jueves, 12 de septiembre de 2013

¿PORQUÉ DEBEMOS LEER LA BIBLIA?



Salmo 119:9-18
“¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti. Bendito tú, oh Señor; enséñame tus estatutos. He contado con mis labios de todas las ordenanzas de tu boca. Me he gozado en el camino de tus testimonios, más que en todas las riquezas. Meditaré en tus preceptos, y consideraré tus caminos. Me deleitaré en tus estatutos, y no olvidaré tu palabra. Favorece a tu siervo, para que viva y guarde tu palabra. Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley”.

En este pasaje, en cada uno de los versículos, el salmista hace énfasis en la extraordinaria importancia de leer, meditar, conocer y poner en práctica la Palabra de Dios. Ella es nuestra guía infalible, nuestro medio de limpieza interna y la revelación perfecta de la voluntad de Dios para nuestra vida. La Biblia contiene los principios y las leyes fundamentales que capacitan al ser humano para vivir la vida llena de paz y gozo que nuestro Padre celestial quiere para sus hijos.

Sin lugar a dudas todos deseamos vivir y disfrutar las bendiciones de Dios, sin embargo muchos no dedican siquiera unos minutos al día a enterarse de lo que Dios quiere que hagan para lograrlo. Generalmente el motivo es “falta de tiempo”, aunque dedican horas a ver la televisión o a leer el periódico para enterarse de las últimas noticias. Otros dicen que la Biblia es muy complicada, y no la entienden. Quizás el salmista en algún momento pensó de esta manera, pero pidió al Señor: “Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley”. Su petición no fue: "Señor, haz que tu Palabra sea más fácil y clara para que yo la entienda". Si te resulta difícil entenderla, empieza con una oración. Pídele al Señor que te ilumine y capacite para entender su palabra. Dios está muy interesado en que entendamos claramente su mensaje, pero es necesario que lo deseemos de corazón.

Otros simplemente piensan que no necesitan leer la Biblia. Este concepto es de por sí completamente opuesto al propósito de Dios. 2 Timoteo 3:16-17 dice que “toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. Es decir, Dios inspiró a hombres y mujeres a escribir la Biblia, no para que la guardáramos en una gaveta, sino para que la leyéramos y pongamos en práctica sus enseñanzas, con el fin de llevar a cabo su propósito en nuestras vidas.

En Juan 5:39, Jesús les dice a un grupo de judíos: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.” ¿Cómo es posible negar la importancia que tiene leer la Biblia y meditar en ella? El Salmo 1 nos muestra los beneficios de la meditación diaria en la palabra de Dios: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará” (Salmo 1:1-3).

¿Quieres vivir una vida llena de paz y de gozo? Medita en la Palabra de Dios cada día de tu vida, pasa tiempo en oración pidiendo al Señor que implante esta palabra en tu corazón y que su Santo Espíritu te mueva y te ayude a obedecerla al pie de la letra. No basta con saber lo que Dios nos dice. Debemos sentir el impacto de su mensaje en nuestra vida personal y aplicar su verdad en nuestro comportamiento. En otras palabras, debemos conocerla con la mente, sentirla con el corazón y ejecutarla con nuestras manos y pies. Debe afectar nuestro pensamiento, nuestra actitud y nuestros actos. El resultado final debe ser un cambio total en nuestra conducta y en nuestro testimonio para la gloria de Dios.

ORACIÓN:
Padre santo, confieso que he sido muy negligente en algo tan importante como es la lectura de la Biblia. Por favor, pon en mi corazón un ferviente deseo de buscar tu rostro cada día por medio de la lectura de tu Palabra y la oración. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

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