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jueves, 1 de diciembre de 2016

¿HAY GIGANTES EN TU VIDA? (1 Samuel 17:50)



 Todos tenemos áreas conflictivas que parecen imposibles de vencer, y estas se convierten en gigantes que no nos dejan avanzar en nuestra vida espiritual, pero hay que vencerlos para ser libres. La fe es una de las armas más poderosas que Dios nos ha dado para vencer gigantes, en el nombre poderoso de Jesús.

Pero para ser vencedores hay principios poderosos que Dios quiere que usemos:

1. La obediencia. No importa dónde nos mande el Señor, hay que obedecer y seguir su mandato; muchos se apartan y desobedecen a este llamado.

2. LA DISPOSICION. Estemos siempre dispuestos, la biblia menciona que el ser ocioso nos aparta de la bendición que Dios tiene para con nosotros por desobedientes.

3. LA RESPONSABILIDAD. No dejemos nuestros deberes para que alguien más los haga por nosotros, cumplamos lo prometido, seamos responsables.

4. INTERES POR LOS ASUNTOS ESPIRITUALES. Recordemos que Dios nos dará la vida eterna, no dejemos de trabajar por esa gran promesa.

5. DAR ÁNIMO A LOS DEMAS. Debemos hablarles a los demás para que también se acerquen al reino de DIOS, Cristo viene por su iglesia ¿si nosotros no invitamos a los inconversos entonces que encontrara cuando él venga?

6. PELEAR Y NO RENDIRSE. Recordemos que el diablo anda como león rugiente viendo a quien devorar, no nos descuidemos.

7. NO NOS DEJEMOS MANIPULAR. No olvides que tenemos una doctrina y creemos en ella para salvación y vida eterna.

8. Tengamos amor. No esperemos recompensa terrenal por lo que hacemos por lo demás.

9. USEMOS nuestra autoridad. Los Hijos de Dios sabemos en quien hemos creído, en Cristo Jesús, actuemos como hijos.

10. Estemos siempre confiados. Sabemos que nuestro galardón será eterno, no lo descuidemos.

Poniendo en práctica estos principios seremos más que vencedores en Cristo Jesús, dice la Palabra que todo lo podemos en Cristo que nos da la fuerza. Luchemos pues para no ser juzgados por la luz concedida, ya que seremos pesados en balanza. Venzamos a ese gigante que nos aparta de la bendición concedida por Dios a todos aquellos que le obedecen “…Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras…” (Apocalipsis 2:5).

Nosotros somos los gentiles escogidos por Cristo Jesús mediante su gran misericordia para con la humanidad, no lo descuidemos, cumplamos su mandato.


¡Gracia y Paz!

Carmen García


martes, 12 de julio de 2016

Efesios 6:11-13



Efesios 6:11-13 

“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”.  

martes, 9 de febrero de 2016

EXISTEN DOS TIPOS DE HUMANOS...


Biológicamente hablando sabemos que la ira no expresada daña la salud, porque la mente, las emociones y el cuerpo están íntimamente relacionados. Las emociones ejercen un efecto poderoso en el sistema nervioso el cual se comunica con el sistema inmunológico. Esto significa que todas las agresiones que recibimos, ya sean físicas, verbales o psicológicas, si no logramos echarlas de nosotros se somatizarán en enfermedades.

Muchas personas han aprendido a dominarse reprimiendo sus emociones, pero de esa manera el rencor va acumulándose como una olla de presión, que si bien en el momento no se hace evidente, eventualmente saldrá a flote haciendo más daño.

El Espíritu de Dios permite que toda acción violenta o negativa ejercida contra nosotros desaparezca milagrosamente, sin ejercer reacción ni somatizarse en alguna enfermedad. Porque el Espíritu nos limpia de todo ello sin dejar menoscabos [Malaquías 3:2; Hebreos 9:14; Ezequiel 36:25; Lucas 4:18].

"Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley" [Gálatas 5:22-23].

¡Gracia y Paz!

sábado, 29 de agosto de 2015

¿VIVES TU VIDA EN LA CARNE O EN EL ESPÍRITU?



Gálatas 5:16-26
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.”

Cuando observamos una banda de música actuar en una parada o en un evento deportivo, lo que más llama la atención es el hecho de que todos los integrantes marchan al unísono llevando el paso al ritmo de la música. Todos concentran sus esfuerzos en moverse unánimemente al compás de los tambores y demás instrumentos, siguiendo la dirección del director de la banda.

El pasaje de hoy nos dice que “si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.” Esta expresión también se puede traducir de la siguiente manera: “Si vivimos en el Espíritu, llevemos el paso del Espíritu”. Es decir, al igual que los integrantes de esa banda tratan de mantener el ritmo indicado por su director, los que vivimos en el Espíritu hemos de seguir la dirección del Espíritu y estar en armonía con él. Dice también este pasaje: “Si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley”. Esto significa que si estamos siguiendo las instrucciones del Espíritu Santo no dependeremos de nuestros propios esfuerzos para vivir una vida de santidad, pues él se encarga de luchar contra los deseos de nuestra naturaleza carnal que nos mueven a pecar.

Tenemos que estar conscientes de que “la carne y sus deseos” siguen presentes aun después de nuestra conversión. Dios podría haber quitado la naturaleza carnal del nuevo creyente, pero en vez de hacerlo nos dio su propio Espíritu para que morase en nosotros. Entonces se establece una batalla constante dentro de nosotros. “Andar en el Espíritu” implica renunciar a nuestros propios deseos, rendirse a la autoridad de Cristo, y permitir que el Espíritu Santo controle nuestras acciones. Es esto precisamente lo que Dios desea que hagamos.

¿Cómo podemos estar seguros de que estamos bajo el control del Espíritu Santo y no de nuestros propios deseos? Mientras predicaba el Sermón del Monte Jesús dijo, refiriéndose a los falsos profetas que abundaban en aquellos días: “Por sus frutos los conoceréis.” (Mateo 7:16). Esto podemos aplicarlo a nosotros también. El pasaje de hoy nos muestra claramente la diferencia entre las obras o frutos de la carne y el fruto que produce el Espíritu Santo. Si analizamos nuestro diario vivir, ¿qué frutos muestran nuestras acciones? ¿Acaso se manifiestan los deseos carnales mencionados allí u otros por el estilo? ¿O puede verse con claridad en nuestras vidas la manifestación del fruto del Espíritu?

Medita en el pasaje de hoy. ¿Cómo te evalúas a ti mismo cuando de "llevar el paso" del Espíritu se trata? ¿En el mismo ritmo? ¿O en total disonancia siguiendo los toques de tu propio tambor? Quizás estés tratando de “andar en el Espíritu”. El problema es que cuando tratamos de vivir como Cristo, encontramos serias dificultades en lograrlo porque nos enfocamos en hacerlo nosotros, en lugar de permitir que sea Cristo viviendo su vida a través de nosotros.

Ora pidiendo al Señor discernimiento espiritual para escuchar claramente las instrucciones del Espíritu Santo, y la capacidad para mantenerte en armonía con él ejecutando sus instrucciones de manera impecable.

ORACIÓN:
Bendito Dios, ¡cuánto anhelo caminar en perfecta armonía con tu Espíritu! Por favor, ayúdame a mantenerme en el camino trazado por ti, alejándome cada vez más de las obras de la carne, y que tu Santo Espíritu produzca en mí su fruto y tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

domingo, 12 de abril de 2015

2 Corintios 10:4


Un águila no pelea contra una serpiente en la tierra. La atrapa y la sube a los aires y la deja caer. Una serpiente no tiene aguante, poder o balance en el aire. En el aire es vulnerable, inútil y débil a diferencia de cuando está en la tierra que es peligrosa y poderosa.

No luches tus batallas con herramientas humanas. Ni caigas en la trampa de bajar de nivel. Remóntate a las alturas en las alas del Espíritu y deja que Dios pelee tus batallas.

¡Gracia y Paz!

Osman Florian

miércoles, 21 de enero de 2015

¿ESTÁS VESTIDO HOY CON LA ARMADURA DE DIOS?



Efesios 6:10-18
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.

Un aspecto muy importante en toda guerra es conocer quién es el enemigo, cuan fuertemente armado está, dónde está situado, etc. Si el enemigo logra esconderse y pasar desapercibido, si logra desviar nuestra atención lejos de él, entonces puede actuar con impunidad y tomar ventaja sobre nosotros. La escritura de hoy nos habla de una lucha que tenemos contra un enemigo que no es de carne y hueso. No se trata de un enemigo que pueda ser localizado por medio de radares o sofisticados instrumentos electrónicos; ni se pueden usar contra él las poderosas bombas o la moderna tecnología con que cuentan los ejércitos de las superpotencias.

Esta guerra es “contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Es una guerra que se desarrolla en el mundo espiritual. Es un enemigo al cual no podemos ver pero podemos sentir los efectos de sus acciones. Es un enemigo real cuyo objetivo principal es destruir nuestras vidas en todos los aspectos. Entonces si no vemos al adversario, si no sabemos dónde está ni cuándo va a atacarnos, ¿cómo podemos defendernos?

En la lectura de hoy vemos cuales son los medios para enfrentarnos a este enemigo y salir victoriosos. Lo primero que dice es: “Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza”. Es necesario que reconozcamos nuestra debilidad e incapacidad, y nos concentremos en buscar la fortaleza en Dios, pues su poder “se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). Y que “lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte” (1 Corintios 1:27). Dios es nuestra fortaleza, y nos provee del poder para mantenernos firmes en medio del más fiero ataque. Habrá tiempos cuando seremos golpeados por el enemigo, pero Dios nos da la fuerza para resistir cada ataque, cada prueba que llegue a nuestras vidas y obtener la victoria.

Después nos exhorta a “vestirnos con la armadura de Dios” y nos muestra los diferentes componentes espirituales que contiene: La Verdad y la Justicia del Señor, La disposición para predicar el Evangelio de la Paz, El Escudo de la Fe, el yelmo de la salvación, la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios y la constante oración. Ante una guerra espiritual, una protección espiritual. Esta armadura se establece en nuestras vidas por medio la oración y la lectura diaria de la Biblia, buscando el rostro del Señor en cada momento y tratando de agradarle en todo.

Nos confortará saber que no estamos solos. Dios va con nosotros ayudándonos a caminar por el terreno minado del enemigo. Si nos agarramos de él, no permitirá que seamos derrotados. El apóstol Pablo nos recuerda en su carta a los Romanos que no debemos temer a nada porque tenemos un Dios todopoderoso que cuida de nosotros. Dice Romanos 8:31: “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” No olvides cada día al levantarte, antes de comenzar la batalla diaria, vestirte con la armadura de Dios. Así podrás decir como Pablo en Filipenses 4:13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Oración:
Amado Padre, gracias por la fortaleza que puedo encontrar en ti para pelear esta batalla espiritual. Ayúdame a ser constante buscando tu rostro cada día de manera que el poder de tu armadura espiritual se establezca y se manifieste en mí y así vivir una vida de victoria. Por Cristo Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

martes, 20 de enero de 2015

¿ESTÁS LIBRANDO UNA BATALLA ESPIRITUAL?


Romanos 7:15-23
“Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros”.

Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros; entonces ya no es solamente una fuerza la que controla nuestras acciones, sino que ahora existe otra fuerza que se opone a los impulsos de la naturaleza carnal, y por lo tanto se establece una guerra por el poder. Según el diccionario, “Guerra” es “el conflicto que ocurre cuando una parte intenta obtener por la fuerza algo que la otra no quiere conceder voluntariamente, o cuando ambas partes desean poseer algo que no pueden compartir”. La guerra espiritual es la batalla continua entre los deseos de la carne apoyados por las fuerzas del diablo, y el hombre interior respaldado por los ejércitos de Dios.

En el pasaje de hoy, las palabras del apóstol Pablo describen una verdadera batalla dentro de él. Por un lado, "el hombre interior" que se deleita obedeciendo la palabra de Dios; por otro lado la naturaleza carnal pecaminosa que lo empuja hacia el pecado. Y no se trata solamente de pecado relativo al aspecto sexual como muchos piensan, sino que puede ser cualquier pecado, como ofender o hacerle daño a una persona, mentir, sentir envidia, o ira, o soberbia, o avaricia, etc., etc. También es pecado no hacer algo que debíamos hacer por obediencia al Señor. El que esta lucha se incline a un lado o a otro depende de la voluntad humana, de nuestra decisión de aceptar o rechazar el poder de Dios, de creer o de ignorar la gracia divina. La Biblia nos dice que en la cruz del Calvario Jesús triunfó sobre Satanás, dejando establecida la superioridad de su poder y poniéndola a disposición de todos los que creen en él y le siguen (Colosenses 2:15). Es, por lo tanto, responsabilidad nuestra usar ese extraordinario poder que está a nuestra disposición por medio del Espíritu Santo.

Un punto muy importante en esta guerra, al igual que en cualquier guerra, es estar alertas de manera que el enemigo no nos sorprenda con sus ataques. El apóstol Pedro escribió en su primera carta: “Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). Y en Mateo 26:41, Jesús les aconseja a sus discípulos: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. Debemos estar conscientes de que la intención de nuestro enemigo el diablo es destruirnos, y con ese fin él usa los deseos de la carne. Él conoce nuestras debilidades y pone tentaciones delante de nosotros. Este es el momento en el que debemos acudir a la ayuda de nuestro Padre celestial y postrarnos en oración, clamando por su fortaleza y sometiéndonos a la dirección de su Santo Espíritu. Entonces el diablo no tiene otra alternativa que huir. Así dice Santiago 4:7: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”.

¿Quieres ganar esta batalla espiritual y vivir una vida de santidad y de victoria? Dedica tiempo diariamente a orar y a leer la Biblia. Medita en ella, reflexiona y aplícala a tu vida diaria. De esta manera adquieres conocimiento de la Palabra de Dios, lo cual es sumamente importante en la guerra espiritual. Dios dice en Oseas 4:6: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento”. Este tiempo diario de comunión fortalece tu fe y te acerca más al Señor, a su protección y al cuidado y la dirección de su Santo Espíritu.

Oración:
Amado Padre, en medio de esta guerra espiritual clamo a ti en busca de tu poder. Por favor ayúdame a someterme totalmente a la autoridad de tu Santo Espíritu, para que tú pelees por mí y yo pueda vivir en santidad y en victoria, como es tu voluntad. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

lunes, 1 de diciembre de 2014

¡¡¡NO TE CONTAMINES!!!



¿Cuántas cosas existen a nuestro alrededor que contaminan nuestras convicciones o nuestra relación con Dios?

A pesar de las presiones de este mundo, permanezcamos fieles a Dios. Seamos útiles en sus manos. Mantengámonos apartados para Cristo. Hagamos todo en Cristo y para Cristo.
"Dios honra a quien primeramente lo honra a él" (1 Samuel 2:30)

Si honramos a Dios por sobre todas las circunstancias, dificultades y presiones, Dios se complacerá y responderá con bendiciones abundantes.

¡Gracia y Paz!

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miércoles, 29 de octubre de 2014

¿SABES QUE NECESITAS PARA LA GUERRA QUE ESTAS LIBRANDO?



¿SABES QUE NECESITAS PARA LA GUERRA QUE ESTAS LIBRANDO?

1 Pedro 5:8-9
“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo”.

Todos los días recibimos noticias, a través de la televisión, la radio y los periódicos, de guerras, asesinatos y todo tipo de violencia en todo el mundo. Desde el Medio Oriente hasta África y hasta Centro y Sur América, los seres humanos se están matando unos a los otros indiscriminadamente. Día tras día se producen homicidios, asaltos, violaciones, violencia y odio en todas las posibles manifestaciones.

Pero hay también otra guerra llevándose a cabo, que destruye mucho más y causa mucho más dolor y desesperación que cualquiera de estas guerras. Y lo peor del caso es que la mayoría de las personas no están conscientes de la existencia de esta guerra, siendo por lo tanto mucho más susceptibles a los ataques de un enemigo que permanece invisible, pero que causa terribles efectos en la humanidad. A esta guerra se refiere la Santa Palabra de Dios que dice: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Es una guerra espiritual ante la cual nosotros solos nada podemos hacer. No estamos capacitados para ver a este enemigo invisible, mucho menos para enfrentarnos a él y muchísimo menos para vencerlo.

En la escritura de hoy, al diablo se le compara con un león rugiente que nos busca para devorarnos. Algunos dicen que Satanás es “un león que no tiene dientes”, quizás queriendo decir que no puede hacernos daño. Pero eso no es cierto. Eso es lo que el diablo quiere que creamos, que él “no tiene dientes”, para que nos descuidemos y entonces destruirnos. ¡Claro que tiene dientes! ¡Y grandes dientes! Si no fuera así, el Señor no nos estuviera alertado diciéndonos que ese león anda “buscando a quien devorar”. Ciertamente no se trata de dientes físicos, pero es entendible que ese “león” puede destruir nuestras vidas si nos descuidamos. Demos gracias a Dios porque tenemos la seguridad de que si nos mantenemos bajo su manto protector, ese león no podrá usar sus dientes contra nosotros porque nuestro Dios Todopoderoso le cierra su boca para que no pueda hacernos daño, de la misma manera que protegió a Daniel cuando lo echaron en el foso de los leones, y al día siguiente pudo decir al rey Darío: “Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño” (Daniel 6:22).

Por eso el apóstol Pablo en este mismo pasaje de Efesios 6, versículos 10 y 11 nos dice: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo”. El apóstol Santiago complementa lo dicho por Pablo y Pedro, en Santiago 4:7: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”.

No luches contra las circunstancias negativas, contra las personas que te hieren y que tratan de hacerte la vida imposible; escucha la voz del Espíritu Santo hablándote a través de la Escritura. Levanta tus brazos y tu mirada al cielo, sométete a Dios y él se encargará de pelear por ti y te dará la victoria.


La fortaleza de Dios viene a nosotros cuando reconocemos nuestra necesidad de él. Estudiemos su Palabra día con día y dediquemos un tiempo a meditar en ella y postrémonos en oración ante su santa presencia. Hay un dicho que dice: “Nada hace temblar tanto a Satanás como ver a un cristiano de rodillas”. Porque él sabe que nada puede hacer en contra del poder de Dios manifestado a través de la oración.

Oración:
Gracias, Padre amado, por la protección que me ofreces cuando me consagro en el estudio de tu Palabra. Fortaléceme con tu poder y capacítame para resistir los ataques del enemigo, y así permanecer firme en tus principios, disfrutando de la victoria que viene solamente de ti. En el poderoso nombre de Jesucristo, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

martes, 30 de septiembre de 2014

¿ESTÁS DEJANDO QUE EL ESPÍRITU SANTO CONTROLE TU VIDA?



¿ESTÁS DEJANDO QUE EL ESPÍRITU SANTO CONTROLE TU VIDA?

Gálatas 5:16-23
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”.

Con frecuencia escuchamos noticias acerca de renombrados políticos o exitosos hombres de negocios que, siendo casados, han sido descubiertos teniendo una relación fuera del matrimonio. La mayoría de ellos llevaban muchos años de casados, es decir tenían hogares largamente establecidos. Pero estos hogares fueron totalmente destruidos al conocerse públicamente la “doble vida” que ellos llevaban. ¡Cuántas dificultades y obstáculos habrán tenido que vencer para llegar a la posición a la que llegaron! ¡Y de repente todo se fue por la borda! La pregunta que muchos se hacen es: “¿Qué fuerza movió a estos hombres a actuar de esta manera que los llevó a destruir sus vidas y las de sus respectivas familias?”

Con toda seguridad, tiempo atrás, cada uno de ellos se encontró en una situación en la que les resultaba fácil tener una relación fuera de sus respectivos matrimonios, y los deseos sexuales los empujaban a cometer adulterio. Finalmente cada uno de ellos decidió satisfacer los “deseos de la carne”, y a la corta o a la larga tuvieron que sufrir las consecuencias. En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo advierte claramente a los cristianos de las iglesias de Galacia que esto es algo que no deben hacer, sino más bien todo lo contrario. “Andad en el Espíritu”, les dice, “y no satisfagáis los deseos de la carne”. Estos “deseos de la carne” están contra el Espíritu de Dios porque son parte de nuestra corrupta naturaleza humana, y son alimentados por espíritus diabólicos que buscan la destrucción y la muerte del ser humano. Pablo menciona una lista de las obras que resultan de satisfacer estos deseos, entre ellas “adulterio, fornicación, inmundicia…” y muchas más “semejantes a estas”. Y entonces una fuerte advertencia: “Los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”.

La otra alternativa que tiene el ser humano es “andar en el Espíritu”, lo cual implica renunciar a sus propios deseos, rendirse a la autoridad de Cristo y permitir que el Espíritu Santo controle sus acciones. Esto es algo que está totalmente opuesto a lo más intrínseco de la naturaleza humana, y por lo tanto es imposible de llevar a cabo por nuestras propias fuerzas. Se requiere una fuerza sobrenatural a la que sólo tenemos acceso por medio de la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas.

Por ejemplo, cuando Jesús fue arrestado por los soldados romanos en el huerto de Getsemaní, “todos los discípulos, dejándole, huyeron” (Marcos 14:50). Sin duda la naturaleza carnal los movió a poner sus propias vidas en primer lugar y huir del peligro. Pero cuando Jesús resucitó y se presentó ante ellos, comenzaron a haber cambios profundos en sus vidas. Y cuando fueron llenos del Espíritu Santo en Pentecostés, la transformación de estos hombres fue completa. Predicaron la palabra de Dios, se enfrentaron con valor a amenazas de muerte, sufrieron torturas, cárcel y todo tipo de humillaciones, y permanecieron fieles al Señor aun a costa de sus propias vidas.

¿Qué te mueve a actuar en tu vida? ¿Son tus acciones obras de la carne? Si es así, estás actuando en contra de la voluntad de Dios, y lo que te mueve no es el Espíritu de Dios. Acércate, pues, al Señor, busca su rostro, humíllate, confiesa tus pecados y el Dios en su infinita misericordia te limpiará completamente. Este es el primer paso para que el Espíritu Santo tome control de tus actos y su fruto se manifieste en tu vida.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me ayudes a obedecer tu palabra y que sea tu Espíritu Santo quien me mueva en todo lo que hago, y aun en lo que hablo y hasta en lo que pienso. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

jueves, 24 de abril de 2014

¿Sabes cómo andar en el Espíritu de Dios?





¿Sabes cómo andar en el Espíritu de Dios? 

Gálatas 5:16-17
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis”.

Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro salvador, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros, y somos sellados como propiedad de Dios, dice 2 Corintios 1:21-22. Entonces comienza en nuestras vidas una batalla entre nuestra naturaleza carnal, la cual hasta ese momento hizo siempre su voluntad con el fin de satisfacer sus deseos, y el Espíritu Santo cuya función es hacer cambios profundos en nuestro ser y guiarnos por un nuevo camino haciendo la voluntad de Dios. Así les dijo Jesús a sus discípulos: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26).

En el pasaje de hoy, parte de la carta del apóstol Pablo a los creyentes de Galacia, dice: “Andad en el Espíritu”. “Andar en el Espíritu” es dejar que el Espíritu Santo dirija nuestras vidas. Es vivir en todo momento dependientes de él, sensibles a su voz y obedeciendo sus instrucciones, las cuales están escritas en la Biblia, que es “la espada del Espíritu” (Efesios 6:17). “Andar en el Espíritu” es, en esencia, “caminar” con él, permitiéndole que guíe nuestros pasos y transforme nuestras mentes y nuestra manera de ser. Entonces se cumplirá el propósito fundamental de nuestra conversión, según dice 2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

Al otro lado de esta batalla está nuestra naturaleza pecaminosa, “la carne”, la cual nos impulsa constantemente hacia el pecado. Por eso Pablo les advierte seguidamente: “…y no satisfagáis los deseos de la carne”, pues invariablemente esta acción traerá malas consecuencias. Contrario a lo que muchos piensan, la expresión “los deseos de la carne” no se refiere exclusivamente al aspecto sexual. Hay muchas otras situaciones en la vida en las que podemos aplicar este término. Por ejemplo, comidas o bebidas que nos gustan, pero no son buenas para la salud, o las ingerimos en exceso. También podemos incluir el consumo de ciertas substancias que crean adicción y son realmente dañinas para nuestro cuerpo. Asimismo nuestra relación con las demás personas, nuestro comportamiento en el orden moral, etc. Resumiendo, todo aquello que pueda afectar negativamente nuestra salud física, mental o espiritual debe ser rechazado, aunque nuestros deseos nos indiquen lo contrario.

Más adelante el Señor es más específico y nos da una lista de unas cuantas de “las obras de la carne”. Y afirma que “los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. Por eso el Espíritu Santo se opone a estos deseos. Los planes de Dios para nuestras vidas son de bienestar y de prosperidad, dice Jeremías 29:11. Pero para que estos planes se conviertan en realidad es necesario vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. Cuando lo hacemos, entonces el Espíritu produce en nosotros su fruto, el cual es “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza” (Gálatas 5:22-23). Estos son los ingredientes para una vida victoriosa, la “vida en abundancia” de la que habla Jesús en Juan 10:10. El Señor nos advierte de la siguiente manera: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”.

Lamentablemente la persona del Espíritu Santo es la más ignorada por el pueblo de Dios. No es difícil encontrar cristianos (incluso ministros) que no tienen el hábito de leer la Biblia diariamente, que no consideran importante pasar tiempo en oración y mucho menos tener períodos de ayuno buscando la presencia de Dios. Esto resulta en una condición de debilidad espiritual, la cual no nos ayuda en nuestra lucha contra las tentaciones. Más bien debemos buscar la fortaleza espiritual siguiendo el consejo de Jesús a sus discípulos allí en Getsemaní a pocas horas de su muerte en la cruz: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

ORACION:
Padre santo, te ruego me des discernimiento espiritual para identificar las cosas que yo deseo, pero que no están de acuerdo a tu voluntad, y la fuerza para rechazarlas. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

viernes, 4 de abril de 2014

¿ESTÁS PREPARADO PARA LA GUERRA?


¿Estás preparado para la guerra?

Efesios 6:10-18
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.

La Palabra de Dios nos enseña que las luchas a las que a diario nos enfrentamos, y que muchas veces nos afectan profundamente, no son contra las personas que están a nuestro alrededor, sino contra “fuerzas espirituales malignas” que están bajo la dirección de Satanás, a las cuales no podemos ver y cuyo propósito es destruirnos. Día tras día estamos envueltos en esa guerra espiritual, aunque generalmente no nos damos cuenta de lo que verdaderamente está sucediendo en nuestras vidas.

Nosotros no tenemos la capacidad ni el poder para vencer estas fuerzas demoníacas, pero tenemos un Dios todopoderoso que está dispuesto a pelear por nosotros. La Escritura de hoy, nos exhorta a buscar en Dios la fortaleza que necesitamos y, usando la imagen de un soldado completamente equipado para la guerra, nos insta a ponernos “toda la armadura de Dios” para resistir al diablo y estar firmes contra sus astutas tácticas. Con este fin, cada día debemos seguir los siguientes pasos:

1. Ceñirnos con el cinturón de la verdad.
Jesucristo es “la verdad”, dice Juan 14:6. La Palabra de Dios es la manifestación de la verdad. Juan 8:31-32 nos asegura que si permanecemos en esta verdad seremos totalmente libres.

2. Protegernos con la coraza de justicia.
Hemos sido justificados por la sangre de Cristo. Cuando vivimos con esta seguridad, la justicia de Dios constituye una coraza protectora.

3. Calzarnos con la disposición de proclamar el evangelio de la paz.
Tenemos paz con Dios como resultado de nuestra relación con Cristo, pero esa paz debemos compartirla con los demás. Como dijera el profeta Isaías: “Cuán hermosos son los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz...” (Isaías 52:7).

4. Tomar el escudo de la fe.
Nuestra principal defensa es la fe que recibimos de Dios. Debemos ser constantes en la lectura de la Biblia, pues “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (Romanos 10:17).

5. Tomar el casco de la salvación.
El casco protege la cabeza. Uno de los puntos que más ataca el diablo es la mente, y a través de ella intenta controlarnos. Cuando vivimos sobre la base de nuestra salvación en Cristo, nos resulta fácil rechazar todo pensamiento que no glorifica el nombre del Señor.

6. Tomar la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.
Cuando Satanás tentó a Jesús (Mateo 4:1-11), el Señor respondió en cada ocasión: “Escrito está.” Y seguidamente se refería a un pasaje de la Escritura con el cual callaba al diablo. Nosotros debemos seguir el ejemplo de Cristo y enfrentarnos a la tentación con la poderosa Palabra de Dios.

7. Orar en el Espíritu en todo momento.
La oración es el arma más poderosa que tiene el cristiano. Es la oración la que coloca en su lugar todas las partes de la armadura espiritual y pone en ella la unción del Espíritu Santo. A unas pocas horas de su muerte, allí en Getsemaní, Jesús dio a sus discípulos este consejo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” (Mateo 26:41).

Si seguimos todos estos pasos, podremos proclamar con autoridad: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”

ORACION:
Padre santo, te doy gracias por la protección que encontramos en tu poder para luchar contra las fuerzas del mal. Ayúdame a permanecer vestido con tu poderosa armadura para vivir una vida de paz y de victoria. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla

sábado, 29 de marzo de 2014

¿SIGUES VIVIENDO CONFORME A LAS OBRAS DE LA CARNE?


¿Sigues viviendo conforme a las obras de la carne?

Romanos 8:12-17
"Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados".

La naturaleza es violenta. “La vida o la muerte” es la ley de la selva. El león persigue a la gacela. La garza espera inmóvil al borde de una laguna, con su afilado pico listo para matar. En las alturas, un halcón mantiene sus mortales garras cerca de su cuerpo buscando atentamente a ver si se mueve algo en la hierba de abajo. La familia del leopardo existe a expensas de la cebra. Cada uno sobrevive por la muerte de otro. Este principio se extiende más allá de lo natural hasta el aspecto espiritual. Los intereses de la carne deben sucumbir ante los intereses del Espíritu; de lo contrario los intereses del Espíritu sucumbirán a los intereses de la carne. En la selva de nuestro propio corazón, siempre algo debe morir para que otra cosa pueda vivir. El principio del corazón de nuestro Padre celestial está expresado en el pasaje de hoy por medio del apóstol Pablo: “Si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis”.

Jesús les enseñó este concepto a sus discípulos al hablarles acerca de su propia muerte, de la siguiente manera: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Juan 12:24). Al morir en la cruz del Calvario, Jesús llevó a cabo el plan del Padre para la salvación de la humanidad. El fruto de esa muerte fue salvación y vida eterna para todo el que en él cree. El plan de Dios para cada uno de sus hijos también implica muerte; la muerte de la naturaleza carnal y sus obras con el fin de producir el fruto que él desea ver en nosotros, según lo expresa Gálatas 5:16-18: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley”. Seguidamente Pablo escribe una lista de “obras de la carne” y advierte que “los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. Asimismo se refiere al “fruto del Espíritu” y muestra una lista de las virtudes que caracterizan este fruto. Entonces dice: “Contra tales cosas no hay ley”. Finalmente Pablo termina este pasaje afirmando que “los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”.

Pablo no sólo entendió profundamente este principio, sino que lo puso en práctica en su vida. Por eso pudo decir con toda autoridad: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20). Al morir al pecado, permitimos que el Espíritu Santo reine y entonces la vida de Cristo se manifiesta plenamente en nosotros. Cada día de nuestras vidas debemos decidir que es lo que tiene que morir para que Cristo pueda vivir libremente en nosotros. Si morimos al pecado y los deseos de la carne, entonces la vida de Jesús se hará manifiesta en todo lo que digamos y hagamos, y junto con él seremos glorificados. Esta debe ser nuestra meta principal en la vida.

Por nuestras propias fuerzas no podremos lograrlo jamás, pero contamos con la ayuda del Consolador, el Espíritu Santo que mora en nosotros. Debemos orar constantemente pidiendo al Señor que su Espíritu nos ayude a morir a todo aquello que nos separa de él, y así vivir la vida de santidad que Dios desea ver en nosotros.

ORACIÓN:
Padre amado, hoy te agradezco una vez más tu misericordia, porque tu eres bueno, porque me prestas la vida. Por favor enséñame a vivirla solo para servirte. Te ruego me ayudes a morir a la carne y sus deseos. Dame fuerzas para vivir cada día rechazando todo lo que me aleja de ti de manera que tu Santo Espíritu tome control de mi vida y produzca en mí el fruto que tú deseas. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

sábado, 15 de marzo de 2014

¿AÚN ALBERGAS PENSAMIENTOS IMPUROS EN TU MENTE?



¿Aún albergas pensamientos impuros en tu mente?

Colosenses 3:1-10
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno”.

En esta carta a la iglesia de Colosas, el apóstol Pablo considera a los creyentes como habiendo muerto en Cristo y habiendo resucitado con él de entre los muertos. Desde el punto de vista espiritual, esto significa que los cristianos nos hemos separado de la antigua forma de vivir y hemos entrado en una forma de vida totalmente nueva. Seguimos estando en la tierra pero ahora debemos buscar “las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios”. Nuestra perspectiva de la vida debe ser muy diferente a la de aquellos que no conocen a Cristo; nuestro pensamiento debe estar enfocado en el reino celestial, no en las cosas terrenales.

Pablo escribe una lista de las cosas que debemos eliminar de nosotros, entre ellas: “fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos”, así como “ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas” y otras que formaban parte de la vieja naturaleza. Esto no es fácil lograrlo pues el mundo que nos rodea está constantemente bombardeándonos a través de los medios de comunicación con miles de imágenes que producen en nuestras mentes pensamientos de todo tipo, muchos de los cuales son inmorales, indecentes y totalmente contrarios a la pureza y la santidad que el Señor desea ver en sus hijos. Es en estos momentos cuando debemos actuar conforme a lo que Dios desea ver en sus hijos. La Escritura de hoy nos dice: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros…” ¿Cómo hacemos morir lo terrenal en nosotros? En primer lugar apartándonos de las fuentes de ese tipo de imágenes. Y si aun así llegasen pensamientos impuros a nuestras mentes, debemos echarlos inmediatamente. A veces no podemos impedir que lleguen, pero con la ayuda de Dios podemos rechazarlos.

Alguien dijo: “No podemos evitar que los pájaros vuelen sobre nosotros, pero sí podemos evitar que hagan un nido en nuestras cabezas”. La Biblia nos da el modelo con el cual evaluar esos pensamientos. Dice Filipenses 4:8: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.

Dice Proverbios 23:7: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”. Por eso debemos ser extremadamente cuidadosos al albergar pensamientos en nuestras mentes que no estén de acuerdo a la Palabra de Dios. La santidad en nuestras mentes determina la santidad en nuestras vidas. Ahora bien, con nuestras propias fuerzas es imposible para nosotros lograr este estado mental. Solamente con la ayuda del Espíritu Santo podremos lograrlo. Nuestra responsabilidad consiste en alimentar nuestras mentes con una fuerte dieta basada en la Palabra de Dios. Solamente la verdad en las Escrituras puede contraatacar las cosas inmundas que entran a nuestra mente. Pasar tiempo diariamente orando, leyendo la Biblia y meditando en sus enseñanzas nos permitirá seguir el modelo de pensamiento de Dios. Así viviremos una vida que agrade a nuestro Padre celestial y nos convertiremos en las personas que él planeó que fuéramos.

ORACIÓN:
Mi bendito Dios y Señor, te ruego me ayudes a guardar tu palabra en mi mente y en mi corazón, para que no haya en ellos lugar para pensamientos e ideas que no glorifiquen tu santo nombre. Es mi anhelo vivir cada día honrándote en todo lo que pienso, digo o hago. Dame fuerzas para lograrlo. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

jueves, 13 de marzo de 2014

¡PREPARADO PARA VIVIR EN VICTORIA!



¡Preparado para vivir en victoria!

Mateo 4:1-11
“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”.

Esta escritura nos muestra que cada vez que Satanás trató de hacer caer a Jesús, Jesús le contestó con las Escrituras. El Señor no pronunció una sola palabra sin antes decir: “Escrito está.” Él sabía perfectamente que el diablo no podía resistir el inmenso poder de la Palabra de Dios. Sin duda, esta es una poderosa enseñanza de cómo debemos responder en momentos de tentación y de pruebas.

En su carta a los efesios, el apóstol Pablo usa la imagen de un soldado romano completamente equipado para la guerra para describir la armadura espiritual que debe usar el creyente: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:10-11). No es esta comparación un simple simbolismo guerrero, sino es la provisión de defensa de Dios para sus hijos, los cuales frecuentemente nos enfrentamos a tremendas presiones y a fuertes ataques del enemigo. Una manera muy efectiva de mantener alejado a Satanás es precisamente “vistiéndonos” de “toda la armadura de Dios” cada mañana al levantarnos.

En este pasaje Pablo menciona algunas armas que son componentes de esta armadura espiritual. Habla del “escudo de la fe” y “la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”. El escudo de la fe lo usamos para apagar los dardos de fuego del enemigo y la palabra de Dios para ahuyentarlo, como hizo Jesús en el desierto. De aquí la importancia de que estudiemos la Biblia consistentemente y que sembremos su verdad en nuestros corazones. El complemento perfecto de esta armadura es la oración constante. Así termina este pasaje: “…orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu...” (Efesios 6:18).

Antes de enfrentarse a Satanás, Jesús ayunó y oró durante cuarenta días. Y cuando llegó el momento de la prueba y la tentación, su cuerpo estaba débil pero su espíritu estaba fortalecido y dispuesto a enfrentarse al mismo diablo. Portando el escudo de la fe y la espada del Espíritu, Jesús se enfrentó a Satanás y le dijo: “Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”. El apóstol Santiago resume esta acción de la siguiente manera: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:10).

Si llevamos esta enseñanza a la práctica saldremos triunfantes de toda prueba o tentación que se presente en nuestras vidas. No hay nada, absolutamente nada que temer para el cristiano que escudriña las Escrituras y pasa tiempo en oración.

Hazte el propósito de aprender de memoria este pasaje de Efesios 6:10-18, y al levantarte en la mañana repítelo mientras oras al Señor pidiendo su poder y su fortaleza. Ten la seguridad de que tendrás un día de absoluta victoria, independientemente de las circunstancias que te encuentres.

ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, te ruego me ayudes y me fortalezcas para obtener la victoria siempre en cualquier situación en la que me encuentre, y que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla