sábado, 6 de octubre de 2012

CORRIGE A LOS DEMÁS AMABLEMENTE


2 Timoteo 2:23-26
“Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas. Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él”.

El mundo en que vivimos es cada vez más corrupto, la maldad se multiplica por día, la hostilidad hacia todo lo que se relaciona con Dios aumenta constantemente. Sin embargo, aun en medio de todas estas circunstancias negativas, las mismas reglas y principios que debían caracterizar a un siervo del Señor en los tiempos del apóstol Pablo se mantienen en la actualidad. En el pasaje de hoy, Pablo exhorta a su hijo espiritual Timoteo a que sea amable con todos, pero firme en sus principios cristianos. Que corrija con mansedumbre a los que se oponen, y que no sea contencioso, sino más bien que esté listo para enseñar a los demás. Esta debe ser nuestra manera de actuar. La amabilidad y el respeto deben definir nuestro testimonio a un mundo incrédulo.

Cuando, por orden del rey Nabucodonosor, el joven Daniel y otros jóvenes israelitas fueron llevados a Babilonia para ser entrenados en “las letras y la lengua de los caldeos” (Daniel capítulo 1), se les designó “ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía.” (v.5). Y dice la Biblia que “Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse”. Daniel defendió sus principios en medio de una cultura pagana, y decidió no contaminarse con comida y bebida que Dios había dicho estaban prohibidas para los judíos. Por eso pidió a sus aprehensores otro menú para él y sus amigos. En vez de mostrar intransigencia y negarse a comer, Daniel pidió permiso para adoptar otra dieta. Al negarse el oficial en principio, Daniel prosiguió hacia su meta haciendo una petición amable al jefe de los eunucos: “Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber. Compara luego nuestros rostros con los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey, y haz después con tus siervos según veas”. Así les fue concedido, y “al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la porción de la comida del rey” (v.15). Podemos aprender del ejemplo de Daniel, el cual adoptó una posición osada para honrar a Dios, pero actuó con amabilidad y prudencia en vez de asumir una actitud negativa y contenciosa.

También el apóstol Pedro en su primera carta hace énfasis en estos principios. El escribió: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Debemos estar siempre preparados para defender la razón de nuestra esperanza, es decir la palabra de Dios, el evangelio de Jesucristo. Hablemos de la única verdad con firmeza y autoridad, pero a la vez con humildad, con amabilidad y con reverencia. No hemos de transigir en nuestro compromiso con Cristo, sino que hemos de estar siempre dispuestos para contestar a cualquiera que nos pregunte acerca de la base de nuestra esperanza. Pero no olvidemos actuar amablemente de manera que honremos al Señor con nuestro testimonio.

Busca diariamente el rostro del Señor en oración, escudriña su Palabra y medita en ella. Pide a Dios que llene tu corazón de su amor y que te de discernimiento y sabiduría espiritual para hablar a los demás de la manera que enseña su Palabra.

ORACIÓN:
Mi bendito Dios y Señor, te ruego me des sabiduría para testificar de ti, y llenes mi corazón de tu amor y tu bondad para poder hacerlo con amabilidad y mansedumbre, de manera que tu nombre sea glorificado. Por Cristo Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

BAJA LAS MANOS


Salmo 46:10
“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios…”

Creo que tengo grabadas las huellas digitales de mi madre en la rodilla por tantas veces que me apretó la pierna en la iglesia y me susurró frases conocidas como: «Quédate quieto». De niño, era muy inquieto; en especial, en lugares como la iglesia. Por eso, durante años, cuando leía: «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios…» (Salmo 46:10), pensaba que se refería a no estar inquieto.

Sin embargo, la palabra hebrea traducida quietos significa «dejar de luchar». La idea es bajar las manos y dejar que Dios intervenga en la situación, sin que uno interfiera. Este simbolismo es interesante, ya que solemos usar las manos para apartar cosas del camino, para protegernos o para contraatacar. Cuando las bajamos, nos sentimos indefensos y vulnerables, a menos que podamos confiar en que «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones» (v. 1), y que «el Señor de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob» (v. 7). En otras palabras, ¡deja de luchar y espera que el Señor obre!

En todas las circunstancias de la vida, podemos experimentar la paz de confiar en la presencia y el poder de Dios en medio de las dificultades, cuando aguardamos en oración y con paciencia que Él nos libre. Así que, ¡baja las manos, porque las de Dios están obrando a tu favor!

Cuando ponemos nuestros problemas en las manos de Dios, Él pone paz en nuestro corazón.



LEA: Salmo 46
Biblia en un año: Sofonías 1–3

“Gracia y Paz”
Nuestro Pan Diario

SIGUIENDO A JESÚS


Marcos 1:17
“Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres”.

Charles G. Finney quien dijo un poco después de convertirse a Cristo, “Ninguna actividad, ningún trabajo me ha parecido tan dulce como el de ganar almas a Cristo”. Al referirse Jesús a la actividad de ganar almas “Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres” Mateo 4:19.

¿Pero cómo ganamos almas a Cristo? La cosa mas importante no es un seminario, educación, etc., Estas cosas son muy buenas y útiles. No son un impedimento, (generalmente). Pero la cosa número uno es seguir a Cristo. El dijo, “Seguidme y LES HARÉ pescadores de hombres”. Un poco después del día de Pentecostés Pedro y los otros discípulos estaban predicando, enseñando la Palabra a la gente, y mucha gente aceptaba a Cristo, y los fariseos se maravillaban porque sabían que los discípulos eran gente humilde y sin educación, y se acordaban que “ellos habían estado con Cristo”. Ahí está el detalle. Esto fue la razón de su atrevimiento, y su elocuencia; habían estado con Jesús; le habían seguido a él.

Si tú de verdad sigues a Jesús, él cambiará tú vida, él te dará la audacia, y el atrevimiento de hablar por él, y él te dará una compasión por los que están perdidos y sin esperanza, y él te hará “pescador de hombres”.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

PARA ALIVIAR EL PESO DE NUESTRAS CARGAS


Mateo 11:28-30
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi ca Mateo 11:28-30rga”.

Todos llevamos muchas cargas a lo largo de la vida.  Algunas pueden referirse a cosas cotidianas como las finanzas o las relaciones, pero podemos también sentirnos abrumados por las incógnitas del futuro. Éstas pueden abrumarnos hasta el punto del agotamiento, si no las manejamos bíblicamente.

Jesús sabía lo difícil que sería la vida para nosotros. Después de todo, Él era humano también. Pero nuestro Salvador no quería que lleváramos un peso innecesario, porque sabía que nuestro Padre celestial puede llevarlo por nosotros.

Por eso dijo las palabras del pasaje de hoy; son palabras llenas de promesa y de esperanza de alivio. Pero, ¿cómo podemos aplicar de manera práctica lo que nos está diciendo, en medio de las dificultades? Primero, Él quiere que reconozcamos que tenemos una carga específica y que identifiquemos el problema. Finalmente, podemos llevarlo ante Él. Dios nos dice que se lo entreguemos a Él (Salmo 55:22), y Dios llevará nuestra carga.

Si nos arrodillamos ante Dios en oración, y le pedimos que se ocupe del problema, podemos sentirnos libres de esa carga. Aunque Él puede cambiar las circunstancias, a menudo permite que sigan ahí. Podemos seguir pensando en el problema y vivir con sus implicaciones, pero ya no tendremos que ceder bajo su presión.

¿Está usted llevando una carga pesada? Encuentre alivio en el Salvador, poniendo sus preocupaciones en sus poderosas manos. El Señor Jesús desea que usted tenga paz, incluso en medio de las pruebas. Y ha provisto todo lo que se necesita para ser libre de las cargas. ¿Dejará que Él se las quite?

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

viernes, 5 de octubre de 2012

LA LECCIÓN DEL HIJO PRÓDIGO


Lucas 15:20
“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó”.

Yo creo que el hijo pródigo volvió a casa por lo que había vivido con su padre, por la historia que tenían. Este joven conocía el carácter de su padre - y aparentemente había recibido un gran amor de él. Él debió de haber sabido que si retornaba, él no sería condenado por sus pecados ni les serían echados en cara.

Note cómo el padre del hijo pródigo lo recibió en tal lamentable estado. El joven tenía intención en ofrecer una confesión de todo corazón a su padre. Pero cuando él vio a su padre, él no tuvo la oportunidad de confesar completamente. Su padre lo interrumpió corriendo hacia él y lo abrazó.

El joven sólo pudo pronunciar el comienzo de su disculpa, diciendo, “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (v. 21). Pero su padre no esperó a que terminara. Para él, el pecado del joven ya había sido saldado. La única respuesta del padre fue dar una orden a sus siervos: “Pónganle el mejor vestido a mi hijo y anillos en sus dedos. Preparen un festín, porque vamos a celebrar. Regocíjense todos – mi hijo está en casa”.  Él conocía el corazón de su hijo. Él sabía que se había arrepentido completamente.

El pecado no era el tema para este padre. El único tema en su mente era el amor. Él quería que su muchacho supiera que fue aceptado aún antes de que él pudiese pronunciar una confesión. Y ese es el punto que Dios quiere mostrarnos a todos: Su amor es más grande que todos nuestros pecados. “Su benignidad te guía al arrepentimiento” (Romanos 2:4).

“Gracia y Paz”
David Wilkerson

¿QUÉ ESTÁS HACIENDO TÚ?


Nehemías 1:1-4
“Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos”.

Nehemías había nacido en el exilio y allí llegó a ser copero de Artajerjes rey de Persia, posición muy privilegiada y de gran influencia en el reino. Sin embargo, cuando Nehemías supo como se encontraban los judíos en la tierra de Judá, y del estado de ruina en que estaba Jerusalén, y su muro derribado y sus puertas quemadas sintió gran tristeza en su alma e inmediatamente se puso en ayuno y oración, haciendo duelo y clamando al Dios de los cielos. Así comenzó una de las historias más edificantes de la Biblia, acerca de un hombre que no se limitó a lamentarse por aquella triste situación que estaban viviendo sus hermanos judíos, sino que, a pesar de los enormes obstáculos decidió actuar con el fin de reedificar los muros de Jerusalén.

Las oraciones de Nehemías fueron contestadas y pronto Dios comenzó a mover las circunstancias. Un día estando Nehemías sirviendo el vino al rey, este se dio cuenta de que algo no andaba bien y le preguntó: “¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón” (Nehemías 2:2). Esto dio oportunidad a Nehemías de exponerle al rey el motivo de su tristeza, e incluso se llenó de valor y le pidió permiso para ir a Judá a resolver el problema. Dios le dio gracia ante los ojos del rey, y este le concedió lo que pedía con creces, pues además lo nombró gobernador de Judá, y le dio cartas para facilitarle conseguir la madera y otros materiales necesarios para la obra de reconstrucción.

Así partió Nehemías con rumbo a Jerusalén, y al llegar lo primero que hizo fue dar un recorrido por toda la ciudad con el fin de tener una buena idea de la magnitud del trabajo que tenían que realizar. Y como si fueran pocas las dificultades e inconvenientes que tenían frente a ellos, comenzaron a aparecer enemigos de las ciudades cercanas que se oponían vehementemente a la reconstrucción del muro, el cual haría de Jerusalén nuevamente una ciudad fortificada y segura. Entonces Nehemías se dirigió a aquellos que participarían en la obra de construcción y les dijo: “Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio. Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho” (Nehemías 2:17-18). Entusiasmados por la exhortación de Nehemías, aquellos hombres se levantaron decididos a derrotar todos los obstáculos que había ante ellos, y dijeron: “Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien”. Y comenzaron la obra de reedificación del muro. De esta manera, con la ayuda de Dios, terminaron la obra de reconstrucción. Y dice la Biblia que dedicaron el muro en una gran fiesta en la que todo el pueblo celebró la victoria “con alabanzas y con cánticos, con címbalos, salterios y cítaras” (Nehemías 12:27).

¿Cómo aplicamos esta enseñanza en nuestras vidas? Al igual que usó a Nehemías, Dios puede usarnos a nosotros. Estamos viviendo en un mundo perdido, cada vez más corrupto e inmoral en el que una gran cantidad de personas, muchas de ellas conocidas nuestras, viven en tinieblas caminando ciegamente hacia la condenación eterna. A muchos de nosotros nos duele esta situación, pero la pregunta es: ¿Qué estamos haciendo? ¿Nos limitamos a lamentarnos y a orar por esas almas perdidas, o seguimos el ejemplo de Nehemías y ponemos manos a la obra? Pídele a Dios que te capacite y te use como instrumento para llevar a cabo su plan de salvación para esta humanidad.

ORACIÓN:
Bendito Dios, te ruego me ayudes a dejar de ser insensible ante la maldad y el pecado de este mundo, y de alguna manera ser instrumento tuyo para hablarle a los demás de la salvación que tú ofreces. En el nombre de Jesús. Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

UNA ORACIÓN PARA TODOS


Colosenses 1:9-14
“Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”.

Si alguna vez ha estado usted confundido en cuanto a cómo debe interceder por alguien, la oración de Pablo en Colosenses es apropiada para toda persona y toda situación. Porque encaja a la perfección con la voluntad de Dios, usted puede hacer uso de estas peticiones con mucha confianza, tanto a favor de usted como de los demás:

Ser llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual. No sólo necesitamos conocer el plan de Dios para nuestras vidas; también se requiere discernimiento para distinguir su voz.

·     Andar como es digno del Señor, agradándole en todo. Nuestras vidas deben tener como modelo a Aquel que seguimos, para agradarle y darle gloria.

·     Llevar fruto en toda buena obra. En vez de encerrarnos en nuestro trabajo, posesiones, placeres y planes, debemos contribuir por el bien de los demás.

·     Crecer en el conocimiento de Dios. Al leer su Palabra, aplicarla a nuestras vidas, y obedecer sus caminos, tendremos una compresión más profunda del Señor.

·     Fortalecidos con todo poder, para mantenernos firmes. Solo con el poder del Espíritu Santo es posible vivir la vida cristiana.

·     Dar gracias con gozo al Padre por todo lo que ha hecho por usted. Los creyentes deben caracterizarse por el gozo y la gratitud.

A menudo, centramos nuestras peticiones en necesidades temporales, pero dejamos de ver la obra espiritual más profunda que Dios quiere hacer. Sus oraciones serán efectivas si cambia el énfasis de las peticiones, a los deseos y la voluntad del Señor. Él le transformará a usted y a las personas por quienes interceda.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

GRACIA Y PAZ


1 Corintios 1:3
“Gracia y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo”.







La gracia es el favor y la bendición que no merecemos, pero Dios nos la da solamente porque conocemos a su hijo, Jesucristo. La gracia y la salvación fluye de nuestra posición en Cristo. Gracia, y Paz. También la paz fluye de la misma fuente. La paz es la tranquilidad y la seguridad que tenemos porque nos hemos rendido a Cristo, y él vive en nuestro corazón. Tenemos paz, porque nos hemos sometido al Príncipe de la Paz, es decir, a Jesucristo.

Por otro lado, La Biblia dice de la persona que sigue en sus caminos sin arrepentirse, “El que no pone su fe en el Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él (Juan 3:36). “La maldición de Jehová está en la casa del impío” (Proverbios 3:33) y “El que no toma su cruz, y sigue en pos de mí, no es digno de mí” (Mateo 10:38).

Mi deseo para ti es el mismo que dice Pablo aquí, “Gracia y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo”. Amén.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

jueves, 4 de octubre de 2012

¿CÓMO TRATAS TÚ A LOS NIÑOS?


Mateo 19:13-15
“Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí”.

Muy raro es el día en el que no leemos en los periódicos o vemos en la televisión alguna noticia de abusos cometidos en niños. Es como una epidemia diabólica de abusos sexuales y de maltrato físico perpetrados en inocentes criaturas, en ocasiones bebitos de apenas unos meses de nacidos. La corrupción y la degeneración del ser humano han llegado a tal punto que cada vez son más los casos de personas que encuentran placer al ejecutar este tipo de abusos en los niños.

En el pasaje de hoy, Jesús hace una pausa mientras lo rodea una gran multitud para recibir a unos niños que le trajeron y los bendice, y muestra su amor poniendo sobre ellos las manos. En tan grande estima tiene Dios a los niños que Jesús declara que “de ellos es el reino de los cielos”. Y en Marcos 9:36-37 dice que Jesús “tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió”. Cuando miramos a un niño, realmente estamos mirando a Jesús, nos dice este pasaje. Cuando actuamos con un niño estamos actuando con Jesús. Cuando recibimos con amor a un niño, estamos realmente mostrando amor a Jesús. Hacer lo contrario traerá siempre horribles consecuencias. Así lo expresa el Señor en Mateo 18:6: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar”.

Constantemente tenemos algún tipo de contacto con niños. ¿Cómo actuamos? ¿Nos resultan molestas sus “malacrianzas”? ¿O somos pacientes y tratamos de ayudarlos y mostrarles amor? Nuestras palabras y nuestras acciones pueden quedarse grabadas para siempre en la mente de un niño, sea para bien o para mal.

Hay muchas maneras en que podemos ayudar a un niño. Un matrimonio norteamericano, Larry y Betty Bartells, tenían una buena vida. Tenían seis hijos, una buena casa, buenos empleos. Podían haber pasado el resto de su vida viviendo cómodamente, esperando el momento en que el último hijo se graduase de la universidad para disfrutar esa época de la vida en que los hijos se hacen adultos. Pero el Señor tenía otros planes para ellos. Dios puso en sus corazones amor por los niños desamparados. Les puso una carga por el número cada vez mayor de niños para quienes cada día es una pesadilla de hambre y peligro. Así, a una edad en que la mayoría de las personas se preocupa por sus inversiones y sus planes de jubilación, los Bartells partieron hacia Sur América con el fin de abrir un orfelinato. En Lima, Perú, hay miles de niños que no conocen la palabra “hogar”. Larry y Betty encontraron una casa suficientemente grande como para albergar muchos niños, y abrieron sus puertas. Sus responsabilidades de padres se desarrollaron al máximo al recibir veinte niños en su casa y hacerlos parte de la familia.

No todos podemos hacer lo que hicieron los Bartells. Pero todos podemos ayudar de alguna manera. Podemos apoyar financieramente a algunos ministerios de buena reputación que se ocupan de cuidar y alimentar niños de todas partes del mundo. Podemos participar de diferentes maneras en actividades para niños en áreas cercanas a donde vivimos. Podemos prometer mantener en oración a esos niños. Y sobretodo pongamos especial atención en hacer llegar a ellos la Palabra de Dios, pues de esta manera estamos creando una base sólida para sus vidas que va a tener influencia en ellos aún cuando sean adultos, y en sus hijos y en los hijos de sus hijos. Dice Proverbios 22:6: “Instruye al niño en Su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego que envíes tus ángeles a cuidar de tantos niños indefensos que en estos momentos están siendo abusados de una manera u otra. Ayúdame a ser un instrumento de tu amor cada vez que tenga algún contacto con un niño. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

EL MOMENTO OPORTUNO


Romanos 8:28
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”

Pasaron unos cuantos meses hasta que comprendí que lo que consideré un encuentro casual había sido oportunamente programado por mi futuro esposo.

Me había visto desde el balcón de la iglesia, había deducido por dónde iba a salir, bajó dos pisos corriendo por la escalera y llegó unos segundos antes que yo. Cuando informalmente sostuvo la puerta e inició una conversación, yo ignoraba que su «espontánea» invitación a cenar había sido premeditada. Actuó en el momento preciso.

Hacer algo en el momento preciso es poco común; al menos, en lo que respecta a los seres humanos. Pero Dios tiene propósitos y planes específicos para nosotros, y su horario siempre es perfecto.

Vemos esto en la vida de personajes bíblicos como el siervo de Abraham cuando oró por una esposa para Isaac, y Dios respondió a su oración haciendo que la joven se le acercara (Génesis 24). A José lo vendieron como esclavo, lo acusaron falsamente y lo arrojaron en una cárcel, pero, con el tiempo, Dios lo utilizó para preservar la vida de muchas personas durante una hambruna (45:5-8; 50:20). También nos maravillamos ante la valentía de Ester cuando Mardoqueo le recordó: «¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?» (Ester 4:14).

¿Te frustra el ritmo de los planes de Dios? «Confía en el Señor» (Salmo 37:3). Dios abrirá puertas cuando sea el momento preciso.

El tiempo de Dios es perfecto… ¡siempre!.

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LEA: Salmo 37:3-11

Biblia en un año: Nahum 1–3
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“Gracia y Paz”
Nuestro Pan Diario

¿CREE QUE DIOS ESCUCHA SUS ORACIONES?


1 Juan 5:14-15
“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”.

Dado que la oración es una práctica común de los creyentes, es fácil con el tiempo caer en hábitos que dan como resultado una vida de oración apática y vacía. En vez de tener una conversación dinámica con peticiones bien pensadas, y un oído activo a la respuesta de Dios, nuestras oraciones pueden parecerse más a una lista de compras. La comunicación con el Señor es una parte muy vital de la vida cristiana, y por eso necesitamos examinar lo que estamos haciendo.

Comience por hacerse las siguientes preguntas:

¿Qué tan efectivas son mis oraciones? ¿Está Dios respondiendo mis oraciones, o parece que éstas nunca pasan del techo?

¿Por quiénes estoy orando? ¿Son la mayoría de mis peticiones por mí mismo, o por los demás?

¿Qué le pido al Señor que haga? ¿He mirado su Palabra para ver lo que Él quiere, o estoy tratando de que intervenga de acuerdo con mis planes y mis deseos?

¿Cuándo oro? ¿Solamente en situaciones de emergencia o cuando necesito algo?

Si descubrió algún egoísmo en sus oraciones, no es el único. Muchos tenemos problemas para entrar a la presencia de Dios con nuestros ojos centrados en Él. La única manera para orar con impacto, es llenar nuestra mente con la Palabra, para saber así qué quiere hacer el Señor.

Su vida de oración puede llegar a ser efectiva y dinámica, si se acerca a Dios con un corazón limpio (Salmo 66:18), alinea sus peticiones con su voluntad, y cree que Él hará lo que dice (Marcos 11:24). Entonces podrá orar con absoluta confianza, sabiendo que Él escuchará y responderá sus peticiones.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA


Lucas 20:36
“Porque no pueden ya más morir: porque son iguales á los ángeles, y son hijos de Dios, cuando son hijos de la resurrección”.

En este mundo, la muerte es lo normal. Amigos, parientes, y gente en los noticieros pasan a la eternidad uno por uno diariamente. Los funerales, el llanto y las lágrimas, y los ritos al lado de la tumba forman parte íntegra de nuestra vida aquí en este mundo. ¿Pero el mundo que viene? ¿El cielo que nos compró Jesucristo por su sangre? No va haber llanto por amados que mueren, y no va haber ansiedad por la seguridad de los que amamos. Jesús dijo: “De la mano del sepulcro los redimiré, librarélos de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh sepulcro…” Oseas 13:14. “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” Juan 11:25. De modo que si de veras pertenecemos a Él, podemos decir, “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?” 1 Corintios 15:55.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

martes, 2 de octubre de 2012

ORACIÓN EN TIEMPOS DE INCOMPETENCIA


Nehemías 2:1-10
“Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia, me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera. Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego? Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré. Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo. Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá; y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí. Vine luego a los gobernadores del otro lado del río, y les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo. Pero oyéndolo Sanbalat horonita y Tobías el siervo amonita, les disgustó en extremo que viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel”.

Después que Nehemías se enteró de la desesperada situación de los judíos que habían regresado del exilio a Jerusalén, su corazón estaba agobiado (Nehemías 1:3, 4). Al conseguir su atención de esta manera, el Señor pudo revelarle a Nehemías lo que Él quería que hiciera. La Escritura no detalla su reacción al darse cuenta de que iba a ser parte de la solución, pero podemos imaginar la sensación de incompetencia que lo envolvió. ¿Cómo podría él ser de ayuda? Ni siquiera estaba cerca de Jerusalén, y en su posición como servidor del rey, no tenía la libertad de hacer las maletas y marcharse.

Pero, cuando Dios pone una carga en nuestro corazón, Él abrirá una puerta para llevar a cabo su voluntad. En este caso, el Señor usó la expresión de tristeza y la desesperada oración de Nehemías para preparar a un rey pagano para que lo enviara en su misión.

¿Cómo responde usted cuando siente que el Señor le está llamando a una tarea que parece estar más allá de sus capacidades? ¿Hace una lista de todas las razones que tiene para no hacerla? Dios ya conoce todo sobre usted y la situación. No le está pidiendo su permiso para proceder, sino que le está llamando a avanzar con fe y obediencia. Él no cometió ningún error al escogerle para la tarea, pero usted cometerá un gran error si se niega a realizarla.

Dios le preparará para seguir su llamado. El Espíritu Santo mora en cada creyente, y hace que cumplamos con la misión del Señor. No deje que el  sentimiento de incompetencia le impida obedecer, mas bien póngase de rodillas para que pueda levantarse con una visión y un poder renovados.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

ESTAR SATISFECHO

Filipenses 4:11

“…he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”.

Es difícil lograr contentamiento. Aun el apóstol Pablo, un héroe de la fe, tuvo que aprender a sentirse satisfecho. No era una característica natural de su personalidad.

Es verdaderamente asombroso que haya escrito que estaba contento en toda circunstancia. Cuando escribió esto, estaba preso en Roma. Acusado de sedición, traición y otros delitos graves, había apelado al tribunal supremo: César. Sin ningún otro recurso legal ni amigos en puestos influyentes, tuvo que esperar que atendieran su causa. Daba la impresión de tener derecho a ser una persona impaciente y desdichada. Sin embargo, les escribió a los filipenses para decirles que había aprendido a estar contento.

¿Cómo aprendió a estar así? Poco a poco, hasta que pudo estar satisfecho incluso en situaciones desagradables. Aprendió a aceptar todo lo que se le cruzaba en el camino (v. 12) y a recibir con gratitud toda la ayuda que pudieran darle los demás creyentes (vv. 14-18). Y lo más importante de todo: reconocía que Dios estaba supliendo todas sus necesidades (v. 19).

El contentamiento no es algo que le brote naturalmente a nadie. Nuestro espíritu competitivo nos impulsa a comparar, a quejarnos y a codiciar. Pocos se encuentran en apuros como los de Pablo, pero todos enfrentamos dificultades en las que podemos aprender a confiar en el Señor y a estar contentos y satisfechos.

EL CONTENTAMIENTO NO ES TENER DE TODO, SINO AGRADECER POR TODO LO QUE UNO TIENE.

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LEA: Filipenses 4:10-20

Biblia en un año: Miqueas 1–4
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“Gracia y Paz”
Nuestro Pan Diario