jueves, 12 de septiembre de 2013

¿PORQUÉ DEBEMOS LEER LA BIBLIA?



Salmo 119:9-18
“¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti. Bendito tú, oh Señor; enséñame tus estatutos. He contado con mis labios de todas las ordenanzas de tu boca. Me he gozado en el camino de tus testimonios, más que en todas las riquezas. Meditaré en tus preceptos, y consideraré tus caminos. Me deleitaré en tus estatutos, y no olvidaré tu palabra. Favorece a tu siervo, para que viva y guarde tu palabra. Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley”.

En este pasaje, en cada uno de los versículos, el salmista hace énfasis en la extraordinaria importancia de leer, meditar, conocer y poner en práctica la Palabra de Dios. Ella es nuestra guía infalible, nuestro medio de limpieza interna y la revelación perfecta de la voluntad de Dios para nuestra vida. La Biblia contiene los principios y las leyes fundamentales que capacitan al ser humano para vivir la vida llena de paz y gozo que nuestro Padre celestial quiere para sus hijos.

Sin lugar a dudas todos deseamos vivir y disfrutar las bendiciones de Dios, sin embargo muchos no dedican siquiera unos minutos al día a enterarse de lo que Dios quiere que hagan para lograrlo. Generalmente el motivo es “falta de tiempo”, aunque dedican horas a ver la televisión o a leer el periódico para enterarse de las últimas noticias. Otros dicen que la Biblia es muy complicada, y no la entienden. Quizás el salmista en algún momento pensó de esta manera, pero pidió al Señor: “Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley”. Su petición no fue: "Señor, haz que tu Palabra sea más fácil y clara para que yo la entienda". Si te resulta difícil entenderla, empieza con una oración. Pídele al Señor que te ilumine y capacite para entender su palabra. Dios está muy interesado en que entendamos claramente su mensaje, pero es necesario que lo deseemos de corazón.

Otros simplemente piensan que no necesitan leer la Biblia. Este concepto es de por sí completamente opuesto al propósito de Dios. 2 Timoteo 3:16-17 dice que “toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. Es decir, Dios inspiró a hombres y mujeres a escribir la Biblia, no para que la guardáramos en una gaveta, sino para que la leyéramos y pongamos en práctica sus enseñanzas, con el fin de llevar a cabo su propósito en nuestras vidas.

En Juan 5:39, Jesús les dice a un grupo de judíos: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.” ¿Cómo es posible negar la importancia que tiene leer la Biblia y meditar en ella? El Salmo 1 nos muestra los beneficios de la meditación diaria en la palabra de Dios: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará” (Salmo 1:1-3).

¿Quieres vivir una vida llena de paz y de gozo? Medita en la Palabra de Dios cada día de tu vida, pasa tiempo en oración pidiendo al Señor que implante esta palabra en tu corazón y que su Santo Espíritu te mueva y te ayude a obedecerla al pie de la letra. No basta con saber lo que Dios nos dice. Debemos sentir el impacto de su mensaje en nuestra vida personal y aplicar su verdad en nuestro comportamiento. En otras palabras, debemos conocerla con la mente, sentirla con el corazón y ejecutarla con nuestras manos y pies. Debe afectar nuestro pensamiento, nuestra actitud y nuestros actos. El resultado final debe ser un cambio total en nuestra conducta y en nuestro testimonio para la gloria de Dios.

ORACIÓN:
Padre santo, confieso que he sido muy negligente en algo tan importante como es la lectura de la Biblia. Por favor, pon en mi corazón un ferviente deseo de buscar tu rostro cada día por medio de la lectura de tu Palabra y la oración. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

miércoles, 11 de septiembre de 2013

LA TENTACIÓN... ¿A QUIÉN CULPAMOS?



Santiago 1:13-15
“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”

En este pasaje el apóstol Santiago nos habla de la destrucción progresiva que el diablo pone en movimiento a través de la tentación. Según dice, el origen de la tentación reside en nuestra propia concupiscencia. El diccionario de la Lengua Española define "concupiscencia" de la siguiente manera: "Deseo ansioso de bienes materiales. Apetito desordenado de placeres sensuales o sexuales". Este sentimiento reside en la carne, nacemos con él y se desarrolla en mayor o menor grado a través de los años, dependiendo de las circunstancias que nos han rodeado durante el crecimiento. La concupiscencia invariablemente está presente en nuestras vidas y estará presente mientras estemos en este mundo. El apóstol Pablo luchó contra esta característica humana, y en su carta a los Romanos expresa su frustración diciendo: “!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” Entonces exclama: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (Romanos 7:24-25).

Si tú has aceptado a Jesucristo como tu Salvador personal, Satanás no puede apoderarse de tu alma. Por eso su objetivo es destruir tu comunión con el Señor y afectar tu vida cristiana y tu testimonio ante los demás. ¿Qué podemos hacer para evitarlo? Debemos rechazar esos deseos pecaminosos de manera que no controlen nuestras acciones. Pero esto no lo podemos hacer por nosotros mismos. Sólo el Espíritu Santo puede lograrlo a través del proceso de santificación que él lleva a cabo en nuestras vidas. La voluntad de Dios es que seamos transformados por medio de este proceso de santificación, cuyo fin es que no actuemos movidos por la concupiscencia como aquellos que no conocen al Señor.

“La concupiscencia después que ha concebido, da a luz al pecado”, dice el pasaje de hoy. Y el resultado del pecado es “muerte”, es decir separación de Dios. La clave para evitar esto y vencer la tentación es acudir a Dios y él nos dará la salida. Dice 1 Corintios 10:13: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”.

Jesús fue tentado por el mismo Satanás antes de comenzar su ministerio, pero rechazó toda tentación del enemigo (Lucas 4:1-13). Después, durante el resto de su vida terrenal Jesús tuvo que enfrentarse a todo tipo de tentaciones resultando siempre vencedor. Por eso ahora puede venir en nuestra ayuda con todo poder y autoridad. Así dice Hebreos 2:18: “Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”. En Getsemaní, a pocas horas de su muerte en la cruz, en medio de su agonía, Jesús dio a sus discípulos un excelente consejo para no caer en tentación. Les dijo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

Nuestro poder está en Jesucristo. No importa cuan fuerte sea la tentación, no importa cuan fuertes sean los deseos de la carne, siempre tendremos a nuestro alcance la victoria si seguimos el consejo de Jesús y buscamos su ayuda en oración. No permitas que los deseos carnales te controlen. Identifica aquello que te está moviendo a actuar en pasión de concupiscencia y tráelo ante el trono de Dios en oración. Cuando reconoces tu debilidad y clamas a Dios en busca de ayuda, él se manifiesta con poder y te libra de la tentación. Sólo dos cosas pueden suceder en tu vida en este aspecto: o el pecado te aleja de la presencia de Dios, o la presencia de Dios te aleja del pecado. Tú escoges.

ORACIÓN:
Padre santo, yo reconozco y confieso delante de ti que soy muy débil para luchar contra las tentaciones. Tú conoces cuáles son las áreas de mi vida que son vulnerables a las trampas del enemigo. Por favor fortalece mi espíritu y dame discernimiento espiritual para que yo pueda rechazar todo aquello que me impulsa al pecado, y pueda mantenerme en una íntima comunión contigo. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

¿SALVA EL BAUTISMO?


1 Pedro 3:21
"El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva...".

Estas palabras de Pedro han sido motivo de serias controversias hasta el día de hoy. Tanto algunas sectas, así como en sectores sacramentalistas dentro del espectro de la cristiandad, han usado este verso para sostener que el bautismo es necesario para la salvación de una persona.

En el tema de la salvación, todas las formas de sacramentalismo (romanismo, luteranismo, Iglesias de Cristo, etc.) indefectiblemente dicen que la salvación (regeneración) llega al hombre a través del bautismo de agua. Cuando un pecador le pregunta a un sacramentalista ¿Qué debo hacer para ser salvo, e ir al cielo? siempre le van a señalar hacia la fe en Cristo y al bautismo. Es decir, en lugar de dirigirlo hacia Dios y Jesucristo, lo primero que van a hacer es abrir la llave del agua del bautisterio. Es aquí donde muestran su verdadera naturaleza.

El verso que nos ocupa en este artículo es el único en toda la Biblia que dice "el bautismo ahora nos salva". ¿Es posible que Pedro contradiga aquí la enseñanza clara y masiva de la Biblia de que la salvación es por gracia solamente? Aun peor, ¿es posible que Pedro se contradiga dentro del mismo versículo? Nótese que luego de decir que "el bautismo ahora nos salva", Pedro inmediatamente agrega que el bautismo no tiene valor salvífico alguno ("no quitando las inmundicias de la carne").

De todas las normas hermenéuticas, el principio del contexto sigue siendo el príncipio indiscutido. Es el contexto el que decide cómo debemos interpretar las palabras del autor. ¿Qué queremos decir con "contexto"?

Primero: Hay un contexto literario en los párrafos inmediatos o en el capítulo del pasaje en cuestión. Estos deben ser leídos. Con sólo únicamente seguir este paso, se destruye el 90 % de los argumentos "bíblicos" de las sectas y los grupos aberrantes del cristianismo.

Segundo: Hay un contexto literario en todo el libro del cual el pasaje en cuestión forma parte.

Tercero: Existe un contexto de la analogía de la fe. Este determina que la interpretación válida de un texto nunca producirá una doctrina que es claramente condenada en el resto de la Biblia.

Cuarto: Existe un contexto histórico, cultural, religioso y lingüístico. Al examinar éste tendremos la ventaja de entender lo que una palabra o expresión significaba para el oyente o el lector en los tiempos bíblicos.

Vayamos ahora directamente al texto:

1 Pedro 3:18-22
“18 Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, muerto en la carne pero vivificado en el espíritu; 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20 quienes en otro tiempo fueron desobedientes cuando la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé, durante la construcción del arca, en la cual unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvadas a través del agua. 21 Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora os salva (no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección de Jesucristo, 22 quien está a la diestra de Dios, habiendo subido al cielo después de que le habían sido sometidos ángeles, autoridades y potestades”.

La traducción anterior es de la Biblia de las Américas. El verso 21 es una buena rendición del griego original: "Y correspondiente a esto, el bautismo ahora os salva". La palabra clave aquí es antitupon. Significa "correspondiente", "copia", "algo semejante a otra cosa", "correlacionado", etc. En otra versión se traduce la palabra como "lo que simboliza".

De lo anterior se desprende que el bautismo, según Pedro, es una representación, simbolismo, copia o tipo correspondiente a algo más. El bautismo aquí está siendo comparado o correspondido con algo. La pregunta sería ¿con qué? El contexto nos lo va a decir. La respuesta está en el versículo anterior (v. 20). ¿Qué fue lo que salvó a Noé y su familia? Obviamente fue el arca. Noé construyó el arca por fe y se salvó (Hebreos 11:7). El bautismo en este pasaje es sinónimo de fe.

Algo importante a tener en cuenta es que lo que salvó a Noé y su familia no fue el agua. Realmente ellos fueron salvados "del agua". Es por ello que la Biblia de las Américas expresa correctamente que Noé y su familia fueron salvados "a través del agua". El concepto sería que fueron preservados en medio de las aguas.

El agua fue el medio de destrucción que Dios usó para traer juicio a los pecadores (2 Pedro 2:5; 3:6), no el medio de salvación de Noé y los suyos. Desde el punto de vista práctico lo que salvó a esta familia bíblica fue el arca, y fue por fe que ellos entraron en el arca. Pretender decir que el agua del bautismo o el bautismo en sí es un medio de salvación, no es una noción que pueda ser lógicamente derivada del contexto.

Es adecuado, entonces, entender que Pedro compara o corresponde el bautismo cristiano con el arca. En el AT el arca es un tipo o prefigura de Cristo, y a una relación con Cristo sólo se entra por fe, de la misma manera que Noé entró al arca por fe. Esto armoniza con el resto de 1 Pedro 3:21, donde vemos que Pedro expresa que la resurrección de Cristo (y por inferencia el previo sacrificio) es lo que quita el pecado ("las inmundicias de la carne"). Así mismo Pedro afirma en el mismo verso que el bautismo es "el compromiso de tener una buena conciencia delante de Dios". Se concluye que es el sacrifico de Cristo, en el cual nosotros depositamos fe, lo que nos salva.

La controversia sobre este pasaje seguirá hasta que Cristo vuelva, pero la verdad es que un estudio responsable de la Palabra de Dios jamás podrá llevarnos a la conclusión de que el bautismo salva. Son demasiados los pasajes bíblicos que enseñan que la justificación es por fe, mientras que no existe ninguno que diga que es "por fe y bautismo".

El bautismo no tiene ningún valor salvífico pero sí tiene un gran valor cuando entendemos que es "el compromiso de tener una buena conciencia hacia Dios". En otras palabras, al bautizarnos hacemos una promesa de lealtad y obediencia hacia Dios. El valor del bautismo adquiere dimensiones celestiales cuando comprendemos que es el símbolo de nuestra identificación con la resurrección de Jesucristo en nuestra salvación y "esta salvación es posible por la resurrección de Jesucristo".

Muchas otras cosas se pueden decir para anular la posición de los sacramentalistas y las sectas en general, pero baste señalar que en la Biblia tenemos una clara instancia donde los creyentes son salvos antes de ser bautizados:

Hechos 10:44-48
“Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días”.


Cuando consideramos los puntos siguientes, es claro que estas personas fueron salvas antes de bautizarse:

1. El Espíritu Santo estaba sobre ellos y hablaron en lenguas.

2. Además, "magnificaban a Dios" (adoraban). Sólo creyentes pueden hacer tal cosa, los inconversos no pueden. La adoración al verdadero Dios es un asunto profundamente espiritual, completamente ajeno al incrédulo (1 Corintios 2:14). Por lo tanto, las personas en Hechos 10 fueron salvas antes de bautizarse. Este hecho no puede ser interpretado como una excepción.

Para finalizar, digamos que el bautismo, a pesar de no ser necesario para la salvación, es un paso obligatorio a ser dado por el creyente. Es un acto de obediencia y una ordenanza instituida por Jesucristo mismo (Mateo 28:19). Aquel que profesa ser cristiano y aún rehúsa bautizarse, quizá haga bien en examinarse y ver si su profesión de fe ha sido realmente genuina.


“Gracia y Paz”




martes, 10 de septiembre de 2013

¿DÓNDE DICE LA BIBLIA QUE HAY QUE SER MIEMBRO DE UNA IGLESIA?


¿Eres miembro de una iglesia? Quizás no lo veas necesario. Eso de ser miembro de una iglesia no suena muy espiritual ¿verdad?, Suena más bien a papeleo, a burocracia, justo lo que no necesitamos en la iglesia. Y hay cada vez más iglesias que no tienen una membresía formal, oficial; los creyentes que asisten a la iglesia son la gente de la iglesia y ya está. Y no pocos creyentes preguntan: “¿Dónde dice la Biblia que hay que ser miembro de una iglesia?”

Normalmente la pregunta es retórica; no se espera una respuesta – ya se sabe que la Biblia no dice en ninguna parte que haya que ser miembro de una iglesia ¿verdad?, Pero… ¿es así? Es cierto que no hay ningún versículo de la Biblia que diga: “Hay que ser miembro de una iglesia”. Pero yo sí creo que la Biblia enseña que todo creyente debería ser miembro de una iglesia local. ¿Dónde lo enseña? Pues, aquí van siete argumentos basados en cosas que dice la Biblia sobre el creyente y la iglesia local:


1. Miembros del cuerpo de Cristo

En 1 Corintios 12 el apóstol Pablo compara a las personas que constituyen una iglesia local con los miembros del cuerpo humano: “Así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (v.12). La comparación ocupa buena parte del capítulo, y llega a una conclusión en el versículo 27: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”. Aunque esto se pueda debatir, parece ser que en el contexto se está hablando de la iglesia local más que de la Iglesia universal.

Soy consciente de que la palabra “miembros” en este pasaje viene de la comparación con el cuerpo humano, y que por lo tanto se puede considerar metafórica cuando se aplica a la iglesia. No obstante, para que la comparación sea válida tiene que haber algo en la iglesia que corresponda a los miembros del cuerpo humano, y no parece que haya ninguna buena razón por la que este texto no pueda servir de punto de partida para una teología neo testamentaria de la membresía de la iglesia local.


2. La multitud de nombres

Después de la ascensión de nuestro Señor, leemos que “en aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo…” (Hechos 1:15), y a continuación el apóstol Pedro propone a los hermanos la elección de un sucesor de Judas Iscariote.

Ahora, lo que en este pasaje bíblico atañe a nuestro tema es un detalle interesante – y yo diría bastante significativo – en lo que viene entre paréntesis en el versículo 15. Una traducción literal de las palabras entre paréntesis sería algo así: “Y la multitud de nombres era, en total, sobre ciento veinte”. ¿Por qué “la multitud de nombres”? Si bien, como apuntan algunos comentaristas, no es el único caso del uso de la palabra “nombres” para “personas”, el lenguaje aquí se parece bastante al del libro de Números, cuando se habla de los censos que hubo en aquel entonces – “la cuenta de los nombres” (Números 1:2); “conforme al número de sus nombres” (Números 3:43); “la cuenta de los nombres” (Números 26:53); etc. Parece al menos una posibilidad razonable que Hechos 1:15 implique la existencia de algún tipo de registro de los primeros cristianos, y que se hubiese contado el número de los nombres que aparecían en ese registro. Si fuera así, sería otro indicio, muy temprano, del concepto de una reconocida membresía de la iglesia.


3. Añadidos a la iglesia

En el siguiente capítulo de Hechos de los Apóstoles, el capítulo 2, se nos dice que los nuevos creyentes fueron “añadidos a la iglesia”: “Se añadieron aquel día como tres mil personas” (v. 41); “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (v. 47b).

¿Qué significa ser “añadido a la iglesia”? Es cierto que podría ser una referencia a la Iglesia universal – cuando alguien llega a ser creyente, cuando se convierte, pasa a formar parte de esa Iglesia universal, el pueblo de Dios. Pero, ¿acaso no sugiere el contexto de Hechos 2 la iglesia local? Si se considera el bautismo en agua una ordenanza de la iglesia local, ¿no parece más natural, al leer: “Fueron bautizados; y se añadieron…” (v. 41), aplicar ambos verbos al ámbito de la iglesia local? Tal vez el lenguaje aquí nos ayude a definir la distinción (bastante importante) entre asistir a una iglesia y pertenecer a una iglesia.


4. Unidos a la iglesia

Todavía en el contexto de la Iglesia cristiana primitiva, leemos en Hechos 5:13: “De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos…”. En cambio, no mucho tiempo después, Saulo de Tarso, recién convertido, “trataba de juntarse con los discípulos” (Hechos 9:26a).

En ambos textos la palabra griega para “juntarse” es la misma palabra que se usa en el contexto de la unión matrimonial: “Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer…” (Mateo 19:5). Entonces, aplicada luego esa misma palabra a la unión y la comunión espiritual entre los creyentes, no parece que la idea sea la de juntarse en una simple reunión, como cuando nos juntamos con nuestros amigos, sino más bien la de juntarse en un vínculo más fuerte y permanente, como cuando se juntan dos piezas de una misma cosa con pegamento. De hecho, ¡nuestra palabra “cola” (de pegar con cola) parece estar relacionada con la palabra griega en cuestión! Otra vez, es la diferencia entre ir a la iglesia y ser de la iglesia.


5. Elecciones en la iglesia

La Iglesia cristiana aún era muy joven cuando surgieron los primeros problemas. Lucas nos habla de uno de esos problemas en Hechos 6: “Hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria” (v. 1). ¿Y la solución?: “Los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: …Buscad…de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo” (vv. 2-3). Y así lo hicieron: “Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban…” (v. 5).

De este pasaje surgen las siguientes preguntas, todas ellas relacionadas con el tema de la membresía de la iglesia: (1) ¿A quiénes se dirigieron los doce apóstoles cuando surgió este problema?; (2) ¿Quiénes podían participar en la búsqueda de los siete varones; (3) ¿Quiénes podían ser propuestos y nombrados para el trabajo en cuestión?; y (4) ¿Quiénes eligieron a los siete encargados de la distribución diaria? El pasaje sugiere una misma respuesta a las cuatro preguntas: “los discípulos”. A la hora de solucionar problemas, de tomar decisiones, de nombrar y elegir responsables, etc., tenía que haber un reconocimiento claro de las personas que podían participar en todo ello. ¿Cómo se distinguía entre las personas reconocidas como creyentes o discípulos y las personas que estaban con ellos pero que todavía no habían dado ninguna evidencia de haberse convertido? No hace falta que insistamos en la palabra “membresía”, pero el concepto parece necesario para este tipo de circunstancias. Hechos 15 (el concilio de Jerusalén) es otro caso parecido: “Pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones…” (v. 22).

No creo que sea difícil ver la necesidad hoy también de que se tenga claro quiénes pueden y quiénes no deben participar en toda una serie de actividades y responsabilidades en la iglesia local. La alternativa (que algunos han vivido) es el caos de hacer todo en las reuniones públicas, en las que cualquier persona, aunque no sea creyente, tiene voz y voto, con las (a veces) nefastas consecuencias para la causa del evangelio.


6. Los pastores y sus ovejas

En Hechos 20 (vv. 17 y ss.) tenemos el discurso del apóstol Pablo a los ancianos de la iglesia de Éfeso. En el versículo 28 leemos: “Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor…”. Una de las lecciones de este pasaje parece ser que los ancianos, los obispos y los pastores eran – y son – según el Nuevo Testamento, las mismas personas (aunque luego se puedan hacer matizaciones, basadas en algunos textos bíblicos). Pero otra lección, y una que tiene que ver con el tema que aquí nos ocupa, es que los líderes espirituales de las iglesias locales han sido puestos por el Espíritu Santo en el rebaño del Señor para que miren por las ovejas. Es decir, tienen una serie de responsabilidades, y tienen derecho a contar con una serie de actitudes, etc., de ciertas personas en particular: las personas que constituyen ese rebaño del Señor.

Un pastor (o anciano u obispo) no lo es de todos los habitantes de su congregación; es pastor de las ovejas del Señor de una iglesia local en particular. Pero ¿quiénes son esas ovejas? ¿Son todas las personas que asistan a la iglesia? ¿Son todos los creyentes que asistan a la iglesia? Por supuesto, un pastor querrá ayudar y servir a todas las personas que pueda; pero, ¿quién no sabe que hay incluso creyentes que no quieren ser pastoreados por nadie? No, este texto y la existencia de pastores (bajo el Señor, por supuesto) y ovejas también apuntan a la necesidad de un reconocimiento claro de quiénes son los que forman la iglesia local – es decir, de una membresía de la iglesia local.


7. Problemas en la familia

La palabra “iglesia” sólo se encuentra dos veces en los cuatro Evangelios: en Mateo 16:18 y en Mateo 18:17. El contexto de la segunda de estas dos referencias es el de la disciplina que tiene que haber en toda iglesia local: “Si tu hermano peca…”. El Señor Jesucristo dice cuáles son los pasos que se deben dar en aquellos casos que requieran esa disciplina. El tercer paso es: “Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia” (v. 17).

Cuando dice el Señor aquí: “la iglesia”, ¿a qué se refiere? ¿A quiénes hay que decirlo? ¿A qué personas hay que informar de cualquier caso que requiera disciplina? No parece muy apropiado anunciar a todos los presentes en una reunión pública los detalles de un pecado que se ha cometido, ¿verdad? Unos creyentes que estén visitando la iglesia ese día no tienen por qué enterarse de todos los problemas de la familia, ¡y menos aun las personas que ni siquiera son creyentes! Entonces, ¿cómo se hace? ¿Cuál es el foro apropiado para tratar ese tipo de situaciones? Parece difícil dar una respuesta convincente si no se cree en la membresía de la iglesia. En cambio, si existe esa membresía, nada más natural que tratar problemas de la familia en el seno de la familia que debe ser cada iglesia local.

El apóstol Pablo secunda la enseñanza del Señor sobre este tema en 1 Corintios 5 (entre otros pasajes), donde, en el contexto de un caso de inmoralidad, pregunta a los creyentes en Corinto: “¿No juzgáis vosotros a los que están dentro?” (v. 12). Y añade: “Porque a los que están fuera, Dios juzgará” (v. 13). Parece más natural entender las palabras “dentro” y “fuera” aquí no en el sentido físico – cualquier persona podría estar dentro de la iglesia físicamente – sino en el sentido de pertenecer a la iglesia, de ser miembro de la iglesia. Y, además, ¿cómo se puede practicar (cuando sea necesario) la excomunión – este pasaje en 1 Corintios 5 trata ese tema – si no hay una membresía de la iglesia?


Conclusión

Aunque a primera vista parezca bíblico, y hasta suene espiritual, afirmar que el tener una membresía de la iglesia no es algo establecido por Dios, sino algo impuesto por los hombres, creo que una reflexión seria sobre el tema llevará a la conclusión de que el tener esa membresía de la iglesia es necesario, bueno y bíblico. No se puede basar la teología cristiana en textos aislados: hay que profundizar en la enseñanza bíblica. Sin duda, ¡esto requiere más trabajo! Y hemos visto que lo que enseña la Biblia sobre el tema de este artículo es: (1) Que los creyentes de una misma iglesia local han de ser “miembros” los unos de los otros; (2) Que hay algunos indicios de una membresía en la iglesia primitiva; (3) Que los primeros cristianos no solo asistían a la iglesia; pertenecían a la iglesia; (4) Que en el Nuevo Testamento “juntarse” no significaba tanto estar con…, sino más bien ser de…; (5) Que la necesidad de tomar decisiones (a veces muy importantes), y de proponer, nombrar, elegir, ser elegido, etc., requiere un reconocimiento claro de quiénes tienen voz y voto; (6) Que los pastores necesitan saber con qué ovejas cuentan; y (7) Que existen problemas que son de la familia y por lo tanto hay que saber quiénes son de la familia y quiénes no.

Una de las características de nuestros tiempos es la falta de compromiso, ¿verdad? Es así en todos los ámbitos de la vida. Pues, una iglesia cristiana difícilmente puede ser lo que el Señor quiere que sea sin que haya creyentes comprometidos – con el Señor y con su causa – o sea, ¡verdaderos miembros de iglesia!

“No hay lugar en la Biblia que diga que podemos tener a Cristo como cabeza sin su cuerpo. [La iglesia] no adora a un Jesús decapitado”.

El congregarse en una iglesia local siempre nos ayudará a cumplir con una serie de cosas realmente importantes. La membresía en una iglesia local es importante porque:

1. Nos identifica con Cristo.
2. Nos distingue del mundo.
3. Nos guía a una vida de justicia de acuerdo a la justicia de Cristo tanto a nivel personal como comunitario.
4. Damos testimonio a los no creyentes.
5. Glorifica a Dios y nos permite disfrutar de su gloria.
6. Nos identifica con el pueblo de Dios.
7. Nos ayuda a vivir la vida cristiana gracias a que podemos rendir cuentas unos con otros como hermanos en la fe.
8. Nos hace ser responsable de creyentes específicos (personas concretas).
9. Nos protege del mundo, de la carne y del diablo.



“Gracia y Paz”

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Andrés Birch

lunes, 9 de septiembre de 2013

¿HAS ACEPTADO EL PERDÓN DE DIOS?



Hechos 13:37-39
“Mas aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción. Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree”.

Este pasaje es parte de unas palabras que dirigió el apóstol Pablo a un grupo de judíos en una sinagoga en Antioquía de Pisidia. Pablo les habla de la muerte y resurrección de Jesucristo como parte fundamental del plan de Dios para perdonar y justificar a “todo aquel que cree”. Para entender lo que significa el perdón de Dios, tenemos que remontarnos al principio de la creación, cuando Adán y Eva decidieron desobedecer a su Creador y dejarse guiar por las sugerencias de Satanás. Así el pecado entró a este mundo y con él la muerte eterna para la humanidad. Dice Romanos 5:12: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. La palabra griega que se traduce “muerte” significa realmente “separación”. Los pecados nos separan de Dios. Al pecar, el hombre se condenó a sí mismo a estar separado de Dios por la eternidad.

Se plantea entonces ante Dios un dilema entre su perfecta justicia y su infinito amor. Debe llevar adelante el castigo por el pecado cometido, que es la muerte, pero al mismo tiempo el amor por su creación le impulsa a hacer algo por salvarla. La respuesta divina fue el perdón mediante el sacrificio de Jesucristo “para que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16). Este es el plan de salvación de Dios para la humanidad: A través del sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario nuestros pecados son perdonados, nuestra deuda es pagada, la condenación es anulada y en lugar de la muerte tenemos la vida eterna.

Ahora bien, esto es sólo la parte que corresponde a Dios. Él nos ofrece el perdón. Nuestra parte consiste en aceptar ese perdón. ¿De qué manera? Creyendo, y aceptando a Jesucristo como nuestro Salvador. Esta es una decisión completamente personal. La Biblia dice en Romanos 10:9-10 que “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”. La persona que cree y confiesa es liberada del poder de la muerte; la persona que no cree y no acepta el perdón por fe continúa bajo el poder de la muerte.

Siendo Andrew Jackson presidente de los Estados Unidos, un hombre llamado George Wilson descubrió a un ladrón que robaba algo en una oficina de correo. Wilson le disparó al hombre y lo mató. Fue arrestado, declarado culpable y sentenciado a muerte. Pero por causa de las circunstancias del delito, el presidente Jackson firmó un perdón especial que lo libraba de toda responsabilidad. Entonces sucedió algo imprevisto: Wilson se negó a aceptar el perdón y como consecuencia se produjo un problema legal.

Posteriormente hubo apelación en la Corte Suprema de Justicia donde John Marshall, el juez principal, dio un famoso veredicto que es el siguiente: “La declaración de perdón es sólo un pedazo de papel, pero tiene el poder de perdonar si lo acepta la persona que es objeto del perdón. Si esta persona se niega a aceptar el perdón, no puede ser absuelta. Por tanto, debe ejecutarse la sentencia de muerte dictada contra George Wilson”.

George Wilson fue perdonado, pero por haberse negado a aceptar el perdón fue ejecutado. El mundo se encuentra en una situación similar a la que se encontraba Wilson. Dios ha perdonado los pecados de la humanidad a través del sacrificio de Jesucristo. Cada uno de nosotros tiene la oportunidad de aceptar o no este perdón.

Si tú creíste y has abierto tu corazón a Jesucristo aceptándolo como tu Salvador, puedes tener la seguridad de que tus pecados han sido perdonados y pasarás la eternidad en compañía del Señor. Si aún no lo has hecho, y de corazón crees que Jesús es el Hijo de Dios, que murió en la cruz por tus pecados y que Dios lo resucitó de los muertos, lo único que tienes que hacer es confesarlo con tus labios, pidiendo al Señor que entre en tu corazón. De esta manera recibirás el perdón de Dios y el regalo de la vida eterna.

ORACIÓN:
Bendito Dios, te doy gracias por el perdón que me ofreces a través del sacrificio de tu Hijo. Hoy abro mi corazón y acepto tu perdón. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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domingo, 8 de septiembre de 2013

TENTACIÓN... ¿EL PLACER DE PECAR?



Santiago 1:13-15
“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”.

Romanos 6:23
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.

¿Sabías que la tentación no tiene favoritismos? De hecho, la tentación es bien común para todos… niños, adolescentes, y adultos.

La tentación ignora estatus social, económico y espiritual. De manera que no te sorprendas cuando seas tentado.

El ser tentado no constituye pecado, el ceder a la tentación, si constituye pecado. Mientras te corra sangre por las venas ten por seguro que vas a ser tentado así que no te sientas culpable por eso. El Diablo o Satanás puede de alguna forma, quizás, crear la situación para que se produzca la tentación, pero el jamás podrá hacer que nadie haga algo que la persona no quiera hacer. Tomemos el ejemplo de Cristo mismo:

Mateo 4
“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.  2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. 3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. 4 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. 5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, 6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. 7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. 8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. 11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”.

El problema con la tentación es que atrapa tu mente, imaginación, sentimientos, y voluntad. Una vez que los atrapa; determinas que entablarás en ella. Es como si tu cuerpo te dijera “hazlo”… Y por lo regular al principio las consecuencias de la tentación no se manifiestan inmediatamente; y llegas a creer que te has salido con la tuya. Comienzas ha engañarte con frases como: “Ves, no me pasó nada”.

Empiezas a creer que eres un poquito más inteligente que los demás, porque aparentemente no te pasó nada, llegas a pensar que puedes empujar los límites un poquito más. Pero al final terminarás destruyéndote; ¿Sabes por qué? Porque el pecado siempre mata…

En Alaska las personas tienen una forma muy peculiar de cazar lobos. Lo que hacen es tomar un cuchillo de cacería sumergir la navaja en sangre y después la dejan congelarse. Repiten este proceso varias veces hasta que crean una paleta/helado de sangre, pero dentro de la paleta está la navaja del cuchillo. Entierran el mango del cuchillo en el hielo. Y como nariz del lobo es 10,000 veces más poderosa que la del ser humano; desde kilómetros de lejos el lobo puede olfatear sangre congelada. El lobo llega al cuchillo cubierto con sangre y comienza a lamerlo.

Comienza lamerlo tan rápido y la sangre congelada sabe tan rica, sabrosa y es tan agradable que desea más y más, y la primera vez que la navaja corta su lengua, apenas si se da cuenta, pero sabes qué... el lobo  continúa lamiendo y lamiendo hasta que comienza a tomarse su propia sangre y muere desangrado.

El pecado es así… comienza tan dulce, divertido y placentero pero terminas bien muerto. A veces la muerte es física, emocional o espiritual.

Como puedes ver, "El pecado siempre te llevará más lejos de donde quisiera ir, te costará más de lo que estés dispuesto a pagar y te detendrá más tiempo de lo que deseas estar".


“Gracia y Paz”

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miércoles, 4 de septiembre de 2013

DIOS CUENTA TODAS LAS COSAS



Génesis 15:5
“Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar”.

Job 31:4
“¿No ve él (Dios) mis caminos, y cuenta todos mis pasos?”

Antonio y Silvia estaban jugando en el comedor cuando su madre puso un plato de galletas en la mesa y se fue. «¡Mmm! ¡Huele bien!, dijo Antonio. Me comeré una». Su hermana le agarró el brazo y le dijo: «No toques nada; mamá se enfadará; es para el postre». –No creo que las haya contado, dijo el niño. –Quizás el Señor sí, respondió su hermana. Antonio se quedó pensativo, y después de un momento, dijo: –Tienes razón. Dios cuenta, porque la Biblia dice que incluso los cabellos de nuestra cabeza están todos contados (Mateo 10:30). Y este verso de la Palabra de Dios lo hizo triunfar sobre la tentación.

En efecto, Dios cuenta las cosas. Un rey pagano lo comprobó. Había olvidado a Dios; pero Dios, por su parte, había contado… En una noche de orgía, Belsasar, aterrorizado, vio cómo se inscribían en la pared de la sala del festín estas solemnes palabras: “Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin… Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto… Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas” (Daniel 5:26-28). El momento de hacer las cuentas había llegado. Al final de la lista de los pecados del rey, Dios iba a inscribir un total implacablemente justo. “La misma noche fue muerto Belsasar” (Daniel 5:30).

Si Dios cuenta todos mis pasos, también cuenta todos mis días. Cada uno puede preguntarse: «¿Cuántos me quedan?», pero sería mucho mejor preguntarse: «¿Estoy en regla con Dios?».


“Gracia y Paz”

La Buena Semilla

ORACIÓN:



Padre amoroso y misericordioso, te ruego limpies mi corazón y mis labios de toda mentira o medias mentiras, pues ellas lo único que hacen es destruir mi vida y mi integridad. Ayúdame a conocer la verdad a través de la lectura de tu Santa Palabra y a vivir en ella plenamente para que tu nombre sea glorificado. Dame sabiduría y discernimiento espiritual para entender lo que tu quieres hacer en mi vida, en el nombre de Jesús, Amén.

¿CUÁL ES LA VERDAD?



Efesios 4:25
"Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros".

Por todas partes han surgido tantas personas proclamando tantas verdades que la gente ya no sabe donde está la "verdadera" verdad. Vivimos en un mundo colmado de mentiras donde aún las que se consideran supuestas verdades son rotundas mentiras. Por otro lado existen las llamadas medias verdades, las cuales no dicen totalmente la verdad ni son totalmente una mentira. También oímos hablar de "las mentiras piadosas" o "mentiras blancas". Esta forma de expresión ha inundado prácticamente todos lo sectores de la sociedad inclusive a los cristianos. Muchas veces para salir de situaciones embarazosas se utilizan estas "mentiras piadosas". Para obtener beneficios laborales o mejoras económicas muchos no vacilan en utilizar cualquier clase de mentira. Para muchos, decir la verdad simplemente significa meterse en problemas. Y prefieren no decirla. Entonces, ¿cómo podemos saber cuál es la verdad?

En la Biblia encontramos la respuesta a esta pregunta. En Juan 14:6, Jesús dice a sus discípulos: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Jesús no les dijo: "Yo hablo la verdad", o "Yo predico acerca de la verdad" sino “Yo soy la verdad” ¡La única verdad! Sólo existe una verdad absoluta, y esta verdad es Jesucristo. Como cristianos, tenemos un sólo camino a seguir que no sólo es decir la verdad sino vivir en la verdad. A medida que Cristo (“La Verdad”), vaya gobernando cada área de nuestras vidas nos resultará más fácil hablar verdad y nos deleitaremos más en vivir en la verdad.

La mentira proviene del diablo el cual, dice la Biblia, es un mentiroso. En Juan 8:44 Jesús se dirige a un grupo de judíos y les dice: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de su propia naturaleza habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”. El diablo usa la mentira para hacer caer en sus trampas a las personas que las creen. Y desde ese momento son esclavas del pecado y la mentira. No es posible ser libres viviendo en la mentira. Una mentira siempre trae detrás otra mentira que trata de ocultar la primera, y después otra y otra más, y el resultado en una cadena de mentiras que mantiene esclavizado al mentiroso. Y, lamentablemente, este es el patrón en el mundo en que vivimos. Esto no debe extrañarnos si consideramos que, en su evangelio, el apóstol Juan llama al diablo “El príncipe de este mundo” (Juan 14:30). Y si Satanás es el “príncipe de este mundo”, ¿podemos acaso esperar que reine la verdad? Todo lo contrario.

En Juan 8:31, 32 Jesús dice a un grupo de judíos que habían creído en él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Conocer la Biblia, que es la Palabra de Dios, o sea leerla, escudriñarla, meditar en ella, recordarla y “permanecer” en ella obedeciéndola es la única manera de conocer la verdad y vivir en la verdad. Cuando además oramos pidiendo al Señor sabiduría y discernimiento espiritual, el Espíritu Santo usa esta palabra y nos da una clara revelación de la verdad. El apóstol Pablo, en su carta a los efesios les dice que no cesa de dar gracias por ellos, “haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él” (Efesios 1:16-17). Cuando llegamos a este nivel espiritual, entonces somos totalmente libres de la maldición que resulta de la mentira.

Si aun no lo haces, decide hoy dedicar todos los días un tiempo a leer la Biblia y a orar pidiéndole a Dios que te dé sabiduría y discernimiento espiritual para entender su Palabra, y llegar a conocer plenamente la única verdad.

ORACIÓN:
Padre amoroso y misericordioso, te ruego limpies mi corazón y mis labios de toda mentira o medias mentiras, pues ellas lo único que hacen es destruir mi vida y mi integridad. Ayúdame a conocer la verdad a través de la lectura de tu Santa Palabra y a vivir en ella plenamente para que tu nombre sea glorificado. Dame sabiduría y discernimiento espiritual para entender lo que tu quieres hacer en mi vida, en el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla


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jueves, 29 de agosto de 2013

Oración


ORACIÓN:

Padre celestial, te doy gracias por la vida que me das y por tu misericordia inmerecida. Hoy te pido que derrames tu amor en mi corazón por medio de tu Santo Espíritu y por favor… ayúdame a mostrarlo con hechos a mi prójimo y a todos aquellos que están en necesidad en estos momentos, para que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

¿MUESTRAS TÚ A LOS DEMÁS EL AMOR DE CRISTO?



Mateo 22:36-39
"Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo".

Cuando un intérprete de la ley le preguntó a Jesús cuál era el principal mandamiento, él le respondió que amar a Dios por sobre todas las cosas, y después le dijo que el segundo mandamiento era semejante, es decir tan importante como el primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Para Dios es de suma importancia que nos amemos los unos a los otros. Tan importante como que le amemos a él. De hecho, el fundamento básico de la vida cristiana consiste en amar a Dios y al prójimo. Si no actuamos de esta manera algo anda mal, y la Biblia nos llama mentirosos. Así dice 1 Juan 4:20: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?”

El Espíritu Santo pone el amor de Dios en nuestros corazones. El apóstol Pablo dice en su carta a los Romanos que “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado" (Romanos 5:5). Una vez que este amor ha sido derramado en nuestros corazones, deliberadamente comenzamos a identificarnos con los intereses y propósitos de Jesucristo en las vidas de otros. El resultado obvio de este proceso es sentir el deseo de obedecer los mandatos de Jesús. Y el Señor nos manda que nos amemos. Dice Juan 13:34-35: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.

Después de su conversión en el camino a Damasco (Hechos capítulo 9) Pablo fue un hombre santo, entregado totalmente al servicio del Señor, y por donde quiera que iba compartía con todos el amor que Dios había puesto en su corazón, y en todo momento formaba parte de sus enseñanzas. En su carta a los Efesios, por ejemplo, los exhortó a que mostraran el amor de Dios “soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:2-3). Deberíamos siempre seguir su ejemplo, pero muchas veces nos concentramos sólo en nuestras propias metas, por lo que los demás no pueden ver reflejado en nosotros el amor de Dios, y el Señor no puede usarnos de la manera que él desea. Tenemos que luchar contra la tendencia humana a amar las cosas que nos permiten obtener beneficios materiales, en lugar de amar y obedecer al Señor, y así disfrutar de la paz, el gozo y el amor del Espíritu Santo.

La comunión con Jesús implica más que ir a la iglesia o estar en oración a solas con él. Es necesario que como resultado de este tiempo devocional, en nuestros corazones se produzca el deseo de mostrar la luz, la paz y el amor de Jesucristo al mundo que nos rodea que tan necesitado está de la gracia de Dios. A nuestro alrededor hay personas con necesidades de todo tipo. Muchas veces nuestro corazón se oprime ante tanta desgracia y sentimos lástima por ellos, pero, ¿hemos hecho algo por mostrarles el amor del Señor? No solamente debemos orar pidiendo a Dios que los ayude, sino también debemos mostrarle el amor de Cristo ayudándolos de alguna manera.

¿Por qué no te propones desde este momento obedecer al Señor, y a la vez agradarle no sólo mostrando tu amor a tus seres queridos, sino también a tus vecinos, compañeros de trabajo, e incluso a personas que no conoces que te encuentres hoy en la calle? Hazlo en el nombre del Señor, pues él no lo va a pasar por alto, todo lo contrario, él te recompensará. Así dice la Biblia en Colosenses 3:23-24: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”.

ORACIÓN:
Padre celestial, te doy gracias por la vida que me das y por tu misericordia inmerecida. Hoy te pido que derrames tu amor en mi corazón por medio de tu Santo Espíritu y por favor… ayúdame a mostrarlo con hechos a mi prójimo y a todos aquellos que están en necesidad en estos momentos, para que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla


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ONCE MIL MANERAS DE LLEGAR AL CIELO



«Tengo que ir al cielo, y ya sé como ir» dijo Raput Jungimere, de sesenta años, un anacoreta de la India.
        
Y tendió en el suelo una cama de puntillas de tres metros de largo por uno de ancho. Y sobre esa cama de puntillas se acostó a dormir. Para él, esa era su manera de ir al cielo. Pero a los seis meses desistió de su propósito. Se había llenado de tantas pulgas que las picadas de los insectos eran un tormento mayor que el de los clavos.

En este mundo hay muchas maneras propuestas de ir al cielo. A lo largo de seis mil años de historia civilizada, el hombre ha ensayado no menos de once mil maneras diferentes de llegar al cielo y alcanzar la gloria.

Son esas las tantas religiones que se disputan, con buenas y con malas artes, la devoción de los interesados.

Hay quienes piensan que el sacrificio corporal lo prepara a uno para irse al cielo. Son los que se encierran en celdas de monasterio, ayunan días enteros, o se flagelan con látigos de acero, o se sajan la carne hasta hacer que corra la sangre, o se acuestan en camas de puntillas como Raput Jungimere. Son los que renuncian a todos los bienes y los placeres del mundo, y niegan a su alma todo lo que es bueno y placentero y sano, buscando aligerarla de todo peso mundanal. Son los que escogen una carrera religiosa, y hacen votos de castidad, de pobreza y de obediencia, y se rasuran la cabeza y salen a mendigar por las calles.

Pero nada de eso lleva a nadie al cielo. Ni camas de clavos, ni votos de pobreza, ni sacrificios personales, ni millones de dólares, ni bañarse en el Ganges, ni peregrinar a La Meca, ni colgarse una medallita, ni pagar una indulgencia, ni siquiera tratar de ser lo más bueno que se pueda. Se llega al cielo mediante el don de la gracia salvadora de Cristo por su sacrificio en la cruz del Calvario. Se llega al cielo mediante un sometimiento puro y sincero a la soberanía de Jesucristo, el Hijo de Dios. Se llega al cielo mediante un arrepentimiento verdadero. Dios nos tiene preparado un hogar allá en el cielo, y espera que sigamos sus instrucciones para poder ocuparlo.


“Gracia y Paz”

¿Qué hay que hacer para ser salvo?


¿HAS INTENTADO REPARAR TUS RELACIONES ROTAS?



2 Corintios 5.17-21
“Cuando el pecado entró en el mundo, muchos aspectos de la existencia fueron afectados negativamente, entre ellos las relaciones. Se creó una barrera entre Dios y la humanidad, y también entre las personas”.
        
Desde que Adán y Eva pecaron, todas las generaciones posteriores han tratado de ocultar su pecado, esconderse de Dios, y culpar a los demás. Por tanto, las familias se distancian, las amistades se acaban, y a quienes amamos una vez se convierten en nuestros enemigos.

Reparar las relaciones rotas no se hace con rapidez ni tampoco es fácil, pero como creyentes estamos llamados a vivir en armonía unos con otros. Porque sabemos que el pecado distanció a la humanidad de Dios, podemos aprender cómo arreglar las cosas considerando lo que hizo el Señor para reconciliarnos con Él.

Toma la iniciativa: El Señor se acercó a nosotros cuando éramos sus enemigos (Romanos 5:6-11), y Él nos llama a hacer lo mismo, ya sea que seamos el agraviante (Mateo 5:23-24) o el agraviado (Lucas 6:27-28).

Perdona todas las ofensas: Se nos dice que perdonemos a los demás de la misma manera que Dios nos perdonó a nosotros (Colosenses 3:12-13). Esta renuncia incondicional a nuestro derecho de hacer a otros pagar sus agravios, no está limitada por el grado ni por las veces que nos ofendan.

Esfuérzate por restaurar la relación: Dios nos reconcilió en Cristo, no tomando en cuenta nuestros pecados (2 Corintios 5:17-21.). Siguiendo su ejemplo, debemos reconciliarnos unos con otros con amor, sin aferrarnos a los agravios recibidos (1 Corintios 13:4-5).

Espera, y confía el resultado a Dios: El perdón es obligatorio, pero la reconciliación es una calle de dos vías. Así como muchas personas rechazan la oportunidad de reconciliarse con Dios por medio de Cristo, hay quienes pueden negarse a participar con nosotros en la reparación de una relación humana. Dios, quien desea que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9), responde esperando con paciencia. Del mismo modo, debemos hacer esfuerzos por vivir en paz y vencer el mal con el bien. La manera de hacerlo es siendo benévolos y bendiciendo a quienes rechazan la restauración (Romanos 12:17-21; 1 Pedro 3:8-12).
Preguntas para reflexionar

¿Tienes tu alguna relación que necesitas reparar? ¿Qué te está impidiendo iniciar la reconciliación?

Si has intentado la restauración, pero la otra persona te ha rechazado, ¿de qué manera estás tu respondiendo? A pesar del distanciamiento, ¿qué puedes tu hacer para mostrar amor y amabilidad?


“Gracia y Paz”

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domingo, 25 de agosto de 2013

¿Quien soy en Cristo?



Soy una Persona Transformada

Quien ha creído en Jesucristo es una persona cambiada por el poder de Dios. Ninguno de nosotros puede cambiar por si mismo, solamente Dios puede transformar nuestro ser. (Romanos 6:4-7; 2; 7:5-6 ; 2 Corintios 5:17)