martes, 19 de junio de 2012

¿HAS MUERTO AL PECADO?


Romanos 6:11-14
“Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”.

El apóstol Pablo escribe a la iglesia en Roma, y los exhorta a morir al pecado de manera que éste no reine en sus vidas. Morir al pecado significa que ya no escuchamos sus órdenes o sugerencias, de la misma manera que una persona que ha muerto no tiene la capacidad de escuchar órdenes, mucho menos de obedecerlas. Entonces el pecado ya no tiene autoridad sobre nosotros. Como el pecado es el obstáculo principal para que vivamos vidas santas consagradas a Dios, el resultado de morir al pecado es una vida de pureza y santidad ante el Señor.

En los bosques del norte de Europa y Asia vive un animalito llamado armiño, cuya piel es sumamente suave y muy valiosa. Durante el invierno el pelaje de este animalito cambia totalmente de color, volviéndose enteramente blanco como la nieve. El armiño protege instintivamente su blanco pelo contra cualquier cosa que pueda mancharlo. Los cazadores de pieles se aprovechan de esta insólita característica del armiño. No le tienden una trampa común y corriente para atraparlo, sino que averiguan donde vive, que es normalmente en una hendidura de una roca o en un agujero de un árbol. Entonces ensucian la entrada y el interior con tizne. Luego, los cazadores sueltan sus perros para que encuentren y persigan el armiño. El aterrorizado animal huye hacia su casa, pero al darse cuenta de la suciedad, se detiene y no entra por temor a ensuciar su blanco pelaje. Entonces queda atrapado por los perros y se deja capturar. Para el armiño preservar la pureza es más importante que su propia vida.

De esta manera Dios espera que sus hijos actúen con el fin de mantener su pureza y santidad. Dios quiere que seamos santos así como él es santo. El apóstol Pedro escribe en su primera carta: “No os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:14-16). Claro que para lograr esto es necesario que, al igual que el armiño, estemos dispuestos a morir, a morir al pecado. Pablo entendió profundamente este concepto y lo puso en práctica en su vida. Por eso pudo declarar con toda autoridad en su carta a los Gálatas: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20). Al morir al pecado, permitimos que el Espíritu Santo reine y entonces la vida de Cristo se manifiesta plenamente en nosotros. Por nuestras propias fuerzas no podremos lograrlo jamás, pero si nos hacemos el firme propósito de rendir el control de nuestras vidas al Espíritu Santo, él nos ayudará a obedecer la palabra de Dios y a vivir la vida de santidad que el Señor desea ver en nosotros.

Dedica tiempo cada día de tu vida a leer la Biblia y a orar. Escudriña las Escrituras, medita en ellas. Envuélvete en un tiempo de comunión con el Señor diariamente, y de todo corazón ruega al Espíritu Santo que te ayude a morir al pecado y vivir una vida santa que agrade a Dios. Entonces experimentarás cambios profundos en tu vida, y no te resultará tan difícil rechazar las tentaciones que se presenten.

ORACIÓN:
Bendito Dios y Señor, es mi anhelo vivir una vida de santidad que te agrade a ti. Reconozco que soy muy débil para lograrlo por medio de mis propias fuerzas, por eso te pido que me ayudes a morir al pecado y que tu Santo Espíritu reine en mi vida para honrarte con mi testimonio en todo momento. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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