lunes, 27 de enero de 2014

¿BUSCAS A DIOS EN ORACIÓN?



Isaías 56:7
“Yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos”.

No cabe la menor duda de que uno de los puntos mas débiles de la iglesia de Cristo hoy en día es la oración. Esto se ve reflejado en la asistencia a las reuniones de oración. Generalmente asisten a estas reuniones un pequeño grupo de personas, en su mayoría adultas o ancianas, porque el concepto general es que la oración es para aquellos que no tienen otra cosa que hacer o para personas bien mayores. Nada más lejos de la verdad. Contrario a este concepto, cuando nosotros buscamos la presencia de Dios en oración él nos dice en el pasaje de hoy: “Yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración”. Es decir, podemos esperar un tiempo agradable, lleno de gozo y de paz. Un tiempo en el que podemos deshacernos de todas nuestras cargas y preocupaciones y regocijarnos en la presencia de nuestro Padre celestial. Así lo expresa David en el Salmo 16:11: “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” ¡Qué experiencia tan preciosa la del salmista!

De alguna manera el diablo ha propagado entre los cristianos la mentira de que orar es pérdida de tiempo y que podemos aprovechar mejor el tiempo haciendo otras cosas, por lo que muchas personas oran sólo cuando les sobra algún tiempo, cuando están en una situación muy difícil o cuando están pasando por una tribulación y prueba. Como resultado vemos en la iglesia una tremenda apatía y falta de disposición para dedicar un tiempo a buscar el rostro del Señor cada día, orando y leyendo su Palabra. Y la consecuencia de esto es falta de crecimiento espiritual y una muy superficial relación con Dios.

La oración es el medio que Dios nos ha dado para que nos comuniquemos con él. A través de la oración le adoramos, le alabamos, traemos a él nuestras cargas y problemas y nuestras necesidades de todo tipo, pero sobretodo le vamos conociendo y estableciendo esa relación que desde el principio de la creación nuestro Padre celestial ha deseado tener con sus hijos. Al buscar a Dios en oración podemos experimentar su presencia inefable que llena nuestra vida con amor, paz, armonía y gozo. Es una experiencia preciosa que no es fácil describir, es necesario experimentarla individualmente. Cuando estamos orando a solas llega un momento en que el Espíritu Santo nos envuelve y una paz extraordinaria que “sobrepasa todo entendimiento” inunda todo nuestro ser.

Cuando se crea el hábito de buscar el rostro de Dios a una cierta hora cada día, comenzamos a sentir un verdadero placer que nos lleva ante la misma presencia de Dios, y allí con toda confianza compartimos con él nuestros problemas. David solía levantarse muy temprano a buscar el rostro del Señor. En el Salmo 63:1 él clama: “Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela…” Esa sed a la que él se refiere es un intenso deseo, una necesidad espiritual de estar cerca de Dios. Y en el Salmo 37:4 él comparte con nosotros la experiencia de deleitarse en ese tiempo de comunión: "Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón"

La oración es un privilegio increíble, es la oportunidad de hablar con el Dios todopoderoso, el Creador del Universo, aquel que tanto nos ama que sacrificó a su único hijo por nuestra salvación y que desea tener una relación mutua de amor con nosotros. Realmente deberíamos estar ansiosos esperando el momento de pasar un rato con él. Lamentable e inexplicablemente no es así.

Comienza a buscar a Dios en oración como nunca antes y experimentarás su hermosa presencia y la paz y el gozo del Espíritu Santo. Deléitate en tu tiempo de oración, y recibirás bendiciones como nunca antes has recibido.

ORACIÓN:
Padre amado, dame discernimiento espiritual para poder entender la magnitud del privilegio de poder establecer una relación contigo. Te pido que pongas en mi corazón un deseo apasionado de buscar tu rostro en oración para deleitarme en ti cada día de mi vida. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

Le invito a que visite la Pagina:

domingo, 26 de enero de 2014

PROPIEDADES NATURALES DE LA SALVIA (Salvia officinalis L.)



· Para la Diabetes: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.


USOS TRADICIONALES:

· Amigdalitis: Decocción de las hojas, enjuagues o gárgaras.
· Anti oxidante: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.
· Antisudorifica: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.
· Asma Bronquial: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.
· Cálculos: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.
· Cansancio: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.
· Caspa: Cocción de hojas de salvia en un litro de agua por 5 minutos. Enjuagar el cuero cabelludo y repetir hasta eliminarlo.
· Cortaduras leves: Lavarse con infusión de Salvia.
· Depresión: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.
· Dolor Menstrual: Decocción de la raíz y tomar.
· Estomatitis: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.
· Gárgara: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.
· Gingivitis: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.
· Males hepáticos y Renales: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.
· Memoria: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.
· Menopausia: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.
· Nervios: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.
· Picaduras de insectos: Lavarse con infusión de Salvia.
· Problemas cardiacos: Decocción de la raíz y tomar.
· Reumatismo: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.
· Tos: Decocción de las hojas, tomar 3 veces al día.
· Ulceras bucales: Decocción de las hojas, aplicar compresas.


CUIDADOS:
Durante el embarazo, personas epiléptica.


Advertencia:
El uso de estos productos naturales o plantas medicinales están respaldadas por la tradición milenaria de nuestros pueblos. En general no causan efectos secundarios si se usa correctamente. Esta información no es una prescripción médica, tampoco exonera o sustituye la consulta a un médico naturista. Se recomienda consultar con su médico antes de usar esta información.

CARACTERÍSTICAS:
Arbusto pequeño de 50-80 cm. de altura. Tallos herbáceos erguidos;  hojas alargadas,  ovales  y  lanceoladas de color verde grisáceo.  Flores  violeta  en espiga.


RECUERDA… SIEMPRE CONSULTA A TU MEDICO, para que mantengas tu cuerpo sano.

“¿o ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 corintios 6:19).

“He aquí Yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad” (Jeremías 33:6).

“Gracia y Paz”
La Buena Salud al alcance de todos
Publicado por: Carlos Martínez M.
Fuente: Jorge Valera natura

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ALIMENTOS ALCALINOS: ¡¡LA CURA MAS SIMPLE DEL MUNDO PARA COMBATIR EL CÁNCER!!


El cáncer no se contagia ni se hereda, lo que se hereda son las costumbres alimenticias, ambiéntales y de vida que lo producen.

La acidez en el Ph de los tejidos de nuestro cuerpo suele ser el sello distintivo del cáncer y de otros desequilibrios de la salud tales como: enfermedades cardiovasculares, problemas cerebro-vasculares, patologías del riñón, trastornos inflamatorios, enfermedades del pulmón, hígado etc.

Todos podemos tener un equilibrio alcalino en nuestra sangre, solo debemos de ser muy cuidados en seleccionar los alimentos que consumimos.

Debido a que nuestra forma de vida y hábitos alimenticios están pervertidos por décadas de publicidad e intereses creados de las industrias alimentarias y farmacéuticas; además de otras “cargas de estrés”, nuestro ph tiene tendencia a ser ácido. El exceso de alimentos ácidos y la falta de alimentos alcalinos en nuestra dieta son la causa de un sinnúmero de enfermedades en nuestro cuerpo.


Alimentos Alcalinos y Ácidos

Los alimentos que contribuyen con los macro y los micronutrientes necesarios para nuestro sustento y mantenimiento diario, también son los responsables de las aportaciones de acidez y alcalinidad a nuestro organismo, las cuales son imprescindibles para tener un organismo sano.

Uno de los principales minerales para neutralizar la acidez en la sangre es el calcio, por lo cual si nuestra alimentación es muy ácida, nuestro organismo usará sabiamente éste mineral de los huesos, dientes y tejidos para neutralizar esta acidez, lo que ocasiona una desmineralización de nuestro organismo, lo cual contribuye a ocasionar problemas y enfermedades tales como: osteoporosis, caries, uñas frágiles y quebradizas, anemia, debilidad, problemas digestivos, Candidiasis etc.

Los alimentos provocan una reacción ácida o alcalina que se manifiesta en el PH de la sangre, independientemente del PH que pose cada alimento, por eso mismo debemos clasificar cuidadosamente los alimentos de la siguiente manera:


Alimentos Ácidos PRODUCEN CÁNCER:
· Carnes rojas.
· Leche y sus derivados.
· Grasas y frituras.
· Harinas refinadas.
· Pan blanco, fideos.
· Alcohol, tabaco.
· Azúcar blanca, té, café, bebidas gaseosas.
· Embutidos.
· Medicinas químicas.

alimentos alcalinos PRODUCEN BIENESTAR:
· Todas las verduras crudas.
· Frutas frescas.
· Semillas y frutos secos.
· Cereales integrales.
· Miel de abeja.
· Pepino, espárrago, aguacate.
· Limón, melón, manzana acida.
· Agua Alcalina.

Con toda esta información, tu podrás decidir de que manera te vas a alimentar de hoy en adelante. Si no quieres o no puedes eliminar totalmente los alimentos ácidos, simplemente consúmelos con prudencia.


Te invito a que veas el siguiente video para complementar la información que te acabo de compartir: http://youtu.be/EeHXLtgUxHA



RECUERDA… SIEMPRE CONSULTA A TU MEDICO, para que mantengas tu cuerpo sano.

“¿o ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 corintios 6:19).

“He aquí Yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad” (Jeremías 33:6).

“Gracia y Paz”
La Buena Salud al alcance de todos
Publicado por: Carlos Martínez M.

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sábado, 25 de enero de 2014

ORACIÓN



Amantísimo Padre celestial, gracias te doy el día de hoy por tu Gracia y Misericordia. Gracias por enseñarme día con día la forma en que quieres que yo te agrade. Gracias por enseñarme que así lo hizo el Rey David, quien conociendo profundamente tu corazón, te expresó: “Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza. Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. Asimismo señor enséñame a buscar tu justicia, a amar la misericordia y a humillarme ante ti. Así oh mi Dios, quiero sentir el anhelo de agradarte siempre. Por favor dame discernimiento espiritual y un corazón humilde para actuar en todo conforme a lo que a ti verdaderamente te complace. Todo te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

¿CÓMO PUEDO AGRADAR A DIOS?



Miqueas 6:6-8
“¿Con qué me presentaré ante el Señor, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará el Señor de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide el Señor de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”.

Una pequeña historia cuenta que una misionera en la India, se encontró una mañana con una mujer hindú a la que, en varias ocasiones, le había hablado de Cristo sin lograr mucha atención de su parte. La mujer hindú llevaba a dos niños en brazos. Uno de ellos era muy hermoso y lleno de salud. El otro, por el contrario, era deficiente en cuerpo y mente, retardado físico y mental.

La misionera le preguntó adonde iba, y para su asombro aquella mujer le respondió: "Voy al río a ofrecer uno de mis hijos a los dioses en sacrificio por mis pecados". La misionera trató de persuadir a la mujer. Le habló de nuevo de Jesucristo. Le habló de cuál era la verdadera manera de agradar a Dios y obtener el perdón de nuestros pecados. Tampoco esta vez logró que la hindú le prestara atención, y ésta continuó su camino hacia el río.

Pocos días después, la misionera se encontró otra vez con la mujer. Esta vez sólo llevaba en sus brazos al niño deformado y retrasado. La misionera le preguntó con ansiedad acerca del otro niño. La madre le contestó: “¿No recuerda? ¿Cuando nos vimos el otro día iba al río para ofrecer a los dioses uno de mis hijos”?.

“Oh, amiga mía -- dijo la misionera llorando -- si usted tenía que hacer eso, ¿por qué no ofreció al niño que nunca estaría bien?” La mujer hindú replicó: “Quizás esa sea la manera en que ustedes viven su religión, pero en la nuestra nosotros siempre ofrecemos lo mejor a los dioses”. La misionera sintió vergüenza. Y bajó la cabeza. Aquella mujer estaba totalmente equivocada en su relación espiritual con dioses falsos, pero, sin duda, su acción fue un ejemplo de un corazón dispuesto a dar lo mejor.

¿Qué pudo haber recibido esa mujer de sus dioses que la llevara a tan grande sacrificio? Y nosotros, ¿hemos recibido bendiciones de nuestro Dios? ¿Qué hacemos para mostrarle nuestro agradecimiento por la salvación de nuestras almas, y por todo lo que día tras día nos da sin que lo merezcamos, sólo por su gracia y por su amor?

Muchas personas hacen todo tipo de sacrificio físico, andan de rodillas por una cierta distancia, se golpean a sí mismos, se cortan la piel, etc. La intención puede ser muy buena, como la de la mujer hindú, pero en realidad muestra un desconocimiento total del corazón de Dios y de lo que él espera de nosotros.

El mensaje de Dios es muy sencillo y se repite a través de toda la Biblia: El Señor se deleita más en nuestros esfuerzos por conocerle, que en cualquier cosa que podamos ofrecerle. Dios nos creó con un deseo profundo de que vivamos en comunión con él, por lo tanto buscar su rostro y mostrarle nuestra gratitud adorándole en espíritu y en verdad expresa nuestro amor mucho mejor que lo que pueden hacer las palabras o los sacrificios por grandes que estos sean.

En el mensaje de hoy, el profeta Miqueas se pregunta a sí mismo qué puede hacer para agradar a Dios, y después de mencionar una lista de diferentes sacrificios, recuerda que el Señor sólo pide de nosotros que hagamos justicia, y amemos la misericordia, y nos humillemos ante él. El rey David llegó a conocer profundamente el corazón de Dios, y en el Salmo 51:16 dijo: “Señor, abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza. Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”

En Proverbios 23:26, Dios nos dice exactamente que es lo que le complace de nosotros: “Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos”. ¿Estás dispuesto a entregar tu corazón al Señor, y amarle, y adorarle y caminar por los caminos que él nos ha indicado? Si lo haces de esta manera, ten la seguridad de que le habrás complacido.

ORACIÓN:
Amantísimo Padre celestial, es mi anhelo agradarte siempre. Por favor dame discernimiento espiritual y un corazón humilde para actuar en todo conforme a lo que a ti verdaderamente te complace. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

¿CÓMO VA TU CRECIMIENTO ESPIRITUAL?



Efesios 4:10-16
“El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”

En el mensaje de hoy, el Señor nos habla de su propósito divino en nuestras vidas, cumplir en cada uno de sus hijos el deseo de que seamos “conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29). Llegar a esta estatura espiritual debe ser también la meta de cada uno de nosotros.

Los factores genéticos que heredamos ejercen una gran influencia en nuestra estatura. Cualquiera que sea nuestra dieta y programas de ejercicios, el crecimiento físico se detiene en un punto determinado. Cuando se alcanza ese límite no podemos crecer más por mucho que nos esforcemos. A esto se refirió Jesús cuando dijo: “¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?” (Mateo 6:27).

Sin embargo nuestro potencial para crecer espiritualmente no tiene límites. Nuestro crecimiento espiritual no depende de factores hereditarios sino de nuestra disposición para asimilar las provisiones de nuestro Padre celestial, y de nuestra actitud frente al pecado. El apóstol Pedro escribe en su primera carta, la fórmula para crecer espiritualmente: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor” (1 Pedro 2:1-3).

En primer lugar debemos desechar todos esos hábitos, costumbres, sentimientos a los que el apóstol Pablo llama “los deseos de la carne” en su carta a las iglesias de Galacia. ¿Por qué? “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu y el del Espíritu es contra la carne” (Gálatas 5:16-21). Y es precisamente el Espíritu Santo, el Consolador, nuestro ayudador, el encargado de llevar a cabo la transformación en nuestras vidas que nos permitirá crecer espiritualmente. En segundo lugar es de extrema importancia nuestra alimentación espiritual. ¿Has visto a un recién nacido hambriento llorar por la leche materna? No se detiene hasta que sacia su hambre, ¿cierto? El apóstol Pedro usa esta ilustración para exhortarnos a desear ávidamente el alimento espiritual de la Palabra de Dios, a la cual él llama “la leche espiritual no adulterada”.

La lectura de la Biblia conjuntamente con la oración, debe ser nuestro alimento diario si deseamos crecer espiritualmente. Debemos ser obedientes a las enseñanzas de esta palabra y aplicarlas a nuestras vidas, y debemos congregarnos y servir a Dios en algún ministerio de la iglesia. Entonces dejaremos de ser “niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina”, como dice el pasaje de hoy, y estaremos firmes en la verdad que es Cristo Jesús.

ORACIÓN:
Padre santo, es mi deseo crecer espiritualmente hasta llegar a la estatura de tu Hijo Jesucristo. Por favor, pon en mi corazón un ávido deseo de estudiar tu palabra diariamente y pasar tiempo en oración contigo. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla


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jueves, 23 de enero de 2014

ORACIÓN




Padre santo, te ruego pongas en mi corazón un ferviente deseo de buscarte día tras día, de adorarte, de obedecerte y de servirte. Que, ya sea cuando tu Hijo Jesucristo venga de nuevo o cuando llegue mi momento de partir de este mundo, yo esté totalmente preparado para ese maravilloso encuentro. En el nombre de Jesús, Amén.

¿ESTÁS TU PREPARADO PARA LA VENIDA DEL SEÑOR?


Mateo 24:29-32
“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”

Por regla general, cuando esperamos visita preparamos la casa lo mejor posible. Hacemos una buena limpieza, organizamos, nos deshacemos de cosas que no necesitamos, compramos artículos que hacen falta, etc. Todo con el fin de causar una buena impresión a los visitantes. El Dios nos habla hoy de un evento de mucha mayor magnitud y significado que una simple visita de familiares o amigos. Se refiere a la segunda venida de Jesucristo. El Señor viene por su iglesia, sus ángeles “juntarán a sus escogidos” y Jesús nos llevará a vivir con él por toda la eternidad (Amen!). Al igual que nos preparamos para las visitas que esperamos, debemos prepararnos para esa maravillosa visita divina que significará el fin de todos los sufrimientos y aflicciones, y “ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor” (Apocalipsis 21:4).

Ciertamente queremos causar una buena impresión al Señor, y que a él le agrade lo que encuentre al llegar. La diferencia en relación a otras visitas consiste en que no sabemos exactamente cuando llegará Jesucristo. “Del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre”, les dijo Jesús a sus discípulos (Mateo 24:36). Entonces les dio este sabio consejo: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:42-44).

La llegada del Señor está cerca. Las señales que vemos a diario así lo indican. Cuando sus discípulos le preguntaron: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”, Jesús les respondió: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24:3-8).

Cuando una mujer va a dar a luz hay un “principio de dolores”, y a medida que se acerca el momento del parto, los dolores y las contracciones se intensifican y se hacen cada vez más frecuentes. Estas señales indican que está próxima la llegada de la criatura. Sin duda ha habido siempre guerras, y pestes, y hambres y terremotos. Pero la frecuencia y la intensidad con que han estado sucediendo en los últimos años estos fenómenos, nos indican que estas son las señales a las que Jesús se refirió, como preámbulo a su regreso. También vemos como, cada vez con más frecuencia, aparecen hombres proclamándose a sí mismos como profetas, apóstoles, o la reencarnación del apóstol Pablo e incluso afirman ser el mismo Cristo.

Debemos velar, debemos estar atentos, debemos estar preparados como si fuera mañana el día en que Jesús va a llegar. No queremos que nos suceda como a las cinco vírgenes insensatas que no prepararon sus lámparas con aceite y se quedaron fuera de las bodas. Queremos ser como las cinco prudentes que tomaron sus lámparas y las prepararon con suficiente aceite, y cuando llegó el esposo, entraron con él y disfrutaron de las bodas (Mateo 25:1-13).

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego pongas en mi corazón un ferviente deseo de buscarte día tras día, de adorarte, de obedecerte y de servirte. Que, ya sea cuando tu Hijo Jesucristo venga de nuevo o cuando llegue mi momento de partir de este mundo, yo esté totalmente preparado para ese maravilloso encuentro. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

miércoles, 22 de enero de 2014

¿CÓMO ACTÚAS FRENTE A LAS TENTACIONES?



1 Corintios 10:12,13
"Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar"

Imagínate que te encuentras en medio de un bosque en llamas. Las lengüetas de fuego vienen desde arriba, se levantan desde abajo y danzan de un lado a otro por todas partes. Tú sientes miedo, te quedas sin respiración y piensas que todo está perdido. De pronto ves una ruta libre de fuego que empieza donde tú te encuentras y termina en un lugar fuera de peligro. ¿Qué haces tú? Bueno, sin duda alguna corres de inmediato a ese pasillo de seguridad, tratando de librarte de las llamas. ¿Cómo responderías tú si alguien te dice: "Tú sabes, yo en tu lugar correría directamente al fuego y vería lo que sucede"? Totalmente absurdo. ¿Por qué alguien escogería correr en dirección al peligro en lugar de ir hacia la seguridad tomando una clara ruta de escape?

Cuando enfrentamos la tentación, sucede algo semejante a estar parados en medio de un bosque en llamas. El peligro nos rodea por todos lados presentándonos un dilema y la necesidad de tomar una decisión. El problema, sin embargo, es que aquí el fuego parece invitarnos a tomar la ruta hacia él. No sólo el peligro parece no existir sino que realmente aparenta ser una fuente de gozo. Pero lo cierto es que el gozo nunca es el resultado de ceder a la tentación. Quizás haya un disfrute momentáneo, pero no satisface plenamente y se desvanece con rapidez. Rendirnos ante la tentación solamente nos conducirá al pecado y nos traerá terribles consecuencias que, tarde o temprano, nos harán sufrir y lamentarnos de haber tomado esa decisión.

Afortunadamente, Dios ha prometido a sus hijos que él nunca permitirá que seamos “tentados más de lo que podamos resistir”, dice el pasaje de hoy, sino que siempre proveerá una salida de escape. Depende de nosotros escoger esa salida. Nuestra naturaleza carnal siempre nos empujará hacia el lado de la tentación y el pecado. De esto debemos estar concientes. ¿Qué hacer entonces? Debemos seguir el consejo que Jesús dio a sus discípulos, allí en Getsemaní, a pocas horas de su muerte cuando se debatía en medio de la tentación de ir en dirección contraria a la cruz. La carne le indicaba que huyera de aquel enorme sacrificio; su espíritu, por el contrario, le recordaba su responsabilidad en el plan de salvación confeccionado por el Padre. Allí, después de postrarse en oración tres veces, el Señor les dijo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

Entonces, ¿qué debemos hacer para rechazar la tentación y actuar conforme a la voluntad de Dios? Primero, debemos velar, es decir estar constantemente alertas de las maquinaciones y artimañas del diablo. No olvidemos que el enemigo puede poner pensamientos en nuestra mente, también puede usar la televisión, o una persona, o cualquier otro medio. Segundo, debemos mantenernos en oración buscando la fortaleza espiritual que viene de Dios. El apóstol Pablo en su carta a los efesios los aconseja de la siguiente manera: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10). Y en el versículo 18 les dice: “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”. Velar y orar. Esta es nuestra parte. Entonces el Señor nos enseñará la salida, y nos conducirá ilesos fuera del bosque en llamas.

ORACIÓN:
Padre Santo, me postro ante tu trono de gracia en oración y súplica y te ruego que me des discernimiento espiritual para reconocer las tentaciones, y la fuerza y el valor para alejarme de ellas. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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martes, 21 de enero de 2014

¿TIENES TÚ EL CARÁCTER DE UN SIERVO?


Juan 13:3-9
“Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza”.

Este pasaje nos narra que estando Jesús cenando con sus discípulos antes de la fiesta de la pascua, se levantó y “comenzó a lavar los pies de los discípulos”. En aquellos tiempos, el sirviente de más baja categoría de la casa se encargaba de lavar los polvorientos pies de los visitantes. Arrodillarse para llevar a cabo esta tarea no era algo que el dueño de la casa solía hacer. Asimismo el Maestro jamás lavaba los pies a sus discípulos. Según la costumbre judía lo normal era todo lo contrario. Los discípulos solían mostrar sometimiento y respeto a sus maestros por medio de esta acción. Con razón los discípulos se mostraron sorprendidos ante la acción de Jesús.

Basadas en esta acción, hay iglesias que han hecho una ordenanza la acción de lavar los pies unos a otros. La idea es mostrar una actitud similar a la de Cristo y demostrar ante los demás una disposición al servicio. Quizás algunos creyentes lo hagan sintiéndolo de corazón, pero muchos llevan a cabo esta acción más bien como parte de un ritual. En realidad el mensaje de Jesús para sus discípulos y para todos aquellos que hemos sido rescatados por nuestro Salvador, no es literalmente “lavar los pies”, sino más bien tener una actitud de servirnos unos a los otros con amor y humildad.

En Mateo capítulo 20, la madre de Juan y Jacobo le hace una atrevida petición a Jesús: “Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda” (Mateo 20:21). Jesús utiliza la ocasión para dejar plasmado un mensaje que, sin duda, en aquella época era una declaración revolucionaria. Dirigiéndose a sus discípulos les dice: “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:25-28).

El propósito de Dios es que seamos “conformes a la imagen de su Hijo”, dice Romanos 8:29. Jesús nos dio un claro ejemplo de humildad y de servidumbre a través de su vida terrenal, y si queremos actuar conforme a la voluntad de Dios debemos imitarlo en nuestro diario vivir buscando la oportunidad de servir a otros, haciéndolo de todo corazón, deseando agradar a Dios, no con el fin de impresionar a los hombres. Siempre que actuemos de esta manera, recibiremos recompensa de lo alto. Así dice Colosenses 3:23-24: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”.

Servir a los demás no es algo que surge espontáneamente pues, lamentablemente, muchos de nosotros preferimos que nos sirvan. Pero a Dios le agrada que mostremos una actitud humilde con la cual imitemos el sentir de su Hijo. Así dice Filipenses 2:5-7: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo”. La imagen de Cristo en nuestras vidas se hace evidente cuando amamos tanto a Dios y a los demás que instintivamente nos humillamos y nos esforzamos por servirles. Complacemos a nuestro Padre celestial cuando estamos dispuestos a hacer cualquier cosa que él nos pida por cualquier persona que lo necesite.

ORACIÓN:
Padre santo, yo anhelo servirte y agradarte en todo lo que yo haga. Te ruego me ayudes a lograrlo poniendo en mi corazón un ferviente deseo de servir a aquellos que me rodean cada vez que se presente una oportunidad. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

lunes, 20 de enero de 2014

¿Y TU… BUSCAS LA SANTIDAD POR DENTRO Y POR FUERA?



1 Pedro 1:15-16
“como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”

1 Corintios 6:9-11
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”

Santidad significa: separación o dedicación para vivir para Dios y para servirle. La demanda divina de santidad o separación requiere de nosotros, como hijos de Dios, todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. La Palabra de Dios enseña enfáticamente que “sin santidad, nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).

En Lucas 1:75 dice que este evangelio es “en santidad y en justicia”

En 2 Corintios 7:1 dice: “limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”

En (Efesios 4:24) se nos ordena diciendo: “vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”

En Tito 2:11 el Señor nos dice: “enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”

El Salmo 24:3-4 dice: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?  El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño”

En Mateo 5:8 dice: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.”

En 1 Juan 2:15-17 dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.

En 1 Timoteo 2:8-10 dice: “quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda. Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad”. 1 Pedro 3:5: “porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios”.

Hoy día hay mucha gente en las iglesias que dicen ser salvos, pero viven, actúan y visten como lo hace el mundo. Dicen ser cristianos pero viven y visten como mundanos y hasta como paganos. A los tales les preocupa más estar a la moda, que estar en santidad. No siguen los dictados de la Biblia, sino los dictados de Hollywood y de París. No se puede establecer la diferencia entre los tales y los inconversos y paganos. No solo se contaminan ellos mismos, sino que también contaminan la casa de Dios porque asisten a la misma, vestidos indecorosamente. Refiriéndose a la casa de Dios dice el Salmo 93:5 como sigue: “la santidad conviene a tu casa, oh Jehová, por los siglos y para siempre”.
Muchos dicen que Dios no se fija en lo exterior, pero estas citas bíblicas que hemos leído se refieren e incluyen lo exterior. Muchos dicen que Dios lo que mira es lo interior, pero al mirar lo interior, ya ha tenido que mirar lo exterior. La santidad tiene precisamente dos aspectos: El interno y el externo, esto es, el aspecto del corazón y el aspecto de la conducta exterior, uno tiene que ver con los motivos; el otro con las acciones. La santidad interna, es un estado de pureza obrado por el Espíritu de Dios. La santidad externa es una vida de justicia y devoción a los más elevados ideales del evangelio. La verdadera santidad interna, siempre se manifestará externamente, manteniendo normas altas de conducta conforme a la Palabra de Dios, y por consiguiente, diferentes a las del mundo. El creyente santificado, será diferente tanto en lo interior como exteriormente.
La Biblia claramente enseña cómo debemos andar: Juan 2:6 “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” y  (Efesios 4:17) “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente”
La Biblia claramente enseña cómo debemos conversar: 1 Pedro 1:15 “como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir”
La Biblia claramente enseña cómo debemos vestir: 1 Timoteo 2:9 “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia… como corresponde a mujeres que profesan piedad”.  Esto también se aplica para los hombres para vestir ropas ridículas. Dios nos ha llamado a pureza y a santidad. Dice 1 Tesalonicenses 4:7 “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación”.

Nosotros, los que somos Hijos de Dios, tenemos que seguir el llamado de Dios y el dictado de la Biblia, y no el llamado del mundo y los dictados de modas indecorosas. El camino al cielo, es camino de santidad. Dice en Isaías 35:8 “Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él...” Dios es santo y el camino que conduce a Él, es camino de santidad, porque sin santidad nadie verá al Señor.

Hermanos y hermanas: si en nuestra vida aún existen cosas, conversaciones, vocabulario, modas, costumbres, actitudes, maneras de vivir que no son santas, que no agradan a Dios, es mejor que nos humillemos en la presencia de Dios, le pidamos perdón y le prometamos abandonar tales cosas, para entrar plenamente en el camino de la santidad, porque “SIN SANTIDAD, NADIE VERÁ AL SEÑOR”.


“Gracia y Paz”

¿SIENTES HAMBRE Y SED DE DIOS?


Mateo 5:6
"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados".

Las encuestas indican que menos de un 20 por ciento de los cristianos leen la Biblia de manera regular. Esto no obstante de los avances de la tecnología en los teléfonos celulares, computadoras, internet, etc. que permiten un fácil acceso a la Palabra de Dios en cualquier momento y desde cualquier lugar. Lamentablemente en más del 80 por ciento de los cristianos no existe hambre o sed espiritual que los mueva a buscar de Dios cada día de sus vidas.

Al igual que nuestro cuerpo necesita alimento material, nuestro espíritu debe ser alimentado con alimento espiritual, el cual proviene fundamentalmente de la Palabra de Dios. Ahora bien, hay una diferencia importante entre lo físico y lo espiritual en este aspecto. Si dejamos de comer o tomar agua por un día desfallecemos. En el aspecto físico son muy evidentes los resultados de la mala alimentación. Sin embargo en el aspecto espiritual no es tan evidente. Muchas veces creemos que estamos fuertes pero en realidad nos vamos debilitando. Entonces se presenta una prueba y los malos resultados son los que nos indican nuestro estado espiritual.

Por eso Dios permite pruebas en nuestras vidas, para que nos demos cuenta de nuestra necesidad espiritual y le busquemos a él. A través del profeta Amós, Dios se dirigió al pueblo de Israel y les advirtió acerca de las consecuencias que tendrían que sufrir debido a su rebeldía y desobediencia: “Acontecerá en aquel día, dice Jehová el Señor, que haré que se ponga el sol a mediodía, y cubriré de tinieblas la tierra en el día claro. Y cambiaré vuestras fiestas en lloro, y todos vuestros cantares en lamentaciones; y haré poner cilicio sobre todo lomo, y que se rape toda cabeza; y la volveré como en llanto de unigénito, y su postrimería como día amargo. He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová” (Amós 8:9-11). Este era el fin que buscaba el Señor. El pueblo de Israel se arrepentiría de sus pecados y entonces anhelarían escuchar la palabra de Dios de labios de aquellos profetas a los cuales habían rechazado.

El hambre y la sed son sensaciones normales para todo organismo que está vivo y sano. No tener hambre es anormal y es recomendable visitar al médico para recibir instrucción y tomar ciertas vitaminas que abran el apetito. No tener deseos de orar y de leer la Biblia es señal de un problema espiritual. Cuando esto sucede, es sumamente importante que nos hagamos concientes del problema y nos acerquemos al Gran Médico Divino pidiéndole que nos quite esa falta de apetito espiritual y que produzca en nosotros hambre y sed de su justicia y de su presencia.

Cuando Satanás intentó tentar a Jesús en el desierto diciéndole: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”, el Señor le contestó: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:3-4). Por medio de la lectura de la Biblia y la oración diaria nuestro espíritu se fortalece y crecemos en el aspecto espiritual. Por el contrario, cuando no nos alimentamos nos debilitamos, nos volvemos raquíticos y nos enfermamos espiritualmente. Por eso es tan importante que día tras día, en las buenas y en las malas, hagamos un esfuerzo y apartemos un tiempo para buscar el rostro del Señor adorándole y leyendo su palabra.

Si sientes desgano espiritual, clama a Dios de todo corazón y él te contestará. Hazte el propósito de pasar un tiempo cada día en la santa presencia del Señor. Lee la Biblia, medita en sus enseñanzas, ora, adora y alaba al Señor. Pide a Dios que ponga en tu corazón hambre y sed de su palabra. Si persistes en esta rutina diaria, el Espíritu Santo te llenará de tal paz y gozo, que empezarás a sentir un intenso anhelo de disfrutar plenamente de ese tiempo. Y podrás decir lo mismo que el salmista dijo en el Salmo 42:1-2: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?”

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, reconozco que tengo falta de apetito espiritual, y que esto puede traer mucha miseria en mi vida. Por favor sáname y dame hambre y sed de ti pues te necesito como el aire que respiro. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

domingo, 19 de enero de 2014

¿ERES UN CENTINELA QUE NO SE DUERME?


1 Pedro 5:8
“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”.

Este versículo nos insta a estar siempre alertas y vigilantes contra los ataques de nuestro enemigo el diablo. Debemos ser semejantes a un centinela o guardia que está constantemente alerta para detectar la llegada de algún enemigo.

Los centinelas o guardias se ubicaban en las rocas altas o en las ciudades amuralladas, siempre se instalaban donde pudieran observar todo lo que sucedía alrededor. Cuando llegaba alguien, él debía determinar si era amigo o enemigo y era el responsable de dar la orden al portero de la ciudad para que abriese la puerta.

Imagínate lo que pasaba cuando el centinela se quedaba dormido. Esto es lo que el pasaje de hoy nos dice al mencionar “sed sobrios y velad”.

Muchos cristianos que se “duermen” y descuidan, debido a los problemas y ocupaciones de la vida, son victimas del diablo, quien se aprovecha de esas circunstancias tomando ventaja y causándoles destrucción. Al enemigo siempre le gusta que los centinelas se quedan dormidos y pasivos, pues de esa manera puede conquistar la ciudad.

Dios nos ha puesto como centinelas de nuestra vida, de todo nuestro entorno de: familia, economía, hijos, estudios, ministerio, y sobretodo, de nuestra relación personal con el Señor, para que nos protejamos de las garras del destructor.

Muchos nos quejamos de los males que nos vienen y queremos ignorar que la mayoría de las veces fue por causa de nuestra propia negligencia, por dormirnos y no hacer guardia y detectar a tiempo el embate de las tinieblas.

¡Pongámonos alertas y alistémonos en el Nombre de Jesús a cumplir la función de vigilar con atención y esmero todo lo que el Señor nos da, Amen!



“Gracia y Paz”

¿QUE ES INTEGRIDAD?


Integridad implica: Rectitud, Firmeza, Bondad, Honradez, Transparencia, Intachabilidad, Confianza, Seguridad, etc.

Las personas con integridad, no dicen una cosa y luego hacen otra, no dividen su lealtad, no fingen ser de una manera para un grupo social y de otra forma para otros individuos.

Como seres humanos, y sobre todo, si en Verdad creemos y amamos a Dios, debemos ser ÍNTEGROS en toda nuestra Manera de Vivir.


“Gracia y Paz”