miércoles, 22 de octubre de 2014
¿SABES DEMOSTRAR EL AMOR A DIOS?
¿SABES DEMOSTRAR EL AMOR A DIOS?
Juan 14:21
“El que tiene mis mandamientos, y los
guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le
amaré, y me manifestaré a él”.
Un famoso consejero familiar cristiano con frecuencia
comienza sus conferencias con la pregunta: “¿Qué fortalece sus relaciones y qué
las debilita?” Exhorta sobre la necesidad de que ambos cónyuges deben demostrar
su amor por el otro con hechos más que con palabras. Esto, indudablemente, enriquece
y fortalece grandemente la relación.
La Biblia nos muestra un principio similar al referirse a
nuestra relación con Dios. En primer lugar conocemos del indescriptible amor de
Dios cuando leemos en Romanos 5:8 que “Dios muestra su amor para con nosotros,
en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. No existe una mayor
prueba de este amor “que excede a todo conocimiento” (Efesios 3:19) que
entregar a su hijo al sufrimiento y la muerte en la cruz con el fin de salvar
de la condenación eterna a todos aquellos que le habían dado la espalda. Pero
no sólo eso, sino que el Señor tiene planes de bienestar y prosperidad para sus
hijos, es decir aquellos que han creído en su Hijo y lo han aceptado como
salvador, dice Jeremías 29:11.
¿Cómo podemos nosotros corresponder a ese amor? La Biblia
está llena de pasajes que nos enseñan diferentes formas de expresarle a Dios el
amor que sentimos por él. Una de ellas es por medio de nuestra obediencia. En
el pasaje de hoy Jesús dice: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése
es el que me ama”. Es decir, el que ama al Señor es aquel que no solamente
conoce sus mandamientos sino que los obedece. En otras palabras, el verdadero
amor se manifiesta con hechos más que con palabras. Así dice Santiago 1:22:
“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a
vosotros mismos”.
También mostramos amor a Dios consolando a los que sufren
y haciendo buenas obras a aquellos que nos rodean. El apóstol Santiago escribe
en su epístola que la religión pura delante de Dios es esta: “Visitar a los
huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”
(Santiago 1:27). Es decir, hechos más que solamente palabras expresan mucho
mejor el amor que proviene del Espíritu Santo, y que por lo tanto agrada a
nuestro Padre celestial. Cuando le damos ánimo a alguien en medio de una
situación difícil, agradamos a Dios, y así le mostramos nuestro amor. Cada vez
que de alguna manera ayudamos a un necesitado, estamos demostrando al Señor que
le amamos.
Finalmente, demostramos nuestro amor al Señor cuando
pasamos tiempo con él diariamente. No hay señal más evidente de amor por una
persona que desear estar a su lado el mayor tiempo posible. David expresa su
amor por Dios, y nos exhorta a que lo hagamos nosotros cuando nos dice:
“Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón”
(Salmo 37:4). Deleitarse es sentir una gran satisfacción o placer al hacer
algo. Si de verdad amamos al Señor, disfrutaremos plenamente de su compañía. Y
Dios a su vez manifestará su amor concediéndonos los deseos de nuestro corazón.
Dice 1 Corintios 2:9: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni
oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado
para los que le aman”. Ciertamente no podemos imaginar todas las bendiciones
que Dios tiene preparadas para aquellos que le aman y le buscan cada día de
todo corazón, pero debemos creerlo porque lo dice su Palabra.
Hagámonos el propósito de mostrar nuestro amor a Dios
buscando su rostro en oración cada día de nuestras vidas, leyendo su Santa Palabra,
meditando en ella y poniéndola en práctica en toda ocasión que se nos presente.
La paz y el gozo de su Espíritu nos inundarán y seremos sumamente bendecidos.
Es su promesa.
ORACIÓN:
Mi amado Padre celestial, te ruego pongas en mi corazón
el fuego de tu Espíritu para amarte con la pasión y el fervor que tú mereces, y
ayúdame a demostrarte mi amor amando a los demás de la manera en que tú me amas
a mí. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
martes, 21 de octubre de 2014
¿DE VERDAD ES DIOS TU REFUGIO?
¿DE VERDAD ES DIOS TU REFUGIO?
Salmo 46:1-3
“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro
pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra
sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se
turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza”
Beatriz estaba desconsolada. Recientemente había perdido
su primer hijo, muerto unas horas después de nacido debido a complicaciones
respiratorias. Todas sus ilusiones acumuladas durante los nueve meses de espera
habían desaparecido en un momento. El trauma de esta experiencia había afectado
su relación con su esposo y con todos alrededor de ella. Estaba deprimida y
malhumorada. Culpaba a Dios por lo que había pasado y repetía: “Lo odio. ¿Por
qué tiene esto que pasarme a mí? ¿Por qué no me dio un bebé saludable? ¿Dónde
estaba Dios mientras yo sufría los dolores de parto? ¡Total, para nada!”
Aproximadamente al mismo tiempo, no muy lejos de Beatriz,
un piadoso líder cristiano, cuyo hijo adolescente acababa de morir en un
accidente automovilístico mostraba una actitud totalmente diferente. Por
supuesto este hombre y su esposa estaban devastados. Sus corazones estaban
destrozados a causa del dolor que estaban experimentando. Pero en medio de sus
lágrimas, este buen cristiano dijo: “Yo sé que puedo confiar en Dios. Él es un
Dios de amor. Él es mi refugio, y yo siento su fuerza y su compasión y su
cuidado por mí y por mis seres queridos. Mi esposa y yo y toda nuestra familia
estamos consagrados a Él como una expresión de nuestro amor y nuestra absoluta
confianza en su fidelidad”.
Ciertamente no alcanzamos a entender el misterio de por
qué Dios permite sufrimiento, dolor y aflicción entre sus hijos, pero podemos
contestar esta pregunta “¿Dónde estaba Dios mientras yo sufría?” En el mismo
lugar que estaba cuando su propio Hijo murió en la cruz por nuestros pecados.
Jesús advirtió a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad,
yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Sin duda en algún momento de nuestras
vidas, más tarde o más temprano, vamos a encontrar aflicción, el sufrimiento va
a llegar a nosotros, una tormenta emocional o espiritual se va a presentar,
pero en todos los casos hay una respuesta correcta, una actitud, sólo una:
Confiar en Dios y echarnos en sus brazos en medio del dolor y el sufrimiento.
Aquellos que confían en el Dios eterno como su refugio experimentarán la
realidad de su promesa en Deuteronomio 33:27: “El eterno Dios es tu refugio, y
debajo están los brazos eternos”.
Cuando nuestra actitud es ésta, de una manera milagrosa e
inexplicable, Dios nos da la paz que tanto necesitamos, esa paz que la Biblia
dice “sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7). Esa paz la encontró aquel
líder cristiano en medio de su dolor, porque él se echó en los brazos de amor
del Dios eterno, y buscó en él refugio en medio de la tormenta. Sin embargo
Beatriz se hundía más y más en la desesperación a medida que su actitud rebelde
la alejaba del amor y el consuelo del Señor.
Si estás en medio de una prueba, si estás sufriendo, no
te desesperes. Piensa que Dios está cerca; él ha prometido que nunca “nos
dejará ni nos desamparará”. Piensa además que Dios tiene control sobre todas
las circunstancias y todo lo que estás pasando en estos momentos tiene un
propósito, y ese propósito, aunque ahora es difícil creerlo, es bueno para tu
vida. Así lo afirma Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas
las cosas les ayudan a bien”. Confía en el Señor, clama a él, y él te
contestará. Aunque te resulte difícil hacerlo alábalo y di con toda confianza
que él está en control, que tú sabes que él te ama y que él será siempre tu
“amparo y fortaleza, y tu pronto auxilio en las tribulaciones”.
Oración:
Mi Señor y mi Dios, te doy gracias por tu fidelidad en
todas las circunstancias. Ayúdame a mantener firme mi confianza en ti, aún en
medio de las pruebas. Yo se que tú eres mi refugio y mi roca firme, y que tú
estarás conmigo hasta el fin del mundo. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
¡EL PERDÓN NOS LIBERA, SEAMOS LIBRES!
¡EL PERDÓN NOS LIBERA, SEAMOS LIBRES!
Efesios 4:31-32
“Echad fuera de vosotros la amargura, las
pasiones, el enojo, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Sed buenos
y compasivos unos con otros, y perdonaos unos a otros como Dios os perdonó en
Cristo”.
Si perdonamos a los que nos ofenden, Dios nos perdonará
nuestras ofensas.
En ocasiones andamos como “El Pípila” cargando la enorme
piedra del rencor que nos llena de amargura y nos envenena el corazón pero
también, literalmente, el cuerpo.
Quien se perjudica de la falta de perdón que sentimos
hacia los que nos han hecho daño, somos nosotros mismos.
Muchas veces la otra persona ni sabe que nos lastimó, y
otras, si acaso lo hizo con intención, la verdad, ni le importa.
Perdonemos a todos ellos, no por ellos, sino por amor, y
obediencia, a Dios, y por amor a nosotros mismos.
¡Que tengan excelente día!
Editado por Carlos Martínez M.
kcshekinná P. Torres
DIOS HACE LO BUENO… ¿Y NOSOTROS, QUÉ HACEMOS?
DIOS HACE LO BUENO… ¿Y NOSOTROS, QUÉ HACEMOS?
La Bendita Palabra de Dios dice que Dios creó los cielos
y la tierra y todo lo que en ellos hay. También nos dice que Él es bueno y que todo lo que hace
es bueno. Y que a los seres humanos nos dio la libertad de hacer nuestra
voluntad, aunque fuera diferente a la de Él.
Al escudriñar la Palabra de Dios encontramos que todo
cuanto existe es por su Gracia y Misericordia. Que los planetas y las estrellas
en el espacio, y las aguas en el mar se sostienen por el mismo poder de Dios. Y
que sus misericordias son nuevas cada mañana.
Si Dios es bueno…
Si todo lo que hace es bueno…
Y es todopoderoso y misericordioso, entonces…
¿Por qué hay catástrofes?…
¿Por qué hay guerras?…
¿Por qué existe el mal?
Y lo peor de todo: ¡¡¿¿Por qué Dios no hace nada al
respecto??!!
Porque Dios, después de crear todo para bien, le dio al
hombre la autoridad sobre la Tierra, para que ejerciera gobierno sobre ella (Génesis
1:28). Pero el hombre desobedeció a Dios y se dejo gobernar por el mal, por eso
el hombre tiene esa disposición innata para hacer el mal.
Recordemos que Dios nos ha dado libertad, y con esta
libertad los seres humanos hemos decidido, la mayoría de las veces, hacer las
cosas mal, de alguna u otra manera, en algún momento de nuestras vidas… hemos dañado al planeta, hemos odiado, hemos querido el poder, hemos dominado, sin importarnos el precio a
pagar. Somos los únicos seres vivos que nos matamos por “placer” y no por
supervivencia. Hemos estado destruyendo el único lugar que tenemos para vivir, el
planeta Tierra, en “pos del progreso”, de la comodidad y del placer.
La inteligencia (el conocimiento), y la maldad (falta de
sabiduría), son una muy mala combinación, pero una excelente fórmula para destruir el mundo y, por ende, destruirnos a nosotros mismos.
Si no hacemos consciencia de ello, pero una verdadera
consciencia y no un simple remordimiento, y hacemos algo al respecto (TODOS Y
CADA UNO DE NOSOTROS), no tendremos nada bueno que heredarle a nuestras
siguientes generaciones: ¡NUESTROS HIJOS, NIETOS Y BISNIETOS!
El problema no se resuelve con buenas intenciones… muchos
corazones están llenos de buenas intenciones. Debemos comenzar a hacer algo,
empezando por nuestro hogar, con nuestra familia, en nuestra comunidad, en nuestro
entorno social, dondequiera que andemos, predicar con el ejemplo.
Si cada uno de nosotros comenzamos a cambiar en nuestra
manera de pensar, nuestras acciones cambiarán y nuestro entorno cambiará; y con
esto habremos aportado un granito de arena para vivir mejor en el mundo.
Y tú, amado Amigo(a), Hermano(a):
¿Qué vas a hacer de hoy en adelante para cambiar favorablemente la vida
en nuestra casa terrenal? (El planeta donde vivimos). O piensas justificarte diciendo:
“Yo soy buena persona y yo no le hago mal a nadie”. medita muy bien en lo que puedes aportar y recuerda que tenemos un Dios de orden
(1 Corintios 14:40).
La Palabra de Dios dice: “A aquél, pues, que sabe hacer lo
bueno y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17). También dice que si alguien
hace algo malo y no se lo hacemos saber para que cambie, es a nosotros a quién
Dios le pedirá cuentas.
¡Gracia y Paz!
Editado por Carlos Martínez M
Kcshekinná
lunes, 20 de octubre de 2014
Mateo 7:13-14
Mateo 7:13-14
"Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan".
EL AMOR NO ES UN SENTIMIENTO, ES UNA DECISIÓN
El amor no es un sentimiento, es una decisión. No seas
INDIFERENTE, no seas motivo de una DESILUSIÓN.
Según la Santa Palabra de Dios, el verdadero amor incluye
por lo menos estas cuatro cosas:
1. DECIDIR— Debo decidir que amaré a la otra persona (no
importa lo que yo sienta hacia él/ella), sencillamente porque esa persona tiene
una necesidad y yo puedo satisfacer esa necesidad. El verdadero amor comienza
con un acto de VOLUNTAD.
2. DAR— Tengo que darme a mí mismo por el bien de la otra
persona. Mi preocupación no es lo que puedo obtener de la otra persona, sino lo
que yo puedo darle.
3. SACRIFICIO— Dar siempre involucra un sacrificio y un
costo. Mi amor por otra persona me puede costar dinero, puede costar mi tiempo,
puede costarme energía. Pero estoy dispuesto a gastarme y ser gastado por el
bienestar de la otra persona. El costo vale la pena (Hechos 20:25).
4. BUSCAR—Tengo que buscar lo mejor para la persona
amada. No quiero nada menos que lo mejor que Dios tiene para esa persona.
Gálatas 5:14
“Porque toda la ley en una palabra se cumple
en el precepto: AMARAS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO”.
¡Gracia y Paz!
¿ESTAREMOS LISTOS PARA EL DÍA DEL JUICIO?
Romanos 2:12-16
“Porque todos los que sin ley han pecado,
sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley
serán juzgados; porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino
los hacedores de la ley serán justificados. Porque cuando los gentiles que no
tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan
ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus
corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus
razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los
hombres, conforme a mi evangelio”.
La Biblia establece que todos los seres humanos somos
pecadores y por lo tanto estamos “destituidos de la gloria de Dios” (Romanos
3:23). Y dice también que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23a). Pero
inmediatamente nos muestra una preciosa esperanza producto de la misericordia y
la gracia de Dios: “…mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor
nuestro” (Romanos 6:23b). Leemos en la Palabra de Dios que Jesucristo es el
único camino para ir al cielo (Juan 14:6); que Dios mandó a su Hijo para que
“todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16); y
que “el que en él cree, no es condenado” (Juan 3:18a). Pero también leemos que
“el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del
unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18b).
En Juan 12:48 Jesús dice: “El que me rechaza, y no recibe
mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará
en el día postrero” Es decir, los que han tenido la oportunidad de escuchar las
buenas nuevas de salvación tienen dos alternativas: o rechazan las palabras de
Jesús y su invitación a la vida eterna, o creen en él y reciben la salvación de
su alma y la seguridad de vivir en el cielo por toda la eternidad.
Ahora bien, ¿cuál es el destino eterno de aquellos que
mueren sin haber tenido la oportunidad de conocer las buenas nuevas de
salvación? El pasaje de hoy trata de este asunto refiriéndose a los gentiles,
los cuales no estaban bajo la ley, mientras que los judíos conocían la ley.
Acerca de esto Pablo escribe que no hay diferencia en el hecho de que tanto
unos como los otros serán juzgados. Si no conoció la ley, será juzgado como
quien no conoció la ley. Si conoció la ley, será juzgado de acuerdo a la ley. Pero
aun estos (los que no conocieron la ley), dice el pasaje, tienen una “ley
escrita en sus corazones”. Un conocimiento instintivo del bien y del mal
implantado por Dios en cada ser humano, una conciencia que dará testimonio a
ellos, “acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos”. Este “sistema de
alarma interno” nos da un sentido del bien y el mal, porque fuimos creados a
imagen de Dios. Y con seguridad Dios tuvo un propósito al ponerlo en nosotros.
Una cosa es cierta: Todo ser humano algún día comparecerá
“ante el tribunal de Cristo” y recibirá “según lo que haya hecho mientras
estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”, dice 2 Corintios 5:10. Cuando ese
momento llegue para alguien que jamás escuchó hablar de Jesucristo y su
sacrificio redentor, Dios, en su justicia e infinita misericordia, lo juzgará
de acuerdo a lo que tuvo oportunidad de conocer. El Señor es soberano y él
emitirá juicio conforme a sus principios y a su voluntad, la cual es perfecta. Mientras
más luz llegó a esa persona mayor es su compromiso, pero el hecho de que no le haya
llegado la luz del evangelio no quiere decir que no tendrá responsabilidad ante
Dios.
Si tú has entendido que Jesucristo murió por pagar tus
pecados, y aun no lo has aceptado como tu único y suficiente Salvador, arrepiente
ahora mismo de todos tus pecados y eleva una oración a Dios pidiéndole perdón.
La Biblia dice que “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres
en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).
Si lo haces, puedes tener la completa seguridad de que cuando llegue el día en
el que tengas que comparecer ante el tribunal de Cristo, serás absuelto de toda
culpa, “pues ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos
8:1) ¡Amen!.
Oración:
Padre santo, gracias te doy por el precioso regalo de la
salvación que me has dado a través del sacrificio de Cristo, el cual me da la
seguridad de que cuando llegue el día en que tenga que partir de este mundo,
tendré entrada libre al cielo donde moraré contigo por toda la eternidad. En el
nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
¿SABES USAR LOS TALENTOS QUE DIOS TE DIO?
Todos tenemos talentos y habilidades que podemos utilizar
para la gloria de Dios. En Mateo 25:14-28 dice que a tres siervos les fueron dados
talentos: a uno cinco talentos, a otro dos y a otro un talento. En aquellos
días los talentos equivalían a dinero.
Esta parábola dice que los dos primeros hombres usaron
sus talentos y los duplicaron. Pero el tercero, sin embargo lo enterró en la
tierra y por eso su amo se disgusto. Fue llamado “malo” y “perezoso”. ¿Qué
lección nos deja esta historia? Dios nos ha dado a cada quien diferentes
talentos, y lo hizo para que los pongamos por obra. No para que los enterremos
en la tierra como lo hizo el tercer siervo.
Podemos ver también la historia de David, el era un joven
pastor de ovejas. Nadie se imagino lo importante que llegaría a ser en aquella
época. David tenía dos talentos: sabía tocar el arpa y utilizaba muy bien su
honda, habilidades que había desarrollado como pastor, peleando con osos y
leones.
1 Samuel 16:17-18.
“Y Saúl respondió a sus criados: Buscadme, pues, ahora
alguno que toque bien, y traédmelo. Entonces uno de los criados respondió
diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es
valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y
Jehová está con él”.
David, un humilde pastor, sin expectativas importantes,
pero con dos sencillos talentos que mejoró cada día, lo llevaron a ser ungido
por el Señor para posteriormente ser el Rey de Israel.
Así como estos ejemplos hay otros en la Biblia. Lo
importante es saber que Dios nos ha dado talentos especiales a TODOS.
Absolutamente TODOS tenemos talentos de Dios, lo verdaderamente triste es que
la gran mayoría esperamos que esos talentos sean: tocar un instrumento musical,
tener buena voz para cantar, predicar con poder, sanar enfermos y levantar
muertos. Si concretamente no tienes estos talentos, eso no significa que Dios
se haya equivocado contigo y que no te haya dado ningún talento.
Recuerda, Dios es soberano y él puede usarte como menos
te lo imagines. Dios actúa en cada uno de nosotros de manera muy particular, es
por esta razón que te animo a que desarrolles los talentos que Dios te ha dado,
sean cualesquiera que sean; posiblemente sea “tocar el arpa”, pues entonces
practica y practica porque quizás ese talento te lleve al reino; posiblemente
sea “la honda”, pues entonces practica y practica porque quizás algún día
tendrás un “gigante” que destruir y ese talento será utilizado por Dios en ese
momento. Probablemente te cueste mucho trabajo saber cómo utilizar tus
talentos, pero toma en cuenta que Dios tiene múltiples maneras de actuar y
nosotros los seres humanos no tenemos la capacidad de comprender el potencial
que Dios tiene para nosotros.
David jamás se imagino que saber tocar el arpa, tan bien
como lo hacía, lo llevaría al palacio a tocarle a Saúl; igualmente nunca le
paso por la mente que un día su habilidad con la honda lo ayudaría a derrotar
al gigante. Así es Dios, él utiliza nuestros talentos para llevarnos a lugares
insospechados.
Probablemente te hagas esta pregunta: ¿Cuales son mis
talentos? Pues yo te digo que cualquier cosa que te guste hacer, piensa en que
eso es lo que lo puedes utilizar para honrar a Dios. Puede ser que te guste el
arte, o escribir poemas, etc. etc. Lo que sea, si pones por obra ese talento y
le das al Señor un poco de lo que tienes, el Señor te va dar más (Mateo 25:21).
Si en ti no vez el talento que deseas, no te desesperes pues Dios te puede usar
de manera inimaginable. Así es nuestro Dios, creativo y misericordioso.
Deja que el Señor te use. Hoy en día las iglesias están
muy necesitadas de personas con creatividad. Desarrollar nuestros talentos en
la iglesia no necesariamente es tocar música, cantar, saber predicar, etc.
Nuestra misión como cristianos es llevar el evangelio de Nuestro Señor
Jesucristo hasta lo último de la tierra. Y eso lo podemos hacer utilizando los
talentos que tenemos. Expresa el amor de Dios por medio de tu creatividad, usa tus
manos, tus píes. Usa los talentos que Dios te dio porque algún día Él te pedirá
cuentas, y te va a preguntar ¿Que has hecho con lo que te di? ¿Y tú, que le vas
a responder?
¡Gracia y Paz!
sábado, 18 de octubre de 2014
¿VES LA BONDAD DE DIOS EN TU VIDA?
Salmo 31:19
“¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado
para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los
hijos de los hombres!”
Muchas veces pensamos en Dios en términos de fortaleza y
poder, y aunque sabemos que es un Padre amoroso lleno de gracia y misericordia
olvidamos resaltar en nuestra relación con él su infinita bondad. En el pasaje
de hoy, el salmista hace énfasis en la grandeza de la bondad de Dios al decir:
“¡Cuán grande es tu bondad...!”
El Diccionario de la Real Academia Española define la
palabra “bondad” como “Disposición natural a hacer el bien”. Hacer el bien es
fácil cuando se trata de aquellos a los cuales amamos o a los que se han
portado bien con nosotros, pero es prácticamente imposible que hagamos bien a
los que nos han herido u ofendido de alguna manera. Sin embargo la bondad de
Dios se ha manifestado a través de los siglos aun en aquellos que le han dado
la espalda y le han ofendido. La expresión más grande de la bondad de Dios se
reveló en el sacrificio de su Hijo en la cruz del Calvario. En su justicia, él
miró a un mundo pecador y corrupto, el cual estaba condenado a muerte por causa
de sus pecados (Romanos 6:23), pero movido por su bondad y su amor infinito
colocó todos nuestros pecados sobre su Hijo unigénito, para que “todo aquel que
en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Cuando la humanidad se encontraba sin esperanza, envuelta
en sus delitos y pecados, Dios abrió la puerta para la redención por medio de
la sangre de Jesucristo. Así lo expresó el apóstol Pablo en su epístola a su
hijo espiritual Tito: “Porque nosotros también éramos en otro tiempo
insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites
diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a
otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor
para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros
hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la
regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en
nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados
por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida
eterna” (Tito 3:3-7).
Cuando entendemos que la bondad es una expresión absoluta
del carácter y la naturaleza de Dios, entonces podemos confiar en que él
dispone todas las cosas (aún las que a nosotros no nos parecen buenas) para el
bien de quienes le aman, y podemos descansar tranquilamente en la certeza de su
bondad y su amor. Así lo dice en Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a
Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su
propósito son llamados” ¿Y quiénes son los que aman al Señor? Jesús nos dice en
Juan 14:21: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama;
y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”.
Dios tiene planes en nuestras vidas, y éstos planes son
buenos, planes de paz y de bienestar, dice Jeremías 29:11. Para que estos
planes se lleven a cabo y la bondad de Dios se manifieste en nuestras vidas, es
necesario que guardemos sus mandamientos y permitamos que él dirija nuestros pasos.
La escritura de hoy nos afirma que Dios ha guardado su indescriptible bondad
para los que te temen y los que esperan en él. Habrá ocasiones en las que
tengamos que atravesar un desierto, quizás haya dificultades, escasez y
sinsabores, pero si depositamos nuestra confianza en el Señor, y esperamos en
él, podemos tener la absoluta seguridad que su bondad se manifestará sobre
nosotros y nuestros seres queridos.
En su carta a los romanos, Pablo les recuerda que “si
siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho
más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Romanos 5:10). Así es
que cualesquiera sean las circunstancias que te rodeen, mantén viva en tu
corazón una esperanza y una alabanza al Señor por su infinita bondad y
misericordia. Así nos exhorta 1 Crónicas 16:34: “Aclamad a Jehová, porque él es
bueno; porque su misericordia es eterna”
ORACIÓN:
Amante Padre celestial, te doy gracias de todo corazón
por tu amor y tu bondad. Ayúdame a ser obediente y a permanecer firme esperando
en ti, en todas las circunstancias, para que tu bondad se manifieste sobre mí y
yo pueda disfrutar de tus bendiciones. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
viernes, 17 de octubre de 2014
¿SIENTES QUE TE HAN ACUSADO INJUSTAMENTE?
¿SIENTES QUE TE HAN ACUSADO INJUSTAMENTE?
Génesis 3:11-13
“Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas
desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre
respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.
Entonces Yahweh Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la
mujer: La serpiente me engañó, y comí”.
Después que pecaron desobedeciendo las órdenes de Dios,
tanto Adán como Eva, al ser confrontados por su Creador, intentaron quitarse la
culpa y echarla sobre alguien. Adán culpó a Eva, y Eva culpó a la serpiente.
Desde aquel momento y a través de los siglos siempre ha habido una tendencia en
el ser humano a echar la culpa en los demás y descargar en ellos el temor y la
frustración de una mala situación.
En muchas ocasiones la culpa cae sobre alguien que es
totalmente inocente. Cualquiera de nosotros puede, en algún momento, ser
acusado de algo que no ha hecho. El rey David pasó por esta experiencia. En el
Salmo 31 él expresa su dolor ante la campaña de calumnias y falsas acusaciones
que se estaba llevando a cabo en contra de él. Allí dijo: “Porque oigo la
calumnia de muchos; el miedo me asalta por todas partes, mientras consultan
juntos contra mí e idean quitarme la vida. Mas yo en ti confío, oh Yahweh;
digo: Tú eres mi Dios” (Salmo 31:13-14). Sin duda eran momentos de mucho pesar
los que estaba viviendo el rey David, pero él optó por dejarlo todo en manos de
Dios, depositando su confianza y su seguridad en él.
También Jesús fue acusado injustamente. Fue juzgado y
condenado por una muchedumbre enfurecida que prefirió darle la libertad a un
ladrón asesino y que lo crucificaran a él. Sin haber cometido un solo pecado,
el Señor tuvo que sufrir la horrible muerte de cruz, reservada en aquellos
tiempos para los malhechores. Sin embargo, en lugar de vengarse de todos ellos,
teniendo el poder para hacerlo, Jesús clamó a Dios diciendo: “Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).
Es ciertamente muy doloroso y frustrante ser acusados
injustamente. Lo más probable es que si te sucede a ti, sientas deseos de
vengarte. Sin embargo, la Biblia nos advierte en Romanos 12:19: “No os venguéis
vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito
está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”. Si tú te empeñas en
vengarte, amargarás tu vida, perderás el gozo y la paz, y lo más probable es
que te traiga malas consecuencias. Mejor deja que Dios se encargue del asunto,
pues él lo va a hacer mucho mejor que tú. No consideres a esa persona un enemigo
porque tú no tienes adversarios humanos. Recuerda que “no tenemos lucha contra
sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los
gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de
maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Y a todos ellos los venció
Jesucristo en la cruz del Calvario.
Cualquiera que te acuse injustamente indudablemente es
una persona necesitada de la gracia de Dios. Va a ser necesario que pongas toda
tu confianza en Dios para tratar con ella en forma piadosa, que es lo que el
Señor espera. Confía en que Dios está desarrollando tu carácter aún por medio
de esa persona que te ha producido sufrimiento. No le pagues con la misma
moneda, no pienses en venganza, no permitas que el enemigo te use. Más bien
bendice a quien te acusó y deja todo en manos de Dios. Él se encargará del
asunto. ¿Te resulta imposible? Lo más probable es que si, pero yo te animo a
que clames a Dios por su ayuda, y su Santo Espíritu te capacitará para logarlo.
Y la paz y el gozo del Señor inundarán tu corazón.
ORACIÓN:
Padre Santo, te suplico aumentes mi fe de manera que yo
deposite en ti toda mi confianza, y no intente vengarme aun cuando me hayan
acusado injustamente. Por favor, saca de mi corazón todo resentimiento y dame
la fuerza para actuar con misericordia, conforme a lo que tú nos enseñas en tu
Palabra. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
jueves, 16 de octubre de 2014
PADRE, CAMBIA MI CORAZÓN...
Dios nos pide que cambiemos el odio por amor, la tristeza
por alegría, la enemistad por la paz, el desasosiego por la paciencia, la
maldad por bondad, la rudeza por amabilidad, la deslealtad por fidelidad, la
soberbia por humildad y el descontrol o desenfreno, por control propio.
Ese cambio es muy difícil para nosotros, pero es el fruto
del Espíritu de Dios en nosotros. Pídele a tu Padre celestial, que te llene con
Su Espíritu y podrás cambiar y ser obediente a lo que Dios te pide. No temas a
ese cambio.
¡Gracia y Paz!
Siguiendo a Jesús
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