martes, 5 de febrero de 2013

¿NECESITAS PACIENCIA?



Hebreos 10:35, 36
“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”.

Este pasaje de la Epístola a los Hebreos consta de cuatro aspectos o pasos fundamentales, el último de los cuales es el fin que se persigue. Éste es obtener, es decir conseguir la promesa. “Obtener la promesa” es sinónimo de triunfo, de victoria, de recompensa. Significa recibir todas las bendiciones y la vida en abundancia que Dios ha prometido para aquellos que le aman y le obedecen. Esta debe ser la meta de todo cristiano.

Estas bendiciones están directamente relacionadas con nuestra obediencia a “la voluntad de Dios”. A través de toda la Biblia vemos de manera clara esta relación entre nuestra actitud y las bendiciones que recibimos del Señor. En el libro de Éxodo, por ejemplo, mientras los israelitas se dirigían a la tierra prometida, después de haber sido liberados de la esclavitud en Egipto, Dios les habló por medio de Moisés y les presentó una serie de leyes y mandamientos que ellos debían seguir en el nuevo hogar que les esperaba. También les prometió un sin número de bendiciones que les permitirían disfrutar de una vida llena de paz y felicidad. Entonces les dijo: “Si en verdad hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren” (Éxodo 23:22).

Esta obediencia es el producto de un proceso de transformación que se lleva a cabo en nuestras mentes, nuestros corazones y fundamentalmente en nuestros espíritus, pues nuestra naturaleza nos impulsa a desobedecer, y tendemos a hacer lo contrario, es decir lo que nosotros deseamos hacer, no lo que Dios quiere que hagamos. En este proceso tendremos que pasar por situaciones difíciles que pondrán a prueba nuestra fe, fortaleciendo nuestros espíritus y dándonos madurez espiritual y la tan “necesaria” paciencia. El apóstol Santiago se refirió a este proceso al escribir: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:2-4). La prueba produce paciencia, pero ésta no es el producto final. La paciencia tiene un propósito: que lleguemos a ser “perfectos y cabales”, es decir que maduremos espiritualmente hasta llegar al punto en que “habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengamos la promesa”.

El primer paso que menciona el pasaje de hoy es la confianza en Dios. El autor de esta carta exhorta a sus lectores a que no pierdan esta confianza aunque estuviesen pasando por pruebas y persecuciones por haber profesado su fe en Cristo. Esta confianza es absolutamente necesaria para obtener el galardón. Jesús advirtió a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). En otras palabras, cuando lleguen la prueba y la adversidad, no se desesperen, tengan paciencia, confíen en mí, y yo los guiaré al triunfo. Si ponemos nuestra confianza en el Señor, él nos guiará a la meta, “al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”, dice Filipenses 3:14.

Más adelante en esta misma Epístola a los Hebreos el autor menciona de nuevo la paciencia al comparar la vida del cristiano con una carrera. Dice Hebreos 12:1-2: “Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”. Poner los ojos en Jesús significa hacerlo a él el foco central de nuestras vidas. Es fijar nuestra mirada en él y no en las circunstancias que nos rodean. Es confiar en el Señor en todas las situaciones que puedan presentarse ante nosotros, por negativas y difíciles que estas sean.

A medida que hagamos de esta actitud un hábito, seremos más pacientes, nuestra fe será fortalecida, y nos esforzaremos más tratando de hacer la voluntad de Dios. Como resultado obtendremos la victoria que habrá de llegar en el momento perfecto, en el tiempo del Señor.

ORACIÓN:
Padre santo, ayúdame a mantenerme firme en esta carrera con mis ojos fijos en Jesús en todo momento. Aumenta mi fe y dame la paciencia y la fuerza que necesito para no desfallecer y continuar hasta la meta que tú tienes señalada para mí. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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