La ausencia de una persona la llena el Señor, pero la
ausencia del Señor no la llena nada...
viernes, 4 de abril de 2014
¿ESTÁS PREPARADO PARA LA GUERRA?
¿Estás preparado
para la guerra?
Efesios 6:10-18
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en
el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para
que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos
lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra
los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de
maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios,
para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.
Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza
de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre
todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego
del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es
la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el
Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los
santos”.
La Palabra de Dios nos enseña que las luchas a las que a
diario nos enfrentamos, y que muchas veces nos afectan profundamente, no son
contra las personas que están a nuestro alrededor, sino contra “fuerzas
espirituales malignas” que están bajo la dirección de Satanás, a las cuales no
podemos ver y cuyo propósito es destruirnos. Día tras día estamos envueltos en
esa guerra espiritual, aunque generalmente no nos damos cuenta de lo que
verdaderamente está sucediendo en nuestras vidas.
Nosotros no tenemos la capacidad ni el poder para vencer
estas fuerzas demoníacas, pero tenemos un Dios todopoderoso que está dispuesto
a pelear por nosotros. La Escritura de hoy, nos exhorta a buscar en Dios la
fortaleza que necesitamos y, usando la imagen de un soldado completamente
equipado para la guerra, nos insta a ponernos “toda la armadura de Dios” para
resistir al diablo y estar firmes contra sus astutas tácticas. Con este fin,
cada día debemos seguir los siguientes pasos:
1. Ceñirnos con el
cinturón de la verdad.
Jesucristo es “la verdad”, dice Juan 14:6. La Palabra de
Dios es la manifestación de la verdad. Juan 8:31-32 nos asegura que si
permanecemos en esta verdad seremos totalmente libres.
2. Protegernos con
la coraza de justicia.
Hemos sido justificados por la sangre de Cristo. Cuando
vivimos con esta seguridad, la justicia de Dios constituye una coraza
protectora.
3. Calzarnos con
la disposición de proclamar el evangelio de la paz.
Tenemos paz con Dios como resultado de nuestra relación
con Cristo, pero esa paz debemos compartirla con los demás. Como dijera el
profeta Isaías: “Cuán hermosos son los pies del que trae buenas nuevas, del que
anuncia la paz...” (Isaías 52:7).
4. Tomar el escudo
de la fe.
Nuestra principal defensa es la fe que recibimos de Dios.
Debemos ser constantes en la lectura de la Biblia, pues “la fe es por el oír, y
el oír, por la palabra de Dios.” (Romanos 10:17).
5. Tomar el casco
de la salvación.
El casco protege la cabeza. Uno de los puntos que más
ataca el diablo es la mente, y a través de ella intenta controlarnos. Cuando
vivimos sobre la base de nuestra salvación en Cristo, nos resulta fácil
rechazar todo pensamiento que no glorifica el nombre del Señor.
6. Tomar la espada
del Espíritu, que es la palabra de Dios.
Cuando Satanás tentó a Jesús (Mateo 4:1-11), el Señor
respondió en cada ocasión: “Escrito está.” Y seguidamente se refería a un
pasaje de la Escritura con el cual callaba al diablo. Nosotros debemos seguir
el ejemplo de Cristo y enfrentarnos a la tentación con la poderosa Palabra de
Dios.
7. Orar en el
Espíritu en todo momento.
La oración es el arma más poderosa que tiene el
cristiano. Es la oración la que coloca en su lugar todas las partes de la armadura
espiritual y pone en ella la unción del Espíritu Santo. A unas pocas horas de
su muerte, allí en Getsemaní, Jesús dio a sus discípulos este consejo: “Velad y
orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto,
pero la carne es débil.” (Mateo 26:41).
Si seguimos todos estos pasos, podremos proclamar con
autoridad: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”
ORACION:
Padre santo, te doy gracias por la protección que
encontramos en tu poder para luchar contra las fuerzas del mal. Ayúdame a
permanecer vestido con tu poderosa armadura para vivir una vida de paz y de
victoria. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
jueves, 3 de abril de 2014
“UN NEGOCIO TEÑIDO DE ROJO”
“UN NEGOCIO TEÑIDO DE ROJO”
Génesis 25:29-34
“Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú
del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso
rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. Y Jacob
respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo
me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob:
Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces
Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se
levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura”.
Cierto día leí una anécdota muy interesante sobre un
hombre de Dios que llegaba a tomar el cargo de una congregación a un pueblo y
me llamó mucho la atención, es una anécdota muy interesante y sobre todo muy
instructiva y quiero compartirla, dice así:
Hace años un predicador se mudó para Houston, Texas. Poco
después, se subió en un autobús para ir al centro de la ciudad. Al sentarse,
descubrió que el chofer le había dado una moneda de más en el cambio. Mientras
consideraba que hacer, pensó para sí mismo, “Ah, olvídalo, es solo una moneda.
¿Quién se va a preocupar por tan poca cantidad? De todas formas la compañía de
autobús recibe mucho de las tarifas y no la echarán de menos. Acéptalo como un
regalo de Dios”. Pero cuando llegó a su parada, se detuvo y, pensando de nuevo,
decidió darle la moneda al conductor diciéndole: “Tome, usted me dio esta
moneda de más”. El conductor, con una sonrisa le respondió, “Se que eres el
nuevo predicador del pueblo. He pensando regresar a la iglesia y quería ver que
harías si yo te daba cambio de más”. Se bajó el predicador sacudido por dentro
y dijo: “Oh Dios, por poco vendo a Tu Hijo por una moneda”.
Ésta anécdota me hizo pensar en la historia que narra Génesis
25:29-34, donde nos habla de dos hermanos mellizos conocidos como Esaú (el
hermano mayor) y Jacob (el hermano menor), quienes hicieron un negocio que a
ambos les cambió la vida para siempre. Ser el primogénito era muy importante
para los hebreos, porque era quien sucedía al padre como cabeza de familia. Si
era “unigénito”, heredaba todo, y si había otros hermanos, heredaba doble parte
que los demás, por lo tanto era codiciable poder contar con el favor de la
primogenitura. Esaú era mayor que Jacob por escasos minutos de diferencia, esto
nos hace suponer que Jacob deseaba este privilegio por sentir que era muy poca
la diferencia de edad entre ambos y que por lo tanto podía merecerla. Dice la
Biblia que un día Jacob preparó un potaje [plato de verduras cocidas, un plato
de lentejas rojizas, que probablemente contenía cebollas y ajos para darle buen
sabor] y que regresando de una fuerte jornada de trabajo, Esaú hambriento pide
a Jacob que le convide de lo cocinado. Su hermano le dice: primero véndeme tu
primogenitura. Y sin pensar y sin darse cuenta de lo que están pidiéndole, sin
detenerse por un momento Esaú responde: He aquí, estoy a punto de morir; ¿de
qué me sirve, pues, la primogenitura? Una respuesta tan precipitada, tan poco
inteligente, carente de razonamiento y sensibilidad, que conlleva a un error
garrafal y que le cobraría a Esaú una factura muy grande.
En la anécdota el predicador meditó por un periodo de
tiempo la decisión de, si se quedaba con la moneda o la devolvía, luego de
establecer si era correcto o no, toma la mejor decisión y la devuelve. Por el
contrario, Esaú prácticamente regala su primogenitura por un plato de lentejas,
él ni siquiera escuchó las palabras de su hermano, pues estaba literalmente
ciego por su interés en saciar su apetito voraz, su sed, su cansancio en lugar
de detenerse a pensar en las consecuencias. El predicador valora su integridad,
a Esaú le importa un comino su privilegio.
¿Será posible no valorar lo que poseemos? ¿Cuánto vale
para un verdadero creyente una vida de santidad pura e integra? ¿Podremos
manchar por una miseria nuestra relación con Jesús? ¿Cuánto vale Jesús para
nosotros?
El mundo y sus placeres ponen a prueba, día con día, que
tan buenos o malos negociantes podemos ser. Cada día el enemigo busca la manera
de presentarnos un “plato de lentejas” que pueda seducirnos e invitarnos a
satisfacer nuestros deseos carnales y tomar malas decisiones.
Vivimos en un mundo en el que la maldad impera y está a
la orden del día. Existen tantas propagandas que minan nuestra mente,
incitándonos, ya sea a beber licor, a ver pornografía, a tener relaciones
sexuales, a visitar lugares que no podemos pagar, a gastar dinero que no
tenemos, a arriesgar nuestra propia salud a cambio de tener un cuerpo
escultural. Así mismo existen personas, en el trabajo, en la universidad, en la
casa, en la calle, en todas partes, que continuamente están tratando de
probarnos y ver que tan firmes estamos en nuestra búsqueda por una relación
integra con nuestro señor Jesús.
En levítico 20:7 dice: “Santificaos, pues, y sed santos,
porque yo soy el Señor vuestro Dios”. Es una orden directa y estricta de parte
de Dios de cómo debe de ser nuestra actitud ante las tentaciones y el pecado. Por
mas hambrientos de éxito que pudieramos estar, no debemos negociar nuestra integridad;
por más cansados de las dificultades de la vida, no podemos negociar por una
salida fácil; por más presionados que estemos por el mundo que nos provoca a
tener sexo antes o fuera del matrimonio, no debemos arriesgar nuestra salvación
por un simple “bocado de pan”. “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del
Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois
vuestros?” (1 Corintios 6:19).
No hay tregua para un verdadero hijo de Dios. La vida de
santidad no es algo que podamos negociar con el diablo: No podemos correr
riesgos tontos, porque los daños son crueles e irreversibles. Debemos de ser
santos y conducirnos con temor reverente [a Dios] en esta vida (1 Pedro 1:17b),
no exponiéndonos al pecado. No dejando que los deseos de la carne, los deseos
de los ojos y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:16) dirijan nuestra forma de
vivir.
Ante el acecho de quienes quieren que fallemos, la
advertencia es: “Si los pecadores te quisieran engañar, no consientas”
(Proverbios 1:10). Consentir es sinónimo de estar de acuerdo, es aceptar el
engaño, entonces no estés de acuerdo con los pecadores. La vida de santidad es
como un cheque protegido que dice: “NO NEGOCIABLE”.
Nuestro Padre celestial quiere que los Cristianos vivamos
vidas que lo glorifiquen, y ¿de qué forma?, valorando nuestra vida espiritual,
renovándola diariamente, alimentándonos con la Palabra de Dios todos los días,
meditando siempre en el gran precio que Jesús pagó por nuestros pecados. No cambiemos
nuestra salvacion por un “plato de lentejas”. Busquemos hacer la voluntad de
Dios. Tomemos decisiones en todo cuanto hagamos, pidiendo siempre la guia del
Espirítu Santo.
Recordemos que Jesucristo nos ha comprado, él pagó el
precio y estuvo dispuesto a hacer UN NEGOCIO TEÑIDO DE ROJO, y a darnos el
REGALO DE LA VIDA ETERNA, un regalo invaluable e incomparable. La salvación es
un regalo tan grande que no debemos descuidar (Hebreos 2:3), y mucho menos… ¡NEGOCIAR!
Una vida pecaminosa no vale nada. Hagamos lo imposible por vivir una vida de
santidad como Dios quiere.
Romanos 8:38-39
“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la
vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por
venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar
del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
“Gracia y Paz”
ORACIÓN
ORACIÓN:
Gracias, Padre, por tu promesa de bienestar para mi vida
bajo tu cuidado. Dame confianza y fortaleza para actuar conforme a tus promesas
y no a las circunstancias que me rodean. Quiero estar preparado para toda
aflicción o dificultad que se me presente, pues confió en que tu misericordia y
gracia estarán sobre mí en todo momento. Te ruego me ayudes a caminar por fe
cada día de mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.
¿CAMINAS POR FE O POR LO QUE VES?
¿Caminas por fe o
por lo que ves?
2 Corintios 5:7
"Porque por fe andamos, no por vista".
En la ciudad de Blackpool, Inglaterra construyeron una
plataforma de vidrio laminado en la cima de una torre de 117 metros (unos 380 pies)
de alto. El propósito es dar a la gente la ilusión de andar en el aire. Un
periódico publicó la foto de una mujer en el borde de la “invisible” plataforma
con los puños cerrados contra su cara, tratando de reunir el valor para dar un
paso. Le habían dicho que la plataforma era completamente segura, pero aún así
tenía miedo de caminar sobre ella.
Como cristianos tenemos la capacidad de movernos en un
nivel superior, el cual el mundo sin Cristo no puede alcanzar. Hemos sido
llamados a caminar de manera sobrenatural en un mundo natural. La fe puesta en
Dios mueve su mano, y crea las condiciones que traen la bendición y el favor
del Señor sobre nuestras vidas. Sin embargo hay muchos cristianos que actúan
como la mujer de la historia: no se atreven a dar el paso de fe. Se dejan
llevar por lo que ven y no por lo que Dios ha dicho que será.
Cuando los problemas y las dificultades se agolpan en
nuestras vidas, a menos que respondamos sobrenaturalmente basados en el poder y
la misericordia de Dios seremos derrotados. En el Salmo 23, David manifiesta que
el Señor es su Pastor, y de ahí la seguridad que él tiene de que nada le
faltará, ni en el aspecto físico ni en el emocional ni en el espiritual, y
afirma que aún en las más terribles circunstancias (“Aunque ande en valle de
sombra de muerte”), no habrá de temer a nada ni a nadie. Finalmente resume su
seguridad y su confianza de la siguiente manera: “Ciertamente el bien y la
misericordia me seguirán todos los días de mi vida”. El cristiano debe vivir
cada día de su vida creyendo en su corazón y confesando con sus labios que a él
lo siguen el bien y la misericordia de Dios y no la pobreza, la enfermedad o la
calamidad. Cuando de todo corazón hacemos una manifestación de fe como la que
hizo David en este salmo, estaremos preparados para toda aflicción o dificultad
que se presente, pues la misericordia y la gracia de Dios estarán sobre
nosotros en todo momento.
También en el Salmo 5:12, hay otra promesa de la cual
debemos estar siempre aferrados. Dice: “Porque tú, oh Jehová, bendecirás al
justo; como con un escudo lo rodearás de tu favor”. La Biblia está llena de
promesas de Dios para sus hijos. Es importante que creas estas promesas, y
tengas fe en que vas a ser recipiente de ellas en el momento oportuno, conforme
a la voluntad de nuestro Padre celestial. Romanos 4:17 dice que Dios “llama las
cosas que no son, como si fuesen”. En momentos difíciles de tu vida debes echar
a un lado el temor y por fe “ver” la solución, sabiendo que el Señor ya la ha
visto, y él desea bendecir tu vida y rodearte de su favor. Por eso a través de
la epístola a los Hebreos, Dios define la fe como “la certeza de lo que se
espera, la convicción de lo que no se ve”.
Sin duda encontraremos en esta vida dificultades y
problemas que causarán en nosotros tristeza y aflicción. Jesús les dijo a sus
discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al
mundo”. Esta es la clave: confiar, tener fe. Aunque a tu alrededor haya
circunstancias negativas, recuerda que Dios quiere bendecirte, y él tiene el
poder para hacerlo. Quizás el Señor te esté preparando para que recibas esas
bendiciones. No mires las circunstancias que te rodean, concéntrate en el amor
y la misericordia de Dios, haz tuyas sus promesas, camina por fe y marcha
adelante en busca de la victoria.
ORACIÓN:
Gracias, Padre, por tu promesa de bienestar para mi vida
bajo tu cuidado. Dame confianza y fortaleza para actuar conforme a tus promesas
y no a las circunstancias que me rodean. Quiero estar preparado para toda
aflicción o dificultad que se me presente, pues confió en que tu misericordia y
gracia estarán sobre mí en todo momento. Te ruego me ayudes a caminar por fe
cada día de mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
martes, 1 de abril de 2014
¡MÁS QUE VENCEDORES!
¡Más que vencedores!
Romanos 8:28-39
“Sabemos que Dios dispone todas las
cosas para el bien de quienes le aman, y de quienes él ha llamado de acuerdo
con su propósito. A los que de antemano Dios había conocido, los destinó desde
un principio a ser como su Hijo, para que su Hijo fuera el mayor entre muchos
hermanos. Y a los que Dios destinó desde un principio, también los llamó; y a
los que llamó los hizo justos; y a los que hizo justos les dio parte en su
gloria. ¿Qué más podríamos decir? ¡Si Dios está a nuestro favor, nadie podrá
estar contra nosotros! Si Dios no nos negó ni a su propio Hijo, sino que lo
entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos también, junto
con su Hijo, todas las cosas? ¿Quién podrá acusar a los que Dios ha escogido?
¡Dios es quien los hace justos! ¿Quién podrá condenarlos? Cristo Jesús es el
que murió; más aún, el que resucitó, y además está a la derecha de Dios rogando
por nosotros. ¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, la
angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la muerte
violenta...? Como dice la
Escritura : “Por causa tuya estamos siempre expuestos a la
muerte. Nos tratan como a ovejas llevadas al matadero. Pero en todo esto
salimos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Estoy convencido de
que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la muerte ni la vida, ni los
ángeles ni los poderes y fuerzas espirituales, ni lo presente ni lo futuro, ni
lo alto ni lo profundo ni ninguna otra de las cosas creadas por Dios. ¡Nada
podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús, nuestro
Señor!”
“Gracia Y Paz”
¡ORAR SIEMPRE, Y NO DESMAYAR!
Mateo 18:1-8
“También les
refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,
diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a
hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él,
diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero
después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a
hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea
que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que
dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que
claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les
hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”
“Gracia y Paz”
ALABA A DIOS
Salmo 34:1-6
“Bendeciré a
Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca. En Jehová se
gloriará mi alma; Lo oirán los mansos, y se alegrarán. Engrandeced a Jehová
conmigo, Y exaltemos a una su nombre. Busqué a Jehová, y él me oyó, Y me libró
de todos mis temores. Los que miraron a él fueron alumbrados, Y sus rostros no
fueron avergonzados. Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus
angustias”.
"LA PUNTUALIDAD ES LA CORTESÍA DE LOS REYES"
"La puntualidad es la cortesía de los Reyes"
La puntualidad. Tiempo de cortesía. Ser puntual. Cumplir los horarios.
Puntualidad: “Cuidado, diligencia y exactitud en hacer las cosas a su
debido tiempo”.
En cualquier ámbito que nos movamos, y en cualquier país, la puntualidad es
una de las normas básicas de la buena educación.
Hay muchas leyendas sobre la impuntualidad, la más típica, la de llegar
tarde a una fiesta o una boda, como toque de distinción. Falso. No es elegante
ni educado llegar tarde a ningún sitio. Es una falta de respeto hacia los
anfitriones y hacia el resto de los invitados.
Una cita de negocios, un empleo, un espectáculo, se puede echar a perder
por la impuntualidad. Siempre es mejor llegar cinco minutos antes que cinco
después. Se puede esperar en la antesala del teatro, en la sala de espera de la
empresa o en la cafetería de enfrente, pero es mejor llegar con tiempo.
Ahora bien, tan malo es llegar tarde como llegar demasiado pronto. No seas
de los invitados que está una hora antes en todos los sitios. El tiempo de
anticipación de cualquier cita debe ser mínimo. Es mejor tratar de ajustarlo a
la hora prevista para el acto.
Como se sabe, en muchas de las fiestas suele esperarse un tiempo de
cortesía por los invitados (se acostumbra enmascarar con un aperitivo para dar
tiempo a que se reúnan todos los invitados). No aproveches este tiempo de
cortesía para llegar tarde, si no tienes una buena disculpa.
Si tú eres el anfitrión de un encuentro (una cena en casa o en un
restaurante, por ejemplo) deberás estar antes de la hora prevista para ir
recibiendo a tus invitados.
Las faltas de puntualidad deben ser justificadas, pero solamente a los
anfitriones y en privado. No se deben dar explicaciones a todos los invitados.
Y dos cosas más:
si tu eres de las personas impuntuales por naturaleza, procura cambiar,
pues no es nada educado ni "chic" llegar tarde a todos los sitios,
aunque a ti te parezca que te da personalidad (eso de ser conocido por "el
rey de la impuntualidad" no tiene nada de positivo).
Llegar a tiempo
a las citas, es deber de caballeros, cortesía de reyes, obligación de
cortesanos, habito de gente de valer, costumbre de personas bien educadas. Quienes
se hacen esperar en sus citas, revelan debilidad de carácter, pésima educación y
un desprecio absoluto por sus semejantes.
¡La impuntualidad es una falta de educación!
Santiago 13:13
“Si alguno entre vosotros es sabio y entendido, ponga de manifiesto sus
obras con la bondad de su conducta, y hágalo con la mansedumbre propia de un
sabio”.
1 Corintios 14:40
“Pero hágase todo decentemente y con orden”.
“Gracia y Paz”
ORACIÓN
ORACIÓN:
Padre santo, gracias
por tus misericordias y por las enseñanzas que me das día a día. Ayúdame a
recordar siempre que lo más importante en mi vida debe ser mi comunión contigo.
Capacítame para vivir alejado del pecado y de la corrupción del mundo. Quiero practicar
tu verdad, quiero tener una verdadera comunión con Jesucristo, te pido me
ayudes a establecerla desde ahora y para siempre. En el nombre de Jesús, Amén.
¿CÓMO ESTÁ TU COMUNIÓN CON EL SEÑOR?
¿Cómo está tu comunión con el Señor?
Juan 12:1-8
"Seis días
antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había
estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. Y le hicieron allí
una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa
con él. Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho
precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se
llenó del olor del perfume. Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo
de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por
trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara
de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que
se echaba en ella. Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha
guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí
no siempre me tendréis".
María, Marta y
Lázaro tenían una relación especial con Jesús. La Biblia enfatiza en este
aspecto cuando dice en Juan 11:5 que “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a
Lázaro”. Estando Jesús de visita en la casa de ellos, “María tomó una libra de
perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó
con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume”. Esta acción
probablemente lució frívola o superficial para aquellos que estaban presentes.
Aparentemente a algunos de los discípulos les pareció un acto irresponsable.
Por lo menos uno de ellos (Judas Iscariote) se quejó diciendo hipócritamente:
“¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los
pobres?” Pero fue la sincera comunión de María con el Señor lo que la inspiró a
ofrecer aquel costoso perfume a sus pies, ignorando su valor material. Esta debe
ser la actitud de cada cristiano. Debemos sentir un fuerte deseo en nuestros
corazones de poner nuestra relación con Jesucristo por encima de todo lo que
nos rodea, incluyendo la opinión de los demás y nuestros bienes materiales.
¿Cuál es, pues,
el aspecto más importante en la vida del creyente? No hay nada más importante
que nuestra comunión con Dios. Si nuestra vida gira alrededor de este
principio, si nuestro principal esfuerzo está encaminado a establecer una
íntima relación con el Señor por encima de nuestros propios intereses, todo lo
que suceda en nuestras vidas estará dentro de sus planes, y por lo tanto
seremos bendecidos en todos los aspectos.
Lo cierto es que
hemos sido llamados por Dios a tener una íntima comunión con su Hijo
Jesucristo. Así dice 1 Corintios 1:9: “Fiel es Dios, por el cual fuisteis
llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor”. Pero esta
comunión sólo podemos lograrla si vivimos una vida que agrade a nuestro Padre
celestial, alejados del pecado y la corrupción del mundo, y practicando la
verdad de la palabra de Dios. El apóstol Juan escribió en su primera carta: “Si
decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no
practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos
comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo
pecado” (1 Juan 1:6-7). Una verdadera comunión con Jesucristo, nos mantendrá
limpios de nuestros pecados y facilitará nuestra comunión con otros creyentes.
Y nuestras acciones, aunque generen críticas entre los incrédulos, serán una
dulce fragancia para nuestro Señor.
Si deseas tener
esta comunión con el Señor, lo primero que tienes que hacer es buscar su rostro
cada día en oración, leer su palabra, meditar en ella y aplicarla a tu vida. No
hay otra manera. Hazte el propósito de pasar tiempo a solas con el Señor
temprano en la mañana antes de comenzar tus actividades diarias, o en cualquier
otro momento del día que te resulte posible. Si eres constante, poco a poco
irás experimentando la paz y la dulzura del Espíritu Santo, resultado
inequívoco de tu comunión con el Señor.
ORACIÓN:
Padre santo, gracias
por tus misericordias y por las enseñanzas que me das día a día. Ayúdame a
recordar siempre que lo más importante en mi vida debe ser mi comunión contigo.
Capacítame para vivir alejado del pecado y de la corrupción del mundo. Quiero practicar
tu verdad, quiero tener una verdadera comunión con Jesucristo, te pido me
ayudes a establecerla desde ahora y para siempre. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te habla
¡APROVECHA BIEN EL TIEMPO!
¡APROVECHA BIEN
EL TIEMPO!
Efesios 5:14-16.
“Por lo cual
dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará
Cristo. Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como
sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos”.
Cuando oímos del
uso que le debemos dar a nuestro tiempo en servicio a Dios, tenemos solamente dos
opciones. La primera, es ser indiferentes al tema, hacer oídos sordos y seguir
nuestras vidas como están y La segunda, es dejar que Dios nos instruya a como
aprovechar nuestro tiempo.
¡Oír y obedecer!
¡Espero elijamos la segunda opción!, si no ¡No hay razón para que estemos en
este lugar!
Dios nos ha dado
esta vida, este tiempo que vivimos como un regalo, pero Él espera que lo utilicemos
bien, que le demos buen uso. Pero depende de nosotros el saberlo aprovechar o
el dejarlo perder. El desperdiciarlo.
Quiero decirte
algo para que medites… para Dios el exacto reloj del tiempo sigue avanzando sin
contemplaciones hacia el momento crucial de nuestra confrontación inevitable
con él en la eternidad. ¡El juicio viene!
Pero surge una
pregunta: ¿Somos buenos administradores del tiempo que el creador nos ha dado? La
respuesta que le demos a esta interrogante decidirá nuestro destino eterno.
Toma nota de
esto: La semana tiene 168 horas en total. De las cuales generalmente pasamos 45
horas en el trabajo (si es que trabajamos), 56 horas durmiendo (si es que dormimos
8 horas diarias) y 14 horas comiendo (entre desayuno, almuerzo, comida y cena).
¿Sabes cuántas horas son eso? ¿Cuántas horas ocupamos en actividades
necesarias? ¡115 horas! Y ¿Cuántas horas dedicamos a la semana a las cosas
espirituales? Pensando en el culto, los estudios, lecturas personales, visitas
y oraciones, ¿Serian de 6 a
7 horas semanales? Esta es la pregunta que me incomoda, Si ocupamos 115 horas en
actividades como trabajo, comida y dormir, y usamos de 6 a 7 horas en las cosas de Dios,
¿Qué hacemos con las 46 horas restantes?
¡Estoy hablando de
casi dos días completos que le estamos dedicando a cosas que no son necesarias
ni edificantes! ¡Casi dos días perdidos en nuestra semana! ¿Entiendes el punto?
¿Está realmente el Señor en el primer lugar de nuestras vidas?
Colosenses 4:5
“Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo
el tiempo”.
Redimir
significa rescatar, no dejar perder algo, darle vida y valor.
¡Cristo nos
redimió, nos rescato, no nos dejo perder, nos dio vida y valor! Ahora él nos
pide que nosotros redimamos nuestro tiempo. Usemos el ejemplo de Cristo y
démosle vida y valor delante de Dios a nuestro tiempo, a este regalo de Dios.
¿Estamos
aprovechando el tiempo que Dios nos ha regalado?
¿Estamos dándole
valor a los minutos y segundos que Dios nos da?
¿Cómo estamos
aprovechando nuestro tiempo?
LEVANTÉMONOS DEL
SUEÑO
Romanos 13:11
“Y esto,
conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora
está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos”.
¿Has pensado que
queda menos tiempo hoy para que llegue Cristo que cuando te convertiste? Hoy
está más cerca de nosotros la salvación que cuando nos convertimos a Cristo,
esta más cerca la maldición o bendición de Dios.
¿Qué elegiremos
nosotros? Pablo invita a los hermanos a levantarse del sueño. ¿Qué significa
esto? ¡Que la iglesia estaba dormida! ¡Aletargada! ¡Cristianos apagados, sin
pasión, si fervor por servir al Señor! ¡Dejen de dormir espiritualmente dice
Pablo! ¡Dejen de estar durmiendo! Nuestro tiempo, mejor dicho, nuestra
administración del tiempo será clave en nuestro destino eterno. Por lo tanto levantémonos
del sueño y consagremos nuestro tiempo a Dios.
1 Pedro 4:2-3.
“para no vivir
el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres,
sino conforme a la voluntad de Dios. Baste ya el tiempo pasado para haber hecho
lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces,
orgías, disipación y abominables idolatrías”.
Veamos lo que
nos dice Pedro: ¡Baste ya! Basta ya al pecado en nuestras vidas, basta ya a dedicar
mas tiempo al mundo que a Dios, ya no somos del mundo. Ya dejemos de vivir como
viven los del mundo. Somos de Hijos Dios y debemos de estar con todo nuestro
ser, tiempo y fuerzas dedicados a la obra de nuestro Padre. Mira como lo dice
el pasaje: “Para no vivir el tiempo que resta”, ¿Cómo? En simples, palabras,
Pedro pregunta ¿Qué harán con el tiempo que les queda en esta vida? ¿A qué se
dedicarán? Te das cuenta que nos queda poco tiempo, que cada día la salvación
está más cerca. ¿Qué debemos hacer? ¡Ya no vivir el tiempo como gentiles, sino
como cristianos!
Una advertencia de Cristo que encierra una
gran verdad.
Juan 7:6
“Entonces Jesús
les dijo: Mi tiempo aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto”.
El Señor nos
dice: “Ustedes pueden morir en cualquier momento”, pero tal es el significado
de su declaración. PRESTO: Dispuesto para que la cosa o acción se exprese
pronto. La acción a expresarse pronto es ¡Nuestra muerte! Por eso debemos vivir
sobria y sabiamente el resto del tiempo que nos queda de nuestras vidas. Y aquí
surge otra pregunta: ¿Estamos preparados para dejar esta vida confiadamente?
2 Pedro 3:10-13
“Pero el día del
Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande
estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras
que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser
deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando
y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose,
serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!”.
¿Estás consiente
que se acerca la segunda venida de Cristo? ¿Qué se aproxima a pasos agigantados
nuestro encuentro con el Señor? ¿Estás preparado(a)? ¡Todo lo que conocemos
será deshecho! ¡Todo será destruido! ¿Cómo debemos vivir esperando la inminente
llegada del rey? ¡Santa y piadosamente!
Vivamos en esta vida santa y sobriamente,
esperando la venida del Señor.
Después de su
venida según sus promesas recibiremos cielos nuevos y tierra nueva. Pero
preguntémonos: ¿Estamos en el Señor y para el Señor? ¿Somos verdaderos
seguidores de Cristo? ¿Estamos aprovechando bien nuestro tiempo para el Señor?
Después de leer lo
que la Palabra
de Dios nos ha dicho sobre cómo aprovechar bien nuestro tiempo, confió en que
la palabra dicha por nuestro Padre Celestial cause un cambio en nuestras vidas.
Es Dios quien quiere tomar el mando de toda nuestra vida y debemos comenzar con
un cambio AHORA.
2 Corintios 6:2
“Porque dice: En
tiempo aceptable te he oído, Y en día de salvación te he socorrido. He aquí
ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación”.
¡Es Hoy mismo! ¡No
mañana! ¡Movámonos a la acción!
¿Quieres sentirte
seguro de que no heredaras el castigo eterno, más si la vida eterna?
¡He aquí ahora es el tiempo de preocuparse de
eso!
¿Que conclusión
sacaras tú?
¿Aprovecharas el
tiempo que Dios te da en esta vida o serás como el resto del mundo, andando de
acuerdo a sus propios caminos?
1 Tesalonicenses
5:2
“porque vosotros
sabéis bien, que el día del Señor vendrá como ladrón de noche”
Efesios 5:14-16
“Por lo cual
dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará
Cristo. Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como
sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos”.
¿Qué decides tú?
“Gracia y Paz”
Luis Zepeda Mir
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