miércoles, 14 de mayo de 2014

¿QUÉ ESTÁS HACIENDO POR AYUDAR A LOS DEMÁS?


¿Qué estás haciendo por ayudar a los demás?

Gálatas 6:7-10
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”.

Hace varios años la revista Time publicó un artículo acerca de un médico japonés que vivió el terrible bombardeo de Hiroshima. Cuando ocurrió la explosión inicial, el Dr. Shigeto estaba esperando un tranvía como a una milla de distancia, pero estaba protegido por la esquina de un edificio de concreto. En cuestión de segundos después de la explosión, se le llenaron los oídos de los gritos de las víctimas que había a su alrededor. Sin saber qué había sucedido, el doctor Shigeto se quedó allí de pie, completamente perplejo por unos instantes, preguntándose cómo podría él solo atender aquella "montaña" de heridos. Después, aun un poco aturdido, el doctor Shigeto abrió su maletín y comenzó a atender a la persona que le quedaba más cerca. Y después a la siguiente. Y así sucesivamente...

Si miramos a nuestro alrededor, con seguridad veremos personas en necesidad, ya sea en el aspecto económico, o emocional, o físico, o espiritualmente. Dios puede usar a sus hijos, es decir a los que hemos aceptado a Jesucristo como Salvador, para ayudar a esas personas. Nosotros debemos estar siempre listos para ser instrumentos del Señor. El pasaje de hoy dice: “No nos cansemos, pues, de hacer bien”. Claro que Dios no espera que tratemos frenéticamente de ayudar a todo el que tenga una necesidad. Esa es una carga imposible de llevar. Simplemente sigamos el consejo de Dios: “Según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos”. Es decir, no es que tengamos que llegarnos a todos los que tienen necesidad y ofrecerles nuestra ayuda, sino que debemos ayudar a todo el que podamos siempre que se presente la oportunidad de hacerlo.

Otra pequeña historia cuenta que una mañana muy temprano un hombre se paseaba por la orilla del mar cuando a lo lejos vio una figura que se movía de manera extraña como si estuviera bailando. Al acercarse vio que era un muchacho que se dedicaba a coger estrellas de mar de la orilla y a lanzarlas al mar. El hombre le preguntó al joven qué estaba haciendo. Este le contestó: “Recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar. La marea ha bajado demasiado y muchas morirán”. El hombre entonces le dijo: “Pero esto que haces no tiene sentido. ¿No te das cuenta que hay miles de estrellas en esta playa? Nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas”. El joven miró fijamente al hombre, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó: “Para esta sí tiene sentido”.

Cuando te enfrentes a las enormes necesidades materiales y espirituales de un mundo perdido, no te desesperes. Todo lo que Dios te pide es que hagas lo que puedas. Si tienes un corazón dispuesto para servir al Señor, él gustosamente te usará como un instrumento para llevar a cabo sus planes. Mantente alerta, pues muchas veces, muy cerca de nosotros hay grandes oportunidades de servir. Los hambrientos, los necesitados, los enfermos, los que sufren, los que no han oído las buenas nuevas de salvación en Cristo Jesús. Todos estos se encuentran en nuestro barrio, o en nuestros centros de trabajo o de estudio, y Dios puede estar planeando usarte para hacerles bien. Y no olvides que siempre recibirás del Señor el fruto de lo que siembres, “pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”, Dios nos lo dice en el pasaje de hoy.

Aprovecha toda oportunidad que se te presente y ofrece tu ayuda con amor, y, sobretodo, hazlo siempre pensando en agradar a Dios. Así dice Colosenses 3:23, 24: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”.

ORACIÓN:
Padre celestial, alabado sea tu nombre. Te ruego, Señor, que me capacites para ser un instrumento tuyo ayudando a aquellos que están a mi alrededor que necesitan algún tipo de ayuda. Que sea tu Santo Espíritu dirigiéndome para que ellos puedan recibir exactamente lo que necesitan, y tu nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

martes, 13 de mayo de 2014

¿QUÉ TAN HUMILDE ERES CON LOS DEMÁS?


¿Qué TAN humilde ERES con los demás?  

Filipenses 2:3
“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”.

En un vuelo internacional que partía de Johannesburg, Africa del Sur, un negro de la tribu bantú se sentó al lado de una elegante mujer blanca surafricana. Indignada, la mujer llamó a la azafata para quejarse.

—¿En qué puedo servirle, señora? — preguntó la azafata.

—¿Es que no se da cuenta? Su aerolínea me ha sentado al lado de un bantú. No soporto viajar junto a este repugnante negro. ¡Búsqueme otro asiento!

—Cálmese, por favor, señora — le respondió la azafata. Este vuelo está repleto, pero voy a ver si hay algún otro asiento disponible. Ante esto, la altanera mujer miró con desprecio al negro, y a su vez fue objeto de la mirada acusadora de los pasajeros testigos del incidente. A los pocos minutos regresó la azafata.

—Señora, tal como sospechaba, lamentablemente está llena toda esta sección en clase turista, pero nos queda un asiento en primera clase.

La altiva pasajera miró con petulancia y autosuficiencia a los demás pasajeros, pero antes de que pudiera decir nada, la azafata continuó:

—Un cambio como este a primera clase es realmente excepcional, así que fue necesario que el capitán mismo lo concediera. Dadas las circunstancias, el capitán consideró intolerable que una persona se viera obligada a sentarse al lado de otra tan detestable. Dicho esto, la azafata se dirigió al negro y le dijo:

—Disculpe, señor, tenga la bondad de tomar su equipaje de mano y acompañarme al frente, donde le tengo el asiento reservado.

Manifestando su aprobación, los pasajeros que fueron testigos del suceso aplaudieron a su compañero de vuelo mientras éste se dirigía a primera clase para acomodarse en su merecido asiento.

Con semejante actitud llevada a la práctica, cualquier empresa o compañía en la actualidad se anotaría un triunfo en las relaciones públicas, así como se cuenta que sucedió con aquella aerolínea. Ciertamente los demás podrán olvidar lo que decimos, pero jamás olvidarán la manera como los tratamos.

La Palabra de Dios nos enseña que debemos tratar a los demás con humildad, integridad y justicia. Al apóstol Pablo le preocupaba que todos nosotros tuviéramos “con qué responder a los que se dejan llevar por las apariencias y no por lo que hay dentro del corazón” (2 Corintios 5:12). De esta manera respondió el capitán de la aerolínea a la mujer surafricana de esta anécdota. Pablo sabía que Dios no juzga por las apariencias, sino con justicia, como su Hijo Jesucristo nos exhortó a que hiciéramos en Juan 7:24: “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”.

Cuando Dios envió al profeta Samuel a ungir al que sería el próximo rey de Israel, le dio la siguiente recomendación: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7). Como cristianos debemos enfocar nuestros esfuerzos a valorar las personas por sus principios y actitudes por encima de la apariencia externa.

¡Qué maravilloso sería este mundo si todos siguiéramos la enseñanza de Jesús con relación a la regla de oro que nos dejó como parte de su legado! Dice Mateo 7:12: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. Es decir, que cada uno trate a los demás como quisiera que lo trataran a sí mismo. Esta sencilla regla es la receta divina para destruir todos los prejuicios que existen en este mundo, los maltratos, las injusticias. Pidamos a Dios que esta enseñanza se grabe en nuestros corazones y sobretodo que la apliquemos al tratar a aquellos que nos rodean.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, te ruego que tu Santo Espíritu implante esta enseñanza en mi corazón de modo que haya en mí una actitud humilde hacia mis hermano y hermanas de la Fe, mis amigos, mis compañeros de trabajo, mis familiares y todos aquellos con los que de una manera u otra me relaciono, y que yo pueda tratarlos como superiores a mí mismo en obediencia a tu palabra. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla


lunes, 12 de mayo de 2014

¿ESTÁS COMPARTIENDO EL AMOR DE DIOS?


¿Estás compartiendo el amor de Dios?

Juan 13:34-35
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.

Un conocido ministro cristiano escribió: “Una vez que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, nosotros deliberadamente comenzamos a identificarnos con los intereses y propósitos de Jesucristo en las vidas de otros”. De esta manera lo expresó el apóstol Pablo en su carta a los Romanos: “Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5). Y Jesús, en Juan 15:12,13 nos dice: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”.

En este último versículo, así como en el pasaje de hoy está totalmente claro que amar a los demás no es una opción para el cristiano; es una orden, un mandamiento que nos dejó Jesús a todos los que habríamos de seguirlo, y que él espera que lo llevemos a la práctica. Por nuestras propias fuerzas, en muchas ocasiones nos resultará imposible obedecer este mandamiento, pero si hemos nacido de nuevo, con la ayuda del Espíritu Santo podremos amar aun a aquellos que nos han ofendido o nos han hecho daño. El apóstol Juan, en el cuarto capítulo de su primera carta enfatiza en el amor exhortando a los creyentes a amarse unos a otros. Dice: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:7-8).

Debemos recordar que los cristianos somos luz en un mundo oscurecido por el pecado, y que esa luz no se puede esconder (Mateo 5:14). Así es que decidámonos a compartir con aquellos que nos rodean la paz y el amor del Señor que hemos recibido por medio del Espíritu Santo. Desde que el apóstol Pablo conoció a Jesús en el camino a Damasco, entregó a él su vida y se dedicó a darlo a conocer al mundo y a mostrar el amor que el Señor había depositado en su corazón. Por donde quiera que Pablo iba, Jesucristo siempre podía hacer uso de su vida. Muchas veces nos concentramos sólo en nuestras propias metas, por lo que Dios no puede usarnos de la manera que él desea. La motivación de la vida del apóstol Pablo fue la entrega y la devoción a Jesús. Y esta devoción la manifestaba por medio del amor a los demás, aunque en ocasiones no recibía el merecido pago. Así lo expresa en 2 Corintios 12:15: “Yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos”. Tenemos que luchar contra la tendencia humana a ser devotos de las cosas que nos traen satisfacción y beneficios materiales, y preocuparnos más por recibir los beneficios espirituales que vienen de Dios.

La comunión con el Señor implica más que un tiempo diario a solas con él. Es necesario que como resultado de este tiempo devocional, en nuestros corazones se produzca el deseo de compartir la luz, la paz y el amor de Jesucristo con el mundo que nos rodea. Y que llevemos a la práctica este deseo producido por el Espíritu Santo, mostrando a todos con hechos, no sólo con palabras, el infinito amor de Dios. Cuando el amor de Dios es derramado en nuestros corazones, sentimos la paz inefable del Señor; cuando compartimos ese amor, sentimos además el gozo indescriptible del Espíritu Santo.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego perdones mi egoísmo y mi indiferencia cuando no comparto tu amor con los demás. Pon el fuego de tu Santo Espíritu en mi corazón para que dondequiera que me encuentre yo sea instrumento de tu paz y de tu amor, que mi testimonio sea agradable a ti y tu nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

domingo, 11 de mayo de 2014

¡TODO DEPENDE DE LA FORMA EN QUE LO DIGAS!


¡Todo depende de la forma en que lo digas!

Colosenses 4:6
“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.”

Dice una historia que un rey soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño. “¡Qué desgracia, mi señor!”, exclamó el sabio. “Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad”. ¡Qué insolencia!” gritó el rey enfurecido, “¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!” Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos. Más tarde mandó llamar a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al rey con atención, le dijo: “¡Excelso señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes”. Se iluminó el semblante del rey con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando este sabio salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: “¡No puedo creer esto! La interpretación que habéis hecho del sueño del rey es la misma que hizo el primer sabio. No entiendo porque el rey le pagó al primero con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro”. El segundo sabio respondió: “Recuerda bien, amigo mío, que todo depende de la forma en que lo digas.”

Uno de los grandes desafíos de la humanidad es precisamente aprender a expresarse de la manera correcta. De esto depende muchas veces la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Ciertamente la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma en que es comunicada es lo que provoca en algunos casos grandes problemas. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.

En el pasaje de hoy el apóstol Pablo da este sabio consejo a los cristianos de la iglesia en Colosas: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”. ¿Cómo seguimos nosotros este consejo? En primer lugar, para hablar con gracia es necesario que nuestra vida esté colmada de la gracia de nuestro Señor Jesucristo, a través de una íntima comunión con él. De esta manera, cuando hablamos, reflejamos el mismo carácter que manifestó Jesús al contestarle a los escribas y fariseos que le trajeron la mujer que había sido sorprendida en adulterio (Juan 8:1-11), y cuando contestó las preguntas de Nicodemo (Juan 3:1-14), y cuando, cercano a la muerte, daba aliento a sus angustiados discípulos (Juan 14:1-14), y en tantas otras situaciones que se le presentaron en su vida.

Como cristianos debemos siempre tratar de mantener este principio sean cuales fueren las circunstancias en las que hablemos. Es muy fácil actuar y hablar como verdaderos santos en la iglesia, pero es en la vida cotidiana donde se revela nuestra verdadera identidad cristiana. Es en nuestro centro de trabajo, o en el vecindario, o cuando andamos de compras, o en cualquier otro lugar público donde tenemos que manifestar la pureza de nuestro corazón expresada en una manera de hablar diferente al mundo que no conoce a Cristo. Debemos, pues, ser muy cuidadosos de la manera en que nos expresamos ante los demás.

Hazte el propósito de expresarte siempre “con gracia” y que tus palabras estén “sazonadas con sal”. Mantén una íntima comunión con el Señor leyendo la Biblia y orando diariamente, y al momento de hablar pregúntate mentalmente: ¿Cómo lo diría Jesús?

ORACION:
Mi amante Padre celestial, es mi anhelo agradarte tanto en lo que hago como en lo que pienso y lo que hablo. Por favor capacítame para honrarte en todo, y especialmente pon en mis palabras el amor y la dulzura de tu Espíritu para ser un testimonio que glorifique tu nombre. Por Cristo Jesús te lo pido, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

jueves, 8 de mayo de 2014

¿DIOS ABORRECE EL PECADO, PERO AMA AL PECADOR?


¿DIOS ABORRECE EL PECADO, PERO AMA AL PECADOR?

Seguramente muchos de Ustedes han escuchado esa frase famosa que dice: "Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador". Me imagino que si, pues, esta frase es muy usada por el Catolicismo, por el Humanismo, y hasta por muchos que se dicen ser "cristianos evangélicos". Pero quizás entre todos los que han escuchado esta frase tan popular haya muy pocos los que conozcan su origen o quién fue el autor de esta enseñanza.

Pues fue nada menos que el filósofo humanista-hinduista Mahatma Gandhi quien dijo: "Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador". Y hoy en día muchos falsos maestros introducidos por satanás entre el cristianismo lo enseñan como si fuera una enseñanza Bíblica. De esta manera muchos “ministros” cristianos predican la palabra de Gandhi y no la palabra de Dios. Éstos creen en el “evangelio” de Gandhi y no en el Evangelio de Jesucristo.

2. Gandhi, su oscura biografía y su enseñanza humanista-hinduista:

Mohandas Karamchad Gandhi, recibió el nombre honorífico de "Mahatma" (que significa "grande alma") por parte del pensador hinduista Rabindranat Tagore, de esta manera se empezó a llamar Mahatma Gandhi. Otros le llamaban "bapu", que significa "padre".

Él mencionaba a un dios en sus enseñanzas, pero el dios que él mencionaba no era el Dios de La Biblia, su dios era "Krisna", el dios del hinduismo lleno de misticismo y humanismo. Él profesaba la religión del hinduismo, y su espiritualidad estaba basada en la autoflagelación y obras no conforme a la palabra de Dios, propia de su naturaleza caída no regenerada por el Espíritu Santo.
Promovía la huelga de hambre, bregó por el retorno a las viejas tradiciones hindúes, ayunaba por motivos ajenos a la voluntad de Dios. Según algunos historiadores, financio grupos guerrilleros de parias en el sur de India, contradiciendo su propia filosofía de "no violencia". A los 36 años, estando casado, decidió guardar celibato, motivado por la doctrina hinduista "brahmacharia". Luego promovió tal doctrina en base a experimentos sexuales como el desnudismo.

Su lucha fue por la Independencia de la India, y no contra el pecado, la carne o el diablo. Es a raíz de la apostasía creciente profetizada por La Biblia, que la filosofía de Gandhi y de otros falsos maestros se ha introducido entre el cristianismo "Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras..." (2 Pedro 2:1).

He aquí algunas de sus frases que resumen sus enseñanzas:

Frase 1: "El mejor libro a estudiar es el de la humanidad... No podemos perder la fe en la humanidad". Pero La Biblia dice que no pongamos nuestra confianza en el hombre o en la humanidad. "Hombres son, y no Dios" (Isaías 31:3) "Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová" (Jeremías 17:5).

Frase 2: "Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo". Pero La Biblia dice que el hombre no tiene el poder de cambiarse a sí mismo. "El hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos" (Jeremías 10:23). "De Jehová son los pasos del hombre; ¿Cómo, pues, entenderá el hombre su camino?" (Proverbios 20:24).

Frase 3: "La verdad es lo que te dice tu voz interior". Pero La Biblia dice que el hombre no tiene ninguna verdad, solo Cristo, Él es la única verdad absoluta, y nada tiene que ver con alguna voz interior humana: "Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6). "y la Verdad vino por medio de Jesucristo" (Juan 1:17) y no por la voz interior del hombre.

3. ¿Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador?

Esta frase muy usada por el evangelismo moderno no está basada en las Sagradas Escrituras. Por favor piensa por un momento que estás en Sodoma para evangelizarlos, y les predicas diciendo: "Dios te ama pecador..." y luego Dios destruye la ciudad. Ves lo absurdo que es presentar el evangelio de esa manera, pues "los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera" (Génesis 13:13) e iban a ser destruidos por sus pecados. De la misma manera el hombre caído será destruido en el día del juicio si no se arrepiente de su maldad y cree en Cristo.

Por tanto, los pecadores necesitan oír un mensaje de arrepentimiento y fe, y no un mensaje de amor que les "acaricie el oído" o les "mueva las emociones". La frase de "Dios te ama" nunca fue el inicio de una predicación evangelistica, nunca fue el texto principal para exponer el evangelio a los inconversos, nunca fue una frase que hayan usado los discípulos al anunciar a Cristo. Puedes buscar en toda tu Biblia y no hallarán tal frase para hacer evangelismo de parte de los discípulos. Algunas personas bien intencionadas o no entendidas me dirán, pero mira lo que dice Romanos 5:8 y Juan 3:16.... Pues, si estudiamos Romanos 5:8 vemos que este texto forma parte del mensaje dirigido a los creyentes y no a inconversos. Dichos oyentes ya eran salvos, por tanto, podían comprender el amor de Dios, desde el punto de visto Bíblico, que había sido derramado en sus corazones. Mientras que Juan 3:16 es el único texto de la cual no se puede hacer doctrina de un solo texto, y en ese texto el autor expresa la manifestación del amor de Dios hacia el mundo, porque Dios es amor. Y ese amor está abierto a todo hombre que crea en Jesucristo, y no al que no cree.

Solo un creyente puede recibir ese amor, porque si toda la humanidad estuviera bajo el amor de Dios, entonces, todos serían salvos, como enseña el Catolicismo y algunas otras sectas, y no habría necesidad de convertirse a Cristo ya que, según ellos, Dios ama al hombre así de pecador.

Dios aborrece el pecado:
"Porque Jehová es justo, y ama la justicia" (Salmo 11:7). "Oh Dios, has amado al justicia y aborrecido la maldad" (Salmo 45:7).

Dios aborrece al pecador:
"Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad... Aborreces a todos los que hacen iniquidad" (Salmo 5:4-5). "Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días" (Salmo 7:11). "La ira de Jehová contra los que hacen mal" (Salmo 34:16). "El rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal" (1 Pedro 3:12). "Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injustica de los hombres que detienen con injusticia la verdad" (Romanos 1:18). "Abominación son a Jehová los perversos de corazón" (Proverbios 11:20).

El hombre no podrá entender acerca del amor de Dios, si es que antes no entiende su estado caído pecaminoso ante Dios, y su necesidad de arrepentimiento y fe en Cristo como Salvador. ¿De qué manera? Pues, mostrándole al hombre natural su naturaleza caída exponiendo la ley de Dios "porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado" (Romanos 3:20) y vean que "sirven a la inmundicia y a la iniquidad" (Romanos 6:19). Porque "todo designio de los pensamiento del corazón de ellos es de continuo solamente el mal" (Génesis 6:5). y "buscaron muchas perversiones" (Eclesiastés 7:29). "se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido" (Romanos 1:21). “siendo esclavos voluntarios del pecado (Juan 8:34).

Con esto se derriba el orgullo humano de creerse una buena persona y de creer que irá al cielo por llevar una vida moral y filosófica. La moralidad le podrá librar de la cárcel, pero no le salvara de la condenación eterna en el infierno. Todo camino que lleve el hombre sin Cristo es "espacioso y lleva a la perdición" (Mateo 7:13). Solo Cristo es el único Camino al cielo. Solo cuando el Espíritu de Dios le hace entender al hombre su condición perversa, abominable, vil, e inmunda, a causa de su pecado es que vendrá arrepentido a Cristo y le abrazará como su único Salvador.

“Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí viene, no le hecho fuera” (Juan 6:37).

"Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12). "Quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio" (Tito 1:14). "A fin de que cada uno se convierta de su maldad" (Hechos 3:26).

Espero que quede perfectamente claro: ¡DIOS aborrece el pecado y aborrece al pecador! Solo así podremos entender que la salvación es sólo por la infinita Misericordia y Gracia de Dios. Solo de esa forma podremos entender el verdadero Amor de Dios.

Roguemos a nuestro Soberano Dios para que nos siga limpiando de esa falsa imagen de un dios que nos hemos hecho, pero que no es el Dios de las Santas Escrituras. Roguemos al Señor para que nos siga mostrando Su Gloria y su Gracia. ¡Amén!

Gracia y Paz
Editado por: Carlos Martínez M.

Miguel Rodríguez

ORACION


ORACION:

Padre amado, yo entiendo que es necesario que yo mengüe para que Cristo crezca en mi, pero me resulta muy difícil lograrlo. Por favor, lléname de tu Espíritu y ayúdame a menguar para que Jesús sea el Rey y Señor de toda mi vida. En su santo nombre te lo pido, Amén.

¿ESTÁS DISPUESTO A MENGUAR PARA QUE CRISTO CREZCA?


¿Estás dispuesto a menguar para que Cristo crezca?

Juan 3:30
“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”

[Leer Juan 3:28-34]

Este pasaje nos muestra una declaración de Juan el Bautista a sus discípulos cuando estos indagaron acerca de Jesús. En primer lugar Juan deja claro ante todos que él no es el Cristo, sino que él había sido enviado para preparar el camino para el Mesías, tal y como había declarado el profeta Isaías más de siete siglos antes. Así leemos en Isaías 40:3: “Una voz proclama: Preparen en el desierto un camino para el Señor; enderecen en la estepa un sendero para nuestro Dios”. Juan les dice que “el que tiene la esposa, es el esposo"; él es simplemente el amigo del esposo, y se goza al oír la voz del esposo. Jesús es “el esposo”, y esta expresión es, sin duda, una alusión a “la esposa del Cordero” (la iglesia de Cristo) mencionada en Apocalipsis 21:9. También en Efesios 5:21-33, el apóstol Pablo dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”.

Habiendo establecido quien era el Cristo, Juan entonces dice: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”. “Menguar” significa disminuir, empequeñecer. A nadie le gusta disminuir. Esto es símbolo de derrota, y no nos gusta ser derrotados. Sin embargo en el aspecto espiritual, cuando nos bajamos nosotros del primer lugar y le damos el lugar de honor a Jesucristo, es decir cuando menguamos nosotros y engrandecemos al Señor es cuando verdaderamente obtenemos la victoria. Juan el Bautista hizo exactamente esto. Primero él era el centro de atención, el único que bautizaba, el que tenía discípulos. Ahora llegó el momento de dar el lugar de honor a Jesús, al cual llamó “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Cuando nosotros actuamos de esta manera, nuestro crecimiento espiritual no tiene límites, “pues Dios no da el Espíritu por medida", termina diciendo este pasaje.

Nuestro “yo” siempre se niega a retroceder o disminuir. Esto es característico de nuestra naturaleza pecaminosa, pero cuando recibimos a Jesucristo como Salvador personal se establece una lucha entre ese “yo” (la carne) y el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros. El resultado ideal de esta batalla debe ser quitar el primer lugar al “yo” y cederlo al Señor. Esto sólo es posible cuando menguamos más y más en nuestro orgullo, al extremo de morir a todo lo relativo a la naturaleza carnal para que Cristo viva en nosotros y actúe por nosotros. El apóstol Pablo entendió este principio perfectamente, y fue capaz de crecer espiritualmente al punto que pudo decir: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20).

Si quieres caminar en victoria en la vida debes renovar tu mente conforme a los principios del reino de Dios. Tu meta debe ser que no reine tu egoísmo personal sino el Señor Jesucristo. Mientras tu “yo” se mantenga en primer lugar, Cristo no puede reinar en tu vida. Cuando tu “yo” mengua, la vida de Jesús se manifiesta en ti, tu testimonio es agradable a Dios y sus bendiciones sobreabundan en tu vida.

Comienza pidiendo a Dios que te ayude a ser humilde, que ponga en ti el carácter de siervo que caracterizó a Jesús. Persiste en este propósito, escudriña las Escrituras cada día en busca de sabiduría, persevera en la oración y sirve en algún ministerio de tu iglesia, hasta que la vida de Jesucristo se manifieste en ti de manera evidente.

ORACION:
Padre amado, yo entiendo que es necesario que yo mengüe para que Cristo crezca en mi, pero me resulta muy difícil lograrlo. Por favor, lléname de tu Espíritu y ayúdame a menguar para que Jesús sea el Rey y Señor de toda mi vida. En su santo nombre te lo pido, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

miércoles, 7 de mayo de 2014

ORACION


ORACION:

Amado Dios, te suplico perdones mis ofensas. Perdóname porque aún busco satisfacer mis deseos carnales y mundanos. Por favor ayúdame a librar la guerra que hay entre mi naturaleza carnal y la nueva naturaleza espiritual que tú me ofreces. Por favor Señor, no permitas que el enemigo me haga caer en sus trampas. Dame sabiduría y el poder de tu Santo Espíritu, para vencer las tentaciones. Te ruego me ayudes a someter mi voluntad a tu voluntad, cueste lo que cueste. Haz en mi vida lo que tú quieras no lo que yo quiera, te lo pido en el nombre de Jesús, Amén. 

¿AÚN NO SOMETES TU VOLUNTAD A LA VOLUNTAD DE DIOS?


¿Aún no sometes tu voluntad a la voluntad de Dios?

Hebreos 10:9, 10
“…He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”.

[Lee Hebreos 10:5-10]

Cuando aceptamos a Jesucristo como Salvador, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros. Entonces se establece una guerra entre nuestra naturaleza carnal y la nueva naturaleza espiritual en Cristo Jesús. Con el fin de ilustrar este concepto, un predicador contó la siguiente historia en uno de sus sermones. Dijo: “Yo tenía una perrita cuyo juego favorito era tirar de un juguete plástico para arrebatármelo. Agarraba un extremo del juguete con los dientes, y yo agarraba el otro extremo con la mano. Puesto que era una perra pequeña, en ocasiones yo la levantaba del suelo pero ella seguía aferrada al juguete obstinadamente”. La naturaleza humana pecaminosa, a la cual la Biblia llama “la carne”, se parece mucho a esa perrita, se aferra a los hábitos y costumbres, y se empeña en lograr lo que desea.

Desde muy temprana edad nuestras palabras y acciones dicen: “Hágase mi voluntad”. Gritamos de rabia cuando no podemos hacer lo que queremos, y nos reímos cuando satisfacemos nuestros deseos. Así crecemos y continuamos desarrollando ese hábito, de manera que cuando nos dirigimos a Dios, instintivamente lo hacemos con el fin de que él se adapte a nuestra voluntad, en lugar de nosotros conformarnos a la suya. Entonces aprendemos que en nuestra relación con Dios sucede lo contrario a nuestra vida carnal. Es cuando hacemos su voluntad que encontramos la verdadera paz y felicidad, porque su voluntad es “agradable y perfecta” (Romanos 12:2). Esto es algo que nos resulta muy difícil entender, sin embargo por fe debemos tratar de hacerlo siempre, confiando en que al final recibiremos muchas bendiciones.

El pasaje de hoy nos habla de “la ofrenda del cuerpo de Jesucristo” en la cruz del Calvario, por medio de la cual hemos sido “santificados”, es decir separados para Dios para siempre. Este fue el plan de Dios para la humanidad perdida. Con ese fin envió a su Hijo, para reemplazar los holocaustos y expiaciones por el pecado que se hacían cada año, “porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados” (Hebreos 10:4). Por eso dicen los versículos 6 y 7: “Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Jesús vino a este mundo no sólo con el propósito de ofrendar su vida para librarnos de la condenación eterna, sino también para darnos un ejemplo de obediencia al someter siempre su voluntad a la voluntad de Dios.

Junto al pozo de Jacob (Juan capítulo 4), cuando sus discípulos le ofrecieron de comer, Jesús les contestó de la siguiente manera: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”. Y así lo hizo hasta que completó su obra en la cruz del Calvario. A pocas horas de su muerte, en el huerto de Getsemaní, postrándose en oración Jesús clamó: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa...” Pero en el aliento siguiente abandonó su propia voluntad y se sometió a la voluntad de Dios diciendo: “...pero no sea como yo quiero, sino como tú”. Después se dirigió a la cruz y ofreció su vida por cada uno de nosotros. Y dice la Biblia que al tercer día resucitó y entonces Dios “le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9).

Debemos seguir siempre el ejemplo de nuestro Señor, sabiendo que, aunque resulte difícil y a veces doloroso, cuando hacemos la voluntad de Dios siempre seremos abundantemente bendecidos.

ORACION:
Amado Dios, te suplico perdones mis ofensas. Perdóname porque aún busco satisfacer mis deseos carnales y mundanos. Por favor ayúdame a librar la guerra que hay entre mi naturaleza carnal y la nueva naturaleza espiritual que tú me ofreces. Por favor Señor, no permitas que el enemigo me haga caer en sus trampas. Dame sabiduría y el poder de tu Santo Espíritu, para vencer las tentaciones. Te ruego me ayudes a someter mi voluntad a tu voluntad, cueste lo que cueste. Haz en mi vida lo que tú quieras no lo que yo quiera, te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla


martes, 6 de mayo de 2014

ABIGAIL


ABIGAIL

1 Samuel 25:3
“Aquel varón se llamaba Nabal, y su mujer Abigail. Era aquella mujer de buen entendimiento y de hermosa apariencia, pero el hombre era duro y de malas obras; y era del linaje de Caleb”.

[Leer 1 Samuel 25:2-42]

Abigail, una mujer hermosa casada con un hombre necio. Una mujer que demostró valor, sabiduría y un corazón dispuesto al servicio, cualidades que salvaron la vida de muchas personas.

Parece que también en otras épocas se concertaban matrimonios de personas sumamente dispares. Tenemos un ejemplo de ello en el matrimonio de Nabal con Abigail. Nabal era un hombre muy rico, pero sumamente burdo y zafio (salvaje), de poco discernimiento y dado a toda clase de excesos. Ella era una mujer juiciosa y de buen parecer y con un recto sentido moral.

Es posible que tú te preguntes cómo pudo aceptar esta mujer a un hombre así. Para comprenderlo nos basta recordar que en aquellos tiempos la mujer no era consultada para ser dada en matrimonio. Nos basta hacer mención de Lea en su matrimonio con Jacob. Podemos suponer que el caso de Abigail fue semejante.

No es muy probable que Abigail tuviera una vida muy plácida con este hombre, o que hubiera mucha comprensión por parte de él en los asuntos de la casa o en sus relaciones personales. Este hombre sólo se preciaba de sus posesiones materiales y su mayor satisfacción era correrse juergas mayúsculas con sus compinches. Nabal había tomado la parte de Saúl, el rey, en la contienda de éste con David según se nos hace evidente en la respuesta que da a los mensajeros de David: “Hay muchos siervos hoy que huyen de sus señores”. Como veremos, Abigail tenía mucha más comprensión y es evidente que por su parte, estaba decididamente del lado de David, pues lo demuestran también sus palabras: “Y acontecerá que cuando Jehová haga con mi señor conforme a todo el bien que ha hablado de ti, y te establezca por príncipe sobre la tierra...”

La historia se puede relatar rápidamente: David se hallaba con sus hombres en la montaña y envió a Nabal un destacamento para pedirle vituallas (abastecimientos). David consideraba que tenía derecho a ello porque había protegido a los pastores de Nabal. Pero Nabal odiaba a David; por ello trató rudamente a sus enviados y los despidió con las manos vacías.

La reacción de David al enterarse del ultraje es comprensible: “Cíñase cada uno su espada…” Cuatrocientos soldados iban a caer sobre la casa de Nabal y ningún hombre habría quedado vivo en ella. Pero, Abigail intervino y dio órdenes de cargar varios asnos con panes, cueros de vino, ovejas, grano y fruta. Los envió a David y ella misma siguió a sus siervos para asegurarse de ver aplacado a David. El discurso de Abigail a David es un modelo de diplomacia, y consiguió lo que deseaba. Se echó a los pies de David, tan pronto como le vio, y disculpó la insensatez de su marido con palabras elocuentes. Luego pidió misericordia a David en nombre de Jehová, y al final le hace ver que cuando llegue el día que David vea reconocidos sus derechos estará contento de no haber derramado sangre sin causa “o de haberse vengado por sí mismo”. Las palabras con que se despide son: “Acuérdese mi señor de su sierva”.

No sólo aplacó la ira de David, sino que cuando al poco Nabal murió, después de una espantosa borrachera, y Abigail quedó viuda, David “se acordó”, le mandó una embajada diciéndole que deseaba tomarla por mujer. Oigamos la respuesta de Abigail: “He aquí tu sierva será una sierva para lavar los pies de los siervos de mi señor”. Su discreción no la había abandonado. Hemos de tener en cuenta que éste era el estilo de lenguaje de aquellos tiempos.

Abigail mostró prudencia en difíciles circunstancias. Dio muestras de fe al decir a David, el escogido de Dios en oposición al rey Saúl: “Aunque alguien se haya levantado para perseguirte y atentar contra tu vida, con todo, la vida de mi señor (David) será ligada en la faz de los que viven delante de Jehová tu Dios, y Él arrojará la vida de tus enemigos como de en medio del hueco de una honda”.

Abigail vio cumplidas estas palabras.


“Gracia y Paz”
Editado por: Carlos Martínez M.
Beatriz C. González

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¿No sabes cómo batallar con tus preocupaciones?


¿No sabes cómo batallar con tus preocupaciones?

En Lucas 12 Jesús se refiere al tema de la preocupación con sus discípulos. Me consuela saber que ellos también tenían batallas en este aspecto. Aquellos que caminaron con Jesús, que comieron con él, y aprendieron directamente de él, también batallaban con confiarle a Dios  su futuro y la suplencia de todas sus necesidades. Yo no soy diferente, y ¡menos ahora que me siento como pasando por un desierto!

“Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente para comer o suficiente ropa para vestirse. Pues la vida es más que la comida y el cuerpo es más que la ropa” (Lucas 12:22-23).

“¿Acaso con todas sus preocupaciones pueden añadir una hora más a su vida?” (Lucas 12:25).

A medida que leo estos versículos me imagino a un padre que abraza a su hija y amorosamente le dice “no te preocupes mi dulce niña. Amo a mis hijos más que cualquier cosa que haya creado. Búscame y confía en mí. Estoy aquí para suplir todas tus necesidades”.

Jesús no dice no planees o no te prepares para el futuro, pero no dejes que  esos planes o sueños se conviertan en preocupaciones o temores. Confía en Dios y deja tu futuro en sus amorosas manos. Preocuparnos no le agrega nada a nuestras vidas.

Descubre que las preocupaciones son oportunidades escondidas para aprender a confiar en Dios.


4 maneras de Combatir la Preocupación

1. Orar- convierte tus preocupaciones en oraciones. Se honesto(a) y dile a Dios por que estas preocupado(a). Háblale como lo harías a tu mejor amigo(a). Usa esta oportunidad para acercarte y hacer más fuerte la relación con nuestro Padre Celestial. Convierte lo negativo de las preocupaciones en un positivo de oraciones.

2. Memoriza la Palabra- ten la palabra de Dios en tu mente y tu Corazón cuando comiences a preocuparte, repite los versículos y reclama estas verdades.

3. Alaba- concéntrate en agradecer y alabar a Dios por todo lo que él HA HECHO en tu vida. Alábale por su Santidad, por su Bondad, por su amor por nosotros, por su sacrificio. Alábale por la belleza de la naturaleza a nuestro alrededor, por los amigos y la familia que ha puesto en nuestra vida y por todos los regalos que nos ha dado. Convierte tus preocupaciones en alabanza. cántale canciones de alabanza.

4. Muévete- algunas veces hay una medida que debemos tomar y esta medida puede ser comenzar a moverse, por ejemplo hacer ejercicio para aliviar un poco el stress, salir a correr, llevar los chicos al parque o salir en una caminata. Algunas veces esta medida es hacer algo con respecto a aquello que te está preocupando, quizás es tener un plan para no gastar tanto dinero. Quizás la medida es comenzar a comer saludablemente.

¡En lugar de preocuparte… búscalo a Él y a Su Reino!

En vez de concentrarnos en “qué tal si” las cosas se ponen peor en nuestras vidas, concentrémonos en Cristo. Busca Su Reino, ama y valora lo que Dios ama y valora. Invierte en la vida de otros, ayuda a aquellos que lo necesitan, busca a quien aun se encuentra viviendo en las tinieblas, al que está perdido, se un amigo para aquel que no tiene amigos. Busca lo que nunca te podrá ser arrebatado. ¡Invierte el Tesoro de tu vida sabiamente!

¡En vez de Preocuparte… se una persona generosa!

En vez de preocuparte sobre lo que comerás o vestirás, Jesús nos dice que seamos generosos con lo que se nos ha dado. Se generoso como Dios es generoso. Me gusta mucho el versículo 32 donde Jesús dice “…tu Padre está encantado de darte el reino” ¿Lo entendiste? A Dios le complace darnos. Tenemos que reflejar la generosidad de Dios y ser generosos con los regalos que no han sido dados.

Si eres un papá o una mamá con hijos pequeños, piensa en la grandiosa oportunidad que Dios ha puesto en tu vida, aprovecha la oportunidad de liderar a tus hijos, de ser un ejemplo para ellos en la manera que manejas las preocupaciones, buscando a Jesús y viviendo tu Fe para que ellos lo puedan ver a través de ti.

Hoy ataca la preocupación con uno de estos cuatro pasos. Concéntrate en ser generoso con lo que Dios ya te ha dado, en vez de preocuparte con lo que no tienes o lo que podrías perder. Pídele a Dios que te ayude a buscar primero su reino y veras que todo lo demás llegará por añadidura.

¡Ama a Dios Grandemente!

Filipenses 4:6-7
“No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.

1 Pedro 5:7
“Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes”.

Juan 14:27
“Les dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Y la paz que yo doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no se angustien ni tengan miedo”.

Salmo 55:22
“Entrégale tus cargas al Señor, y él cuidará de ti; no permitirá que los justos tropiecen y caigan”.

Romanos 15:13
“Le pido a Dios, fuente de esperanza, que los llene completamente de alegría y paz, porque confían en él. Entonces rebosarán de una esperanza segura mediante el poder del Espíritu Santo”.

Salmo 37:25
“Una vez fui joven, ahora soy anciano, sin embargo, nunca he visto abandonado al justo ni a sus hijos mendigando pan”.


¡Gracia y Paz!
Editado por Carlos Martínez M.

Angela

¿ERES UNA PERSONA ORGULLOSA Y SOBERBIA?


¿Eres una persona orgullosa y soberbia?

Proverbios 16:18
“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu”.

En casi todo lugar donde vayamos nos encontraremos con personas orgullosas, altivas y soberbias. Estas tres palabras se escriben diferentes pero tienen un significado similar. Las personas que tienen esta conducta de vida actúan como si fueran superiores a todos los demás y como si todo se lo merecieran. Por regla general se consideran a sí mismos el centro de atención. A simple vista estas personas pueden parecer grandes triunfadores, pero la realidad es que son personas fracasadas y con un alto grado de frustración. Una persona orgullosa y soberbia, generalmente expresa superioridad sobre los demás y se exalta a sí misma con el fin de impresionar a quienes les escuchan. Pero, como dice Jesús en Mateo 6:5 refiriéndose a los fariseos, “ya tienen su recompensa”. Esto es, una satisfacción superficial y pasajera, nada más. Después sufrirán las consecuencias de su orgullo, porque “cualquiera que se enaltece, será humillado…” (Lucas 14:11a). La característica opuesta al orgullo y la soberbia es la humildad. Y los resultados de una y otra actitud son totalmente opuestos. Conforme a lo que nos dice la Biblia, el que se humilla, el de corazón humilde, éste será enaltecido, es decir será exaltado. Continúa Lucas 14:11b: “... y el que se humilla, será enaltecido”.

El ejemplo máximo de humildad lo dio Jesús, “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:6-8). Por eso “Dios le exaltó hasta lo sumo” (Filipenses 2:9). En el extremo opuesto está Satanás, cuyo orgullo y soberbia al querer ser semejante a Dios, lo llevó a su caída de los lugares celestiales. El profeta Isaías habla de este evento en Isaías 14:13-15, y le dice al diablo: “Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo”. Ciertamente se cumplió lo que dice el pasaje de hoy: “Antes de la caída la altivez de espíritu”.

La característica del cristiano debe ser la humildad de espíritu si queremos imitar a Jesús y llegar a crecer espiritualmente hasta “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13). Si deseamos llegar a este estado espiritual en la vida, debemos aprender a despojarnos de toda forma de soberbia, orgullo y altivez. Debemos pedir a Dios el discernimiento espiritual que nos revele cuando estamos actuando con soberbia. Muchas veces nos resulta difícil identificar en nosotros mismos una actitud de este tipo, y más difícil aún reconocerla y confesarla. Pero es necesario hacerlo. Es imprescindible humillarnos delante de Dios y de aquellos ante los cuales hemos actuado con orgullo, si queremos profundizar en nuestra relación con el Señor. El orgullo y la soberbia crean una barrera entre nosotros y Dios; la humildad nos acerca a él. Este contraste lo expresa Proverbios 29:23 de la siguiente manera: "El orgullo del hombre lo humillará, pero el de espíritu humilde obtendrá honores".

Acércate hoy al trono de la gracia de Dios en oración. Pide al Señor que te revele esa área en la que estás actuando con orgullo y soberbia, y reconoce esta actitud como un verdadero pecado ante los ojos de Dios. Renuncia a ella en el nombre de Jesús, y pídele al Señor que la presencia de su Espíritu Santo coloque en su lugar un espíritu de humildad.

ORACION:
Padre Santo, escudriña lo profundo de mi corazón y quita de mí toda altivez, soberbia y orgullo que sólo pueden conducir a la destrucción. Ayúdame a caminar en humildad para agradarte a ti. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

lunes, 5 de mayo de 2014

¿TE RESULTA DIFÍCIL AMAR A TUS ENEMIGOS?


¿Te resulta difícil amar a tus enemigos?

Mateo 5:44
“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”.

Este consejo bíblico está muy claro. En realidad más que un consejo es una orden directa del Señor. Debemos amar y demostrar ese amor con hechos, aún a aquellos que nos han causado daño, los que nos han herido, los que nos han ofendido. Debemos hacer el bien incluso a nuestros enemigos. Aún más: debemos bendecir a los que nos maldicen. Ciertamente es una orden sumamente difícil de cumplir, en muchos casos totalmente imposible para nosotros, a menos que recurramos al poder del Espíritu Santo.

Probablemente todos hemos oído hablar de los famosos "Tres Tenores" los cuales recorrieron el mundo cantando juntos hasta la muerte de uno de ellos (Luciano Pavarotti) en septiembre de 2007. Hay una pequeña historia sucedida hace más de veinte años que se refiere a los otros dos tenores (Plácido Domingo y José Carreras), la cual nos ilustra la enseñanza del pasaje de hoy. Aún los que nunca han visitado España conocen la rivalidad existente entre los catalanes y los madrileños. Pues bien, Plácido Domingo es madrileño y José Carreras es catalán. Por cuestiones políticas, en 1984, Carreras y Domingo se volvieron enemigos. Siempre muy solicitados en todas partes del mundo, ambos hacían constar en sus contratos que sólo se presentarían en determinado espectáculo si el adversario no fuese convidado.

Pero en 1987, en la vida de Carreras apareció un enemigo mucho más implacable que Plácido Domingo. Carreras fue sorprendido por un diagnóstico terrible: ¡LEUCEMIA! Entonces comenzó una lucha contra el cáncer que fue sufrida y persistente. Se sometió a varios tratamientos, como auto trasplante de la médula ósea, además del cambio de sangre, lo que lo obligaba a viajar una vez por mes a Estados Unidos. Claro que en esas condiciones no podía trabajar y a pesar de ser dueño de una razonable fortuna, los altos costos de los viajes y del tratamiento rápidamente debilitaron sus finanzas. Cuando sus recursos financieros estaban prácticamente agotados, tuvo conocimiento de la existencia de una fundación en Madrid, cuya finalidad única era apoyar el tratamiento de enfermos de leucemia.

Gracias al apoyo de la Fundación Hermosa, Carreras venció la dolencia y volvió a cantar. Al recibir nuevamente los altos cheques que merecía, y lleno de agradecimiento, José Carreras trató de asociarse a la Fundación. Para sorpresa de él, mientras leía sus estatutos, se enteró que el fundador, mayor colaborador y presidente de la fundación era Plácido Domingo. Carreras descubrió que éste había creado la entidad con el fin de socorrerlo en su enfermedad y que se había mantenido en el anonimato para no humillarlo al tener que aceptar auxilio de un enemigo.

El momento más lindo y conmovedor fue el encuentro de los dos cuando, sorprendiendo a Plácido en una de sus presentaciones en Madrid, Carreras interrumpió el evento y humildemente se arrodilló a sus pies y le pidió perdón agradeciéndole públicamente todo lo que había hecho por él. Plácido lo levantó y con un fuerte abrazo los dos sellaron en ese instante el inicio de una gran amistad que ha perdurado desde entonces.

¡Qué ejemplo tan precioso de amor y humildad para el público presente y para todo el mundo que conoció la historia! Ciertamente el Espíritu de Dios se reveló en aquel momento, y la esencia de la enseñanza de Jesús se manifestó en aquel auditorio. Actuar de esta manera, normalmente resulta imposible para nosotros, pero puede ser posible si permitimos que Cristo actúe en nosotros y que se manifieste su carácter manso y humilde, el cual lo llevó a morir en silencio, aun siendo inocente.

Jesús nos invita a venir a él en Mateo 11:28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Acude al Señor y él quitará de ti toda carga que esté afectando tu vida espiritual: resentimientos, odio, deseos de venganza contra aquellos que te han hecho mal. Cristo puede hacer maravillas con esos sentimientos negativos y convertirlos en perdón, misericordia y amor por ellos.

ORACION:
Mi amado Señor, gracias por darme un nuevo despertar, gracias por tu misericordia. Señor, hoy traigo ante tu presencia todos los sentimientos negativos que aun guardo en mi corazón. Te ruego limpies y arranques de mí todo aquello que impide que yo muestre tu amor a los demás, aún a los que me han herido. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla


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domingo, 4 de mayo de 2014

¡SIN SANTIDAD NADIE VERÁ AL SEÑOR!


¡Sin santidad nadie verá al Señor!

1 Pedro 1:15-16
“como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”.

1 Corintios 6:9-11
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”.

Nuestro Señor Jesucristo comisionó a su Iglesia diciendo: Id por todo el mundo, predicad el evangelio a toda criatura. También nuestro Señor dijo: Id y doctrinad enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. El Señor ordena a predicar y a doctrinar, son dos cosas fundamentalísimas que se complementan la una a la otra. Predicar sin doctrinar, es sembrar sin poder cosechar; doctrinar sin predicar es querer cosechar sin sembrar. Dios ha puesto sobre nosotros una carga muy grande por las almas que nunca han escuchado el evangelio, pero también nos ha cargado, por las almas que continuamente escuchan el evangelio.

Es muy doloroso que las almas se pierdan, sin nunca haber escuchado el evangelio. Pero es mucho más doloroso que las almas se pierdan escuchando todos los días el evangelio. Es muy triste perder el alma en la selva, es mucho más triste perder el alma en la iglesia. Es mejor ser un pagano en la selva, que ser un mundano en la iglesia. Es terrible ser frío y perderse en la selva, pero es mucho más terrible ser tibio y perderse en la iglesia.

De ahí la responsabilidad de la iglesia de no solamente predicar y evangelizar, pero también doctrinar y enseñar. Todos debemos hacer ambas cosas, por eso en esta ocasión estamos tratando el tema sobre LA SANTIDAD.

Santidad significa separación o dedicación para vivir para Dios y para servirle. Si la demanda divina de santidad o separación incluye la casa templo, el mobiliario, los utensilios, todo lo utilizado en rendir culto a Dios tiene que ser separado exclusivamente para Dios, mucho más se requiere a nosotros como hijos de Dios, todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo.

La Palabra de Dios enseña enfáticamente que “sin santidad, nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).

En Lucas 1:75 dice que este evangelio es “en santidad y en justicia”.

En 2 Corintios 7:1 dice: “limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”.

En Efesios 4:24 se nos ordena: “vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.

En Tito 2:11 nos dice: “enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”.

El Salmo 24:3-4 dice: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?  El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño”.

En Mateo 5:8 dice: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”.

En 1 Juan 2:15-17 dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.

En 1 Timoteo 2:8-10 dice: “quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda. Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad”. “porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios” (1 Pedro 3:5).

Hoy día hay mucha gente en las iglesias que dicen ser cristianos pero viven y visten como mundanos y hasta como paganos. A éstos les preocupa más estar en la conducta del mundo, que estar en santidad. No siguen los dictados de la Biblia, sino los dictados de su corazón y de la sociedad en donde se desenvuelven. No se puede establecer la diferencia entre los ellos y los inconversos y paganos. No solo se contaminan ellos mismos, sino que también contaminan la casa de Dios, porque asisten a ella vestidos indecorosamente. Refiriéndose a la casa de Dios dice el Salmo 93:5 dice: “la santidad conviene a tu casa, oh Jehová, por los siglos y para siempre”.

Estos “hermanos” y “hermanas” dicen que Dios no se fija en lo exterior, pero las citas bíblicas que hemos leído se refieren e incluyen lo exterior. Muchas personas dicen que Dios lo que mira es lo interior, pero al mirar lo interior, ya ha tenido que mirar lo exterior. La santidad tiene precisamente dos aspectos: El interno y el externo, esto es, el aspecto del corazón y el aspecto de la conducta exterior; uno tiene que ver con los motivos; y lo otro con las acciones. La santidad interna, es un estado de pureza obrado por el Espíritu Santo. La santidad externa es una vida de justicia y devoción a los más elevados ideales del evangelio. La verdadera santidad interna, siempre se manifestará externamente, manteniendo normas de conducta conforme a la Palabra de Dios, y por consiguiente, diferentes a las del mundo. El creyente santificado, será diferente tanto en lo interior como exterior.

La Biblia claramente enseña cómo debemos andar (Juan 2:6) “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” y  (Efesios 4:17) “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente”.

La Biblia claramente enseña cómo debemos conversar (1 Pedro 1:15) “como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir”.

La Biblia claramente enseña cómo debemos vestir: “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia… como corresponde a mujeres que profesan piedad” (1 Timoteo 2:9).  Esto también se aplica para los hombres que visten ropas ridículas. Dios nos ha llamado a pureza y a santidad: “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación” (1 Tesalonicenses 4:7).

Nosotros tenemos que seguir el llamado de Dios y el dictado de la Biblia, y no el llamado del mundo y los dictados de modas indecorosas. El camino al cielo, es camino de santidad. Dice en Isaías 35:8 “Y habrá allí calzada y camino, y será llamado Camino de Santidad; no pasará inmundo por él...” Dios es santo y el camino que conduce a Él, es camino de santidad, porque “sin santidad nadie verá al Señor”.

Causa dolor ver la condición de tantos creyentes, iglesias y denominaciones llenos del mundo, completamente mundanos, viviendo, actuando, hablando, vistiendo como el mundo, amando al mundo y las cosas del mundo; ellos reclaman que son cristianos, reclaman que irán al cielo, piensan que Dios no ve lo exterior, pero leamos la severa amonestación que Dios nos hace a través del Apóstol Santiago, quien dijo: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4:4). Causa mucho dolor, que aflige el corazón y muchos naufragan en la fe, cuando ven a notorios predicadores que son adúlteros, fornicarios, o divorciándose y recasándose repetidas veces con una facilidad espantosa. O engañadores, cuyo dios es el vientre, aprovechándose de la buena fe de los creyentes.

La razón por la cual el mundo no ha sido evangelizado adecuadamente, es precisamente por los malos testimonios, la mundanalidad, la falta de santidad en individuos e iglesias. Con razón el Apóstol Pedro afirma: “Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las verdades de Aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”. Quiere decir, que para poder anunciar con efectividad las virtudes del evangelio, tenemos que ser gente santa. En el Antiguo Testamento, cuando un sacerdote manchaba, o deshonraba su ministerio con adulterio, fornicación o idolatría, Dios lo excluía, lo eliminaba del ministerio, y lo que más Dios le permitía, después que se arrepentía, era ser portero en el templo. Y hoy día, si tantos adúlteros y fornicarios que manchan y deshonran el ministerio y los púlpitos, salieran del ministerio y se arrepintieran, ¡qué cantidad tan impresionante de porteros habría!

Si tu encuentras que en tu vida hay cosas, conversaciones, vocabulario, modas, costumbres, maneras de vivir que no son santas, que no agradan a Dios, es mejor que te humilles en la presencia de Dios, le pidas perdón y le prometas abandonar tales cosas para entrar plenamente en el camino de santidad, porque, recuerda, “SIN SANTIDAD, NADIE VERÁ AL SEÑOR”.

“Gracia y Paz”

Luis M. Ortiz