martes, 5 de febrero de 2013

¿NECESITAS PACIENCIA?



Hebreos 10:35, 36
“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”.

Este pasaje de la Epístola a los Hebreos consta de cuatro aspectos o pasos fundamentales, el último de los cuales es el fin que se persigue. Éste es obtener, es decir conseguir la promesa. “Obtener la promesa” es sinónimo de triunfo, de victoria, de recompensa. Significa recibir todas las bendiciones y la vida en abundancia que Dios ha prometido para aquellos que le aman y le obedecen. Esta debe ser la meta de todo cristiano.

Estas bendiciones están directamente relacionadas con nuestra obediencia a “la voluntad de Dios”. A través de toda la Biblia vemos de manera clara esta relación entre nuestra actitud y las bendiciones que recibimos del Señor. En el libro de Éxodo, por ejemplo, mientras los israelitas se dirigían a la tierra prometida, después de haber sido liberados de la esclavitud en Egipto, Dios les habló por medio de Moisés y les presentó una serie de leyes y mandamientos que ellos debían seguir en el nuevo hogar que les esperaba. También les prometió un sin número de bendiciones que les permitirían disfrutar de una vida llena de paz y felicidad. Entonces les dijo: “Si en verdad hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren” (Éxodo 23:22).

Esta obediencia es el producto de un proceso de transformación que se lleva a cabo en nuestras mentes, nuestros corazones y fundamentalmente en nuestros espíritus, pues nuestra naturaleza nos impulsa a desobedecer, y tendemos a hacer lo contrario, es decir lo que nosotros deseamos hacer, no lo que Dios quiere que hagamos. En este proceso tendremos que pasar por situaciones difíciles que pondrán a prueba nuestra fe, fortaleciendo nuestros espíritus y dándonos madurez espiritual y la tan “necesaria” paciencia. El apóstol Santiago se refirió a este proceso al escribir: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:2-4). La prueba produce paciencia, pero ésta no es el producto final. La paciencia tiene un propósito: que lleguemos a ser “perfectos y cabales”, es decir que maduremos espiritualmente hasta llegar al punto en que “habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengamos la promesa”.

El primer paso que menciona el pasaje de hoy es la confianza en Dios. El autor de esta carta exhorta a sus lectores a que no pierdan esta confianza aunque estuviesen pasando por pruebas y persecuciones por haber profesado su fe en Cristo. Esta confianza es absolutamente necesaria para obtener el galardón. Jesús advirtió a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). En otras palabras, cuando lleguen la prueba y la adversidad, no se desesperen, tengan paciencia, confíen en mí, y yo los guiaré al triunfo. Si ponemos nuestra confianza en el Señor, él nos guiará a la meta, “al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”, dice Filipenses 3:14.

Más adelante en esta misma Epístola a los Hebreos el autor menciona de nuevo la paciencia al comparar la vida del cristiano con una carrera. Dice Hebreos 12:1-2: “Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”. Poner los ojos en Jesús significa hacerlo a él el foco central de nuestras vidas. Es fijar nuestra mirada en él y no en las circunstancias que nos rodean. Es confiar en el Señor en todas las situaciones que puedan presentarse ante nosotros, por negativas y difíciles que estas sean.

A medida que hagamos de esta actitud un hábito, seremos más pacientes, nuestra fe será fortalecida, y nos esforzaremos más tratando de hacer la voluntad de Dios. Como resultado obtendremos la victoria que habrá de llegar en el momento perfecto, en el tiempo del Señor.

ORACIÓN:
Padre santo, ayúdame a mantenerme firme en esta carrera con mis ojos fijos en Jesús en todo momento. Aumenta mi fe y dame la paciencia y la fuerza que necesito para no desfallecer y continuar hasta la meta que tú tienes señalada para mí. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

LA GRACIA Y LA VERDAD VINIERON POR MEDIO DE JESUCRISTO



Juan 1:17
“Porque la ley por Moisés fué dada: mas la gracia y la verdad por Jesucristo fué hecha”.

Moisés fue un gran hombre. Por él, Dios nos dio la ley que nos enseña cómo debemos vivir, lo que debemos hacer y lo que no debemos hacer, y por medio de la ley, nos damos cuenta de nuestro carácter rebelde y pecador contra la voluntad de Dios. Pero la ley solo nos enseña que somos pecadores que merecemos la ira y el castigo de Dios. No nos da poder de cambiar. Ahora vemos el contraste, y todo es distinto cuando se trata de Jesús. Ya no se trata de los truenos de Sinaí, la pena y el miedo por una ley quebrada y la ira de Dios, porque Jesús vivió una vida perfecta y así cumplió con todas las demandas de la ley. ¡Aleluya! Y luego fue crucificado por nosotros, en lugar nuestro, así pagando el precio de nuestros pecados, y consiguiendo para nosotros la vida eterna.

Moisés sí fue un gran hombre, pero no se compara con el Hijo de Dios. La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

“Gracia y Paz”
Un versículo de la Biblia cada Día

¿ERES TÚ UNA PERSONA HONESTA?



Efesios 4:22-25
“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.”

El apóstol Pablo escribe esta carta a los recién convertidos creyentes que formaban la iglesia de Efeso y los exhorta a abandonar el estilo de vida anterior y a que marcharan por el nuevo camino de la vida cristiana. Básicamente Pablo les está diciendo que debían “despojarse” de su vida antigua de la misma manera en que se despojarían de una prenda de vestir que no usarían más. El “viejo hombre”, al cual se refiere Pablo, describe al individuo antes de la conversión, el cual tenía el “entendimiento entenebrecido”, por lo que “se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza” (v.18-19). Ahora, después de haberse convertido, todo esto debía cambiar radicalmente, pues “el nuevo hombre es creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.

Por lo tanto, les dice Pablo, deben “desechar la mentira y hablar verdad cada uno con su prójimo”. O sea, el nuevo hombre debe vivir una vida de honestidad. La honestidad es la virtud por medio de la cual una persona actúa siempre con base en la verdad y en la auténtica justicia. Ser honesto es ser veraz, íntegro, justo. El hombre honesto es un verdadero imitador de Cristo en todos los aspectos. Lamentablemente, en el mundo en que vivimos, la honestidad está prácticamente desaparecida. Lo vemos en los políticos, en los hombres de negocio, en los atletas, en las autoridades, en los abogados, médicos, en los jueces (supuestamente encargados de impartir justicia), y hasta en la misma iglesia. Todo comenzó desde la caída del hombre y ha ido empeorando a través de los siglos.

Cuando Dios decidió destruir a Sodoma debido al pecado y la extrema corrupción a que había llegado, Abraham intercedió ante el Señor diciéndole: “¿Destruirás también al justo con el impío? Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad” (Génesis 18:23). Dios le dijo que si hallaba cincuenta justos perdonaría la ciudad por amor a ellos. Entonces Abraham, temiendo que no hubiera ni siquiera cincuenta justos, bajó su apelación a cuarenta y cinco, y después a cuarenta, a treinta, y así sucesivamente hasta que llegó a diez. Y Dios le dijo: “No la destruiré por amor a los diez” (v.32). Finalmente Dios hizo llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra y ambas ciudades fueron destruidas. ¡Ni siquiera diez personas honestas pudo hallar el Señor!

Diógenes de Sínope fue un filósofo griego, nacido en el año 413 A.C. el cual es considerado como el más típico representante de la Escuela Cínica, por lo que muchos le conocen como Diógenes el Cínico. Se cuenta que en cierta ocasión, a plena luz del día, Diógenes recorría uno de los lugares más concurridos de su ciudad, con un farol encendido en la mano. Cuando le preguntaron cuál era el propósito de andar en pleno día con una lámpara prendida, él respondió: "Busco a un hombre honesto sobre la faz de la tierra". Con esto trataba de demostrar lo difícil que era encontrarlo. Eclesiastés 7:20 lo expresa de la siguiente manera: “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque”.

¡Qué triste es para Dios ver el estado a que ha llegado su Creación! Sin duda, en muchos aspectos, estamos igual o peor que Sodoma y Gomorra. Intercedamos ante el Señor, como lo hizo Abraham, para que tenga misericordia de este mundo corrupto. Y hagamos nuestra parte como cristianos, viviendo una vida de honestidad y santidad que glorifique a Dios y sea un testimonio para los que nos rodean. Esta debe ser la meta de todo creyente. Claro que no es tarea fácil, pues nuestra naturaleza carnal nos impulsa a hacer todo lo contrario. Por eso debemos aferrarnos al poder del Espíritu de Dios, buscando el rostro del Señor en oración cada día, leyendo su Palabra y meditando en ella. Es la única manera de vivir una vida de honestidad y santidad.

ORACIÓN:
Padre santo, yo anhelo vivir una vida de honestidad que glorifique tu nombre, pero reconozco que soy incapaz de hacerlo por mí mismo. Te ruego que me ayudes a rendirme a ti totalmente, y que tu Espíritu controle cada área de mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

lunes, 4 de febrero de 2013

REDENCIÓN HUMANA CON SANGRE DIVINA


Hebreos 9:22
“Y sin derramamiento de sangre no se hace remisión”.

Colosenses 1:14
“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”.

A la vez que es maravilloso lo mucho que la Biblia habla sobre el tema de la sangre, es también alarmante el poco énfasis que se le da a este tema. En los treinta y un mil ciento dos versículos que tiene la Biblia, setecientos tratan acerca del tema de la sangre, o sea, de cada cuarenta y cuatro versículos, uno trata sobre este gran tema.

Al principio cuando Dios creo al hombre, primero tomó del barro de la tierra y formó una figura de barro, terminada la figura seguía siendo barro, pero entonces Dios “sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7). En el instante del soplo de vida el barro se transformó en carne y huesos con todos sus órganos, y se formó la sangre y comenzó a circular. Pues, contrario a todos los demás tejidos del cuerpo que son fijos, esta, la sangre, es fluida y movible; y recorre todo el cuerpo cada veinticuatro segundos, llevando vida y calor a todo el cuerpo.

Cuando Dios puso a nuestros primeros padres en el huerto les dio una orden diciendo: “De todo árbol del huerto, podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17). “Ciertamente morirás”, sentenció Dios; “no moriréis”, argumentó Satanás (Génesis 3:4). Ellos desoyeron la verdad de Dios y creyeron la mentira del diablo, la sentencia cayó sobre ellos: muerte. Muerte significa separación.


MUERTE FÍSICA Y ESPIRITUAL

Cuando el espíritu de Dios abandona nuestro cuerpo, el cuerpo muere pues no recibe la vida del espíritu. Cuando el espíritu de Dios se aleja, el espíritu del hombre muere pues no recibe la vida de Dios. El hombre alejado de Dios está muerto en delitos y pecados (Efesios 2:1,5). Lo que hace del infierno un lugar horrible, tal cual lo describe la Biblia, no es la presencia del diablo y de los demonios allí, sino la total ausencia de Dios de ese lugar, la total separación de Dios de los que allí van.

Además de su espíritu que murió, el hombre perdió su alma que se corrompió en vicios y en pecados. También el hombre perdió su cuerpo perfecto que recibió; después de haber pecado, Dios tuvo que decirle “al polvo volverás” (Génesis 3:19); así entró en el mundo la enfermedad y la muerte. Y el hombre perdió su tierra también, perdió el señorío de la tierra, señorío que pasó a manos de Satanás, quien es llamado “príncipe de este mundo” (Juan 12:31).

Si Dios hubiese cargado o ejecutado sobre el hombre la sentencia de muerte, pronunciada contra él, por causa de su propio pecado, el hombre hubiese quedado irremisible y eternamente separado de Dios. De ahí la necesidad de redimir al hombre, pagar el precio de su rescate, cumplir la sentencia de muerte y recobrar para el hombre todo lo que éste perdió. Desde el primer momento, cuando el hombre pecó, Dios mostró que la redención vendría por medio del derramamiento de sangre de un sustituto inocente.

Adán ofrecía sacrificios a Dios, derramando la sangre de víctimas inocentes, lo cual también aprendió y práctico Abel, quien tomaba de los corderos de su rebaño para sacrificar a Jehová derramando la sangre de aquellos. Luego, todos los padres de familia sacrificaban a Dios, los patriarcas, y más tarde los sacrificios y el derramamiento de sangre de víctimas inocentes fue incorporado en la ley de Moisés. Y un caudaloso río de sangre corre a través de las páginas de la Santa Biblia, así como la sangre corre por todo el cuerpo humano impartiendo vida.

Pero la misma Biblia nos enseña que estos sacrificios eran imperfectos y “no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto… Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan… porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados” (Hebreos 9:9; 10:1, 4). Pero también, la Biblia enseña que ningún hombre, ni con su sangre pecaminosa y corrompida, ni con sus riquezas materiales, podía ni puede redimir al hombre. Dice el Salmo 49:6-8, leemos: “Los que confían en sus bienes, y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan, ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate (porque la redención de su vida es de gran precio…)”.

Y aun más la Biblia enseña que la sentencia de muerte para el hombre dictada por la justicia de Dios tenía que ser cumplida. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó” (Efesios 2:4), quería proveer perdón, pero a la vez no podía lesionar Su justicia que reclamaba el castigo. ¿Cómo armonizar esos dos grandes atributos de Dios: Su justicia y Su amor? para esto entra en función otro gran atributo divino: Su sabiduría.

Y Dios en Su sabiduría traza el plan de la redención con sangre “desde antes de la fundación del mundo” (1 Pedro 1:20); y por consiguiente, desde antes de la creación del hombre. Y todo esto sin menoscabo de la demanda del castigo de Su justicia y sin descuido del propósito de perdón de Su amor.

¿Y quién sería capaz de sufrir y pagar la pena de muerte del hombre en todas sus consecuencias físicas, espirituales y eternas, y luego no quedar muerto ni física ni espiritualmente sino volver triunfante a la vida?

Tenía que ser hombre, pero no podía ser exclusivamente hombre, porque no hubiese sido satisfecha la justicia de Dios, pues, todos “pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Tenía que ser Dios, pero no podía ser exclusivamente Dios, porque no hubiese sido bien aplicada la justicia de Dios pues Dios es justo y santo. Entonces tenía que ser, a la vez, verdadero hombre y verdadero Dios. ¿Y cómo haría Dios tal maravilla? David dijo: “He aquí en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:5).

La ciencia afirma que el embrión, el feto, el niño, en el seno de la madre en ningún momento recibe sangre de la madre. La sangre se produce en el embrión con la simiente del varón. El hombre pecador engendra más pecadores. Este Hombre Dios (Jesucristo) no podía ser pecador, pues venía a pagar la deuda del hombre pecador, por lo mismo no podía ser engendrado por el hombre pecador.

Por esta razón leemos en Lucas 1:30-35, como sigue: “Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”.

Dios proveyó la manera que el Hombre Dios, el Redentor, naciera de una mujer, pero no lo engendrara un hombre, que fuera la simiente de la mujer (Génesis 3:15), pero no fuera la simiente del hombre. Por medio de este milagro Jesús recibió de María su cuerpo humano, y por esto es verdadero hombre; y recibió del Espíritu Santo su sangre divina, y por esto es verdadero Dios.

Amados, la sangre de Cristo es roja como la nuestra, pero no es como la nuestra; tiene glóbulos rojos como la nuestra, pero no es como la nuestra; tiene glóbulos blancos como la nuestra, pero no es como la nuestra; tiene coagulantes como la nuestra, pero no es como la nuestra. La nuestra es humana, la de Él es divina. La nuestra es impura, la de Él es pura. La nuestra mancha, la de Él quita las manchas. La nuestra es culpable, la de Él es inocente. La nuestra es corruptible, la de Él es incorruptible. La nuestra es de escaso valor, la de Él es preciosa. La nuestra es temporal, la de Él es eterna.

Y sobre nuestro Señor Jesucristo, el Hombre Dios, como nuestro sustituto “Dios cargó en Él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6), y “nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición” (Gálatas 3:13). Y después del derramamiento de su sangre, pues, “sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Hebreos 9:22). Después de su muerte y resurrección ascendió al Cielo como nuestro sumo sacerdote con esa sangre divina, pura, limpiadora, inocente, incorruptible, preciosa, eterna, y “entró una vez y para siempre en el Lugar Santísimo (en el Cielo, para presentarse ahora por nosotros ante Dios), habiendo obtenido eterna redención” (Hebreos 9:12, 24).

Y por el poder, la eficacia, y la vigencia de esa preciosa sangre, Cristo nos compró (Hechos 20:28); nos dio remisión de pecado (Juan 19:34); somos justificados (Romanos 5:9); limpia nuestras conciencias (Hebreos 9:14); nos redime (1 Pedro 1:18); nos limpia de pecado (1 Juan 1:7); nos lava nuestros pecados (Apocalipsis 1:5); nos hace cercanos a Dios (Efesios 2:13); somos rociados (1 Pedro 1:2); vencemos al diablo (Apocalipsis 12:11); tenemos entrada en el Cielo (Hebreos 10:19).

Hermanos, por los infinitos méritos de la redención, por la sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo, el hombre recobra todo lo que perdió. Su espíritu muerto en delitos y pecados es vivificado, recibe la vida en Dios, y vuelve a tener comunión con Dios, y puede adorar a Dios. Su alma corrompida, y esclava de vicios y pecados es salva, y queda libre para alabar y servir a Dios. Su cuerpo sujeto a enfermedad y muerte es sanado, y habrá de resucitar semejante al de Cristo.

Quien rechaza la redención, por el sacrificio de Cristo, permanece esclavo del pecado e hijo del diablo. Jesús dijo: “Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado… Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer” (Juan 8:34, 44). Pero quien acepta la redención por medio del sacrificio y la sangre derramada en el calvario por Cristo, es comprado con tan elevado precio y es hecho hijo de Dios. La Biblia dice: “Habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:20).

“Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” (1 Pedro 1:18-20).

“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo (…) acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe (…) os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 10:19-22; 12:22-24). ¡Gloria a Dios! por el sacrificio de Jesucristo que es lo único que nos garantiza la entrada al Cielo.

Amigo, si tienes puesta tu confianza en una religión, en un jerarca religioso, en un dogma, en tus limosnas y buenas obras, en los ritos y ceremonias que te harán después de muerto, en un santo, virgen o apóstol; en el ocultismo con todas sus ramificaciones, en una filosofía, o en el refinamiento cultural, en tu buena conducta, o en tu moral. Amigo…, si es así, debo decirte que conforme a la Biblia ¡estás perdido! Lo único que puede darte franca entrada en el Cielo es que te rindas a los pies de Jesucristo y seas perdonado de todos tus pecados. Pues, en el Cielo “no entrará ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27), los que han lavado sus ropas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.

Amado, acepta la limpieza de Su sangre redentora y tu alma será emblanquecida. Amén.

Hebreos 9:13-14
“Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”

“Gracia y Paz”
Vida Cristiana

VIVE EL LLAMAMIENTO DE DIOS



1 Pedro 2:9-12
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa,  pueblo adquirido por Dios,  para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia. Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras”.

¿Qué término describe mejor tu vida como cristiano: creyente o seguidor de Cristo? Un creyente puede creer en ciertas cosas, sin necesidad de ponerlas en práctica. Pero decir: “Soy seguidor de Jesucristo” orienta tu vida en un solo camino.

¿Cómo podemos seguir el camino al que Dios nos llama?

Primero, debemos creer en Él (Juan 14:1), porque no seguiremos a alguien si no creemos en esa persona. La fe crece a medida que permanecemos en Cristo y descubrimos la hermosura de su carácter, la profundidad de su amor y la perfección de su plan.

Segundo, seguir significa obedecer al Señor (Juan 14:15). Cuando se trata de obedecer a Dios, solo hay dos respuestas: lo haré o no lo haré. Un verdadero seguidor de Jesucristo combina la fe con la obediencia, y se esforzará en decir “Sí, lo haré”, aunque algo sea difícil. “Sí, lo haré”, cuando sea impopular, y “Sí, lo haré”, aunque eso pueda causarle dolor o sufrimiento.

Por último, seguir significa servir a Jesucristo. Como hijos de Dios, no debemos ser simplemente observadores; debemos participar activamente en la obra del Señor. Los espectadores se sientan para ver, pero hemos sido llamados a usar nuestros dones espirituales y a servir todo el tiempo. En el cuerpo de Cristo, cada miembro, hombre o mujer, está llamado a hacer su parte (1 Corintios 12:27, 18).

Jesucristo confió en su Padre por completo, lo obedeció sacrificialmente (Filipenses 2:8) y tuvo una vida de servicio (Mateo 20:28). Estamos llamados a imitarlo. ¿En cuál de estos aspectos necesitas tu seguir a Cristo más de cerca? Pídele al Espíritu Santo que te dé el corazón de un siervo obediente.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

SANTIDAD A JEHOVÁ



Éxodo 39:30
“Hicieron asimismo la lámina de la diadema santa de oro puro, y escribieron en ella como grabado de sello: SANTIDAD A JEHOVÁ”.

En un mundo donde ser cristiano se a trivializado tanto, al punto de convertirse en una moda o un estilo de vida, donde solo se lleva el titulo desconociendo por completo la obra redentora de Jesucristo en el calvario, reduciéndolo a solo una cruz, considerándola como algo santo, no entendiendo que es todo lo opuesto, donde el amor se ha enfriado tanto que no nos importa lo que le suceda a los demás, donde el YO (primero yo, segundo yo, tercero yo) reemplazó el amor al prójimo, donde los deleites carnales pasaron la barrera de los adultos, involucrando a los niños en actos depravados y lascivos...

Es necesario volver nuestra mirada a la senda antigua, preguntar cual sea el bueno y agradable camino a Cristo, escribir en nuestra frente como sello visible a todos, pero no con letras de imprenta sino con hechos reales: SANTIDAD A JEHOVÁ. Vivir en rectitud, en amor, en SANTIDAD, amando su Palabra y obedeciendo su voluntad. Él lo dijo: Sed santos por que yo soy santo.

“Gracia y paz”
Verdades Bíblicas

CANTAD ALABANZAS A JEHOVÁ



Isaías 12:5
“Cantad salmos á Jehová; porque ha hecho cosas magníficas: sea sabido esto por toda la tierra”.

El Verso de hoy nos dice que debemos cantar alabanzas a Dios, y luego nos dice por qué. Porque ha hecho cosas magníficas, dignas de la alabanza. ¿Podrás imaginar a este mundo si Jesús no hubiera venido a salvarnos? ¿Acaso esto no es motivo de alabar su nombre? Jesús dejó el cielo y vino a rescatarnos de nuestros pecados;

CANTAD ALABANZAS A JEHOVÁ. Jesús se entregó a sufrir en nuestro lugar;
CANTAD ALABANZAS A JEHOVÁ. Jesús resucitó de la tumba;
CANTAD ALABANZAS A JEHOVÁ. Jesús nos está preparando un lugar en el cielo;
CANTAD ALABANZAS A JEHOVÁ. Jesús vendrá otra vez para llevarnos al cielo para estar con él por toda la eternidad.

¿Tú crees que no tenemos motivos suficientes para glorificar el nombre del Señor y cantarle alabanzas?

“Gracia y paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

¿ERES CRISTIANO?



Juan 20:31
“Éstas (cosas) se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”.

Hechos 11:26
“Y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquia”.

Un jefe de estado, hoy fallecido, declaraba a un periodista: «Nací cristiano, probablemente moriré como tal. ¿Entretanto…?». Sin duda quería decir que había nacido en una familia practicante, había sido bautizado, y que en su entierro probablemente se celebraría un oficio religioso; pero entre esos dos acontecimientos, viviría como le conviniera. Y ésta es la manera de ver de muchas personas en nuestros países cristianizados. ¿Pero es verdaderamente esto ser cristiano?

Si nos referimos a la Biblia, la Palabra de Dios, no vemos en ninguna parte que uno sea cristiano por herencia o por cultura, ni que alguien llegue a serlo por el hecho de estar bautizado, de asistir a oficios religiosos o aun por llevar una vida irreprochable. No, ser un cristiano auténtico es ser discípulo de Jesucristo.

Para llegar a serlo, hace falta una doble condición: por una parte reconocer que Jesucristo es el Hijo de Dios, muerto en la cruz para expiar los pecados que cometí, y por otra parte que su muerte y resurrección me permiten estar reconciliado con Dios. Es un nuevo nacimiento espiritual y el punto de partida de una nueva vida, de una relación personal con Dios. Él hace de cada uno de nosotros una persona diferente, transformada, quien halla un sentido a su vida. Si tu todavía no tienes esta convicción, pide a Dios que la haga nacer en tu corazón.

“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

domingo, 3 de febrero de 2013

NI ÁNGELES GUÍAS, NI VÍRGENES, NI EXTRATERRESTRES



"Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen" (Romanos 1:28)

"Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (I Timoteo 2:5)

Olvídese de los extraterrestres, de las vírgenes, y de los espíritus guías (ángeles de la Nueva Era). Cristo dijo que solo hay dos reinos: el de la luz y el de las tinieblas. En el reino de la luz, solamente Dios puede escucharte y la única manera es clamando al Padre en el nombre de su Hijo Jesús por medio de la fe. Fuera de esta línea, todo lo que el hombre invoca (llámese como se llame) son demonios, ángeles caídos que harán todo lo posible por apartarte de Cristo y de la vida eterna. Obviamente, te apartarán de la verdad de la Biblia y propondrán toda clase de caminos de error. Reprende al diablo y busca a Cristo hoy.

“Gracia Y Paz”
Para Meditar y Compartir

SI CONFÍAS, TODO LO QUE TE PASA ES PARA TU BIEN



Romanos 8:28
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”

Cuenta una pequeña historia que un rey en África tenía un amigo íntimo desde su niñez. Su amigo tenía la costumbre de ver de una manera positiva cualquier situación que se presentara (fuera buena o mala). Y siempre decía: “¡Eso está muy bien!” Un día el rey y su amigo salieron de cacería. El amigo cargó y preparó los rifles para el rey y para él. Aparentemente algo hizo mal, pues cuando el rey fue a dispararle a un venado el rifle explotó y le arrancó el dedo pulgar de la mano derecha. El amigo examinó la situación y, como siempre, dijo: “¡Eso está muy bien!” A lo que el rey, sumamente molesto, respondió: ¡¡No, esto no está nada bien!! Y seguidamente lo mandó a la cárcel.

Un año después el rey estaba cazando en un área muy peligrosa, pues existían en los alrededores tribus de caníbales. De momento un grupo de estos caníbales atacaron y capturaron al rey y su comitiva. Los amarraron a un poste, pusieron alrededor de ellos una buena cantidad de leña y se dispusieron a cocinarlos para comérselos. Cuando se acercaron para encender la hoguera, uno de ellos notó que al rey le faltaba un dedo en una mano. Aquellos caníbales eran muy supersticiosos. Nunca se comían a nadie que le faltara algún miembro del cuerpo. Tenía que estar completa la persona. Así es que desataron al rey y lo dejaron libre, pero se comieron a todos los demás.

En el camino hacia el palacio, el rey se acordó de la ocasión en que había perdido su dedo y sintió remordimiento por haber enviado a su amigo a la cárcel. Inmediatamente se dirigió a la prisión y ordenó que liberaran a su amigo. Cuando lo vio, le dio un abrazo y le dijo: “Tú tenías razón. Estuvo bien que yo perdiera mi dedo”. Y le contó lo que había sucedido. “Perdóname por haberte enviado a la cárcel por todo este tiempo”, le dijo el rey.

“¡Oh no!” -- le contestó el amigo -- “¡Eso está muy bien!”

“¿Cómo vas a decir que eso está muy bien?” “¿Cómo puede estar bien que yo haya enviado a mi mejor amigo a la cárcel por un año?”, exclamó el rey.

“¡Pues claro!” – le respondió su amigo -- “Si yo no hubiera estado en la cárcel me hubiera ido de cacería contigo”.

Al igual que el rey de la historia, muchas veces, al pasar por malos momentos en nuestras vidas, nos molestamos, nos frustramos, y en ocasiones nos desesperamos, y hasta nos quejamos con Dios. Pero, aún en esas circunstancias, no debemos olvidar su promesa de “que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. ¿Cómo es posible estar confiados en medio de una situación muy difícil de que al final todo estará bien? La clave está en la soberanía de Dios. Debemos recordar que Dios tiene el control siempre. Aun cuando parece que el mundo está en un caos total, podemos confiar que Dios sigue siendo el Rey y Señor de todo. Debemos tener la seguridad de que el Señor está trabajando activamente en todas las cosas. El está moviendo las circunstancias para que al final resulten favorables a ti. Lo hizo con José. Lo hizo con Job. Lo hizo con su Hijo Jesús, a quien levantó de los muertos y lo exaltó hasta lo sumo. Lo hará contigo también, por muy difícil que te parezca tu situación, si mantienes tu confianza en él.

Al saber que nuestras dificultades son parte del plan de Dios para nosotros, debemos estar agradecidos al Señor por conducirnos a través del camino lleno de obstáculos, y podemos regocijarnos por el hecho de que Dios está obrando y usando los tiempos difíciles para darnos madurez espiritual, y sobretodo un final victorioso. ¿Hace esto menos dolorosas las dificultades? Por supuesto que no. En la vida tenemos que pasar por momentos dolorosos. Pero nuestra esperanza, a diferencia de aquellos que no aman a Dios, reside en que el Señor siempre cumple las promesas que ha hecho para sus hijos. Jesús les advirtió a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Esta es nuestra parte: Confiar. El resto está en las manos del Dios todopoderoso, quien “todo lo que quiere lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos” (Salmo 135:6).

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego aumentes mi fe para poder ver las bendiciones que tú tienes preparadas para mí, aun en medio de todas las dificultades que estoy enfrentando. En el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y paz”
Dios te Habla

HONREMOS A DIOS, OBEDEZCAMOS A CRISTO



Romanos 12:17
“No paguéis á nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres”.

“No paguéis a nadie mal por mal”. Este mandamiento es MUY DIFÍCIL para nosotros. Nuestra naturaleza humana y pecaminosa se rebela contra este versículo. Cuando nos ofenden, queremos el desquite. Pero así no hizo nuestro Salvador Jesucristo. Nos dice en 1 Pedro 3:21-24, “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”.

Honremos a Dios, obedezcamos a Cristo, y “Andemos en el Espíritu, y así no vamos a satisfacer los deseos de la carne” (Gálatas 5:16).

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

EL ANHELO DE CONOCER A CRISTO



Filipenses 3:3-11
“Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos”.

Muchas personas conocen los hechos fundamentales de la vida del Señor, pero pocas lo conocen personalmente. Están tan ocupados con sus actividades y sus intereses, que rara vez piensan en Jesús hasta que surge una situación desesperante.

Pero aquellas que conocen al Señor estrechamente, lo hacen su prioridad absoluta, y todas las posesiones, logros, o intereses carecen de valor cuando se comparan con el hecho de conocerlo.

Considere los resultados de hacer de Cristo lo más importante en su vida (Filipenses 3:8-10):

Un hambre cada vez mayor: “para ganar a Cristo”. Aunque Pablo tenía una relación admirable con el Señor, su mayor deseo era conocerlo más.

Una vida cambiada: “la justicia que es de Dios”. Cuanto más conozcamos a Cristo, más exhibiremos su justicia.

Una mayor competencia: “el poder de su resurrección”. El poder del Espíritu fluye a través de quienes se relacionan estrechamente con el Señor Jesús.

Una nueva perspectiva: “la participación de sus padecimientos”. Cuando entendemos a Cristo, vemos sus bendiciones por medio de nuestro sufrimiento.

Una vida victoriosa: “llegando a ser semejante a él en su muerte”. El verdadero creyente, se consideran a sí mismo muerto a los pecados que una vez dominaron su vida.

¿Anhela usted conocer a Cristo, o es su relación con Él superficial? Los creyentes no debemos permitir que los placeres, los problemas y las responsabilidades de este mundo nos roben el tesoro de conocer a Cristo. Es hora de contar todo como pérdida, y de seguir adelante con Cristo.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria



PALADEAR



Nehemías 8:12
“Y todo el pueblo se fue a comer y a beber […], y a gozar de grande alegría…”

En una cultura acelerada donde todo es instantáneo, pocos se reservan tiempo para disfrutar de un encuentro con amigos alrededor de una mesa. Incluso, alguien ha señalado que, actualmente, ¡la única manera de deleitarse con una comida de varios platos es poner todo entre dos rebanadas de pan!

Después de que muchos de los exiliados israelitas volvieron de Babilonia a Jerusalén para reedificar el templo y los muros de la ciudad, se reunieron para escuchar a Esdras leer el libro de la ley que Dios le había dado a Moisés (Nehemías 8:1). Escucharon la Palabra de Dios durante horas, mientras los maestros le «ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura» (v. 8).

Cuando lloraron por sus debilidades, Esdras y el gobernador Nehemías les dijeron que no era momento de entristecerse, sino de regocijarse. Además, debían preparar una fiesta para compartir con los que no tenían nada, porque «el gozo del Señor» era su fuerza (v. 10). Entonces, «todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a obsequiar porciones, y a gozar de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado» (v. 12).

El banquete espiritual que Dios nos ha preparado en su Palabra causa gran gozo. Vale la pena dedicar tiempo para paladearlo.

Cristo, el Pan de vida, satisface nuestra hambre espiritual con su Palabra viviente.

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LEA: Nehemías 8:1-12
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“Gracia y Paz”
Nuestro Pan Diario

LAS AFLICCIONES DEL JUSTO



Salmo 34:19
“Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová”.
 
Pensar en las dificultades que nos acompañan a los creyentes, cualquiera diría como en su momento le dijeron al salmista: ¿en dónde está tu Dios?. Si se mira desde afuera, con los ojos materiales pareciese que no hay ninguna diferencia entre el creyente y el incrédulo, deudas, problemas con los hijos, en el trabajo, etc. Pero algo he visto yo, una diferencia clara, y es que el creyente podrá pasar necesidad pero nunca estará desamparado.

Que cuando más aflicciones y dificultades se presentan en la vida del creyente, más se mueve la mano poderosa de Dios en su vida, haciéndole reconocer que si no fuese por su inmenso amor y misericordia sería imposible hallar una salida.

Tenemos una esperanza, Dios nos sostendrá con su mano poderosa, nos cubrirá con sus alas y no permitirá que ni saeta que vuele de día ni terror nocturno se acerque a nuestra vida, porque él puso la suya para librarnos.  Sigamos a Jesús, confiemos en Él y estemos seguros que nos librará y nos llevará de victoria en victoria.

“Gracia y Paz”
Verdades Bíblicas