jueves, 20 de septiembre de 2012

EL QUE CREE EN MI, TIENE VIDA ETERNA


Juan 6:47
“De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna”.

¡Aquí tenemos una invitación de verdad! Es ofrecida a todos, sin referencia a tu posición social, tu educación, tu preferencia política, etc. No hay ninguna montaña que tienes que escalar, no hay ningún credo que tienes que memorizar, ni labores de Hércules que tienes que hacer. Todo lo necesario se hizo cuando Cristo murió en la cruz por nuestros pecados.

¿Cuándo empieza esta vida eterna? ¡Ya empezó! El momento que tú de veras recibes a Jesús por fe, y crees en él para ser tu Salvador, pasas de muerte a vida. Tal vez en la tierra no habrán señas visibles o una conmoción, pero sí lo hay en el cielo. La Biblia nos dice que en el cielo hay gozo en la presencia de los ángeles cuando un solo pecador se arrepiente. Jesús dice, “Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” Lucas 15:10.

Aunque es muy sencillo, te ruego que no pares hasta que de verdad hayas puesto la fe en Jesús, y lo tengas en tu corazón realmente. Es posible oír “Las buenas nuevas” toda la vida sin que de veras aceptes a Jesús en tu corazón.

¡Que Dios te bendiga, y nos miramos en el cielo! Amén.

 “Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

miércoles, 19 de septiembre de 2012

TODO CRISTIANO SERÁ RECOMPENSADO


1 Corintios 3:10-15
“Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”.

La Palabra es muy clara en cuanto al hecho de que a los creyentes que obedecen a Dios y traen gloria a su nombre, les aguardan recompensas maravillosas. En el Salmo 19, David escribió que hay una gran recompensa por guardar los mandamientos del Señor (v. 11). Además, la promesa de los regalos celestiales viene directamente de la boca del Señor Jesús en el Sermón del monte (Mateo 5:12).

Lea una vez más el pasaje de hoy, y observe la afirmación de Pablo de que tanto él como Apolo recibirán recompensas por su servicio a los corintios (v. 8). Dios no ofrece ni reserva sus tesoros solo para aquellos que trabajan para la iglesia. Todos somos ministros del evangelio, cuyas buenas obras acumulan tesoros en el cielo. Dios ve nuestras decisiones y acciones guiadas por el Espíritu Santo, como dignas de recompensa. Es posible que usted no se sienta importante en este mundo tan grande, pero cada acción y cada palabra suyas le importan a Dios. Lo que Él valora es el creyente que se rinde a la dirección del Espíritu Santo.

La motivación detrás de nuestras acciones también es importante; a veces se hacen buenas obras por las razones equivocadas. Cuando una persona busca el aplauso de los hombres, sus elogios es su única recompensa. Aunque puedan sentirse bien por un tiempo, la adulación no es eterna.

Sospecho que todos derramaremos lágrimas por las buenas acciones que no hicimos, o por el trabajo que hicimos para la gloria personal. Nos daremos cuenta de cuánto más pudimos haber hecho para el Señor. Sin embargo las lagrimas por la obediencia al Señor él las secará y nos dará nuestra recompensa eterna.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

EL RESPLANDOR DE LOS JUSTOS


Mateo 13:43
“Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre: el que tiene oídos para oír, oiga”.

Jesús estaba explicando una parábola de un hombre que sembraba trigo pero cosechó mala hierba. Dijo: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo”. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo; y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este mundo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga. Mateo 13:37-43

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

EN MEDIO DEL FUEGO


Daniel 3:17
“He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo…”

Envuelto en una manta en la camioneta de mi abuelo, vi cómo el fuego consumía nuestra casa. Mi padre dice que yo dormía profundamente mientras él nos llevaba a mí, a mi hermano y nuestras mascotas a un lugar seguro. Cuando me desperté y vi las enormes llamaradas, ya estaba a salvo. Era demasiado curioso y joven como para tener miedo.

Recuerdo varias cosas de aquella noche. Aunque estaba en la camioneta, el calor era intenso y el fuego, cautivante. También recuerdo el temor en los rostros de todos mientras revisaban una y otra vez para ver si todos los seres queridos estaban a salvo. Tiempo después, me enteré de que, en el caos, mi padre corrió en medio del fuego para buscar a mi abuelo, lo que impulsó a mi abuelo (el cual no estaba dentro de la casa) a entrar corriendo para buscar a mi padre. La valentía de ambos impactó a todos los que vieron eso aquella noche.

Me acuerdo de ese incendio cada vez que leo la historia de Sadrac, Mesac y Abed-nego. Cuando los amenazaron con el decreto que obligaba a inclinarse ante el rey o, de lo contrario, ser ejecutados (Daniel 3:10-12), estos tres valientes enfrentaron el fuego por ser fieles a Aquel a quien amaban (vv. 16-18). Y el Señor estuvo con ellos en medio de las llamas (v. 25).

Cuando las «llamas» de la vida nos prueben, quiera el Señor que aquellos que observan nuestras decisiones reconozcan que amamos a los demás y a Dios.

Las pruebas son el terreno donde crece la fe.

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LEA: Daniel 3:10-25
Biblia en un año: Daniel 1–3
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“Gracia y Paz”
Nuestro Pan Diario

martes, 18 de septiembre de 2012

¿QUÉ OLOR EMANA DE TI?


2 Corintios 2:14-17
"Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente? Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo".

Antiguamente, cuando un general romano volvía victorioso de una gran conquista, con frecuencia llevaba a cabo un desfile triunfal. El vencedor y su ejército desfilaban por las calles inundadas por millares de personas que les aclamaban. Mientras los músicos tocaban sus instrumentos, carros y soldados transportaban los tesoros tomados al monarca vencido, y éste y sus generales eran conducidos encadenados. El desfile se efectuaba en medio de una nube de incienso que quemaban a sus dioses. Tanto los vencedores como los cautivos podían oler la fragancia de las especies que ardían. El olor, sin embargo, significaba algo muy diferente para ambos grupos. Para los triunfadores, el olor era agradable; para los prisioneros, tenía hedor a esclavitud y muerte.

El pasaje de hoy nos enseña que el grato olor de Cristo (el evangelio) es “olor de muerte para muerte” para aquellos que se pierden, porque representa un desfile hacia el castigo final. Sin embargo, aquellos que son salvos hallan en el conocimiento de Cristo el grato “olor de vida para vida”, que representa el camino que conduce a la vida eterna. La Biblia está perfumada con el aroma de Dios. Cuando hacemos el hábito de leerla diariamente y la aplicamos a nuestro diario vivir, el "aroma" que despedimos es olor fragante agradable a Dios. El mostrar los principios y las actitudes que aprendemos de la Biblia crea la oportunidad de esparcir un poco del olor a salvación entre quienes nos rodean. Lamentablemente este olor no es percibido por todos de la misma manera. Al igual que para los cautivos y los vencedores durante la procesión romana el olor del incienso tenía diferente significado, así en nuestros tiempos a muchos les resulta desagradable la fragancia de la Palabra de Dios, mientras que otros disfrutamos de su exquisito perfume.

De manera similar, Pablo escribe en 1 Corintios 1:18: “La palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”. Aquí también vemos claramente la enorme diferencia en la manera en que perciben la palabra de Dios los que viven en pecado y los que hemos sido limpiados y justificados por la sangre de Cristo. Pablo también escribe en el pasaje de hoy acerca de una diferencia entre aquellos que “medran falsificando la palabra de Dios”, es decir prosperan, lucran falsificando y distorsionando la verdad del evangelio para su beneficio propio, y los que “con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo." Seamos nosotros como estos últimos hablando a los demás de nuestro Señor Jesucristo y de la salvación a través de su sacrificio en la cruz. Dios quiere que llevemos al mundo “el olor de su conocimiento”. No hay mejor aroma para adoptar como nuestro, ni hay mejor perfume para compartir con los demás que la deliciosa fragancia de las Escrituras.

Imprégnate del fragante olor divino que proviene de la Palabra de Dios. Escudríñala día tras día, medita en ella, reflexiona, memorízala, aplícala a tu vida y compártela con los demás. Sigue las instrucciones del apóstol Pablo en su carta a los Efesios capítulo 6, tomando “el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu” (Efesios 6:17-18). Si lo haces de esta manera no sólo estarás alimentando y fortaleciendo tu espíritu sino además llevando a otros la oportunidad de que participen de las maravillas del reino celestial.

ORACIÓN:
Gracias, mi Dios, por tu Santa Palabra. Ayúdame a dedicar tiempo a leerla cada día y a vivir según tus enseñanzas, esparciendo tu aroma a mi alrededor. Te ruego que toques los corazones de mis familiares y amigos que no te conocen para que puedan disfrutar del olor de vida para vida que trae el conocimiento de Cristo. En el nombre de Jesús. Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

EL RENDIR CUENTAS ES BÍBLICO


Santiago 5:13-16
“¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”.

Hay abundantes mandatos bíblicos en cuanto a rendirnos cuentas unos a otros. Pero, para muchos, la idea de revelar información personal parece negativa o incluso una invasión de la privacidad. Tal confesión parece ser un obstáculo para la búsqueda del gozo, la prosperidad y el prestigio. La mayoría de las personas prefieren ser reservadas y no involucrar a nadie más en sus asuntos.

La Biblia, sin embargo, deja claro que los cristianos deben apoyarse mutuamente en este sentido: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados” (Santiago 5:16).

La rendición de cuentas en el cuerpo de Cristo es un principio bíblico. Los miembros de la iglesia se sujetan a su pastor (Hebreos 13:17). Pablo nos dice que nos sometamos unos a otros (Efesios 5:21). Sin embargo, él era responsable ante la iglesia (Hechos 14:27), así como Timoteo estaba subordinado a él (1 Timoteo 4:13-16). Los apóstoles estaban, por supuesto, bajo la autoridad de Jesús (Lucas 10), así como Jesús estaba sometido al Padre (Juan 8:28, 29). Y, lógicamente, la Biblia nos dice que toda la iglesia está sujeta al Señor Jesucristo (Efesios 5:24). Independientemente de la posición de la persona, todo el mundo es responsable ante alguien. Y esto es válido para toda la familia de la fe, desde la congregación hasta el Señor mismo, quien sirvió a Dios Padre.

Las personas evitan rendir cuentas por diversas razones, entre ellas orgullo, ignorancia y temor. Esta es una actitud peligrosa, pues nuestro enemigo conoce nuestras debilidades y sabe cómo explotarlas. Pero podemos vencer con el apoyo de nuestros hermanos en la fe, mediante el poder del cuerpo de Cristo.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

UN MENSAJE SEDUCTOR


1 Samuel 3:10
“… habla, porque tu siervo oye”.

Estás sentado en un teatro con las luces apagadas y disfrutando de un concierto, una obra o una película, cuando, de repente, se enciende la luz de un teléfono móvil mientras alguien lee un mensaje de texto que le llegó y, quizá, se toma un tiempo para responder. En su libro Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, Nicholas Carr dice que, en nuestro conectado mundo, «la sensación de que tal vez tengamos un mensaje» está volviéndose cada vez más difícil de resistir.

Samuel era jovencito cuando oyó una voz que pronunciaba su nombre, y pensó que era del sacerdote Elí que estaba en el tabernáculo donde servía al Señor (1 Samuel 3:1-7). Cuando Elí se dio cuenta de que Dios estaba llamando a Samuel, le dijo cómo debía responder. Cuando el Señor lo llamó por tercera vez, «Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye» (v. 10). Esta actitud de alerta ante la voz de Dios se convirtió en un patrón en su vida, ya que «el Señor se manifestó a Samuel en Silo por la palabra del Señor» (v. 21).

¿Estamos hoy escuchando la voz de Dios cuando nos habla de nuestra vida? ¿Estamos más pendientes de la vibración de un teléfono móvil que de la voz suave y apacible del Señor que nos llega a través de su Palabra y de su Espíritu?

Quiera Dios que, como Samuel, aprendamos a discernir la voz del Señor y a decir: «Señor, habla. Estoy escuchando».

No permitas que el ruido del mundo te impida oír la voz del Señor.

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LEA: 1 Samuel 3:1-10

Biblia en un año: Ezequiel 46–48
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“Gracia y Paz”
Nuestro Pan Diario

YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA


Juan 11:25
“Dísele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”.

Cada día vemos que algunos alrededor de nosotros se van de esta vida. ¿Pero a dónde? Es tan común que ni siquiera pensamos en esto. Pero veamos una pregunta de Job: “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” Job 14:14. La pregunta ha sido contestada por Jesús, y pronto se verificará con nosotros. Jesús había dicho a Marta que su hermano Lázaro resucitaría. Ella lo tomó como un consuelo de rutina que debía apaciguarla, y le respondió, “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero”. Pero Jesús le clarificó, diciéndole, “Yo soy la resurrección y la vida,” y lo demostró resucitando a Lázaro y por su propia resurrección.

Tal vez en el funeral de un ser querido, o al oír de la muerte de un amigo hacemos la misma pregunta de Job: “Si el hombre muriere, ¿Volverá a vivir?”. La vida es corta; es de un día; y ya las sombras se extienden, pero esto no tiene ningún horror para quienes conocemos a quién dijo, “Yo soy la resurrección y la vida”. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? 1 Corintios 15:55.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

lunes, 17 de septiembre de 2012

NO DEJE QUE ÉL PASE DE LARGO


Génesis 18:2-9
“Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra, y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo. Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol, y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón, y después pasaréis; pues por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho. Entonces Abraham fue de prisa a la tienda de Sara, y le dijo: Toma pronto tres medidas de flor de harina, y amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo. Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y lo dio al criado, y éste se dio prisa a prepararlo. Tomó también mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos; y él se estuvo con ellos debajo del árbol, y comieron. Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda”.

El versículo 5 del pasaje leído dice: “Pues por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo”. Abraham entendió que Dios había pasado cerca de su casa, para ser servido y demostrar su amor.

La Biblia dice: “Por la fe algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”. En la Biblia se enseña mucho con respecto a la hospitalidad; en muchos pasajes se menciona la importancia de ser hospedadores. El apóstol Juan, en su tercera carta, también le expresa ese afecto a un discípulo llamado Gayo: “Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos”.

ABRAHAM TENÍA UNA ESTRECHA COMUNIÓN CON DIOS, VIVÍA MUY CERCANO A LA PRESENCIA DEL SEÑOR, CONOCÍA E IDENTIFICABA CUANDO ÉL SE ACERCABA Y SIEMPRE MOSTRÓ UN ARDIENTE ANHELO, UN PROFUNDO DESEO POR LA PRESENCIA DE DIOS.

Si Abraham no hubiese sido un hombre espiritual, que anhelaba la presencia del Señor, dispuesto a atender,  adorar y expresar lo que había en su corazón, hubiera podido fingir que estaba dormido o confiar esta tarea a su mayordomo o alguno de sus siervos, porque contaba con trescientos dieciocho sirvientes; quizá pudo haber dado instrucciones para que nadie los atendiese, al fin y al cabo eran forasteros desconocidos; en otras palabras, tenía argumentos como para presentar una excusa y no servirles. Sin embargo, se levantó inmediatamente y salió corriendo a recibirle. Era un privilegio grande e inmerecido y Dios se lo concedió porque sabía que era diligente y estaba dispuesto a servir, a dejar lo que tuviera que hacer, para darle prioridad exclusiva a Dios.

En Juan 12:26, Jesús dijo: “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará”.

Abraham fue constituido “servidor”; Dios honra al que le sirve, que decididamente se despoja de su vanidad, de su orgullo, de las comodidades, de todo lo que tiene, para rendirlo al Señor. Abraham se dio prisa, corrió a la tienda donde estaba su esposa y la involucró en el servicio, le dijo que amasara e hiciera panes, luego corrió donde estaba su ganado y cogió un becerro tierno y también hizo partícipe a su criado. Estos son los detalles que caracterizan a las personas espirituales; son sensibles, conocen al Señor y hacen partícipes de la bendición a otros.

Abraham involucró en el servicio al Señor a toda su casa. Les trasmitió la visión, hizo que dispusiesen su corazón para servir. En 2 Timoteo 2:2, dice: “Esto encarga a hombre fieles, que sean idóneos para enseñar también a otros”. El cristiano debe transmitirle a los demás lo que ha recibido de parte de Dios, el propósito es dar a conocer la bendición, llegar a los necesitados y para eso se necesita “diligencia”, la Biblia recalca: “En lo que requiere diligencia no perezosos, sino fervientes en el espíritu, sirviendo al Señor”. La vida cristiana tiene que ser “activa”, Dios no quiere una iglesia nominal, religiosa, mundana, indiferente, tibia; ¡Él quiere una iglesia viva, comprometida, que sea luz en medio de las tinieblas!

ABRAHAM ERA SENSIBLE A DIOS, UN HOMBRE DILIGENTE, DE ADORACIÓN Y ENTREGA. POR ESO, CUANDO EL SEÑOR PASÓ CERCA, SALIÓ CORRIENDO A RECIBIRLE; MOSTRÓ INTERÉS DE QUE POSARA EN SU CASA. SOMOS UN PUEBLO QUE ANHELAMOS LA VISITACIÓN DEL CIELO. DONDE ESTÁ EL ESPÍRITU DE DIOS, HAY LIBERTAD.

En la Biblia encontramos personas que no dejaron que Dios pasara de largo. Cuando Jesús llegó al pozo de Jacob en la ciudad de Sicar, en Samaria, una mujer vino a sacar agua. Ella estaba necesitada de Dios y Jesús, hablándole, llegó a lo profundo de su corazón. Esta mujer necesitaba agua y se le concedió una “poderosa fuente de agua viva”; al instante, ella dejo el cántaro, fue a la ciudad y dijo: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?” Y la gente salió corriendo, dejando todo, para ver a Jesús y Él se quedó con ellos dos días, enseñándoles la palabra y sanando a muchos. En otra ocasión, dos hombres ciegos se dieron cuenta que Jesús estaba cerca y se pusieron en el camino por donde iba a pasar; ellos no podían ver, pero escuchaban, sabían que pasaría por allí y se dijeron el uno al otro: “Viene una gran multitud, entre ellos está Jesús, quedémonos aquí hasta que Él pase, porque es la única manera en que nos puede sanar”. Al estar Jesús cerca de ellos, alzaron su voz y clamaron, diciendo: “¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!”. Al oírlos, Jesús no pasó de largo, se detuvo y los sanó.

Existen otro tipo de personas, como los habitantes de Gadara, que dejaron pasar de largo a Dios. Después que Jesús libertó a un hombre endemoniado, poseído por una legión de demonios, que nadie había podido controlar, no les importó; había operado un milagro, pero se preocuparon más por los cerdos y le pidieron que se fuera.

Existe gente que, cuando el Evangelio toca la puerta de sus vidas, dice: “A mí no me hable de esas cosas, váyase”; no quieren tener a Dios, lo desprecian.

La Biblia relata en Lucas 24:13-35, la actitud de dos discípulos que iban camino a una aldea llamada Emaús. Jesús, resucitado, se les apareció, pero al verle no le reconocieron, y fue platicando todo el camino. Cuando llegaron a la aldea, Jesús hizo como que iba más lejos, pero ellos le pidieron que se quedase, porque estaba oscureciendo. Tenían necesidad espiritual, se sentían solos, tenían miedo, por eso querían la compañía de este forastero, “mas ellos le obligaron quedarse, diciendo: Quédate con nosotros”(v. 29). Fue así que en el momento de partir el pan se dio a conocer a ellos. Entonces salieron corriendo a Jerusalén y decían: “Con razón ardía nuestro corazón cuando nos hablaba”. Es que la Palabra de Dios hace que el corazón se encienda, se llene de gozo y alegría. ¿Qué hubiese sucedido si no se lo pedían encarecidamente? ¿Qué hubiese sido de ellos?, si Jesús hubiese visto indiferencia, quizá hubiera pasado de largo; pero Él vio la necesidad y dijo: “No puedo pasar de largo, no puedo ser indiferente, tengo que quedarme aquí, para poderles revelar que no estoy muerto, he resucitado y vivo para siempre”.

¿Qué hubiese sido de Abraham si el Señor hubiera pasado de largo? ¿Su vida hubiese sido igual? No lo creo. Porque ese día, Dios le declaró el futuro: “De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo”. Dios estaba revelando que el momento estaba cerca. Humanamente no era posible; Sara, su esposa, no estaba en condiciones de concebir. Era la oportunidad de Abraham para perpetuar su descendencia.

¡No deje que Él pase de largo, reténgalo! Dígale: ¡Señor, bendíceme, tócame, sáname, atiende mis suplicas y mi necesidad! Dios quiere oír su voz, su oración, Él quiere sanar su cuerpo y llenar su alma, ¡Levántese, como hizo Abraham y reciba a Dios en su corazón!

DIOS NO PASARÁ DE LARGO SI HAY UNA PERSONA NECESITADA, PORQUE ÉL NO DESPRECIA UN CORAZÓN CONTRITO Y HUMILLADO; ÉL QUIERE HOMBRES Y MUJERES ÍNTEGROS, QUE LE ADOREN EN ESPÍRITU Y EN VERDAD.

“Gracia y Paz”
Impacto Evangelístico

NUESTRAS RECOMPENSAS ETERNAS


Apocalipsis 4:9-11
“Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”.

A lo largo de la Biblia, encontramos referencias a la “coronas”. Demos un vistazo a estas recompensas eternas.

La corona de victoria. Para terminar bien en la vida, los creyentes necesitamos resistencia olímpica. Los atletas en los juegos de la antigüedad recibían una diadema perecedera de hojas de laurel. Pero si somos efectivos en la tarea que Dios nos ha dado, y triunfamos sobre el pecado, recibiremos una corona incorruptible (1 Co 9:25-27).

La corona de gozo y gloria. Los creyentes a quienes ayudamos a traer a Cristo, serán “nuestro gozo y gloria” delante de nuestro Señor (1 Ts 2:18-20). Imagine cómo será su regocijo en el cielo cuando vea y hable con las personas que reconocen su contribución a su desarrollo espiritual.

La corona de justicia. La vida cristiana no es fácil, pero hay una gran recompensa por vivir rectamente cuando se enfrentan la tentación o las adversidades. Los creyentes que buscan la santidad están pensando constantemente en la vida futura, y anhelan su reunión con Dios con una conciencia pura (2 Ti 4:5-8).

La corona de la vida. La aflicción y el dolor son inevitables, pero podemos cobrar ánimos al saber que gran parte del crecimiento espiritual se produce en la adversidad. Persevere para recibir la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman (Stg. 1:12).

¿Qué haremos en el cielo con las coronas que hemos ganado? Las echaremos a los pies del Señor Jesús (Ap. 4:10), como homenaje a Aquel que nos salvó, nos dio dones, nos preparó y vivió en nosotros. Todo lo bueno y justo vino a nosotros por medio del Señor, y por eso merece nuestras coronas.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

CORRÍGELOS


1 Samuel 2:29
“¿Por qué […] has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?”.

La madre y terapeuta Lori Gottlieb dice que los padres que están obsesionados con la felicidad de sus hijos tal vez estén contribuyendo a que se conviertan en adultos desdichados. Los consienten, no los preparan para enfrentar el mundo real, miran para otro lado cuando hacen algo malo y tampoco los disciplinan.

En 1 Samuel, leemos que el sumo sacerdote Elí solía hacerse de la vista gorda. No sabemos cómo fue como padre cuando sus hijos eran jóvenes, pero no se ocupó debidamente del tema de su mal comportamiento cuando fueron ya adultos y servían en el templo de Dios. Eran egoístas, lujuriosos y rebeldes, y ponían sus propias necesidades por encima de la Palabra de Dios y de las carencias de los demás. Al principio, Elí los reprendió porque no obedecían, pero, en vez de destituirlos del servicio, se desentendió de la situación y dejó que siguieran con su pecado. Como consecuencia de los pecados de sus hijos y por haberlos honrado más que al Señor (1 Samuel 2:29), Dios le advirtió a Elí que su familia sería juzgada (v. 34; 4:17-18).

Como padres cristianos, tenemos la enorme responsabilidad de disciplinar con amor a nuestros hijos (Proverbios 13:24; 29:17; Hebreos 12:9-11). Cuando les impartimos la sabiduría de Dios, tenemos la bendición de poder ayudarlos para que lleguen a ser adultos responsables y temerosos del Señor.

No disciplinar a nuestros hijos denota falta de amor hacia ellos.

LEA: 1 Samuel 2:12, 27-36

Biblia en un año: Ezequiel 43–45

“Gracia y Paz”
Nuestro Pan Diario

EL VERDADERO CRISTIANISMO


Romanos 14:17
“Que el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo por el Espíritu Santo”.

Este versículo nos enseña que el verdadero Cristianismo no consiste en ceremonias externas, ni en ritos o reglas, sino es el Espíritu Santo que mora dentro de nosotros y produce una vida de gozo, paz, y justicia. Nuestra naturaleza antes de renacer, consistía en ceremonias y ritos que agradaban a los sentidos, es decir, cosas que veíamos, oíamos, o tocábamos, etc.; pero ahora que tenemos a Cristo morando dentro de nosotros, todo es distinto, porque él produce en nuestras vidas los frutos del Espíritu que son: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” Gálatas 5:22.

El reino de Dios es la vida del Espíritu Santo en nosotros que viene como resultado del arrepentimiento y la fe en Jesucristo. Es, “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” Colosenses 1:27.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

domingo, 16 de septiembre de 2012

CUIDA A TU PAREJA



Marcos 10:7-9
“Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”

Voy a decirte algo que seguramente te va a molestar y cuanto más te lo explique, más te molestará. Muchas veces cuidamos más lo que ya tenemos seguro, que lo que podemos perder. Por ejemplo: Si te digo que no cuides tanto a tu familia, pero que cuides más a tu pareja, ¿te vas a sorprender? -¿Cómo que no cuide a mi familia? ¡Es mi familia! -Si, pero tu familia, está segura, nunca se va a perder. ¿Has escuchado decir a alguien «por allí va mi ex hijo, o mi ex padre»? Seguro que no, pero si habrás escuchado a alguien decir «por allí va mi ex esposo/a, o mi ex novio/a»

Tus padres, hijos y hermanos, que son tu familia directa, no hay, ni puede haber «ex» Son lo más seguro que tienes y estarán allí siempre, por mucho tiempo que tarden en escribirse o hablarse, ellos son tu familia para siempre. Tu no puedes decir «ellos fueron mi padre y mi madre o ese fue mi hermano» No, ellos fueron, son y serán tus padres y tu hermano para siempre.

Sin embargo hay otro amor, el de la pareja que es el más frágil de todos los que existen. Dejar de cuidarlo y alimentarlo, es como hacer una huelga de hambre indefinida. En ambos casos ya todos conocemos el final. Es por eso que hay que darlo todo, el uno por el otro.

Si te alejas de tus padres y hermanos, por varios años, cuando regreses, ellos van a estar ahí esperándote con los brazos abiertos, para abrazarte y llorar de emoción, es un amor que nunca deja de ser. Pero, aléjate de tu pareja por más de un año y verás qué encuentras, si es que la encuentras.

Yo puedo llamar a mis padres y a mis hermanos, puedo ir a visitarlos regularmente, eso está bien, porque son nuestros parientes y necesitan de nuestro afecto y de nuestra presencia. Pero en el matrimonio, es totalmente distinto el amor debe alimentarse diariamente, es una sociedad en la cual los dos deben lograr un equilibrio en los pensamientos, en las decisiones, para que todo funcione bien. He visto muchos matrimonios destruidos, por no entender lo que significa la palabra «familia» es como querer colocar a la pareja en la categoría de «pariente» y ahí es donde empiezan los problemas y la mala relación en el matrimonio.

Tu tienes una familia para ser feliz, para que compartan sus proyectos para crecer juntos, para que sus hijos tengan un modelo a seguir y sepan que un hogar se construye desde la propias decisiones. Siempre es bueno escuchar consejos, pero jamás permitir que las influencias destructivas socaven los cimientos de la familia.

Dios hizo al hombre y a la mujer para que vivieran juntos.

“Gracia y Paz”
Noviazgo y Matrimonio

DEL DEBER AL DELEITE


Salmo 119:47
“Y me regocijaré en tus mandamientos, Los cuales he amado”.

Debido a la intensa actividad de mi esposa, a veces puede dedicarle solo un tiempo limitado por semana a cada uno de nuestros nietos. Sin embargo, cuando es posible, reorganiza sus horarios para pasar más tiempo con ellos; no por cumplir con su deber, sino porque los ama. Cuando la veo con ellos, entiendo qué significa la palabra deleite.

En el Salmo 119, David nos dice que la Palabra de Dios es su «delicia», y usa este término cinco veces (vv. 24, 77, 92, 143, 174). Además, agrega: «Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras. […] Y me regocijaré en tus mandamientos, los cuales he amado» (vv. 16, 47). Las palabras del salmista, «me regocijaré», indican que es un acto deliberado. Sin embargo, no le resulta un carga deleitarse en la Palabra de Dios porque la ama. El estrecho vínculo de David con Dios le generaba un deseo de saber más sobre lo que su Amado quería decirle.

Asimismo, para que nosotros pasemos del deber al deleite en la Palabra de Dios, debemos fortalecer nuestra relación con Él. Cuando recordemos cuánto nos ama y nos valora, responderemos con amor y nos resultará un deleite pasar tiempo con el Señor. «¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación» (v. 97).

Sea por la mañana, por la tarde o por la noche, deléitate en la Palabra de Dios.


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LEA: Salmo 119:41-48

Biblia en un año: Ezequiel 40–42
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“Gracia y Paz”
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