio de mis problemas y dificultades, tú siempre me llevas de triunfo en triunfo. Gracias porque tu me enseñas que no importa cuan difíciles sean mis circunstancias, todas me ayudan a bien. Gracias por la victoria que Jesús obtuvo en la cruz; gracias porque se que esa victoria también es mía. Gracias porque que no importa cuantas necesidades tenga, se que en ti tengo la seguridad de que cada una de ellas será suplida conforme a las riquezas en gloria en Cristo Jesús. A ti mi Dios sea toda honra y alabanza por siempre, En el nombre de Jesús. Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

martes, 18 de marzo de 2014

¿A QUIÉN ACUDES EN LA ENFERMEDAD?



¿A quién acudes en la enfermedad?

Isaías 38:1-5
“En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años”.

El rey Ezequías reinó en Judá veintinueve años. La Biblia dice que él “hizo lo recto ante los ojos de Jehová” (2 Reyes 18:3). La escritura de hoy nos dice que Ezequías se enfermó, y su enfermedad era de suma gravedad. El profeta Isaías le habló de parte de Dios diciéndole que ordenara su casa pues pronto moriría. Entonces Ezequías vino delante del Señor en oración, afligido y clamando por sanidad. Dios escuchó su clamor, y lo sanó, y añadió a su vida quince años.

La Biblia nos cuenta también de otro rey de Judá llamado Asa, el cual, al igual que Ezequías, “hizo lo recto ante los ojos de Jehová” (1 Reyes 15:11). En 2 Crónicas 16:12a leemos que “en el año treinta y nueve de su reinado, Asa enfermó gravemente de los pies…”. Muchos comentaristas bíblicos afirman que esta enfermedad era una especie de gota. Hasta aquí son muy similares estas dos historias. Pero continúa el v.12 diciendo que el rey Asa, “en su enfermedad no buscó a Jehová, sino a los médicos”. Asa puso su confianza en la ciencia de aquellos tiempos, y no consideró necesario acudir a la ayuda del Dios todopoderoso en busca de sanidad. Y dice el v.13 que “durmió Asa con sus padres, y murió en el año cuarenta y uno de su reinado”.

Ambos reyes habían actuado conforme a los decretos de Dios, complaciendo al Señor en todo lo que hacían. Pero al encontrarse enfermos de gravedad, sintiendo que el fin de sus vidas se aproximaba, uno de ellos clamó al Señor por sanidad, mientras que el otro buscó la ayuda de los médicos. Ezequías fue sanado y Dios le dio quince años más de vida. Asa, por el contrario, murió poco tiempo después.

Hay otros ejemplos en la Biblia en los que podemos ver el inmenso poder sanador de Dios. Lucas nos cuenta que en una ocasión, mientras Jesús caminaba rodeado de una gran multitud, “una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre.” (Lucas 8:43-44). Esta mujer, la cual había sufrido de esa enfermedad por tanto tiempo, oyó que Jesús estaba cerca y haciendo un gran esfuerzo a través de tan grande multitud se llegó al Señor y logró tocar el borde de su manto, confiando plenamente que sería sanada. “Y al instante se detuvo el flujo de su sangre”. Cuando Jesús se dio cuenta de lo que había sucedido, le dijo a la mujer: “Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz” (v.48). No sólo fue ella sanada de la enfermedad que la azotaba, sino que allí mismo obtuvo la salvación de su alma.

Debemos clamar al Señor en la enfermedad y el dolor, y esperar confiando en su misericordia. Él es nuestra fuente más confiable de sanidad. Y al igual que en los tiempos bíblicos, él está siempre a nuestro alcance cuando clamamos a él. No hay duda de que, si él lo desea, puede sanarnos sin que la ciencia intervenga, pero quizás él tenga un plan determinado al usar a un médico. Muchas veces el diagnóstico ha sido completamente negativo de parte de la ciencia, pero Dios se ha glorificado delante de todos sanando a la persona enferma.

Ciertamente el poder y la sabiduría de Dios están muy por encima de la ciencia médica, de doctores, medicinas, y de toda la sofisticada tecnología de estos tiempos pero, si es su voluntad, nosotros debemos usar para nuestro beneficio los adelantos de la ciencia. Por eso, en medio de la enfermedad, lo primero que debemos hacer es orar poniendo nuestra situación en manos del Señor, buscando la dirección del Espíritu Santo.

ORACIÓN:
Padre santo, gracias porque en la enfermedad podemos venir a ti en busca de sanidad para nuestros cuerpos. Te ruego me des discernimiento para conocer siempre lo que tú quieres que yo haga, y que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla 

Seguramente haz escuchado esta frase:



Seguramente haz escuchado esta frase:

“EL corazón de una mujer debe estar tan escondido en Dios que un hombre debe buscarlo a Él primero para encontrarla a ella”

Toda mujer sueña con un hombre que la ame y la respete, que la valore y la quiera por quien es, no por como se ve o por lo que tiene; anhela que vea mas haya de sus ojos y alcance a ver su corazón, que con un beso le toque el alma y que con un abrazo sienta una conexión; quiere que le sea fiel para toda la vida, formar una bonita familia, llena de risas y felicidad, también con un matrimonio lleno de amor.

La única manera de que esto suceda es que tu cómo mujer tengas temor de Dios, pues el principio de la sabiduría es el temor de Dios.

La única manera en que podrás tener este estilo de vida es que ambos estén escondidos en Dios, que tengan temor de Dios y amen a Dios. Tu debes de estar segura que ése hombre que tu quieres tener en tu vida ame más a Dios que a ti.

Por que si él ama a Dios y tiene temor de él, el Espíritu Santo lo guiara para conducir su vida, y no hará cosas que desagraden a Dios. No te lastimara pues sabrá que tú eres una hija amada de Dios y que si te lastima a ti lo lastimará a Él; que si te es infiel, también le será infiel a Él; que si te golpea a ti, se meterá con Él. Y, Obviamente, este hombre no querrá hacer eso, pues ama a Dios, y si él llegara a cometer un error, el Espíritu Santo se encargara de redargüirlo y corregirlo.

Para una mujer que verdaderamente se encuentre escondida en Dios, solamente un verdadero príncipe la podrá descubrir, porque al encontrarte en la profundidad de Dios podrás ver las cosas como Él las hace, perfectas. Un hombre que pone a Dios en su vida en primer lugar, Dios le permitirá ver las cosas más allá de lo natural; Dios le permitirá discernir tu corazón y ésa será la razón por la cual se enamorará de ti, por tu corazón.

Proverbios 25:2
“Gloria de Dios es encubrir un asunto pero honra de un rey es escudriñarlo”.

Seguramente más de una vez te has preguntado ¿Por qué nadie puede ver lo hermosa que soy? ¿Por qué si soy tan buena no tengo novio? Yo jamás le seria infiel a alguien ¿Por qué nadie puede ver lo que hay dentro de mi corazón? La respuesta es porque solo un verdadero príncipe, que viva en las profundidades de Dios podrá descubrirte.

De manera que asegúrate de que tu corazón este totalmente escondido en Dios y ahí en medio de su presencia ése hombre llegará a tu vida y se unirán.

Salmo 37:4
“Deléitate así mismo en Jehová y el concederá las peticiones de tu corazón…”



“Gracia y Paz” 

lunes, 17 de marzo de 2014

¡LA UNIÓN HACE LA FUERZA!



¡La unión hace la fuerza!

Hebreos 10:23-25
“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.

Una langosta (o saltamontes) parece insignificante cuando salta por el campo. Pero cuando une sus fuerzas con la de otras langostas, el enjambre que de ello resulta puede devorar rápidamente toda la vegetación que encuentre a su paso. Las langostas demuestran el poder de la unidad al trabajar juntas por una causa común. Lo que no pueden hacer individualmente lo logran unidas. En el libro de Proverbios el sabio Agur observó que entre las cuatro cosas más pequeñas de la tierra, las cuales “son más sabias que los sabios”, se encuentran las langostas, “que no tienen rey, y salen todas por cuadrillas” (Proverbios 30:24, 27). Los cristianos podemos aprender una lección de estas pequeñas criaturas: Podremos avanzar mucho más en el servicio al Señor cuando oramos y actuamos juntos.

Si los cristianos nos unimos para servir al Señor, podemos llegar a ser una influencia poderosa en el cumplimiento de los propósitos de Dios para la Iglesia, porque en la unión está la fuerza. Así dice Eclesiastés 4:9-12: “Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”.

Es muy lamentable ver la falta de unión que hay entre los cristianos. Cada vez surgen más denominaciones, y más sectas o cultos que se llaman a sí mismos “cristianos”. Y aun dentro de una misma iglesia local muchas veces hay diferencias doctrinales que afectan profundamente la unidad de la misma. Y el que se regocija es el enemigo. Jesús mostró preocupación en este aspecto cuando oró de la siguiente manera: “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros” (Juan 17:11). La Biblia nos apremia a establecer una relación personal con Jesucristo, y a escudriñar las Escrituras y aferrarnos a sus enseñanzas. Cuando todos sigamos estos principios habrá unidad en la iglesia de Cristo.

Tengamos también presente que nosotros necesitamos a otros creyentes, y otros creyentes nos necesitan a nosotros. La Escritura de hoy nos exhorta a considerarnos unos a otros para “estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos”. Somos una familia de redimidos habitando juntos bajo la sombra protectora de un mismo Padre. Cuando todos nos unimos para alabar y adorar al Señor suceden cosas maravillosas.

Tratemos por todos los medios de mantener una estrecha unidad con los hermanos en la fe. Es importante congregarnos en cada servicio que se lleve a cabo en el templo, pero aún los días en que no nos congreguemos podemos usar el teléfono y hacer una llamada a un hermano enfermo o que esté en necesidad y alentarlo y orar juntos. No olvidemos las palabras de Jesús en Mateo 18:19-20: “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Así es de importante para Dios la unidad de sus hijos.

ORACIÓN:
Querido Dios, derrama sobre tu iglesia tu Santo Espíritu para que podamos llegar a esa perfecta unidad que existe entre Tú y tu Hijo Jesucristo. Así podremos hacer maravillas en tu nombre y el mundo sabrá que Tú eres el único y verdadero Dios. Por Cristo Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

domingo, 16 de marzo de 2014

Efesios 5:33



Efesios 5:33 
“…cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido”.

“Gracia y Paz”

¿CREES QUE DIOS TE HA ABANDONADO?



¿Crees que Dios te ha abandonado?

1 Pedro 1:7
“para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”.

Tanto el carbón como los diamantes se componen de carbono. Entonces, ¿cómo es que los diamantes tienen un precio tan elevado, comparado con el valor del carbón? La diferencia entre ambos minerales es el grado de calor y presión al que es sometido cada uno.

Todo diamante para que tenga más valor, necesita que el pulidor vaya tallando sus caras. Cada una de ellas,  implica un nuevo desgaste, pero le va dando más valor, ya que su precio es más alto cuanto más caras tenga, porque de tal manera reflejará más luz en su interior.

En nuestro caso, las pruebas en las manos de nuestro tallador, implican un nuevo dolor, pero van sacando caras más preciosas que nos ayudan a reflejar mejor la luz de Cristo en nuestras vidas.

Dios, en su infinito amor hacia nosotros, ha planificado pruebas en nuestro camino para ir moldeándonos a su imagen. No pensemos que Dios nos ha abandonado y se ha olvidado de nosotros cuando enfrentemos alguna adversidad, sino más bien tengamos presente que cada prueba tiene un propósito, es un recordatorio que somos importantes para Él y que aún podemos brillar mucho más.

¡Mientras más difícil se haga el camino, Dios multiplicará más tus fuerzas y mientras más fuertes se hagan tus pruebas, más grande será tu VICTORIA!

“Gracia y Paz”
Editado por: Carlos Martínez M.

Brisna Bustamante S.

50 MANERAS DE AMAR A TU PAREJA



50 MANERAS DE AMAR A TU PAREJA

1. Primero ámese cada uno a sí mismo.
2. Empiecen el día abrazándose.
3. Desayunen en la cama.
4. Díganse te amo cada vez que se separen.
5. Elógiense en forma espontánea y sincera.
6. Reconozcan y festejen sus diferencias.
7. Vivan cada día como si fuera el último.
8. Escríbanse cartas de amor inesperadas.
9. Planten una semilla juntos y cuídenla hasta su madurez.
10. Salgan juntos una vez por semana.
11. Envía flores sin razón alguna.
12. Acepta y ama a los amigos y la familia del otro.
13. Escríbanse notas que digan te amo y colóquenlas por toda la casa.
14. Deténganse e inhalen el aroma de las rosas.
15. Bésense sorpresivamente.
16. Disfruten hermosas puestas de sol juntos.
17. Sean sinceros al disculparse.
18. Sean indulgentes.
19. Recuerden el día en que se enamoraron, y reconstrúyanlo.
20. Tómense de las manos.
21. Díganse te amo con los ojos.
22. Permite que ella llore en tus brazos.
23. Exprésale que lo comprendes.
24. Brinden por su amor y compromiso.
25. Hagan algo que los anime.
26. Permítele que ella te dirija cuando estés perdido.
27. Ríanse de sus chistes.
28. Aprecien su belleza interior.
29. Hagan las tareas de la otra persona por un día.
30. Alienten sueños maravillosos.
31. Exprésense muestras de afecto en público.
32. Dense masajes amorosos sin restricciones.
33. Escriban un diario de su amor y registren momentos especiales.
34. Tranquiliza los temores del otro.
35. Caminen descalzos juntos por la playa.
36. Pídele a ella que se case de nuevo contigo.
37. Responde con un sí.
38. Respétense el uno al otro.
39. Se el mayor admirador de tu pareja.
40. Da el amor que tu pareja desea recibir.
41. Da el amor que tu deseas recibir.
42. Muestra interés en el trabajo del otro.
43. Trabajen juntos en un proyecto.
44. Constrúyanse una fortaleza con mantas.
45. Colúmpiense tan alto como puedan en un columpio a la luz de la luna.
46. Hagan un día de campo dentro de casa en un día lluvioso.
47. Nunca se acuesten enojados.
48. Ora con tu pareja.
49. Dense un beso de buenas noches.
50. Duerman abrazados.

1 Corintios 13:4-8
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser...”

“Gracia y paz”

Edificando Matrimonios conforme al Propósito de Dios

sábado, 15 de marzo de 2014

¿ESTÁS ESPERANDO ALGUNA SEÑAL?



¿ESTÁS ESPERANDO ALGUNA SEÑAL?

Mateo 16:1-3
“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo. Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles. Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!”.

Los judíos regularmente exigían señales y prodigios a quienes se proclamaban mensajeros de Dios. Era como si dijeran: “Muestra tus credenciales haciendo algo extraordinario”. La respuesta de Jesús debe haberles sorprendido. Les llamó “hipócritas”, que sólo podían distinguir simples señales como los cambios en el aspecto del cielo, pero eran incapaces de ver o discernir las señales divinas. Sin duda la arrogancia y la soberbia de aquellos hombres eran barreras que impedían el más mínimo discernimiento espiritual.

Varios siglos antes del nacimiento de Jesús, un hombre de Dios, el profeta Elías, recibió una señal del cielo en un momento crítico para el pueblo de Israel. Había en aquellos momentos una sequía muy grande. Hacía más de tres años que no llovía en aquella región, y como consecuencia de esta sequía, el pueblo estaba pasando mucha hambre. Dios, movido una vez más por su misericordia, mandó al profeta Elías a presentarse ante el rey Acab para hacerle saber que la solución a este grave problema estaba próxima (1 Reyes capítulo 18). “Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye. Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas” (V. 41-42). El profeta manifiesta por fe lo que aun no había sucedido pero pronto habría de suceder. Entonces fue a postrarse para hablar con Dios.

En el lugar donde Elías estaba postrado había una pequeña elevación que obstruía la vista del mar, por lo que le pidió a su criado que subiera para que observara si se veía alguna señal de la lluvia que, él sabía, llegaría de un momento a otro. Mientras tanto él se mantenía en íntima comunión con el Señor, confiando en su promesa, orando y suplicando por la tan necesitada lluvia. “Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces. A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje. Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia”.

¡Cuántas veces hemos puesto algo en oración, seguimos orando día tras día, y estamos deseosos de ver o sentir algo que nos muestre que el Señor está trabajando en nuestra petición! Rechazamos la idea de que Dios no nos ha escuchado, pero al mismo tiempo sentimos la necesidad de que él nos dé aunque sea “una pequeña señal”. Es en momentos como estos que hace su aparición la impaciencia, y si permitimos que ésta nos llegue a controlar, la duda empieza a perturbarnos y nuestra fe es afectada, y así mismo el resultado de nuestras oraciones. Esperemos el tiempo del Señor, tranquila y confiadamente, como dijo el rey David en el Salmo 37:7: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él”.

Pongamos en práctica la enseñanza de hoy. Seamos perseverantes en la oración y confiemos, como hizo Elías, mientras nos mantenemos bien atentos a cualquier señal que Dios quiera darnos que nos indique que él está preparando algo muy lindo para nosotros, y que pronto lo vamos a recibir.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me des paciencia para esperar en ti. Por favor, muéstrame una señal de lo que estás preparando para mí, y dame discernimiento espiritual para entenderla claramente. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

¿AÚN ALBERGAS PENSAMIENTOS IMPUROS EN TU MENTE?



¿Aún albergas pensamientos impuros en tu mente?

Colosenses 3:1-10
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno”.

En esta carta a la iglesia de Colosas, el apóstol Pablo considera a los creyentes como habiendo muerto en Cristo y habiendo resucitado con él de entre los muertos. Desde el punto de vista espiritual, esto significa que los cristianos nos hemos separado de la antigua forma de vivir y hemos entrado en una forma de vida totalmente nueva. Seguimos estando en la tierra pero ahora debemos buscar “las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios”. Nuestra perspectiva de la vida debe ser muy diferente a la de aquellos que no conocen a Cristo; nuestro pensamiento debe estar enfocado en el reino celestial, no en las cosas terrenales.

Pablo escribe una lista de las cosas que debemos eliminar de nosotros, entre ellas: “fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos”, así como “ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas” y otras que formaban parte de la vieja naturaleza. Esto no es fácil lograrlo pues el mundo que nos rodea está constantemente bombardeándonos a través de los medios de comunicación con miles de imágenes que producen en nuestras mentes pensamientos de todo tipo, muchos de los cuales son inmorales, indecentes y totalmente contrarios a la pureza y la santidad que el Señor desea ver en sus hijos. Es en estos momentos cuando debemos actuar conforme a lo que Dios desea ver en sus hijos. La Escritura de hoy nos dice: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros…” ¿Cómo hacemos morir lo terrenal en nosotros? En primer lugar apartándonos de las fuentes de ese tipo de imágenes. Y si aun así llegasen pensamientos impuros a nuestras mentes, debemos echarlos inmediatamente. A veces no podemos impedir que lleguen, pero con la ayuda de Dios podemos rechazarlos.

Alguien dijo: “No podemos evitar que los pájaros vuelen sobre nosotros, pero sí podemos evitar que hagan un nido en nuestras cabezas”. La Biblia nos da el modelo con el cual evaluar esos pensamientos. Dice Filipenses 4:8: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.

Dice Proverbios 23:7: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”. Por eso debemos ser extremadamente cuidadosos al albergar pensamientos en nuestras mentes que no estén de acuerdo a la Palabra de Dios. La santidad en nuestras mentes determina la santidad en nuestras vidas. Ahora bien, con nuestras propias fuerzas es imposible para nosotros lograr este estado mental. Solamente con la ayuda del Espíritu Santo podremos lograrlo. Nuestra responsabilidad consiste en alimentar nuestras mentes con una fuerte dieta basada en la Palabra de Dios. Solamente la verdad en las Escrituras puede contraatacar las cosas inmundas que entran a nuestra mente. Pasar tiempo diariamente orando, leyendo la Biblia y meditando en sus enseñanzas nos permitirá seguir el modelo de pensamiento de Dios. Así viviremos una vida que agrade a nuestro Padre celestial y nos convertiremos en las personas que él planeó que fuéramos.

ORACIÓN:
Mi bendito Dios y Señor, te ruego me ayudes a guardar tu palabra en mi mente y en mi corazón, para que no haya en ellos lugar para pensamientos e ideas que no glorifiquen tu santo nombre. Es mi anhelo vivir cada día honrándote en todo lo que pienso, digo o hago. Dame fuerzas para lograrlo. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla