jueves, 19 de septiembre de 2013

¿SON PARA TI LAS PROMESAS DE DIOS?



2 Pedro 1:3-4
“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”.

Este pasaje nos habla de “preciosas y grandísimas promesas” que nos ha dado Dios para que por ellas lleguemos a ser “participantes de la naturaleza divina”. Dice que estas promesas han llegado a nosotros “mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia”, es decir nuestro Señor Jesucristo, de quien proviene el poder para huir “de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”. Este es el propósito de Dios en nuestras vidas, que seamos “hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29), que la vida de Cristo se manifieste en nosotros y su carácter se refleje en nuestro comportamiento. Mientras este proceso se lleva a cabo en la vida del creyente, estas promesas están a su disposición.

Por ejemplo, en su carta a los filipenses, el apóstol Pablo les dice: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). ¡Preciosa promesa de Dios! Y en el versículo anterior les habla de la condición para que esta promesa se cumpla: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”. Es decir, tenemos que confiar, no debemos desesperarnos aun en medio de una prueba, sino venir delante de Dios en oración y esperar en él. Entonces sentiremos su paz inefable.

En Romanos 8:28 otra promesa nos dice que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.” ¿A quienes todas las cosas, incluyendo las pruebas más difíciles, les resultan para su bien? “A los que aman a Dios”, es decir a los que tratan de agradarle por medio de su obediencia (Juan 14:21). Esta promesa no se aplica a aquellos que no tienen en cuenta para nada la voluntad de Dios y dan rienda suelta a sus deseos. En Mateo 21:22 encontramos otra promesa. Aquí Jesús dice: “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. El Señor promete que todo lo que pidiéremos en oración lo recibiremos. Pero hay una condición: es necesario creer. Dice Hebreos 6:12 que debemos ser “imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas”.

En resumen, todas las promesas que encontramos en la Biblia son para aquellos que, habiendo aceptado a Jesucristo como salvador, obedecen la palabra de Dios y muestran su fe esperando con paciencia que se cumpla la voluntad de Dios. ¿Eres tú uno de ellos?

¿Y hay alguna promesa para los inconversos? Sí. Para ellos Juan 3:16 encierra la promesa más grande e importante de la Biblia: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. La promesa de la vida eterna. Pero hay una condición: Es necesario creer que Jesucristo es el Señor, que dio su vida en la cruz del Calvario por pagar nuestros pecados y que Dios le levantó de los muertos. Todo aquel que lo cree de todo corazón y lo confiesa con su boca es justificado y tiene la salvación de su alma, dice Romanos 10:9-10. Una vez dado este paso, todas las promesas de Dios se aplicarán a su vida.

Las promesas de Dios siempre tienen un propósito definido. Esto significa que lo que él nos da siempre tendrá trascendencia en nuestras vidas. Nuestra parte es cumplir con sus requisitos. Entonces podremos confiar en que recibiremos los beneficios de sus promesas. Dice Hebreos 10:23: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”. Ciertamente Dios es fiel y siempre cumple su palabra. Por eso Hebreos 10:35-36 nos exhorta de la siguiente manera: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”.

ORACIÓN:
Padre amado, te pido que me ayudes a ser sensible a la dirección de tu Espíritu de manera que mi manera de actuar honre y glorifique tu nombre, y tus promesas se cumplan siempre en mi vida. Por Cristo Jesús te lo pido, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

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