martes, 14 de enero de 2014

¿ESTÁS DISPUESTO A MORIR EN CRISTO?



Gálatas 2:20-21
"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo"

J. Gordon, ministro, educador y autor americano del siglo diecinueve, nos dio el siguiente ejemplo de un proceso procedente de la naturaleza. El escribió: "Crecían dos pequeños retoños el uno al lado del otro. Por la acción del viento se entrecruzaron. Al cabo de poco tiempo quedaron heridos por la fricción. La savia comenzó a mezclarse hasta que un día apacible quedaron unidos. Luego el más fuerte comenzó a absorber al más débil. Se fue haciendo más y más grande mientras que el otro se debilitaba y declinaba hasta que finalmente se desvaneció y desapareció. Ahora hay dos troncos abajo, y sólo uno arriba. La muerte ha quitado el primero; la vida ha triunfado en el segundo".

Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador, el Espíritu Santo viene a morar dentro de nosotros. Entonces comienza su obra, la cual tiene como fin transformarnos hasta que se cumpla el propósito de Dios de que seamos “hechos conformes a la imagen de su Hijo”, según dice Romanos 8:29. A medida que crecemos en la gracia y en el conocimiento de Dios se va produciendo en nosotros un cambio interior muy parecido al proceso que nos describe J. Gordon. La nueva naturaleza divina que ahora habita en nosotros comienza a envolver la vieja naturaleza pecaminosa, la cual empieza a debilitarse y a perder el control que antes ejercía sobre nuestras vidas. A medida que entramos en una comunión cada vez más íntima con el Señor, nuestros pensamientos, palabras y acciones se vuelven más y más semejantes a los de Cristo, cambiando nuestro egoísmo en entrega y adoración a nuestro Dios.

Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lucas 9:23). No resulta nada fácil lograr por nosotros mismos lo que el Señor desea, pero con la ayuda del Espíritu Santo es posible. El primer paso es disponer nuestra mente y nuestro corazón a negar o rechazar todo intento o deseo de la carne que vaya en contra de la voluntad de Dios. Si de verdad lo deseamos, y reconocemos nuestra debilidad para llevarlo a cabo, Dios nos da la fuerza y el poder.

Lo segundo es tomar nuestra cruz y seguirle. ¿Quién mejor para ayudarnos que Jesús, quien conoció en su propia carne el dolor de negarse a sí mismo y someterse a la voluntad del Padre? Mateo 26:42 dice que allí en Getsemaní, a pocas horas de ser crucificado, en medio de una terrible lucha contra la carne que lo impulsaba a huir de la cruz, Jesús se postró y oró diciendo: “Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad”. Y de allí caminó hasta el Calvario y soportó el terrible sacrificio de la cruz. Pero después resucitó y “Dios le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9).

En el pasaje que nos ocupa hoy, el apóstol Pablo resume el deseo de Dios en nuestras vidas, declarando que es una realidad en su vida: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Al igual que el más débil de los dos retoños murió y dio paso a que el más fuerte creciera y se desarrollara plenamente, es necesario que cedamos poco a poco el control de nuestras vidas y de nuestros deseos carnales al poder del Espíritu Santo. Sólo así el plan de Dios en nuestras vidas se llevará a cabo y seremos bendecidos abundantemente.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, te ruego me ayudes a disponer mi corazón y mi mente totalmente al proceso de negarme a mí mismo en todo aquello que no está de acuerdo con tu palabra aunque yo lo desee ardientemente. Te pido que tu Espíritu Santo tome control absoluto de mi vida, y que mi naturaleza carnal pueda morir para que la vida de Cristo se manifieste plenamente en mí. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

¿VERDADERAMENTE TU REFUGIO ES DIOS?



Salmo 46:1-3
“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza”.

Beatriz estaba desconsolada. Recientemente había perdido su primer hijo, muerto unas horas después de nacido debido a complicaciones respiratorias. Todas sus ilusiones acumuladas durante los nueve meses de espera habían desaparecido en un momento. El trauma de esta experiencia había afectado su relación con su esposo y con todos alrededor de ella. Estaba deprimida y malhumorada. Culpaba a Dios por lo que había pasado y repetía: “Lo odio. ¿Por qué tiene esto que pasarme a mí? ¿Por qué no me dio un bebé saludable? ¿Dónde estaba Dios mientras yo sufría los dolores de parto? ¡Total, para nada!”

Aproximadamente al mismo tiempo, no muy lejos de Beatriz, un piadoso líder cristiano, cuyo hijo adolescente acababa de morir en un accidente automovilístico mostraba una actitud totalmente diferente. Por supuesto este hombre y su esposa estaban desvastados. Sus corazones estaban destrozados a causa del dolor que estaban experimentando. Pero en medio de sus lágrimas, este buen cristiano dijo: “Yo sé que puedo confiar en Dios. Él es un Dios de amor. Él es mi refugio, y yo siento su fuerza y su compasión y su cuidado por mí y por mis seres queridos. Mi esposa y yo y toda nuestra familia estamos re-dedicándonos a él como una expresión de nuestro amor y nuestra absoluta confianza en su fidelidad”.

Ciertamente no alcanzamos a entender el misterio de por qué Dios permite sufrimiento, dolor y aflicción entre sus hijos, pero podemos contestar esta pregunta “¿Dónde estaba Dios mientras yo sufría?” En el mismo lugar que estaba cuando su propio Hijo murió en la cruz por nuestros pecados. Jesús advirtió a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Sin duda en algún momento de nuestras vidas, más tarde o más temprano, vamos a encontrar aflicción, el sufrimiento va a llegar a nosotros, una tormenta emocional o espiritual se va a presentar, pero en todos los casos hay una respuesta correcta, una actitud, sólo una: Confiar en Dios y echarnos en sus brazos en medio del dolor y el sufrimiento. Aquellos que confían en el Dios eterno como su refugio experimentarán la realidad de su promesa en Deuteronomio 33:27: “El eterno Dios es tu refugio, y debajo están los brazos eternos”.

Cuando esta es nuestra actitud, de una manera milagrosa e inexplicable, Dios nos da la paz que tanto necesitamos, esa paz que la Biblia dice “sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7). Esa paz la encontró aquel líder cristiano en medio de su dolor, porque él se echó en los brazos de amor del Dios eterno, y buscó en él refugio en medio de la tormenta. Sin embargo Beatriz se hundía más y más en la desesperación a medida que su actitud rebelde la alejaba del amor y el consuelo del Señor.

Si estás en medio de una prueba, si estás sufriendo, no te desesperes. Piensa que Dios está cerca; él ha prometido que nunca “nos dejará ni nos desamparará”. Piensa además que Dios tiene control sobre todas las circunstancias y todo lo que estás pasando en estos momentos tiene un propósito, y ese propósito, aunque ahora es difícil creerlo, es bueno para tu vida. Así lo afirma Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. Confía en el Señor, clama a él, y él te contestará. Aunque te resulte difícil hacerlo alábalo y dilo con toda confianza que él está en control, que tú sabes que él te ama y que él será siempre tu “amparo y fortaleza, y tu pronto auxilio en las tribulaciones”, como dice el pasaje de hoy.

ORACIÓN:
Mi Señor y mi Dios, te doy gracias por tu fidelidad en todas las circunstancias. Ayúdame a mantenerme firme en mi confianza en ti aún en medio de las pruebas. Yo confío que tú eres mi refugio y mi roca firme, y que tú estarás conmigo hasta el fin del mundo. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

¿QUÉ DICE LA BIBLIA ACERCA DE LA DISCIPLINA DE LOS HIJOS?



Proverbios 22:6
“Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.

Proverbios 23:13-14
“No rehúses corregir al muchacho; Porque si lo castigas con vara, no morirá. Lo castigarás con vara, Y librarás su alma del Seol”.

En décadas anteriores, el corregir a los hijos con nalgadas era una práctica muy aceptada. Sin embargo, en los últimos años, el tratarlos de esa manera, u otras formas de castigo corporal, ha sido reemplazado con otros castigos que de ninguna manera involucran la disciplina física. De hecho, el darle nalgadas a los niños ha sido considerado como ilegal en algunos países. Muchos padres temen corregir de esta forma a sus hijos, por el miedo a ser reportados al gobierno y que les sean quitados sus hijos.

No hay que malentenderlo –de ninguna forma en este tema estoy abogando por el maltrato infantil. Un niño jamás debe ser disciplinado físicamente hasta el punto que pueda causarle un daño físico. Sin embargo, de acuerdo con la Biblia, es bueno que el niño cuente con restricciones y una apropiada disciplina física, que contribuya a su sano desarrollo y bienestar.

De hecho, muchas Escrituras promueven la disciplina física: “No rehúses corregir al muchacho; porque si lo castigas con vara, no morirá” (Proverbios 23:13-14). Hay también otros versículos que apoyan la corrección física (Proverbios 13:24, 22:5, 20:30). La Biblia habla enfáticamente de la importancia de la disciplina; es algo que todos debemos tener para ser personas productivas y es mucho más fácil aprenderlo mientras aún somos pequeños. Los niños que no son disciplinados, crecen en rebelión, no tienen respeto por la autoridad, y como resultado obvio, no estarán dispuestos a obedecer y seguir a Dios. Él utiliza la disciplina para corregirnos y guiarnos por el camino correcto; así como para llevarnos al arrepentimiento de nuestras acciones (Salmo 94:12; Proverbios 1:7, 6:23, 12:1, 13:1, 15:5; Isaías 38:16; Hebreos 12:9). Estos solo son algunos de los versos que hablan sobre lo bueno de la disciplina.

Aquí es donde reside el problema; muchas veces los padres son, o muy pasivos o muy agresivos cuando se trata de disciplinar a sus hijos. Aquellos que no creen en el castigo físico, algunas veces carecen de la habilidad para corregir y disciplinar correctamente, causando que sus hijos crezcan como niños revoltosos y desafiantes. Esto lastimará a sus hijos a la larga. “La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre” (Proverbios 29:15). Luego, están aquellos padres que pueden malentender la definición bíblica de la disciplina (o tal vez es que solo sean personas abusivas) y la usan para justificar el abuso y maltrato de sus niños.

La disciplina se utiliza para corregir y guiar a la gente por el camino correcto. “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:11).

La disciplina de Dios es amorosa, como debe ser entre el padre y el hijo. El castigo físico nunca debe ser usado para causar un dolor o daño físico permanente, sino como un golpe rápido (en el trasero, donde hay más “relleno protector”), para enseñar al niño que lo que hizo está mal y es inaceptable. Nunca debe ser usado sin control o para descargar nuestro enojo y frustraciones. “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4). Criar a un niño en la “disciplina y amonestación del Señor” incluye la disciplina correctiva, establecer límites, y si, amorosa disciplina física.


“Gracia y Paz”

viernes, 10 de enero de 2014

¿Y TÚ… CUÁNDO BUSCAS A DIOS?



Jeremías 2:26-30
“Como se avergüenza el ladrón cuando es descubierto, así se avergonzará la casa de Israel, ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas, que dicen a un leño: Mi padre eres tú; y a una piedra: Tú me has engendrado. Porque me volvieron la cerviz, y no el rostro; y en el tiempo de su calamidad dicen: Levántate, y líbranos. ¿Y dónde están tus dioses que hiciste para ti? Levántense ellos, a ver si te podrán librar en el tiempo de tu aflicción; porque según el número de tus ciudades, oh Judá, fueron tus dioses. ¿Por qué porfías conmigo? Todos vosotros prevaricasteis contra mí, dice Jehová. En vano he azotado a vuestros hijos; no han recibido corrección. Vuestra espada devoró a vuestros profetas como león destrozador”.

El ser humano reacciona de manera impredecible ante la tragedia y las pruebas de la vida. Muchas veces, aun los inconversos claman a Dios a gritos, a pesar de haberlo ignorado anteriormente. Los relatos de terribles accidentes, incendios, inundaciones o huracanes con frecuencia cuentan de alguien perteneciente a este grupo, que acude al Señor pidiendo su ayuda desesperadamente. Alguien dijo: “En las trincheras no hay ateos”. Ciertamente hasta aquel que siempre negó la existencia de Dios, clama a él por ayuda y protección cuando a su lado están cayendo granadas y bombas enemigas.  (por favor dale click a la imagen para leer el tema completo).

Algunos piensan que Dios se la pasa esperando esos momentos de pánico para poder impactar positivamente la vida de aquellos que sufren. Y es cierto que, en muchas ocasiones, las pruebas y el dolor hacen que alguien vuelva su rostro al Señor y, en medio de su angustia, comience una relación con su Creador. Pero el pasaje de hoy nos muestra un punto de vista diferente. Por medio de Jeremías, Dios desafió a su pueblo que se encontraba en problemas, a buscar ayuda en los ídolos a quienes ellos habían adorado. Aquel pueblo rebelde, en lugar de volver sus rostros a Dios en la época de bonanza, más bien le volvieron sus espaldas. Ahora, “en el tiempo de su calamidad dicen: Levántate, y líbranos”. Pero Dios les recuerda que ellos “dicen a un leño: Mi padre eres tú; y a una piedra: Tú me has engendrado”, y los desafía a acudir a estos ídolos a ver si pueden librarlos de su aflicción.

El Señor bien podría hablarte a ti de manera similar si tú le has vuelto la espalda en los buenos tiempos, y en los tiempos difíciles clamas a él. En tu hora de angustia bien podría decirte: “¿Por qué clamas a mí ahora? ¿Por qué no acudes a las imágenes o a las figuras de cerámica o de madera? ¿Por qué no buscas ayuda en la televisión, o apelas a tu dinero, o a tus posesiones o buscas alivio en tus tarjetas de crédito? ¿Dónde están tus héroes del deporte y tus estrellas del cine? Que esos dioses a quienes has honrado tan fielmente te ayuden ahora”.

Los israelitas ignoraron totalmente el pacto que habían hecho con Dios, y los Diez Mandamientos que el Señor les había dado, en los que con toda claridad les dio instrucciones en relación a esos dioses falsos. Así dijo Jehová: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Éxodo 20:4-6).

Dios es un Dios de amor y de misericordia que nos perdona cuando nos volvemos a él arrepentidos, pero es también un Dios celoso, y no admite compartir nuestra adoración y nuestro servicio. En el Sermón del Monte, Jesús les enseñó a sus discípulos que “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24).

Apliquemos esta enseñanza a nuestras vidas. Hagámonos el propósito de adorar, obedecer y agradar a nuestro Padre celestial tanto en circunstancias difíciles como en los buenos tiempos. Recordemos que “el que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente” (Salmo 91:1).

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me ayudes a habitar bajo tu abrigo en todas las circunstancias. Que no me olvide de ti cuando todo marcha bien en mi vida, para que cuando llegue la prueba, pueda yo clamar a ti con la seguridad de que me vas a responder. En el nombre de Jesús Amen.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

jueves, 9 de enero de 2014

¿CREES QUE TUS BUENAS OBRAS TE LLEVARAN AL CIELO?



¿Creerías que más de la mitad de las personas piensan que se pueden ganar el cielo haciendo buenas obras? No hablo solo de los Cristianos, hablo de la personas en general. Ven a Dios como un matemático que está registrando en un gran libro de contabilidad todas las buenas y las malas obras que determinarán su destino eterno.

Este tipo de pensamiento está lleno de problemas. Piénsalo, ¿Dónde se traza exactamente la línea de las buenas y las malas obras? ¿Cuántas buenas obras son necesarias para ser aprobado? ¿Cuántas buenas obras son necesarias para justificar una mala? ¿piensas que diez palabras amables remplazarán un mal pensamiento? ¿Y que pasara si pierdes el corte por una?

Aun cuando este concepto es fundamentalmente falible; es la razón principal del porqué las personas no siguen a Jesús. Porque es muy difícil para ellos identificar su necesidad. Es por eso que es imprescindible que analices cual es tu necesidad.

Lo que sucede es que le damos más importancia a la justicia relativa y menos importancia a la justicia divina, es decir, a la santidad absoluta de Dios. De hecho, siempre ha sido difícil para los más sabios e inteligentes ver su necesidad. Veamos unos simples ejemplos: Cuando estás en el fondo del montón es más fácil mirar hacia arriba. Cuando estás en la cárcel es más fácil admitir tu necesidad. Cuando has destruido a tu familia a causa del alcoholismo, es más fácil buscar a Dios. Pero cuando estás entre los mejores y los más sabios es muy difícil ver tu necesidad. El problema es que casi todos pensamos que estamos en este último sitio.

Para entender esto tenemos que aumentar el nivel de nuestra necesidad. Necesitamos analizar nuestra justicia relativa (buenas obras) e ir mas allá de la justicia relativa. Si quieres creer que con tan solo vivir una vida moral te irás al cielo, mira lo que dijo Jesús: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20).

Podría yo asegurar que las personas que escucharon esas palabras han de ver pensado “¡Ay Caray!” Esta fue una declaración asombrosa porque los fariseos eran los superestrellas espirituales de aquella época. Se memorizaban todo el Antiguo Testamento. Iban al templo o la sinagoga tres veces al día. Se detenían a orar siete veces al día. Diezmaban fielmente al tesoro del templo y sin embargo, Jesús dijo: “Si quieren irse al cielo, tendrán que ser mejores que ellos”.

Quizás estés pensando, entonces ¿Qué es lo que Dios espera de mí? Dios espera que cada hijo suyo sea perfecto. Jesús dijo: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mateo 5:48).

De manera que el estándar que debemos buscar es la PERFECCIÓN, no solo las “buenas obras” que estemos haciendo. Si el estándar es la perfección ¿Cómo haremos delante de Dios? ¿Ves el problema? ¿Ves tu necesidad?

Por eso digo que es absurdo pensar que con tan solo vivir una vida moral, y no haciéndole daño a nadie o haciendo obras de caridad, nos garantizarán un lugar en el cielo. Creo que las personas que piensan así, están rotundamente equivocadas. La salvación es un regalo misericordioso de Dios y depende de la PERFECCIÓN Y LA SANTIDAD. La Salvación no se puede comprar ni mantenerla haciendo buenas obras. Dios no perdona nuestros pretextos, perdona nuestros pecados.

No importa que tan moral vivamos la vida, SI NO SOMOS VERDADEROS SEGUIDORES DE JESÚS, LAS “BUENAS INTENCIONES” POR MÁS BUENAS QUE SEAN SON BUENAS PARA NADA.

Hebreos 12:14 “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”.


“Gracia y Paz”

Reflexiones Cristianas

¿CÓMO TE LLEVAS CON TUS HERMANOS DE LA FE?



Hebreos 10:23-25
“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.

Un hombre llamado Lou Joline, del estado de Missouri, Estados Unidos, comenzó a correr regularmente cuando tenía poco más de cuarenta años. En el 2006, a los 70 años, era el presidente del club de corredores de Kansas City, y había corrido más de 100 maratones en 42 estados diferentes. Por muchos años ha sido considerado como una de las cinco personas mayores de 50 años “en mejor forma física” en los Estados Unidos. Sin lugar a dudas ha sido un logro extraordinario de su parte, pero él mismo ha declarado que le hubiera resultado imposible hacerlo solo. Él lo ha logrado con la ayuda de los miembros de tres clubes de corredores a los que pertenece. Producto de su experiencia, Joline exhorta a las personas que desean hacer ejercicios que lo conviertan en un evento social. Dice él: “Únete a un grupo. Si tus amigos lo hacen, tú también lo harás”.

No solamente podemos aplicar este concepto al ejercicio físico, sino también al ejercicio espiritual. Muchos de nosotros creemos que solos podemos crecer espiritualmente. Sin embargo, si queremos estar en buena forma en nuestra fe, nos necesitamos unos a otros. Fuimos creados para vivir en comunión con Dios y entre nosotros. No estamos preparados para vivir aislados del resto del mundo, aunque algunos prefieren vivir en soledad sin ninguna relación con los demás. Estas personas, generalmente, son muy infelices y sus vidas carecen del más mínimo significado.

Nuestro Creador, conociendo las características más íntimas de nuestra naturaleza, nos exhorta por medio de su palabra a mantenernos unidos como un cuerpo que somos, y a apoyarnos unos a otros en momentos de dificultad. El apóstol Pablo escribe en su carta a los efesios: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación” (Efesios 4:1-4).

Y en Gálatas 6:1-2, Pablo escribe: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”. La “ley de Cristo” se cumple cuando su carácter se refleja en nuestras vidas, cuando su amor se manifiesta en nuestras obras, cuando somos capaces de sacrificarnos por nuestros hermanos y compartir sus cargas en los momentos difíciles y disfrutar junto a ellos los momentos de felicidad, como dice Romanos 12:15: “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran”.

Cada iglesia local es una representación del cuerpo de Cristo. Así lo expresa Pablo en su primera carta a los corintios: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1 Corintios 12:27). Por tanto, la iglesia es más que una organización; es un organismo vivo que manifiesta a Cristo al mundo.

Estimulémonos unos a otros en amor y en buenas obras, y no dejemos de congregarnos. ¿Estás involucrado en una iglesia local? ¿Asistes a algún grupo pequeño de estudio bíblico? ¿Tienes un amigo o amiga con quien puedas hablar francamente y orar?

Si la respuesta a alguna o algunas de estas preguntas es “no”, debes considerar que necesitas ampliar tus oportunidades de comunión con otros creyentes. No olvides que formas parte del cuerpo de Cristo, que es la iglesia, y que como miembro tienes una función, la cual no puedes llevar a cabo separado del cuerpo.

ORACIÓN:
Padre amado, te ruego me ayudes a seguir al pie de la letra las instrucciones de tu palabra. Capacítame para vivir en íntima comunión contigo y con mis hermanos en la fe, de manera que yo pueda ejercer plenamente mi función como miembro de este cuerpo. Por Cristo Jesús te lo pido, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

lunes, 6 de enero de 2014

¿Y TU… ESTAS SEMBRANDO PARA EL SEÑOR?


2 Corintios 9:6
“Esto empero digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra en bendiciones, en bendiciones también segará”.

Esto es verdad tanto en el mundo espiritual como en el mundo material. El que siembra abundantemente segará una cosecha abundante.

Si tu siembras escasamente en tu vida espiritual, es decir, si casi no lees la palabra de Dios, ni pasas tiempo en oración en la presencia de Dios, ni hablas de Cristo a las personas, ¿entonces que le dirás a Cristo vuelva? Además de que no vas a tener fruto, o sea, no vas a ganar almas para presentarle al Señor. Habrás sembrado escasamente, y la cosecha será poca.

Jesús no sembró escasamente. Todos los pecados del mundo, con el peso total de la ley fueron puestos en Él, y Él pagó el precio total, hasta la última gota de sangre. Jesús lo pagó todo, y cuando Él vuelva a la tierra por los suyos, va a regresar al cielo con nosotros y dirá:  “He aquí, yo y los hijos que Dios me dio” (Hebreos 2:13).

Trabajemos en la viña del Señor para que nosotros también tengamos mucho fruto para presentar al Padre.

“Gracia y Paz”

Un Versículo de la Biblia cada Día

ORACIÓN



Padre santo, gracias por la seguridad que me das a través de tu palabra, y por la protección de tu compañía en momentos difíciles de mi vida. Ayúdame a confiar cada vez más en ti y a mantenerme firme en medio de cualquier tormenta. Por Cristo Jesús, Amén.

¿PUEDES ESTAR FIRME EN MEDIO DE LA TORMENTA?


Salmo 62:5-8
“Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza. El solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré. En Dios está mi salvación y mi gloria; en Dios está mi roca fuerte, y mi refugio. Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio”

Imagínate a un pequeño pajarito refugiado en la brecha de una enorme roca. Fuera de su refugio ruge una brutal tormenta. El agua y los fuertes vientos golpean furiosamente los alrededores, levantando hojas y rompiendo las ramas de los árboles. Sin embargo, el pajarito está seguro, tranquilo y su vida está protegida gracias a la roca sólida que le rodea.

¿Puedes recordar algún momento de tu vida cuando parecía que serías lanzado al aire por una tormenta física o emocional? ¿Cuál fue tu respuesta frente a esa prueba? ¿Te aventuraste a enfrentarte a ella con tus propios medios o te refugiaste en los brazos protectores de Dios?

Cuando una tormenta golpea tu vida, recuerda las palabras del pasaje de hoy. Pon especial atención a la frase: “En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio”. En la fotografía mencionada arriba el pajarito no estuvo chirriando o revoloteando intranquilamente. Más bien estuvo descansando sosegadamente hasta que la tormenta pasó. Su confianza estaba en la fuente de su protección.

El Salmo 46:1 dice que “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones". Si creemos esto de corazón, como el salmista, nosotros también podemos estar tranquilos y confiados en la protección de nuestro Dios. Y en el versículo 10 de este mismo Salmo, hay una poderosa exhortación que viene directamente del Señor: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”. Nuestro padre celestial desea que lo conozcamos en todas las circunstancias, pero especialmente en medio de una tormenta él puede darnos a conocer su poder y su amor. Solamente tenemos que confiar en él.

Después que salieron de Egipto, los israelitas se encontraron frente a una terrible prueba. Frente a ellos la inmensidad del Mar Rojo, y a sus espaldas el poderoso ejército egipcio que los perseguían con el fin de aniquilarlos. En aquella situación, su líder Moisés demostró su fe y su confianza en el Señor, y dirigiéndose a su pueblo les dijo: “No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis” (Éxodo 14:13). Seguidamente las aguas del mar se abrieron en dos, los israelitas pasaron, y cuando los egipcios intentaron hacer lo mismo se cerraron las aguas y todos murieron ahogados. Y termina este capítulo: “Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo”.

En el Nuevo Testamento leemos acerca de una difícil situación que se presentó inesperadamente en la vida de los discípulos de Jesús. Cuenta Marcos 4:35-41 que navegaban ellos por el mar de Galilea cuando de repente se levantó una gran tempestad de manera que las olas amenazaban con hundir la barca. Mientras tanto, Jesús estaba durmiendo plácidamente a un extremo de la barca. Los discípulos, aparentemente muy atemorizados, despertaron al Señor y le dijeron: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?” Entonces Jesús se levantó y reprendió al viento. “Y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?"

No importa cuan fuerte sea la tormenta en la que te encuentres, di con fe y con absoluta convicción como el salmista: “En Dios está mi salvación y mi gloria; en Dios está mi roca fuerte, y mi refugio”. Aférrate a esa roca inconmovible, mantente firme en medio de la tormenta, clama por la ayuda del Dios todopoderoso. Aunque no lo veas, él está muy cerca de ti.

ORACIÓN:
Padre santo, gracias por la seguridad que me das a través de tu palabra, y por la protección de tu compañía en momentos difíciles de mi vida. Ayúdame a confiar cada vez más en ti y a mantenerme firme en medio de cualquier tormenta. Por Cristo Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

domingo, 5 de enero de 2014

¿SABES CÓMO TENER UN CUERPO SALUDABLE?


1 Corintios 6:12, 19-20
“Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna […] ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”.

Todos sabemos que existe una relación innegable entre la salud y nuestra capacidad para alcanzar el máximo potencial. Podemos afanarnos por tener un corazón limpio, una mente pura y una agenda equilibrada, pero sin un cuerpo saludable simplemente no podremos dar lo mejor de nosotros. La buena salud se verá reforzada si comenzamos a pensar en nuestro cuerpo de la misma manera que Dios lo hace.

En 1 Corintios 6, el apóstol Pablo enseña que nuestros cuerpos le pertenecen a Dios. Como resultado, tenemos que decidir entre cuidarlo o descuidarlo.

Ninguno de nosotros entraría en un templo para destruirlo intencionalmente, pues lo respetamos como un lugar de adoración a Dios. Teniendo eso en mente, pensemos entonces que el cuerpo humano, por ser la morada del Espíritu Santo, es mucho más importante que cualquier edificación que haya existido.

Sin embargo, muchas personas suelen asumir que descuidar o maltratar el cuerpo es un derecho que les pertenece. Ya se trate de alguna adicción, de hábitos malsanos o del aborto, muchos dicen: “Este es mi cuerpo. Puedo hacer con él lo que yo quiera”. Pero cuando leemos la Biblia, encontramos que nuestro cuerpo no nos pertenece. Aunque tu quieras hacer con él lo que te plazca, pagarás el precio por tu mala decisión. El pecado tiene consecuencias, y el pecado contra el cuerpo puede ocasionar un castigo que durará aun más allá de esta generación. Pídele a Dios que te ayude a considerar tu cuerpo como Él lo hace, para poder cuidarlo adecuadamente.

“Gracia y Paz”

Meditación Diaria

domingo, 22 de diciembre de 2013

TE GUSTARÍA ENCONTRAR UN TESORO


Colosenses 2:3
“En [Cristo] están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”.

Un cazador de tesoros británico encontró una cantidad inmensa de monedas romanas enterradas en un campo al sudoeste de Inglaterra. Con un detector de metales. Dave Crisp ubicó una gran vasija con 52,000 monedas. Esas piezas de oro y de bronce, que pesan más de 160 kilogramos y datan del siglo III a. C. Están valoradas en cinco millones de dólares.

Si bien el tesoro de Crisp podría hacernos soñar con encontrar riquezas similares, los creyentes en Cristo deberíamos dedicarnos a una clase distinta de búsqueda de tesoros. Lo que rastreamos no es plata ni oro, sino que deseamos encontrar las preciosas gemas del discernimiento, para poder alcanzar «todas las riquezas del pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios, el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (Colosenses 2:2-3). El tesoro escondido de conocer más al Señor se encuentra en la Biblia. El salmista dijo: «Me alegro en tu palabra como alguien que descubre un gran tesoro» (Salmo 119: 162).

Si leemos la Palabra de Dios en forma apresurada y superficial, nos perderemos sus profundos conceptos. Esas verdades deben buscarse diligentemente, poniendo tanta atención como lo hace alguien que está buscando un tesoro escondido.

¿Estás ansioso por encontrar los tesoros guardados en las Escrituras? ¡Empieza a cavar!

Los tesoros de verdad de la Palabra de Dios se desentierran con la pala de la meditación.

(Lectura: Colosenses 1:27-2:3)


“Gracia y Paz”

Nuestro Pan Diario

viernes, 20 de diciembre de 2013

¿ERES O NO ERES CULPABLE?


Hechos 26:19-25
“Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento. Por causa de esto los judíos, prendiéndome en el templo, intentaron matarme. Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder: Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles. Diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco. Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura”.

Cuentan que en una ocasión, un hombre de buena apariencia se paró en una esquina en el transitado centro de la ciudad de Nueva York. Mientras los transeúntes caminaban de prisa de un lado a otro, él levantaba solemnemente su brazo derecho, señalaba a la persona que le quedaba más cerca, y decía en voz alta: "¡Culpable!" Luego, se detenía por unos momentos, y con la misma expresión severa en su rostro, se dirigía a otra persona y de nuevo lanzaba la condenatoria palabra: "¡Culpable!" La mayoría de aquellas personas quedaban momentáneamente paralizadas, permanecían por un momento mirando a su acusador, entonces se daban la vuelta y se alejaban de prisa, pensando que aquel hombre, sin duda alguna, estaba loco.

Ahora bien, si ese hombre estaba loco, como muchos pensaban, era un loco que decía la verdad. La Biblia dice en Romanos 3:23: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”. De esto no debe quedarle duda a nadie, todos somos pecadores, somos culpables de nacimiento, pues el pecado original cometido en el huerto del Edén pasó de generación en generación y llegó hasta nosotros. Esto dice la Biblia en Romanos 5:12. Lo maravilloso es que Dios, en su infinita gracia y misericordia, envió a su Hijo Jesucristo para que él pagara por nuestra culpa en la cruz del Calvario, y de esta manera perdonarnos y justificarnos. Así dice Romanos 3:24: “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”. Así que todo aquel que cree y acepta este sacrificio deja de ser culpable ante los ojos de Dios.

Es precisamente este mensaje de salvación el que predicaba el apóstol Pablo en Jerusalén, cuando fue acusado falsamente por los sacerdotes y otros influyentes judíos de la ciudad. En el pasaje de hoy, Pablo está defendiendo su actitud ante el rey Agripa. Entonces Festo, el gobernador romano de Judea, le dijo: “Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco”. O sea, “Has estado estudiando tanto, tienes tanto conocimiento que te has vuelto loco”. Pero Pablo le contestó: “No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura”. Ciertamente para el mundo estas palabras de verdad son locura, pero para los que hemos creído son salvación y vida eterna. Así lo afirmó Pablo en su primera carta a los corintios: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Corintios 1:18).

Entonces, considerando esta enseñanza, ¿eres o no eres culpable? Si has aceptado a Jesucristo como tu salvador, la sangre derramada en la cruz del Calvario ha limpiado tus pecados y has sido declarado “no culpable”, es decir has sido justificado. ¡Gloria a Dios por ello! Ahora bien, si no has aceptado a Jesucristo como tu salvador eres culpable. Pero Dios te ofrece el indulto y el perdón absoluto de todos tus pecados. Para obtenerlo sólo tienes que creer que Jesús es el Señor, y que murió en la cruz por tus pecados y que Dios le levantó de los muertos. La Biblia dice en Romanos 10:9 que si lo crees en tu corazón y lo confiesas con tu boca serás salvo, es decir dejas de ser culpable, obtienes el regalo de la vida eterna.

ORACIÓN:
Padre santo, gracias te doy por el precioso regalo de la salvación a través del sacrificio de Cristo. Gracias porque su sangre ha lavado mis pecados y ahora sé que he sido perdonado y ya no soy culpable, y que viviré junto a mi Señor por toda la eternidad. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

4 MANERAS DE HIDRATAR TU ROSTRO NATURALMENTE


La hidratación de la piel es esencial para mantenerla sana y joven. La piel es el órgano más grande del cuerpo y lo que se aplica por vía tópica potencialmente se absorbe en el cuerpo. Cremas hidratantes naturales están disponibles en las tiendas, pero por lo general cuestan mucho más que las marcas no naturales. La buena noticia es que puedes hacer tu propia crema hidratante natural en tu casa. Estas son tan eficaces y cuestan una fracción del costo de los productos de venta al por menor.


Aguacate y Miel de Abejas pura

Aguacate mezclado con miel crea una gran solución para tu cara. Los aguacates están llenos de lectina, vitamina A, B1, B2 y D, todos excelentes para la curación de la piel seca. También se recomienda comer aguacates ya que contiene aceites omega 3. Estos son particularmente útiles en el alivio de los síntomas de la psoriasis y el eczema. La miel está llena de humectante que contienen enzimas, vitaminas y azúcares. Simplemente mezclar los ingredientes juntos y usarlo como una máscara facial.


Aceite de oliva

Además de ser un gran aceite de cocina, el aceite de oliva es un humectante natural. Los egipcios, griegos y romanos utilizaban el aceite de oliva como una manera de tratar la piel y el cabello. Nada ha cambiado en ese aceite de oliva y sigue representando un gran hidratante y acondicionador para el cabello. Nutre la piel y es un gran tratamiento para cabellos secos y uñas quebradizas.


Aceite de coco

El aceite de coco es un excelente humectante natural, y no es necesario que lo ingieras. El aceite de coco tiene una estructura simple molecular permitiendo que en la piel se absorba rápidamente. Además de hidratar la piel, ayuda en el tratamiento del eczema, psoriasis, pie de atleta, y varias otras afecciones de la piel.


Mayonesa

Es muy buena en los sándwiches (sobre todo si es hecha en casa con ingredientes orgánicos) y puede hidratar y rejuvenecer tu rostro. Basta con frotar un poco de mayonesa en la cara y déjala durante 10-15 minutos. Los aceites de la mayonesa ayudan a hidratar, mientras que el vinagre actúa como un exfoliante, quitando las células muertas de la piel. Te sugerimos aprender a realizar una saludable mayonesa en tu propia casa.


SIEMPRE CONSULTA A TU MEDICO, para que mantengas tu cuerpo sano; ¿o ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? (1 corintios 6:19).

“Gracia y Paz”
La Buena Salud al alcance de Todos
Publicado por: Carlos Martínez M.
Fuente: Vida Lúcida

Toda la traducción al español con derechos reservados. Fuente en inglés: www.dailyglow.com

ORAR ES ACERCARSE A DIOS


1 Tesalonicenses 5:17-18
“Orad sin cesar. Dad gracias en todo…”

Orar es hablar con Dios. Él escucha la oración e invita a todos los hombres a volverse a él (Salmo 65:2; Isaías 45:22). Para el creyente, orar es la expresión de la vida nueva que Dios da a quien confía en él. La prueba de la conversión de Pablo fue que oró (Hechos 9:11). La oración traduce una relación personal con Dios, una relación de fe, de confianza.

La oración cristiana no es, de ninguna manera, un acto mágico que nos da cierto poder sobre los demás o sobre los acontecimientos. Tampoco es un misticismo con el que tratamos de penetrar en nuestra vida interior para alcanzar unos supuestos objetivos. No, la oración nos coloca sencillamente en la presencia de Dios. Cuando el cristiano ora, no está solo, está con Dios; no piensa en sí mismo, sino que mira al Señor.

Hay diferentes tipos de oración: la súplica, el clamor (¡Señor, sálvame!), la acción de gracias (¡Gracias, Señor!), la alabanza del que encuentra su gozo en Dios, la adoración que brota de nuestros corazones cuando nos damos cuenta de la grandeza del amor de Dios.

También oramos para discernir y cumplir la voluntad de Dios en nuestra vida. Mediante la oración tratamos de comprender lo que Dios desea, y lo aceptamos para cumplirlo. En la oración que presentó a sus discípulos, Jesús nos enseñó a decir: “Hágase tu voluntad” (Mateo 6:10).


“Gracia y Paz

La Buena Semilla