martes, 16 de septiembre de 2014

¿CUENTAS CON UN BUEN SEGURO?



¿CUENTAS CON UN BUEN SEGURO?

Job 11:18
“Tendrás confianza, porque hay esperanza; mirarás alrededor, y dormirás seguro”

Los tiempos en que vivimos son tiempos de mucha inseguridad en todos los aspectos. Esta inseguridad se refleja no sólo en los altos índices de violencia, robo y criminalidad que amenazan constantemente la vida de las personas, sino también en la inestabilidad económica que reina en todo el mundo. Personas que pensaban que tenían un hogar estable han tenido que pasar por el dolor de perderlo y muchos que creían que tenían un empleo seguro han recibido la triste noticia de que han sido despedidos. También otros que gozaban de perfecta salud de momento han recibido la mala noticia del resultado de los análisis. Incluso la vida misma puede perderse en un segundo de la manera más inesperada, a través de un accidente automovilístico, o de un loco que entra a un lugar público disparando un arma, o un fenómeno natural como un repentino tornado, o un rayo, o por cualquier otro medio.

Ciertamente, es imposible garantizar la seguridad en ningún aspecto en este mundo en que vivimos. Muchas veces, con el fin de crear una sensación de seguridad a nuestro alrededor, nos llenamos de “seguros” de todo tipo: seguros de vida, seguros médicos, seguro para la casa, para el automóvil, etc. Hacemos todo tipo de planes para “asegurar” que nada va a faltarnos en el futuro; pero nada de esto puede traer absoluta y total seguridad a nuestras vidas. Sabemos que hoy estamos aquí, ¿y mañana? ¡Sólo Dios lo sabe!

La seguridad absoluta no existe en este mundo, a menos que vivamos bajo el amparo y protección de Dios. La Biblia nos dice en el Salmo 91:1 que “el que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente”. Dios es el único que puede garantizarnos seguridad en cualquier situación que se nos presente en la vida, porque él es omnisciente y es omnipotente. Todo lo sabe y todo lo puede. Y la seguridad que él nos ofrece nos cubre, no solamente en esta vida sino por toda la eternidad.

Si Cristo es el Señor de nuestras vidas podemos vivir tranquilos y confiados, pues aún en el caso de que nuestra economía, nuestra salud, o cualquier otra área sea afectada contamos con la seguridad de que él es fiel para reponernos lo que se ha perdido y aún más, como sucedió en el caso de Job, el cual lo perdió absolutamente todo, posesiones, familia, su salud, pero al final, dice la Biblia, Dios “aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job” (Job 42:10). ¡Que seguro tan maravilloso que nos devuelve más de lo que perdimos, conforme a la misericordia de nuestro Padre celestial!

Únicamente Dios puede darte un seguro que cubre absolutamente todas las circunstancias imaginables en la vida y cuyo reembolso excede todo entendimiento humano. Y lo mejor de todo es que es absolutamente gratis, pues Jesucristo hizo el pago completo en la cruz del Calvario hace más de 2,000 años. Sólo tienes que reclamarlo acercándote a él con un corazón humilde y arrepentido e inmediatamente estarás cubierto. Cuando estamos “bajo la sombra del Omnipotente” podemos vivir tranquilos, pues todo lo que suceda en nuestras vidas (bueno o malo) tiene un propósito y al final recibiremos la recompensa de Dios, como nos asegura Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. ¡Esta es la verdadera seguridad!

El apóstol Pablo entendió este concepto perfectamente, de manera que estando preso en una cárcel romana, teniendo que enfrentarse a la incertidumbre sobre su destino de vida o muerte, demostró su absoluta seguridad al manifestar: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21). Es decir, mientras él estaba vivo disfrutaba cada día del amor y la gracia de Cristo, y además sabía que su muerte significaría estar aun más cerca del Señor. ¿Tienes tú esta seguridad?

Un anuncio de una compañía de seguros dice: “Una llamada de 15 minutos puede ahorrarte hasta un 15 por ciento en tu seguro de automóvil”. Pero la Palabra de Dios nos dice que “15 minutos diarios de comunión con el Señor pueden ahorrarte el 100 por ciento de tus ansiedades, afanes, temores y preocupaciones”. Si no lo has hecho, comienza a hacerlo desde hoy mismo.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

ORACIÓN

La seguridad absoluta no existe en este mundo, a menos que vivamos bajo el amparo y protección de Dios. La Biblia nos dice en el Salmo 91:1 que “el que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente”. Dios es el único que puede garantizarnos seguridad en cualquier situación que se nos presente en la vida, porque él es omnisciente y es omnipotente. Todo lo sabe y todo lo puede. Y la seguridad que él nos ofrece nos cubre, no solamente en esta vida sino por toda la eternidad.


lunes, 15 de septiembre de 2014

¿CREES QUE REALMENTE ERES LIBRE?



¿CREES QUE REALMENTE ERES LIBRE?

Juan 8:31-32
“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”

Cuando Jesús pronunció estas palabras estaba hablando con un grupo de judíos que habían creído en él. Ellos le respondieron: “Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?” Desde el punto de vista humano, libertad es la capacidad de poder escoger o actuar con poca o ninguna restricción o límites. Sin embargo, en el aspecto espiritual y de acuerdo a los principios divinos esta definición es realmente una descripción de rebeldía, donde la sumisión a una autoridad se rechaza y cada uno hace lo que más le place. En realidad la verdadera libertad es aquella que nos libera de la esclavitud del pecado y de la condenación eterna, y ésta sólo se encuentra sometiéndonos a la voluntad de Dios. A esto se refirió Jesús.

En su carta a los Romanos el apóstol Pablo escribió: “¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia” (Romanos 6:16-18). Esto significa que, queramos o no, somos siervos o esclavos de alguien o de algo. El problema es que si somos esclavos del pecado caminamos en dirección a la destrucción y a la desgracia, y finalmente a la condenación eterna. Por el contrario si somos siervos de la verdad y la justicia representadas por la palabra de Dios, entonces somos verdaderamente libres y disfrutaremos de vidas bendecidas. Esto puede parecer una paradoja, pero es absolutamente cierto y debemos creerlo por fe.

El primer paso para la verdadera libertad es reconocer en que aspectos no somos libres, es decir identificar esas áreas de nuestras vidas que están sometidas a la esclavitud de algún vicio o algún pecado específico. Aquellos que no han recibido a Cristo como Salvador están atados a la incredulidad. Ellos no pueden creer en Dios ni confiar en las promesas de las Santas Escrituras porque tienen “el entendimiento entenebrecido”, dice Efesios 4:18. El pecado les impide ver su condición de esclavos y por lo tanto no admiten que necesitan un salvador que los libere.

Los cristianos tenemos que ser cuidadosos, pues también podemos caer en algún tipo de esclavitud, especialmente en lo que se refiere a alguna dependencia, las cuales a veces son tan sutiles que resultan difíciles de identificar. Algo en apariencia tan simple como sentirse inferior, por ejemplo, es un tipo de esclavitud que puede influir en la manera en que reaccionamos ante las demás personas. Nuestras respuestas a los desafíos de la vida pueden estar afectadas por este sentimiento, y nuestra habilidad de pensar o actuar puede disminuir. También afectan nuestra capacidad de confiar en Dios y obedecerle. Y a la larga estos sentimientos de inferioridad o rechazo pueden limitar notablemente nuestra capacidad para ser testigos de Jesucristo. De igual manera otros sentimientos, o pensamientos, o deseos, o hábitos pueden considerarse cadenas que nos esclavizan de una manera u otra afectando nuestra relación con Dios.

Dios quiere que caminemos en libertad. La Biblia nos enseña que somos verdaderamente libres cuando sabemos cuál es nuestra posición en Cristo, nuestra identidad en Cristo, y todas nuestras posesiones en Cristo. El camino al descubrimiento de estas verdades lo encontramos sólo a través de la poderosa Palabra de Dios. Medita en este capítulo 8 del Evangelio de San Juan. Pide al Señor que te dé discernimiento para descubrir las cadenas espirituales que te impiden actuar libremente, y la fuerza espiritual para rechazarlas en el nombre de Jesucristo. Aplica a tu vida la verdad que encuentras en la Santa Palabra de Dios y serás verdaderamente libre.


¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

ORACIÓN

LA VERDADERA LIBERTAD ES AQUELLA QUE NOS LIBERA DE LA ESCLAVITUD DEL PECADO Y DE LA CONDENACIÓN ETERNA, Y ÉSTA SÓLO SE ENCUENTRA SOMETIÉNDONOS A LA VOLUNTAD DE DIOS.



domingo, 14 de septiembre de 2014

¿SABES PORQUE ESTÁS AQUÍ EN LA TIERRA?



¿Sabes porque estás aquí en la tierra?

Estás aquí para servir a Dios y Dios quiere que le sirvas sirviendo a los demás. Muchos quieren servir al Señor pero no quieren servir a los demás y la única manera de servir a Dios es sirviendo a los demás. En las Santas Escrituras encontramos una palabra para definir esto, se llama «ministerio». Al igual que muchas otras palabras, muchos malentienden “Ministerio”. Cuando hablamos de «ministro» la mayoría de las personas piensan en un pastor o en algún servidor de la iglesia local, pero la Biblia dice que todos los creyentes somos ministros. Desde luego que no todos los creyentes podemos ser pastores, pero definitivamente todos los creyentes somos Ministros.

Nuestro ministerio es sencillamente ayudar a otros. Debemos usar nuestros talentos, capacidades, antecedentes y experiencias para ayudar a los demás. ¿Sabes cómo se llama eso? Ministerio. ¿Y sabes que es lo que somos? MINISTROS. En la Biblia la palabra «servicio» y «ministerio» son la misma. Por lo tanto, todos fuimos llamados a ministrar. Pero tú dices: «No estoy llamado para el ministerio» ¡Claro que sí fuiste llamado! PORQUE SI fuiste llamado para la salvación, también fuiste llamado al servicio.


“Mi casa y yo serviremos a Yahweh”

Las buenas nuevas son que Dios no solo nos creó para el servicio sino que nos dejó un modelo. Entonces Jesucristo vino al mundo en forma de hombre y dijo: «Esto es lo que quiero que hagas con tu vida», «Así es como debes hacerlo. Observa cómo lo hago». Fuiste creado para ser como Cristo, y ¿qué hizo Cristo mientras estuvo aquí en la tierra? Sirvió. Fíjate en el siguiente versículo: Mateo 20:28: “como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. Jesús fue fiel en el cumplimiento de su servicio. No se dio por vencido. No se rindió. Fue perseverante. Y si vas a servir como Jesús deberás servirle durante toda tu vida.

Quizás algún día nos jubilaremos de nuestro empleo, pero nunca nos jubilaremos de nuestro ministerio cristiano.

Mateo 25:40
“Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo: En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.



¡Gracia y Paz!

sábado, 13 de septiembre de 2014

¿TIENES UNA ÍNTIMA COMUNIÓN CON EL SEÑOR?



¿TIENES UNA ÍNTIMA COMUNIÓN CON EL SEÑOR?

Apocalipsis 3:20
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”

En aquellos tiempos el desayuno y el almuerzo se tomaban de manera muy similar a los tiempos actuales. Cada miembro del hogar desayunaba un poco a la carrera a medida que iban saliendo para el trabajo o la escuela. El almuerzo lo tomaban en cualquier lugar donde se encontraban a esa hora. Pero la cena era algo muy distinto. Todos juntos se sentaban a la mesa, y como no había televisión, ni cine, ni teléfonos celulares ni nada que hacer por la noche, ese era el momento en que la familia podía compartir y hablar acerca de las actividades del día, tranquilamente, sin apuros. Era un rato de verdadera comunión. En el pasaje de hoy, cuando Jesús habla de cenar con aquel que abra la puerta de su corazón, realmente está hablando de una íntima comunión. Está mostrando su deseo de relacionarse con cada uno de nosotros de una manera sincera, profunda, especial.

Cuando creemos y aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador, él viene a morar en nuestros corazones en la forma del Espíritu Santo. Dice Gálatas 4:5 que en ese momento recibimos “la adopción de hijos”. Es decir pasamos a ser hijos de Dios. Esto nos indica la naturaleza de nuestra relación con el Señor. Él desea relacionarse con nosotros como lo hace un Padre, y nosotros debemos responder como hijos amorosos y obedientes. Dios ha tomado la iniciativa de invitarnos a ser parte de su familia. Cuando decimos sí a la invitación, y recibimos a Jesús como nuestro Salvador personal, estamos dando el primer paso. Pero después de eso tenemos la responsabilidad de buscar y mantener una íntima comunión con él.

Nuestra parte consiste en aprender a ser buenos oyentes y percatarnos cuando el Señor esté hablando, con el fin de seguir sus instrucciones. Proverbios 1:33 dice: “Mas el que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal”. Es por eso que necesitamos pasar tiempo meditando en la Palabra de Dios. Aquí se ha volcado el corazón del Señor al haber inspirado a hombres y mujeres a través de los siglos. “Toda la Escritura es inspirada por Dios”, dice 2 Timoteo 3:16. Sin embargo, muchos que dicen estar interesados en conocer a Dios, relegan a un plano secundario el estudio de su Palabra. Otros dicen: “Yo leo la Biblia, pero no la entiendo”. ¿Crees tú que Dios inspiró a sus siervos a escribir la Biblia para que no pudiéramos entenderla? Si somos constantes en la lectura de las Escrituras, el Espíritu de Dios que mora en el corazón de cada creyente, nos dará discernimiento e inteligencia espiritual para entender el mensaje de nuestro Padre celestial. Jesús declara en Juan 7:38: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Muchos dicen “creer” en Jesús. Y algunos hasta dicen “yo creo a mi manera”. Pero el Señor dice muy claramente que debemos creer en él “como dice la Escritura”. Por eso es necesario leer la Biblia diariamente.

Es posible que hayamos respondido afirmativamente a la invitación del pasaje de hoy, y hayamos abierto “la puerta” a Jesús. Pero quizás le hemos dicho: “Pasa y siéntate”, y lo hemos dejado sentado en la sala. No lo hemos atendido como se merece, no le hemos conocido profundamente, no hemos establecido una comunión íntima con él, y por lo tanto no hemos permitido que el agua de vida que él nos ofrece fluya y corra en nosotros libremente. Está ahí, pero no corre, está estancada. Para vivir la vida en abundancia que Jesús nos ofrece, es necesario mantener una profunda relación con él. Hazte hoy el firme propósito de buscar el rostro del Señor cada día, leer su palabra, meditar en ella, pasar tiempo en oración, deleitarte en adorarle y en servirle, y disfrutarás plenamente de la paz y el gozo que provienen de su santa presencia.

ORACIÓN:
Padre santo, una vez más te doy gracias por tu iniciativa de buscar una relación conmigo. Yo anhelo vivir muy cerca de ti, sentir tu dulce presencia en mi vida y disfrutar de tu paz y de tu amor. Te ruego me ayudes a mantener una íntima comunión con tu Hijo Jesucristo. En su santo nombre te lo pido, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

ORACIÓN


ORACIÓN

Salmo 86:11 
“Enséñame, oh Señor, tu camino; caminaré yo en tu verdad”






¿ESTÁS CAMINANDO EN LA DIRECCIÓN CORRECTA?



¿ESTÁS CAMINANDO EN LA DIRECCIÓN CORRECTA?

Salmo 25:4-5
“Muéstrame, oh Señor, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día”

La tendencia natural del ser humano es sentirse totalmente capaz de seguir su propia dirección en la vida y obtener el éxito. Esta es una característica que se ha transmitido de generación en generación a partir del momento en que Adán y Eva decidieron seguir las instrucciones de Satanás y apartarse del camino que les había indicado su Creador. Las consecuencias, como todos sabemos, fueron desastrosas. De manera similar sufrió el pueblo de Israel debido a su desobediencia. Por medio del profeta Jeremías, Dios les recuerda lo que él les ordenó el día que los sacó de la esclavitud en Egipto. Dice Jeremías 7:23: “Esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y andaréis en todo camino que yo os envíe para que os vaya bien”. Sin embargo los israelitas no siguieron sus instrucciones, por lo que Dios seguidamente añadió: “Pero no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante”.

Los golpes y fracasos que sufrimos en la vida nos llevan a reconocer que somos incapaces de determinar cuál es la dirección correcta que debemos seguir. Esto crea las condiciones para comenzar a depender de Dios y caminar en sus caminos. El rey David pecó fallándole al Señor de una manera terrible. Primero cometió adulterio con una mujer casada. Después trató de ocultar su acción y llegó hasta el homicidio, planeando la muerte del esposo de esta mujer. Pero más tarde se arrepintió de todo corazón y clamó a Dios por su perdón. En el pasaje de hoy David reconoce su incapacidad de caminar en la dirección correcta y expresa su dependencia del Señor al pedirle que le muestre sus caminos. Entonces le dice: “Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación”. Al final de su vida, siendo muy anciano, David escribió el Salmo 37 donde derrama su experiencia en el caminar con el Señor. En el versículo 5 nos da un sabio consejo: “Encomienda al Señor tu camino, y confía en él; y él hará”. Este es básicamente el proceso mediante el cual los hijos de Dios maduran espiritualmente, y llegan a conocer íntimamente al Señor.

Conocer a Dios implica caminar en su verdad. Esto es, conocer su palabra y aplicarla en nuestras vidas. Por medio de la lectura diaria de la Biblia aprendemos lo que Dios desea que nosotros sepamos: sus mandamientos, la manera en que él se ha manifestado en tantas ocasiones diferentes a través de los siglos, los testimonios de cientos de hombres y mujeres que confiaron en él y salieron victoriosos por medio del poder divino, las enseñanzas de Jesús, los principios morales y los valores espirituales que un hijo de Dios debe cultivar, expuestos en las diferentes epístolas. En fin, la Palabra de Dios contiene todo lo que necesitamos para vivir una vida victoriosa, si la obedecemos. David lo entendió perfectamente, por eso en el Salmo 86:11 escribió: “Enséñame, oh Señor, tu camino; caminaré yo en tu verdad”. Entonces clama: “Afirma mi corazón para que tema tu nombre”. Un corazón firme es aquel que confía plenamente en la dirección y en el amor de Dios. Aquel en el cual el Espíritu Santo ha producido su fruto. Como resultado sentimos el temor reverente al nombre del Señor y deseamos alabarle de todo corazón y glorificar su nombre con nuestro testimonio.

David se desvió del camino recto y caminó en dirección opuesta a Dios por un tiempo. Pero recapacitó, y el Señor en su inmensa misericordia escuchó su clamor, lo perdonó, y le mostró el camino de la verdad. La vida de David es un testimonio de la victoria que nos espera cuando rectificamos la dirección que llevábamos y dejamos que Dios nos dirija. La Biblia nos cuenta que David “murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas y de gloria” (1 Crónicas 29:28).

Haz del pasaje de hoy tu oración constante. Pide al Señor que te enseñe sus caminos, que te encamine en su verdad, que te guíe en la dirección correcta.


¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

viernes, 12 de septiembre de 2014

ORACIÓN

Jeremías 29:11

“Porque yo sé los planes que tengo para vosotros planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza”



¿CONOCES LOS PLANES QUE DIOS TIENE PARA TU VIDA?



¿CONOCES LOS PLANES QUE DIOS TIENE PARA TU VIDA?

Jeremías 29:11
“Porque yo sé los planes que tengo para vosotros planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza”

Uno de los descubrimientos más maravillosos en la vida de una persona es conocer que está en este mundo porque Dios tiene un propósito para su vida. En el libro “Una vida con propósito” se encuentra escribió lo siguiente: “Fuiste creado por Dios y para Dios, y hasta que lo entiendas, tu vida no tendrá ningún sentido”. La escritura de hoy nos dice que Dios tiene planes para nosotros, y que sus planes son buenos, pues él desea darnos un futuro de esperanza, de bienestar y de felicidad.

Dios tiene un plan general para toda la humanidad. Es su deseo librarnos de la condenación que cayó sobre nosotros cuando Adán y Eva pecaron. Con ese fin envió a su Hijo Jesucristo, “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Cuando creemos en Jesucristo, y lo aceptamos como nuestro Salvador somos librados de la condenación del pecado y tenemos vida eterna. Este es el propósito fundamental de Dios en nuestras vidas. Y una vez somos justificados, él desea conformarnos a la imagen de su Hijo para que vivamos junto a él por la eternidad, dice Romanos 8:29.

Además, Dios tiene un plan específico y personal para cada ser humano. Su plan para ti es diferente a su plan para mí. Ambos proceden de Dios, pero hechos a la medida de nuestras personalidades exclusivas, y de las circunstancias que envuelven nuestras vidas. Pero no solamente Dios tiene un plan para ti, sino que está muy interesado en que tú sepas cuál es ese plan. En su carta a los efesios, el apóstol Pablo dice: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5:15-17). Es tu responsabilidad conocer cuál es la voluntad de Dios, cual es su plan en tu vida. Para ello debes andar como sabio, no como necio o insensato. Debes buscar la sabiduría que viene de Dios por medio de una vida de comunión con él, leyendo su palabra diariamente y pasando tiempo en oración cada día de tu vida.

Ahora bien, muchas veces hemos estado orando por mucho tiempo y no hemos tenido respuesta. Si esto te está sucediendo en estos momentos, debes analizar tu vida para descubrir la posible razón. Quizás sea una de las siguientes:

Tu propia voluntad puede estar estorbando la voluntad de Dios para tu vida. Si tú decides lo que quieres que ocurra en tu vida, es posible que le estés diciendo a Dios con tus acciones que no te interesa su plan. Entonces él espera que cambies tu actitud para actuar.

El pecado no confesado en tu vida puede ser un obstáculo. Ese pecado puede estar endureciendo tu corazón hasta el punto de la sordera espiritual, la cual te impide oír las instrucciones del Señor. ¿Hay algo que se interpone entre tú y Dios hoy, que necesita ser eliminado? Piénsalo bien.

Una simple duda puede afectar tu relación con Dios. La duda es totalmente opuesta a la fe. Y “sin fe es imposible agradar a Dios”, dice Hebreos 11:6. Cree de todo corazón que Dios desea lo mejor para ti, y quiere revelarte sus planes para tu vida.

La influencia negativa de otras personas puede estar alejándote del plan de Dios. Como en el caso de Job, debemos ser precavidos de los que parecen bien intencionados pero realmente son “amigos” terriblemente equivocados que nos ofrecen orientación totalmente errónea.

El afán puede estar afectando tu relación con Dios. ¿Estás tan afanado en tus propios planes que te impide tener un momento a solas con el Señor? La Biblia nos dice en Filipenses 4:6-7: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

Busca el rostro del Señor cada día, ora, lee su palabra, medita en ella. El Espíritu Santo te capacitará para escuchar su voz y, cuando sigas sus instrucciones, podrás disfrutar de la vida abundante que Dios ha planeado para ti.

ORACIÓN:
Padre santo, gracias te doy por los planes que tú tienes para mí. Dame un oído fino y un corazón receptivo para escuchar y obedecer tus instrucciones, y que esos planes se hagan realidad en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

martes, 9 de septiembre de 2014

¿TE SIENTES COMO EL HIJO PRODIGO?



¿TE SIENTES COMO EL HIJO PRODIGO?

Lucas 15:11-24
“También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.”

Jesús les refirió esta parábola a un grupo de fariseos y publicanos que le criticaban porque él trataba con los “pecadores”. Se trata de un joven que le pidió a su padre su parte de la herencia, y se fue lejos, y “allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente”. Aquel joven decidió alejarse de su padre que le amaba, y se dedicó a dar rienda suelta a los deseos de la carne. Esta ilustración nos muestra lo que sucede cuando pecamos. El pecado nos aleja de nuestro Padre celestial, y por lo tanto de sus bendiciones, de su paz, de su gozo. Generalmente todo comienza con un pensamiento que está fuera de la voluntad de Dios. Después surge el deseo de llevarlo a cabo. Finalmente, la decisión de ponerlo en práctica. Quizás por un tiempo todo parecerá estar bien, pero, al igual que este necio joven, en algún momento descubriremos que nuestra conducta nos lleva a la desgracia.

Es entonces que se presentan dos alternativas. Una es continuar en el mismo camino de pecado, lo cual siempre conduce a la desesperación, y en muchos casos al suicidio. La otra es reconocer que hemos pecado, arrepentirnos y venir a Dios con un corazón contrito y humillado. Esta parábola nos describe una actitud como ésta. Dice que llegó un momento en que el joven “volviendo en sí”, es decir reconociendo su grave error, recapacitó y cambió totalmente la dirección de su vida, emprendiendo el regreso a su hogar. Tan pronto su padre lo vio de lejos, “corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó”. Inmediatamente ordenó una gran comida para celebrar el regreso de su hijo amado diciendo: “Hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”. Restauración completa: perdonado, justificado y recibido de vuelta en la familia con gozo y alegría.

Muchas veces Dios permite que lleguemos a un punto tan bajo en el que solamente podemos mirar hacia arriba. Él desea perdonarnos, anhela restaurarnos y que volvamos a vivir cerca de él, pero es necesario una actitud humilde de nuestra parte que nos lleve a reconocer y confesar nuestro pecado. 1 Juan 1:9 dice que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. El hijo pródigo actuó de esta manera. Reconoció su pecado y lo confesó al decir: “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. Entonces se levantó de su miseria, y con un corazón arrepentido regresó donde su padre.

La enseñanza de esta parábola es muy clara. Jesús nos muestra el amor y la infinita misericordia de nuestro Padre celestial. ¿Caíste en pecado? ¿Puedes hacer lo que hizo el hijo pródigo? Tu Padre celestial te espera con los brazos abiertos, para perdonarte y restaurarte.

ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias por tu amor perdonador y restaurador. Hoy me acerco a ti en busca de tu misericordia y tu gracia. Me arrepiento de haberte fallado y confieso ante ti mi pecado. Por favor perdóname. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

lunes, 8 de septiembre de 2014

¿TIENES TU CONFIANZA PRIMERO EN EL SEÑOR?



¿TIENES TU CONFIANZA PRIMERO EN EL SEÑOR?

Jeremías 17:5-8
“Así dice el Señor: Maldito el hombre que en el hombre confía, y hace de la carne su fortaleza, y del Señor se aparta su corazón. Será como arbusto en el yermo y no verá el bien cuando venga; habitará en pedregales en el desierto, tierra salada y sin habitantes. Bendito es el hombre que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor. Será como árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces junto a la corriente; no temerá cuando venga el calor, y sus hojas estarán verdes; en año de sequía no se angustiará ni cesará de dar fruto”

Norma y Luis habían estado felizmente casados por más de cinco años. Hacía tres años había nacido un niño que había traído aún más felicidad a esta pareja. Económicamente habían prosperado mucho, se llevaban muy bien, se amaban, en fin todo parecía indicar que era el matrimonio ideal. Un día, de manera inesperada, llegó la noticia bomba a oídos de Norma: Luis le había sido infiel por más de un año, con Marta, su mejor amiga desde que ambas eran unas adolescentes.

El negocio de Ernesto había progresado enormemente. Ahora podía darse el lujo de tomarse unos días de vacaciones de vez en cuando con su familia. Realmente necesitaba el descanso después de muchos años de trabajar duramente 14 o 15 horas diarias, 7 días a la semana. Por suerte podía estar tranquilo, pues sabía que podía dejarlo todo en manos de su “mano derecha” y amigo José Luis, el cual había demostrado que era muy eficiente en el manejo del negocio. Pero un día, Ernesto recibió una llamada de su contador, citándolo a una reunión urgente. Allí se enteró que su “hombre de confianza”, le había estado robando por medio de facturas falsificadas a nombre de clientes que no existían.

Lamentablemente, situaciones como estas no suceden de manera esporádica, sino todo lo contrario; con frecuencia nos encontramos en la vida grandes decepciones, generalmente producto de haber puesto nuestra confianza en alguien que después nos traicionó. Pero, ¿cómo podemos evitar estos desengaños? Ciertamente no es posible para nosotros saber qué hay en el corazón de las demás personas. Alguien puede estar fingiendo fidelidad, pero en realidad sus intenciones son otras. O quizás sus propósitos fueron buenos al principio, y después en algún momento cayó en tentación. El pasaje de hoy nos da una clara advertencia que debemos tener en cuenta siempre: Aquel que confía en una persona sin tener en cuenta la dirección de Dios es “maldito”, es decir está predestinado a sufrir malas consecuencias. ¿Qué, pues debemos hacer?

En Hechos capítulo 10, la Biblia nos habla acerca de una situación que puede servirnos como una gran enseñanza. Cuenta que en la ciudad de Cesarea “había un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios”, el cual oraba cuando se le ordenó en una visión que enviara hombres a buscar al apóstol Pedro a la cercana ciudad de Jope, quien le diría lo que él tenía que hacer en aquel momento. Cuando estos hombres llegaron donde Pedro, él estaba orando, y allí el Espíritu le dijo: “He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado”. En otras palabras: “No te preocupes. Puedes confiar en ellos”. ¡Qué maravillosa seguridad envuelven estas palabras! ¡Si nosotros pudiésemos estar tan seguros al poner nuestra confianza en alguien!

El pasaje de hoy dice también: “Bendito es el hombre que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor”. Puedes confiar plenamente en Dios porque él ha demostrado con creces su amor por nosotros, porque todo lo sabe y todo lo puede, porque es fiel y nunca nos falla y porque él ha prometido que “no te dejará, ni te desamparará” (Deuteronomio 31:6). No nos dice esta enseñanza que debemos desconfiar de todos los que nos rodean, sino que debemos confiar primeramente en el Señor, y buscar en él el discernimiento espiritual para saber en quién y hasta qué punto podemos depositar nuestra confianza en un momento determinado. Y, de alguna manera, el Espíritu Santo, como hizo con Pedro, nos lo hará saber.

ORACIÓN:
Mi Padre amante Celestial, te doy gracias porque puedo depositar en ti toda mi confianza sin temor a que me vayas a fallar. Te ruego me des discernimiento para ver más allá de una amistad o una relación al momento de confiar en una persona. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla

Síguenos en: