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jueves, 24 de septiembre de 2015
lunes, 16 de marzo de 2015
¿ERES UNA HERRAMIENTA ÚTIL EN LAS MANOS DEL SEÑOR?
Romanos 12:4-8
“Porque de la manera que en un cuerpo
tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función,
así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los
unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia
que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si
de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la
exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el
que hace misericordia, con alegría”.
Como parte del cuerpo de Jesucristo, todos los miembros
de su iglesia tenemos la encomienda de ser instrumentos en su propósito de
transformar al mundo por medio del conocimiento de la verdad y el poder de su
evangelio. El pasaje de hoy nos enseña que, al igual que los miembros del
cuerpo humano, no todos tenemos la misma función, sino que debemos actuar
conforme al don que nos fue dado por el Espíritu Santo. (1 Corintios 12:11). La
iglesia es como una caja de herramientas destinadas a llevar a cabo una tarea.
Hay diversos tipos de herramientas en esa caja, de diferentes tamaños y formas,
cada una de ellas con una cierta función. De vez en cuando, el carpintero mete
la mano en la caja, y saca aquella herramienta que necesita en ese momento para
la labor específica que va a realizar. No hay herramienta mejor o más útil que
otra; todas son igualmente necesarias para la obra que se está realizando, y la
falta de una de ellas pudiera obstaculizar e incluso impedir la conclusión
satisfactoria del trabajo.
Dios te necesita para llevar a cabo sus planes de
salvación para este mundo perdido. Tú tienes una función específica que
realizar en esos planes divinos. La pregunta es: ¿Estás tú disponible para
Dios? El enemigo puede afectar tu disponibilidad como herramienta si logra
poner dudas en tu mente acerca de tu eficiencia, tu valor, tus condiciones
morales, tu capacidad o tu sabiduría. Pero si actúas en el nombre del Señor
podrás llevar a cabo tu función con excelencia. El apóstol Pablo trata sobre
este asunto en su primera carta a los Corintios donde dice: “Mirad, hermanos,
vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos
poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para
avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a
lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es,
para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1
Corintios 1:26-29). No importa cuán débil crees tú que eres, o cuan poco
inteligente; no importa tu pasado o de dónde te sacó el Señor, lo único que
importa es si tienes un corazón dispuesto para Dios. Recuerda siempre esto:
Dios no llama a los capacitados, él capacita a los llamados que han respondido
a su voz.
Juan capítulo 20 nos cuenta que María Magdalena estaba
llorando junto al sepulcro de Jesús. Allí estaba ella sola, desconsolada,
confundida, sin esperanza, cuando de pronto se volvió, y allí estaba Jesús
junto a ella. Al principio no lo reconoció, pero cuando Jesús le dijo:
“¡María!”, ella supo que era el Maestro, que había resucitado. Entonces el
Señor la mandó que fuera a decirles a los discípulos las buenas noticias. Y “fue
entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había
visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas” (Juan 20:18). Tiempo atrás
Jesús había liberado a María Magdalena de siete demonios (Lucas 8:2). Desde
entonces ella había amado al Señor, lo había seguido, le había servido, y fue
la primera que lo vio después de su resurrección. Allí él la llamó por su
nombre, y le encomendó una tarea. Ella inmediatamente obedeció, y fue, y
transmitió a los discípulos exactamente lo que Jesús le había dicho.
Jesús hoy está a tu lado, y te llama por tu nombre, y
quiere darte una encomienda. ¿Estás tú disponible para el Señor? Al igual que
María Magdalena, ¿serás obediente y llevarás a cabo tu tarea? ¿Serás una
herramienta útil en las manos de Dios? ¿O ignorarás su llamado? Lee su palabra
diariamente, medita en ella, pasa tiempo en oración. Entonces escucharás su
voz. Tú decidirás qué hacer.
ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias por el privilegio que me das
de ser una herramienta en tus manos. Ayúdame a estar siempre disponible para ti
y capacítame para servirte de manera que tu nombre sea glorificado. En el
nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
martes, 13 de enero de 2015
jueves, 16 de octubre de 2014
¿ESTÁS DISPONIBLE PARA SERVIR AL SEÑOR?
¿ESTÁS DISPONIBLE PARA SERVIR AL SEÑOR?
Romanos 12:4-8
“Porque de la manera que en un cuerpo
tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función,
así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los
unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia
que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si
de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la
exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el
que hace misericordia, con alegría”.
Como parte del cuerpo de Jesucristo, todos los miembros
de su iglesia tenemos la encomienda de ser instrumentos del Señor en su
propósito de transformar al mundo por medio del conocimiento de la verdad y el
poder de su evangelio. El pasaje de hoy nos enseña que, al igual que los
miembros del cuerpo humano, no todos tenemos la misma función, sino que debemos
actuar conforme al don que nos fue dado por el Espíritu Santo (1 Corintios
12:11). La iglesia es como una caja de herramientas destinadas a llevar a cabo
una tarea. Hay diversos tipos de herramientas en esa caja, de diferentes
tamaños y formas, cada una de ellas con una cierta función. De vez en cuando,
el carpintero mete la mano en la caja, y saca aquella herramienta que necesita
en ese momento para la labor específica que va a realizar. No hay herramienta
mejor o más útil que otra; todas son igualmente necesarias para la obra que se
está realizando, y la falta de una de ellas pudiera obstaculizar e incluso
impedir la conclusión satisfactoria del trabajo.
Dios te necesita para llevar a cabo sus planes de
salvación para este mundo perdido. Tú tienes una función específica que
realizar en esos planes divinos. La pregunta es: ¿Estás tú disponible para
Dios? El enemigo puede afectar tu disponibilidad como herramienta si logra
poner dudas en tu mente acerca de tu eficiencia, tu valor, tus condiciones
morales, tu capacidad o tu sabiduría. Pero si actúas en el nombre del Señor
podrás llevar a cabo tu función con excelencia. El apóstol Pablo trata sobre
este asunto en su primera carta a los Corintios donde dice: “Mirad, hermanos,
vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos
poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para
avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a
lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es,
para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”. No
importa cuán débil crees tú que eres, o cuán poco inteligente; no importa tu
pasado o de dónde te sacó el Señor, lo único que importa es si tienes un
corazón dispuesto para Dios. A la hora de llamar, Dios no llama a los
capacitados, él capacita a los llamados que han respondido a su voz.
En el libro de Juan capítulo 20 nos cuenta que María
Magdalena estaba llorando junto al sepulcro de Jesús. Allí estaba ella sola,
desconsolada, confundida, sin esperanza, cuando de pronto se volvió, y allí
estaba Jesús junto a ella. Al principio no lo reconoció, pero cuando Jesús le
dijo: “¡María!”, ella supo que era el Maestro, que había resucitado. Entonces
el Señor la mandó que fuera a decirles a los discípulos las buenas noticias. Y
“fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había
visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas” (Juan 20:18). Jesús había
liberado a María Magdalena de siete demonios (Lucas 8:2). Desde entonces ella
había amado al Señor, lo había seguido, le había servido, y fue la primera en
ver al Maestro después de su resurrección. Allí él la llamó por su nombre, y le
encomendó una tarea. Ella inmediatamente obedeció, siendo un valioso
instrumento para llevar a cabo los planes de Dios para este mundo.
Jesús hoy está a tu lado, y te llama por tu nombre, y
quiere darte una encomienda. ¿Estás tú disponible para el Señor? Al igual que
María Magdalena, ¿serás obediente y llevarás a cabo tu tarea? ¿Serás una
herramienta útil en las manos de Dios? ¿O ignorarás su llamado? Lee su palabra
diariamente, medita en ella, pasa tiempo en oración. Entonces escucharás su
voz. Tú decidirás qué hacer.
ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias por el privilegio que me das
de ser una herramienta en tus manos. Ayúdame a estar siempre disponible para ti
y capacítame para servirte de manera que tu nombre sea glorificado. En el
nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
sábado, 5 de julio de 2014
¿CÓMO CUMPLES TU FUNCIÓN EN EL CUERPO DE CRISTO?
¿Cómo cumples tu
función en el cuerpo de Cristo?
1 Corintios 12:12-13
“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene
muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo
cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados
en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos
dio a beber de un mismo Espíritu”.
Cuando Jesús predicaba el Evangelio aquí en la tierra,
había en el mundo dos grandes grupos de personas. Por un lado los judíos,
circuncisos; por otro lado el resto de las naciones, paganos e incircuncisos, a
menudo designados en la Biblia con el nombre de “gentiles”. Después de la
muerte y resurrección de Jesucristo, nació un tercer grupo compuesto por
aquellos que creyeron, a quienes Dios separó de los dos grupos precedentes para
hacer de ellos un pueblo santo. Así dice Efesios 2:14-16: “Porque él es nuestra
paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de
separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos
expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo
hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un
solo cuerpo, matando en ella las enemistades”. Estos son los redimidos en
Cristo, el único nombre por medio del cual todo aquel que cree es salvo y tiene
vida eterna. Pablo se refiere a estos tres grupos cuando escribe en 1 Corintios
10:32: “No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios”.
Pero “el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos”, dice
1 Corintios 12:14, y cada miembro tiene una función específica dentro del
cuerpo de Cristo, así como el ojo tiene su función, y la oreja tiene la suya en
el cuerpo humano. Continúa el apóstol Pablo: “Y si dijere la oreja: Porque no
soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo
fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el
olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo,
como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el
cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo” (1 Corintios
12:16-20).
El diccionario define la palabra “cuerpo” como “agregado
de personas que forman un pueblo, república, comunidad o asociación”. El
“cuerpo” al que se refiere Pablo está compuesto exclusivamente por los que han
aceptado a Cristo como Salvador. Al participar de la santa cena, los cristianos
recordamos la muerte de Cristo, que es la base de ese nuevo grupo, de ese “solo
cuerpo”. Al partir el pan, Jesús dijo a sus discípulos: “Tomad, comed; esto es
mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí” (1
Corintios 11:24). Y en 1 Corintios 10:17 dice: “Siendo uno solo el pan,
nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel
mismo pan”.
Los cristianos debemos estar conscientes de que cada uno
de nosotros es un miembro del cuerpo de Cristo, y cada uno tiene su función o
responsabilidad para que el cuerpo funcione coordinadamente, y logre el
propósito para el cual fue creado: glorificar el nombre de Dios en este mundo
corrupto y pecaminoso. El autor de la Epístola a los Hebreos exhorta a los
cristianos de origen judío a dejar las enseñanzas del judaísmo, y a seguir
adelante con la doctrina de Cristo, diciéndoles: “Vamos adelante a la
perfección” (Hebreos 6:1). Esta debe ser la meta de todos los que hemos llegado
a formar parte del cuerpo de Cristo.
Identifica tu función en este cuerpo (tu iglesia local),
y pídele a Dios que te capacite para llevarla a cabo plenamente. Busca cada día
una íntima comunión con Cristo, y sigue fielmente sus instrucciones pues él “es
la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito
de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses
1:18).
ORACIÓN:
Padre santo, gracias por el inmenso privilegio que me das
de pertenecer al cuerpo de Cristo, habiendo sido lavado por su sangre, redimido
y justificado. Te ruego me capacites para ejercer plenamente mi función como
miembro de este cuerpo para que tu propósito se cumpla y tu nombre sea
glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
lunes, 17 de marzo de 2014
¡LA UNIÓN HACE LA FUERZA!
¡La unión hace la fuerza!
Hebreos 10:23-25
“Mantengamos
firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que
prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las
buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre,
sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.
Una langosta (o
saltamontes) parece insignificante cuando salta por el campo. Pero cuando une
sus fuerzas con la de otras langostas, el enjambre que de ello resulta puede
devorar rápidamente toda la vegetación que encuentre a su paso. Las langostas
demuestran el poder de la unidad al trabajar juntas por una causa común. Lo que
no pueden hacer individualmente lo logran unidas. En el libro de Proverbios el
sabio Agur observó que entre las cuatro cosas más pequeñas de la tierra, las
cuales “son más sabias que los sabios”, se encuentran las langostas, “que no
tienen rey, y salen todas por cuadrillas” (Proverbios 30:24, 27). Los
cristianos podemos aprender una lección de estas pequeñas criaturas: Podremos
avanzar mucho más en el servicio al Señor cuando oramos y actuamos juntos.
Si los
cristianos nos unimos para servir al Señor, podemos llegar a ser una influencia
poderosa en el cumplimiento de los propósitos de Dios para la Iglesia , porque en la
unión está la fuerza. Así dice Eclesiastés 4:9-12: “Mejores son dos que uno;
porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a
su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo
levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo
se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán;
y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”.
Es muy
lamentable ver la falta de unión que hay entre los cristianos. Cada vez surgen
más denominaciones, y más sectas o cultos que se llaman a sí mismos “cristianos”.
Y aun dentro de una misma iglesia local muchas veces hay diferencias
doctrinales que afectan profundamente la unidad de la misma. Y el que se
regocija es el enemigo. Jesús mostró preocupación en este aspecto cuando oró de
la siguiente manera: “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu
nombre, para que sean uno, así como nosotros” (Juan 17:11). La Biblia nos apremia a
establecer una relación personal con Jesucristo, y a escudriñar las Escrituras
y aferrarnos a sus enseñanzas. Cuando todos sigamos estos principios habrá
unidad en la iglesia de Cristo.
Tengamos también
presente que nosotros necesitamos a otros creyentes, y otros creyentes nos
necesitan a nosotros. La Escritura
de hoy nos exhorta a considerarnos unos a otros para “estimularnos al amor y a
las buenas obras; no dejando de congregarnos”. Somos una familia de redimidos
habitando juntos bajo la sombra protectora de un mismo Padre. Cuando todos nos
unimos para alabar y adorar al Señor suceden cosas maravillosas.
Tratemos por
todos los medios de mantener una estrecha unidad con los hermanos en la fe. Es
importante congregarnos en cada servicio que se lleve a cabo en el templo, pero
aún los días en que no nos congreguemos podemos usar el teléfono y hacer una
llamada a un hermano enfermo o que esté en necesidad y alentarlo y orar juntos.
No olvidemos las palabras de Jesús en Mateo 18:19-20: “Otra vez os digo, que si
dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa
que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde
están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Así es de importante para Dios la unidad de sus hijos.
ORACIÓN:
Querido Dios,
derrama sobre tu iglesia tu Santo Espíritu para que podamos llegar a esa
perfecta unidad que existe entre Tú y tu Hijo Jesucristo. Así podremos hacer
maravillas en tu nombre y el mundo sabrá que Tú eres el único y verdadero Dios.
Por Cristo Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
jueves, 9 de enero de 2014
¿CÓMO TE LLEVAS CON TUS HERMANOS DE LA FE?
Hebreos 10:23-25
“Mantengamos
firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que
prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las
buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre,
sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.
Un hombre
llamado Lou Joline, del estado de Missouri, Estados Unidos, comenzó a correr
regularmente cuando tenía poco más de cuarenta años. En el 2006, a los 70 años, era el
presidente del club de corredores de Kansas City, y había corrido más de 100
maratones en 42 estados diferentes. Por muchos años ha sido considerado como
una de las cinco personas mayores de 50 años “en mejor forma física” en los
Estados Unidos. Sin lugar a dudas ha sido un logro extraordinario de su parte,
pero él mismo ha declarado que le hubiera resultado imposible hacerlo solo. Él
lo ha logrado con la ayuda de los miembros de tres clubes de corredores a los
que pertenece. Producto de su experiencia, Joline exhorta a las personas que
desean hacer ejercicios que lo conviertan en un evento social. Dice él: “Únete
a un grupo. Si tus amigos lo hacen, tú también lo harás”.
No solamente
podemos aplicar este concepto al ejercicio físico, sino también al ejercicio
espiritual. Muchos de nosotros creemos que solos podemos crecer
espiritualmente. Sin embargo, si queremos estar en buena forma en nuestra fe,
nos necesitamos unos a otros. Fuimos creados para vivir en comunión con Dios y
entre nosotros. No estamos preparados para vivir aislados del resto del mundo,
aunque algunos prefieren vivir en soledad sin ninguna relación con los demás.
Estas personas, generalmente, son muy infelices y sus vidas carecen del más
mínimo significado.
Nuestro Creador,
conociendo las características más íntimas de nuestra naturaleza, nos exhorta
por medio de su palabra a mantenernos unidos como un cuerpo que somos, y a
apoyarnos unos a otros en momentos de dificultad. El apóstol Pablo escribe en
su carta a los efesios: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como
es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y
mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos
en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un
Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra
vocación” (Efesios 4:1-4).
Y en Gálatas
6:1-2, Pablo escribe: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta,
vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre,
considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los
unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”. La “ley de
Cristo” se cumple cuando su carácter se refleja en nuestras vidas, cuando su
amor se manifiesta en nuestras obras, cuando somos capaces de sacrificarnos por
nuestros hermanos y compartir sus cargas en los momentos difíciles y disfrutar
junto a ellos los momentos de felicidad, como dice Romanos 12:15: “Gozaos con
los que se gozan; llorad con los que lloran”.
Cada iglesia
local es una representación del cuerpo de Cristo. Así lo expresa Pablo en su
primera carta a los corintios: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y
miembros cada uno en particular” (1 Corintios 12:27). Por tanto, la iglesia es
más que una organización; es un organismo vivo que manifiesta a Cristo al
mundo.
Estimulémonos unos
a otros en amor y en buenas obras, y no dejemos de congregarnos. ¿Estás
involucrado en una iglesia local? ¿Asistes a algún grupo pequeño de estudio
bíblico? ¿Tienes un amigo o amiga con quien puedas hablar francamente y orar?
Si la respuesta
a alguna o algunas de estas preguntas es “no”, debes considerar que necesitas
ampliar tus oportunidades de comunión con otros creyentes. No olvides que
formas parte del cuerpo de Cristo, que es la iglesia, y que como miembro tienes
una función, la cual no puedes llevar a cabo separado del cuerpo.
ORACIÓN:
Padre amado, te
ruego me ayudes a seguir al pie de la letra las instrucciones de tu palabra.
Capacítame para vivir en íntima comunión contigo y con mis hermanos en la fe,
de manera que yo pueda ejercer plenamente mi función como miembro de este
cuerpo. Por Cristo Jesús te lo pido, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
jueves, 19 de septiembre de 2013
EN MANOS DEL CARPINTERO
Hoy quiero
compartir una anécdota que nos ayudará a entender la inter-relación que Dios
quiere que tengamos como Iglesia. Hace algunos días escuche una predicación acerca
de las dos esferas en que un creyente se ve involucrado. La esfera en el Reino
de Dios a la que nos da acceso la salvación, y la esfera de la Iglesia la cual se nos da
a través de la comunión. De las dos, la más difícil es la segunda; debería de
ser la primera, pero no. Lo más difícil es lidiar con seres humanos. Todos
somos seres pensantes, emocionales y sensibles. Por allí dicen que cada cabeza
es un mundo… Y vaya si lo es. Cada cual tiene su propia personalidad, carácter
y temperamento. Esto nos hace tener la individualidad propia de cada uno. Pero
a pesar de todo eso, Dios dice a través de Su Palabra que no obstante de ser
muchos miembros, somos un solo cuerpo. Gloria sea a su Gran Nombre.
Y sin un solo
cuerpo, debemos entonces movernos de tal manera tan coordinadamente que
haciendo cada uno su función, coadyuvemos a un bien que nos sea común. De allí
la siguiente anécdota:
“Se cuenta que
en el taller de carpintería una noche se llevó a cabo una reunión de
herramientas para arreglar sus diferencias.
El martillo tomó la iniciativa y procedió a ejercer la presidencia. Empezó
a golpear muy fuerte la madera para que todos le prestaran atención, pero la
asamblea le notificó que tenia que renunciar. ¿La causa? ¡hacía mucho ruido! y
además se pasaba todo el tiempo golpeando. Nadie quería un líder que les
golpeara y atentara contra la integridad de todos y cada uno de ellos.
El martillo
acepto su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo. El
martillo ya se había dado cuenta del gran problema que el tornillo tenía. Él
dijo el tornillo le daba muchas vueltas al asunto para hacer algo, ¡y en verdad
tenía toda la razón! El tornillo acepto también, pero él a su vez pidió la
expulsión de la lija. Hizo ver que la lija era muy áspera en su trato con las
demás herramientas y siempre tenia fricciones con todos. La lija estuvo de
acuerdo, a condición de que fuera expulsado también el metro que siempre se la
pasaba midiendo a los demás como si él fuera el único perfecto.
El metro para no
tener que estar solo argumentó que si él era expulsado entonces que también
expulsaran al cepillo, porque sólo servía para desgastar la madera.
En esta
discusión acalorada estaban cuando entro el carpintero e inicio su trabajo.
Utilizó el martillo, la lija, el metro, el tornillo y el cepillo. Cada
herramienta fue empleada con las hábiles manos del carpintero y todas y cada
una de ellas cumplió exactamente la función que le correspondía. En las manos
del carpintero sucedió que trabajaron en armonía y finalmente la tosca madera
inicial se convirtió en un lindo ajedrez.
Cuando la
carpintería quedó completamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. El
serrucho tomó la palabra y dijo: ¡Señores, ha quedado claro que tenemos
defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos
hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos
en la utilidad de nuestros puntos buenos”. Esto terminó con toda discusión y
cada uno quedó contento con la conclusión final, aceptándose tal como eran y
cumpliendo la función que cada cual podía desarrollar”.
De la misma
manera sucede en la Iglesia
del Señor. Hay “hermanos martillo”, golpean a los demás con sus palabras, con
sus hechos, son toscos en su trato, resultan ser hasta groseros. Hay otros que
son “hermanos tornillo”, en las asambleas hay que frenarlos en sus
intervenciones pues están va de darle vueltas y vueltas a todo asunto y no
aportan nada edificante. Pero todavía éstos podemos soportar. ¡Qué tal los
“hermanos lija”! Ásperos siempre, andan de malas todo el tiempo, son de
aquellos que se comenta que les dicen: ¡Buenos días!, y ellos responden: ¡Qué
tienen de buenos! Son los que siempre ven negativamente todo, los de ver el
vaso medio vacío. Luego, los “hermanos metro” los perfectos, los “santos”, los
que ya no pecan, los fariseos modernos; quienes creen que todos los demás están
mal y sólo ellos no. Y por último los “hermanos cepillo” los que con sus
comentarios y su acción misma va encaminada a desgastar, a minar las fuerzas, a
desanimar a otros.
Y así cada uno
por sí solo no aporta nada bueno a la comunidad eclesial. En las manos del
Maestro seremos otra cosa, podemos sufrir tal transformación y cambio que toda
historia pasada termine y ahora seamos de bendición y de bien los unos a los
otros. Dios puede hacer maravillas con nosotros. Nos puede dar un uso honroso a
todos. Para Dios somos valiosos, Él ve en nosotros, lo que ni nosotros mismos
sabemos que podemos ser y hacer. Aleluya.
Que este sea el
punto final: “¡Hermanos, ha quedado claro que tenemos defectos, pero el
Maestro-carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace
valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en
la utilidad de nuestros puntos buenos”. Amén y Amén.
“Gracia y Paz”
Palabras de Miel
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