miércoles, 21 de mayo de 2014
¿ERES CONSTANTE EN LA ORACIÓN?
¿Eres constante en
la Oración?
1 Tesalonicenses 5:17
“Orad sin cesar.”
La oración es una herramienta poderosa que el Señor nos
ha dado para que la utilicemos para nuestro beneficio. Es el medio que tenemos
para hablar con Dios, es decir, para comunicarnos con él. Desde la Creación, el
plan de Dios fue tener una relación íntima con el ser humano. A través de los
siglos él no ha cambiado, y en su Palabra nos exhorta a buscar esa relación por
medio de la oración.
Hay un poder sobrenatural en la oración, pero es necesario
que lo creamos para que sea efectivo. Jesús les dijo a sus discípulos en Marcos
11:24: “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo
recibiréis, y os vendrá”. Cuando pedimos, debemos hacerlo principalmente con el
fin de que se haga la voluntad de Dios en nuestras vidas, y no teniendo como
fin fundamental satisfacer nuestros propios deseos. Entonces esta promesa se
convertirá en realidad, y recibiremos conforme a los propósitos de Dios, quien
conoce nuestras necesidades más íntimas. Así les dijo Jesús a sus discípulos:
“Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis”
(Mateo 6:8). Si pedimos creyendo esto de corazón, siempre vamos a recibir más
de lo que esperábamos y de mucha mejor calidad, pues nuestro Dios “es poderoso
para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o
entendemos”, dice Efesios 3:20.
Nuestra relación con los demás también se fortalece a
través de nuestra comunión con Dios. Es la voluntad del Señor que nos amemos
unos a los otros. Este amor podemos expresarlo intercediendo unos por los
otros. Santiago 5:16 dice: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad
unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”.
Oración eficaz es aquella que tiene poder, que produce resultados. Tenemos que
creer lo que decimos cuando oramos. No debemos orar de manera automática sin
una dirección o propósito específico.
La frecuencia con que oramos define nuestra comunión con
el Señor. Ya sea para hacerle una petición, o adorarlo, o alabarlo, o
arrepentirnos de algún pecado, o para darle gracias, cada vez que oramos
fortalecemos nuestra relación con nuestro Padre celestial. En el pasaje de hoy,
el apóstol Pablo nos exhorta a orar “sin cesar” porque él llegó a entender
profundamente la importancia y el poder de la oración. Cuando Pablo dice: “Orad
sin cesar”, no se refiere específicamente al acto de orar de rodillas, o con
los ojos cerrados, o cuando estamos en el templo; esto no podemos hacerlo en todo
momento. Su consejo, realmente, es una exhortación a que vivamos en constante
comunión con Dios. Tenemos un ejemplo de esto en Mateo 17, donde Jesús liberó a
un muchacho reprendiendo a un demonio que lo atormentaba, después que los
discípulos trataron infructuosamente. Entonces el Señor les dijo: “Este género
no sale sino con oración y ayuno”. Sin embargo, en aquel momento Jesús no hizo
ninguna oración. Él vivía en constante comunión con el Padre.
Busquemos esa íntima comunión con nuestro Padre celestial,
no solamente teniendo un tiempo de oración y leyendo su Palabra cada día, sino
también cuando manejamos el automóvil, mientras andamos de compras, durante el
día en el trabajo, o en cualquier otro lugar. Basta con sólo unas palabras como
“Te amo Padre”, o “Ayúdame Señor”, o “Gracias Jesús”, o una corta intercesión
como “Dios mío, bendice a Fulana”. Lo importante es que nuestra mente esté
ocupada constantemente por pensamientos que agraden al Señor y glorifiquen su
nombre.
ORACIÓN:
Querido Padre celestial, te ruego me ayudes a mantenerme
en constante comunión contigo. Que mis pensamientos, mis palabras y mis
acciones reflejen las enseñanzas de tu Hijo Jesucristo y en todo momento tu
nombre sea glorificado a través de mi testimonio. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
martes, 20 de mayo de 2014
¿PORQUE TANTO ODIO DE LOS FARISEOS CONTRA JESÚS?
¿Porque tanto odio
de los fariseos contra Jesús?
Porque les estaba arruinando el gran negocio que tenían. Su
negocio era la religión, ellos se hicieron pasar por siervos de Dios… se
vestían con largas ropas religiosas… hacían largas oraciones y ceremonias... pero
todo era un show para sacar dinero a la gente. Jesús los denunció como falsos
siervos de Dios, los llamó hipócritas, les dijo que solo eran avaros y
codiciosos. La gente empezó a darse cuenta y abrir los ojos y dejaron de asistir
a las reuniones de los fariseos y empezaron a seguir a Jesús y oír su mensaje
de paz y salvación y a recibir milagros. Los fariseos al verse descubiertos y
ser denunciados se llenaron de celos y odio y tramaron matar a Jesús.
Hoy día hay excelentes pastores y siervos de Dios, íntegros y
fieles. Pero también hay falsos lideres fariseos hipócritas, que solo les
interesa robar el dinero de los fieles. Jesús dijo que por sus frutos (sus obras y
conducta) los reconoceríamos. Dijo que un árbol bueno no puede dar fruto malo,
ni un árbol malo puede dar fruto bueno.
Debemos velar y orar para no ser engañados por falsos líderes
cristianos. Examinarlos y apartarnos de aquellos que predican una cosa y luego
hacen otra.
¡Gracia y Paz!
(By: Willy Hamel)
(By: Willy Hamel)
DIEZ VERDADES BÍBLICAS SOBRE EL MATRIMONIO
Diez Verdades Bíblicas
Sobre el Matrimonio
Santiago 1:2-3
“Tened por sumo gozo cuando os halléis en
diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”.
Las dificultades al principio del matrimonio no son algo
de que sentirse orgullosos, pero son las pruebas que conllevan al crecimiento para
un matrimonio en armonía y conforme a la voluntad de Dios.
1. El matrimonio
es un compromiso de por vida.
“Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por
tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Le dijeron: ¿Por qué, pues,
mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? Él les dijo: Por la dureza de
vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al
principio no fue así” (Mateo 19:6-8).
2. TU matrimonio
atravesará períodos difíciles, pero recuerdA que es un compromiso de por vida.
“Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas
pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:2,
3).
3. Se un siervo de
Tu cónyuge, poniendo las necesidades de él o ella antes de las TUYAS.
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene
envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no
busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor” (1 Corintios 13:4, 5).
4. AprendE a
perdonar… y a olvidar.
“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os
perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los
hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo
6:14, 15).
5. AdmitE TUS equivocaCIONES,
y busCA la reconciliación con Tu cónyuge.
“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te
acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante
del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y
presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23, 24).
6. Hagan planes
juntos, pero no Te DECEPCIONES cuando las cosas no salgan como ustedes
planearon.
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por
medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea
la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).
7. Comuníquese a
menudo, pero no traten de cambiar a su cónyuge. Más bien, traten de alentarse y
fortalecerse el uno al otro. TU no puedeS cambiar a Tu cónyuge, pero sí puedeS
cambiarTe a TI mismo.
“¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano,
y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu
hermano: hermano, déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la
viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo,
y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano” (Lucas
6:41, 42).
8. No dependaS de Tu
cónyuge para satisfacer todas sus necesidades. Sólo Dios puede hacer eso.
“Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne
por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová” (Jeremías 17:5).
9. EL esposo debe
estar dispuesto a cumplir el papel que Dios le ha dado.
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a
la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola
purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a
sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosas
semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben
amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo
se ama” (Efesios 5:25-28).
10. La esposa debe
estar dispuesta a cumplir con el papel que Dios le ha dado.
“Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al
Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la
iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador” (Efesios 5:22-24).
¡Gracia y Paz!
Edificando Matrimonios conforme al Propósito de Dios
¿NO TIENES PAZ?
¿No tienes Paz?
Juan 16:33
“Estas cosas os he hablado para que en mí
tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al
mundo”.
En este pasaje, Jesús se encontraba conversando con sus
discípulos acerca del futuro que se aproximaba. Dentro de poco él sería
arrestado, juzgado y crucificado. Ellos también, más tarde, pasarían por
situaciones terribles. Serían aborrecidos, perseguidos, falsamente condenados e
incluso torturados. Y lo peor de todo: ya el Señor no estaría con ellos. Pero en
medio de tantas malas noticias, Jesús les estaba dando ánimo. Les anunciaba la
venida del Espíritu Santo, y con él el poder para hacer frente al enemigo y
todos sus ataques. Allí Jesús les aseguró que si confiaban, aun en medio de
tanta aflicción, ellos tendrían paz simplemente porque él había vencido al
mundo.
Casi ochocientos años antes del nacimiento de Jesús el
profeta Isaías profetizó: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el
principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios
Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Al nacer Jesús se cumplió
esta profecía. Por eso, cuando la multitud de ángeles anunciaba su nacimiento a
los pastores, al unísono decían: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra
paz, buena voluntad para con los hombres!” La palabra original en griego que se
traduce como paz significa “atados juntos”, la cual nos ofrece una luz
fascinante acerca del único recurso seguro de paz. Romanos 5:1 dice:
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro
Señor Jesucristo”, es decir que cuando, por medio de la fe, creemos que Jesús
murió en la cruz por nosotros y que después resucitó venciendo a la muerte,
somos justificados y tenemos paz con Dios. Esto significa que nosotros hemos
sido “atados juntos” con un Dios totalmente santo después de haber estado
separados de él por causa del pecado. Por lo tanto, el elemento clave de la paz
eterna es la presencia de Dios en nuestras vidas. La Biblia no nos promete una
vida sin problemas o dificultades, pero sí nos asegura que aún en medio de
difíciles situaciones podemos sentir paz y obtener la victoria. Nuestra
victoria es principalmente espiritual, pero afecta profundamente lo natural.
Esto tenemos que creerlo de todo corazón y rechazar todo pensamiento negativo
que el enemigo ponga en nuestras mentes.
En su carta a los filipenses, el apóstol Pablo escribió:
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de
Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que
sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros
pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7). Esta paz proviene de la firme
confianza en nuestro Padre celestial, cuyo amor y misericordia permanecen
inmutables. Esta paz es un sentimiento interno de quietud y contentamiento que
está por encima de las circunstancias de la vida. Esta paz es la presencia de
gozo en medio de la infelicidad. Es una paz profunda, inexplicable que nace de
adentro hacia fuera, independientemente de la situación en la que nos
encontremos. Pablo nos exhorta a buscar esa paz en medio de circunstancias
difíciles por medio de la oración, en lugar de afanarnos y llenarnos de
ansiedad.
En muchos de sus Salmos, David expresa su búsqueda de la
presencia de Dios a toda hora, en todo lugar, en todas las circunstancias. Esa
constante búsqueda del rostro del Señor siempre resulta en una paz inefable,
que no se puede entender pero que se siente en lo más profundo del corazón. Por
eso, al llegar la noche, David podía decir: “En paz me acostaré, y asimismo
dormiré; porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado” (Salmo 4:8).
La paz verdadera no es meramente pintar nuestro dolor con
lindos colores. Una persona que tiene la genuina presencia de Dios soportará
una avalancha de dolor y dificultad, y aún en esas circunstancias tendrá una
paz interna que sobrepasará todo entendimiento humano. Si tú no sientes esta
paz, búscala acercándote al Señor cada día para pasar un tiempo de oración,
escudriñando su Palabra, meditando en ella y poniéndola en práctica.
ORACIÓN:
Padre amado, gracias por la paz que viene a nosotros por
medio de tu santa presencia. Ayúdame a mantenerme bien cerca de ti para
disfrutar de esa paz que sobrepasa todo entendimiento. En el nombre de Jesús,
Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
lunes, 19 de mayo de 2014
¿QUÉ TE IMPIDE TENER VERDADERA COMUNIÓN CON CRISTO?
¿Qué te impide
tener verdadera comunión con Cristo?
Hebreos 12:1-2a
“Por tanto, nosotros también, teniendo en
derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del
pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por
delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe...”
Este pasaje comienza: “Por tanto...” En otras palabras,
“de acuerdo a lo que acabo de decir...” En el capítulo anterior, el autor de la
carta a los Hebreos mencionó a un grupo de hombres y mujeres que, habiéndose
encontrado en sus vidas en situaciones sumamente difíciles, confiaron en Dios y
por medio de la fe resultaron vencedores. Así es que, considerando lo que ellos
hicieron, es decir siguiendo su ejemplo, “despojémonos de todo peso y del
pecado que nos asedia”. El objetivo fundamental del cristiano es correr “la
carrera que tenemos por delante” siguiendo los pasos del Señor, o sea avanzar
en la vida "puestos los ojos en Jesús", como nuestro Guía, nuestro
Maestro, nuestro Señor. Ahora bien, con el fin de marchar adelante hacia nuestra
meta espiritual, antes tenemos que despojarnos del pecado y de todo aquello que
constituya un peso o un obstáculo que dificulte ese objetivo.
En la novela de Julio Verne “La isla misteriosa”, se
habla de cinco hombres que se escaparon de un campo de prisioneros durante la
Guerra de Secesión norteamericana en 1865, mediante un globo que lograron
robarse. Al elevarse en el aire se dieron cuenta que el viento los llevaba
hacia el océano. Mientras observaban como la tierra firme desaparecía en el
horizonte, se preguntaban cuánto tiempo lograría permanecer el globo en el
aire. De momento se dan cuenta que el globo estaba descendiendo y que se
aproximaba a la superficie del mar. Entonces los hombres deciden que deben
arrojar algo del peso a bordo, pues si seguían bajando se estrellarían contra
las aguas. Con mucho pesar arrojaron zapatos, abrigos y armas, y con cierto
alivio sienten que el globo se eleva de nuevo.
Sin embargo, al poco tiempo descubren que el globo se
acerca una vez más de forma peligrosa a las crestas de las olas, así que
deciden lanzar al mar los alimentos, y el globo se eleva de nuevo.
Lamentablemente esto también fue sólo una solución temporal y la nave comienza
a descender nuevamente. Finalmente echaron fuera las cuerdas y la canasta donde
se sentaban. Al hacerlo, notaron como el globo se elevó otra vez. A los pocos
minutos divisaron tierra. Los cinco saltaron al agua y nadaron hasta la isla.
Estaban vivos debido a que fueron capaces de discernir que para continuar
adelante era necesario despojarse de toda carga que impedía al globo
desplazarse. Las cosas que antes pensaban que eran “necesarias” eran las mismas
cargas que casi les cuesta la vida.
Así nos sucede muchas veces en nuestra vida espiritual.
Hay “cargas” que nos impiden crecer, “pesos” que resultan un obstáculo para que
nos concentremos en seguir a Cristo y tratar de imitarlo y servirle. El pasaje
de hoy nos enseña que tenemos que despojarnos de ese peso al igual que del
pecado. ¿Y cuál es ese peso? Ese peso es todo aquello que nos impide pasar
tiempo de oración, o leer la Biblia, o asistir a un servicio de adoración, o
visitar a un enfermo, o servir al Señor de cualquier otra manera. Bien pudiera
ser la televisión, o el Cine, o el Internet, o el trabajo (cuando es en
exceso), o quizás dormir demasiado, o salir mucho de paseo. En ocasiones el
obstáculo proviene de las amistades, o quizás la familia; cualquiera que sea,
tenemos que despojarnos de todo aquello que nos impida avanzar en esta “carrera
que tenemos por delante” de la manera en que Dios espera que lo hagamos.
Piensa en las cosas que quizás están frenando tu
crecimiento espiritual. Si las eliminas, ¿dispondrías de más tiempo para las
cosas que de verdad son importantes? ¿Cómo sería tu vida sin ellas? Pídele a
Dios que te muestre cómo podrías mejorar tu relación con él. Pídele
discernimiento para hacer cambios y eliminar aquellas cosas que afectan tu vida
espiritual.
ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me ayudes a identificar las cosas
que constituyen un peso o una carga en mi vida y que están afectando mi
crecimiento espiritual. Dame la fuerza y el valor para despojarme de ellas y
marchar adelante en victoria. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
¿QUÉ HACES CUANDO LLEGA UNA TORMENTA A TU VIDA?
¿Qué haces cuando
llega una tormenta a tu vida?
Marcos 6:45-51
"En seguida hizo a sus discípulos
entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre
tanto que él despedía a la multitud. Y después que los hubo despedido, se fue
al monte a orar; y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él
solo en tierra. Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era
contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el
mar, y quería adelantárseles. Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que
era un fantasma, y gritaron; porque todos le veían, y se turbaron. Pero en
seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Y subió a
ellos en la barca, y se calmó el viento; y ellos se asombraron en gran manera,
y se maravillaban".
Poco después de separarse de Jesús, mientras trataban de
llegar a la otra orilla del Mar de Galilea, una tormenta sorprendió a los
discípulos en medio del mar, de manera que los fuertes vientos y las olas
azotaban la barca, amenazando con hundirla. Remaban y remaban y la barca no
avanzaba, más bien retrocedía, porque el viento era muy fuerte. Las fuerzas ya
les faltaban, y a pesar de la experiencia de algunos de ellos como pescadores
conocedores del mar, la situación no mejoraba sino más bien empeoraba cada
minuto que pasaba.
¡Cuántas veces de repente ha llegado a nuestras vidas una
tormenta emocional! Todo está marchando más o menos bien, hay buena salud,
tenemos un buen trabajo, en el matrimonio felices y contentos, a nuestros hijos
les va bien, en fin ¡hay un cielo claro, y navegamos en un mar sereno y
tranquilo como un plato! ¡Y nos sentimos tan felices! De momento la terrible e
inesperada noticia… Negros nubarrones aparecen de repente y el cielo claro
comienza a oscurecerse, empieza a soplar un viento contrario, y aquel mar
sereno comienza a agitarse. Y en medio de la oscuridad podemos escuchar los
truenos y ver como los rayos caen alrededor de nosotros. ¡Y en un abrir y
cerrar de ojos nos encontramos en medio de una tormenta que pretende hundirnos
en la desesperación! ¿Qué hacer?
Rápidamente comenzamos a remar. ¡Tenemos que llegar a la
otra orilla lo más pronto posible! ¡Hay que resolver esta situación! Y remamos,
y remamos... Utilizamos todas nuestras fuerzas, nuestra inteligencia, nuestra
experiencia. Acudimos al médico, o al abogado o al experto correspondiente,
pero nada funciona. Sentimos que nos estamos hundiendo. ¡Y no sabemos qué hacer!
Los discípulos habían estado con Jesús hasta hacía apenas
unas horas, lo habían visto hacer muchos milagros, y allí estaban ahora, en
medio de aquella prueba, tratando de resolverla con sus propias fuerzas sin
acordarse que cerca de ellos estaba aquel que podría resolverles el problema. Dice
el pasaje de hoy que Jesús se acercó a ellos caminando sobre el mar y les dijo:
"¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!" En otras palabras,
"¡Anímense, no tengan miedo, soy yo, confíen en mí!" Y dice la Biblia
que cuando Jesús subió a la barca, el viento se calmó, y hubo paz.
En algún momento de nuestras vidas, tarde o temprano,
vamos a encontrar aflicción, el sufrimiento va a llegar a nosotros, una
tormenta emocional o espiritual se va a presentar. Pero en todos los casos hay
una respuesta, una actitud, sólo una: Confiar en el Señor, buscarle de corazón,
echarnos en sus brazos en medio del dolor y el sufrimiento, y de una manera
milagrosa e inexplicable él nos dará la paz que tanto necesitamos, esa paz que
"sobrepasa todo entendimiento", dice Filipenses 4:7.
Si hoy te encuentras en medio de una tormenta emocional o
espiritual, y has agotado todos los recursos, no sigas luchando; reconoce tu
incapacidad y permite que Jesús suba a tu barca. Tan pronto le des a él todo el
control, experimentarás esa preciosa paz que solamente el Señor te puede dar.
Sólo en él encontrarás la solución al problema.
ORACIÓN:
Bendito Dios, ¡ya no puedo luchar más! No tengo más
fuerzas, pero tu Palabra me dice que cuando parezca que toda esperanza se ha
perdido y que no hay solución posible, tú eres poderoso para cambiar las
circunstancias y traer la tan ansiada paz. Por favor entra en mi vida y toma tú
el control de mi situación. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
sábado, 17 de mayo de 2014
¿YA APRENDISTE A DEPENDER DE DIOS?
¿Ya aprendiste a depender
de Dios?
Deuteronomio 8:1-10
“Cuidaréis de poner por obra todo
mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y
entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros
padres. Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios
estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber
lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te
afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías
tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan
vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el
hombre. Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en
estos cuarenta años. Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el
hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga. Guardarás, pues, los
mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole”.
Este pasaje nos muestra al pueblo de Israel, con la
Tierra Prometida finalmente a la vista después de deambular 40 años a través
del desierto. Su líder Moisés se dirige a ellos y los desafía a recordar los
eventos de aquellos años pasados. Durante todo ese tiempo, Dios los probó de
diferentes maneras para saber lo que había en sus corazones y si obedecerían
sus mandamientos, y sobre todo para darles una gran lección. Moisés les dice:
“Te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no
conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo
de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el
hombre”. Ciertamente los israelitas habían dependido de Dios en todo. No sólo
en el suministro de comida, sino también en la protección y el cuidado en todos
los aspectos.
Douglas Bourto-Christie, profesor de Teología en Loyola
Marymount University, decidió caminar los últimos kilómetros para llegar a su
retiro espiritual en un monasterio egipcio. Se bajó del autobús en una pequeña
villa y, lleno de confianza, se dispuso a cruzar el desierto. Unas horas
después se dio cuenta que estaba perdido. Finalmente encontró el camino, pero
en lugar de hacer su entrada al monasterio orgulloso y seguro de sí mismo,
llegó agotado, humillado y agradecido de estar vivo. Después dijo: “Esta experiencia
me enseñó algo muy importante: al entrar en el desierto me vi obligado a
renunciar a la ilusión de control”. Controlar nuestro propio destino es una
fantasía a la que nos aferramos. Pero cuando Dios nos lleva por un “desierto”
aprendemos que nuestra única esperanza descansa en él y que sólo de él debemos
depender.
La tecnología relacionada al estudio de los huracanes, su
dirección, trayectoria e intensidad ha avanzado extraordinariamente en los
últimos años. Sin embargo, a pesar de los grandes conocimientos sobre estos
fenómenos naturales acumulados durante años en modernísimas computadoras, los
meteorólogos están limitados a dar un pronóstico de la trayectoria de un
determinado huracán (el cual nunca es cien por ciento exacto), y un estimado de
la intensidad de los vientos y la velocidad de traslación (las cuales varían
con bastante facilidad). Y lo más importante: no pueden hacer absolutamente
nada para cambiar ninguna de estas características del ciclón, a pesar de que
darían parte de sus vidas por controlar la dirección del mismo y dirigirlo
hacia el océano donde no ocasionara daño alguno. Simplemente no pueden.
¿Acaso está Dios tratando de enseñarnos algo? ¿Se dará
cuenta el mundo que nada podemos hacer por nosotros mismos? Jesús dijo
claramente a sus discípulos: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).
Si queremos vivir una vida de victoria, tenemos que aceptar nuestra total
dependencia del único que puede dirigir nuestro destino a través del desierto y
llevarnos hasta la Tierra Prometida que él tiene para cada uno de nosotros.
Si en estos momentos estás perdido en medio de un
desierto de pesar e incertidumbre, quizás Dios te está enseñando a depender de
él. Proverbios 3:5 nos indica claramente cuál debe ser siempre nuestra actitud:
“Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia”.
ORACIÓN:
Padre santo, gracias por lo que me enseñas a través de tu
Palabra. Ayúdame a eliminar mis complejos de soberbia y autosuficiencia. Enséñame
a depender de ti en todo, aún en aquellas cosas que yo considero “simples” y
sin importancia. Hoy yo me rindo a ti, y quiero depender absolutamente de ti.
En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
Génesis 17:7
Dios nos da bendición
para que podamos bendecir a los demás…
“Y estableceré un Pacto contigo y con tu descendencia… de
ser Dios tuyo”
(Génesis 17:7)
Isaías 40:31
“Pero los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas,
levantarán alas como las águilas, correrán, y no se cansarán; caminarán y no se
fatigarán”
Isaías 40:31.
viernes, 16 de mayo de 2014
¿ERES AGRADECIDO POR LAS BENDICIONES DE CADA DÍA?
¿Eres agradecido
por las bendiciones de cada día?
Colosenses 3:12-15
“Vestíos, pues, como escogidos de Dios,
santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de
mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a
otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó,
así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es
el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que
asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos”.
En este pasaje, parte de su carta a los colosenses, el
apóstol Pablo enumera una serie de cualidades que deben formar parte del
carácter de un verdadero cristiano. Menciona el amor, la paz,
la paciencia, la benignidad, la mansedumbre, todas ellas partes del fruto del Espíritu. Les
habla también del perdón y la misericordia, atributos intrínsecos del carácter
de Dios. Y por último les dice: “y sed agradecidos”. Una actitud de gratitud
hacia Dios y hacia los demás es característica de crecimiento y madurez
espiritual.
Una señora caminaba con su hijita de cuatro años por un
mercado al aire libre, cuando la niña se detuvo frente a una de las mesas en la
que se mostraban varias cajas llenas de naranjas. Mientras ella las
contemplaba, el vendedor tomó una naranja de la mesa y se la regaló a la niña.
“¿Qué se le dice a este señor tan amable?”, preguntó la madre a la hija. La
niña miró la naranja, luego se la dio de nuevo al hombre, y le dijo: “¡Pélala!”
Bien pudiera parecer una gracia al provenir de una niña pequeña, pero ¡cuántas
veces hemos actuado de esta manera con Dios! Quizás no lo hemos expresado con
palabras, pero nuestra actitud ante las bendiciones del Señor refleja lo que
nuestro corazón está diciendo: “¡Esto es bueno, pero yo quiero más!”
Es posible que en alguna ocasión te preguntes: “¿Y por
qué tengo que dar gracias?” Bien pudiera ser que acabas de perder el empleo, o
quizás las noticias del médico no son muy buenas, o a lo mejor alguna relación
en la que tenías puesta toda tu ilusión se rompió y tu corazón está destrozado.
Las razones por las que podríamos considerar que es difícil dar gracias son
tantas como los problemas que nos afectan cada día. Sin embargo, si
escudriñamos la Biblia podemos encontrar muchas razones para estar agradecidos
aun durante las situaciones más oscuras de nuestras vidas.
A pesar de nuestras pruebas podemos ser agradecidos,
primeramente porque “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”,
dice Romanos 8:28. Podemos dar gracias por la inalterable bondad y misericordia
de Dios, como dice el Salmo 106:1: “Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque
para siempre es su misericordia”. También porque podemos tener la seguridad de
que “somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).
Porque Dios ha prometido: “No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5).
Porque “si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). Y
sobretodo porque ni siquiera la muerte tiene autoridad sobre nosotros, pues
Jesucristo venció en la cruz y nos ha dado vida eterna. Dice 1 Corintios 15:57:
“Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro
Señor Jesucristo”.
Quizás muchas veces pasemos por alto el hecho de que
nuestro Padre nos provee de todo lo que necesitamos, en todos los aspectos
(material, físico y espiritual), como afirma Filipenses 4:19: “Mi Dios, pues,
suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.
De igual manera ignoramos su protección y cuidado. ¿De cuántos accidentes nos
habrá librado el Señor? Hay muchas más razones por las que debemos dar gracias
a Dios. Debemos estar siempre consientes de ellas, y en vez de quejarnos por lo
que no tenemos, en lugar de molestarnos por las injusticias y los golpes de la
vida, en vez de pedir más para nosotros, agradezcamos a Dios y a los demás. En
vez de decir: “¡Pélala!”, como dijo aquella niña, digamos: “Gracias”. Muchas
veces no es fácil, pues está en contra de nuestra naturaleza humana, pero si
disponemos nuestros corazones a ser agradecidos y pedimos al Señor que nos
ayude, llegará a ser una actitud normal en nosotros, para la gloria de Dios.
ORACIÓN:
Padre santo, ayúdame a reconocer todas las bendiciones
que diariamente recibo de ti y capacítame para ser agradecido aún en momentos
en que las cosas no estén marchando bien. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
jueves, 15 de mayo de 2014
¡YO ELIJO LA OPCIÓN!
¡Quedarás sin palabras! Después de sobrepasar años
tormentosos y un intento de suicidio a los 10 años, Nick dice, que despertó.
¿Quieres saber cómo Nick eligió sacar el mayor provecho a su vida? Mira el video y sabrás.
¿ESTÁS CORRIENDO CON PACIENCIA?
¿Estás corriendo
con paciencia?
Hebreos 12:1-2
"Por tanto, nosotros también, teniendo
en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y
del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por
delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por
el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se
sentó a la diestra del trono de Dios".
Este pasaje nos habla de una carrera “que tenemos por
delante”, la cual debemos correr. Se trata de la vida de cada uno de nosotros.
Independientemente de los años que vayamos a vivir en este mundo, tenemos que
“correr” esa carrera, y la Biblia nos dice que debemos correrla “con paciencia”.
La palabra griega que se utiliza aquí para definir “paciencia” es “hipomoné”,
la cual significa “persistencia firme”. No se trata, pues, de la paciencia que
se sienta y acepta las cosas resignadamente. Se trata de una paciencia activa,
dominante, que soporta todo pero no se detiene, sino que marcha adelante con
firmeza, hacia la meta, con absoluta certeza en la victoria. Esta misma palabra
se usa en Santiago 1:2-4 donde dice: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando
os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce
paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y
cabales, sin que os falte cosa alguna”. Esa paciencia, dice el apóstol
Santiago, completará su obra cuando nos lleve a un estado de madurez o
“perfección” espiritual, el cual debe ser el objetivo de todo cristiano.
En su primera carta a los corintios, el apóstol Pablo nos
habla de otra carrera (una carrera deportiva), y la compara con la carrera de
la vida. Dice 1 Corintios 9:24, 25: “¿No sabéis que los que corren en el
estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de
tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos,
a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una
incorruptible”. Al igual que aquellos deportistas, debemos abstenernos de todo
lo que afecte negativamente nuestra carrera en esta vida, aunque en ocasiones
lo deseemos con todas nuestras fuerzas. Asimismo debemos correrla deseando de
todo corazón conseguir el premio. En el caso de aquellos atletas el premio era
una corona de laurel corruptible y poco duradera. En nuestra carrera espiritual
el premio es una corona incorruptible y eterna.
En la película “Chariots of Fire” (“Carros de Fuego”),
hay una escena en la que el joven protagonista acaba de perder una carrera por
primera vez en su vida. Y allí está él apartado, sufriendo su primera derrota,
frustrado, deprimido, cuando se le acerca su novia tratando de consolarlo con
palabras de aliento. Él la mira y le dice: “Si no puedo ganar, yo no corro”. Y
ella le contesta: “Si tú no corres, no puedes ganar”. Ciertamente, si queremos
ganar tenemos que “correr”, tenemos que estar en constante movimiento hacia
adelante en nuestro crecimiento espiritual. Los obstáculos, las caídas, los
golpes y sufrimientos no deben desalentarnos, todo lo contrario, tenemos que
seguir corriendo “puestos los ojos en Jesús”, confiando plenamente en él,
sabiendo “que la prueba de nuestra fe produce paciencia”, y que esa paciencia
dará como resultado un crecimiento cabal y perfecto en nuestras vidas, conforme
a los planes de Dios, quien nos ha llamado y nos espera al final de la carrera
para que vivamos juntos con él por toda la eternidad. Así lo describe Pablo en
su carta a los filipenses: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya
alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y
extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo
llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14).
Es pues, la paciencia, la clave fundamental para triunfar
en esta carrera, pues necesitaremos en esta vida mucha tolerancia, mansedumbre,
humildad, perseverancia y persistencia firme si queremos obtener la victoria.
Seamos constantes en la búsqueda del Señor, leyendo y meditando en su Palabra y
orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu.
ORACIÓN:
Amante Padre, ayúdame a ser perseverante en esta carrera
que tú me has encomendado, que es mi vida. Que cada obstáculo que encuentre
sirva para fortalecerme en lugar de desalentarme, y que cada paso que dé sea un
testimonio que glorifique tu nombre. Por Cristo Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
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