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sábado, 22 de julio de 2017

Lucas 15:22


El mejor vestido, como restauración de amor

"Pero el padre dijo a sus siervos: sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.  Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta" (Lucas 15:22).

Sin una sola palabra de amonestación por nuestro pasado, nuestro Padre celestial expresa, sin restricción el amor que siente por sus hijos e hijas, y expresa su gozo por haber hallado lo perdido.

Cuando nos arrepentimos del pecado y venimos al Padre, su poderoso amor nos besa, nos perdona, nos cubre, nos muestra misericordia, nos viste y nos da autoridad.

Acércate a Su presencia, no sigas más a la distancia. Desecha tus ropas de jornalero y vístete con las ropas de hijo que Él te ha preparado.

Confiadamente vive bajo Su bendición y cobertura.  En cada paso, nuestro gran pastor nos guía y aleja de todo mal. Cada uno de los regalos del Padre representa algo único para nosotros, como aceptación de Su eterno perdón.

Celebra la fiesta que se ha preparado para ti, con el mejor vestido, como restauración de amor y protección.

¡Gracia y Paz!

Pan de Vida

viernes, 10 de abril de 2015

¿ESTÁS TOMANDO EN CUENTA LAS ADVERTENCIAS DE DIOS?


Génesis 19:12-14
“Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar; porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido de punto delante de Yahweh; por tanto, Yahweh nos ha enviado para destruirlo. Entonces salió Lot y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y les dijo: Levantaos, salid de este lugar; porque Yahweh va a destruir esta ciudad. Mas pareció a sus yernos como que se burlaba”.

La historia de la destrucción de Sodoma y Gomorra es muy conocida por todos. Dios reveló a Abraham que destruiría estas dos ciudades porque su pecado era muy grave (Génesis capítulo 18). Abraham intercedió por los justos de la ciudad, y Dios le contestó que no la destruiría si encontraba diez justos en la ciudad. Lamentablemente ni siquiera diez justos había, pues el Señor decidió enviar dos ángeles con la misión de demoler aquel lugar. El pasaje de hoy nos muestra una conversación de los dos ángeles con Lot, el sobrino de Abraham. Dice que los varones le dijeron a Lot que sacara a su familia de la ciudad, porque la iban a destruir. Lot avisó a sus yernos, pero éstos pensaron que él bromeaba, es decir no creyeron la advertencia del suegro; así que Lot marchó solo con su esposa y sus hijas. Después que ellos estuvieron fuera, Dios envió una lluvia de fuego y azufre que incineró completamente ambas ciudades con todos sus habitantes (Génesis 19:24-25).

Muchos siglos después, respondiendo preguntas a un grupo de fariseos acerca de cuándo habría de venir el reino de Dios, Jesús hizo referencia a estos acontecimientos, y les dijo: “Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste” (Lucas 17:28-30). El día que Jesús regrese a la tierra sucederá algo similar a lo que sucedió en Sodoma. Y al igual que los yernos de Lot, muchos no creerán en esta advertencia y correrán la misma suerte. Otros creerán, como creyó Lot, y se librarán de la condenación.

Hace años un barco que pasaba por debajo de un puente en la ciudad de Saint Petersburgh, Florida, golpeó accidentalmente una de sus columnas y ésta se quebró, haciendo que parte del puente cayera al vacío. Era de noche y varios automóviles que en ese momento trataban de cruzar el puente, sin percatarse de lo que había sucedido, cayeron al mar. Un automovilista que venía a corta distancia se dio cuenta y pudo frenar a tiempo. Enseguida se bajó de su auto, y comenzó a hacer señas a los que se acercaban para que se detuvieran, pero ninguno hizo caso, quizás pensando que él estaba pidiendo algún tipo de ayuda. Continuaron su camino y este hombre, con horror, pudo ver como uno a uno esos vehículos caían al vacío. Finalmente algunos se dieron cuenta y comenzaron a detenerse antes de llegar al enorme hueco en el puente. Muchos años después, aquel hombre no había podido borrar de su mente aquella escena tan trágica de automóviles cayendo al mar y sus ocupantes muriendo ahogados, sólo por no hacer caso a la voz que los alertaba del peligro.

La Palabra de Dios advierte al mundo del peligro del pecado, y es clara en cuanto a las consecuencias del mismo: condenación eterna. Pero también nos habla de una esperanza en Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Esta esperanza es para los que creen que Jesús es el Hijo de Dios, quien murió en la cruz con el fin de pagar la deuda de nuestros pecados, y después resucitó venciendo a la muerte. A los demás, aquellos que no creen, les espera la muerte eterna. Así dice Juan 3:18: “El que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”. Como cristianos, es nuestro deber hablar al mundo del inmenso amor de Dios, y la salvación a través de Jesucristo. Y también debemos advertirles acerca del peligro de no creer.

ORACIÓN:
Bendito Dios que estás en los cielos, te ruego me des discernimiento para entender espiritualmente esta enseñanza, y sabiduría para transmitirla a aquellos que no te conocen, de manera que puedan ver claramente el peligro al cual se están enfrentando. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

martes, 27 de enero de 2015

¡MANTEN TU LAMPARA ENCENDIDA!


Dios da a Todos la oportunidad de salvarnos. El Dios Justo de la Biblia "Quiere que Todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad" (1 Timoteo 2:4). Dios dice claramente que no quiere "que ninguno perezca, sino que TODOS procedan al arrepentimiento" (2 Pedro 3:9). Todos tenemos la oportunidad de elegir ser salvos o elegir rechazar esta salvación, porque Cristo "es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de TODO EL MUNDO" (1 Juan 2:2).


¡Gracia y Paz!
Carina Pirani‎

martes, 9 de septiembre de 2014

¿TE SIENTES COMO EL HIJO PRODIGO?



¿TE SIENTES COMO EL HIJO PRODIGO?

Lucas 15:11-24
“También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.”

Jesús les refirió esta parábola a un grupo de fariseos y publicanos que le criticaban porque él trataba con los “pecadores”. Se trata de un joven que le pidió a su padre su parte de la herencia, y se fue lejos, y “allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente”. Aquel joven decidió alejarse de su padre que le amaba, y se dedicó a dar rienda suelta a los deseos de la carne. Esta ilustración nos muestra lo que sucede cuando pecamos. El pecado nos aleja de nuestro Padre celestial, y por lo tanto de sus bendiciones, de su paz, de su gozo. Generalmente todo comienza con un pensamiento que está fuera de la voluntad de Dios. Después surge el deseo de llevarlo a cabo. Finalmente, la decisión de ponerlo en práctica. Quizás por un tiempo todo parecerá estar bien, pero, al igual que este necio joven, en algún momento descubriremos que nuestra conducta nos lleva a la desgracia.

Es entonces que se presentan dos alternativas. Una es continuar en el mismo camino de pecado, lo cual siempre conduce a la desesperación, y en muchos casos al suicidio. La otra es reconocer que hemos pecado, arrepentirnos y venir a Dios con un corazón contrito y humillado. Esta parábola nos describe una actitud como ésta. Dice que llegó un momento en que el joven “volviendo en sí”, es decir reconociendo su grave error, recapacitó y cambió totalmente la dirección de su vida, emprendiendo el regreso a su hogar. Tan pronto su padre lo vio de lejos, “corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó”. Inmediatamente ordenó una gran comida para celebrar el regreso de su hijo amado diciendo: “Hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”. Restauración completa: perdonado, justificado y recibido de vuelta en la familia con gozo y alegría.

Muchas veces Dios permite que lleguemos a un punto tan bajo en el que solamente podemos mirar hacia arriba. Él desea perdonarnos, anhela restaurarnos y que volvamos a vivir cerca de él, pero es necesario una actitud humilde de nuestra parte que nos lleve a reconocer y confesar nuestro pecado. 1 Juan 1:9 dice que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. El hijo pródigo actuó de esta manera. Reconoció su pecado y lo confesó al decir: “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. Entonces se levantó de su miseria, y con un corazón arrepentido regresó donde su padre.

La enseñanza de esta parábola es muy clara. Jesús nos muestra el amor y la infinita misericordia de nuestro Padre celestial. ¿Caíste en pecado? ¿Puedes hacer lo que hizo el hijo pródigo? Tu Padre celestial te espera con los brazos abiertos, para perdonarte y restaurarte.

ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias por tu amor perdonador y restaurador. Hoy me acerco a ti en busca de tu misericordia y tu gracia. Me arrepiento de haberte fallado y confieso ante ti mi pecado. Por favor perdóname. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

miércoles, 23 de julio de 2014

¿CREES QUE NO DEBISTE HACERLO…?



¿Crees que no debiste hacerlo…?

Abdías 1:12-14
“No debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano, en el día de su infortunio; no debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que se perdieron, ni debiste haberte jactado en el día de la angustia. No debiste haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su quebrantamiento; no, no debiste haber mirado su mal en el día de su quebranto, ni haber echado mano a sus bienes en el día de su calamidad. Tampoco debiste haberte parado en las encrucijadas para matar a los que de ellos escapasen; ni debiste haber entregado a los que quedaban en el día de angustia. Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza”.

Este pasaje es una reprimenda de Dios al pueblo de Edom. Este pueblo, descendientes de Esaú, eran vecinos y enemigos de Judá; y eran arrogantes, amargados y resentidos. Esta amonestación del Señor ha estado vigente durante siglos, y aun hasta nuestros tiempos, sobre una humanidad que con demasiada frecuencia ha rechazado o ignorado las enseñanzas y los consejos de un Dios de amor y misericordia. En nuestra relación con las demás personas muchas veces actuamos de maneras en que no debimos haber actuado. Hemos herido a alguien, o hemos sido indiferentes a su dolor, o incluso nos hemos alegrado de su desgracia. Muy profundo en el corazón de Dios hay un fuerte reproche ante esta actitud.

“No debiste” es el regaño de Dios para los edomitas. Primero les dice: “No debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano, en el día de su infortunio”. ¡Cuántas veces nos limitamos a mirar insensiblemente a nuestro prójimo que está en desgracia! Somos simples espectadores del mal ajeno, pero no somos movidos a compasión. Algo así como la actitud del sacerdote y del levita en la parábola del “Buen samaritano” (Lucas 10:25-37). Dice que ambos “vieron” al hombre herido y “pasaron de largo”. Simplemente, no se conmovieron ante el infortunio de aquel hombre y no hicieron nada por ayudarlo.

Después Dios les dice: “No debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que se perdieron”. ¡Aún peor! No sólo no ayudaron al que estaba en desgracia, sino que se alegraron de su mal. Sentimientos tales como la envidia o los celos pueden producir en nosotros este tipo de actitud. Los próximos “no debiste” son progresivamente peores. Nos hablan de sacar ventajas personales de la persona caída, de robar, y por último del homicidio. Realmente da la impresión que este pasaje se refiere a los tiempos actuales. Cuando miramos a nuestro alrededor, o cuando vemos las noticias por la televisión o leemos los periódicos podemos aplicar estas palabras de Dios a través del profeta Abdías a nuestras propias vidas y la vida de los que nos rodean.

El pasaje termina con una fuerte advertencia: “Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza”. Sin lugar a dudas algún día recogeremos el producto de nuestras acciones. Un dicho popular advierte: “Con la vara que midas serás medido”. Y la Biblia lo dice claramente en Gálatas 6:7: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. ¿Cómo, pues, debemos actuar con los que nos rodean? El apóstol Pablo nos dice: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2:3) ¿Es así como tratas siempre a los demás? ¿O crees que no debiste tratar a esa persona como lo hiciste?

Si deseamos agradar a Dios con nuestro testimonio, debemos guardar esta enseñanza en nuestros corazones, y ponerla en práctica cada vez que se presente la oportunidad. Nunca debemos dejar de tratar con amor a todos los que nos rodean, aún a los que nos han ofendido. Recuerda que “como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza”. De ti depende recibir abundantes bendiciones de Dios.

ORACIÓN
Bendito Dios, yo deseo tratar a los demás con el amor y la compasión que te caracteriza. Renuncio a los celos, la indiferencia, el rencor y cualquier otro sentimiento negativo. Por favor, lléname de tu amor para poder dar amor a los que me rodean y tratarlos conforme a tus deseos. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla

lunes, 21 de julio de 2014

YAHWEH EXHORTA A ISRAEL Y A JUDÁ AL ARREPENTIMIENTO



Yahweh exhorta a Israel y a Judá al arrepentimiento

Jeremías 3:6-11
“Me dijo Jehová en días del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Ella se va sobre todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, y allí fornica. Y dije: Después de hacer todo esto, se volverá a mí; pero no se volvió, y lo vio su hermana la rebelde Judá. Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó. Y sucedió que por juzgar ella cosa liviana su fornicación, la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con el leño. Con todo esto, su hermana la rebelde Judá no se volvió a mí de todo corazón, sino fingidamente, dice Jehová. Y me dijo Jehová: Ha resultado justa la rebelde Israel en comparación con la desleal Judá.

Estas escrituras revelan el nivel de rebeldía y desobediencia del pueblo elegido de Dios, sin embargo, por la Gracia y Misericordia infinitas de Dios este pueblo es llamado, una vez más, al arrepentimiento. Sabemos que desde el éxodo hasta la época actual Dios siempre ha exhortado a su pueblo a que se vuelvan a Él.

Obviamente esta exhortación no es solo para el pueblo judío literal, es decir, para los nacidos en Israel, sino que en el corazón de Dios está que “todos procedamos al arrepentimiento”. Al decir “todos” estamos hablando de los judíos literales, los que nacieron en Israel y de los gentiles los que no nacimos en aquella nación.

Quiero hacer mucho énfasis en que esta exhortación no fue solo para los israelitas y judíos de aquella época. Esta exhortación es aplicada también a los tiempos actuales, vuelvo a decir, tanto a los judíos literales no creyentes, como a nosotros los judíos espirituales que decimos ser cristianos, pero que vivimos en desobediencia.

Romanos 9:6-8
“No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes”.

Aquí, el Apóstol Pablo está diciendo que los hijos de Abraham son los que creemos en el Señor Jesucristo y no los judíos literales y físicos. Y lo mismo, pero en otras palabras, les repite a los de Galaxia:

Gálatas 3:28-29
“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”.

No puede ser más claro, para con Dios no existe ningún favoritismo en cuanto a la raza, ya que todos somos una sola raza, porque todos venimos de Adán. Los judíos literales no tienen ningún favoritismo de parte de Dios, están en la misma condición que todos los que no nacimos en Israel: sin Cristo están bajo la condenación; en Cristo, son parte del verdadero Israel porque  son parte de la verdadera Iglesia de Cristo. De hecho, el verdadero Israel es la iglesia, los verdaderos hijos de Abraham son los creyentes, el verdadero Judío es el creyente y la verdadera Jerusalén no es la que existe allá en el medio oriente, sobre la cual los judíos y los musulmanes se estas peleando desde tiempos ancestrales.

No es judío el que lo es exteriormente, sino el que lo es interiormente. El verdadero judío es el verdadero cristiano.

Veamos ahora la siguiente escritura:

Romanos 2:25-29
“Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión. Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión? Y el que físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley. Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios”.

La Iglesia cristiana es el verdadero Israel, es decir, los que hemos sido circuncidados del corazón, los creyentes en Cristo Jesús, somos los verdaderos judíos, la nación santa, el verdadero pueblo de Dios. En la actualidad, los judíos literales, los que por su nacionalidad se dicen ser Judíos, pero que no creen en Jesús, ellos son incircuncisos y por lo tanto, aunque crean ser el “pueblo verdadero de Dios”, lamentablemente no lo son. Ellos verán la ira de Dios.

Los verdaderos hijos de Dios no son los que nacen de carne ni de sangre, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Solo los que han nacido de nuevo y tienen fe en Cristo serán salvos y heredarán las promesas de Dios.


¡Gracia y Paz!

miércoles, 14 de mayo de 2014

1 Pedro 4:7











1 Pedro 4:7
“Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed pues templados y velad en oración”




Marcos 13:32-33













Marcos 13:32-33
“Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”


Marcos 13:13












Marcos 13:13
“…mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo”.


¿ESTÁS PREPARADO PARA LO QUE SE TE PRESENTE EN LA VIDA?


¿Estás preparado para lo que se te presente en la vida?

1 Juan 4:10
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”.

¿De cuantas formas crees que Dios puede llamarte? Piensa en tan solo alguna de estas palabras: Biopsia, cáncer, mioma, sida, despedido, divorcio, adulterio, hurto, quiebra, fracaso, solo por nombrar algunas.

La iglesia está llena de personas que han experimentado alguna de estas palabras en su vida y han atendido el llamado de rendirse a los pies de Cristo, buscando rescate y consolación. Yo soy una de esas personas que ahora me encuentro viviendo las consecuencias de algunas estas palabras.

Por todo esto, amado amigo, amada amiga, yo te invito a que no esperes a conocer de cerca una de estas palabras, ni sus consecuencias, para acercarte a Jesús y reconocerlo plenamente como el Señor y Salvador de tu vida. Atiende el llamado que Dios te haciendo ahora mismo, y entrégale tu corazón a Jesucristo para que viva en tu vida y puedas enfrentar con esperanza y gozo cualquiera de las situaciones que lleguen a tu vida. 

¡Gracia y Paz!

Pan de vida

viernes, 22 de noviembre de 2013

¿QUIERES SER LIBRE E INDEPENDIENTE?


Lucas 15:11-24
"También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse".

Jesús estaba hablando a un grupo de “publicanos y pecadores”. Mientras, “los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come” (Lucas 15:1-2). En el pasaje de hoy Jesús les refiere una parábola. Es la historia de un hombre joven que quiso ser independiente.

Los placeres del mundo son temporales y generalmente llevan a un final de miseria y desesperación. Aquellos que dan rienda suelta a sus deseos carnales creen que son libres e independientes, pero en realidad son esclavos de sus pecados; y generalmente no se percatan de ello. Por eso Dios permite circunstancias en sus vidas en las que llegan tan al fondo que no les queda otra dirección a la cual dirigir sus ojos que hacia arriba. Esto le sucedió al joven de la parábola, el cual llegó a un punto en el que ni siquiera tenía algo para comer. Y dice este pasaje que en medio de aquella situación desesperada, él, “levantándose, vino a su padre”.

Es posible que durante nuestras vidas nos enfrentemos a situaciones que nos lleven a un punto de desesperación en el cual llegamos a reconocer que sólo Dios puede salvarnos. Y es entonces que comenzamos a buscarlo activamente y a depender totalmente de él. Esta es una de las paradojas de la vida cristiana: Para ser libres e independientes tenemos que llegar a depender de Dios totalmente. Cuando lo hacemos de corazón, a medida que nuestra comunión con el Señor se va fortaleciendo, podremos disfrutar de una paz, una libertad y una independencia nunca antes conocida.

La misericordia de Dios es tan grande que, sin importar lo que hayamos hecho, donde hayamos estado y cuan bajo hayamos llegado, él nos recibe de la misma manera que aquel padre recibió al hijo pródigo y derrochador de la parábola. Él abre sus brazos y nos da la bienvenida, deseando llenarnos de sus bendiciones y celebrando nuestro regreso a casa. Sólo se requiere una decisión de nuestra parte. Venir a Dios es el primer paso para nuestra liberación.

ORACIÓN:
Amante Padre, una vez más te doy gracias por Jesucristo y por la oportunidad que me brindas a través de él de ser completamente libre e independiente de la esclavitud y las cadenas de este mundo. Ayúdame a depender de ti cada vez más en todos los aspectos de mi vida, para que la victoria y la verdadera libertad de la resurrección sean una realidad en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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jueves, 14 de noviembre de 2013

¿QUE CONLLEVA EL ARREPENTIMIENTO?



Lucas 3:8
“Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento”.

Hechos 26:20
“Anuncié… que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento”.

Arrepentirse es mucho más que lamentarse por las faltas cometidas. También es sentir tristeza y vergüenza ante Dios por haberlo deshonrado. El arrepentimiento conlleva una nueva manera de pensar y de vivir a partir del momento en que uno se arrepiente. Transforma nuestro plan de vida, nuestros valores, nuestra moral y nuestras acciones, por el hecho de que empezamos a ver el mundo con los ojos de Dios. Para una transformación así es necesario dejar completamente de lado al yo.

El llamado al arrepentimiento es uno de los temas más constantes de la Biblia. La necesidad de arrepentirse está claramente mostrada en los mandamientos dados a Moisés, y se repite continuamente en los profetas.

También es un punto predominante en el Nuevo Testamento. Es el único mensaje de Juan el Bautista: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2). Una de las primeras palabras pronunciadas por Jesús en público fue: “Arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Antes de ir al cielo, Jesús dijo a sus discípulos que el arrepentimiento para perdón sería predicado en su nombre a todas las naciones. Las palabras «arrepentirse» y «arrepentimiento» aparecen más de cuarenta veces en el Nuevo Testamento.

El arrepentimiento es un elemento indispensable para la conversión a Jesucristo. En seguida, los que son realmente convertidos muestran mediante sus actos la realidad de ese cambio.


“Gracia y Paz”

La Buena Semilla