sábado, 20 de octubre de 2012

¿QUÉ SIGNIFICA HONRAR A MI PADRE Y A MI MADRE?


Efesios 6:1-3
“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa, para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”.

Honrar a tu padre y a tu madre, son las palabras respetuosas y las acciones que resultan de una actitud interna de estima por su posición.

La palabra griega para honor, significa venerar, apreciar, y valorar. Honor es darles respeto, no solo por mérito sino también por rango. Por ejemplo, algunos pueden no estar de acuerdo con las decisiones del Presidente, pero aún así ellos deben respetar su posición como líder de su país. Similarmente, los hijos de todas las edades deben honrar a sus padres, sin importar si sus padres “merecen” o no el honor.

Dios nos exhorta a honrar al padre y a la madre. Él valora el honrar a los padres, lo suficiente como para incluirlo dentro de los 10 Mandamientos (Éxodo 20:12) y nuevamente en el Nuevo Testamento: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa, para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (Efesios 6:1-3).

En los días del Antiguo Testamento, el hablar mal de los padres de uno o rebelarse contra sus instrucciones, resultaba en la pena capital (Éxodo 21:15-17; Mateo 15:14). Mientras que aquellos que honraban a sus padres eran bendecidos (Jeremías 35:18-19), una característica de tanto aquellos con una “mente reprobada” como aquellos que se caracterizan por su falta de piedad en los últimos días, es la desobediencia a los padres. (Romanos 1:30; 2 Timoteo 3:2).

Salomón, el hombre sabio, exhortaba a los hijos a respetar a sus padres (Proverbios 1:8; 13:1; 30:17). Aunque en la actualidad ya no estemos directamente bajo su autoridad, no podemos ignorar el mandamiento de Dios de honrar a nuestros padres. Aún Jesús, el Hijo de Dios, se sometió Él mismo a Sus padres terrenales y a Su Padre celestial (Mateo 26:39; Lucas 2:51). Siguiendo el ejemplo de Cristo, como cristianos, debemos tratar a nuestros padres de la manera en que deberíamos aproximarnos reverencialmente a nuestro Padre celestial (Hebreos 12:9; Malaquías 1:6).

Obviamente, se nos ordena honrar a nuestros padres, pero ¿cómo? Honrarlos tanto con nuestras acciones como con nuestras actitudes (Marcos 7:6). Honrar sus deseos no expresados, como los hablados. “El hijo sabio recibe el consejo del padre; mas el burlador no escucha las reprensiones” (Proverbios 13:1).

En Mateo 15:3-9, Jesús les recuerda a los fariseos el mandamiento de Dios de honrar a su padre y madre. Ellos estaban obedeciendo la letra de la ley, pero habían añadido sus propias tradiciones que esencialmente la anulaban. Mientras que honraban a sus padres de palabra, sus hechos probaban el verdadero motivo de su corazón. Honrar es más que un servicio de labios. La palabra honor en este pasaje es un verbo, y como tal, demanda elegir una acción correcta.

El honor incluye la idea de traer gloria a alguien. 1 Corintios 10:31 nos dice que todo lo que digamos o hagamos, debemos hacerlo para la gloria de Dios. Debemos buscar honrar a nuestros padres de manera similar a la que los cristianos se esfuerzan por darle gloria a Dios –en nuestros pensamientos, palabras y acciones.

La palabra griega “hypakouo” significa obedecer, escuchar, o prestar atención. Para un hijo menor, obedecer a sus padres va de la mano con honrarlos. Eso incluye escucharlos, prestarles atención, y someterse a su autoridad. Después de que los hijos maduran, la obediencia que aprendieron cuando niños, les servirá para honrar a las autoridades tales como el gobierno, la policía y sus jefes.

Mientras que se nos pide honrar a los padres, eso no incluye el imitar a los impíos (Ezequiel 20:18-19). ¿Qué pasa si tus padres te piden hacer algo malo? En ese caso, debes obedecer a Dios antes que a los hombres (Hechos 5:29).

El mandamiento de honrar a los padres es el único mandamiento con promesa: “para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra” (Efesios 6:3). El honor engendra honor. Dios no honrará a aquellos que no obedezcan Su mandamiento de honrar a sus padres. Si deseamos complacer a Dios y ser bendecidos, debemos honrar a nuestros padres. Honrar no es fácil, no siempre es divertido, y ciertamente es imposible en nuestra propia fuerza. Pero el honor es un camino seguro para nuestro propósito en la vida: glorificar a Dios. “Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor” (Colosenses 3:20).

“Gracia y Paz”
Vida y Familia

¿ESTÁS FINGIENDO SER LO QUE NO ERES?


Mateo 23:23-28
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad”.

John Philip Sousa era el nieto del gran compositor y director de orquesta norteamericano del mismo nombre. Cuando era joven, este hombre recibió grandes sumas de dinero por aceptar invitaciones para dirigir orquestas. Sin embargo, llegó un momento en que su conciencia comenzó a perturbarlo. Sabia que esas invitaciones se debían a su relación familiar con su famoso antepasado, no a su propia habilidad, pues el joven Sousa apenas podía leer una nota musical. Un día decidió abandonar su lucrativa farsa y comenzar a ganarse la vida honestamente.

El pecado que Jesús censuraba más frecuentemente era la hipocresía de los fariseos. Estos estaban desempeñando el papel de personas temerosas de Dios, pero no vivían en obediencia santa a Su voluntad. En el pasaje de hoy, Jesús los llama “hipócritas”, y les dice que mientras limpiaban “lo de fuera del vaso y del plato”, dejaban sucio lo de adentro, por lo que estaban “llenos de robo y de injusticia.” Eran, afirmaba el Señor, “semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia”.

¿Has fingido alguna vez ser alguien que no eres? No tiene que ser un personaje famoso. Quizás en tu iglesia todos creen que eres un consagrado cristiano, pero en tu vida personal no sigues las enseñanzas de la Palabra de Dios. O tal vez te estás haciendo pasar por un piadoso discípulo de Jesús cuando en realidad eres un impostor espiritual. Sin duda estas son palabras fuertes y tan impactantes como una ducha de agua fría, pero la experiencia demuestra que el autoengaño es posible. Probablemente no todos los fariseos estaban concientes de su hipocresía religiosa, quizás algunos habían llegado a creerse que estaban haciendo lo correcto ante los ojos de Dios, hasta que Jesús los confrontó.

Muchos de los falsos profetas de nuestros tiempos comenzaron su labor de engaño concientes de lo que estaban haciendo y diciendo. Pero a medida que repiten una y otra vez sus mentiras, ellos mismos se las van creyendo hasta que llega un momento que se engañan a sí mismos y algunos concluyen que Dios les habla directamente y los dirige en lo que hacen. Algunos creen que son apóstoles, otros profetas, e incluso algunos dicen ser el mismo Jesucristo encarnado. Por eso es bueno que con frecuencia nos hagamos un auto análisis espiritual a la luz de la palabra de Dios, en actitud de oración pidiendo al Señor que nos ayude en el examen, así como David clamaba: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24).

Es en el corazón donde reside la hipocresía y la maldad que mueve a los hombres a actuar como los fariseos. Al profundizar en tu corazón, pide al Señor que te limpie de toda impureza, no por fuera, sino allí dentro de ti, como imploraba el mismo David: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:10).

ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, me acerco a ti en esta hora para pedirte que examines mi corazón, y saques de allí todo aquello que me hace actuar hipócritamente, fingiendo algo que en realidad no soy. Ayúdame a ser limpio tanto por dentro como por fuera, para agradarte a ti en todo lo que haga. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

OBSERVAR Y ESPERAR


Isaías 18:4
“Porque el Señor me dijo así: Me estaré quieto, y los miraré desde mi morada…”

En Isaías 18, parece que el mundo entero está listo para luchar contra el pueblo de Dios. Sin embargo, ¿cómo reacciona el Todopoderoso? «Me estaré quieto, y los miraré desde mi morada…» (v. 4). Su quietud tal vez da la idea de que acepta la conspiración contra ellos. Pero no era así. Con su respuesta, le recuerda que Él obra a su tiempo; en el momento preciso y conforme a su voluntad.

Pienso en Jesús cuando esperó cuatro días mientras Lázaro yacía en la tumba (Juan 11:39). ¿No sabía lo que pasaba? ¿No le importaba? ¡Por supuesto que sí! Estaba esperando el momento preciso para actuar y para enseñar lo que tenía previsto y quería que aprendieran.

La Biblia registra «retrasos» de Dios, muchos de los cuales parecen inexplicables desde nuestro punto de vista. Sin embargo, todo atraso surge de las profundidades de su sabiduría y amor. Si no hay otro motivo, tales situaciones pueden generar, si las aceptamos, las virtudes más silenciosas (humildad, paciencia, entereza y constancia); cualidades que suelen ser las últimas que se adquieren.

¿Estás angustiado? ¿El Señor parece distante e insensible? Él no es indiferente a tu clamor ni imperturbable ante tus ruegos, sino que está esperando que se cumplan sus propósitos. Entonces, en el momento apropiado, intervendrá. Dios nunca tiene prisa, sino que siempre llega a tiempo.

Vale la pena esperar el tiempo de Dios; su horario siempre es el mejor.

----------------------------------------
LEA: Isaías 18:1-5

Biblia en un año: Mateo 26–28
----------------------------------------

“Gracia y Paz”
Nuestro Pan Diario

LA MINA TERRESTRE DE LA TRANSIGENCIA


1 Reyes 11:1-13
“Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas; gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor. Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón. Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David. Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas. E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre. Entonces edificó Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalén, y a Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón. Así hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses. Y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y le había mandado acerca de esto, que no siguiese a dioses ajenos; mas él no guardó lo que le mandó Jehová. Y dijo Jehová a Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo. Sin embargo, no lo haré en tus días, por amor a David tu padre; lo romperé de la mano de tu hijo. Pero no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo, por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, la cual yo he elegido”.


Las minas terrestres cuidadosamente camufladas son mortíferas armas de guerra. Si un soldado pisa una, sin darse cuenta, sufrirá lesiones graves o la muerte. Lo que es cierto en las batallas físicas, también lo es en el mundo invisible. En el camino de todo cristiano hay minas terrestres espirituales, que causan un gran daño a los creyentes incautos que las pisan.

Uno de tales peligros ocultos es el claudicar o ceder. El rey Salomón es un trágico ejemplo de un hombre que resultó lesionado por esta mina terrestre espiritual. Dios lo preparó con una sabiduría incomparable para que gobernara a Israel, y le dio la tarea de construir su Templo. Pero, a pesar de estas bendiciones, su corazón comenzó a alejarse del Señor. Siguió sus propios deseos, y se casó con muchas mujeres extranjeras que lo llevaron a la idolatría. Su corazón no se apartó de repente, sino que hubo un lento proceso de malas decisiones que violaban los mandamientos de Dios.

Muchas veces, pensamos que un pequeño paso que nos aleja de Dios no es tan malo; después de todo, siempre podemos regresar. Pero Satanás está esperando ese paso. Tan pronto como usted lo da, él gana. Ahora tiene un punto de apoyo y redoblará sus esfuerzos para llevarlo aun más lejos. De ahí en adelante, cada paso que usted da es más fácil y pronto estará alegando que eso realmente no es pecado.

Dejarse llevar por los demás puede ser dañino. Rompe la comunión con Dios, y por ignorar al Espíritu Santo, sus fuerzas para resistir la tentación se debilitan. Puesto que los incrédulos son dados a ver la hipocresía en los cristianos, eso también arruina su testimonio. No dé ese primer paso.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

"SALVAR TU VIDA"


Mateo 16:25
Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá, y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.

Si quieres salvar tu vida, la perderás, y si la pierdes, la salvarás. ¿Qué quiere decir esto? Tu VIDA en este sentido son las cosas que quieres, los planes que haces, y las cosas por las cuales vives en este mundo, y que son distintas de Cristo, el reino de él, y la vida futura en el cielo con él. Si escoges gratificarte a ti mismo, y los placeres pasajeros de este mundo, Jesús llama esto “salvar tu vida”. Eso es distinto de venir a Cristo, rendirte ante su cruz, recibirle en tu corazón, y luego vivir por él, leer su palabra, obedecerle, y llevar tu cruz para seguirle, dejando que El Espíritu Santo te guíe diariamente en esta nueva vida. Escoge vida, verdadera vida, que solamente se encuentra en él, y en vivir por él. ¡Que Dios te bendiga! En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día