viernes, 25 de julio de 2014

ORACIÓN



ORACIÓN

Padre santo, te pido me des sabiduría y discernimiento espiritual para que mis palabras y mis acciones puedan influir positivamente y ser de bendición para los hijos que tú me has dado y, de igual manera, para todos los niños que están a mi alrededor. En el nombre de Jesús, Amén.

¿ESTÁS EDUCANDO CORRECTAMENTE A TUS HIJOS?





¿ESTÁS EDUCANDO CORRECTAMENTE A TUS HIJOS?

Proverbios 22:6
“Instruye al niño en el camino correcto, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”

En diciembre de 1989, el gobierno de China lanzó una campaña nacional contra la pornografía. Toda fotografía indecente debía ser confiscada. Pronto, a las escuelas de Beijing empezaron a llegar muchas fotografías. Las llevaban los niños mismos, que con vergüenza y temor las depositaban en el escritorio de la maestra, después de lo cual regresaban rápidamente a sus asientos. Eran sus fotos de cuando eran bebés, muchos de ellos desnuditos o en pañales, las cuales sacaron de los álbumes familiares y las llevaron a sus escuelas. Taeko Lin Pao, una maestra de Beijing, después confesó: “Yo no sabía si reírme o llorar. Ciertamente esta manera de actuar de los niños refleja la inocencia de sus corazones. No pueden esconder nada indecente en la mente”.

La mente infantil es una hoja en blanco, por eso los padres y las madres deben poner especial cuidado en lo que se escribe en esa hoja. Hay un viejo dicho que dice: “El niño es el padre del hombre”. Esto significa que el adulto actúa de acuerdo a lo que se “escribió” en esa “hoja de papel” cuando era niño. Las impresiones (buenas o malas) que recibió en su niñez le seguirán hasta que sea un hombre o una mujer. Un reconocido ministro y reformador social, escribió al respecto: “No es difícil hacer que un árbol crezca recto si lo enderezas muy temprano en su vida, pero querer enderezarlo después de haber crecido es tarea sumamente difícil. Exactamente igual sucede con los niños”.

El pasaje de hoy es un valioso consejo para padres, abuelos, maestros, y todos aquellos que de una manera u otra pueden influir en la mente de un niño. El sabio Salomón dejó escrita para siempre la clave de una perfecta educación: la sabiduría y el amor que encontramos en la palabra de Dios. Jesús siempre mostró un especial cuidado y preocupación por los niños. En ocasiones en que, estando rodeado de una multitud, le traían niños para que los bendijese, aun por encima de las quejas de sus discípulos Jesús se tomaba el tiempo para hablarles y bendecirlos. En Mateo 19:14, por ejemplo, él dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos”.

Lamentablemente muchos padres buscan soluciones fáciles para distraer a sus hijos, como por ejemplo dejarlos frente al televisor encendido. “Con la televisión se entretienen”, dicen despreocupadamente, y no se dan cuenta de que la televisión mal usada llena las sensibles mentes de los niños de un torrente de crimen, de violencia y de sexo. Son hojas de papel en blanco, donde los mercaderes del mal escriben sus propias aberraciones morales y sensuales. En los últimos años, sobretodo, el enemigo ha estado dirigiendo una sutil campaña usando los medios de comunicación, la cual tiene como objetivo saturar la mente de los niños de conceptos mundanos relativos a sexo, homosexualidad, pornografía y todo tipo de inmoralidades.

¿Qué podemos hacer nosotros para evitar que la mente de un niño sea corrompida a través de la propaganda diabólica que tanto abunda en este mundo? Si bien es imposible detener todo ese caudal de material indecente, es posible controlar lo que entra a nuestra casa. Podemos cambiar el canal de televisión, quemar la revista dañina y controlar las amistades de nuestros niños. Y, lo más importante, preocupémonos en instruirlos con la palabra de Dios, guiémoslos en el camino del Señor y estaremos creando en ellos una base moral y espiritual, que será el fundamento de sus acciones por el resto de sus vidas.

Por lo tanto, conscientes de que la mente de nuestros niños es un papel en blanco, hagámonos el propósito de escribir sólo lo que contribuya a levantar el nivel de su educación, su moralidad y su espiritualidad. ¿Y qué mejor que la palabra de Dios la cual, según 2 Timoteo 3:16, es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”?

ORACIÓN
Padre santo, te pido me des sabiduría y discernimiento espiritual para que mis palabras y mis acciones puedan influir positivamente y ser de bendición para los hijos que tú me has dado y, de igual manera, para todos los niños que están a mi alrededor. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

miércoles, 23 de julio de 2014

¿CREES QUE NO DEBISTE HACERLO…?



¿Crees que no debiste hacerlo…?

Abdías 1:12-14
“No debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano, en el día de su infortunio; no debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que se perdieron, ni debiste haberte jactado en el día de la angustia. No debiste haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su quebrantamiento; no, no debiste haber mirado su mal en el día de su quebranto, ni haber echado mano a sus bienes en el día de su calamidad. Tampoco debiste haberte parado en las encrucijadas para matar a los que de ellos escapasen; ni debiste haber entregado a los que quedaban en el día de angustia. Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza”.

Este pasaje es una reprimenda de Dios al pueblo de Edom. Este pueblo, descendientes de Esaú, eran vecinos y enemigos de Judá; y eran arrogantes, amargados y resentidos. Esta amonestación del Señor ha estado vigente durante siglos, y aun hasta nuestros tiempos, sobre una humanidad que con demasiada frecuencia ha rechazado o ignorado las enseñanzas y los consejos de un Dios de amor y misericordia. En nuestra relación con las demás personas muchas veces actuamos de maneras en que no debimos haber actuado. Hemos herido a alguien, o hemos sido indiferentes a su dolor, o incluso nos hemos alegrado de su desgracia. Muy profundo en el corazón de Dios hay un fuerte reproche ante esta actitud.

“No debiste” es el regaño de Dios para los edomitas. Primero les dice: “No debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano, en el día de su infortunio”. ¡Cuántas veces nos limitamos a mirar insensiblemente a nuestro prójimo que está en desgracia! Somos simples espectadores del mal ajeno, pero no somos movidos a compasión. Algo así como la actitud del sacerdote y del levita en la parábola del “Buen samaritano” (Lucas 10:25-37). Dice que ambos “vieron” al hombre herido y “pasaron de largo”. Simplemente, no se conmovieron ante el infortunio de aquel hombre y no hicieron nada por ayudarlo.

Después Dios les dice: “No debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que se perdieron”. ¡Aún peor! No sólo no ayudaron al que estaba en desgracia, sino que se alegraron de su mal. Sentimientos tales como la envidia o los celos pueden producir en nosotros este tipo de actitud. Los próximos “no debiste” son progresivamente peores. Nos hablan de sacar ventajas personales de la persona caída, de robar, y por último del homicidio. Realmente da la impresión que este pasaje se refiere a los tiempos actuales. Cuando miramos a nuestro alrededor, o cuando vemos las noticias por la televisión o leemos los periódicos podemos aplicar estas palabras de Dios a través del profeta Abdías a nuestras propias vidas y la vida de los que nos rodean.

El pasaje termina con una fuerte advertencia: “Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza”. Sin lugar a dudas algún día recogeremos el producto de nuestras acciones. Un dicho popular advierte: “Con la vara que midas serás medido”. Y la Biblia lo dice claramente en Gálatas 6:7: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. ¿Cómo, pues, debemos actuar con los que nos rodean? El apóstol Pablo nos dice: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2:3) ¿Es así como tratas siempre a los demás? ¿O crees que no debiste tratar a esa persona como lo hiciste?

Si deseamos agradar a Dios con nuestro testimonio, debemos guardar esta enseñanza en nuestros corazones, y ponerla en práctica cada vez que se presente la oportunidad. Nunca debemos dejar de tratar con amor a todos los que nos rodean, aún a los que nos han ofendido. Recuerda que “como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza”. De ti depende recibir abundantes bendiciones de Dios.

ORACIÓN
Bendito Dios, yo deseo tratar a los demás con el amor y la compasión que te caracteriza. Renuncio a los celos, la indiferencia, el rencor y cualquier otro sentimiento negativo. Por favor, lléname de tu amor para poder dar amor a los que me rodean y tratarlos conforme a tus deseos. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla

martes, 22 de julio de 2014

DEBEMOS OBEDECER Y VIVIR A LA LUZ DE SU PALABRA



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¿QUÉ CAMINO ESCOGES TÚ?



¿Qué camino escoges tú?

Génesis 2:15-17
“Tomó, pues, Yahweh Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Yahweh Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.

La Biblia cuenta que en el principio Yahweh Dios creó los cielos y la tierra, los mares, los ríos, los árboles, los animales, etc. (Génesis 1). Y después de haber preparado todas las condiciones ideales, entonces creó a Adán y a Eva. Era el deseo del Señor tener una relación personal con ellos y derramar sobre ellos su amor y sus bendiciones. Allí Dios les reveló que ellos podrían disfrutar plenamente de toda aquella creación, podrían comer de todo árbol del huerto, pero les advirtió que había una excepción. Dice el pasaje de hoy que Yahweh Dios mandó al hombre, diciendo: “del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” Desde un principio, Dios quiso establecer que al igual que ellos podían esperar de él todo tipo de bendiciones, él esperaba que ellos fueran obedientes, y respetaran esta regla.

Más tarde, la serpiente se acercó a Eva y puso ante ella la tentación de comer del árbol prohibido. Eva lo pensó por unos momentos, y entonces tomó una decisión. Dice la Biblia que “vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella” (Génesis 3:6). Eva escogió desobedecer a Dios. Después Adán hizo lo mismo. Como consecuencia de esta acción ambos murieron, no físicamente, sino espiritualmente, pues Dios los echó del paraíso. Ambos tuvieron la oportunidad de continuar disfrutando las bendiciones de Dios, pero optaron por desobedecer y las perdieron.

Desde el principio Dios ha mostrado su deseo de bendecir al hombre, pero al mismo tiempo ha dejado claro que es necesario obedecer sus instrucciones para que sus planes se lleven a cabo. A través de toda la historia de la humanidad hasta nuestros tiempos, la decisión de obedecer o no siempre ha dependido del ser humano. Por ejemplo, en Deuteronomio 30:19, Moisés les dice a los israelitas: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”. A través de Moisés, Dios expone con toda claridad dos opciones totalmente opuestas al pueblo de Israel: la vida o la muerte; la bendición o la maldición. Y les exhorta a que escojan la vida, por supuesto. Pero al final, el que tomaría la decisión sería el pueblo de Israel.

En el Nuevo Testamento también encontramos una exhortación similar, esta vez de parte de Jesús. En Mateo 7:13-14 dice: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”. Dos puertas, una ancha, la otra estrecha. Jesús aconseja que entremos por la estrecha. ¿Quién decide por cual va a entrar? Cada uno de nosotros. También habla de dos caminos: uno ancho y espacioso, que lleva a la perdición. Y otro estrecho, pero este lleva a la vida eterna. Es más difícil, pero los resultados son infinitamente mejores.

La invitación de Jesús a la vida eterna continúa vigente en la actualidad. El dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). La palabra de Dios continúa siendo tan clara y específica como al principio de la creación. Todavía hay dos caminos que podemos tomar: la obediencia o la desobediencia, la vida o la muerte, el camino ancho o el camino estrecho, el primero lleva a la condenación, el segundo a la vida eterna. Es nuestra la decisión de tomar un camino o el otro. ¿Cuál escoges tú?

Si ya has aceptado a Jesucristo como salvador, ¡Gloria a Dios! Si no lo has hecho, eleva una oración ahora mismo y pídele que venga a morar a tu corazón por siempre. Al hacerlo, su sangre derramada en la cruz te limpia de todo pecado y recibes la vida eterna.

ORACIÓN:
Padre santo, gracias por tu Hijo Jesucristo y por la salvación que a través de él nos ofreces. Yo decido tomar el camino que lleva a la vida eterna sabiendo que moraré por siempre junto a ti. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

Lamentaciones 3:22-24



Lamentaciones 3:22-24
"Que las misericordias del SEÑOR jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana; ¡grande es tu fidelidad! El SEÑOR es mi porción--dice mi alma-- por eso en El espero.…"

lunes, 21 de julio de 2014

VALORA LO QUE TIENES....



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YAHWEH EXHORTA A ISRAEL Y A JUDÁ AL ARREPENTIMIENTO



Yahweh exhorta a Israel y a Judá al arrepentimiento

Jeremías 3:6-11
“Me dijo Jehová en días del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel? Ella se va sobre todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, y allí fornica. Y dije: Después de hacer todo esto, se volverá a mí; pero no se volvió, y lo vio su hermana la rebelde Judá. Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó. Y sucedió que por juzgar ella cosa liviana su fornicación, la tierra fue contaminada, y adulteró con la piedra y con el leño. Con todo esto, su hermana la rebelde Judá no se volvió a mí de todo corazón, sino fingidamente, dice Jehová. Y me dijo Jehová: Ha resultado justa la rebelde Israel en comparación con la desleal Judá.

Estas escrituras revelan el nivel de rebeldía y desobediencia del pueblo elegido de Dios, sin embargo, por la Gracia y Misericordia infinitas de Dios este pueblo es llamado, una vez más, al arrepentimiento. Sabemos que desde el éxodo hasta la época actual Dios siempre ha exhortado a su pueblo a que se vuelvan a Él.

Obviamente esta exhortación no es solo para el pueblo judío literal, es decir, para los nacidos en Israel, sino que en el corazón de Dios está que “todos procedamos al arrepentimiento”. Al decir “todos” estamos hablando de los judíos literales, los que nacieron en Israel y de los gentiles los que no nacimos en aquella nación.

Quiero hacer mucho énfasis en que esta exhortación no fue solo para los israelitas y judíos de aquella época. Esta exhortación es aplicada también a los tiempos actuales, vuelvo a decir, tanto a los judíos literales no creyentes, como a nosotros los judíos espirituales que decimos ser cristianos, pero que vivimos en desobediencia.

Romanos 9:6-8
“No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes”.

Aquí, el Apóstol Pablo está diciendo que los hijos de Abraham son los que creemos en el Señor Jesucristo y no los judíos literales y físicos. Y lo mismo, pero en otras palabras, les repite a los de Galaxia:

Gálatas 3:28-29
“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”.

No puede ser más claro, para con Dios no existe ningún favoritismo en cuanto a la raza, ya que todos somos una sola raza, porque todos venimos de Adán. Los judíos literales no tienen ningún favoritismo de parte de Dios, están en la misma condición que todos los que no nacimos en Israel: sin Cristo están bajo la condenación; en Cristo, son parte del verdadero Israel porque  son parte de la verdadera Iglesia de Cristo. De hecho, el verdadero Israel es la iglesia, los verdaderos hijos de Abraham son los creyentes, el verdadero Judío es el creyente y la verdadera Jerusalén no es la que existe allá en el medio oriente, sobre la cual los judíos y los musulmanes se estas peleando desde tiempos ancestrales.

No es judío el que lo es exteriormente, sino el que lo es interiormente. El verdadero judío es el verdadero cristiano.

Veamos ahora la siguiente escritura:

Romanos 2:25-29
“Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión. Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión? Y el que físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley. Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios”.

La Iglesia cristiana es el verdadero Israel, es decir, los que hemos sido circuncidados del corazón, los creyentes en Cristo Jesús, somos los verdaderos judíos, la nación santa, el verdadero pueblo de Dios. En la actualidad, los judíos literales, los que por su nacionalidad se dicen ser Judíos, pero que no creen en Jesús, ellos son incircuncisos y por lo tanto, aunque crean ser el “pueblo verdadero de Dios”, lamentablemente no lo son. Ellos verán la ira de Dios.

Los verdaderos hijos de Dios no son los que nacen de carne ni de sangre, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Solo los que han nacido de nuevo y tienen fe en Cristo serán salvos y heredarán las promesas de Dios.


¡Gracia y Paz!

ÉXODO 30:9



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ÉXODO 23:25



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¿HAY DESEOS DE VENGANZA EN TU VIDA?



¿HAY DESEOS DE venganza EN TU VIDA? 

1 Samuel 26:5-9
“Y se levantó David, y vino al sitio donde Saúl había acampado; y miró David el lugar donde dormían Saúl y Abner hijo de Ner, general de su ejército. Y estaba Saúl durmiendo en el campamento, y el pueblo estaba acampado en derredor de él. Entonces David dijo a Ahimelec heteo y a Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab: ¿Quién descenderá conmigo a Saúl en el campamento? Y dijo Abisai: Yo descenderé contigo. David, pues, y Abisai fueron de noche al ejército; y he aquí que Saúl estaba tendido durmiendo en el campamento, y su lanza clavada en tierra a su cabecera; y Abner y el ejército estaban tendidos alrededor de él. Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo golpe. Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?”

El rey Saúl había escogido tres mil hombres de su ejército, y había salido a buscar a David con el fin de matarlo. Este pasaje nos cuenta que una noche David y uno de sus hombres, Abisai, se llegaron hasta el lugar donde Saúl había acampado, y descubrieron que el rey y sus hombres dormían. Viendo que estaban totalmente indefensos, Abisai pidió permiso a David para matar a Saúl, diciendo que esta oportunidad había venido de Dios. David pudo haber consentido fácilmente. Lo cierto es que Saúl lo estaba buscando a él para matarlo, así que perfectamente podía considerar el acto como defensa propia. Pero no sólo eso, sino que ya David en una ocasión anterior había perdonado la vida a Saúl cuando pudo haberlo matado (1 Samuel 24). En aquel momento Saúl lloró cuando se enteró de la misericordia de David, y decidió abandonar la persecución, y hasta dijo que David era apto para ser el próximo rey de Israel.

Pero ahora Saúl había reanudado su inflexible acoso. Y de nuevo David lo tenía indefenso frente a él. Bien pudo haber razonado: “Lo perdoné una vez. Dios me está dando esta segunda oportunidad”. Además, Abisai insistía en matarlo. ¡Qué fantástica oportunidad de librarse de aquel que tanto lo odiaba! Sin embargo, David rechazó esos pensamientos porque creía firmemente que no estaba bien matar al hombre que Dios había ungido para que fuese rey de Israel. Y le respondió a Abisai: “No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?”

Cuando nos tratan injustamente, nos ofenden o nos causan daño, es fácil aprovechar cualquier oportunidad para vengarnos de alguna manera, y después tratar de justificar la acción sobre la base de ese maltrato de que fuimos víctimas, e incluso hasta aseguramos que Dios fue el que facilitó la oportunidad. Sin embargo, estos no son los principios que deben guiar a un hijo de Dios que verdaderamente desea agradar a su Padre celestial. En el Sermón del Monte, Jesús dijo a sus discípulos: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:43-44).

Es muy difícil poner en práctica esta enseñanza, pues nuestra naturaleza carnal nos impulsa a hacer lo contrario, como quería Abisai. Pero, al igual que David, nosotros podremos lograrlo si deseamos agradar al Señor. Lo más importante es poner en primer lugar, antes que nuestros sentimientos y nuestros impulsos carnales, los principios de la palabra de Dios, y nuestra disposición a obedecer su voluntad. El apóstol Pablo nos dejó este consejo en su carta a los romanos: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19).

Si estás luchando con un sentimiento de venganza en relación a alguien que te ha hecho daño, haz tuya esta enseñanza, y glorifica el nombre de Dios siguiendo sus preceptos y obedeciendo su voluntad. Déjalo en manos del Señor. Ten la completa seguridad de que él recompensará con creces tu obediencia.

ORACIÓN:
Padre amado, es mi anhelo agradarte siempre, pero cuando se trata de controlar los deseos de vengarme de alguien que me ha herido, me resulta muy difícil obedecer tu palabra. Por favor dame las fuerzas para sobreponerme a estos sentimientos y mostrar tu amor y tu misericordia. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

sábado, 19 de julio de 2014

ESPARCE AMOR EN EL TRAYECTO DE TU VIDA...



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¿QUÉ SON LA MISERICORDIA Y LA GRACIA DE DIOS?




¿Qué son la Misericordia y la Gracia de Dios?

Efesios 2:4-9
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.

El amor de Dios es tan grande que no tuvo en cuenta que estábamos “muertos en pecados” y que le habíamos dado la espalda, y derramó su gracia sobre nuestras vidas enviando a su Hijo a morir por nosotros. Romanos 6:23 dice que “la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. Aquí vemos dos características fundamentales de la personalidad de Dios: su misericordia y su gracia. La misericordia de Dios se manifiesta cuando él no nos da lo que merecemos: la muerte espiritual y el castigo eterno. Su gracia se pone de manifiesto cuando nos da lo que no merecemos: el perdón y la vida eterna a través de Cristo. Esta pequeña historia ilustra estos dos conceptos:

Agustín de Hipona fue un hombre nacido en el norte de Africa a mediados del siglo IV. Durante su juventud vivió una vida lujuriosa e inmoral, la cual narra con vergüenza en su libro “Confesiones”. Este libro es un relato autobiográfico de su jornada espiritual; es una obra maestra de investigación psicológica del corazón del hombre ante Dios. En su libro, Agustín narra que en medio de aquella vida de placeres sexuales y codicia había un constante vacío imposible de llenar. Un día conoció a Jesús, abrió su corazón al Señor y su vida cambió totalmente. Después de su conversión, Agustín renunció a todas sus posesiones, fundó un monasterio y se retiró por tres años a orar y meditar en la Palabra de Dios. Allí escribió varios libros y algunos poemas. A continuación un párrafo de uno de sus libros:

"Alabado y glorificado seas, Dios mío, fuente inagotable de gracia y misericordia. Yo cada día me iba haciendo más miserable y tú cada día te ibas acercando más a mí. Ya tu mano diestra y poderosa me iba a asir para sacarme del lodo y lavar todas las manchas, y yo no lo sabía. Ninguna cosa me estimulaba más para salir de los deleites carnales en que estaba atrapado, que el miedo a la muerte y a tu juicio final".

El siguiente poema fue escrito por este hombre de Dios:

Busqué al Señor y luego supe
que él movía mi alma para buscarlo,
buscándome él a mí.
No fui yo quien te encontró, oh Salvador verdadero,
no... yo fui encontrado por ti.

Tú extendiste tu mano y tomaste la mía;
caminé y no me hundí en el furioso mar de la tormenta.
No fue tanto que yo me asiera de ti,
como que tú, amado Señor, me asiste a mí.

Ahora siento una infinita paz
y sólo amor es mi respuesta a ti, Señor;
aunque la espalda te di, tú me salvaste
porque siempre me amaste, Señor.

¿Alguna vez has sentido lo mismo que este hombre?

Así se manifiesta la misericordia de Dios, al no darnos lo que merecemos. La gracia de Dios, por el contrario se revela al darnos lo que no merecemos. Todo por su infinito amor. Así dice Romanos 5:8: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.

¡A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos!

ORACIÓN:
Alabado seas, Dios de eterna bondad. Te doy gracias en este día porque no tuviste en cuenta mis miserias y mis pecados para derramar sobre mí tu misericordia y tu divina gracia. Por favor, ayúdame a corresponder a tu infinito amor, por medio de mi entrega y mi obediencia a ti. En el nombre de Jesús, Amén.


¡Gracia y Paz!

Dios te Habla