Padre Santo, hoy
te doy gracias por las bendiciones que tengo, por la oportunidad que me das de aprender
de tu Santa Palabra, también por el privilegio de servirte, pero oh Dios Santísimo
te ruego que no permitas que mi corazón se enaltezca ni haya en mí ningún afán
de grandeza. Por favor, pon en mí un espíritu de humildad y de genuino servicio
para agradarte en todo lo que yo haga, porque solo tu eres grande y solo a ti “al único y sabio Dios, nuestro Salvador,
sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén”,
En el nombre de Jesús, Amén.
jueves, 10 de octubre de 2013
¿TIENES AFÁN DE GRANDEZA?
2 Crónicas
26:14-19
“Y Uzías preparó
para todo el ejército escudos, lanzas, yelmos, coseletes, arcos, y hondas para
tirar piedras. E hizo en Jerusalén máquinas inventadas por ingenieros, para que
estuviesen en las torres y en los baluartes, para arrojar saetas y grandes
piedras. Y su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente,
hasta hacerse poderoso. Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para
su ruina; porque se rebeló contra Jehová su Dios, entrando en el templo de
Jehová para quemar incienso en el altar del incienso. Y entró tras él el
sacerdote Azarías, y con él ochenta sacerdotes de Jehová, varones valientes. Y
se pusieron contra el rey Uzías, y le dijeron: No te corresponde a ti, oh
Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que
son consagrados para quemarlo. Sal del santuario, porque has prevaricado, y no
te será para gloria delante de Jehová Dios. Entonces Uzías, teniendo en la mano
un incensario para ofrecer incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los
sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la
casa de Jehová, junto al altar del incienso”
El rey Uzías
llegó al poder cuando tenía 16 años de edad y, al igual que su padre Amasías,
“hizo lo recto ante los ojos de Jehová”, dice 2 Crónicas 26:4. Temía a Dios y
condujo a la nación a una larga era de prosperidad. Su fama se difundió mucho,
pero aparentemente prestó mucha atención a los que elogiaban su “grandeza”, y
como consecuencia “su corazón se enalteció”, dice el pasaje de hoy. En su
orgullo quiso asumir el papel de sacerdote, pero este puesto Dios lo había
reservado para los descendientes de Aarón, y por ese acto de jactancia y
autosuficiencia el Señor lo afligió con lepra, y fue leproso hasta el día de su
muerte. Su afán de grandeza lo llevó a la ruina.
Durante la Segunda Guerra
Mundial, Harry Truman se convirtió en presidente de los Estados Unidos cuando
murió Franklin Delano Roosevelt. Truman dijo que se sentía como si le hubiera
caído un gran peso encima, y pidió a todos que oraran por él. Sam Rayburn, un
viejo amigo de Truman, conciente de la debilidad humana le dijo: “Te van a
decir lo grande que eres, Harry, pero tú y yo sabemos que no lo eres”.
Ciertamente no hay hombres ni mujeres que sean realmente grandes. Sólo hay un
Dios grande y todopoderoso que permite a algunos sobresalir y ser líderes
eficaces y exitosos. Estar concientes de esto impedirá que nos vanagloriemos si
alguien nos alaba o nos dice lo “grandes” que somos. Sólo Dios es
verdaderamente grande y digno de alabanza.
Cuando Jacobo y
Juan (discípulos de Jesús), se acercaron al Señor pidiéndole que en su gloria
les concediera sentarse uno a su derecha y el otro a su izquierda (Marcos
10:37), Jesús les dijo: “Cualquiera de vosotros que desee llegar a ser grande
será vuestro servidor, y cualquiera de vosotros que desee ser el primero será
siervo de todos. Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino
para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. Por eso después de su
resurrección Dios le exaltó hasta lo sumo, dice Filipenses 2:9.
Es posible que
deseemos en algún momento sobresalir por encima de los demás ya sea en los
estudios, en el trabajo, en la iglesia o en cualquier otro grupo del que
formemos parte. Y eso está muy bien, pues debemos buscar la excelencia en todo
lo que hagamos. Pero no debemos olvidar que por nuestras propias fuerzas no
obtendremos ningún éxito duradero, pues separados del Señor nada podemos hacer,
afirma Jesús en Juan 15:5. Debemos buscar la ayuda del Señor en todo lo que
hagamos y agradecerle a él por todo lo que logremos. Si no lo hacemos corremos
el peligro de llenarnos de orgullo y enaltecernos a nosotros mismos, y esto
puede traernos malas consecuencias. Por eso debemos reflexionar en la enseñanza
de hoy y ponerla en práctica en nuestras vidas. Tengamos siempre presente la
advertencia de Jesús en Mateo 23:12: “El que se enaltece será humillado, y el
que se humilla será enaltecido”.
ORACIÓN
Padre Santo, te
ruego que no permitas que mi corazón se enaltezca ni haya en mí afán de
grandeza. Por favor, pon en mí un espíritu de humildad y de servicio para
agradarte en todo lo que yo haga y así experimentar la grandeza y la gloria que
provienen de ti. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
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miércoles, 9 de octubre de 2013
¿VIVES EN ARMONÍA CON LOS DEMÁS?
2 Corintios
13:11
“Resta,
hermanos, que tengáis gozo, seáis perfectos, tengáis consolación, sintáis una
misma cosa, tengáis paz; y el Dios de paz y de caridad será con vosotros”.
Estas son las
palabras finales de Pablo a los hermanos de Corinto, y revelan el corazón de
este gran apóstol. El desea que sean perfectos, que tengan consuelo, unidad, y
paz; y la continuada presencia del Padre, que les dará amor, armonía, y paz.
¡Que bendición tan grande!
Nuestra posición
es una de perfección en Cristo, pero en nuestra vida personal de cada día
estamos muy lejos de la perfección. Sin embargo, “Si confesamos nuestros
pecados, Él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie
de toda maldad” (1 Juan 1:9). Estas instrucciones de Pablo son para la iglesia
(es decir), para todos los que somos salvos, nacidos de nuevo, y seguidores de Jesús.
Mientras estemos aquí en la tierra, vivamos en amor los unos a otros, tengamos
cortesía para con nuestro prójimo, y luchamos para estar en armonía. El
resultado será que el amor de Dios y la paz estarán con nosotros. ¡Que hermoso evangelio!
¿Quién podría pedir mas?
“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día
ORACIÓN
Padre santo, no
tengo palabras para agradecerte por haberme separado con el fin de transformar
mi naturaleza pecaminosa hasta llegar a ser imagen de tu Hijo Jesucristo. Te
ruego aumentes mi fe, y me capacites para no ser un obstáculo en la obra de
santificación de tu Santo Espíritu en mi vida. Por Cristo Jesús, Amén.
EL PLAN DE DIOS ES QUE SEAMOS SANTOS
1 Tesalonicenses
5:23
"Y el mismo
Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y
cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo".
A través de toda
la Biblia Dios
ha llamado a su pueblo a que sean santos. Por ejemplo, en Levítico 20:7, a
través de Moisés, Dios dice: “Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová
soy vuestro Dios”. Y en Levítico 19:2, Dios dice: “Santos seréis, porque santo
soy yo Jehová vuestro Dios”. En el pasaje de hoy el apóstol Pablo expresa una
bendición a los creyentes de la iglesia de Tesalónica cuando les dice: “Y el
mismo Dios de paz os santifique por completo”. También el apóstol Pedro
escribió en su primera carta a “los expatriados de la dispersión” lo siguiente:
“Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16).
En las
Escrituras encontramos en varios lugares la palabra “santificación”.
Santificación significa "hacer santo" o "separar algo para un
uso sagrado". Cuando creímos y aceptamos a Jesucristo como nuestro
Salvador fuimos justificados, es decir nuestros pecados fueron perdonados.
Fuimos entonces sellados por el Espíritu Santo (Efesios 1:13), y separados para
un propósito sagrado. En ese momento fuimos considerados santos, es decir
“separados para Dios”. En su primera carta a la iglesia de Corinto, Pablo se
dirige a ellos de la siguiente manera: “A los santificados en Cristo Jesús”.
Este es el primer paso en la vida del creyente. Cuando nacemos de nuevo por
medio de la sangre de Cristo fuimos adoptados como hijos de Dios y ahora
estamos viviendo bajo la gracia de Dios y no bajo su ira.
Después viene el
segundo paso. El Espíritu Santo, que viene a morar en nuestros corazones,
comienza su obra de santificación en nuestras vidas. Este es un proceso por
medio del cual vamos siendo transformados con el fin de llegar a ser imagen de
nuestro Señor Jesucristo. Es importante entender que este proceso de
santificación es totalmente obra de Dios. Ningún ser humano es santo en sí
mismo, ni puede llegar a ser santo por sus propios medios. Somos santificados
solamente por la gracia de Dios y el poder del Espíritu Santo. Pero es
importante entender también que si bien Dios tiene la capacidad de
santificarnos, es nuestra la responsabilidad de permitir la acción del Espíritu
Santo en nuestras vidas.
¿Cuál es, pues,
nuestra responsabilidad en este proceso de santificación? En primer lugar,
entender y reconocer que somos salvos no por lo que hemos hecho (por buenas que
nos parezcan nuestras obras), sino por la gracia y la misericordia de Dios
(Efesios 2:8-9). En segundo lugar, preparar nuestros corazones para conocer y
amar a Dios como nuestro Padre celestial, leyendo la Biblia y orando
diariamente; meditando en esta palabra, aprendiéndola y poniéndola en práctica.
De esta manera sentamos las bases para que el Espíritu Santo lleve a cabo su
obra en nuestras vidas. A medida que el proceso de santificación se va llevando
a cabo en nosotros nos iremos acercando más a Dios y podremos disfrutar más de
su presencia, la cual trae a nuestras vidas paz, gozo y muchas otras
bendiciones.
Agradece a Dios
su amor y su gracia purificadora. Alábale por haberte justificado, poniéndote
aparte para un propósito específico dentro de su santo plan. Busca su rostro en
oración cada día de tu vida y pídele que te capacite para ser dócil y obediente
ante la obra que el Espíritu Santo está llevando a cabo en tu vida.
ORACIÓN:
Padre santo, no
tengo palabras para agradecerte por haberme separado con el fin de transformar
mi naturaleza pecaminosa hasta llegar a ser imagen de tu Hijo Jesucristo. Te
ruego aumentes mi fe, y me capacites para no ser un obstáculo en la obra de
santificación de tu Santo Espíritu en mi vida. Por Cristo Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
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martes, 8 de octubre de 2013
DE CARNÍVORO A VEGETARIANO
Si eres vegetariano o estás pensando serlo es importante que tengas en
cuenta los siguientes tips para lograr un equilibrio en tu dieta, esto te
permita tener la fuerza y energía necesaria para continuar con tu rutina
diaria.
Se debe tener en cuenta que existen diferentes tipos de vegetarianismo, los
lacto vegetarianos que no consumen carnes o huevos, pero sí consumen productos
lácteos, los ovo lacto vegetarianos que ingieren huevos y productos lácteos
pero ningún tipo de carne, los ovo vegetarianos que no comen carnes o productos
lácteos, pero sí huevos, y los vegetarianos estrictos que excluyen de su
alimentación todo los productos de origen animal, así también el consumo de
huevos y lácteos.
En el momento de reemplazar los nutrientes de la carne es muy importante
que incorporemos a nuestra dieta las legumbres de 3 a 4 veces por semana, puede
ser lentejas, porotos, garbanzos y se puede incluir los pseudo cereales, como
quínoa, mijo, amaranto, que cuentan con un elevado nivel de proteínas,
vitaminas y minerales. Podemos sumar también frutos secos, como nueces,
almendras y castañas.
Para los vegetarianos estrictos es muy importante ingerir semillas tales
como la chía, lino, sésamo, y girasol, estas son ricas en grasas mono
insaturadas y poliinsaturadas, y cuentan con una gran fuente de fibra,
vitaminas del complejo B, vitamina E, calcio, fósforo, potasio y hierro, además
contienen una elevada cantidad de proteínas
Especialistas relacionados a la nutrición aseguran que existe un nutriente
que es irremplazable cuando se modifica la alimentación, es la vitamina B12.
Por este motivo es necesario consumir productos como lácteos o huevos. También
puede encontrarse esta vitamina en las algas, el miso y en la levadura de
cerveza.
A la hora de convertirnos en vegetarianos debemos procurar contar con una
alimentación equilibrada y sobre todo saludable. Por lo cual, es muy importante
realizar una consulta médica para que se nos indique los exámenes pertinentes
que evalúen nuestro bienestar físico.
SIEMPRE CONSULTA A TU MEDICO, para que mantengas tu cuerpo sano; “He aquí
Yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré y les revelaré abundancia de paz
y de verdad” (Jeremías 33:6), ¿o ignoráis que vuestro cuerpo es templo del
Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois
vuestros? (1 corintios 6:19). Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta
que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y
que da semilla; os serán para comer (Génesis 1:29).
“Gracia y Paz”
Publicado por: Carlos Martínez M
Fuente: blogdefarmacia
Oración
Mi eterno Dios, protégeme de la
mentira y de la obscuridad, permite que todo lo que piense, diga y haga pueda
ser sometido a Tu luz; inspecciona mi corazón y mis pensamientos, solo tu
puedes purificarlos y mostrarme el camino que conduce hacia ti, en el nombre de
Jesús, Amen.
CUANDO DIOS ABRE UNA PUERTA, ¿ENTRAS TÚ POR ELLA?
1 Corintios
16:8-9
“Pero estaré en
Efeso hasta Pentecostés; porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y
muchos son los adversarios”.
En varias de sus
epístolas, el apóstol Pablo se refiere a “las puertas abiertas” como una figura
del lenguaje queriendo decir grandes oportunidades para predicar al mundo las
buenas nuevas de salvación. En aquellos tiempos las limitaciones físicas y
tecnológicas y las pésimas condiciones de los medios de transporte hacían
sumamente difícil la expansión del Evangelio. Pero a Pablo no le importo
ninguna de esas dificultades e inconvenientes, pues desde su conversión en el
camino de Damasco su vida estuvo siempre dominada por una ardiente devoción a
Cristo, quien se convirtió en el motivo, el objeto y la inspiración de su
misión en la vida.
No le importo tampoco
la cantidad de adversarios que se oponían a su predicación. Al principio de su
ministerio encontró oposición entre los mismos cristianos que desconfiaban de
él, pues le habían conocido como perseguidor incansable de todos los judíos que
se habían convertido al cristianismo. Después fueron las autoridades políticas
y religiosas quienes le atacaron sin misericordia, torturándolo, maltratándolo
y metiéndolo a la cárcel, donde pasó mucho tiempo. Pero a pesar de todos estos
inconvenientes, Pablo se mantuvo siempre firme en lo que se había convertido el
motivo principal de su existencia: la predicación del evangelio de Cristo.
En la
actualidad, los avances tecnológicos permiten llegar con facilidad a todos los
países e impactar a todas las culturas. Preguntémonos, pues, dónde estamos
situados personalmente dentro del plan de Dios. No podemos permitirnos
cruzarnos de brazos y actuar como si esta tarea fuera solamente de pastores y
misioneros. Podemos tener razones para pensar que no estamos calificados, pero
es tiempo de que nos dejemos de tantas excusas y hagamos de nuestro servicio al
Señor una prioridad en nuestras vidas. Podemos leer y estudiar la Biblia , y luego compartirla
con los demás. Tú tienes un Salvador en quién creíste, y has recibido vida
eterna de él. Por lo tanto, debes ser capaz de hablar de él a todos los que te
rodean.
Puedes empezar
en tu lugar de trabajo, o en tu barrio o entre tus amistades o familiares, pero
tu vista debe estar enfocada más allá, siempre esperando las instrucciones del
Señor. Antes de ascender al cielo, Jesús les dejó esta encomienda a sus
discípulos: “Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu
Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo
último de la tierra.” (Hechos 1:8). El mismo Espíritu que capacitó a los
discípulos, y al apóstol Pablo para ir por el mundo predicando el Evangelio,
está dentro de ti si has aceptado a Jesucristo como Salvador. No te desestimes
a ti mismo, ni te excluyas de esta encomienda del Señor.
Cada día vemos
más señales que nos indican que el fin del mundo está cerca. Guerras por todas
partes, especialmente en el medio Oriente y sus alrededores, terremotos cada
vez más fuertes y más frecuentes, tsunamis, inundaciones y fenómenos naturales
de todo tipo, plagas, enfermedades, la maldad multiplicándose como nunca antes.
¡Este es un tiempo magnífico para servir al Señor! Piensa en la incomparable
puerta de oportunidad que está abierta de par en par frente a nosotros para
alcanzar al mundo entero para Jesucristo. Es inmensamente motivador e
inspirador poder participar en la entrega del evangelio a tantas personas que
están perdidas. El apóstol Pablo debió de haber sentido lo mismo cuando, a
pesar de los obstáculos e inconvenientes de su época, escribió a los corintios
y les habló de la “puerta grande y eficaz” que el Señor le había abierto en
Éfeso.
Como seguidores
del Señor Jesús hemos recibido la tarea de llevar el evangelio a toda persona
sobre la faz de la tierra y el Espíritu Santo nos capacita para llevarla a
cabo. Los campos ya están blancos para la siega. Esa puerta es hoy más ancha
que nunca. La pregunta es: ¿Deseas tú entrar por ella?
ORACIÓN:
Amante padre
celestial, te ruego pongas en mí un ferviente deseo de aprovechar toda puerta
que se abra para testificar de ti. Quita de mí todo miedo o timidez y que yo
pueda hablar con denuedo tu palabra en todo momento y en todo lugar. En el
nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
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viernes, 4 de octubre de 2013
ORACIÓN
Mi eterno Dios
de amor y de misericordia, hoy te ruego pongas en mí una doble dosis de tu
amor, y el deseo de compartirlo con mi prójimo, principalmente con la pareja
que tu me diste, no solamente con palabras, sino con hechos, haciendo algo que
demuestre de manera evidente que ese amor viene de ti. En el nombre de Jesús,
Amén.
¿CÓMO DEMUESTRAS TU AMOR?
1 Juan 3:11-18
“Porque este es
el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No
como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató?
Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas. Hermanos míos, no os
extrañéis si el mundo os aborrece. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte
a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en
muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún
homicida tiene vida eterna permanente en él. En esto hemos conocido el amor, en
que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas
por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano
tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en
él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”.
Si hiciéramos
una encuesta entre un grupo de matrimonios, y le preguntáramos tanto al esposo
como a la esposa, cuáles son las palabras que más les gusta escuchar de su
cónyuge, con toda seguridad la gran mayoría respondería: “Te amo”. Claro que
estas palabras no significan nada si el amor no se demuestra con hechos, como
dice el pasaje de hoy. Como hijos de Dios que somos, se espera que nos amemos
los unos a los otros, que amemos a los necesitados, a nuestros vecinos, a
nuestros compañeros de trabajo, y aún a nuestros enemigos, dice Jesús en Mateo
5:44. Quizás creemos que llenamos los requisitos que nuestro Padre celestial
espera de nosotros en esta área del amor por los demás, sin embargo, es muy
importante que meditemos en lo que nos dice la palabra de Dios antes de
sentirnos satisfechos cuando decimos a alguien: “Te amo” o “Te amo en Cristo”,
o de cualquier otra manera en la que, con palabras, expresemos nuestro amor por
alguien. Es necesario hacer algo más que simplemente decir que nos preocupan
las personas necesitadas, solitarias o deprimidas. Debemos demostrarlo.
Si queremos ser
buenos testimonios para el mundo, debemos imitar al Señor en todo lo que
hagamos. El apóstol Juan dice: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque
Dios es amor” (1 Juan 4:8). Y a continuación amplía el concepto del amor de la
siguiente manera: “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que
Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él”. La prueba
más grande del amor de Dios por nosotros fue que envió a su único Hijo al mundo
para que diera su vida en la cruz del Calvario para librarnos de la condenación
y que tuviésemos vida eterna. No fueron sólo palabras sino también hechos.
En Juan 13:35,
Jesús les dice a sus discípulos: “En esto conocerán todos que sois mis
discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” El mundo conocerá que
Cristo mora en nuestros corazones cuando vean que nos amamos unos a otros con
hechos, no con palabras. Y para que no hubiese duda de lo que significa amar al
Señor, más adelante Jesús dice: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda,
ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré,
y me manifestaré a él” (Juan 14:21). No es solamente conocer los mandamientos
que el Señor nos ha dado, es hacer el esfuerzo por cumplirlos y obedecerlos
aunque a veces se requiera sacrificar nuestros propios deseos.
A nuestro
alrededor hay infinidad de oportunidades en las que podemos mostrar el amor de
Dios a alguna persona necesitada, no solamente con palabras, sino con hechos.
Claro que a veces requiere un sacrificio, quizás utilizando un dinero que
pensábamos usar en algo para nosotros, o tomando tiempo de nuestro descanso, o
dejando de ver algún programa favorito en la televisión, o haciendo algo que no
nos gusta o nos cuesta trabajo. Pero al hacerlo vamos a sentir un gozo inefable
dentro de nosotros, pues estaremos agradando a nuestro Padre celestial, y él,
de alguna manera, va a glorificar su nombre en esa persona, y de alguna manera
en nuestras vidas se manifestarán sus bendiciones.
ORACIÓN
Mi eterno Dios
de amor y de misericordia, hoy te ruego pongas en mí una doble dosis de tu
amor, y el deseo de compartirlo con los demás no solamente con palabras, sino
también haciendo algo por ellos que demuestre de manera evidente que ese amor
viene de ti. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
¿CÓMO DEMOLER LOS HÁBITOS QUE DAÑAN MI MATRIMONIO?
La mayoría de personas
generalmente saben lo que deben hacer, pero no saben desarrollan hábitos para
lograr los cambios que tienen que hacer en su estilo de vida.
Lamentablemente en todos los
matrimonios las parejas llegan cada uno con su “equipaje de malos hábitos” que
ofenden y lastiman a nuestro cónyuge y debemos cambiarlos. La motivación para
cambiar hábitos incorrectos de vida que van a beneficiar a tu cónyuge, no es
necesariamente porque él o ella lo merezcan, sino porque queremos honrar a
nuestro Padre Celestial con nuestra obediencia a su palabra, sabiendo que la
obediencia a Dios nos traerá Paz y Gozo.
Todos esos malos hábitos son
destructores de matrimonios y deben cambiarse lo más pronto posible para evitar
que la relación se deteriore.
Para dejar un mal hábito, debemos
sustituirlo con otro hábito saludable. Y para cambiar un hábito, debemos seguir
varios pasos:
Decidirlo. Es necesario tomar la
firme determinación de querer cambiar ese hábito negativo.
Repetirlo. Empezar a crear el
nuevo hábito requiere de una repetición constante, obligándose a sí mismo a
hacer ese cambio. Requiere disciplina y constancia.
No ceder a la tentación de
aceptar que es muy difícil hacer el cambio.
Filipenses 4:13
“Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece”.
Debemos apoyarnos en nuestra FE
para fortalecer la decisión de seguir adelante hasta que logremos la victoria
de cambiar el hábito incorrecto.
Habla con tu cónyuge hoy y
pregúntale que hábitos tuyos le molestan o le ofenden. Pídele perdón con
sinceridad, y sin prometer nada, pide a Dios que te ayude y toma la
determinación de empezar a cambiar ese hábito negativo que está dañando tu
relación matrimonial. Tu matrimonio y tu familia es el tesoro más valioso que Dios
te ha dado. ¡Cuídalo!
Destruyendo
los desacuerdos
Un desacuerdo por cualquier
decisión, puede generar una ofensa que abre un circuito de dolor en la persona
ofendida y puede generar una respuesta igualmente ofensiva que abre a su vez
otro circuito de dolor en su cónyuge. Cuando una pareja discute muchas veces y
se ofenden muchas veces, los circuitos de dolor se van acumulando y van
aumentando el nivel de la ofensa, que puede llegar hasta niveles muy agresivos.
Los circuitos de dolor por lo
general son superficiales al principio, pero si no saben controlar sus
emociones y no cierran esos circuitos, entonces las ofensas van aumentando de
tono y se puede llegar a ofensas muy fuertes que causan circuitos intensos de
dolor, resentimiento, rencor y hasta odio.
La clave para evitar que estos
circuitos de dolor causen heridas profundas, es entender el proceso y
disponerse a cerrar los circuitos de dolor abiertos lo más pronto posible
después de la ofensa.
¿Como se cierra un circuito de
dolor emocional abierto? Cuando se ha producido una ofensa que ha producido un
circuito de dolor, el ofensor debe reconocer su falta y pedir perdón con
arrepentimiento por haber causado ese dolor emocional. Hablar de la causa del
conflicto sin buscar culpables. El o la ofendida, debe pedir perdón con
humildad al ofensor y de esa manera cierran ese circuito de dolor.
Frecuentemente deben pasar por un proceso de luto o llanto para cerrar
apropiadamente el circuito.
Derribando
Fortalezas Mentales
Hay muchos matrimonios que sufren
porque reclaman que su cónyuge no ha cambiado, que sigue siendo igual. Que han
tratado de cambiar y no han podido. La verdad es que cambiar la forma de ser es
bastante difícil, porque nuestro comportamiento se fundamenta en la información
que tenemos en nuestra memoria.
La memoria de la mayoría de los
seres humanos contiene mucha información negativa, producto de la herencia
genética, experiencias de la vida, eventos traumáticos, heridas emocionales,
etc. Toda esta información archivada en la mente de las personas, unido al
temperamento de cada persona, determina su comportamiento en la familia, en el
trabajo, en la sociedad, etc.
La gran mayoría de personas
terminan imitando a sus padres y así generación tras generación, con pequeños
cambios en su comportamiento. Por esta razón los profesionales de la medicina
mental siempre preguntan sobre los antecedentes familiares del individuo,
porque ya sabemos que eso influye grandemente en el comportamiento de cada
individuo.
Entonces a la hora de reaccionar
a cualquier estimulo emocional, la mente del individuo hecha mano
inmediatamente de la información que tiene en su memoria. Todas las reacciones
de los seres humanos obedecen primeramente a la información impresa en su
mente. Requiere también de la decisión del individuo de dejar la actitud pasiva
y trabajar por la renovación de su entendimiento, renunciar al egoísmo y la
comodidad, para servir y atender a otros, comenzando con la esposa, el esposo y
los hijos.
“Gracia y Paz”
Edificando Matrimonios
conforme al propósito de Dios
jueves, 3 de octubre de 2013
ORACIÓN
Padre santo,
¡cuánto anhelo vivir una vida de santidad que te complazca a ti en todo! Pero
reconozco que para mí es muy difícil, mas no imposible. Por eso te doy gracias
por Jesucristo y por las promesas de salvación y vida eterna a través de su sacrificio.
Por favor, ayúdame a agradarte en todo lo que haga. Ilumina mi camino para
encontrar la perfección y la santidad día a día. En el nombre de Jesús, Amén.
¿ESTÁS EN MEDIO DE UNA LUCHA?
Romanos 7:14-25
“Porque sabemos
que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que
hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso
hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera
que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que
en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en
mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no
quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado
que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal
está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero
veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me
lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí!
¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo
Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con
la carne a la ley del pecado”.
En este pasaje, el
apóstol Pablo nos habla de una experiencia que es la esencia misma del
comportamiento humano. El sabía lo que era bueno, deseaba hacer lo que era
bueno, y sin embargo no podía hacerlo. Sabía lo que era malo, lo último que
hubiera querido hacer era lo malo, y sin embargo lo hacía. Pablo se sentía
acosado por ese sentimiento de frustración; esa capacidad para ver lo bueno, y
la incapacidad para hacerlo; esa capacidad para reconocer lo que era malo, y
esa incapacidad para evitar hacerlo.
Ahora bien, es
necesario tener sumo cuidado al juzgar la actitud de Pablo en relación a su
pecado. Si lo juzgamos, vamos a hacerlo de acuerdo al patrón de cada uno de
nosotros. Y este patrón cambia a medida que cambia nuestro nivel espiritual,
nuestra mente y nuestro corazón. No miramos el pecado de la misma manera antes
de nuestra conversión que después de caminar un tiempo en los caminos del
Señor. Un hombre que llevaba algún tiempo de convertido dio el siguiente
testimonio: “Antes de conocer a Cristo, llevaba una vida de placeres. Me
deleitaba en el sexo y en las fiestas sin que esto causara en mí la más mínima
preocupación. Las palabras fornicación o adulterio no tenían ningún significado
negativo para mí. Sin embargo ahora, sólo mirar a una mujer codiciándola me
hace sentir mal”.
¿A qué se debe
la diferencia? Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador, el Espíritu
Santo viene a morar en nosotros, y ahora actúan en nuestras vidas dos
naturalezas: la vieja naturaleza pecadora que quiere vivir una vida
egocéntrica, haciendo todo lo que le gusta hacer, y la nueva naturaleza
espiritual que quiere que vivamos de acuerdo a la voluntad de Dios. A medida
que crecemos espiritualmente y nos acercamos más a Dios, la luz redentora del
Señor nos permite ver pecados que antes no podíamos ver, pues vivíamos en
tinieblas. También el Espíritu Santo nos redarguye, nos recuerda lo que no
agrada a nuestro Padre celestial, y nos causa pesar hacer algo que le ofenda.
Entonces, ¿qué
era lo malo que Pablo aborrecía, y sin embargo lo hacía? No se sabe a ciencia
cierta, pero para un hombre del nivel espiritual del apóstol Pablo, bien podría
haber sido alguna pequeña manifestación de ira, o un simple pensamiento que, de
acuerdo a sus principios, podría desagradar a Dios, o quizás actuó injustamente
con alguien, en fin cualquier cosa que fuera un obstáculo para llegar al grado de
perfección que él anhelaba. Esta lucha constante le llevó a decir: “¿Quién me
librará de este cuerpo de muerte?”
Pero la buena
noticia es que Dios entregó a su Hijo precisamente porque él conoce nuestra
incapacidad de vivir una vida de total santidad. Por eso Pablo dice: “Gracias
doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” Y concluye esta idea en el próximo
capítulo de esta carta, diciendo: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para
los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino
conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha
librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:1-2).
ORACIÓN:
Padre santo,
¡cuánto anhelo vivir una vida de santidad que te complazca a ti en todo! Pero
reconozco que para mí es muy difícil, mas no imposible. Por eso te doy gracias
por Jesucristo y por las promesas de salvación y vida eterna a través de su sacrificio.
Por favor, ayúdame a agradarte en todo lo que haga. Ilumina mi camino para
encontrar la perfección y la santidad día a día. En el nombre de Jesús, Amén.
“Gracia y Paz”
Dios te Habla
¿ERES TOLERANTE Y PERDONADOR?
Siempre he
tenido la idea que trabajar con máquinas es fácil, pues nunca se quejan, nunca
se molestan, nunca se irritan, no andan unos días de buenas y otros de malas,
incluso si llegan a padecer de algún mal funcionamiento mecánico, se arreglan o
sencillamente se tiran a la basura y listo. Esto no lo encontramos al trabajar con
seres humanos.
Seres Imperfectos:
La experiencia
de vida nos dice que debemos aprender a relacionarnos con los demás. Eso
implica ser tolerante. Debo aprender a tolerar las imperfecciones de mis
semejantes, así como también ellos deben aprender a tolerar las mías. Ninguna
persona sobre la faz de la tierra es perfecta, eso lo sabemos muy bien. Siempre
encontraremos alguna falla, algún defecto de carácter. Pero siendo
verdaderamente honestos, en lugar de decir que tenemos “algún defecto” deberíamos
de decir “muchos defectos”. El apóstol Pablo dice en Romanos 6:19 “Hablo como
humano, por vuestra humana debilidad…” Da a entender claramente que reconoce la
imperfección humana, por lo que trata exactamente así con aquellos a quienes dirige
su misiva.
El que no es “gordo” es “chibolón”:
En una ocasión escuche
a un hermano decir que “el que no es gordo es chibolón”. Esto significa que si
no padecemos de una cosa, padecemos de otra. Medita cuáles son tus propias
fallas, te aseguro que rápidamente encontrarás varias. Si tu consciente se
niega a verlas, te sugiero algo más, pregúntale a la persona con la que te
relacionas más. Puede ser tu conyugue, tus padres, un hermano, un compañero, un
amigo, etc. la lista empezará a crecer y mejor preferirás parar.
Ahora bien, el
punto para mí es este: ¿Cómo convivir unos con otros? ¿Cómo soportarnos? ¿Cómo
hacer para que a pesar de todas nuestras fallas y mal genio sigamos teniendo
buenas relaciones, amistosas y estables? La respuesta se encuentra en el
principio de tolerancia y luego, en el pedir
perdón y en perdonar.
A. La Tolerancia :
La tolerancia
debe entenderse como el respeto hacia las ideas, creencias o prácticas
diferentes o contrarias a las mías, respetando consiguientemente las de los
demás. No todos piensan igual que yo, no puedo pretender, por lo tanto,
imponerme sobre ellos. Cristo mismo no impuso, Él enseñó, adoctrinó, predicó,
instó a la conciencia humana, empero nunca trató de que sus enseñanzas fueran
aceptadas a la fuerza, por obligación o imposición. Por ejemplo en 1 Pedro 5:2
encontramos que el apóstol Pedro, guiado por el Espíritu Santo, se dirige a los
líderes diciéndoles “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros,
cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente…”. Esta claro que la intencionalidad
divina, no es la de someter a nadie y sí la de ser tolerante hasta que su
Palabra sea oída, recibida, atendida, creída y se convierta en una práctica de
vida.
B. Perdonar y Ser Perdonado:
Luego sigue la
necesidad de pedir perdón y perdonar. Creo que hasta cierto punto es normal que
nos equivoquemos. Al equivocarnos probablemente lastimamos, causamos heridas a
otros; quizás hasta les causemos golpes tanto físicos como emocionales; quizá
causemos fracturas sentimentales, y otras veces defraudaremos la confianza que nos
han dado, en fin… son tantas las opciones a este respecto que es difícil abarcarlas
todas. Pero con las referidas ya tenemos un buen panorama. El punto es que como
no soy perfecto, esas imperfecciones saldrán a la luz e indudablemente dañarán
a otros tarde o temprano.
Dos Tipos de Respuestas:
¿Piensa cómo te
has sentido cuando alguien te ha lastimado? ¿Cómo has respondido? He aprendido
que sólo hay dos maneras de responder: la primera es una respuesta emocional y
la segunda es una respuesta pro-activa. La primera me hace explotar, vociferar,
actuar con ira, el rencor sale a relucir, el ogro interior se desata, es como
el terrible Hulk, el hombre verde, que la gran mayoría llevamos dentro. Se
desata la bestia interna, nos lleva a la amargura, al resentimiento y al
rencor.
Levítico 19:18
aconseja “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino
amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová”. Para poder realmente llevar a
cabo el consejo divino se debe responder pro-activamente. Este tipo de
respuesta ya no es emocional. Cuando la respuesta emocional destruye, la
respuesta pro-activa construye y edifica. Cuando la respuesta emocional espera que
ocurran los acontecimientos, la respuesta pro-activa prevé los acontecimientos
y establece líneas de acción a seguir si llegaran a suceder. Así es como me
gusta ver las cosas. Esto implica estar preparado para cualquier evento inesperado.
Y en la vida cotidiana lo más seguro es que suceda. Sucederá al relacionarme
con los demás seres humanos. En el momento menos esperado me herirán, me lastimaran,
me defraudaran, me causaran daño, a veces sin querer y muchas veces con toda intención.
Adoptando el Perdón como una filosofía de
Vida:
Debo estar siempre
dispuesto a perdonar toda ofensa que me hagan. Esta es una filosofía de vida que
me lleva a actuar de conformidad con la Palabra de Dios y con la realidad humana. Si yo
amo verdaderamente, es imposible que guarde rencor, lee 1 Corintios 13:5 y toda
sombra de duda se alejará de ti. El amor genuino me lleva a perdonar. Cuando
perdono libero al individuo ofensor o deudor, pero principalmente me libero a
mí mismo. De no hacerlo le niego al ofensor la oportunidad de progresar, de
prosperar y de ser feliz, pero también me la estoy negando a mí mismo. Ninguna persona
amargado puede ser verdaderamente feliz. Será el grumo en la harina, el pelo en
la sopa, la piedra en el zapato. Yo he decidido perdonar, para ser feliz. Me
niego a aferrarme al rencor, a la ira, al resentimiento y a los deseos de
venganza.
Eso es actuar
con piedad. Eso es ser cristiano verdadero y no una pantomima de cristiano. Eso
es honrar a Dios en el llamado tan sublime que Él nos ha hecho.
Vivamos una vida
digna. Si ofendiste, si defraudas, si hieres… pide
perdón. Si te hirieron, si te defraudaron, si te ofendieron… perdona. Cuando lo aprendas hacer de esa
manera entonces vivirás una vida PLENA y FELIZ.
“Gracia y Paz”
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