domingo, 12 de mayo de 2013

¿CON QUE FRECUENCIA INVOCAS A NUESTRO SALVADOR?



Salmos 18:3
“Invocaré á Jehová, digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos”.

David siempre estuvo resuelto a clamar a Dios en oración. Hagamos lo mismo nosotros también. Algunos no oran a Dios porque son pecadores; pero Jesús murió precisamente por los pecadores. Otros piensan que su caso es demasiado desesperado; pero Jesús dijo que los sanos no tienen necesidad de un médico, sino los enfermos. Y otros no claman a Dios porque ellos han fracasado en la vida; pero en Dios somos más que vencedores.

Hay otros que no claman a Dios porque todo anda bien. Este caso es el más peligroso de todos, cuando crees que puedes vivir en el pecado y te pareciera que Dios te ignora. Si este es tu caso, y sientes que es muy desesperado, te aconsejo entrar a la presencia de Dios por medio de la oración y que continúes así hasta que alcances la paz que viene por su hijo Jesucristo.

Finalmente, Hermano, te animo a que valores el privilegio que Dios nos da de poder ir al trono de su gracia y clamar a él como lo hizo David; así mismo hagámoslo nosotros ahora mismo, con un corazón humilde y quebrantado.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

¿USAS TU LENGUA PARA BENDECIR O PARA MALDECIR?



Santiago 3:1-10
“Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así”.

¡El que más y el que menos, en ocasiones habla demasiado! ¡Cuánto dolor se causa, cuántos hogares se desintegran, cuántos amigos se apartan, cuántas peleas se incitan por una palabra airada y dicha precipitadamente! Alguien dijo: “Si hablas cuando estás enojado darás el discurso del que más te arrepentirás en tu vida”. El pasaje de hoy nos alerta acerca del uso que damos a nuestra lengua, la cual siendo un miembro pequeño puede hacer grandes cosas. El apóstol Santiago la compara con un fuego pequeño, el cual puede encender un bosque grande y reducirlo a cenizas. También dice que es similar al pequeño timón que controla las grandes naves y las dirige en una dirección determinada. Este poder de la lengua puede ser usado para bien o para mal. “Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres”, dice el pasaje de hoy.

Debíamos usar la lengua con más frecuencia para hablar de nuestro Señor Jesucristo y contar a otros del amor y salvación que él nos ofrece. Pero aun en esta noble causa debemos ser muy cuidadosos, pues no todo el mundo está preparado para recibir un mensaje que no está de acuerdo a sus creencias. Romanos 14:1 dice: “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones”. También el apóstol Pedro en su primera carta escribió: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Es decir, está muy bien que testifiquemos a los demás acerca de nuestro Señor Jesucristo, pero debemos ser muy cuidadosos al hablar.

En su carta a los efesios, Pablo los exhorta a no hablar palabras ofensivas o descompuestas, sino aquellas que den gracia a los oyentes. Dice Efesios 4:29: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”. Y entonces les dice: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia”. Este es un consejo muy sabio, pues un corazón lleno de amargura y enojo siempre producirá palabras hirientes e insultantes, porque “de la abundancia del corazón habla la boca”, les dijo Jesús a sus discípulos (Lucas 6:45).

Muchos de los problemas que hemos tenido en el pasado los hemos causado nosotros mismos por haber pronunciado las palabras incorrectas en el momento equivocado. Ponte a pensar en tu propia vida y considera cuánto dolor has causado en el pasado por no haber cerrado tu boca, y simplemente haber abierto tus oídos. Santiago 1:19 dice: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse”. Si seguimos este consejo, con seguridad vamos a evitarnos problemas y, por el contrario, vamos a traer gozo y alegría a aquellos con los que nos relacionamos. Nunca olvides el poder que tiene tu lengua.

ORACIÓN:
Padre Santo, te ruego limpies mi corazón de toda amargura, ira y maledicencia para que por mi boca no salgan palabras que te deshonren. Que tu Santo Espíritu controle mi lengua, y todo lo que yo hable sirva para dar gracia a los demás. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

jueves, 9 de mayo de 2013

¿CÓMO EVALÚAS TU VIDA ESPIRITUAL?



2 Pedro 1:3-8
“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo”.

Muchas personas que han recibido a Jesucristo como su Salvador, todavía ceden ante las tentaciones del mundo con demasiada frecuencia. La práctica de su fe se convierte en una simple rutina superficial, en lugar de una convicción de corazón y un estilo de vida. Cuando se enfrentan a decisiones en las que están en juego las convicciones y la fidelidad al Señor, estás personas optan por marchar en sentido contrario a la Palabra de Dios porque no han llegado a convencerse de que pueden vivir de la manera que Cristo vivió. Existen varias posibles razones para esta errónea manera de pensar:

Primera. Ignorancia de la palabra de Dios y del poder y la autoridad que él nos da para vivir una auténtica vida cristiana.

Segunda. Piensan que su comportamiento es aceptable porque ven a otros cristianos actuando de la misma manera. El problema es que tienen su vista puesta en los demás, no en Jesucristo.

Tercera. Se resisten al concepto de rendirse completamente al Señor y someterse a su autoridad. De esta manera nunca conocerán el poder del Espíritu Santo para vencer el pecado.

Si tú te identificas con uno o más de estos puntos, empieza por recordar que eres una nueva criatura en Cristo. Así nos dice 2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. El pasaje de hoy nos instruye acerca del comportamiento que debe exhibir el creyente que desea llegar a ser “participante de la naturaleza divina”, de acuerdo a las promesas que hemos recibido al aceptar a Cristo como Salvador. Dice que debes “añadir a tu fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor”. No es fácil llegar a tener este comportamiento, pero puedes buscar la fuerza para lograrlo en el "divino poder", el Espíritu Santo que vive en ti, para huir de la corrupción de este mundo. Este poder está disponible para todo aquel que ha abierto su corazón a Cristo Jesús. Sólo tienes que decidir usarlo.

¿Quieres vivir una vida de verdadera victoria en Cristo? Comienza haciéndote el firme propósito de leer la Biblia y orar cada día. Si ya lo estás haciendo, entonces trata de aumentar tu tiempo devocional. Si actualmente dedicas 10 o 15 minutos diarios para buscar el rostro del Señor, proponte en tu corazón aumentarlo a 20 o 25 minutos, o quizás media hora, o más si es posible. A medida que pases más tiempo con Dios, sentirás más gozo y paz en tu corazón y te resultará menos difícil rechazar aquellas cosas que, tú sabes, no están de acuerdo a la voluntad del Señor.

Cuando ores, pide a Dios que apague el amor que sientes por las cosas del mundo y lo reemplace con amor por él y su Palabra. Ora como si todo dependiera de tu oración. Ora para que Dios te llene de su Santo Espíritu, y así puedas agradarle en todo lo que hagas. Entonces vas a disfrutar plenamente la vida abundante que Dios tiene para ti.

ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, por favor quita de mí toda atracción por las cosas del mundo y pon en mi corazón un ferviente deseo de buscar tu rostro cada día, y adorarte, y obedecer tu Palabra, y servirte para que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

miércoles, 8 de mayo de 2013

¿CUÁN LIMPIO ESTÁ TU CORAZÓN?



Salmo 51:6-12
“He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve. Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente”.

Este Salmo lo escribió el rey David después de haber sido confrontado por el profeta Natán en relación al adulterio cometido con Betsabé, y el posterior plan de eliminar a su esposo (2 Samuel capítulo 12). Aquí David expresa su dolor al reconocer que había pecado contra Dios, y entonces derrama su corazón quebrantado y arrepentido. El pasaje de hoy es una súplica al Señor por un corazón limpio y un espíritu recto.

Cuando recibimos a Jesucristo como nuestro Salvador personal, nuestros pecados son lavados por la sangre derramada en la cruz, y somos justificados y tenemos salvación y vida eterna. Pero mientras andamos en este mundo vamos a estar en contacto con la suciedad y la corrupción, y de una manera u otra nos vamos a “contaminar”. Durante el transcurso del día cualquiera podemos albergar en nuestras mentes pensamientos pecaminosos, o hacer comentarios que puedan herir, o podemos actuar de forma inapropiada en algún momento. Es decir, aún siendo salvos no estamos exentos de contaminarnos con la suciedad que nos rodea, y caer en pecado.

Cuando Jesús decidió lavar los pies a sus discípulos (Juan capitulo 13), inicialmente Pedro se negó a aceptar que el Maestro lavara sus pies, y el Señor le dijo: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo”. No quiso decir Jesús que Pedro no podía ser salvo si él no le lavaba sus pies, sino que la comunión con el Señor sólo podía ser mantenida con la acción continuada de purificación de su vida por la Palabra de Dios. Por eso, cuando Pedro obedeció accediendo a que Jesús le lavara los pies, el Señor le dijo: “El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos”. Es decir, “el que está lavado”, el que ha sido regenerado, sólo necesita “lavarse los pies”, o sea sólo tiene que lavarse de la contaminación del pecado. Todos los discípulos, excepto Judas, habían tomado el baño de la regeneración espiritual, ahora solamente necesitaban ser obedientes a las Escrituras para mantener su comunión con Dios.

La Biblia nos habla de purificación por medio del “lavamiento del agua por la palabra” en Efesios 5:26. En el aspecto espiritual, la manera en que nuestros corazones se limpian es a través de la Santa Palabra de Dios. Este es el “detergente espiritual” que nos mantiene limpios. Un corazón debe estar limpio para que la presencia de Dios se manifieste y el Espíritu Santo pueda llevar a cabo su obra. En el Sermón del Monte, Jesús dijo a sus discípulos: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8).

Dios nos ha dado un manual de instrucciones cuyo fin es mantenernos limpios, revelándonos nuestros pensamientos o nuestra manera de actuar que no están de acuerdo a su voluntad. Cuando esta revelación viene a nuestras vidas, como fue el caso de David a través de la palabra del profeta, y reconocemos nuestros pecados y nos arrepentimos y los confesamos, entonces la limpieza se manifiesta en nuestros corazones, como nos dice 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.

Cuando hacemos un hábito de la lectura de la Biblia y tenemos un tiempo de oración diariamente; cuando confesamos nuestros pecados y obedecemos las instrucciones del Señor, tendremos un corazón limpio, y sus bendiciones se derramarán sobre nuestras vidas. Así dice Proverbios 22:11: “El que ama la limpieza de corazón, por la gracia de sus labios tendrá la amistad del rey”.

ORACIÓN:
Amante padre celestial, una vez más te doy gracias por el sacrificio de tu Hijo, cuya sangre me ha limpiado de todo pecado. Revélame todo aquello que no está de acuerdo a tu voluntad en mi vida, y dame las fuerzas para rechazar todo lo que impida que yo tenga un corazón limpio y dispuesto a servirte. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

ORACIÓN



Padre amado, en tu Palabra dejas muy claro que para los que cumplimos tus mandamientos tu eres un Dios que nos ama y nos guía en nuestros pasos, que nos tiendes tu mano para protegernos y enseñarnos. Oh Dios, reconozco que hay tantos obstáculos, tantas distracciones en mi diario vivir, por favor oriéntame y dame señales cuando me este desviando del camino que con tu infinito amor has diseñado para mí. Protégeme de mi arrogancia y de la “inteligencia humana” que me dice que yo defino mi camino. Al estudiar tu Palabra veo claramente que Tú tienes un camino para mí, guíame y ayúdame a ser humilde para caminarlo junto a ti. Permíteme sentir la clase de amor que tu me dices en tu Santa Palabra: que mi amor hacia los demás sea sufrido, benigno; sin envidia, sin jactancia, sin envanecimiento; que no haga lo indebido, que no busque lo mío, que no me irrite, que no guarde rencor; que no me goce de la injusticia, mas me goce de la verdad. Que mi amor sea del que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Que mi amor nunca deje de ser. En el nombre de Jesús, Amen.


“Gracia y Paz a Todos”

¿AMAS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO?



Gálatas 5:14
“Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Todos los mandamientos se pueden resumir si tan solo obedecemos este mandamiento, porque el amor verdadero produce acción. La fe sin obras es muerta; es puro sentimiento. El verdadero amor se manifiesta en los hechos, y es posible solamente si nos sometemos a Cristo y dejamos que El Espíritu Santo haga su voluntad en nuestras vidas. Tal amor no tiene necesidad de mandamientos, amenazas ni galardones. Este amor cumple la ley.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

¡CLARO QUE HAY ESPERANZA!



1 Corintios 6:9-11
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios".

A través de toda la Biblia hay muchos pasajes que pueden ser mal interpretados o quizás llevados a extremos en su interpretación. Muchos creyentes se exceden en su celo religioso y muchas veces se basan en pasajes como el de hoy, fundamentalmente los dos primeros versículos, para condenar a aquellos que ellos consideran hacedores de maldad, proclamando con sus propias palabras algo así como: “Ustedes están condenados, y no tienen ninguna esperanza”. Sin embargo, sí existe una esperanza para aquellos que necesitan un cambio en sus vidas. Esta esperanza es Cristo Jesús. El último versículo del pasaje de hoy (v.11) dice: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”.

La Biblia dice que todos somos pecadores (Romanos 3:23). No hay ninguna excepción, pero en Cristo Jesús hay esperanza de una eternidad libre de pecado y condenación. Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador somos lavados, somos perdonados, somos justificados por medio de la sangre redentora del Cordero de Dios. Por lo tanto, aquellos que piensan que han hecho demasiadas cosas terribles para ser perdonados por Dios, presten atención a esto: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:1-2). No existe una ofensa o un pecado tan grande que no pueda ser cubierto por Su sangre. Este es un poderoso mensaje de esperanza para el mundo.

Cuando los escribas y los fariseos trajeron delante de Jesús a una mujer que había sido sorprendida en el acto de adulterio (Juan capitulo 8), para ella no había ninguna esperanza pues, según la ley, debía morir apedreada. Y estos judíos, con el fin de tentar a Jesús para poder acusarle, le dijeron: “Tú, pues, ¿qué dices?” (v.5). Y Jesús les contestó: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. Y dice la Biblia que ellos, “al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.” Entonces Jesús le dijo a la mujer: “¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (v.10-11) ¡Qué experiencia tan maravillosa vivió aquella mujer! No tenía ninguna esperanza, y se encontró frente a frente con el Hijo de Dios, el cual en su infinita gracia y misericordia perdonó su pecado, y le dijo: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. Allí Jesús manifestó su amor y su perdón, pero además expresó claramente la necesidad de un cambio en la vida de ella: “No peques más”, le dijo. En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo expresa este cambio en la vida de aquellos a quienes escribe de la siguiente manera: “Y esto erais algunos”.

¿Conoces a alguien que necesita este mensaje de esperanza en el día de hoy? ¿Sabes si esta persona conoce el poder redentor y restaurador de la sangre de Cristo? Hazte el propósito de compartir este mensaje con alguien, ya sea en tu centro de trabajo, entre tus vecinos o familiares, en el mercado o en cualquier lugar en que te encuentres. No existe un sentimiento más reconfortante que guiar a un inconverso al conocimiento de Aquel que dio su vida por la redención de nuestros pecados, y mostrarle que no todo está perdido, que hay esperanza de perdón y un cambio muy grande en su vida.

ORACIÓN:
Padre santo, te doy gracias por el mensaje de esperanza que nace del sacrificio de tu Hijo. Te ruego me capacites para transmitir a todos aquellos que viven sin una esperanza, las buenas nuevas de salvación a través de ese sacrificio. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

martes, 7 de mayo de 2013

NO HAY JUSTO... NI AÚN UNO



Romanos 3:10-12
“Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”.

Todos decimos que somos pecadores cuando se trata el asunto en términos generales, y lo aplicamos colectivamente, pero a la hora de la verdad, cuando cada quien piensa en sí mismo, son pocos los que aceptan realmente que en ellos no hay nada bueno. Si así no fuera no habría tanto problema entre la gente, tantos altercados, tanta violencia, tanto afán de autojustificación,  cada cual está constantemente defendiéndose... "Yo estoy bien; el que está mal eres tu".

En una de sus salidas, Jesús se encontró en el camino con un joven, quien le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios” (Marcos 10:17-18). Si Jesús mismo no se consideró bueno... ¿cómo seremos nosotros?. Fue por esa razón que Jesús vino al mundo, para salvar a los pecadores.

“Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido" (Lucas 18:10-14).


“Gracia y Paz”
Verdades Bíblicas

lunes, 6 de mayo de 2013

EL ALPISTE Y SUS BENEFICIOS




El alpiste es una de las semillas más nutritivas y poderosas en este planeta. Es rico en proteínas vegetales de gran calidad. Imagínate, unas seis cucharadas de alpiste tienen más proteína que dos o tres kilos de carne, pero además, las proteínas del alpiste no son nocivas ni de difícil digestión, sino son aminoácidos estables de muy buena asimilación.


Propiedades y elementos nutritivos del alpiste:

·      Poseen una potente capacidad de recarga enzimática.
·      Excelente fuente de antioxidantes, los cuales previenen el envejecimiento y el desgaste prematuro de la piel.
·      De gran contenido en proteínas vegetales.
·      Las enzimas de esta maravillosa semillita son remedio natural ideal para desinflamar órganos internos como el hígado, los riñones y el páncreas: el alpiste en un regenerador pancreático muy poderoso.
·      Ayuda notablemente a erradicar diabetes (en muy poco tiempo).
·      Elimina la cirrosis al aumentar el conteo de hepatocitos del hígado y de paso, claro, lo desinflama.
·      Recarga los riñones de enzimas, ayuda a eliminar exceso de líquidos.
·      Un gran remedio para afecciones de riñones y vejiga (cistisis), ya que mata bacterias en las vías urinarias, ya que favorece la diuresis que se produce en los riñones y por ende es favorable para la eliminación de líquidos del cuerpo.
·      Ideal para combatir la hipertensión.
·      Previene arteriosclerosis.
·      Ayuda en casos de gota, edemas, gastritis y úlceras de estómago.
·      Contiene lipasa, una enzima que ayuda a depurar grasas nocivas en las venas, arterias, o simplemente de los depósitos de grasa, por lo que sirve para como un remedio extraordinario contra la obesidad, celulitis, abdomen abultado, etcétera.
·      Aporta tono muscular.
·      Es un muy buen aperitivo.
·      Ayuda a quemar grasas, disminuye colesterol. Muy buen alimento para dietas de control de peso o para bajar colesterol.
·      Tiene propiedades emolientes.
·      Refrescante.


El alpiste también colaborara en la reducción de peso, y para este fin se deben tener en cuenta dos cosas antes de emplearlo:

1 - Que la efectividad dependerá de gran manera de toda nuestra dieta, además de una rutina de ejercicios idónea y una hidratación correcta.

2 - Que no se tome al alpiste como medio universal y único de rebajar kilos, ni se le tome como único alimento, ya que no obstante de poseer grandes propiedades y nutrientes por sí solo no puede complementar los requerimientos diarios para mantener la salud corporal.


Modos sugeridos de uso:

La parte empleada de la planta de Alpiste son las semillas.  El alpiste se puede consumir en infusión, extracto líquido o en forma de licuado.


En forma de Licuado:

·      En la noche deja remojar 5 o 6 cucharadas chicas de alpiste.
·      En la mañana cuela la mezcla y elimina el agua.
·      El alpiste que te ha quedado ponlo en la licuadora junto con una taza de agua y licua hasta que todo quede bien mezclado. Una vez finalizado cuela la mezcla.
·      La mezcla que has obtenido será una sustancia cremosa y blanca y debes beber un vaso de la mezcla en ayunas y otro antes de acostarte.


SIEMPRE CONSULTA A TU MEDICO, para que mantengas tu cuerpo sano.

“¿o ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 corintios 6:19).

“…dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno” (Génesis 1:11-12).

“Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer” (Génesis 1:29).

“He aquí Yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad” (Jeremías 33:6).

“Gracia y Paz”
La Salud al alcance de todos
Publicado por: Carlos Martínez M.
Fuente: Tu Salud Pura Vida


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¿REALIDAD O PENSAMIENTO INTELECTUAL?



2 Pedro 1:16
“No os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad”.

Juan 13:17
“Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis”.

Un creyente que anunciaba el Evangelio se quejaba de que no tenía éxito. Cierto día un comediante le dijo: «La diferencia entre nosotros dos es que yo presento las cosas irreales como si fuesen verdaderas, y usted presenta las cosas verdaderas como si fuesen irreales».

Esta impertinente observación nos interpela.

–Para nosotros, ¿Dios es realmente el Creador de todo y el Dueño del Universo? Si así es, la degradación de la naturaleza o la evolución de la sociedad no deben angustiarnos, pues todo está bajo su control, pero esto no quita la responsabilidad de respetar el medio ambiente.

–Para nosotros ¿es una realidad que quienes no conocen a Jesús como su Salvador personal irán al infierno eternamente? Si así es, esto debería motivarnos a anunciar el Evangelio.

–¿Estamos seguros del amor de Dios tal como es presentado en la Biblia? Si es así, dicha seguridad debería de alejar nuestros temores y preocupaciones en las situaciones difíciles.

–¿Estamos seguros de que la Biblia es la Palabra viva de Dios? Si así es, cada día deberíamos dedicarle el tiempo necesario para leerla.

–¿Creemos realmente que, según la promesa de la Biblia, Jesús vendrá a buscar a los suyos para llevarlos a su cielo de gloria? Si así es, vamos a darle menos valor a las riquezas terrenales y tengamos Fe de que él regresará por nosotros y esperémosle con más fervor.


“Gracia Y Paz”
La Buena Semilla

ORACIÓN




Salmo 99:8
“Jehová Dios nuestro, tú les respondías; Les fuiste un Dios perdonador, Y retribuidor de sus obras”.

ORACIÓN
Amado Dios, por favor perdona mis pecados, perdona mi inmadurez, perdona mis errores y ayúdame a comprender que aun cuando goce de tu perdón tendré que vivir las consecuencias de mis acciones. Ayúdame a comprender que uno de tus atributos es la Justicia. Dame la inteligencia, la sabiduría y la humildad para entender y reflexionar, para poner todas mis acciones en oración a ti antes de que yo actúe. En el nombre de Jesús, Amen.

“Gracia y Paz”

¿ESTÁS TÚ EN CAMINO?



1 Juan 2:25
“Y esta es la promesa, la cual él nos prometió, la vida eterna”.

En “El Progreso del Peregrino”, por John Bunyan, cuando Peregrino se pone en camino hacia La Ciudad Celestial, sus vecinos le dicen que no hay que llevar la religión al extremo, y que él está decepcionado, o hecho un tonto, y que debe regresar a La Ciudad de Destrucción; pero él se tapa los oídos con sus dedos y corre velozmente clamando: “La vida, la vida, la vida eterna”.

Esta es la determinación y firmeza que debemos demostrar en nuestra jornada diaria hacia La Ciudad Celestial. Piénsalo, ¡Vida eterna!,  Es como dice la canción, “No me importa lo que hacen los demás, estoy en camino”.


“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

¿QUÉ SIGNIFICA CREER?



Juan 6:25-36
“Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis”.

Un misionero norteamericano que se encontraba en África, se vio en dificultades mientras trataba de traducir el Evangelio de Juan al dialecto local. No podía encontrar una palabra para comunicar la idea de creer. Se esforzaba mucho, pero siempre tenía que dejar un espacio en blanco cuando llegaba a esa palabra en particular. Un día, uno de los nativos llegó al campamento corriendo y jadeando después de haber recorrido una gran distancia con un mensaje muy importante. Una vez hubo contado su historia, se desplomó completamente exhausto en una hamaca cercana. Dijo en voz baja una breve frase que parecía expresar tanto su gran cansancio como su satisfacción por encontrar tan exquisito lugar para relajarse. El misionero, que nunca antes había escuchado esas palabras, preguntó a un indígena que sabia inglés qué había dicho el que llegó corriendo. Oh, lo que él dijo es algo así como “He llegado al final de mis fuerzas, por tanto echo aquí todo mi peso". El misionero exclamó: “¡Bendito sea el Señor! Esa es la expresión que necesito para la palabra creer”.

Creer, en el verdadero sentido de la palabra, de la manera en que Dios espera que creamos, implica en primer lugar admitir que somos pecadores, que no somos tan buenos y puros como pensábamos y que además somos totalmente incapaces de hacer algo para salvarnos a nosotros mismos. Habiendo llegado a esta conclusión, nos entregamos a Cristo completamente y sin reservas, reconociendo que él es el único que puede salvarnos, y echamos sobre él todas nuestras cargas.

Millones de personas en el mundo dicen que creen. Realmente es fácil decir: “Yo creo”. Pero, en primer lugar, ¿en qué creen? No es solamente creer, sino en qué creer y en quién creer. Y además, cual es "la razón" en la cual se basa el creer. ¿Es acaso fe? ¿Es “la convicción de lo que no se ve”? (Hebreos 11:1). Por ejemplo, en el pasaje de hoy, Jesús se dirige a un grupo de judíos que le seguían. El Señor, conociendo sus corazones, les dice que ellos lo buscaban a él no porque hubiesen “visto las señales” y hubiesen creído, sino porque se habían saciado de comida, es decir por su propia conveniencia. Y después les dice: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”. Más adelante, en este mismo capítulo, versículo 40, Jesús dice: “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

¿Crees tú en el Dios todopoderoso? El único, el verdadero, el que es el mismo ayer, y hoy y por los siglos: Cristo Jesús. ¿Y cómo crees en él? ¿De qué manera crees tú en Dios? Muchos dicen: “Yo creo en Dios... a mi manera”. Pero sólo existe una manera de creer, y es la que dice la Biblia: Creer de todo corazón, sin la más mínima duda de que Dios todo lo puede y no hay nada imposible para él. Y entonces dejarse caer en sus brazos con absoluta confianza. El resultado será paz y descanso para el alma.

ORACIÓN:
Bendito Dios, te doy gracias porque enviaste a tu Hijo para que todo aquel que en él cree tenga vida eterna. Por favor, ayúdame a creer de todo corazón, como es tu voluntad, para poder disfrutar a plenitud la vida abundante que él vino a traernos. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

domingo, 5 de mayo de 2013

SOBRECOGIMIENTO



Isaías 6:3
“Santo, santo, santo, Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria”.

1 Juan 5:20
“Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna”.

A lo largo de los siglos, los creyentes han experimentado confianza y temor a la vez en la presencia de Dios. Moisés, al oír la voz de Dios, “cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios” (Éxodo 3:6). Este temor, manifestado también por otros creyentes como ­Isaías o Pedro, no es miedo, sino un sobrecogimiento al estar en contacto con lo que sobrepasa el mundo.

Esto es más que un objeto, una fuerza, una persona, un ser. Es Dios, aquel que creó el mundo, quien se reveló a Moisés, diciéndole: “Yo soy el que soy” (Éxodo 3:14), expresión insondable. Sin él todo quedaría en la nada.

Pero este Dios impresionante es un Dios de bondad cuya presencia llena de alegría al creyente. Atraído hacia Dios, el creyente puede testificar: “En cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien” (Salmo 73:28). La actitud del adorador puede resumirse en dos palabras: respeto y agradecimiento. Se inclina ante Dios por lo que Él es y le expresa su admiración por lo que ha hecho.

Nos sentimos impulsados a adorar cuando meditamos en el extraordinario hecho de que Dios, el Dios de eternidad, haya venido a tomar nuestra condición humana. Sí, Jesús, el unigénito Hijo de Dios, se hizo hombre. Sufrió, lloró, murió y volvió a la vida. Hizo todo eso para darnos la vida, una vida eterna en comunión con él. Su amor lo llevó a descender hasta nosotros para salvarnos.

“Gracia y Paz”
La Buena Semilla