miércoles, 29 de octubre de 2014

EX SATANISTA ADVIERTE DE SACRIFICIOS DE NIÑOS EN MÉXICO POR HALLOWEEN



ex satanista ADVIERTE de sacrificios de niños en México por halloween

Hace varios años, un periódico nacional publicó el testimonio de una mujer que confesó haber formado parte de una secta satánica y donde advertía a los mexicanos sobre los peligros de permitir a sus hijos el celebrar el "Halloween" o la "Noche de Brujas".

El diario "El Norte" reprodujo en 1992 las declaraciones de Cristina Kneer de Vidal, quien fue esoterista, satanista y espiritista de origen estadounidense y que vive en Hermosillo (Sonora), quien reveló que cada 31 de octubre decenas de jóvenes y niños son sacrificados en todo México por grupos satánicos.

Kneer reveló además que en ese entonces en el país habría unos mil 500 "adoradores de Satán" quienes se distribuían principalmente en ciudades como Guadalajara, Monterrey y México.

Según Cristina Kneer, ‘miles de personas han adoptado sin saberlo una costumbre satánica y con ello están propiciando el crecimiento del satanismo en México, sobre todo en las grandes urbes’.

Su experiencia

El diario El Norte difundió que la mujer pasó mucho tiempo cerca del satanismo, conoció la maldad y la perversión de muchos satanistas con los que convivió. ‘Son temas poco conocidos, practiqué la meditación y aunque ahora me arrepiento, llegué a abominar a Dios’, indica.

Según Kneer, el satanismo existe en todo el mundo y su práctica es tan antigua como la adoración a Yahweh. Señaló que muchas personas ambiciosas firman un "pacto con el diablo" y a cambio de riqueza y poder, ofrecen su "alma".

"Pagan un precio terrible, nunca más llegan a tener paz y son brutalmente castigados aún después de su muerte", afirmó y añadió que reconocer a un satanista es muy difícil, pero a veces se trata de políticos, artistas, funcionarios o comerciantes que gozan de mucho prestigio, aunque "eso no quiere decir que todos los políticos sean satánicos", aclaró Kneer.

Misas negras

La mujer también sostuvo que en fechas como "Halloween", los satanistas ofrecen "Misas Negras". ‘Las misas se ofician en el campo o en edificios cerrados fuertemente vigilados y se inician con la invocación de Satán que muchas veces no se presenta porque, a diferencia de Dios, no puede estar en todas partes’, explica.

Agregó que "a mitad de la misa son sacrificados animales como gatos, perros y cuando la misa es muy importante, como la de Halloween, se realizan sacrificios humanos". ‘Se eligen preferentemente niños porque son los que aún no han pecado y son los preferidos de Dios y antes de ser sacrificados son violados para despojarlos de su pureza’, reveló.

Las fiestas satánicas, siempre según la mujer, se celebran en ocho distintas fechas, aunque la más importante es la fiesta de Samhain o Halloween del 31 de octubre en que se celebra el año nuevo satánico. ‘Es como si se celebrara el cumpleaños del Diablo’, explica.

A las víctimas, asegura, se les sacrifica extrayéndoles el corazón que es comido entre los presentes, luego el cuerpo es cremado y echado al mar. ‘Para los satanistas es muy fácil deshacerse de los cadáveres porque (los celebrantes) son personas muy importantes’, asegura.

Actualmente, Kneer y otras mujeres que han participado en cultos satánicos tienen un grupo denominado SAL que pretende enviar a los satanistas un mensaje de esperanza y la petición de que no hagan más daño. ‘Cualquier satanista que lea esta información y que quiera rechazar o abandonar el satanismo puede hacerlo con ayuda de Dios, como ya lo hemos logrado nosotras’, señala.

¡Gracia y paz a Ustedes, de Yahweh Dios nuestro Padre y de Yeshua nuestro Redentor y Salvador!

Números 6:25
“Yahweh haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia”


¿Quieres saber la Historia de Halloween?
¿El Origen de los disfraces?
¿Por qué es malo celebrar Halloween?
¿Cuál es su propósito actual?
¿Cuáles son los Simbolos de Halloween?
¿Qué dice la palabra de Dios?

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Fuente:

NO CAIGAMOS EN EL LENGUAJE CORRUPTO DE LOS MUNDANOS



Colosenses 4:6
“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”.

Es triste y vergonzoso, pero hoy en día cada vez más se está aceptando el lenguaje corrompido en las conversaciones ordinarias. Son muchas las palabras groseras que se oyen ahora en la televisión, en la radio, en la gran mayoría de las canciones seculares; también se leen en los periódicos y revistas. El lenguaje obsceno y de doble sentido se oye en pláticas que hace veinte años jamás se hubiera pronunciado en público, mucho menos delante de las damas y los niños. Como Pablo bien dice, "irán de mal en peor" (2 Timoteo 3:13).

No caigamos en el lenguaje corrupto de los mundanos, porque su manera de hablar es violenta y está lleno de palabras que excitan las pasiones carnales. Los que son de la carne (los que son del mundo) "piensan en las cosas de la carne" (Romanos 8:5) y "hablan del mundo" (1 Juan 4:5).

Limpiemos nuestro corazón. "Porque de la abundancia del corazón habla la boca" (Mateo 12:34). Las palabras corrompidas que salen de la boca indican que el corazón (el carácter) es corrupto. "El hombre bueno, del buen tesoro, del corazón saca buenas cosas; el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas" (Mateo 12:35).

El cristiano debe ser conocido por su manera de hablar. La palabra de los verdaderos cristianos debe de ser siempre con gracia, buscando siempre imitar a Cristo: "Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca" (Lucas 4:22).

Un Hijo de Dios, un verdadero seguidor de Cristo, debe de hablar siempre con gracia. Su palabra debe de ser: “…sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros" (Tito 2:8). "A fin de dar gracia a los oyentes" (Efesios 4:29).



¡Gracia y Paz!

¿SABES QUE NECESITAS PARA LA GUERRA QUE ESTAS LIBRANDO?



¿SABES QUE NECESITAS PARA LA GUERRA QUE ESTAS LIBRANDO?

1 Pedro 5:8-9
“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo”.

Todos los días recibimos noticias, a través de la televisión, la radio y los periódicos, de guerras, asesinatos y todo tipo de violencia en todo el mundo. Desde el Medio Oriente hasta África y hasta Centro y Sur América, los seres humanos se están matando unos a los otros indiscriminadamente. Día tras día se producen homicidios, asaltos, violaciones, violencia y odio en todas las posibles manifestaciones.

Pero hay también otra guerra llevándose a cabo, que destruye mucho más y causa mucho más dolor y desesperación que cualquiera de estas guerras. Y lo peor del caso es que la mayoría de las personas no están conscientes de la existencia de esta guerra, siendo por lo tanto mucho más susceptibles a los ataques de un enemigo que permanece invisible, pero que causa terribles efectos en la humanidad. A esta guerra se refiere la Santa Palabra de Dios que dice: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Es una guerra espiritual ante la cual nosotros solos nada podemos hacer. No estamos capacitados para ver a este enemigo invisible, mucho menos para enfrentarnos a él y muchísimo menos para vencerlo.

En la escritura de hoy, al diablo se le compara con un león rugiente que nos busca para devorarnos. Algunos dicen que Satanás es “un león que no tiene dientes”, quizás queriendo decir que no puede hacernos daño. Pero eso no es cierto. Eso es lo que el diablo quiere que creamos, que él “no tiene dientes”, para que nos descuidemos y entonces destruirnos. ¡Claro que tiene dientes! ¡Y grandes dientes! Si no fuera así, el Señor no nos estuviera alertado diciéndonos que ese león anda “buscando a quien devorar”. Ciertamente no se trata de dientes físicos, pero es entendible que ese “león” puede destruir nuestras vidas si nos descuidamos. Demos gracias a Dios porque tenemos la seguridad de que si nos mantenemos bajo su manto protector, ese león no podrá usar sus dientes contra nosotros porque nuestro Dios Todopoderoso le cierra su boca para que no pueda hacernos daño, de la misma manera que protegió a Daniel cuando lo echaron en el foso de los leones, y al día siguiente pudo decir al rey Darío: “Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño” (Daniel 6:22).

Por eso el apóstol Pablo en este mismo pasaje de Efesios 6, versículos 10 y 11 nos dice: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo”. El apóstol Santiago complementa lo dicho por Pablo y Pedro, en Santiago 4:7: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”.

No luches contra las circunstancias negativas, contra las personas que te hieren y que tratan de hacerte la vida imposible; escucha la voz del Espíritu Santo hablándote a través de la Escritura. Levanta tus brazos y tu mirada al cielo, sométete a Dios y él se encargará de pelear por ti y te dará la victoria.


La fortaleza de Dios viene a nosotros cuando reconocemos nuestra necesidad de él. Estudiemos su Palabra día con día y dediquemos un tiempo a meditar en ella y postrémonos en oración ante su santa presencia. Hay un dicho que dice: “Nada hace temblar tanto a Satanás como ver a un cristiano de rodillas”. Porque él sabe que nada puede hacer en contra del poder de Dios manifestado a través de la oración.

Oración:
Gracias, Padre amado, por la protección que me ofreces cuando me consagro en el estudio de tu Palabra. Fortaléceme con tu poder y capacítame para resistir los ataques del enemigo, y así permanecer firme en tus principios, disfrutando de la victoria que viene solamente de ti. En el poderoso nombre de Jesucristo, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

martes, 28 de octubre de 2014

Efesios 5:1-2



Efesios 5:1-2

"Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andad en amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma.…"

PON EN PRACTICA LA ORACIÓN PACIENTE


Si los jueces malos ceden ante las presiones constantes, cuánto más un Dios grande y amoroso nos responderá. Si hemos sentido su amor, podemos creer que El responderá nuestros ruegos.

Mateo 7:11
“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”

Lucas 11:13
“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”


¡Gracia y Paz!

¿ERES UN HACEDOR DE LA PALABRA?



Santiago 1:22
“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”.

Un hacedor de la Palabra es...
a. bienaventurado.
b. justo ante Dios.
c. semejante al hombre que construyó su casa sobre la roca.

Un hacedor de la Palabra es bienaventurado.

Juan 13:17
"Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis"

Un hacedor de la Palabra es justo ante Dios.

Romanos 2:13
"... porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados"

Un hacedor de la Palabra es semejante al hombre que construyó su casa sobre la roca.

Lucas 6:47-48
"Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca"

La Biblia también enseña que un hacedor de la Palabra:

Es el que hace la voluntad de Dios... Mateo 7:21
Es considerado parte de la familia de Cristo... Mateo 12:50
Recibe acceso para entrar por las puertas de la ciudad santa... Apocalipsis 22:14
Permanece para siempre... 1 Juan 2:17


¡Gracia y Paz!

¿Ocupas tu tiempo como Dios manda?



¿Ocupas tu tiempo como Dios manda?

Eclesiastés 3:1-10
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz. ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana? Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él”

En este pasaje, el sabio Salomón nos muestra la conclusión a la que él llegó al estudiar las actividades, los trabajos y los propósitos que Dios ha preparado para que el hombre ocupe su tiempo. Dice el versículo 10: “Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él”. Dios planeó todo perfectamente desde el mismo instante en que creó el universo. Todo va a ocurrir en un cierto momento y de acuerdo a sus leyes y principios. Y estos eventos se van a repetir como en un ciclo a través de toda la historia. Cuando el ser humano se empeña en cambiar el orden de estos acontecimientos, los resultados siempre traerán malas consecuencias.

Dice este pasaje: “¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?” La respuesta es: Ninguno. Por eso el Señor nos manda a no afanarnos por nada. Algunos han hecho del trabajo un dios, y su prioridad es trabajar con el fin de comprar cosas. Cosas que esta sociedad de consumo trata de convencernos que son indispensables para nuestra vida. Es nuestra responsabilidad establecer prioridades de manera que hagamos todo en su debido orden y tiempo, pero debemos hacerlo conforme a la voluntad de Dios y a sus planes para nuestras vidas. En Efesios 5:15-17, se nos exhorta a andar “no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo” Y nos dice la clave para lograrlo: “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”.

Igual, en Efesios capítulos 5 y 6, se nos menciona un cierto orden que bien pudiéramos aplicar al tiempo que tenemos disponible cada día. En primer lugar comencemos el día buscando el rostro del Señor en oración, leyendo su palabra y meditando en ella. Jesús nos exhorta a hacer de esto una prioridad en nuestras vidas. Él nos dice en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Debemos también dedicar tiempo a la familia. Dios quiere que el esposo y la esposa disfruten de tiempo de compañerismo e intimidad; también es imprescindible compartir tiempo de calidad con los hijos, y entablar con ellos una buena relación, al mismo tiempo que les instruimos en los caminos del Señor. El tiempo en nuestro trabajo debe ser aprovechado al máximo para llevar a cabo nuestras responsabilidades eficientemente. Y por último, también debemos dedicar tiempo a servir en la iglesia de Cristo.

El rey David dijo: “Señor, en tu mano están mis tiempos” (Salmo 31:15). Tenemos que estar conscientes de que el tiempo que tenemos a nuestra disposición pertenece a Dios. Nosotros somos simplemente sus administradores. De la misma manera que cuando terminó su Creación, Dios “tomó al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” (Génesis 2:15), él espera que nosotros administremos con efectividad el tiempo y los recursos que él nos ha dado. Sigamos fielmente sus instrucciones escritas en la Biblia y esforcémonos en obedecer su voluntad. Algún día llegará el fin de nuestro tiempo aquí en la tierra y nos encontraremos frente a frente con el Señor. Entonces daremos cuenta de la manera en que ocupamos el tiempo que tuvimos disponible durante nuestras vidas.

Oración:
Bendito Padre celestial, te ruego me ayudes a estar consciente del tiempo y de mis responsabilidades de manera que todo lo que yo haga sea conforme a tu voluntad, en el tiempo perfecto y de la manera que tú deseas, para que en todo sea glorificado tu santo nombre. Por Cristo Jesús te lo pido, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

lunes, 27 de octubre de 2014

¿CÓMO CREES QUE DIOS TE DA LA SALVACIÓN, POR FE O POR OBRAS?


¿CÓMO CREES QUE DIOS TE DA LA SALVACIÓN, POR FE O POR OBRAS?

Lucas 18:9-14
“A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”.

Esta escritura dice que Jesús se dirigió a unos que se creían justos y que menospreciaban a los demás considerándolos inferiores a ellos, y les contó una parábola. Esta parábola puede parecer a muchos una contradicción, pues el hombre que admitió que estaba mal fue declarado justo, mientras que el que afirmaba estar bien fue condenado porque estaba mal. Pero lo cierto es que Jesús les está enseñando el único y verdadero camino de la salvación a aquellos que creían que serían justificados por sus obras.

El fariseo representa la clase religiosa de la época, supuestamente de altos principios morales y muy virtuosos. El publicano, recaudador de impuestos, representa todo lo contrario: irreligioso, poco honesto y odiado por muchos. El fariseo se vanagloriaba a sí mismo por las “buenas” obras que él hacía, pero no mostraba ningún amor por los demás, todo lo contrario, más bien los menospreciaba. Sin embargo, el publicano no hacía mención de obra alguna que él hubiese hecho, sino que se dirigía a Dios humildemente, reconociendo que era pecador y pidiendo la misericordia divina. Este descendió a su casa justificado, dijo Jesús, mientras que el fariseo con todas sus “buenas” obras, no fue justificado. Jesús finaliza este pasaje mencionando un principio fundamental en nuestra relación con Dios: “Cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”.

En su carta a los Efesios el apóstol Pablo establece con toda claridad la base fundamental de nuestra salvación. Dice Efesios 2:8-9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. Es decir, el cielo es un “don de Dios”, un regalo producto de la gracia y la misericordia divina, el cual lo obtenemos por medio de la fe, no por las obras que hagamos, por buenas que éstas sean. Las buenas obras del cristiano son consecuencia de su salvación, no la causa de la misma. La persona que ha aceptado a Jesucristo como Salvador, es movida por el amor de Dios a hacer obras que glorifiquen su nombre.

Y en su primera carta a los corintios Pablo escribe: “Si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve” (1 Corintios 13:3). En otras palabras, no importa cuántas obras buenas tú hagas, ni cuántos sacrificios realices, si no hay amor en tu corazón, de nada te sirve lo que hagas. El apóstol Juan completa este concepto cuando escribe (1 Juan 4:8): “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”. Es decir, si no hay amor en tu corazón es porque no conoces a Dios, y todas las obras que hagas por “buenas” que sean no te van a dar la salvación de tu alma.

Si tú has aceptado a Jesucristo como Salvador, dale gracias a Dios por tu salvación. Pero si no tienes la seguridad de que si mueres hoy irás al cielo, la palabra de Dios dice “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9-10).

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla


viernes, 24 de octubre de 2014

Romanos 14:19



Romanos 14:19
“Esforcémonos por promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación”.

La enseñanza de este versículo es sobre la tolerancia que debemos tener entre creyentes, lo cual conlleva a la mutua edificación. Por ejemplo, si vemos que un hermano(a) de otra Iglesia e incluso de la nuestra, por sus convicciones no cree conveniente comer ciertos alimentos, no debemos menospreciarlo sino entenderlo. Quizás haya otros que piensan que deben guardar un día de reposo diferente al nuestro. Estos son los ejemplos que nos describe el apóstol Pablo.

Pero si nos ubicamos a la actualidad, pensemos en aquellos que critican a las mujeres porque tienen el pelo largo o porque lo tienen corto, porque se maquillan o porque no lo hacen. Se critica a los jóvenes por su cabellera o por su indumentaria, o porque usan un arete. Todas estas actitudes nos crean conflictos entre los miembros de la congregación. “¿Quién eres tú para juzgar…?” (v. 4). Pablo nos dice que deberíamos de ser cuidadosos cuando queramos sacar el dedo acusador: “Por tanto, dejemos de juzgarnos unos a otros. Más bien, propónganse no poner tropiezos ni obstáculos al hermano” (v. 13).

El reino de Dios, como lo dice el apóstol, no es de comidas o bebidas; no es de apegarnos a lo superfluo, es de convicciones firmes con un corazón limpio ante el Señor. El reino de Dios es de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo (v. 17). “Por lo tanto, esforcémonos en promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificación” (v. 19).

Entendamos al débil en la fe, no creyéndonos que lo sabemos TODO y juzgando a la ligera, porque más nos demoraremos en criticar y juzgar que probablemente nosotros caer en lo mismo.


¡Gracia y Paz!

Jeremías 29:13



¡Qué tristeza y que terrible soledad sería vivir sin nuestro amado Dios! Y que invitación más grande y gloriosa tenemos en éste versículo. Aquí el Señor nos exhorta a tener una vida llena de gozo buscando su presencia cada día de nuestras vidas, pero eso no lo vamos a lograr con solo tener “buenas intenciones” ni diciendo “tal vez mañana”.

Dios recompensa nuestra sinceridad y diligencia. “Porque es el tiempo de buscar a Yahweh, hasta que venga y os enseñe justicia” (Oseas 10:12). Tenemos esta hermosa promesa de que si buscamos a Dios de todo corazón, lo encontraremos. Nuestra recompensa será tener una vida más profunda en Cristo y seremos participes del cuidado y la bendición de Dios. “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente” (Salmo 91:1).

¡Gracia y Paz!


¿POR QUÉ HAY SUFRIMIENTO EN EL CRISTIANO?



¿POR QUÉ HAY SUFRIMIENTO EN EL CRISTIANO?

1 Pedro 1:5-7
“Sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”.

Todos los días vemos en la televisión o leamos en los periódicos noticias de accidentes que terminan con la vida de una o más personas. En todo el mundo, miles de personas están en estos momentos sufriendo por la pérdida de un ser querido. No es difícil imaginar el dolor de aquel padre o madre que recibe la trágica e inesperada noticia. Y en medio del terrible dolor muchos se preguntan: “¿Por qué Dios permite tanto sufrimiento?” Cuando ha llegado a nosotros de manera inesperada una prueba llena de dolor y sufrimiento, muchas veces preguntamos: “¿Por qué a mí?”, “¿Por qué… si yo soy cristiano?”

Preguntas como ésta abundan mucho en el vocabulario de los creyentes. Quizás inconscientemente nos aferramos a la idea de que una vez que aceptamos a Cristo como nuestro salvador, los sufrimientos y tribulaciones van a desaparecer de nuestras vidas y que todo va a marchar siempre “a pedir de boca”. Lo cierto es que no es así. La experiencia nos enseña que, al igual que los inconversos, mientras caminamos en este mundo los cristianos encontramos muchas pruebas, algunas de las cuales traen con ellas una gran dosis de dolor y pesar que afecta nuestras vidas profundamente. Realmente no debía sorprendernos, pues Jesús lo advirtió a sus discípulos, a aquellos que habían dejado todo para seguirlo, cuando les dijo: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

La Biblia nos enseña que los cristianos maduran por medio del sufrimiento. Nuestra fe se fortalece por medio de las pruebas, afirma el pasaje de hoy. La vida del cristiano es un llamado a la gloria a través de un camino de sufrimientos. Así dice 1 Pedro 5:10: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”. Dios usa el sufrimiento con el fin de limpiarnos, purificarnos y prepararnos para disfrutar de la gloria junto a él. Esto es, sin duda, una parte importante del proceso de santificación.

Jesús soportó la cruz, sin importarle el dolor y la vergüenza que sufrió porque sabía que después del sufrimiento disfrutaría de un gozo extraordinario, y que volvería a sentarse junto al Padre en el trono celestial, dice Hebreos 12:2. Los cristianos, al igual que Jesús, debemos confiar y estar seguros de la victoria que nos espera adelante cuando estamos en medio del sufrimiento. El apóstol Santiago nos exhorta de la siguiente manera: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:2-4).

Ciertamente no hay gozo en el sufrimiento. El gozo viene después. No hubo gozo en la cruz del Calvario. El gozo se manifestó en la resurrección. Pero para que hubiese resurrección tuvo que haber muerte primero. Jesús pudo haberse librado de la cruz, pero no lo hizo por amor a nosotros. Él decidió aceptar el plan del Padre, confiar en él y obedientemente padeció el terrible e injusto sufrimiento, “por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo”, dice Filipenses 2:9. Los que hemos decidido seguir a Jesús también a veces recibimos golpes que nos sacuden; a veces desfallecemos, nos sentimos agotados y desanimados, pero nunca destruidos ni derrotados, afirma 2 Corintios 4:9. Y siempre podemos tener la seguridad de que más adelante nos espera un gozo indescriptible.

Oración:
Bendito Dios, gracias por esta enseñanza que me consuela y me da esperanza en medio de la prueba. Te confieso que no tengo fuerzas para soportar el dolor y el sufrimiento. Por favor, ayúdame a llevar mi cruz, confiando que me espera el gozo y la victoria. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y paz!

Dios te Habla

jueves, 23 de octubre de 2014

ETAPAS DE CRECIMIENTO ESPIRITUAL (1 Corintios 13:11-13)


ETAPAS DE CRECIMIENTO ESPIRITUAL (1 Corintios 13:11-13)

El Creyente Entiende que debe seguir y servir a Cristo - Mateo 16:24 (Toma su cruz y le sigue); Entiende que debe cambiar sus prioridades - Mateo 10:37 (El Señor es su prioridad); Entiende que debe producir fruto - Juan 15:2 (Para eso ha sido escogido).

Es aquel que deja atrás las cosas de la carne - 1 Corintios 3:3 (Su vida espiritual marca diferencia); Es aquel que ya ha sufrido por causa de Cristo - 1 Pedro 2:21 (Para eso fuimos llamados); Es aquel que persevera a pesar de todo - Filipenses 3:14-15 (Tiene clara su meta).

Es reconocido por su Sabiduría - Job 32:10 (Puede haber jóvenes sabios); Es reconocido por su liderazgo - 1 Timoteo 5:1-3; (Tiene la capacidad para dirigir a un grupo de personas sin importar edades o sexo); Es reconocido por su carácter - Tito 2:2-4 (El Espíritu lo ha moldeado).

Todos somos parte del mismo CUERPO - 1 Corintios 2:12 (El cuerpo es uno, con muchos miembros); Todos debemos procurar la UNIDAD - Juan 17:20-21 (Jesús oró por unidad); Todos compartimos el mismo TRABAJO - Mateo 28:18-20 (Hacer discípulos); Todos tenemos los mismos FUNDAMENTOS - Efesios 4:4-6.


¡Gracia y Paz!

ORACIÓN



¿EN QUÉ ETAPA TE ENCUENTRAS EN EL PROCESO DE SANTIFICACIÓN?



¿EN QUÉ ETAPA TE ENCUENTRAS EN EL PROCESO DE SANTIFICACIÓN?

Romanos 6:20-22
“Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna”.

La santificación es un proceso durante el cual el Espíritu Santo actúa en una persona con el fin de lograr cambios profundos en ella, limpiando la suciedad del pecado, obrando en su mente y su corazón, eliminando hábitos y costumbres mundanas, es decir ejerciendo una verdadera transformación que tiene como fin que se cumpla el objetivo fundamental de Dios de que lleguemos a ser “conformes a la imagen de su Hijo”, según dice Romanos 8:29. El proceso de santificación comienza en el momento que aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador. En ese momento “nacemos” espiritualmente, y somos sellados con el Espíritu Santo (Efesios 1:13). La función fundamental del Espíritu Santo es guiarnos y ayudarnos a llevar a cabo el proceso de santificación en nuestras vidas.

En el libro “Etapas de la Santificación” se describe lo siguiente: “La santificación es un proceso dinámico de crecimiento espiritual, durante el cual somos progresivamente liberados del poder del pecado”. Estas etapas son: El nuevo nacimiento, el bebé espiritual, el niño espiritual, el adolescente espiritual, el adulto espiritual, y el padre espiritual. En cada etapa, el creyente que va madurando encuentra nuevos desafíos, pruebas y oportunidades de crecer.

En la Santa Palabra de Dios, todas estas etapas se pueden resumir en dos períodos fundamentales: Primeramente la infancia. El apóstol Pablo escribe en 1 Corintios 13:11a: “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño…” Y finalmente la etapa de un adulto espiritual, a la cual se refiere Pablo en la segunda parte de este versículo: “...mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño”. En esta última etapa se puede observar la transformación en el comportamiento de la persona. Su manera de hablar cambia; muchas cosas que antes decía ya no las dice, su vocabulario ya no es el mismo, y los demás se dan cuenta. Sus principios y valores son distintos a los de antes, y su manera de actuar es totalmente diferente.

Para aquellos que están dando los primeros pasos en esta transformación, el apóstol Pedro tiene un consejo que deben seguir al pie de la letra. Dice 1 Pedro 2:2: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación”. A medida que el creyente se alimenta con esta “leche espiritual no adulterada” (la Palabra de Dios), va creciendo espiritualmente, y progresivamente va dejando de ser un niño para llegar a la etapa de un adulto espiritual. La meta es “que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (Efesios 4:13-14).

¿En qué etapa te encuentras en el proceso de santificación? No olvides que Dios quiere eliminar de ti todo aquello que impide realizar su propósito de que llegues a la madurez espiritual y la santidad. Sólo tienes que permitir al Espíritu Santo que lleve a cabo en ti su obra de santificación. Entrega sin reservas tu vida a Cristo, busca una íntima comunión con Dios, escudriña su palabra, dedica tiempo a la oración, busca oportunidades de servir al Señor. Comenzarás a experimentar cambios profundos en tu vida, y te irás pareciendo cada vez más a Jesucristo.

Oración:
Amante Padre celestial, yo quiero caminar en santidad para glorificar tu nombre. Por favor ayúdame a rendirme a la acción transformadora de tu Espíritu, de manera que el proceso de santificación se lleve a cabo en mi vida conforme a tus planes. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla