lunes, 10 de noviembre de 2014

EL DESAFÍO DE MIRAR CON LOS OJOS DE JESÚS



EL DESAFÍO DE MIRAR CON LOS OJOS DE JESÚS

Este tema es para todos aquellos que aún no sabemos cómo controlar nuestras emociones cuando miramos a una mujer. (Por favor lee este mensaje, solo te tomará unos diez minutos).

Los hombres somos más vulnerables con todo lo que entra por nuestros ojos, ya que por diseño divino somos atraídos mayormente por estímulos visuales.

Mantener la pureza sexual en nuestras miradas viviendo en sociedades tan liberales como las occidentales es un gran desafío para quienes desean agradar a Dios. Esta batalla se libra casi todos los días en casi todos los hombres y la mayoría de los que solicitan consejo bíblico al respecto coinciden en identificar las situaciones de mayor tentación: viajar en medios de trasportes público, enfrentarse a la publicidad, caminar en la calle rumbo al trabajo, tratar con colegas vestidas sensualmente, entre otras. ¿Qué pasa realmente cada vez que ésta batalla se libra? ¿Cuáles son los pasos en la tentación visual?

Primero se mira, luego se evalúa, luego se rechaza o se codicia. El sentido de la vista es un don de Dios, pero si parte de un corazón codicioso, ese sentido será usado para el mal; los ojos se convierten en instrumentos para el pecado. Obsérvese en este texto el énfasis en el propósito con el que se mira en ciertas ocasiones:

Mateo 5:28
“Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”

¿Para qué mira este hombre de acuerdo al texto? Para codiciar. Esta mirada tiene intensión, quizás muchas veces uno sea engañado respecto de la intensión del corazón pero de ahí sale el adulterio. Se puede mirar con diferentes propósitos: para predicar el evangelio, para edificar, para ayudar, para proteger, para advertir un peligro y muchos otros ejemplos loables; también alguien puede mirar para agredir, para robar, para matar, para envidiar o como apunta el texto, para codiciar. ¿Cuál es el propósito con el cual uso mi vista? Algunos están tan habituados a la codicia en sus miradas que son derrotados todo el tiempo, no hay otro propósito sino mirar para codiciar.

2 Pedro 2:14
“Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición”

Muchas veces no somos conscientes de un mal propósito interior, sin embargo, enfrentamos situaciones donde somos tentados a mirar. Los pasos son los siguientes: Mirar – Evaluar – Rechazar o Codiciar. Analicemos estos ejemplos: Alguien va caminando rumbo a su trabajo, se para en el semáforo peatonal esperando cruzar la calle. En la acera de enfrente una joven muy atractiva con vestimenta sensual. ¿Cómo actúa este hombre?

Primer paso: Mira (nadie va a cruzar la calle con los ojos cerrados). Segundo paso: Evalúa. Esta evaluación interna le dice si lo que ve le agrada o no. Aquí hay dos alternativas y que serían el Tercer paso: Si No le agrada rechaza, ignora o desprecia en su pensamiento y emociones. Aquí no hay codicia pero hay otros pecados: orgullo, egoísmo, idolatría del yo. Si le agrada lo que vio, entonces desea y codicia, aquí hay adulterio visual. En otros términos: si no es bonita, a otra cosa, porque no hay atracción o satisfacción en verla (nótese que el propósito es puramente egoísta); si es linda, la desea, pues al mirarla encuentra satisfacción y placer… esto es pecado: es codicia aunque para muchos sea algo tan frecuente que se prefiere callar la voz de la conciencia.

Las miradas en la calle ¿Puede alguien tener una buena intensión y aún así ser tentado con su vista? ¡Claro que sí! Siguiendo con el ejemplo citado podríamos imaginar a un hombre que ha orado antes de salir de su casa y desea tener pureza en sus miradas, incluso va pensando en el sermón del domingo rumbo a su trabajo.

Este hombre está parado junto al anterior en el mismo lugar, frente a la misma muchacha atractiva. Él también la vio (pues no va a cruzar la calle con los ojos cerrados) sin embargo, es consciente de su debilidad y su pecado. Sabe que está siendo tentado pues aunque sea cuestión de segundos identifica en su enemigo interior (la carne) deseos de “mirar”, pero también sabe que si mira seguramente caerá en el segundo paso (la evaluación) y luego será más difícil evitar el pecado. Sea que encuentre placer o no, sabe que si llega a evaluar la belleza femenina estará tropezando, por esta razón aplica el principio de la amputación radical.

Mateo 5:29
“Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno”.

El temor de Dios lleva a este hombre a quitarse sus ojos que en forma práctica podríamos decir que es mirar para otro lado, mirar fijo al frente, evitar enfocarse en esa mujer, no dar oportunidad a que su sentido visual reciba el estímulo que su carne le pide. Esta es la forma de mortificar su pecado y negarse a sí mismo para honrar a Dios.

¿Se puede mirar sin llegar a evaluar? Hay situaciones donde tenemos que tratar con alguien y no podremos mirar para otro lado. Posiblemente serán situaciones más fuertes de tentación que desearíamos evitar, si pudiéramos. ¿Qué haríamos entonces? Tenemos en la Biblia una enseñanza central para no caer frente a tentaciones como estas. La vida y el ejemplo de Cristo. El habló con mujeres y sin duda las miró a los ojos con pureza. Los ojos de Jesús no se enfocaron en partes del cuerpo de ellas; no las evaluó en su atractivo físico; él quería hacer la voluntad del Padre y eso incluía en muchas oportunidades tratar con mujeres (la mujer Samaritana, Marta y María, la mujer que ungió sus pies con perfume, María Magdalena y otras) y sus miradas fueron santas en todo tiempo.

La Palabra de Dios nos llama a la pureza visual, la enseñanza de Cristo nos confronta con la gravedad del pecado con nuestros ojos; somos instados a poner en práctica el principio de la amputación radical para evitar caer en el pecado y finalmente, somos llamados a seguir el ejemplo de pureza de Jesús al mirar a las mujeres cuando tengamos que hacerlo. ¿Cómo puede alguien vivir de este modo? Por fe, solamente por fe verdadera y genuina en el Señor y su Palabra.

Hebreos 10:38
“Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediere, no agradará a mi alma”.

¿Has experimentado la gracia de Cristo que te salva de tus pecados? Recordemos que un día daremos cuentas ante él de todas nuestras miradas.

Hebreos 4:13
“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”.


¡Gracia y Paz!



© Adrián Passarelli. Este material es de libre reproducción y distribución, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

Juan 5:39



Juan 5:39

"Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí".

¡CUIDADO CON LOS LOBOS VESTIDOS DE OVEJAS!



¡CUIDADO CON LOS LOBOS VESTIDOS DE OVEJAS!

2 Corintios 11:13-15
“Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras”.

Esta es una advertencia que el Apóstol Pablo hace acerca de los individuos que predicaban un evangelio diferente al que él les había enseñado. De igual manera, más de cincuenta años antes, el mismo Jesús había alertado a sus discípulos acerca de algunos que falsamente profetizaban en el nombre de Dios, diciéndoles: “Por sus frutos los conoceréis. Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15).

Han transcurrido más de 2000 años, y todavía en la actualidad existen muchos falsos pastores y maestros que no hablan “lo que está de acuerdo con la sana doctrina”, como lo dice la escritura en Tito 2:1. Quizás en algún momento no nos resulte fácil captar las verdaderas intenciones que hay detrás de sus palabras, pero podemos discernir si son auténticos sometiéndolos a este pequeño examen que nos enseña 1 Juan 2:4: “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él”.

La Biblia nos alerta acerca sobre los peligros que corremos simplemente al vivir en este mundo. Por ejemplo, en 1 Juan 5:19 dice: “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno”. Y Jesús les dice a sus discípulos en Juan 14:10: “No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí”. Y el pasaje de hoy nos dice que “el mismo satanás se disfraza como ángel de luz”. Es decir, estamos viviendo en territorio enemigo y este enemigo es el padre de la mentira. Por lo tanto es sumamente importante ejercitar el discernimiento espiritual en todo momento. Todos podemos aprender a desarrollar esta “alarma espiritual” por medio de la lectura de la Biblia y la constante oración. Hebreos 5:14 nos habla de creyentes “que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”. Es decir, aquellos que día tras día reciben la luz de la Palabra de Dios serán capaces de distinguir lo verdadero de lo falso.

A través de toda nuestra vida estaremos enfrentándonos a situaciones que requieren que tengamos un claro conocimiento de la verdad de Dios, pues es la única manera de detectar las falsas enseñanzas. En su segunda carta a Timoteo, capítulo 3, Pablo escribe que “en los postreros días habrá hombres amadores de sí mismos que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella”. Y entonces advierte a su hijo espiritual: “A éstos evita”. También Pablo dice aquí que estos falsos maestros tratarán por todos los medios de engañar a aquellos que “siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad”. De aquí la importancia extraordinaria de conocer la verdad. Así dijo Jesús a un grupo de judíos que habían creído en él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-21).

Es de vital importancia estudiar las Escrituras, meditar en ellas y orar diariamente pidiendo al Señor discernimiento espiritual, sabiduría y conocimiento profundo de su palabra. No seamos parte del “pueblo que fue destruido por falta de conocimiento” (Oseas 4:6). Es muy lamentable ver a tanta gente que es víctima de religiones y sectas falsas, siguiendo ciegamente lo que éstas predican, simplemente porque no dedican tiempo a leer la Biblia con el fin de comprobar si lo que escuchan es verdadero o falso. Nosotros somos hijos del Dios vivo y Creyentes de Jesucristo, pongamos en práctica las enseñanzas que hemos recibido y vivamos una vida de íntima comunión con el Señor y ayudemos a quienes se encuentran atrapados en las mentiras del enemigo.

Oración:
Padre santo, te ruego me des el conocimiento y el discernimiento espiritual para poder ver y entender con claridad todo aquello que no proviene de ti y rechazarlo inmediatamente. Ayúdame a retener solamente la verdad que hay en tu palabra, aplicarla en mi vida y ayudar a otros a que no vivan engañados por las mentiras del diablo. En el nombre de Jesús, Amén.


¡Gracia y Paz!

OSEAS 4:6


Es de vital importancia estudiar las Escrituras, meditar en ellas y orar diariamente pidiendo al Señor discernimiento espiritual, sabiduría y conocimiento profundo de su palabra. No seamos parte del “pueblo que fue destruido por falta de conocimiento” (Oseas 4:6). Es muy lamentable ver a tanta gente que es víctima de religiones y sectas falsas, siguiendo ciegamente lo que éstas predican, simplemente porque no dedican tiempo a leer la Biblia con el fin de comprobar si lo que escuchan es verdadero o falso. Nosotros somos hijos del Dios vivo y Creyentes de Jesucristo, pongamos en práctica las enseñanzas que hemos recibido y vivamos una vida de íntima comunión con el Señor y ayudemos a quienes se encuentran atrapados en las mentiras del enemigo.

¡Gracia y Paz!

LA BENDITA PALABRA DE DIOS NOS AYUDA A:



La bendita Palabra de Dios nos ayuda a:
Vencer las tentaciones de satanás (Mateo 4:1-11).
Vencer el pecado (Salmo 119:9, 11).
A no ser destruidos (Oseas 4:6).
Crecer en conocimiento ( Pedro 3:18).

Nos alimenta adecuadamente (1 Pedro 2:2).

viernes, 7 de noviembre de 2014

SI CREES VERAS LA GLORIA DE DIOS...


¿Cuántas veces los cristianos aceptamos un problema o situación, como si ya no fuera posible hacer nada más? Nos damos por vencidos y dejamos de luchar o de orar, y nos rendimos, porque vemos el problema tan grande ante nuestros ojos, que nos sentimos impotentes y desarmados para hacerle frente.

Lo vemos como una muralla tan in escalable, que asumimos que nada podemos hacer ante ella. Y esto lo hacemos con cosas mucho menos importantes que la muerte. Y ¿Por qué digo esto? Recordemos las impresionantes palabras que Jesús le dijo a Marta: ¿NO TE HE DICHO QUE SI CREES, VERÁS LA GLORIA DE DIOS?

¿Cuántas veces dejamos de ver la gloria de Dios en nuestras vidas por la falta de Fe? Nos falta creer en el poder absoluto de Dios ante cualquier situación o problema, por irreversible que parezca.

Que duros de entendimiento somos. Sabemos intelectualmente que Dios es todopoderoso, que no hay problema que Él no pueda resolver. Sabemos que Cristo venció a la muerte, levantándose de los muertos, después de tres días y aún así, no somos capaces de creer que Él puede solucionar cualquier problema.

Pidamos perdón a Dios por no reconocer su poder. Apartemos las dudas de nuestra mente y confiemos plenamente en aquél, que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantes de lo que pedimos o entendemos.

¡A Él sea la gloria por los siglos de los siglos, Amen!


¡Gracia y Paz!

DIOS DESEA QUE MOSTREMOS A OTROS EL CAMINO



Dicen que el ejemplo vale más que mil palabras. Quizás muchos no leerán en su vida otro evangelio que lo que nosotros les mostremos con nuestras propias vidas. Por eso es muy importante que vivamos una vida de entrega a Cristo, buscando su voluntad, obedeciendo su palabra y llevando la luz dondequiera que vayamos. Nosotros hemos de marcar la diferencia, para que el mundo vea en nosotros el reflejo de Cristo.

La gente está cansada de palabras y más palabras, pero el impacto que produce en los demás, una vida de entrega a Dios, eso siempre queda y no pasa inadvertido.

Hay mucha gente que nunca ha escuchado un sermón, y tal vez nunca han tenido una Biblia en sus manos, pero el testimonio de una vida entregada a Cristo indudablemente despertará en ellos el deseo de conocer más.

Debemos de ser imitadores de Cristo, o mejor dicho: FIELES SEGUIDORES DE CRISTO, y apartarnos de toda forma de pecado. Somos hijos del Dios altísimo y nuestro testimonio debe de ser de fidelidad y obediencia.

¿Vive Cristo en nuestras vidas de tal manera que los demás se den cuenta de ello?
¿O tal vez nos confundimos tanto con el mundo, que nadie nota la diferencia?
¿Estamos mostrando al mundo que ser cristiano vale la pena?
¿Contagiamos a los demás de nuestra pasión por Cristo?
¿Que ven en nuestras caras, gozo o desánimo?


¡Gracia y Paz!

¿CREES QUE DIOS SE TARDA EN CONTESTAR TUS ORACIONES?




Salmo 40:1-3
“Pacientemente esperé al Señor, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en el Señor”

Muchas veces no entendemos el por qué Dios se “tarda tanto” en contestar nuestras oraciones, pero en este salmo aprenderemos que debemos ser pacientes y esperar. Debemos estar conscientes, en primer lugar, de que la sabiduría de Dios es muy superior a la nuestra. Él nos dice en Isaías 55:9: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”. Y debemos tener la seguridad de que esos pensamientos que Dios tiene acerca de nosotros son buenos, pues él lo dice en Jeremías 29:11: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Yahweh, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. Resumiendo podemos decir que, en su omnisciencia, Dios sabe qué es lo mejor para nuestras vidas, y quiere lo mejor para nosotros porque nos ama, y además tiene todo el poder para llevarlo a cabo. Así dice Efesios 3:20 al referirse a Dios: “Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”. Estas son razones más que suficientes para esperar pacientemente en el Señor. Pero hay más razones por las que debemos esperar siempre su tiempo, el cual es perfecto y oportuno:

Primero, la Biblia nos habla de muchas situaciones en las cuales Dios dio instrucciones claras y precisas a su pueblo o a alguna persona en particular. Solamente aquellos que decidieron esperar en él obtuvieron las bendiciones que el Señor tenía preparadas para ellos. Por ejemplo, tenemos a Noé, Abraham, Moisés, David y José. Todos ellos tuvieron que pasar por períodos de espera muy largos y penosos antes de que Dios llevara a cabo sus planes de bienestar y prosperidad en sus vidas. Un ejemplo negativo lo vemos en el pueblo de Israel, la mayoría de los cuales no pudieron disfrutar de la tierra prometida simplemente porque no siguieron las instrucciones del Señor y se apresuraron a actuar por su propia cuenta.

Otra razón por la que Dios, en ocasiones “se demora” en contestar, es porque su respuesta a nuestras oraciones puede afectar a otras personas. Cuando esperamos el tiempo del Señor sin desesperarnos, permitimos que él pueda organizar todos los factores y las circunstancias de manera que los resultados sean perfectos y beneficien a todos los que están envueltos. Además ese tiempo de espera es usado por Dios con el fin de prepararnos para la respuesta que él tiene para nosotros. Créelo o no, muchas veces no estamos preparados para la respuesta de Dios. Quizás necesitemos lidiar antes con pecados que no hemos confesado o quizás crecer espiritualmente en algún área de nuestras vidas. Lo cierto es que cuando Dios ha terminado su trabajo de preparación con nosotros, vamos a disfrutar mucho más de todo lo que vamos a recibir.

1 Pedro 5:6 dice: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”. Se requiere que hayamos llegado al punto de humillarnos, es decir haber echado fuera ese falso orgullo que trata de convencernos de que nosotros podemos tomar decisiones correctas basados en nuestra sabiduría. “Cuando fuere tiempo” se refiere al tiempo perfecto, el cual es determinado por Dios para “exaltarnos”, o sea bendecirnos abundantemente.

Esperar pacientemente al Señor siempre resulta en recibir bendiciones más grandes de las que podemos imaginar. Enfoca tu pensamiento y tu atención totalmente en él, y espera su tiempo. Nunca pienses que las “demoras” de Dios son respuestas negativas. No te desesperes. Confía en el Señor. Siempre vale la pena.

Oración:
Bendito Padre celestial, te ruego me des la fuerza, la fe y el valor para esperar pacientemente por tu respuesta, por tu dirección y por la solución a mis problemas. Desde este momento yo dispongo mi corazón para confiar plenamente en ti y esperar descansando en la confianza de que tú me amas y deseas lo mejor para mí. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

PODEMOS HACER DE CADA DÍA UNA FIESTA...


Nunca te han preguntado ¿eres Salvo?


Nunca te han preguntado ¿eres Salvo? y quizás podríamos responder ¿Salvo de qué?

“Cercano está el día grande de Yahweh, cercano y muy presuroso; voz amarga del Día de Yahweh; gritará allí el valiente. Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento, Día de trompeta y de algazara, sobre las ciudades fuertes, y sobre las altas torres. Y atribularé los hombres, y andarán como ciegos, porque pecaron contra Yahweh: y la sangre de ellos será derramada como polvo, y su carne como estiércol. Ni su plata ni su oro podrá librarlos en el día de la ira de Yahweh; pues toda la tierra será consumida con el fuego de su celo: porque ciertamente consumación apresurada hará con todos los moradores de la tierra” (Sofonías 1:14-18).

La respuesta correcta es: Salvados de la ira divina, salvado de Dios mismo. ¿Eres salvo?



miércoles, 5 de noviembre de 2014

1 Juan 5:18


Dios hará naufragar tus planes....


Deja que el artista divino dirija su obra. Aunque no veamos las maravillas que Dios hace en nosotros, confiemos en Él, confiemos en su poder para hacer milagros. Dejémosle obrar y digamos con el salmista: “En Dios confío y nada temo, ¿qué podrá hacer un hombre contra mí? (Salmo 56:11). 

¿CÓMO ORAS TÚ?



¿CÓMO ORAS TÚ?

Salmo 63:1
“Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela”

La Biblia nos exhorta a pasar tiempo en oración, pues esto fortalece nuestro espíritu y nos permite entablar una comunión íntima con nuestro Padre celestial. El pasaje de hoy nos dice que David solía buscar el rostro del Señor de madrugada y pasar tiempo con él. También el profeta Isaías buscaba diariamente la presencia de Dios. En Isaías 26:9, él expresó su anhelo: “Con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte”. Y el mismo Jesús muchas veces pasaba la noche orando, como nos cuenta Lucas 6:12: “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios”. Sin duda es maravilloso retirarse por horas en la presencia del Señor, y dejar que la paz de su Santo Espíritu nos inunde. Sin embargo, en el mundo actual, en el que la vida se vive “a la carrera” sin apartar un tiempo para compartir con la familia o las amistades, generalmente a muchos les es difícil dedicar un tiempo largo para orar.

Una pequeña historia cuenta que un anciano harapiento, cada día a las doce entraba a un templo, permanecía unos pocos minutos dentro y se iba. El cuidador del templo estaba preocupado ante aquella extraña actitud. Todos los días lo vigilaba cuidadosamente para estar seguro que nada se llevaba. Y todos los días a las doce en punto entraba la andrajosa figura. Un día el cuidador se le acercó, y le dijo:
– Oiga, amigo, ¿a qué viene todos los días al templo?
– Vengo a orar – contestó cortésmente el anciano.
– Pero – dijo cautelosamente el cuidador – usted no se queda tanto tiempo como para orar.
– Solamente lo necesario. No sé hacer largas oraciones, pero todos los días vengo y digo: “Jesús, soy Jaime”. Entonces espero un minuto, y me voy. Pienso que él me escucha aunque sea corta la oración.

Un día, cuando cruzaba la calle, un vehículo arrolló a Jaime, y este fue hospitalizado con una pierna rota. La sala donde lo pusieron era un lugar molesto para las enfermeras encargadas. Algunos de los hombres estaban malhumorados y en actitud miserable y otros no hacían más que quejarse y gruñir desde la mañana hasta la noche. Poco a poco los hombres fueron dejando sus rezongos hasta que llegaron a mostrar alegría y conformidad. En una ocasión, cuando la enfermera recorría la sala, oyó reír a los hombres.
– ¿Qué les ha pasado? ¡Se ven tan contentos!
– Es el viejo Jaime, contestaron. Siempre está alegre, jamás se queja aunque su posición es bastante incómoda y padece fuertes dolores.
La enfermera fue hasta la cama de Jaime, donde con su cabeza plateada, yacía acostado con una mirada angelical en el rostro sonriente.
– Bien, estos hombres dicen que tú eres el causante de la transformación de esta sala. Dicen que estás siempre feliz.
– Es verdad, enfermera. No puedo evitarlo. Es mi visitante. ¡Él me hace feliz!
– ¿Visitante? – La enfermera estaba asombrada, porque no había notado que alguien estuviera visitando a Jaime. Su silla siempre estaba vacía durante las horas de visita.
– Cuándo viene la visita?, le preguntó.
– Todos los días – contestó Jaime con los ojos iluminados por una brillantez creciente – Sí, todos los días a las doce. Él viene y se para junto a mi cama. Yo lo veo allí. Él me sonríe y me dice: “Jaime, soy Jesús” –

Cuando sólo contamos con unos minutos, podemos dedicarlos a buscar la presencia de Dios con un corazón sincero y deseoso de adorarlo. Aunque nuestra oración sea corta, nuestro Padre celestial puede ver nuestro anhelo de estar cerca de él. No es necesario decir largas y complejas oraciones. Lo más importante es que salgan de un corazón humilde, y que estén apoyadas por una fe inquebrantable en el poder y el amor de Dios. También podemos tratar de mantener una conciencia de la compañía del Señor con nosotros durante todo el día y conversar con él siempre que podamos, ya sea mientras manejamos el automóvil, o en la sala de espera de la consulta del doctor, o mientras estamos esperando en una fila. De esta manera no nos parecerá tan difícil hacer lo que nos dice 1 Tesalonicenses 5:17: “Orad sin cesar.”

Oración:
Padre santo, te ruego que tu Espíritu Santo mantenga en mí el deseo de buscarte y adorarte en todo momento y en cualquier circunstancia, de manera que yo sienta constantemente el gozo y la paz de tu presencia en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

VELAD Y ORAD EN TODO TIEMPO