sábado, 5 de julio de 2014

¿CÓMO CUMPLES TU FUNCIÓN EN EL CUERPO DE CRISTO?



¿Cómo cumples tu función en el cuerpo de Cristo?

1 Corintios 12:12-13
“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”.

Cuando Jesús predicaba el Evangelio aquí en la tierra, había en el mundo dos grandes grupos de personas. Por un lado los judíos, circuncisos; por otro lado el resto de las naciones, paganos e incircuncisos, a menudo designados en la Biblia con el nombre de “gentiles”. Después de la muerte y resurrección de Jesucristo, nació un tercer grupo compuesto por aquellos que creyeron, a quienes Dios separó de los dos grupos precedentes para hacer de ellos un pueblo santo. Así dice Efesios 2:14-16: “Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades”. Estos son los redimidos en Cristo, el único nombre por medio del cual todo aquel que cree es salvo y tiene vida eterna. Pablo se refiere a estos tres grupos cuando escribe en 1 Corintios 10:32: “No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios”.

Pero “el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos”, dice 1 Corintios 12:14, y cada miembro tiene una función específica dentro del cuerpo de Cristo, así como el ojo tiene su función, y la oreja tiene la suya en el cuerpo humano. Continúa el apóstol Pablo: “Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo” (1 Corintios 12:16-20).

El diccionario define la palabra “cuerpo” como “agregado de personas que forman un pueblo, república, comunidad o asociación”. El “cuerpo” al que se refiere Pablo está compuesto exclusivamente por los que han aceptado a Cristo como Salvador. Al participar de la santa cena, los cristianos recordamos la muerte de Cristo, que es la base de ese nuevo grupo, de ese “solo cuerpo”. Al partir el pan, Jesús dijo a sus discípulos: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí” (1 Corintios 11:24). Y en 1 Corintios 10:17 dice: “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan”.

Los cristianos debemos estar conscientes de que cada uno de nosotros es un miembro del cuerpo de Cristo, y cada uno tiene su función o responsabilidad para que el cuerpo funcione coordinadamente, y logre el propósito para el cual fue creado: glorificar el nombre de Dios en este mundo corrupto y pecaminoso. El autor de la Epístola a los Hebreos exhorta a los cristianos de origen judío a dejar las enseñanzas del judaísmo, y a seguir adelante con la doctrina de Cristo, diciéndoles: “Vamos adelante a la perfección” (Hebreos 6:1). Esta debe ser la meta de todos los que hemos llegado a formar parte del cuerpo de Cristo.

Identifica tu función en este cuerpo (tu iglesia local), y pídele a Dios que te capacite para llevarla a cabo plenamente. Busca cada día una íntima comunión con Cristo, y sigue fielmente sus instrucciones pues él “es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses 1:18).

ORACIÓN:
Padre santo, gracias por el inmenso privilegio que me das de pertenecer al cuerpo de Cristo, habiendo sido lavado por su sangre, redimido y justificado. Te ruego me capacites para ejercer plenamente mi función como miembro de este cuerpo para que tu propósito se cumpla y tu nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

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