sábado, 13 de septiembre de 2014

ORACIÓN


ORACIÓN

Salmo 86:11 
“Enséñame, oh Señor, tu camino; caminaré yo en tu verdad”






¿ESTÁS CAMINANDO EN LA DIRECCIÓN CORRECTA?



¿ESTÁS CAMINANDO EN LA DIRECCIÓN CORRECTA?

Salmo 25:4-5
“Muéstrame, oh Señor, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día”

La tendencia natural del ser humano es sentirse totalmente capaz de seguir su propia dirección en la vida y obtener el éxito. Esta es una característica que se ha transmitido de generación en generación a partir del momento en que Adán y Eva decidieron seguir las instrucciones de Satanás y apartarse del camino que les había indicado su Creador. Las consecuencias, como todos sabemos, fueron desastrosas. De manera similar sufrió el pueblo de Israel debido a su desobediencia. Por medio del profeta Jeremías, Dios les recuerda lo que él les ordenó el día que los sacó de la esclavitud en Egipto. Dice Jeremías 7:23: “Esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y andaréis en todo camino que yo os envíe para que os vaya bien”. Sin embargo los israelitas no siguieron sus instrucciones, por lo que Dios seguidamente añadió: “Pero no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante”.

Los golpes y fracasos que sufrimos en la vida nos llevan a reconocer que somos incapaces de determinar cuál es la dirección correcta que debemos seguir. Esto crea las condiciones para comenzar a depender de Dios y caminar en sus caminos. El rey David pecó fallándole al Señor de una manera terrible. Primero cometió adulterio con una mujer casada. Después trató de ocultar su acción y llegó hasta el homicidio, planeando la muerte del esposo de esta mujer. Pero más tarde se arrepintió de todo corazón y clamó a Dios por su perdón. En el pasaje de hoy David reconoce su incapacidad de caminar en la dirección correcta y expresa su dependencia del Señor al pedirle que le muestre sus caminos. Entonces le dice: “Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación”. Al final de su vida, siendo muy anciano, David escribió el Salmo 37 donde derrama su experiencia en el caminar con el Señor. En el versículo 5 nos da un sabio consejo: “Encomienda al Señor tu camino, y confía en él; y él hará”. Este es básicamente el proceso mediante el cual los hijos de Dios maduran espiritualmente, y llegan a conocer íntimamente al Señor.

Conocer a Dios implica caminar en su verdad. Esto es, conocer su palabra y aplicarla en nuestras vidas. Por medio de la lectura diaria de la Biblia aprendemos lo que Dios desea que nosotros sepamos: sus mandamientos, la manera en que él se ha manifestado en tantas ocasiones diferentes a través de los siglos, los testimonios de cientos de hombres y mujeres que confiaron en él y salieron victoriosos por medio del poder divino, las enseñanzas de Jesús, los principios morales y los valores espirituales que un hijo de Dios debe cultivar, expuestos en las diferentes epístolas. En fin, la Palabra de Dios contiene todo lo que necesitamos para vivir una vida victoriosa, si la obedecemos. David lo entendió perfectamente, por eso en el Salmo 86:11 escribió: “Enséñame, oh Señor, tu camino; caminaré yo en tu verdad”. Entonces clama: “Afirma mi corazón para que tema tu nombre”. Un corazón firme es aquel que confía plenamente en la dirección y en el amor de Dios. Aquel en el cual el Espíritu Santo ha producido su fruto. Como resultado sentimos el temor reverente al nombre del Señor y deseamos alabarle de todo corazón y glorificar su nombre con nuestro testimonio.

David se desvió del camino recto y caminó en dirección opuesta a Dios por un tiempo. Pero recapacitó, y el Señor en su inmensa misericordia escuchó su clamor, lo perdonó, y le mostró el camino de la verdad. La vida de David es un testimonio de la victoria que nos espera cuando rectificamos la dirección que llevábamos y dejamos que Dios nos dirija. La Biblia nos cuenta que David “murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas y de gloria” (1 Crónicas 29:28).

Haz del pasaje de hoy tu oración constante. Pide al Señor que te enseñe sus caminos, que te encamine en su verdad, que te guíe en la dirección correcta.


¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

viernes, 12 de septiembre de 2014

ORACIÓN

Jeremías 29:11

“Porque yo sé los planes que tengo para vosotros planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza”



¿CONOCES LOS PLANES QUE DIOS TIENE PARA TU VIDA?



¿CONOCES LOS PLANES QUE DIOS TIENE PARA TU VIDA?

Jeremías 29:11
“Porque yo sé los planes que tengo para vosotros planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza”

Uno de los descubrimientos más maravillosos en la vida de una persona es conocer que está en este mundo porque Dios tiene un propósito para su vida. En el libro “Una vida con propósito” se encuentra escribió lo siguiente: “Fuiste creado por Dios y para Dios, y hasta que lo entiendas, tu vida no tendrá ningún sentido”. La escritura de hoy nos dice que Dios tiene planes para nosotros, y que sus planes son buenos, pues él desea darnos un futuro de esperanza, de bienestar y de felicidad.

Dios tiene un plan general para toda la humanidad. Es su deseo librarnos de la condenación que cayó sobre nosotros cuando Adán y Eva pecaron. Con ese fin envió a su Hijo Jesucristo, “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Cuando creemos en Jesucristo, y lo aceptamos como nuestro Salvador somos librados de la condenación del pecado y tenemos vida eterna. Este es el propósito fundamental de Dios en nuestras vidas. Y una vez somos justificados, él desea conformarnos a la imagen de su Hijo para que vivamos junto a él por la eternidad, dice Romanos 8:29.

Además, Dios tiene un plan específico y personal para cada ser humano. Su plan para ti es diferente a su plan para mí. Ambos proceden de Dios, pero hechos a la medida de nuestras personalidades exclusivas, y de las circunstancias que envuelven nuestras vidas. Pero no solamente Dios tiene un plan para ti, sino que está muy interesado en que tú sepas cuál es ese plan. En su carta a los efesios, el apóstol Pablo dice: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5:15-17). Es tu responsabilidad conocer cuál es la voluntad de Dios, cual es su plan en tu vida. Para ello debes andar como sabio, no como necio o insensato. Debes buscar la sabiduría que viene de Dios por medio de una vida de comunión con él, leyendo su palabra diariamente y pasando tiempo en oración cada día de tu vida.

Ahora bien, muchas veces hemos estado orando por mucho tiempo y no hemos tenido respuesta. Si esto te está sucediendo en estos momentos, debes analizar tu vida para descubrir la posible razón. Quizás sea una de las siguientes:

Tu propia voluntad puede estar estorbando la voluntad de Dios para tu vida. Si tú decides lo que quieres que ocurra en tu vida, es posible que le estés diciendo a Dios con tus acciones que no te interesa su plan. Entonces él espera que cambies tu actitud para actuar.

El pecado no confesado en tu vida puede ser un obstáculo. Ese pecado puede estar endureciendo tu corazón hasta el punto de la sordera espiritual, la cual te impide oír las instrucciones del Señor. ¿Hay algo que se interpone entre tú y Dios hoy, que necesita ser eliminado? Piénsalo bien.

Una simple duda puede afectar tu relación con Dios. La duda es totalmente opuesta a la fe. Y “sin fe es imposible agradar a Dios”, dice Hebreos 11:6. Cree de todo corazón que Dios desea lo mejor para ti, y quiere revelarte sus planes para tu vida.

La influencia negativa de otras personas puede estar alejándote del plan de Dios. Como en el caso de Job, debemos ser precavidos de los que parecen bien intencionados pero realmente son “amigos” terriblemente equivocados que nos ofrecen orientación totalmente errónea.

El afán puede estar afectando tu relación con Dios. ¿Estás tan afanado en tus propios planes que te impide tener un momento a solas con el Señor? La Biblia nos dice en Filipenses 4:6-7: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

Busca el rostro del Señor cada día, ora, lee su palabra, medita en ella. El Espíritu Santo te capacitará para escuchar su voz y, cuando sigas sus instrucciones, podrás disfrutar de la vida abundante que Dios ha planeado para ti.

ORACIÓN:
Padre santo, gracias te doy por los planes que tú tienes para mí. Dame un oído fino y un corazón receptivo para escuchar y obedecer tus instrucciones, y que esos planes se hagan realidad en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

martes, 9 de septiembre de 2014

¿TE SIENTES COMO EL HIJO PRODIGO?



¿TE SIENTES COMO EL HIJO PRODIGO?

Lucas 15:11-24
“También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.”

Jesús les refirió esta parábola a un grupo de fariseos y publicanos que le criticaban porque él trataba con los “pecadores”. Se trata de un joven que le pidió a su padre su parte de la herencia, y se fue lejos, y “allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente”. Aquel joven decidió alejarse de su padre que le amaba, y se dedicó a dar rienda suelta a los deseos de la carne. Esta ilustración nos muestra lo que sucede cuando pecamos. El pecado nos aleja de nuestro Padre celestial, y por lo tanto de sus bendiciones, de su paz, de su gozo. Generalmente todo comienza con un pensamiento que está fuera de la voluntad de Dios. Después surge el deseo de llevarlo a cabo. Finalmente, la decisión de ponerlo en práctica. Quizás por un tiempo todo parecerá estar bien, pero, al igual que este necio joven, en algún momento descubriremos que nuestra conducta nos lleva a la desgracia.

Es entonces que se presentan dos alternativas. Una es continuar en el mismo camino de pecado, lo cual siempre conduce a la desesperación, y en muchos casos al suicidio. La otra es reconocer que hemos pecado, arrepentirnos y venir a Dios con un corazón contrito y humillado. Esta parábola nos describe una actitud como ésta. Dice que llegó un momento en que el joven “volviendo en sí”, es decir reconociendo su grave error, recapacitó y cambió totalmente la dirección de su vida, emprendiendo el regreso a su hogar. Tan pronto su padre lo vio de lejos, “corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó”. Inmediatamente ordenó una gran comida para celebrar el regreso de su hijo amado diciendo: “Hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”. Restauración completa: perdonado, justificado y recibido de vuelta en la familia con gozo y alegría.

Muchas veces Dios permite que lleguemos a un punto tan bajo en el que solamente podemos mirar hacia arriba. Él desea perdonarnos, anhela restaurarnos y que volvamos a vivir cerca de él, pero es necesario una actitud humilde de nuestra parte que nos lleve a reconocer y confesar nuestro pecado. 1 Juan 1:9 dice que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. El hijo pródigo actuó de esta manera. Reconoció su pecado y lo confesó al decir: “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. Entonces se levantó de su miseria, y con un corazón arrepentido regresó donde su padre.

La enseñanza de esta parábola es muy clara. Jesús nos muestra el amor y la infinita misericordia de nuestro Padre celestial. ¿Caíste en pecado? ¿Puedes hacer lo que hizo el hijo pródigo? Tu Padre celestial te espera con los brazos abiertos, para perdonarte y restaurarte.

ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias por tu amor perdonador y restaurador. Hoy me acerco a ti en busca de tu misericordia y tu gracia. Me arrepiento de haberte fallado y confieso ante ti mi pecado. Por favor perdóname. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

lunes, 8 de septiembre de 2014

¿TIENES TU CONFIANZA PRIMERO EN EL SEÑOR?



¿TIENES TU CONFIANZA PRIMERO EN EL SEÑOR?

Jeremías 17:5-8
“Así dice el Señor: Maldito el hombre que en el hombre confía, y hace de la carne su fortaleza, y del Señor se aparta su corazón. Será como arbusto en el yermo y no verá el bien cuando venga; habitará en pedregales en el desierto, tierra salada y sin habitantes. Bendito es el hombre que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor. Será como árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces junto a la corriente; no temerá cuando venga el calor, y sus hojas estarán verdes; en año de sequía no se angustiará ni cesará de dar fruto”

Norma y Luis habían estado felizmente casados por más de cinco años. Hacía tres años había nacido un niño que había traído aún más felicidad a esta pareja. Económicamente habían prosperado mucho, se llevaban muy bien, se amaban, en fin todo parecía indicar que era el matrimonio ideal. Un día, de manera inesperada, llegó la noticia bomba a oídos de Norma: Luis le había sido infiel por más de un año, con Marta, su mejor amiga desde que ambas eran unas adolescentes.

El negocio de Ernesto había progresado enormemente. Ahora podía darse el lujo de tomarse unos días de vacaciones de vez en cuando con su familia. Realmente necesitaba el descanso después de muchos años de trabajar duramente 14 o 15 horas diarias, 7 días a la semana. Por suerte podía estar tranquilo, pues sabía que podía dejarlo todo en manos de su “mano derecha” y amigo José Luis, el cual había demostrado que era muy eficiente en el manejo del negocio. Pero un día, Ernesto recibió una llamada de su contador, citándolo a una reunión urgente. Allí se enteró que su “hombre de confianza”, le había estado robando por medio de facturas falsificadas a nombre de clientes que no existían.

Lamentablemente, situaciones como estas no suceden de manera esporádica, sino todo lo contrario; con frecuencia nos encontramos en la vida grandes decepciones, generalmente producto de haber puesto nuestra confianza en alguien que después nos traicionó. Pero, ¿cómo podemos evitar estos desengaños? Ciertamente no es posible para nosotros saber qué hay en el corazón de las demás personas. Alguien puede estar fingiendo fidelidad, pero en realidad sus intenciones son otras. O quizás sus propósitos fueron buenos al principio, y después en algún momento cayó en tentación. El pasaje de hoy nos da una clara advertencia que debemos tener en cuenta siempre: Aquel que confía en una persona sin tener en cuenta la dirección de Dios es “maldito”, es decir está predestinado a sufrir malas consecuencias. ¿Qué, pues debemos hacer?

En Hechos capítulo 10, la Biblia nos habla acerca de una situación que puede servirnos como una gran enseñanza. Cuenta que en la ciudad de Cesarea “había un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios”, el cual oraba cuando se le ordenó en una visión que enviara hombres a buscar al apóstol Pedro a la cercana ciudad de Jope, quien le diría lo que él tenía que hacer en aquel momento. Cuando estos hombres llegaron donde Pedro, él estaba orando, y allí el Espíritu le dijo: “He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado”. En otras palabras: “No te preocupes. Puedes confiar en ellos”. ¡Qué maravillosa seguridad envuelven estas palabras! ¡Si nosotros pudiésemos estar tan seguros al poner nuestra confianza en alguien!

El pasaje de hoy dice también: “Bendito es el hombre que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor”. Puedes confiar plenamente en Dios porque él ha demostrado con creces su amor por nosotros, porque todo lo sabe y todo lo puede, porque es fiel y nunca nos falla y porque él ha prometido que “no te dejará, ni te desamparará” (Deuteronomio 31:6). No nos dice esta enseñanza que debemos desconfiar de todos los que nos rodean, sino que debemos confiar primeramente en el Señor, y buscar en él el discernimiento espiritual para saber en quién y hasta qué punto podemos depositar nuestra confianza en un momento determinado. Y, de alguna manera, el Espíritu Santo, como hizo con Pedro, nos lo hará saber.

ORACIÓN:
Mi Padre amante Celestial, te doy gracias porque puedo depositar en ti toda mi confianza sin temor a que me vayas a fallar. Te ruego me des discernimiento para ver más allá de una amistad o una relación al momento de confiar en una persona. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla

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martes, 2 de septiembre de 2014

¿SABES CUAL ES TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO?



¿SABES CUAL ES TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO?

1 Corintios 6:19-20
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

A medida que el momento de su muerte se acercaba, Jesús se refirió con frecuencia al Consolador que él enviaría. Los discípulos recibían esa noticia con mucha tristeza, pues amaban al Señor y no podían aceptar que él no estuviese más junto a ellos. Sin embargo Jesús los alienta diciéndoles: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré” (Juan 16:7). Esta promesa se cumplió el día de Pentecostés en el cual el Espíritu Santo se manifestó de manera poderosa (Hechos capítulo 2). Ese día miles de judíos aceptaron a Jesucristo como salvador, y así surgió la iglesia de Cristo, es decir un grupo de creyentes que se reúnen para alabar y adorar al Señor, independientemente de cuál sea el lugar de la reunión. En Hechos 2:46-47 leemos: “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. Han pasado más de dos mil años, y aquellos que han creído en Cristo continúan congregándose, sabiendo que el Señor está siempre presente en la persona del Espíritu Santo.

En 1 Reyes 8:27-30, después de la construcción del nuevo templo en Jerusalén, el rey Salomón manifestó: “He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?” Salomón afirma que Dios es demasiado grande para ser contenido dentro de un edificio. No obstante, clamó al Señor diciendo: “Que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa”, para que cuando un israelita orase en ese lugar, Dios escuchara en los cielos y contestara la oración. Unos cinco siglos después, como resultado de la muerte de Jesucristo en la cruz del Calvario, su posterior resurrección y la venida del Espíritu Santo, aquel templo de piedra fue reemplazado por uno de carne y hueso. Este es el cuerpo de cada persona que ha aceptado a Jesucristo como salvador. Así lo afirma el apóstol Pablo en 1 Corintios 3:16-17: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”.

En resumen, “la iglesia de Cristo” es un grupo de creyentes que se reúnen en un local o edificio para adorar a Dios. El “templo” es el cuerpo de cada creyente, en el cual reside el Espíritu Santo. Por eso, en la escritura de hoy, Pablo dice: “Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. Es responsabilidad de cada cristiano cuidar de ese templo (su cuerpo), glorificar a Dios con su comportamiento y vivir una vida de santidad que honre su presencia en nosotros. La manera de cuidar de este templo es manteniendo una vida de oración constante, leyendo la Biblia, meditando en ella y aplicándola a nuestro diario vivir.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, gracias por haber establecido que tu Santo Espíritu viniese a morar en el corazón de los que han creído en tu Hijo Jesucristo. Te ruego me ayudes a estar consciente de este privilegio, y que mi testimonio siempre honre la presencia de tu Santo Espíritu en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla

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domingo, 31 de agosto de 2014

HUMILDAD, LA FORTALEZA DE LOS JUSTOS


Colosenses 3:12

“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”

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LA VIDA DE TODO CRISTIANO ES COMO UNA MELODIA



La vida de todo cristiano es como una melodía en donde cada instrumento de nuestro andar tiene que estar afinado para poder entonar una hermosa canción que llegue como un olor fragante delante de la presencia de Dios.

Cuando un instrumento esta desafinado, no produce el sonido perfecto que su ejecutor espera. Dios como Ejecutor de nosotros como sus instrumentos, anhela sacar de nosotros la mejor melodía, anhela que cada uno de nosotros estemos afinados y que de nuestra vida salga la mejor canción que sus oídos puedan escuchar.

De manera que nosotros como instrumentos de Dios, debemos de llevar el compás y los tiempos en la melodía que Dios anhela que toquemos. Sí, porque Dios como todo un director musical anhela que cada instrumento suyo este afinado de la mejor forma y que sepa llevar los tiempos de la melodía que Él en su Santidad debe escuchar.

2 Corintios 13:11
“Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros”.

¡Gracia y Paz!


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viernes, 29 de agosto de 2014

ORACIÓN



ORACIÓN:
Amado Abba Padre, en el esplendor de este nuevo día, te doy gracias por tu misericordia. Por favor dame paz, sabiduría y fortaleza. Hoy quiero glorificar tu santo Nombre con mi testimonio. Quiero mirar al mundo con ojos llenos de amor. Ser paciente, comprensivo, humilde y bueno cómo lo eres tú conmigo. Amar a mis semejantes como a mí mismo y verlos no en sus apariencias sino cómo los ves tú mismo, para así poder apreciar la bondad de cada uno.


Cierra mis oídos a toda murmuración. Guarda mi lengua de toda maledicencia. Que sólo los pensamientos que bendigan permanezcan en mí. Quiero ser bien intencionado y buena persona, de manera que todos los que se acerquen a mi sientan tu presencia. Revísteme de tu bondad Señor y haz que en este día yo haga todo en Cristo y para Cristo, en el nombre de Jesús, Amen.

martes, 26 de agosto de 2014

ORACIÓN



Quizás pienses que no tienes la habilidad para servir al Señor, realizando una cierta función, pero no te preocupes, si realmente lo deseas hacer, dispón tu corazón, prepárate espiritualmente leyendo la Biblia y pasando tiempo en oración diariamente y él te capacitará para que le sirvas.

ORACIÓN:
Padre santo, por favor quita de mi toda pereza mental y espiritual, dame un corazón dispuesto a servirte. Ayúdame a esforzarme en mi crecimiento diario, leyendo tu palabra y buscando tu rostro en oración cada día para estar preparado siempre para servirte en todo lo que tú requieras de mí. En el nombre de Jesús, Amén.


¡Gracia y Paz!

¿ESTÁS PREPARADO PARA SERVIR AL SEÑOR?



¿ESTÁS PREPARADO PARA SERVIR AL SEÑOR?

Éxodo 34:1-2
“Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste. Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte”.

Por regla general, prepararse para algo requiere esfuerzo y dedicación. Con el fin de prepararse para un examen de Matemática, por ejemplo, el estudiante debe dedicar horas al estudio de la parte teórica de la materia, así como a la práctica de los ejercicios y problemas correspondientes. En el proceso de preparación para una competencia deportiva, los atletas dedican tiempo diariamente a practicar su correspondiente deporte, tratando de mejorar en el aspecto físico y llegar a un estado óptimo en cuanto a resistencia, fuerza, flexibilidad muscular, etc. Los soldados se preparan para la guerra por medio de prácticas incesantes de estrategias y técnicas militares, al igual que del manejo de diferentes tipos de armas.

En el aspecto espiritual se requiere también una preparación, la cual comienza con un corazón dispuesto para el Señor. En el pasaje de hoy, Dios le dice a Moisés que se prepare para encontrarse con él al día siguiente en el monte Sinaí. Allí le daría las instrucciones que él debía transmitir al pueblo de Israel. De igual manera nosotros debemos estar preparados para encontrarnos con Dios cada día, listos para escucharle y obedecerle. Dios nos ha provisto de herramientas para nuestra capacitación. La primera de ellas es su palabra. Dice 2 Timoteo 3:16-17: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. Por medio de la lectura diaria de la Biblia vamos conociendo cada vez más a nuestro Padre celestial, y el Espíritu Santo usa esta palabra para instruirnos y corregirnos de manera que se logre el propósito de Dios de transformar nuestro carácter, y prepararnos “para toda buena obra”.

Otra herramienta poderosa con la que contamos es la oración. La oración nos permite acercarnos a Dios, depositar en él nuestras cargas, confesar nuestros pecados y ser limpios por la sangre de Cristo (1 Juan 1:9). Por medio de la oración, el Espíritu Santo fortalece nuestra fe y nos da sabiduría y discernimiento espiritual para entender la Palabra de Dios. Con el fin de prepararse para su ministerio aquí en la tierra, Jesús pasó cuarenta días en el desierto orando y ayunando. (Mateo 4:1-11). Allí se enfrentó a las tentaciones del diablo venciendo en cada ocasión mediante las verdades escritas en las Escrituras muchos años antes. Después de este período de preparación estuvo listo para enfrentarse a los muy difíciles tres años que le esperaban, en los cuales llevaría a cabo el plan de salvación de Dios para esta humanidad.

Es necesario que estemos preparados, especialmente con un corazón dispuesto a servir al Señor. Dios espera de nosotros un esfuerzo, una actitud que refleje un corazón deseoso de servir, entonces él se manifiesta con todo su poder. Así le dijo a Josué al darle la responsabilidad de sustituir a Moisés como líder del pueblo israelita: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito” (Josué 1:8). El joven Josué siguió al pie de la letra las instrucciones, y entonces llevó al pueblo de Israel a tomar posesión de la tierra prometida. También el apóstol Pablo estaba mental y espiritualmente preparado para servir al Señor en todo lo que fuera necesario, incluso hasta morir por él. Así lo expresa en Hechos 21:13: “Yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, más aún a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús”.

Quizás pienses que no tienes la habilidad para realizar una cierta función, pero no te preocupes. Si realmente deseas servir al Señor, dispón tu corazón, prepárate espiritualmente leyendo la Biblia y pasando tiempo en oración diariamente y él te capacitará para que le sirvas.

¡Gracia y Paz!
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