jueves, 19 de septiembre de 2013

ORACION



ORACIÓN:

Padre amado, te pido que me ayudes a ser sensible a la dirección de tu Espíritu de manera que mi manera de actuar honre y glorifique tu nombre, y tus promesas se cumplan siempre en mi vida. Por Cristo Jesús te lo pido, Amén.

¿SON PARA TI LAS PROMESAS DE DIOS?



2 Pedro 1:3-4
“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”.

Este pasaje nos habla de “preciosas y grandísimas promesas” que nos ha dado Dios para que por ellas lleguemos a ser “participantes de la naturaleza divina”. Dice que estas promesas han llegado a nosotros “mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia”, es decir nuestro Señor Jesucristo, de quien proviene el poder para huir “de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”. Este es el propósito de Dios en nuestras vidas, que seamos “hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29), que la vida de Cristo se manifieste en nosotros y su carácter se refleje en nuestro comportamiento. Mientras este proceso se lleva a cabo en la vida del creyente, estas promesas están a su disposición.

Por ejemplo, en su carta a los filipenses, el apóstol Pablo les dice: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). ¡Preciosa promesa de Dios! Y en el versículo anterior les habla de la condición para que esta promesa se cumpla: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. Es decir, tenemos que confiar, no debemos desesperarnos aun en medio de una prueba, sino venir delante de Dios en oración y esperar en él. Entonces sentiremos su paz inefable.

En Romanos 8:28 otra promesa nos dice que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.” ¿A quienes todas las cosas, incluyendo las pruebas más difíciles, les resultan para su bien? “A los que aman a Dios”, es decir a los que tratan de agradarle por medio de su obediencia (Juan 14:21). Esta promesa no se aplica a aquellos que no tienen en cuenta para nada la voluntad de Dios y dan rienda suelta a sus deseos. En Mateo 21:22 encontramos otra promesa. Aquí Jesús dice: “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. El Señor promete que todo lo que pidiéremos en oración lo recibiremos. Pero hay una condición: es necesario creer. Dice Hebreos 6:12 que debemos ser “imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas”.

En resumen, todas las promesas que encontramos en la Biblia son para aquellos que, habiendo aceptado a Jesucristo como salvador, obedecen la palabra de Dios y muestran su fe esperando con paciencia que se cumpla la voluntad de Dios. ¿Eres tú uno de ellos?

¿Y hay alguna promesa para los inconversos? Sí. Para ellos Juan 3:16 encierra la promesa más grande e importante de la Biblia: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. La promesa de la vida eterna. Pero hay una condición: Es necesario creer que Jesucristo es el Señor, que dio su vida en la cruz del Calvario por pagar nuestros pecados y que Dios le levantó de los muertos. Todo aquel que lo cree de todo corazón y lo confiesa con su boca es justificado y tiene la salvación de su alma, dice Romanos 10:9-10. Una vez dado este paso, todas las promesas de Dios se aplicarán a su vida.

Las promesas de Dios siempre tienen un propósito definido. Esto significa que lo que él nos da siempre tendrá trascendencia en nuestras vidas. Nuestra parte es cumplir con sus requisitos. Entonces podremos confiar en que recibiremos los beneficios de sus promesas. Dice Hebreos 10:23: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”. Ciertamente Dios es fiel y siempre cumple su palabra. Por eso Hebreos 10:35-36 nos exhorta de la siguiente manera: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”.

ORACIÓN:
Padre amado, te pido que me ayudes a ser sensible a la dirección de tu Espíritu de manera que mi manera de actuar honre y glorifique tu nombre, y tus promesas se cumplan siempre en mi vida. Por Cristo Jesús te lo pido, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

miércoles, 18 de septiembre de 2013

¡¡¡MUCHO CUIDADO CON EL PECADO!!!



Romanos 5:12
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.

¿Sabes cuál es el asunto teológico más difícil de explicar a los universitarios y a los adultos jóvenes? Quizás pienses que es el concepto de la Trinidad o el controversial tema de la seguridad de la salvación eterna. Pero por más difícil que sea comprender estos dos asuntos importantes, ninguno de ellos es la verdad más desafiante que debemos hacer comprender claramente a esta generación. El tema más difícil de comunicar correctamente es el problema del pecado. El mundo moderno ha tejido una red de relativismo en la que incluso muchos creyentes han sido atrapados. Poco a poco los cristianos hemos ido aceptando ciertos principios mundanos que nos han parecido inofensivos, pero que con el tiempo han resultado ser mucho más peligrosos de lo que parecían.

La situación actual del mundo con relación a su concepto del pecado puede compararse a un experimento que se hizo hace un tiempo. Pusieron un sapo dentro de un recipiente con agua. Comenzaron a calentar el agua a razón de una centésima de grado cada segundo. El tiempo fue pasando, el agua se fue calentando y el sapo no daba señal alguna de incomodidad. Al cabo de unas horas, sin embargo, el animal estaba muerto dentro del agua la cual había alcanzado el nivel de ebullición. El experimento demostró que la piel del sapo se fue adaptando a los cambios progresivos de temperatura y por lo tanto no cumplió su función de enviar al cerebro la señal del inminente peligro que implicaba el constante incremento de la temperatura del agua.

El diablo ha estado “calentando el agua” poco a poco y la humanidad (incluyendo a muchos creyentes) no se ha dado cuenta del peligro. Sólo tenemos que fijarnos en las cosas que se están viendo actualmente en la televisión. La inmensa mayoría de ellas eran totalmente inaceptables hace solamente unos años. Sin embargo poco a poco, de alguna manera se han ido aceptando como algo correcto. Y lo peor del caso es que “el agua se sigue calentando” y el peligro de muerte es cada vez mayor.

La mayor estratagema del diablo es precisamente cegar el entendimiento de las personas para que no vean la realidad del pecado. En 2 Corintios 4:3,4 dice: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. Por eso es necesario mirar cada una de nuestras acciones y las acciones del mundo que nos rodea bajo la luz del evangelio de Cristo y su verdad absoluta, y no sobre la base de “la verdad relativa” que predomina en el mundo. El problema es que si la conducta correcta es siempre relativa a una situación particular, cualquier acción puede justificarse como aceptable para “ese momento y lugar”. Pero si tú crees que la Palabra de Dios es la verdad, debes aceptarla y obedecerla sin importar cuales son las circunstancias. De lo contrario, estás pecando.

Pecar es desobedecer la voluntad de Dios. Esto fue exactamente lo que sucedió en el huerto del Edén. Dios había prohibido que comieran del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, y les había dicho que si lo hacían morirían. Cuando Eva y Adán desobedecieron comiendo ese fruto, fueron echados del paraíso, es decir hubo separación de Dios y el hombre. Esa es la consecuencia del pecado: muerte espiritual. Así dice la Biblia en Romanos 6:23: “La paga del pecado es muerte”.

Lee la Biblia diariamente, separa un tiempo diario para orar y meditar en la Palabra de Dios y aplica esta palabra a tu vida. Pronto comenzarás a conocer profundamente la verdad absoluta que es la única que puede librarte de la esclavitud del pecado. Así dijo Jesús a un grupo de judíos que habían creído en él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31, 32). Entonces tendrás discernimiento para “ver” las “asechanzas del diablo” (Efesios 6:11).

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, te doy gracias por tu palabra que es la única verdad en este mundo. Dame discernimiento espiritual para poder entenderla y dame la fuerza para rechazar las mentiras de este mundo y vivir una vida que sea agradable a ti. En el nombre de Jesús, Amén


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

martes, 17 de septiembre de 2013

EL VASO DE AGUA



“Un conferencista hablaba sobre el manejo de la tensión.

¿cuánto pesa un vaso con agua?

Levantó un vaso con agua y preguntó al auditorio:

¿Cuánto creen ustedes que pesa este vaso con agua?

Las respuestas variaron entre 20 y 500 gramos.

Entonces el conferencista comentó:

En realidad no importa el peso absoluto, aquí depende de cuánto tiempo voy a sostenerlo.

¿cuánto tiempo lo sostendré?

Si lo sostengo por un minuto, no pasa nada. Si lo sostengo durante una  hora, tendré un dolor en mi brazo.

Si lo sostengo durante un día completo, tendrán que llamar una ambulancia.

Pero es exactamente el mismo peso, pero entre más tiempo paso sosteniéndolo, más pesado se volverá.

Si cargamos nuestros pesares, rencores u odios todo el tiempo, luego, más temprano o más tarde ya no seremos capaces de continuar. La carga se irá volviendo cada vez mas pesada y entonces vendrá la desesperación e incluso la falta de deseos de vivir.

Por eso al final de cada día, es muy importante que bajemos el vaso de agua, de esa manera tendremos menos estrés y despertaremos bien.

Hermano, hermana… ¡¡Suelta tus cargas!!, ¡¡perdona y anímate a ser feliz!!,  ¡¡vive!!,  ¡¡sé feliz!! Y ante todo: “¡¡Sé libre de las ataduras del pasado!!”

La Palabra de Dios nos dice: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo PESO y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1).



“Gracia y Paz”

¿CÓMO VES TÚ EL PECADO?



1 Juan 1:8-10
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”.

Es fácil encontrar en este mundo personas que no sienten responsabilidad alguna por sus pecados. La mayoría de ellos ni siquiera piensan que han cometido pecados. Viven su vida en la búsqueda constante de la satisfacción de sus deseos, y para ellos Dios no existe. El resto de las personas están más o menos concientes de que están haciendo “algo malo”, pero generalmente encuentran alguna excusa por medio de la cual justificar sus acciones. Unos atribuyen su comportamiento al medio ambiente, o a su carácter o temperamento, a un factor hereditario, o a su condición física, o a cualquier otra razón. Otros dicen que fueron engañados y llevados por un camino extraviado. Esta fue precisamente la actitud de Adán y Eva cuando Dios los confrontó después de haber cometido el primer pecado al desobedecer comiendo la fruta prohibida. Dice Génesis 3:12-13: “Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí”. Desde aquel momento, es característico de todo ser humano hacer todo lo posible por quitarse de encima toda responsabilidad por sus acciones pecaminosas.

El profeta Isaías afirmó lo siguiente: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas” (Isaías 53:6). Y Romanos 3:23 dice: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. Todos, absolutamente todos los seres humanos hemos pecado de una manera u otra. Sin embargo hay algunos que hasta se sienten ofendidos si se les llama pecadores. Su error consiste en que consideran “pecado” solamente las acciones verdaderamente criminales, como asesinar a alguien, robar un banco, o algo por el estilo. Lo cierto es que la palabra griega que se utiliza en el pasaje de hoy para definir el pecado es “jamartia”, que significa literalmente “errar al blanco”. Es decir, no importa si hemos errado por un metro o por un centímetro, lo fundamental es que no dimos en el blanco. Pecar es, simplemente, apartarnos de las normas y preceptos establecidos por Dios. Pecamos cuando desobedecemos los principios divinos y aplicamos a nuestras acciones nuestros propios conceptos, cuando no somos las personas que debiéramos haber sido (buenos padres o madres; buenos esposos o esposas; buenos hijos, empleados, amigos, etc.). Todo esto es pecado, y nos incluye y compromete a todos sin excepción. Está muy claro en el pasaje de hoy que “si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos”. Y aun peor, “si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”.

Pero hay buenas noticias. Este pasaje también nos dice que, en su infinita misericordia, Dios está dispuesto a perdonarnos “si confesamos nuestros pecados”. Esta es, en resumen, la esencia de la vida cristiana: primero reconocer nuestro pecado y después arrepentirnos y acudir a Dios en busca de ese perdón que puede cancelar el pasado, y de esa limpieza que puede restaurar nuestro presente y asegurarnos la victoria en nuestro futuro. Cuando venimos a Dios con un corazón humilde y sinceramente arrepentido, él nos ve a través de la sangre preciosa de su Hijo derramada en la cruz, y, como dice el pasaje de hoy, nos limpia “de toda maldad”.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, te ruego me ayudes a reconocer mis pecados, y a venir ante tu trono de gracia confesándolos de todo corazón y buscando tu perdón. Te doy gracias por estar siempre dispuesto a perdonarme. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla


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lunes, 16 de septiembre de 2013

¿TIENES TÚ ESPÍRITU DE ORACIÓN?



Zacarías 12:9-10
“En aquel día yo procuraré destruir a todas las naciones que vinieren contra Jerusalén. Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito".

Este pasaje es parte de la profecía acerca de los tiempos finales, en los que Dios mostrará su poder contra los enemigos de Jerusalén a quienes destruirá, y al mismo tiempo derramará “espíritu de gracia y de oración” sobre su pueblo, los cuales llorarán ante la presencia de Aquel “a quien traspasaron”, es decir desobedecieron, y “harán lamentación por él”, dice Apocalipsis 12:7.

La Biblia nos dice en Hechos capítulo 2 que en el día de Pentecostés “de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba”, y “fueron todos llenos del Espíritu Santo”. Entonces el apóstol Pedro, dirigiéndose a todos los judíos presentes dijo lo dicho siglos antes por el profeta Joel: “En los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne”. Desde ese día el Espíritu Santo está a la disposición de todos los que hemos aceptado a Jesucristo como nuestro salvador.

Desde el principio de la Creación, a través de los siglos, en los tiempos actuales y hasta el fin del mundo, el anhelo de Dios ha sido y será siempre tener una comunión íntima con su pueblo. Esto sólo puede lograrse a través de la oración. Ser perseverantes en la oración resulta sumamente difícil para la mayoría de los cristianos. Una y otra vez intentamos ser constantes pero poco a poco la pasión y el fervor inicial se esfuman. Claro que esto no es nada nuevo. Los discípulos de Jesús experimentaron este problema. Por eso le dijeron: “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1). Habían visto en Jesús lo que ellos anhelaban para sus propias vidas. Reconocieron su necesidad y clamaron al que podía ayudarlos. Y el Señor respondió enseñándoles la oración modelo.

Claro que una cosa es saber como debemos orar y otra cosa es sentir el deseo ferviente de buscar el rostro del Señor en oración, y pasar tiempo de comunión con él cada día de nuestras vidas. Dios anhela presentarse en medio de nuestra debilidad para poner en nosotros un “espíritu de gracia y de oración”. Realmente lo necesitamos para fomentar nuestra intimidad con el Señor, compartirle nuestras cargas y recibir sus bendiciones. El primer paso para llegar a tener una vida de oración saludable y poderosa, es reconocer que somos incapaces de vivir una vida de victoria por nosotros mismos. Es necesario estar concientes de que al depender de Dios nos irá mucho mejor en todos los aspectos. Cuando nos humillemos ante el Señor reconociendo nuestra necesidad de su ayuda, y decidamos comenzar una vida de oración, su poderosa presencia se derramará sobre nosotros y seremos transformados por su Espíritu en verdaderos guerreros de oración.

Su palabra nos exhorta a “orar sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17). En Efesios 6:18, el apóstol Pablo dice que debemos estar “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu...” Y Colosenses 4:2 nos dice: “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias”. Muchos otros pasajes nos animan a orar. Debemos ser perseverantes en la oración. Quizás en ocasiones nos sintamos desanimados, o tal vez pensemos que llevamos mucho tiempo orando sobre lo mismo sin recibir respuesta, pero debemos continuar firmes confiando en que Dios está en control y que él nos contestará en su tiempo, en el momento perfecto y conforme a los planes que él tiene para nuestras vidas. Para ello él quiere derramar sobre nosotros ese “espíritu de gracia y oración”, para que volvamos a él nuestros ojos y los mantengamos fijos en él cualesquiera sean las circunstancias que nos rodeen.

Alguien dijo: "Vivir de rodillas nos mantiene de pie". ¡Cuánta verdad encierran estas palabras! Hazte el propósito de buscar el rostro del Señor en oración una o más veces cada día, anhelando su presencia y clamando a él por un espíritu de oración que te envuelva y controle tu vida.

ORACIÓN:
Gracias, Señor porque tu presencia viene a mi vida para cambiar mis hábitos de pereza y desgano espiritual. Derrama sobre mí un espíritu de oración y haz de mí en este día un guerrero de oración por tu divino poder, para honra y gloria de tu nombre. Por Cristo Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla


domingo, 15 de septiembre de 2013

UNA EXPERIENCIA MUY CONMOVEDORA SOBRE EL PERDÓN



El 8 de junio de 1972, el reportero gráfico Nick Ut tomó una fotografía que conmovió e impacto al mundo.

Se trata de la fotografía tomada a Kim Phuc, una niña vietnamita de 9 años que  corría desnuda escapando de las bombas incendiarias que, por un mal cálculo, cayeron sobre su aldea en Trang Bang, durante la guerra de Vietnam.

Las bombas de napalm pueden alcanzar los 800 grados de temperatura, es decir, una temperatura aproximadamente ocho veces más elevada que el agua hirviendo.

Después del bombardeo Kim tuvo que enfrentar 14 largos meses de medicamentos y dolorosos tratamientos. Los estudios y los juegos al aire libre fueron sustituidos por largos días de terapias y 17 injertos de piel.

Años después, Kim decidió que quería cumplir su sueño de estudiar medicina y empezó a asistir a una iglesia cristiana. Sin embargo,  a sus 19 años (una década después del bombardeo), el gobierno de su país la reclutó para utilizarla como símbolo a favor de sus intereses políticos internos y externos (algo a lo que ella se oponía).

Después de mucho insistir y orar,  el gobierno de su país la autorizó para seguir con sus estudios y la enviaron a Cuba donde una familia adoptiva la recibió con los brazos abiertos. Ahí conoció a Bui Huy Toi, otro joven vietnamita con el que en 1992 contraería matrimonio y con quien, después de su luna de miel, iniciaría una nueva vida en Canadá.

En 1996, llegó un día crucial en la vida de Kim. La Fundación para la Memoria de los Veteranos de Vietnam la invitó a un acto conmemorativo de la guerra, en Washington. En la ceremonia conoció a John Plummer, uno de los que había participado en el bombardeo con napalm.

“Él me dijo, lo siento mucho, perdóname, entonces nos abrazamos y lloramos”, cuenta Kim.

Kim es un gran ejemplo de que es posible perdonar a quienes nos han lastimado. Ella fue una víctima totalmente inocente. Sufrió quemaduras terribles y perdió familiares durante ese bombardeo pero pudo perdonar a quienes la lastimaron y alcanzó una libertad plena.

El rencor y la falta de perdón son mucho más nocivos que el naplam porque sus quemaduras no se ven pero se sienten, son profundas y no hay medicamento ni ayuda humana que pueda aliviar el dolor que se siente. Su efecto es extenso y daña todas las áreas de nuestra vida.

Perdonar no es una opción, es un mandamiento que más allá del simple perdón. Dios nos manda  a dar un paso más allá, nos ordena amar a nuestros enemigos… ¡Eso sí puede ser muy difícil pero no es imposible!

“Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ¡Ora por los que te persiguen! De esa manera, estarás actuando como verdadero hijo de tu Padre que está en el cielo. Pues él da la luz de su sol tanto a los malos como a los buenos y envía la lluvia sobre los justos y los injustos por igual” Mateo 5: 44, 45 (NTV)

“Gracias a Dios aprendí a amar a mis enemigos porque tengo la fe en Jesucristo. Todo aquél que sienta odio en su corazón, debe saber que es posible perdonar y amar al enemigo a través de la fe en Dios. Si yo lo hice, todo el mundo puede hacerlo”, asegura.
Perdonar es el primer paso para sanar las heridas del corazón y transformar nuestras vidas. No cambiará  el pasado pero, sin duda, nos permitirá tener un mejor futuro.


“Gracia y Paz”



Ana María Frege Issa


viernes, 13 de septiembre de 2013

¿HONRAS CON TU VIDA A CRISTO?



Proverbios 16:7
“Cuando los caminos del hombre son agradables á Jehová, Aun á sus enemigos pacificará con él”.

Cuando la senda y nuestros modales agradan a Dios, Dios nos concede paz y tranquilidad aun con nuestros enemigos. ¡Que horrible es estar en conflicto constante, y siempre en riñas, y pleitos! ¡Y que bendición vivir en tranquilidad y paz con nuestros semejantes.

Cuando obedecemos al Señor, honramos a su hijo Jesús, y llevamos una vida de rectitud y honestidad, Dios hace que aún nuestros enemigos estén en paz con nosotros.

“¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:31).


“Gracia y Paz”

Un Versículo de la Biblia cada día

ORACIÓN



Gracias, Dios mío, porque en tu luz hay verdadera libertad espiritual. Gracias por sacarme de las tinieblas en que yo vivía. Te ruego que me capacites y me des el poder de tu Espíritu para ser un instrumento que tú uses para traer luz a la vida de aquellos que no te conocen y viven en tinieblas. En el nombre de Jesús, Amén.

¿ERES TÚ LUZ PARA OTROS?



Efesios 5:8
"Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz".

La fuerza de la luz es tan potente que su sola presencia, en un instante elimina toda oscuridad y tinieblas. La luz y la oscuridad no son compatibles, es decir no pueden existir las dos al mismo tiempo en un mismo lugar. En el mundo espiritual sucede lo mismo. La Biblia identifica el pecado con la oscuridad, y el reino de muerte y de maldad de Satanás con las tinieblas. En Efesios 6:12, el apóstol Pablo escribe: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Por otro lado, Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

Aquí vemos el contraste entre las tinieblas y la luz en el mundo espiritual. Cristo pagó un precio muy alto en la cruz del Calvario para que podamos tener “la luz de la vida”, o sea vivir libres en el reino de la luz. El que vive lejos del Señor vive en las tinieblas, practicando las costumbres de las tinieblas y siguiendo el rumbo destructor de las tinieblas. El que ha creído que Jesucristo es el Hijo de Dios, y que vino al mundo con el propósito de dar su vida para que nosotros pudiésemos salir de las tinieblas a la luz, ése puede disfrutar de la luz y las bendiciones del Señor. Jesús dijo: “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas” (Juan 12:46). ¡Gloria a Dios!

Ahora bien, los que hemos conocido la luz de Dios, los que recibimos su protección y sus bendiciones tenemos responsabilidades. He aquí las palabras de Jesús para nosotros: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14-16).

Millones y millones de seres humanos en el mundo viven actualmente en las tinieblas, incluyendo muchos de tus vecinos, compañeros de trabajo y aún familiares tuyos. Muchos de ellos viven envueltos en falsas doctrinas, o pendientes del horóscopo, o de que les "tiren la suerte" con cartas, o consultan espiritistas o se gastan un dineral llamando a las "líneas psíquicas", todo esto con el fin de conocer las circunstancias presentes y futuras de sus vidas que ellos no pueden ver. Pero lo cierto es que seguirán sin ver nada, más bien aumentará su confusión y su oscuridad espiritual, pues todas estas cosas (aunque algunos creen que es juego) pertenecen al reino de las tinieblas. El resultado, generalmente, es desgracia y maldición para la familia.

La pregunta es: ¿y tú que vas a hacer? ¿De qué manera piensas afectar sus vidas positivamente? ¿Vas a continuar impasible? ¿O vas a actuar y andar como “hijo o hija de luz", como dice el pasaje de hoy?

La luz que está en ti, cuando es activada por el poder del Espíritu Santo, puede alumbrar esas almas y sacarlas de las tinieblas en que viven. Sólo tienes que tomar la decisión de ser instrumento de salvación para honra y gloria de nuestro Padre celestial. Si aun no lo has hecho, ¡decídete hoy! Dios está esperando.

ORACIÓN:
Gracias, Dios mío, porque en tu luz hay verdadera libertad espiritual. Gracias por sacarme de las tinieblas en que yo vivía. Te ruego que me capacites y me des el poder de tu Espíritu para ser un instrumento que tú uses para traer luz a la vida de aquellos que no te conocen y viven en tinieblas. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

jueves, 12 de septiembre de 2013

¿PORQUÉ DEBEMOS LEER LA BIBLIA?



Salmo 119:9-18
“¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti. Bendito tú, oh Señor; enséñame tus estatutos. He contado con mis labios de todas las ordenanzas de tu boca. Me he gozado en el camino de tus testimonios, más que en todas las riquezas. Meditaré en tus preceptos, y consideraré tus caminos. Me deleitaré en tus estatutos, y no olvidaré tu palabra. Favorece a tu siervo, para que viva y guarde tu palabra. Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley”.

En este pasaje, en cada uno de los versículos, el salmista hace énfasis en la extraordinaria importancia de leer, meditar, conocer y poner en práctica la Palabra de Dios. Ella es nuestra guía infalible, nuestro medio de limpieza interna y la revelación perfecta de la voluntad de Dios para nuestra vida. La Biblia contiene los principios y las leyes fundamentales que capacitan al ser humano para vivir la vida llena de paz y gozo que nuestro Padre celestial quiere para sus hijos.

Sin lugar a dudas todos deseamos vivir y disfrutar las bendiciones de Dios, sin embargo muchos no dedican siquiera unos minutos al día a enterarse de lo que Dios quiere que hagan para lograrlo. Generalmente el motivo es “falta de tiempo”, aunque dedican horas a ver la televisión o a leer el periódico para enterarse de las últimas noticias. Otros dicen que la Biblia es muy complicada, y no la entienden. Quizás el salmista en algún momento pensó de esta manera, pero pidió al Señor: “Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley”. Su petición no fue: "Señor, haz que tu Palabra sea más fácil y clara para que yo la entienda". Si te resulta difícil entenderla, empieza con una oración. Pídele al Señor que te ilumine y capacite para entender su palabra. Dios está muy interesado en que entendamos claramente su mensaje, pero es necesario que lo deseemos de corazón.

Otros simplemente piensan que no necesitan leer la Biblia. Este concepto es de por sí completamente opuesto al propósito de Dios. 2 Timoteo 3:16-17 dice que “toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. Es decir, Dios inspiró a hombres y mujeres a escribir la Biblia, no para que la guardáramos en una gaveta, sino para que la leyéramos y pongamos en práctica sus enseñanzas, con el fin de llevar a cabo su propósito en nuestras vidas.

En Juan 5:39, Jesús les dice a un grupo de judíos: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.” ¿Cómo es posible negar la importancia que tiene leer la Biblia y meditar en ella? El Salmo 1 nos muestra los beneficios de la meditación diaria en la palabra de Dios: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará” (Salmo 1:1-3).

¿Quieres vivir una vida llena de paz y de gozo? Medita en la Palabra de Dios cada día de tu vida, pasa tiempo en oración pidiendo al Señor que implante esta palabra en tu corazón y que su Santo Espíritu te mueva y te ayude a obedecerla al pie de la letra. No basta con saber lo que Dios nos dice. Debemos sentir el impacto de su mensaje en nuestra vida personal y aplicar su verdad en nuestro comportamiento. En otras palabras, debemos conocerla con la mente, sentirla con el corazón y ejecutarla con nuestras manos y pies. Debe afectar nuestro pensamiento, nuestra actitud y nuestros actos. El resultado final debe ser un cambio total en nuestra conducta y en nuestro testimonio para la gloria de Dios.

ORACIÓN:
Padre santo, confieso que he sido muy negligente en algo tan importante como es la lectura de la Biblia. Por favor, pon en mi corazón un ferviente deseo de buscar tu rostro cada día por medio de la lectura de tu Palabra y la oración. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

miércoles, 11 de septiembre de 2013

LA TENTACIÓN... ¿A QUIÉN CULPAMOS?



Santiago 1:13-15
“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”

En este pasaje el apóstol Santiago nos habla de la destrucción progresiva que el diablo pone en movimiento a través de la tentación. Según dice, el origen de la tentación reside en nuestra propia concupiscencia. El diccionario de la Lengua Española define "concupiscencia" de la siguiente manera: "Deseo ansioso de bienes materiales. Apetito desordenado de placeres sensuales o sexuales". Este sentimiento reside en la carne, nacemos con él y se desarrolla en mayor o menor grado a través de los años, dependiendo de las circunstancias que nos han rodeado durante el crecimiento. La concupiscencia invariablemente está presente en nuestras vidas y estará presente mientras estemos en este mundo. El apóstol Pablo luchó contra esta característica humana, y en su carta a los Romanos expresa su frustración diciendo: “!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” Entonces exclama: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (Romanos 7:24-25).

Si tú has aceptado a Jesucristo como tu Salvador personal, Satanás no puede apoderarse de tu alma. Por eso su objetivo es destruir tu comunión con el Señor y afectar tu vida cristiana y tu testimonio ante los demás. ¿Qué podemos hacer para evitarlo? Debemos rechazar esos deseos pecaminosos de manera que no controlen nuestras acciones. Pero esto no lo podemos hacer por nosotros mismos. Sólo el Espíritu Santo puede lograrlo a través del proceso de santificación que él lleva a cabo en nuestras vidas. La voluntad de Dios es que seamos transformados por medio de este proceso de santificación, cuyo fin es que no actuemos movidos por la concupiscencia como aquellos que no conocen al Señor.

“La concupiscencia después que ha concebido, da a luz al pecado”, dice el pasaje de hoy. Y el resultado del pecado es “muerte”, es decir separación de Dios. La clave para evitar esto y vencer la tentación es acudir a Dios y él nos dará la salida. Dice 1 Corintios 10:13: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”.

Jesús fue tentado por el mismo Satanás antes de comenzar su ministerio, pero rechazó toda tentación del enemigo (Lucas 4:1-13). Después, durante el resto de su vida terrenal Jesús tuvo que enfrentarse a todo tipo de tentaciones resultando siempre vencedor. Por eso ahora puede venir en nuestra ayuda con todo poder y autoridad. Así dice Hebreos 2:18: “Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados”. En Getsemaní, a pocas horas de su muerte en la cruz, en medio de su agonía, Jesús dio a sus discípulos un excelente consejo para no caer en tentación. Les dijo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

Nuestro poder está en Jesucristo. No importa cuan fuerte sea la tentación, no importa cuan fuertes sean los deseos de la carne, siempre tendremos a nuestro alcance la victoria si seguimos el consejo de Jesús y buscamos su ayuda en oración. No permitas que los deseos carnales te controlen. Identifica aquello que te está moviendo a actuar en pasión de concupiscencia y tráelo ante el trono de Dios en oración. Cuando reconoces tu debilidad y clamas a Dios en busca de ayuda, él se manifiesta con poder y te libra de la tentación. Sólo dos cosas pueden suceder en tu vida en este aspecto: o el pecado te aleja de la presencia de Dios, o la presencia de Dios te aleja del pecado. Tú escoges.

ORACIÓN:
Padre santo, yo reconozco y confieso delante de ti que soy muy débil para luchar contra las tentaciones. Tú conoces cuáles son las áreas de mi vida que son vulnerables a las trampas del enemigo. Por favor fortalece mi espíritu y dame discernimiento espiritual para que yo pueda rechazar todo aquello que me impulsa al pecado, y pueda mantenerme en una íntima comunión contigo. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

¿SALVA EL BAUTISMO?


1 Pedro 3:21
"El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva...".

Estas palabras de Pedro han sido motivo de serias controversias hasta el día de hoy. Tanto algunas sectas, así como en sectores sacramentalistas dentro del espectro de la cristiandad, han usado este verso para sostener que el bautismo es necesario para la salvación de una persona.

En el tema de la salvación, todas las formas de sacramentalismo (romanismo, luteranismo, Iglesias de Cristo, etc.) indefectiblemente dicen que la salvación (regeneración) llega al hombre a través del bautismo de agua. Cuando un pecador le pregunta a un sacramentalista ¿Qué debo hacer para ser salvo, e ir al cielo? siempre le van a señalar hacia la fe en Cristo y al bautismo. Es decir, en lugar de dirigirlo hacia Dios y Jesucristo, lo primero que van a hacer es abrir la llave del agua del bautisterio. Es aquí donde muestran su verdadera naturaleza.

El verso que nos ocupa en este artículo es el único en toda la Biblia que dice "el bautismo ahora nos salva". ¿Es posible que Pedro contradiga aquí la enseñanza clara y masiva de la Biblia de que la salvación es por gracia solamente? Aun peor, ¿es posible que Pedro se contradiga dentro del mismo versículo? Nótese que luego de decir que "el bautismo ahora nos salva", Pedro inmediatamente agrega que el bautismo no tiene valor salvífico alguno ("no quitando las inmundicias de la carne").

De todas las normas hermenéuticas, el principio del contexto sigue siendo el príncipio indiscutido. Es el contexto el que decide cómo debemos interpretar las palabras del autor. ¿Qué queremos decir con "contexto"?

Primero: Hay un contexto literario en los párrafos inmediatos o en el capítulo del pasaje en cuestión. Estos deben ser leídos. Con sólo únicamente seguir este paso, se destruye el 90 % de los argumentos "bíblicos" de las sectas y los grupos aberrantes del cristianismo.

Segundo: Hay un contexto literario en todo el libro del cual el pasaje en cuestión forma parte.

Tercero: Existe un contexto de la analogía de la fe. Este determina que la interpretación válida de un texto nunca producirá una doctrina que es claramente condenada en el resto de la Biblia.

Cuarto: Existe un contexto histórico, cultural, religioso y lingüístico. Al examinar éste tendremos la ventaja de entender lo que una palabra o expresión significaba para el oyente o el lector en los tiempos bíblicos.

Vayamos ahora directamente al texto:

1 Pedro 3:18-22
“18 Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, muerto en la carne pero vivificado en el espíritu; 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20 quienes en otro tiempo fueron desobedientes cuando la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé, durante la construcción del arca, en la cual unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvadas a través del agua. 21 Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora os salva (no quitando la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección de Jesucristo, 22 quien está a la diestra de Dios, habiendo subido al cielo después de que le habían sido sometidos ángeles, autoridades y potestades”.

La traducción anterior es de la Biblia de las Américas. El verso 21 es una buena rendición del griego original: "Y correspondiente a esto, el bautismo ahora os salva". La palabra clave aquí es antitupon. Significa "correspondiente", "copia", "algo semejante a otra cosa", "correlacionado", etc. En otra versión se traduce la palabra como "lo que simboliza".

De lo anterior se desprende que el bautismo, según Pedro, es una representación, simbolismo, copia o tipo correspondiente a algo más. El bautismo aquí está siendo comparado o correspondido con algo. La pregunta sería ¿con qué? El contexto nos lo va a decir. La respuesta está en el versículo anterior (v. 20). ¿Qué fue lo que salvó a Noé y su familia? Obviamente fue el arca. Noé construyó el arca por fe y se salvó (Hebreos 11:7). El bautismo en este pasaje es sinónimo de fe.

Algo importante a tener en cuenta es que lo que salvó a Noé y su familia no fue el agua. Realmente ellos fueron salvados "del agua". Es por ello que la Biblia de las Américas expresa correctamente que Noé y su familia fueron salvados "a través del agua". El concepto sería que fueron preservados en medio de las aguas.

El agua fue el medio de destrucción que Dios usó para traer juicio a los pecadores (2 Pedro 2:5; 3:6), no el medio de salvación de Noé y los suyos. Desde el punto de vista práctico lo que salvó a esta familia bíblica fue el arca, y fue por fe que ellos entraron en el arca. Pretender decir que el agua del bautismo o el bautismo en sí es un medio de salvación, no es una noción que pueda ser lógicamente derivada del contexto.

Es adecuado, entonces, entender que Pedro compara o corresponde el bautismo cristiano con el arca. En el AT el arca es un tipo o prefigura de Cristo, y a una relación con Cristo sólo se entra por fe, de la misma manera que Noé entró al arca por fe. Esto armoniza con el resto de 1 Pedro 3:21, donde vemos que Pedro expresa que la resurrección de Cristo (y por inferencia el previo sacrificio) es lo que quita el pecado ("las inmundicias de la carne"). Así mismo Pedro afirma en el mismo verso que el bautismo es "el compromiso de tener una buena conciencia delante de Dios". Se concluye que es el sacrifico de Cristo, en el cual nosotros depositamos fe, lo que nos salva.

La controversia sobre este pasaje seguirá hasta que Cristo vuelva, pero la verdad es que un estudio responsable de la Palabra de Dios jamás podrá llevarnos a la conclusión de que el bautismo salva. Son demasiados los pasajes bíblicos que enseñan que la justificación es por fe, mientras que no existe ninguno que diga que es "por fe y bautismo".

El bautismo no tiene ningún valor salvífico pero sí tiene un gran valor cuando entendemos que es "el compromiso de tener una buena conciencia hacia Dios". En otras palabras, al bautizarnos hacemos una promesa de lealtad y obediencia hacia Dios. El valor del bautismo adquiere dimensiones celestiales cuando comprendemos que es el símbolo de nuestra identificación con la resurrección de Jesucristo en nuestra salvación y "esta salvación es posible por la resurrección de Jesucristo".

Muchas otras cosas se pueden decir para anular la posición de los sacramentalistas y las sectas en general, pero baste señalar que en la Biblia tenemos una clara instancia donde los creyentes son salvos antes de ser bautizados:

Hechos 10:44-48
“Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días”.


Cuando consideramos los puntos siguientes, es claro que estas personas fueron salvas antes de bautizarse:

1. El Espíritu Santo estaba sobre ellos y hablaron en lenguas.

2. Además, "magnificaban a Dios" (adoraban). Sólo creyentes pueden hacer tal cosa, los inconversos no pueden. La adoración al verdadero Dios es un asunto profundamente espiritual, completamente ajeno al incrédulo (1 Corintios 2:14). Por lo tanto, las personas en Hechos 10 fueron salvas antes de bautizarse. Este hecho no puede ser interpretado como una excepción.

Para finalizar, digamos que el bautismo, a pesar de no ser necesario para la salvación, es un paso obligatorio a ser dado por el creyente. Es un acto de obediencia y una ordenanza instituida por Jesucristo mismo (Mateo 28:19). Aquel que profesa ser cristiano y aún rehúsa bautizarse, quizá haga bien en examinarse y ver si su profesión de fe ha sido realmente genuina.


“Gracia y Paz”




martes, 10 de septiembre de 2013

¿DÓNDE DICE LA BIBLIA QUE HAY QUE SER MIEMBRO DE UNA IGLESIA?


¿Eres miembro de una iglesia? Quizás no lo veas necesario. Eso de ser miembro de una iglesia no suena muy espiritual ¿verdad?, Suena más bien a papeleo, a burocracia, justo lo que no necesitamos en la iglesia. Y hay cada vez más iglesias que no tienen una membresía formal, oficial; los creyentes que asisten a la iglesia son la gente de la iglesia y ya está. Y no pocos creyentes preguntan: “¿Dónde dice la Biblia que hay que ser miembro de una iglesia?”

Normalmente la pregunta es retórica; no se espera una respuesta – ya se sabe que la Biblia no dice en ninguna parte que haya que ser miembro de una iglesia ¿verdad?, Pero… ¿es así? Es cierto que no hay ningún versículo de la Biblia que diga: “Hay que ser miembro de una iglesia”. Pero yo sí creo que la Biblia enseña que todo creyente debería ser miembro de una iglesia local. ¿Dónde lo enseña? Pues, aquí van siete argumentos basados en cosas que dice la Biblia sobre el creyente y la iglesia local:


1. Miembros del cuerpo de Cristo

En 1 Corintios 12 el apóstol Pablo compara a las personas que constituyen una iglesia local con los miembros del cuerpo humano: “Así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (v.12). La comparación ocupa buena parte del capítulo, y llega a una conclusión en el versículo 27: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”. Aunque esto se pueda debatir, parece ser que en el contexto se está hablando de la iglesia local más que de la Iglesia universal.

Soy consciente de que la palabra “miembros” en este pasaje viene de la comparación con el cuerpo humano, y que por lo tanto se puede considerar metafórica cuando se aplica a la iglesia. No obstante, para que la comparación sea válida tiene que haber algo en la iglesia que corresponda a los miembros del cuerpo humano, y no parece que haya ninguna buena razón por la que este texto no pueda servir de punto de partida para una teología neo testamentaria de la membresía de la iglesia local.


2. La multitud de nombres

Después de la ascensión de nuestro Señor, leemos que “en aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo…” (Hechos 1:15), y a continuación el apóstol Pedro propone a los hermanos la elección de un sucesor de Judas Iscariote.

Ahora, lo que en este pasaje bíblico atañe a nuestro tema es un detalle interesante – y yo diría bastante significativo – en lo que viene entre paréntesis en el versículo 15. Una traducción literal de las palabras entre paréntesis sería algo así: “Y la multitud de nombres era, en total, sobre ciento veinte”. ¿Por qué “la multitud de nombres”? Si bien, como apuntan algunos comentaristas, no es el único caso del uso de la palabra “nombres” para “personas”, el lenguaje aquí se parece bastante al del libro de Números, cuando se habla de los censos que hubo en aquel entonces – “la cuenta de los nombres” (Números 1:2); “conforme al número de sus nombres” (Números 3:43); “la cuenta de los nombres” (Números 26:53); etc. Parece al menos una posibilidad razonable que Hechos 1:15 implique la existencia de algún tipo de registro de los primeros cristianos, y que se hubiese contado el número de los nombres que aparecían en ese registro. Si fuera así, sería otro indicio, muy temprano, del concepto de una reconocida membresía de la iglesia.


3. Añadidos a la iglesia

En el siguiente capítulo de Hechos de los Apóstoles, el capítulo 2, se nos dice que los nuevos creyentes fueron “añadidos a la iglesia”: “Se añadieron aquel día como tres mil personas” (v. 41); “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (v. 47b).

¿Qué significa ser “añadido a la iglesia”? Es cierto que podría ser una referencia a la Iglesia universal – cuando alguien llega a ser creyente, cuando se convierte, pasa a formar parte de esa Iglesia universal, el pueblo de Dios. Pero, ¿acaso no sugiere el contexto de Hechos 2 la iglesia local? Si se considera el bautismo en agua una ordenanza de la iglesia local, ¿no parece más natural, al leer: “Fueron bautizados; y se añadieron…” (v. 41), aplicar ambos verbos al ámbito de la iglesia local? Tal vez el lenguaje aquí nos ayude a definir la distinción (bastante importante) entre asistir a una iglesia y pertenecer a una iglesia.


4. Unidos a la iglesia

Todavía en el contexto de la Iglesia cristiana primitiva, leemos en Hechos 5:13: “De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos…”. En cambio, no mucho tiempo después, Saulo de Tarso, recién convertido, “trataba de juntarse con los discípulos” (Hechos 9:26a).

En ambos textos la palabra griega para “juntarse” es la misma palabra que se usa en el contexto de la unión matrimonial: “Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer…” (Mateo 19:5). Entonces, aplicada luego esa misma palabra a la unión y la comunión espiritual entre los creyentes, no parece que la idea sea la de juntarse en una simple reunión, como cuando nos juntamos con nuestros amigos, sino más bien la de juntarse en un vínculo más fuerte y permanente, como cuando se juntan dos piezas de una misma cosa con pegamento. De hecho, ¡nuestra palabra “cola” (de pegar con cola) parece estar relacionada con la palabra griega en cuestión! Otra vez, es la diferencia entre ir a la iglesia y ser de la iglesia.


5. Elecciones en la iglesia

La Iglesia cristiana aún era muy joven cuando surgieron los primeros problemas. Lucas nos habla de uno de esos problemas en Hechos 6: “Hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria” (v. 1). ¿Y la solución?: “Los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: …Buscad…de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo” (vv. 2-3). Y así lo hicieron: “Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban…” (v. 5).

De este pasaje surgen las siguientes preguntas, todas ellas relacionadas con el tema de la membresía de la iglesia: (1) ¿A quiénes se dirigieron los doce apóstoles cuando surgió este problema?; (2) ¿Quiénes podían participar en la búsqueda de los siete varones; (3) ¿Quiénes podían ser propuestos y nombrados para el trabajo en cuestión?; y (4) ¿Quiénes eligieron a los siete encargados de la distribución diaria? El pasaje sugiere una misma respuesta a las cuatro preguntas: “los discípulos”. A la hora de solucionar problemas, de tomar decisiones, de nombrar y elegir responsables, etc., tenía que haber un reconocimiento claro de las personas que podían participar en todo ello. ¿Cómo se distinguía entre las personas reconocidas como creyentes o discípulos y las personas que estaban con ellos pero que todavía no habían dado ninguna evidencia de haberse convertido? No hace falta que insistamos en la palabra “membresía”, pero el concepto parece necesario para este tipo de circunstancias. Hechos 15 (el concilio de Jerusalén) es otro caso parecido: “Pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones…” (v. 22).

No creo que sea difícil ver la necesidad hoy también de que se tenga claro quiénes pueden y quiénes no deben participar en toda una serie de actividades y responsabilidades en la iglesia local. La alternativa (que algunos han vivido) es el caos de hacer todo en las reuniones públicas, en las que cualquier persona, aunque no sea creyente, tiene voz y voto, con las (a veces) nefastas consecuencias para la causa del evangelio.


6. Los pastores y sus ovejas

En Hechos 20 (vv. 17 y ss.) tenemos el discurso del apóstol Pablo a los ancianos de la iglesia de Éfeso. En el versículo 28 leemos: “Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor…”. Una de las lecciones de este pasaje parece ser que los ancianos, los obispos y los pastores eran – y son – según el Nuevo Testamento, las mismas personas (aunque luego se puedan hacer matizaciones, basadas en algunos textos bíblicos). Pero otra lección, y una que tiene que ver con el tema que aquí nos ocupa, es que los líderes espirituales de las iglesias locales han sido puestos por el Espíritu Santo en el rebaño del Señor para que miren por las ovejas. Es decir, tienen una serie de responsabilidades, y tienen derecho a contar con una serie de actitudes, etc., de ciertas personas en particular: las personas que constituyen ese rebaño del Señor.

Un pastor (o anciano u obispo) no lo es de todos los habitantes de su congregación; es pastor de las ovejas del Señor de una iglesia local en particular. Pero ¿quiénes son esas ovejas? ¿Son todas las personas que asistan a la iglesia? ¿Son todos los creyentes que asistan a la iglesia? Por supuesto, un pastor querrá ayudar y servir a todas las personas que pueda; pero, ¿quién no sabe que hay incluso creyentes que no quieren ser pastoreados por nadie? No, este texto y la existencia de pastores (bajo el Señor, por supuesto) y ovejas también apuntan a la necesidad de un reconocimiento claro de quiénes son los que forman la iglesia local – es decir, de una membresía de la iglesia local.


7. Problemas en la familia

La palabra “iglesia” sólo se encuentra dos veces en los cuatro Evangelios: en Mateo 16:18 y en Mateo 18:17. El contexto de la segunda de estas dos referencias es el de la disciplina que tiene que haber en toda iglesia local: “Si tu hermano peca…”. El Señor Jesucristo dice cuáles son los pasos que se deben dar en aquellos casos que requieran esa disciplina. El tercer paso es: “Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia” (v. 17).

Cuando dice el Señor aquí: “la iglesia”, ¿a qué se refiere? ¿A quiénes hay que decirlo? ¿A qué personas hay que informar de cualquier caso que requiera disciplina? No parece muy apropiado anunciar a todos los presentes en una reunión pública los detalles de un pecado que se ha cometido, ¿verdad? Unos creyentes que estén visitando la iglesia ese día no tienen por qué enterarse de todos los problemas de la familia, ¡y menos aun las personas que ni siquiera son creyentes! Entonces, ¿cómo se hace? ¿Cuál es el foro apropiado para tratar ese tipo de situaciones? Parece difícil dar una respuesta convincente si no se cree en la membresía de la iglesia. En cambio, si existe esa membresía, nada más natural que tratar problemas de la familia en el seno de la familia que debe ser cada iglesia local.

El apóstol Pablo secunda la enseñanza del Señor sobre este tema en 1 Corintios 5 (entre otros pasajes), donde, en el contexto de un caso de inmoralidad, pregunta a los creyentes en Corinto: “¿No juzgáis vosotros a los que están dentro?” (v. 12). Y añade: “Porque a los que están fuera, Dios juzgará” (v. 13). Parece más natural entender las palabras “dentro” y “fuera” aquí no en el sentido físico – cualquier persona podría estar dentro de la iglesia físicamente – sino en el sentido de pertenecer a la iglesia, de ser miembro de la iglesia. Y, además, ¿cómo se puede practicar (cuando sea necesario) la excomunión – este pasaje en 1 Corintios 5 trata ese tema – si no hay una membresía de la iglesia?


Conclusión

Aunque a primera vista parezca bíblico, y hasta suene espiritual, afirmar que el tener una membresía de la iglesia no es algo establecido por Dios, sino algo impuesto por los hombres, creo que una reflexión seria sobre el tema llevará a la conclusión de que el tener esa membresía de la iglesia es necesario, bueno y bíblico. No se puede basar la teología cristiana en textos aislados: hay que profundizar en la enseñanza bíblica. Sin duda, ¡esto requiere más trabajo! Y hemos visto que lo que enseña la Biblia sobre el tema de este artículo es: (1) Que los creyentes de una misma iglesia local han de ser “miembros” los unos de los otros; (2) Que hay algunos indicios de una membresía en la iglesia primitiva; (3) Que los primeros cristianos no solo asistían a la iglesia; pertenecían a la iglesia; (4) Que en el Nuevo Testamento “juntarse” no significaba tanto estar con…, sino más bien ser de…; (5) Que la necesidad de tomar decisiones (a veces muy importantes), y de proponer, nombrar, elegir, ser elegido, etc., requiere un reconocimiento claro de quiénes tienen voz y voto; (6) Que los pastores necesitan saber con qué ovejas cuentan; y (7) Que existen problemas que son de la familia y por lo tanto hay que saber quiénes son de la familia y quiénes no.

Una de las características de nuestros tiempos es la falta de compromiso, ¿verdad? Es así en todos los ámbitos de la vida. Pues, una iglesia cristiana difícilmente puede ser lo que el Señor quiere que sea sin que haya creyentes comprometidos – con el Señor y con su causa – o sea, ¡verdaderos miembros de iglesia!

“No hay lugar en la Biblia que diga que podemos tener a Cristo como cabeza sin su cuerpo. [La iglesia] no adora a un Jesús decapitado”.

El congregarse en una iglesia local siempre nos ayudará a cumplir con una serie de cosas realmente importantes. La membresía en una iglesia local es importante porque:

1. Nos identifica con Cristo.
2. Nos distingue del mundo.
3. Nos guía a una vida de justicia de acuerdo a la justicia de Cristo tanto a nivel personal como comunitario.
4. Damos testimonio a los no creyentes.
5. Glorifica a Dios y nos permite disfrutar de su gloria.
6. Nos identifica con el pueblo de Dios.
7. Nos ayuda a vivir la vida cristiana gracias a que podemos rendir cuentas unos con otros como hermanos en la fe.
8. Nos hace ser responsable de creyentes específicos (personas concretas).
9. Nos protege del mundo, de la carne y del diablo.



“Gracia y Paz”

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Andrés Birch