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viernes, 24 de febrero de 2017

LAS HIJAS DE ZELOFEHAD


cinco hermanas que cambiaron el mundo de las mujeres

Sus nombres son definitivamente desconocidos: Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. Lo que hicieron, ocho siglos antes de la fundación de Roma, se ha perdido en gran parte en las memorias del tiempo. Pero toda mujer tiene con ellas una deuda de gratitud. Y también todo abogado. Los nombres pertenecen a las hijas de Zelofehad; eran cinco jóvenes que, de haber vivido hoy, habrían tenido la edad suficiente para ser estudiantes universitarias de leyes. Pero, en su época, y en el Cercano Oriente, las mujeres tenían pocas libertades, y menos aún la de opinar sobre su futuro.

Afortunadamente, eso no les impidió desafiar las leyes de su cultura, sin faltar al mismo tiempo a los principios de su fe. Al hacerlo, se hicieron acreedoras de una increíble victoria en cuanto a los derechos de las mujeres, y hoy nos ofrecen el inspirador ejemplo de una gran valentía.

Su historia se encuentra en el Libro de Números. Su padre, Zelofehad, de la familia de Manasés, había muerto en el desierto, y gracias a que no fueron parte de la compañía de Coré, que se había rebelado contra Moisés, sus hijos tenían derecho a su herencia. Pero había un problema: Zelofehad no tenía un hijo varón que pudiera reclamar la herencia, sino únicamente sus hijas, que no tenían absolutamente ningún derechos de propiedad bajo las costumbres existentes.

Al ver que esto era injusto, las jóvenes se unieron y valientemente dijeron que tenían derecho a lo que su padre había dejado. Esto sucedió en un momento clave de la historia de Israel. El pueblo se preparaba para entrar a la Tierra Prometida y, por consiguiente, se encomendó un censo para distribuir correctamente la nueva tierra entre quienes habían cruzado el Jordán. Las hijas de Zelofehad habían sido contadas entre las personas de su tribu que debían tener por lo menos 20 años de edad en el momento de repartir la tierra. Estas mujeres fueron lo suficientemente sabias como para reconocer que era el momento ideal para dar la batalla; de lo contrario, se arriesgaban a perder toda oportunidad de recibir la herencia que había dejado su padre a sus hijos.

Una bendición nunca antes vista.

Las jóvenes hicieron algo inédito: fueron directamente a Moisés, al sacerdote Eleazar y a toda la congregación para presentar su caso públicamente: "¿Por qué será quitado el nombre de nuestro padre de entre su familia, por no haber tenido hijo? Danos heredad entre los hermanos de nuestro padre" (Números 27:4). Su petición no tenía precedentes; era una acción muy arriesgada.

¿Puede usted imaginar la escena? Debieron de haber soportado muchas burlas, e incluso haberle causado consternación a los israelitas de la "vieja escuela" que creían que las mujeres, especialmente si eran tan jóvenes, debían simplemente ocupar su puesto y permanecer calladas. Y hasta es posible que algunos interpretaran su acción como una “afrenta” al Todopoderoso y a las leyes que Él había dado con tanto detalle.

Moisés debió de haberse dado cuenta de esto, pero conocía también la solución. Llevó el caso de las mujeres al Señor, un Dios justo y recto. Y el Juez supremo dio rápidamente Su veredicto: "Bien dicen las hijas de Zelofehad; les darás la posesión de una heredad entre los hermanos de su padre, y traspasarás la heredad de su padre a ellas" (Números 27:7). La resolución de Dios fue en favor de las hermanas. La ley fue reescrita, y las mujeres tuvieron derechos legales de propiedad por primera vez. Después, el caso fue ampliado para incluir otras instancias, como cuando el muerto no tenía hermanos varones ni hijos sobrevivientes.

Ésta es una de las demandas más antiguas registradas. En los tiempos modernos, ha sido utilizada por abogados y juristas como precedente, y sigue siendo aceptada como el caso más antiguo juzgado. De hecho, un artículo de la Revista del Colegio de Abogados de los Estados Unidos de América, escrito por Henry C. Clark, en 1924, se refiere a la decisión, llamándola una sentencia "de enorme significado". La sentencia o decreto se aplicó a todas las doce tribus, y modificó su mismísima constitución de gobierno. La política fundamental del estado fue cambiada. Antes, en ausencia de descendientes varones, una familia se extinguía y las hijas quedaban sin un centavo, pero ahora ellas podían preservar el nombre de la familia y recibir la herencia". En su libro All of the Women of the Bible (Todas las mujeres de la Biblia), Edith Deen lo resume de esta manera: "Hasta ese momento, las mujeres no tenían derechos de propiedad. Ésta es la razón por la que los hombres deseaban siempre tener un hijo varón. Pero ahora las mujeres eran consideradas seres humanos con iguales derechos de propiedad, al igual que los hombres".

Un precedente para los demás.

La valiente acción de Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa muestra el impacto que puede tener la valentía, no sólo en su vida, sino también en la vida de los demás, incluso de las generaciones futuras. También ha sido un modelo para otras mujeres con nombres igualmente desconocidos, que sintieron que Dios las estaba dirigiendo a retar el "status quo" de su tiempo —por ejemplo en el mundo de las publicaciones, el trabajo misionero y el ministerio carcelario.

En Bay Colony, Massachussets, Anne Bradstreet perdió su casa en un incendio, vio morir a su hija de cuatro años, y estuvo separada de su esposo, Simon, durante largos períodos de tiempo cuando éste tenía que viajar a Inglaterra por razones de servicio. Sin embargo, estas experiencias, y la fe en Dios que éstas le inspiraron, fueron expresadas en sus poemas que finalmente fueron publicados como The Tenth Muse (La décima musa) y que se convirtió en el primer volumen de imperecedera poesía en lengua inglesa jamás producido por una mujer.

En las iglesias del siglo 19 había una intensa oposición a que las mujeres fueran misioneras. Pero Sarah Doremus fundó la Sociedad Misionera de la Unión de Mujeres de los Estados Unidos de América, que derribó esas barreras. Además de criar a ocho hijos, Sarah dirigió una organización para reintegrar a la sociedad a las ex presidiarias, creó un programa de ayuda a los cristianos griegos oprimidos por los musulmanes turcos, y ayudó a crear dos hospitales en el estado de Nueva York, uno para niños y otro para mujeres.

En 1896, el director de la cárcel de Sing Sing, en Ossining, Nueva York, invitó a Maud Booth a hablar a los presos. Ésta les dijo, valientemente: "No he venido aquí para evitar que paguen el castigo merecido por sus delitos; tomen su medicina como verdaderos hombres. Cuando hayan pagado su condena, los ayudaré. Me ocuparé de su salud. Les conseguiré trabajo. Pero, sobre todo, confiaré en ustedes. Y también dependerá de ustedes que yo lo siga haciendo o no". Ese día, cinco reclusos decidieron seguir a Cristo. Al final de ese año, Maud creó la "Liga de voluntarios carcelarios". Desde 1923, 100.000 presos se han inscrito en este programa. Maud estableció las "Casas de esperanza" en toda la nación para facilitar el reingreso de los ex convictos a la sociedad. Gracias a sus esfuerzos, Voluntarios de América y otras organizaciones hicieron lo mismo para lograr reformas penitenciarias en el siglo 20.

¿Qué acción valiente le está pidiendo el Señor a usted? Puede que no sea desafiar las costumbres establecidas o iniciar un gran ministerio cristiano. Pudiera ser tan sencillo y tan importante como testificar de Cristo a un vecino, confrontar a un ser amado en cuanto a un problema de relación, o comenzar una nueva actividad económica. Sea lo que sea, siga el valiente ejemplo de las hijas de Zelofehad y de sus seguidoras modernas.

¡Gracia y Paz!



Adam Colwell

jueves, 23 de febrero de 2017

ANA, LA PROFETISA




El libro de Lucas, en el capítulo 2 del versículo 36 al 38, nos habla de una mujer viuda llamada Ana, hija de Fanuel de la tribu de Aser. El nombre Ana significa  “favor o Gracia”. Esta mujer visitaba cada día el Templo, servía en él noche y día  y  hacía oraciones y ayunos.

Lucas nos dice que Ana era una mujer joven, que estuvo casada solo 7 años y que enviudó a una edad muy temprana. La Biblia no lo aclara, pero quizá no tenía hijos. En medio de esa crisis, de ese dolor, y de tanta soledad ella decide servir a Dios con fidelidad. Es elogiable la decisión de ésta mujer; una mujer con carácter firme y  gran fortaleza, que  a pesar del sufrimiento que estaba pasando y de la circunstancia que le había tocado vivir, no renegaba de su fe. Al contrario se fortalecía aún más en su Dios. Dedica sus días al servicio en el templo, a la oración y al ayuno.

Un ejemplo  digno de imitar, con lo que a veces  pienso que cómo haría para vivir en esa época una mujer sola, sin esposo o hijos varones que la sostuvieran; sin la pensión que el marido le pudiera haber dejado; sin la asistencia social del Estado. La de Ana era una situación social un poco incómoda para la época. Pero a pesar de todo priorizo su vida espiritual.

La Biblia no lo aclara pero tal vez la Iglesia se hacía cargo de ella, como enseñaba el apóstol Pablo en 1 Timoteo  capítulo 5. No lo sabemos. Meditando un poco en esta historia que escribe Lucas, tan significativa para nuestros días, podríamos sacar por lo menos dos enseñanzas muy importantes:

1) Ana elige una vida de piedad. A pesar de su dolor y soledad  se sobrepone a esa  circunstancia  difícil. Tomó una decisión muy importante en su vida que fue servir en el Templo todos los días. 

2) Dios  premió su eleccion. A sus  84 años pudo ver en el Templo al niño Jesús cuando fue presentado por sus padres. No sólo sus ojos envejecidos lo vieron sino que ella profetizó que ese niño era el Mesías.

Como su nombre lo indica ella halló “favor” o “gracia” ante los ojos de Dios y reveló al mundo la Esperanza de Israel. Dios le permitió ver, a una edad muy avanzada, lo que ella por tantos años estuvo esperando “El Salvador”. Dios le revela a esta mujer que el niño Prometido estaba ante sus ojos. Una bendición esperada por muchos, pero Dios se la concede a esta mujer piadosa.

Si tú estás pasando por una edad avanzada, mírate en Ana; una mujer dedicada al ministerio de la profecía, útil para el servicio en el templo y a los demás. Dios también tiene un plan para ti, a pesar de tus años. Si tú eres fiel al Señor y le dedicas tiempo a la oración y al ayuno podrás ver como Ana, a pesar de tus ojos envejecidos la salvación para tus hijos, tus nietos, tu familia. Revelación de cosas futuras y una vida de ejemplo para generaciones venideras.
Amada hermana, no importa la edad que tengas, ni las circunstancias por las que estés pasando, te invito a que imites a Ana, para que seas favorecida por Dios como lo fue ella.


¡Gracia y Paz!

NiKa


martes, 21 de febrero de 2017

ESTER


(Este tema está dedicado a todas las bellas damas y varonas de Dios que lo lean).

Ester se caracterizaba por ser una mujer muy bella, además de piadosa, valiente y  sabia. Poseía un fuerte patriotismo y una fe muy grande. Ester también se caracterizaba por su determinación. De hecho, Ester significa: la que brilla como una estrella. Ester fue adoptada por su primo Mardoqueo, quien se convirtió en su padre y tutor, cuando murieron sus padres. Mardoqueo ocupaba una posición administrativa en el palacio de Susa. Un día éste se enteró de que el rey Asuero había repudiado a su esposa, la reina Vasti, la cual también era una mujer muy hermosa, por no presentarse a las fiestas que él ofrecía en su palacio. Por esta razón, el rey buscaba una nueva esposa, sin importar su procedencia, la cual debía mantenerse en secreto. Ester fue elegida por su belleza y encanto, y se convirtió en la reina de los Medos. 

Por cierto, no es pecado ser bella, no es pecado que lo reconozcas, no es pecado que busques ser bella, sí hermana, te lo digo a ti que estás leyendo. Dios te ha dado una belleza especial. Flaca, gordita, alta o bajita, rubia o morenita, española o inglesita, citadina o rancherita, tú, como seas, eres el ser más bello que ha sido creado por Dios. Desgraciadamente este mundo ha tergiversado todo y a lo malo llaman bueno y a lo bueno malo. Pero, no es malo que quieras ser bella, tanto para tu marido, para el hombre que amas, como para dar una buena imagen de la obra que Jesús ha hecho en tu vida. Sí, es verdad, que la falta de limpieza, la falta de arreglo, y desgraciadamente el sobrepeso corporal, generalmente dan una mala imagen a cualquiera que ve a una dama “pasadita” de peso.  Si te miras al espejo y tú en tu corazón sabes que  necesitas un cambio en tu vida, pídele a Dios sabiduría, pero sin caer en las trampas de la falsa belleza.

Nada de riesgosas cirugías. Tú, como la Reina Esther, tienes una  belleza natural dada por Dios, pídele a Él que te ayude a descubrirla. Pide ayuda a alguna amiga o pariente que si se preocupe por ti. Te lo repito, y esto viene de Dios, ser bella, no es pecado, no es carnal, no es terrenal, ser bella es reconocer que eres una creación de Dios, y más que eso, una hija amada y tanto tu interior como tu exterior revela la imagen sobre la cual has sido creada. Dios te ha creado a su imagen y semejanza, refiriéndose esto a que Dios te ha creado bella, buena, santa, poderosa, fiel, verdadera, tierna, amorosa. Te felicito, belleza de Dios.

Ester oró al Señor y le pidió sabiamente instrucción. Ester confió plenamente en Dios y no temió a la muerte. Osó molestar a su rey y, sin embargo, fue recompensada: por confiar en su Señor. Ester no dudó, le pidió fortaleza a Dios, su Señor.

“Si he hallado gracia a tus ojos, ¡oh rey!, y si el rey lo cree bueno, concédeme la vida mía: he ahí mi petición, y salva a mi pueblo: he ahí mi deseo. Porque estamos vendidos yo y mi pueblo para ser exterminados, degollados, aniquilados” (Ester 7: 3-4).
  
Dios utilizó a Ester como un elemento clave para salvar a su pueblo. En ese tiempo la mujer NO era tomada en cuenta por la sociedad, sin embargo, el Señor la escogió a ella y le dio el papel protagónico porque ella confiaba ciegamente en ÉL.


¡Gracia y Paz!


Mujeres valientes de la Biblia.

lunes, 20 de febrero de 2017

Débora


Jueces 5:7

“Ya quedaba poca gente en las aldeas de Israel, hasta que Débora surgió como una madre para Israel”.

Los Israelitas se convierten en un pueblo sedentario y  comienza la acumulación de bienes.  Desde ese momento, y hasta que aparezca la monarquía, el Pueblo de Israel es gobernado por Jueces. Son líderes carismáticos, surgidos del pueblo y cuya preocupación fundamental es que no se pierdan las raíces que habían permitido que varios grupos nómadas se constituyeran en una comunidad.

Dos problemas fueron los que tuvieron que enfrentar: el ansia de poder y riqueza y los pueblos vecinos, agrícolas y ganaderos, con los que los israelitas se relacionan. Uno de esos pueblos vecinos con quien tuvo mayor influencia fue el pueblo cananeo. 

Baal era el dios de los cananeos. Los cananeos debían buscar la forma de que Baal les fuera favorable. Tenían que comprar su benevolencia, para lograrlo, su religiosidad se basaba en ofrecer sacrificios a Baal, a los cuales su dios debería responder con una generosa producción agrícola y ganadera. Yahvé era el Dios de los israelitas. Un Dios que miraba el corazón del hombre. 

La inferioridad de la mujer en el pueblo de Israel era similar a la de otros pueblos y otras épocas. Su testimonio no era válido frente a un tribunal. Su palabra no era de fiar. Yahvé hace surgir una “sorpresa” en la historia de su pueblo. Esa sorpresa se llama Débora. Una mujer que sentada bajo una palmera resolvía los pleitos que le presentaban los israelitas. Vivía en la tierra de Efraín, lejos de los centros de poder. Débora tiene una visión y llama a Barac para que dejando en ridículo a los cananeos, los israelitas vuelvan al camino de Yahvé que habían abandonado. Barac se niega a hacer nada si Débora no va con él.  

Es así como una mujer se convierte en Juez y Profetisa del pueblo de Israel, fiel a Yahvé, en contra de todas las tradiciones, en un mundo donde los varones tenían todas las responsabilidades sociales y religiosas. Ella convoca a las tribus de Israel para emprender una guerra contra Yabín, el rey cananeo, y Sísara, capitán de su poderoso ejército. La intervención de Yahvé da la victoria a las exiguas tropas que comandaban Débora y Barac. El general Sísara encuentra una violenta e impresionante muerte a manos de una mujer. Como consecuencia el país tuvo paz durante cuarenta años.

Ni antes ni después de Débora encontramos en la Biblia el caso de otra mujer a la que acudieran los hijos de Israel, reconociendo su autoridad. Y no acudían para pedir consejo, acudían para someterse a juicio. Alguien que ni siquiera podía ser testigo se convierte en Juez. Ejerce un liderazgo que no se repetirá por parte de ninguna mujer a lo largo de la historia de Israel.

(Jueces capítulos 4 y 5)


¡Gracia y Paz!


lunes, 23 de junio de 2014

AGAR


Génesis 21:13
"Y también del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente".

[Lee Génesis 21:9-21]

Agar había sido sacada de Egipto cuando era una niña y vendida como esclava. Probablemente había estado ya con Sara en Ur de los Caldeos. El caso es que entre muchos criados y criadas, Agar era tenida en gran estima por su ama. Esto es evidente por el hecho que cuando Sara quería que Abraham tuviera un hijo, cuando ella creía ser estéril, se la dio a Abraham, para que naciera de Agar el hijo de la promesa. Desde el punto de vista de Sara era imposible conceder mayor honor a una esclava.

Y con todo, esto constituyó un pecado delante de Dios, para los tres aunque menos para Agar. Era un pecado y como tal permaneció, pues el acto sexual no es permisible fuera del matrimonio. Es verdad que las costumbres de la época eran diferentes, pero esto no anula las leyes de Dios. Por tanto, los tres eran culpables. En el caso de Abraham y Sara a esta violación de los preceptos de Dios se añadía el pecado de la incredulidad. El intento de asegurar el Hijo de la promesa a través de Agar era el resultado de una falta de fe en la Omnipotencia de Dios y la certeza de sus promesas. Agar, siendo una esclava era, naturalmente, la menos responsable por tener menos libertad.

Por tanto, no es de sorprender que de este arreglo humano no resulto ninguna bendición. Agar "miraba con desprecio a su señora", ya antes de nacer Ismael, y se escapa de su dueña. Luego, cuando Sara dio a luz a un hijo, aparecen los celos entre las dos, celos que luego se trasladan de las madres a los hijos. Ismael se burla de Isaac. Aparece la discordia entre Abraham y Sara. Sólo después de la intervención de Dios Abraham despide a Agar. Esta vez sale para el desierto con el hijo.

Pero esto no completa el episodio de Agar, pues de él ha habido consecuencias visibles aún hoy. De Ismael proceden los árabes, de los cuales salió Mahoma. Así que la fuerza del Islam que todavía es potente en tres continentes, está en su origen unida al nombre de Agar.

De hecho, hay en esta circunstancia un misterio que no ha sido bien comprendido todavía. Es indudable que esta muchacha egipcia había llegado a un conocimiento del verdadero Dios en la tienda de Abraham. Por la gracia de Dios había aparecido la fe en su corazón. Y a través de esta promesa había en ella fe en el Mesías. Agar tiene que haber soñado que iba a dar a luz al antecesor del Mesías. Y así lo creería durante años, pero en el curso del tiempo sus ojos se abrirían y entró la desilusión.

Sin embargo, antes y después de esta ilusión de la fe, Agar fue objeto de un especial cuidado por parte de Dios. Dos veces tuvo el privilegio de ser testimonio de la aparición del Señor. La primera vez en el camino de Shur, cuando se había escapado; la segunda en el desierto de Beerseba, cuando Ismael se estaba muriendo de sed. Con toda esta atención por parte de Dios es natural que tenga un gran significado en la historia de su reino. Porque el Señor le dio ricas promesas. En el desierto de Beerseba le dijo claramente que haría de su hijo una gran nación. Antes le había dicho que "sería hombre fiero, la mano de todos contra él, su mano contra todos". Y a Abraham, Dios le dijo que daría prosperidad a Ismael por ser la simiente de Abraham. Todo esto está registrado en Génesis 16:10-12 y en 21:13, mucho antes del nacimiento de Mahoma. Vemos que la profecía se ha cumplido literalmente. Y con todo, esta página de la historia, que empieza con la fe de Agar y termina con la falsa fe del Islam, permanece envuelto en la niebla. Sólo se puede decir que el pueblo nacido de Agar ha sido empleado por Dios para disciplinar a su Iglesia. Pero hemos de considerar también que poseen grandes territorios que constituyen una barrera contra el paganismo. Todos ellos, muchos millones, creen en un solo Dios, y en la revelación profética de Dios. Hemos de recordar que los mahometanos reconocen a Jesús como profeta. Su error es no creer en Jesús como Mesías, y en colocar un falso profeta por encima de Él. Por ello permanecen en parte del Antiguo Testamento y rechazan el Nuevo. Colocan su fe en el contenido del Corán.

Esto es quizá lo que insinúa Pablo cuando en Gálatas 4:22 compara a Sara con una mujer libre y a Agar con una esclava, y místicamente lo interpreta significando que los que no encuentran al Mesías permanecen "hijos de la esclava", y los otros "hijos de la libre". Es posible que se refiera a la Jerusalén terrenal, y a la religión cristiana, que no busca su Jerusalén sobre la tierra, sino eternamente en los cielos.

Sea como sea, Agar aparece en las Escrituras por más razones que meramente estimular nuestra simpatía por el hecho que se perdió en el desierto. Aparece como un eslabón en la cadena de la Providencia insondable de Dios. El nombre de Agar está entrelazado con las raíces de la historia de la Iglesia de Dios.

“Gracia y Paz”
Editado por: Carlos Martínez M.

Beatriz C. González


martes, 6 de mayo de 2014

ABIGAIL


ABIGAIL

1 Samuel 25:3
“Aquel varón se llamaba Nabal, y su mujer Abigail. Era aquella mujer de buen entendimiento y de hermosa apariencia, pero el hombre era duro y de malas obras; y era del linaje de Caleb”.

[Leer 1 Samuel 25:2-42]

Abigail, una mujer hermosa casada con un hombre necio. Una mujer que demostró valor, sabiduría y un corazón dispuesto al servicio, cualidades que salvaron la vida de muchas personas.

Parece que también en otras épocas se concertaban matrimonios de personas sumamente dispares. Tenemos un ejemplo de ello en el matrimonio de Nabal con Abigail. Nabal era un hombre muy rico, pero sumamente burdo y zafio (salvaje), de poco discernimiento y dado a toda clase de excesos. Ella era una mujer juiciosa y de buen parecer y con un recto sentido moral.

Es posible que tú te preguntes cómo pudo aceptar esta mujer a un hombre así. Para comprenderlo nos basta recordar que en aquellos tiempos la mujer no era consultada para ser dada en matrimonio. Nos basta hacer mención de Lea en su matrimonio con Jacob. Podemos suponer que el caso de Abigail fue semejante.

No es muy probable que Abigail tuviera una vida muy plácida con este hombre, o que hubiera mucha comprensión por parte de él en los asuntos de la casa o en sus relaciones personales. Este hombre sólo se preciaba de sus posesiones materiales y su mayor satisfacción era correrse juergas mayúsculas con sus compinches. Nabal había tomado la parte de Saúl, el rey, en la contienda de éste con David según se nos hace evidente en la respuesta que da a los mensajeros de David: “Hay muchos siervos hoy que huyen de sus señores”. Como veremos, Abigail tenía mucha más comprensión y es evidente que por su parte, estaba decididamente del lado de David, pues lo demuestran también sus palabras: “Y acontecerá que cuando Jehová haga con mi señor conforme a todo el bien que ha hablado de ti, y te establezca por príncipe sobre la tierra...”

La historia se puede relatar rápidamente: David se hallaba con sus hombres en la montaña y envió a Nabal un destacamento para pedirle vituallas (abastecimientos). David consideraba que tenía derecho a ello porque había protegido a los pastores de Nabal. Pero Nabal odiaba a David; por ello trató rudamente a sus enviados y los despidió con las manos vacías.

La reacción de David al enterarse del ultraje es comprensible: “Cíñase cada uno su espada…” Cuatrocientos soldados iban a caer sobre la casa de Nabal y ningún hombre habría quedado vivo en ella. Pero, Abigail intervino y dio órdenes de cargar varios asnos con panes, cueros de vino, ovejas, grano y fruta. Los envió a David y ella misma siguió a sus siervos para asegurarse de ver aplacado a David. El discurso de Abigail a David es un modelo de diplomacia, y consiguió lo que deseaba. Se echó a los pies de David, tan pronto como le vio, y disculpó la insensatez de su marido con palabras elocuentes. Luego pidió misericordia a David en nombre de Jehová, y al final le hace ver que cuando llegue el día que David vea reconocidos sus derechos estará contento de no haber derramado sangre sin causa “o de haberse vengado por sí mismo”. Las palabras con que se despide son: “Acuérdese mi señor de su sierva”.

No sólo aplacó la ira de David, sino que cuando al poco Nabal murió, después de una espantosa borrachera, y Abigail quedó viuda, David “se acordó”, le mandó una embajada diciéndole que deseaba tomarla por mujer. Oigamos la respuesta de Abigail: “He aquí tu sierva será una sierva para lavar los pies de los siervos de mi señor”. Su discreción no la había abandonado. Hemos de tener en cuenta que éste era el estilo de lenguaje de aquellos tiempos.

Abigail mostró prudencia en difíciles circunstancias. Dio muestras de fe al decir a David, el escogido de Dios en oposición al rey Saúl: “Aunque alguien se haya levantado para perseguirte y atentar contra tu vida, con todo, la vida de mi señor (David) será ligada en la faz de los que viven delante de Jehová tu Dios, y Él arrojará la vida de tus enemigos como de en medio del hueco de una honda”.

Abigail vio cumplidas estas palabras.


“Gracia y Paz”
Editado por: Carlos Martínez M.
Beatriz C. González

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viernes, 2 de mayo de 2014

DALILA


DALILA

Jueces 16:4
"Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila".

Dalila tenía su casa junto a la orilla del río Sorec, una mujer que fue instrumento de los jefes de los filisteos para reducir a la impotencia a Sansón.

Sansón es el héroe de Dios. Su aparición como liberador de Israel permanece en misterio. Fue escogido y equipado por Dios para este propósito en una forma singular. Pero Sansón, el héroe, mostró un defecto fatal, el de sucumbir fácilmente a los encantos de las mujeres. Una mujer lo subyugó y sacó ventaja de su dominio sobre él.

Incluso ya antes de conocer a Dalila, Sansón en Gaza vio a una ramera y se llegó a ella. Los filisteos lo acecharon a las puertas de la ciudad para echarse sobre él al amanecer. Pero a media noche Sansón se levantó y “tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, se las echó al hombro y se fue”.

Después de esto se enamoró de Dalila. El nombre suena hermoso, y lo que halló Sansón en su casa fue peor que la muerte. La mujer le fingió amor y le sedujo para que en prueba del amor con que él había de corresponder al suyo, le dijera cuál era el secreto de su fuerza. “¿Cómo dices: Yo te amo, cuando tu corazón no está conmigo?” Tres veces consecutivas Sansón le dio una falsa respuesta. Al tratar de ponerla a prueba Sansón se demostraba invencible: el secreto no había sido revelado.

Dalila fue tejiendo una red inextricable de engaño y seducción. Fue presionándole cada día, e importunándole, hasta conseguir reducir su alma “a mortal angustia”. Entonces él le reveló finalmente el secreto. Esta vez Sansón fue reducido a la impotencia en manos de sus numerosos enemigos.

La execrable calidad moral de esta mujer, que se pone al servicio por “cien siclos de plata” concedidos por cada uno de los jefes filisteos no exonera de su culpa a Sansón. Dalila es una creatura infame en las páginas de la Biblia, pero Sansón no debía visitar prostitutas en Gaza o en Sorec. Sansón había perdido el temor de Jehová.

El aspecto que nos interesa hacer resaltar de la conducta de Dalila es simplemente que usó su atractivo femenino ilegítimamente, con un propósito destructor y homicida. Sin embargo, toda mujer que finge amor y usa las armas de su vanidad y coquetería para conseguir sus fines egoístas, está haciendo un juego paralelo al de Dalila. El encanto femenino y el atractivo del cariño son dones de Dios. La mujer los ha recibido del Creador. Dios castigará a quien los use de un modo trivial o frívolo, pues los ha concedido con propósitos mucho más elevados.

[Lee Jueces 16:4-20]

“Gracia y Paz”

Beatriz C. Gonzalez