martes, 25 de febrero de 2014

¡ERES ESPECIAL PARA DIOS!



Isaías 41:9-10
“Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché. No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia"

"¡Brenda! ¡Brenda!" Los gritos frenéticos procedían de una madre que comenzaba a llenarse de pánico mientras buscaba a su hija de cuatro años, perdida en la cafetería de un congestionado centro comercial. Los gritos de la madre captaron la atención de muchas personas que almorzaban allí en aquel momento. Algunos se unieron en la búsqueda de la niña, mientras otros parecían molestos con los insistentes gritos de la joven madre. Unos minutos más tarde un oficial de la policía trajo la niña a su mamá. Madre e hija se abrazaron llorando, aliviadas porque la triste experiencia había terminado.

Al igual que esa madre a su niña, Dios nos llama insistentemente mientras nosotros vamos a la deriva, sintiendo el vacío y la soledad que seguramente la niña sintió. El pasaje de hoy dice que desde el principio Dios está llamando a la humanidad con el fin de librarla de la condenación eterna. A través de toda la Biblia vemos el amor de Dios hacia nosotros por medio de su constante invitación a que vengamos a él. En el Antiguo Testamento, a través de los profetas, muchas veces el Señor llamó al pueblo de Israel a que se acercaran a él y escucharan sus instrucciones. Por ejemplo, en Isaías 55:1-3, Dios les hace una invitación por medio del profeta Isaías: “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed.” Esta es una exhortación a todos aquellos que tienen sed, pero no se trata de sed física, sino sed y hambre espiritual, es decir alimento para el alma. Y Dios ofrece satisfacer esa sed y esa hambre completamente de gratis. Allí mismo dice: “Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma”. Lamentablemente, una vez más, aquel pueblo rebelde y desobediente ignoró la invitación y por ello se perdieron de muchas bendiciones. Así les dijo el Señor: “¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar” (Isaías 48:18).

Siglos más tarde Dios envió a su Hijo con un mensaje de reconciliación y con la encomienda de dar su vida para pagar el precio de nuestros pecados. Y mientras estuvo en la tierra, Jesús mostró su amor por un mundo alejado de Dios y expresó siempre su deseo de bendecirlo. Por ejemplo, Mateo 9:36 dice que “al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. Y las amó, y las llamó al arrepentimiento, y les ofreció la vida eterna. Dice Mateo 11:28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Y este llamado a la salvación y a la eterna comunión continúa hasta el último libro de la Biblia, donde Jesús dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

Dios llama. Él manda mensajes específicos a las personas para ayudarles a entender que son pecadores, separados de él, perdidos por la eternidad sin él, y su llamado es un llamado a reconciliarse con él recibiendo a su hijo Jesucristo como Salvador personal. Él nos llama con un amor indescriptible, así como aquella madre llamaba a su hijita extraviada. Cuando comprendamos que estamos perdidos y que necesitamos ayuda, cuando escuchemos su voz y vayamos a él disfrutaremos de una vida llena de gozo y de paz.

ORACIÓN:
Amado Dios, ayúdame a entender cuánto te necesito y a escucharte cuando me llamas. Dame discernimiento espiritual para ver lo que tú quieres que yo vea y un oído fino para escuchar lo que tú quieres que yo escuche. En el nombre de Jesús, Amén.

(Lectura: Isaías 41:4-10)


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

lunes, 24 de febrero de 2014

¿TE SIENTES SIN FUERZAS?



1 Samuel 30:3-4
“Vino, pues, David con los suyos a la ciudad, y he aquí que estaba quemada, y sus mujeres y sus hijos e hijas habían sido llevados cautivos. Entonces David y la gente que con él estaba alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar”.

En una ocasión David y sus hombres regresaron a la ciudad de Siclag después de una corta ausencia, y de repente se encontraron en una situación sumamente difícil y dolorosa. Mientras ellos estaban fuera de la ciudad, los amalecitas la invadieron y la saquearon, y se llevaron cautivas a las mujeres y a los niños. “Entonces David y la gente que con él estaba alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar.” Y dice que todos culparon a David, y hablaron de apedrearlo, por haber dejado el lugar tan indefenso que las familias de ellos fueron víctimas fáciles del enemigo. Bajo la presión de tan inesperada calamidad, primero por la pérdida de su propia familia y segundo por la acusación de que era objeto, el espíritu de David se angustió sobremanera.

¡Cuántas veces hemos llorado hasta que “nos han faltado las fuerzas para llorar”! En el transcurso de nuestras vidas nos encontramos a veces en situaciones tan dolorosas que lo único que podemos hacer es llorar y llorar hasta que quedamos exhaustos. Realmente no tiene nada de malo llorar cuando algo ha ocasionado tristeza en nuestros corazones. La Biblia cuenta que cuando Lázaro murió, y Jesús vio a la hermana de éste llorando, “se estremeció en espíritu y se conmovió” (Juan 11:33). Y más adelante dice que “Jesús lloró”. El problema surge cuando continuamos llorando desconsoladamente, permitiendo que esa tristeza sature nuestro espíritu y nos lleve al punto de ser incapaces de levantarnos, y que seamos aplastados y destruidos por las circunstancias. Esto es lo que sucede a la mayoría de las personas que caen en un estado depresivo, del cual resulta extremadamente difícil salir. Por desgracia, existen casos en que algunas personas terminan suicidándose al perder toda esperanza.

David, sin embargo, hizo un alto en su angustia y no se dio por vencido, sino que “se fortaleció en Jehová su Dios”. Continúa el versículo 8 de este capítulo: “Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos merodeadores? ¿Los podré alcanzar?” Y el Señor le contestó: “Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos”. Él obedeció al Señor y el resultado final fue de gran bendición, pues liberaron a todos los cautivos y recuperaron todo lo que los amalecitas habían tomado. No sólo encontró David consuelo en el Señor, sino también su dirección y las fuerzas y el valor para resolver el problema.

Cuando las circunstancias amenazan con aplastarnos, cuando todo parece indicar que no hay solución, cuando la tendencia de la carne es tirarse al piso a llorar desconsoladamente y permanecer inmóviles sin hacer nada, el único que puede librarnos de ese estado y cambiar las circunstancias favorablemente es nuestro Dios todopoderoso.

¿Estás en medio de una prueba? ¿Has perdido tu paz, tu gozo, tu tranquilidad espiritual? ¿Te sientes sin fuerzas? Acude a Dios en busca de su paz y su consuelo. Clama a él y él te dará las fuerzas para recuperar todo lo que el enemigo te ha robado. Sólo tienes que confiar y clamar con todo tu corazón.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, te doy gracias por tu promesa de responder al clamor de tus hijos. En medio de la prueba y el dolor, clamo a ti confiando en tu poder y tu misericordia, y confío en que tu me darás la victoria. En el nombre de Jesús, Amén.

(Lectura: 1 Samuel 3:1-6)


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

sábado, 22 de febrero de 2014

ORACIÓN



Mi amante Padre celestial, por favor ayúdame a dedicar tiempo cada día de mi vida a cultivar mi relación contigo, leyendo tu Palabra y orando para vivir en tu presencia y que pueda yo sentir que tú eres mi Pastor, que cuidas siempre de mí y que no debo albergar temor por nada. En el bendito nombre de Jesús, Amén.

¿Sientes temor por algo?



Proverbios 10:24
“Lo que el impío teme, eso le vendrá; pero a los justos les será dado lo que desean”.

Los tiempos en que vivimos son muy inestables en todos los aspectos. La economía mundial cada vez está en peores condiciones; el número de desempleados es cada vez mayor; la tasa de criminalidad aumenta por día; la maldad y la corrupción se han multiplicado. Por estas y otras razones el temor y las preocupaciones afectan la vida de millones de personas. La gente se preocupa y siente temor por la pobreza, el desempleo, el hambre, la violencia, las enfermedades, las guerras y muchas otras cosas más, incluyendo el futuro, pues el ser humano muchas veces siente temor por lo desconocido que le espera adelante. El temor es totalmente destructivo. Afecta la mente, causa depresión, paraliza la voluntad humana, esclaviza a aquel que es su víctima. El temor es una fuerza satánica que tiene la capacidad de destruir.

No es el temor, por lo tanto, algo que proviene de Dios. La Biblia dice claramente que “Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Por eso el que camina por esta vida de la mano del Señor no teme al futuro, ni a las circunstancias que le rodean, ni a las enfermedades ni a nada. En una ocasión, los discípulos de Jesús se encontraron en medio del mar azotados por una violenta tormenta que amenazaba con hundirlos (Marcos 6:45-50). Allí estaban ellos, llenos de temor, cuando Jesús se les acercó andando sobre el mar y les dijo: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” Tan pronto ellos reconocieron a Jesús, y el Señor entró a la barca, los vientos se calmaron y hubo paz. Y el temor desapareció. Esto es lo que sucede siempre que confiamos que el Señor cuida de nosotros: el temor desaparece y reina la paz de Dios.

David también pasó por situaciones muy difíciles en su vida que le hicieron sentir temor, pero su confianza en el Señor, producto de una íntima comunión con él, le permitió superar esos temores. Por eso pudo decir al escribir el Salmo 23: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. ¡Qué seguridad y confianza tan grandes expresa el salmista en la protección y provisión que provienen del Gran Pastor de ovejas! Esto es precisamente lo que caracteriza a los justos, aquellos que han sido justificados por la sangre de Cristo. Esta seguridad y confianza, por lo tanto, no provienen de nuestras propias fuerzas, o de nuestra sabiduría, sino de Dios. Y dice el pasaje de hoy que a ellos “les será dado lo que desean”. En contraste, vemos una diferencia notable en la vida del impío (aquel que vive su vida sin tener una relación con Dios). Estos viven en constante sobresalto y con el temor de que algo malo les va a suceder, y el resultado generalmente es que lo que tanto temen, “eso les vendrá”.

Aquel que no tiene a Cristo viviendo en su corazón no puede vencer los temores. Estos controlan todo su ser y atraen sobre su vida calamidades y desgracias. En cambio los hijos de Dios, por el poder del Espíritu Santo han aprendido a someterse al Señor y a resistir a Satanás quien es el causante del temor. Como consecuencia el diablo tiene que huir, dice Santiago 4:7. Todo aquel que actúa de esta manera puede controlar y vencer los temores y en su mente residen pensamientos de paz y seguridad.

Quizás tu relación personal con Dios se ha vuelto fría y lejana. Tal vez estés siendo víctima de temores ante un futuro que desconoces. Escucha la proclamación del Salmo 27:1 que dice: “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?”. Haz tuya esta proclamación de fe, créela de todo corazón, confía en Dios, deléitate en él diariamente buscando una relación cada vez más íntima. Como resultado, los temores desaparecerán y podrás disfrutar de una vida de paz y esperanza como Dios ha planeado para ti.

ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, por favor ayúdame a dedicar tiempo cada día de mi vida a cultivar mi relación contigo, leyendo tu Palabra y orando para vivir en tu presencia y que pueda yo sentir que tú eres mi Pastor, que cuidas siempre de mí y que no debo albergar temor por nada. En el bendito nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

¿QUÉ ES EL PECADO?



Romanos 5:12
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”

¿Cómo sería el mundo si no hubiese guerras, homicidios, robos, ni pleitos familiares? ¿Cómo sería si todos los hombres fueran perfectos como lo fue Adán antes de pecar? Sería un lugar bello ¿verdad? Al comparar nuestro mundo pecaminoso con un mundo sin pecado se nos da una idea de cómo es el pecado.

El pecado ha sido definido de la siguiente manera: “cualquier pensamiento, palabra, acción, omisión o deseo contrario a la ley de Dios”. La palabra pecado se refiere a toda iniquidad y a la corrupción espiritual del alma. Es el opuesto de la justicia.


¿Cómo define la Biblia al pecado?

· “El pensamiento del necio es pecado” (Proverbios 24:9).
· “Todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Romanos 14:23).
· “Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17).
· “El pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4).
· “Toda injusticia es pecado” (1 Juan 5:17).


¿Dónde se origino el pecado?

El relato del origen del pecado en el mundo se encuentra en Génesis 3:1-8. Antes de que el pecado entrara en el mundo el hombre era puro y santo, vivía una vida feliz y estaba contento con todo. Él llevaba la imagen de su Creador; no sabía nada de la culpa ni de la muerte. El hombre estaba libre de toda condenación y gozaba de comunión con Dios. Pero después que Satanás engañó a Eva apareció entonces la primera transgresión del hombre, como dice en Romanos 5:12: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. La naturaleza del hombre fue cambiada. En vez de ser “bueno en gran manera” (Génesis 1:31) como lo hizo Dios, ahora Dios tuvo que decir del hombre: “Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Ser un pecador no depende de la clase o el tamaño de los pecados cometidos. Un hombre roba una manzana y otro hombre roba mil dólares. Delante de Dios los dos son culpables. No por robar una cosa pequeña o grande, sino por el simple hecho de robar. Cuando Dios nos dice una cosa y hacemos otra, lo que nos aparta de Dios es nuestra desobediencia.

No nos engañemos, pues, pensando que los pecados nuestros no son tan malos como los de otras personas. Por tanto, aunque nuestro pecado parezca muy pequeño será suficiente para apartarnos de nuestro Dios.

El pecado de Adán y Eva cuando comieron del fruto prohibido no parece importante en comparación con los pecados y crímenes graves que se cometen en la actualidad, sin embargo su pecado bastó para separarlos de Dios y traer sobre ellos y sobre su descendencia la condenación de muerte.

Entendámoslo bien… Este pecado no consistió solamente en extender la mano y tomar el fruto del árbol prohibido; tomar el fruto fue sólo el resultado del hecho de dejar a Dios y seguir a Satanás. El pecado, por lo tanto, fue la condición del alma y no sólo la acción de la mano que cogió el fruto. Del pecado de Adán recibimos la corrupción de la naturaleza humana, la mortalidad y la separación de Dios. Esta condición se ha trasmitido de generación en generación y conduce a cada persona a sus propios pecados.


¿Cómo podemos obtener la VICTORIA SOBRE EL PECADO?

La libertad del pecado sólo es posible cuando nos sometemos al poder de Dios y a la dirección de su Espíritu. No hay poder en el universo que pueda negarnos la victoria perfecta en nuestro Señor Jesucristo, solo basta con que seamos obedientes de la palabra de Dios. Aunque se trate de los hombres más fuertes y más inteligentes lo cierto es que: “separados de [Cristo] nada podemos hacer” (Juan 15:5). Sin embargo, hasta el más débil puede decir: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).


¿Cómo, pues, venceremos?

• Por medio de la sangre del Señor Jesucristo: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero” (Apocalipsis 12:11).

• Por medio de la fe: “Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4).

• Al vestirnos de toda la armadura de Dios: “Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios (...) para que podáis resistir en el día malo, y (...) sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Efesios 6:10-16).

• Por medio de la palabra: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Salmo 119:11).

Nuestra lucha diaria contra el pecado significa una batalla contra los poderes del maligno. Pero tenemos que recordar que “las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios” (2 Corintios 10:4). Confiemos en Dios; su poder es infinito, su amor es infalible y él promete que nunca dejará ni abandonará a los suyos. Es nuestro privilegio experimentar continua y diariamente lo descrito por Pablo: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).



“Gracia y Paz”

viernes, 21 de febrero de 2014

¿QUIÉN PREFIERES SER?



Débora (hebreo ‘abeja’).

1. Ama de Rebeca, cuya muerte en Bet-el se registra en Gn. 35.8; el árbol bajo el cual fue sepultada se conocía con el nombre de Alón-bacut, ‘encina (o terebinto) del llanto’.

2. Profetisa que aparece en la lista de los jueces de Israel (ca. 1125 a.C.). Según Jue. 4.4ss ejercía sus funciones "bajo la palmera de Débora", entre Ramá y Set-el, y allí era consultada por los israelitas de diversas tribus que deseaban resolver sus disputas, fueran estas disputas demasiado complejas para los jueces locales, o disputas intertribales. Por lo tanto, ejercía funciones de juez en el sentido corriente del término, y no en sentido militar. Probablemente fue el renombre de que gozaba debido a su capacidad jurídica y carismática, lo que llevó a los israelitas a consultarla ante los aprietos en que se encontraban bajo la opresión de Sísara. Le ordenó a Barac que se lanzara a la guerra contra Sísara como jefe supremo de los israelitas, y ante su insistencia accedió a acompañarlo; el resultado fue la decisiva derrota de Sísara en la batalla de Cisón (Jue. 4.15; 5.19ss).

Se la describe (Jue. 4.4) como mujer de Lapidot (literalmente ‘antorchas’), y como "madre en Israel" (Jue. 5.7). Se ha argumentado que esta última frase significa "metropoli en Israel" (2 S. 20.19), y que se trata de una referencia a la ciudad de Daberat (Jos. 21.28; 1 Cr. 6.72), la moderna Deburiyeh, al pie del monte Tabor en su lado occidental; pero ni el relato ni el poema contienen elementos que nos preparen para la prominencia que súbitamente se le daría en este caso a un lugar tan poco importante.

El canto de Débora (Jue. 5.2–31a) ha sido preservado desde el siglo XII a.C. con su lenguaje prácticamente sin modernización, y por lo tanto constituye uno de los pasajes más arcaicos del AT. Evidentemente fue compuesto a la mañana siguiente de la victoria que celebra, y constituye una fuente importante de información sobre las relaciones entre las tribus en Israel en esa época. Puede dividirse en ocho secciones: un exordio de alabanza (versículos 2–3); la invocación de Yahvéh (4–5); la desolación bajo los opresores (6–8); la convocación de las tribus (9–18); la batalla de Cisón (19–23); la muerte de Sísara (24–27); la descripción de las expectativas de la madre de Sísara mientras espera su regreso (28–30); y el epílogo (31a). La información precisa sobre lo que provocó la derrota de Sísara la obtenemos del cántico, más bien que del relato en prosa que encontramos en el capítulo 4: un turbión inundó el curso del arroyo Cisón y arrastró los carros de los cananeos (21), provocando la confusión en el ejército y convirtiéndolo en presa fácil de los hombres de Barac.

La gráfica y conmovedora descripción de la madre de Sísara (28ss) confirma para algunos que el cántico fue escrito por una mujer; pero si bien revela una especie de solidaridad, no hay en ella indicios de compasión.

Hay referencias a Débora no sólo en el versículo 12, sino probablemente en el versículo 7 también, donde la palabra hebrea qamtéÆ, que se repite, puede entenderse no como la primera persona del singular corriente ("me levanté") sino como una forma arcaica de la segunda persona del singular ("vos os levantasteis").



Jezabel

1. Hija de Et-baal, rey-sacerdote de Tiro y Sidón. Se casó con Acab para ratificar la alianza entre Tiro e Israel, mediante la cual Omri, padre de Acab, trató de equilibrar la hostilidad de Damasco hacia Israel (880 a.C.). Se arregló que ella continuaría adorando a su Dios nativo Baal en Samaria, su nuevo hogar (1 R. 16.31–33).

Era de carácter fuerte y dominante, poseía una gran terquedad, y una personalidad vigorosa. Devota fanática de Melcart, el Baal de Tiro, entre su séquito se encontraban 450 profetas de dicho dios, y 400 profetas de la diosa Asera, en la época en que Acab fue rey (1 R. 18.19). Clamó para que su Dios estuviera, por lo menos, en igualdad de condiciones con Yahvéh, el Dios de Israel. Esto trajo conflictos entre ella y el profeta Elías. Se produjo una batalla entre Yahvéh y Baal en el monte Carmelo, en la que Yahvéh triunfó gloriosamente (1 R. 18.17–40). Aun así, esto y la matanza de sus profetas, aumentaron su celo en lugar de disminuirlo.

Su concepción de una monarquía absoluta estaba en desacuerdo con la relación hebrea establecida en el pacto entre Yahvéh, el rey, y el pueblo. Tuvo un papel preponderante en el incidente de la viña de Nabot con una acción inescrupulosa y arbitraria, que afectó a toda la comunidad y minó el trono de Acab. A causa de ello se produjo la revolución profética y la exterminación de la casa de Acab. Ella había escrito cartas utilizando el sello de su esposo (1 R. 21.8).

Después de la muerte de Acab, el poder de Jezabel continuó en Israel durante 10 años en su papel de reina madre, a través del reinado de Ocozías, y después durante la vida de Joram. Cuando este fue muerto por Jehú, la reina se vistió regiamente (2 R. 9.30), y lo esperó. Se burló de Jehú y marchó hacia su destino con coraje y dignidad (842 a.C.).

Es notable que Yahvéh haya sido honrado en el nombre que le puso a sus tres hijos, Ocozías, Joram y Atalía (si consideramos que realmente fue la madre de Atalía), pero es posible que hayan nacido antes de que su dominio sobre Acab se hiciera tan absoluto.

2. En la carta a la iglesia de Tiatira (Ap. 2.20) "esa mujer Jezabel" es la designación que se da a una profetisa seductora que estimulaba la inmortalidad y la idolatría so capa de religión (Nicolás). Esto puede referirse a una persona o a un grupo dentro de la iglesia. Indica que el nombre se había convertido en sinónimo de apostasía.



“Gracia y Paz”

¿TIENES HAMBRE ESPIRITUAL?



Juan 6:25-35
“Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”.

Jesús acababa de alimentar a cinco mil hombres más las mujeres y los niños, con solamente cinco panes y dos pececillos. Sin embargo, la multitud insistía en pedirle señales para creerle, y el Señor les contesta diciéndoles que ellos habían visto las señales, que habían sido testigos de cosas maravillosas que Dios había hecho, y sin embargo, en lugar de buscar al Dios que hizo el milagro, su preocupación se centraba en la búsqueda de pan. En vez de desear la comida espiritual, buscaban la comida material.

Hay dos clases de hambre: el hambre física que se puede saciar con la comida física, y el hambre espiritual que la comida física jamás puede satisfacer. Una persona puede ser inmensamente rica, y sin embargo estar totalmente insatisfecha en el aspecto espiritual. El que fuera ídolo de multitudes en las décadas de los cincuenta y sesenta, Elvis Presley, el "rey del rock and roll", llegó a acumular cientos de millones de dólares. Con sus riquezas podía conseguir todas las cosas materiales que se le antojaban. Sin embargo, él mismo declaró que no era feliz y que en él había un vacío muy grande. Buscando llenar ese vacío comenzó a probar con las drogas y por años vivió en el mundo esclavo de la drogadicción hasta que finalmente murió a los 42 años producto de una sobredosis, sin haber encontrado jamás la tan ansiada felicidad, sin haber podido saciar su hambre espiritual.

Después de su liberación de la esclavitud en Egipto, mientras se dirigían a la Tierra Prometida a través del desierto, los israelitas tuvieron hambre. Entonces comenzaron a quejarse con Moisés, y murmuraban diciendo que en Egipto ellos se saciaban de carne y de pan, pero no se acordaban de la esclavitud en la que vivían. Ellos estaban demasiado preocupados por sus necesidades materiales y no prestaban atención a lo verdaderamente importante: las promesas de Dios para ellos, los planes que él tenía de llevarlos a un lugar donde tendrían de todo lo que necesitaban tanto física como espiritualmente.

En el pasaje de hoy, Jesús les recuerda a los judíos el maná que Dios mandó del cielo para la alimentación física del pueblo de Israel, y entonces se presenta a sí mismo como el pan de Dios “que descendió del cielo y da vida al mundo”. Entonces ellos le dijeron: “Señor, danos siempre este pan”. Y Jesús concluye diciendo una poderosa verdad que, después de tantos años, es aún nuestra esperanza: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”.

Jesús es el verdadero pan de vida. Sólo él ofrece una satisfacción duradera y una vida que jamás termina. Nada más en este mundo puede saciar el hambre espiritual del ser humano. La única manera de experimentar una vida abundante, llena de paz y de gozo es confiando en Cristo Jesús. ¿Has probado este “verdadero pan del cielo”? ¿Te deleitas en saciarte de él cada día de tu vida?

Si ya has aceptado a Jesucristo como tu Salvador, busca su rostro en constante oración y alimenta tu alma con su palabra diariamente. Si no lo has hecho, comienza ahora mismo abriendo tu corazón a Jesús, y permitiendo que él satisfaga todas tus necesidades espirituales.

ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, te ruego sacies para siempre mi hambre espiritual con el único y verdadero pan de vida eterna: tu Hijo Jesucristo. En su santo nombre te lo pido, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

"LA GLORIA DE DIOS, LA PERDICIÓN DEL HOMBRE, Y EL EVANGELIO DE CRISTO"



“Como pastor, me estremezco y no puedo dormir de noche cuando pienso en la posibilidad de que miles de personas que se sentaron frente a mí los domingos por la mañana hayan pensado que eran salvas cuando en realidad no lo eran. Miles de personas que han situado sus vidas en un camino religioso que hace promesas grandiosas a un costo mínimo”.

“Se nos ha enseñado que todo lo que se requiere es una decisión, tal vez hasta una aceptación solo intelectual de Jesús y que, luego, no debemos preocuparnos por sus demandas, sus normas ni su gloria. Que tenemos un boleto para el cielo y que podemos vivir como se nos dé la gana en la tierra. Se nos tolerará el pecado durante el camino”.

“Hoy en día, gran parte de la evangelización moderna se construye sobre la idea de conducir a la gente por este camino, y las multitudes van en tropel detrás de estas premisas, pero al final es un camino construido sobre arena que se hunde y corre el riesgo de desilusionar a millones de almas”.

“La proclama bíblica del Evangelio nos llama a una respuesta muy diferente y nos conduce por un camino muy distinto. Aquí, el Evangelio nos demanda y nos permite apartarnos del pecado, tomar la cruz, morir a nosotros mismos y seguir a Jesús. Estos son los términos y las frases que vemos en la Biblia”.

“Entonces, la salvación consiste en una profunda lucha en nuestra alma contra la pecaminosidad de nuestro corazón, la profundidad de nuestra depravación y la tremenda necesidad que tenemos de Su gracia. Jesús ya no es más alguien a quien debemos aceptar o invitar, sino alguien que es infinitamente digno de nuestra entrega inmediata y absoluta. Por eso debemos evitar las caricaturas baratas del cristianismo que no exaltan la revelación de Dios en Su Palabra. Por eso es que tú y yo no podemos conformarnos con nada menos que un Evangelio centrado en Dios, que exalte a Cristo y que nos lleve a negarnos a nosotros mismos”.

“Gracia y Paz”

David Platt

jueves, 20 de febrero de 2014

¿ESTÁS ESCUCHANDO A DIOS?



Hechos 9:3-9
"Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió".

La Biblia nos enseña que Dios desea hablarnos. Él desea que conozcamos el plan que tiene para la vida de cada uno de nosotros. La manera en que él nos hable dependerá de las circunstancias. Por ejemplo, después de la muerte de Moisés, Dios encomendó al joven Josué la tarea de guiar al pueblo de Israel a tomar posesión de la tierra prometida. Con este fin le dio instrucciones, y Josué escuchó atentamente. Así le dijo Dios: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas” (Josué 1:7).

Hay ocasiones en las que Dios tiene que lidiar con corazones rebeldes, como fue el caso de Saulo de Tarso, fariseo y perseguidor de cristianos. En el pasaje de hoy vemos como Dios llamó la atención de Saulo en el camino a Damasco tirándole a tierra y dejándole temporalmente ciego. Claro que esta es una situación única en la Biblia, pero nos demuestra que cuando el Señor necesita comunicar algo, él lo hará de una manera u otra. Desde aquel momento la vida de Saulo de Tarso cambió radicalmente y llegó a ser el gran evangelista que ahora conocemos como el apóstol Pablo.

En Números capítulo 22, Dios hizo que el asna de Balaan le hablara a su amo cuando fue necesario reprenderlo (vv.28-30). Y cuando los fariseos se quejaron con Jesús porque sus discípulos le alababan mientras él hacia su entrada triunfal en Jerusalén, el Señor les respondió: “Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían” (Lucas 19:40). Ciertamente tenemos que entender que Dios está muy interesado en hablarnos, y que lo mejor que hacemos es tratar de escucharlo. Alguien dijo que hay dos maneras en que Dios nos habla: con un susurro o con un grito. Con seguridad ninguno de nosotros escogería el “grito” como la manera en que Dios nos hable, pero a veces nuestra insensibilidad a su voz obliga al Señor a usar métodos que demandan nuestra total atención.

Principalmente Dios nos habla por medio de su Palabra, y a través de ella nos comunica su voluntad. El Espíritu Santo entonces la usa para hablar a nuestro corazón. Dios también usa a otras personas para bendecirnos y dirigirnos. Y aún en nuestras decepciones, Dios nos comunica que nuestros aparentes fracasos de hoy pueden hacernos triunfar mañana. Así dijo el apóstol Pablo en su carta a los Romanos: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).

Como un hijo o hija de Dios, vive con la seguridad de que en cada situación el Señor te hablará para guiarte (Juan 16:13), para consolarte (Juan 14:16), para protegerte (Génesis 19:17-26), o para expresarte su infinito amor (1 Juan 3:1-2). No permitas que las voces del mundo te impidan escuchar la voz del Señor. Busca su rostro diariamente por medio de la oración y la lectura de su Palabra. Pide a Dios que te de un oído fino para escuchar su voz, y discernimiento espiritual para entender y aceptar su verdad, sabiendo que este es el primer paso para llegar a ser un instrumento en los planes que él tiene para tu vida, los cuales redundarán en bendiciones para ti y tu familia. Cuando fallamos en escuchar su suave susurro, Dios tiene otras formas para atraer nuestra atención. ¿Le estás escuchando?

ORACIÓN:
Padre mío, yo anhelo escucharte claramente cada vez que tú me hables. Por favor dame un oído espiritual afinado de manera que me resulte fácil distinguir tu voz aunque me hables con un susurro. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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miércoles, 19 de febrero de 2014

PLATÍCA CON DIOS



Para platicar con Dios y saber qué quiere decirnos, invariablemente debemos de leer su Santa Palabra.

Jesús dijo: “Ustedes estudian con diligencia las Escrituras porque piensan que en ellas hallan la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio en mi favor!” (Juan 5:39).

· Sin Jesús, no hubiese historia que contar.
· Las profecías del Antiguo Testamento se cumplen en Él.
· Él es el plan de redención.
· Él es quién salva.
· Es a través de Él que Dios retomará posesión de la Tierra que creó.

Por lo tanto, la mejor manera de leer la Biblia es conociendo la persona de Jesús – personal y contextualmente. Es por esta razón que te recomiendo que comieses a leer y estudiar la Biblia en los Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan).

¡Toma nota!
· Siempre ora antes de leer la Biblia y exponerte a la Palabra de Dios.
· Pídele a Dios que abra tu corazón y agudice tu mente para que puedas aprender lo que Él te quiere enseñar a través de Su Palabra.
· Siempre ora DESPUÉS de leer la Biblia.
· Agradece el tiempo que estuviste con Él y pídele que grabe en tu mente y en tu corazón lo que leíste, pero, lo más importante, pídele que te recuerde vivir lo que leas diariamente.


“Gracia y Paz”

LA PACIENCIA, UNA CUALIDAD ADMIRABLE



Santiago 1:2-4
“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Más tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”.

De acuerdo a la Palabra de Dios, la vida de todo cristiano se debe caracterizar por la paciencia, porque es importante para desarrollar el carácter maduro y estable que el Señor desea que se produzca en Su pueblo. “El amor es sufrido, es benigno…no se irrita” (1 Corintios 13:4-5).

La paciencia es la capacidad de absorber problemas y tensiones sin quejarse, y no verse afectado por los obstáculos, los retrasos y los fracasos.

Dios permite que tengamos dificultades, inconvenientes e incluso sufrimientos, con un fin específico: nos ayudan a desarrollar la actitud apropiada para que crezca nuestra paciencia. Cuando el cristiano ve que esas pruebas se resuelven en su provecho, permitiéndole alcanzar resultados convenientes y de refuerzo para su carácter, se prepara el escenario para el desarrollo de un espíritu paciente.

A continuación, el Espíritu Santo de Dios podrá desarrollar el fruto de la paciencia en su vida. “Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia…” (Gálatas 5:22).

Sobre la falta de paciencia que caracteriza a nuestra generación, Billy Graham comentó: “Esta es una época altiva, neurótica y llena de impaciencia. Nos apresuramos cuando no hay necesidad – sólo por apresurarnos. Esta época acelerada ha producido más problemas y menos moralidad que las generaciones anteriores, y nos ha provocado males nerviosos. La impaciencia ha producido una secuela de hogares destruidos, úlceras, etc., y ha preparado la escena para más guerras mundiales”.

Un poco de introspección y análisis de la impaciencia por nuestra parte puede ser conveniente y útil. ¿Qué me hace ser impaciente? ¿Soy inmaduro? ¿Soy quisquilloso? “Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y el mal” (Hebreos 5:14).

¿Soy egoísta, legalista o exigente? ¿Soy capaz de dejar margen para las equivocaciones y las imperfecciones de los demás, recordando que Dios está actuando también sobre ellos? “…Que seáis pacientes para con todos. Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos” (1 Tesalonicenses 5:14-15).

¿Me irrito con facilidad “porque alguien se está saliendo con la suya”? “No te impacientes a causa de los malignos” (Salmo 37:1)

¿Soy envidioso o celoso? “Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones. Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados” (Santiago 5:8-9).

¿Soy materialista? ¿Estoy dominado por el espíritu de este mundo? “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba…” (Colosenses 3:1) ¿He superado realmente la “mentalidad secular”? “…pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (Filipenses 4:11)

¿Estoy siendo insensible a los esfuerzos de Dios para ocuparse de mí, permitiendo que sufra circunstancias adversas, irritaciones y tensiones, con el fin de que, por medio de Su gracia, aprenda a trascender el yo y a crecer en amor y estatura espiritual?


“Gracia y Paz”
Edición: Carlos Martínez M.

Vida Mujer

¿ERES TÚ UNA MUJER VIRTUOSA?



Proverbios 18:22
"El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová".

Desde el principio de la creación el Señor estableció esta verdad: "No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él" (Génesis 2:18).

Pero eres mucho más que una compañera idónea, “eres la que con tus manos edificas la casa, mientras que la necia con las suyas la derriba” (Proverbios 14:1). El perfume embriagante de tu presencia, llena de gracia y frescura el hogar.

Ese lugar que puede estar adornado con los más exquisitos adornos que el dinero permite comprar, si no estás tú, pasa a ser un frío y lúgubre mausoleo donde todo palidece. Y ese modesto hogar donde el Soberano Dios te puso a ti, aún lo más simple brilla con inusitada gracia y esplendor.

Dichoso el hombre que después de una agotadora jornada pueda llegar a su hogar, y encontrar a su esposa afanada en agradar a su amado y transformar ese lugar en un manantial, donde ella se mueve como entre alelíes y las abejas revolotean con un beso de miel. Eres el sol, la luz y el viento que vuelan por ese lírico paisaje de amor.

Pero eres mucho más, eres la sabia administradora que puede multiplicar con gracia y sabiduría el escaso presupuesto que dispones, en delicados manjares que llenan de satisfacción a aquellos que con amor deseas agradar.

Eres la madre, y en esta condición tan especial, me hundo en un mar profundo sin poder tocar fondo para encontrar palabras y describir la grandeza de tu amor, lleno de un perfume enervante de tu núbil candor.

Con cuanta dedicación y desvelos cuidas a los retoños que Dios te da. Creo que no existe otra labor más fatigante y abrumadora, que esa que el Creador te encomendó, de guiar a los tuyos como un faro en medio del tortuoso mar.

No deja de maravillarme el hecho que cuando rendida y extenuada caes en un sueño profundo, que ni el rugir de los poderosos motores de un avión te pueden despertar, pero basta un simple quejido de tu niño para levantarte de un brinco y correr a su lado para derramar en libación tu amor.

Te admiro mujer, por tu fortaleza y dedicación. Cuanta paciencia y consagración te ha otorgado el Creador, que sabes sostener la arquitectura del silencio y del olvido en los agrestes caminos de la ruta estival.

El mundo es un mercado donde los hombres compran honores, voluntades y conciencias. Pero tú, mujer cristiana, eres como un manantial de aguas cristalinas y espumeantes sobre los pedregales, que se van suavizando en sus aristas con tu gracia tan especial.

Pero sabe que este mundo un día estará en mies en un granero celestial. Y allí, cuando los ángeles recojan los frutos de la cruz y el Señor nos traslade a Su gloria divinal.

Entonces muchos grandes predicadores se apresurarán a buscar las mejores coronas que el Rey de reyes repartirá. Pero seguramente escucharán avergonzados por su falta de humildad: "No, ésta, la más especial, es para la mujer que supo ser esposa, madre y arquitecta de su propio hogar.

Sí, mujer cristiana, tú que has llevado tu cruz en silencio y sin publicidad, te está aguardada una corona muy especial.

Ya viene el día, porque el Señor así lo prometió, que todas las cosas habrán de salir a la luz. Y tu abnegación, consagración y santidad, no serán olvidadas por el Creador.

¡Oh! Mujer cristiana cuan hermosas recompensas te esperan en la gloria. Eres un lirio del alba donde el rocío de la gracia divina brilla como cristalinas diademas y eres la tenue brisa que refresca el mustio camino de este mundo.

Amado Hermano: Tú que has sido bendecido con la compañía de una esposa, regocíjate con ella en tu juventud y en tu vejez, "como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre" (Proverbios 5:19). Porque esto es lo que agrada al Señor en verdad y eternamente.

“Gracia y Paz”

Edición: Carlos Martínez M.


Jack Fleming

"EL CRISTIANO Y EL PSEUDO-CRISTIANO"



1 Juan 3:4-10
“Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; pues el pecado es transgresión de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Cualquiera que permanece en él, no peca; cualquiera que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, no os engañe ninguno: el que hace justicia, es justo, como él también es justo. El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado, porque su simiente está en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama á su hermano, no es de Dios”.


“Gracia y Paz”

¿CUAL ES EL VERDADERO PROBLEMA CON LA TENTACIÓN?



La tentación no tiene favoritismos de ninguna clase. De hecho, la tentación es común para todos: niños, adolescentes, adultos, hombres o mujeres. La tentación no mira estatus social, económico o espiritual. De manera que no te sorprendas cuando seas tentado.

Es importante señalar que la tentación no es pecado. Jesús fue tentado varias veces y no significa que haya pecado. Mientras te corra sangre por las venas ten por seguro que vas a ser tentado así que no te sientas culpable por eso.

El problema con la tentación es que atrapa tu mente, imaginación, sentimientos, y voluntad. Una vez que los atrapa; determinas que entablarás en ella. Es como si tu cuerpo te dijera “hazlo”… Y por lo regular al principio las consecuencias de la tentación no se manifiestan inmediatamente; y llegas a creer que te has salido con la tuya. Comienzas ha engañarte con frases como: “Ves, no me pasó nada”.

Empiezas a creer que eres más inteligente que los demás, porque aparentemente no te pasó nada, llegas a pensar que puedes empujar los límites un poquito más. Pero al final terminarás destruyéndote; ¿Sabes por qué? Porque el pecado siempre mata.
En Alaska las personas tienen una forma muy peculiar de cazar lobos. Lo que hacen es tomar un cuchillo de cacería sumergir la navaja en sangre y después la dejan congelarse. Repiten este proceso varias veces hasta que crean una paleta/helado de sangre, pero dentro de la paleta está la navaja del cuchillo. Entierran el mango del cuchillo en el hielo. Y como la nariz del lobo es 10,000 veces más poderosa que la del ser humano; desde kilómetros de lejos el lobo puede olfatear sangre congelada. El lobo llega al cuchillo cubierto con sangre y comienza a lamerlo, y la sangre congelada le sabe tan rica, sabrosa y es tan agradable que desea más y más, y la primera vez que la navaja corta su lengua, apenas si se da cuenta, pero el lobo continúa lamiendo y lamiendo hasta que comienza a tomarse su propia sangre y muere desangrado.

El pecado es así… comienza tan dulce, divertido y placentero, pero terminas una muerte física, emocional o espiritual.

¿Entonces que debemos hacer?, cada uno de nosotros nos conocemos muy bien, sabemos a que cosas somos débiles, sabemos que cosas pueden provocar que caigamos o que cosas hacen que seamos mas sensibles a acceder, por ello como dice la Palabra: “…ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado” (Romanos 12:3 NTV).

A veces creemos que esta vez seremos fuerte para no caer y jugamos con fuego, creyendo que “ya lo superamos” o que “lo vamos a superar”, pero Dios no necesita que le demuestres que puede superarlo enfrentándote a esa tentación, al contrario, su Palabra nos motiva a huir de la tentación: “Huye de las malas pasiones de la juventud, y esmérate en seguir la justicia, la fe, el amor y la paz, junto con los que invocan al Señor con un corazón limpio” (2 Timoteo 2:22).

El pecado siempre te llevará más lejos de donde quisieras ir, te costará más de lo que estés dispuesto a pagar y de sus consecuencias te lamentaras por el resto de tu vida.


“Gracia y Paz”
Edición: Carlos Martínez M. 
Jorge Cota.