martes, 30 de septiembre de 2014

¿ESTÁS DEJANDO QUE EL ESPÍRITU SANTO CONTROLE TU VIDA?



¿ESTÁS DEJANDO QUE EL ESPÍRITU SANTO CONTROLE TU VIDA?

Gálatas 5:16-23
“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”.

Con frecuencia escuchamos noticias acerca de renombrados políticos o exitosos hombres de negocios que, siendo casados, han sido descubiertos teniendo una relación fuera del matrimonio. La mayoría de ellos llevaban muchos años de casados, es decir tenían hogares largamente establecidos. Pero estos hogares fueron totalmente destruidos al conocerse públicamente la “doble vida” que ellos llevaban. ¡Cuántas dificultades y obstáculos habrán tenido que vencer para llegar a la posición a la que llegaron! ¡Y de repente todo se fue por la borda! La pregunta que muchos se hacen es: “¿Qué fuerza movió a estos hombres a actuar de esta manera que los llevó a destruir sus vidas y las de sus respectivas familias?”

Con toda seguridad, tiempo atrás, cada uno de ellos se encontró en una situación en la que les resultaba fácil tener una relación fuera de sus respectivos matrimonios, y los deseos sexuales los empujaban a cometer adulterio. Finalmente cada uno de ellos decidió satisfacer los “deseos de la carne”, y a la corta o a la larga tuvieron que sufrir las consecuencias. En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo advierte claramente a los cristianos de las iglesias de Galacia que esto es algo que no deben hacer, sino más bien todo lo contrario. “Andad en el Espíritu”, les dice, “y no satisfagáis los deseos de la carne”. Estos “deseos de la carne” están contra el Espíritu de Dios porque son parte de nuestra corrupta naturaleza humana, y son alimentados por espíritus diabólicos que buscan la destrucción y la muerte del ser humano. Pablo menciona una lista de las obras que resultan de satisfacer estos deseos, entre ellas “adulterio, fornicación, inmundicia…” y muchas más “semejantes a estas”. Y entonces una fuerte advertencia: “Los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”.

La otra alternativa que tiene el ser humano es “andar en el Espíritu”, lo cual implica renunciar a sus propios deseos, rendirse a la autoridad de Cristo y permitir que el Espíritu Santo controle sus acciones. Esto es algo que está totalmente opuesto a lo más intrínseco de la naturaleza humana, y por lo tanto es imposible de llevar a cabo por nuestras propias fuerzas. Se requiere una fuerza sobrenatural a la que sólo tenemos acceso por medio de la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas.

Por ejemplo, cuando Jesús fue arrestado por los soldados romanos en el huerto de Getsemaní, “todos los discípulos, dejándole, huyeron” (Marcos 14:50). Sin duda la naturaleza carnal los movió a poner sus propias vidas en primer lugar y huir del peligro. Pero cuando Jesús resucitó y se presentó ante ellos, comenzaron a haber cambios profundos en sus vidas. Y cuando fueron llenos del Espíritu Santo en Pentecostés, la transformación de estos hombres fue completa. Predicaron la palabra de Dios, se enfrentaron con valor a amenazas de muerte, sufrieron torturas, cárcel y todo tipo de humillaciones, y permanecieron fieles al Señor aun a costa de sus propias vidas.

¿Qué te mueve a actuar en tu vida? ¿Son tus acciones obras de la carne? Si es así, estás actuando en contra de la voluntad de Dios, y lo que te mueve no es el Espíritu de Dios. Acércate, pues, al Señor, busca su rostro, humíllate, confiesa tus pecados y el Dios en su infinita misericordia te limpiará completamente. Este es el primer paso para que el Espíritu Santo tome control de tus actos y su fruto se manifieste en tu vida.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me ayudes a obedecer tu palabra y que sea tu Espíritu Santo quien me mueva en todo lo que hago, y aun en lo que hablo y hasta en lo que pienso. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

SALMO 13

Salmo 13
“¿Hasta cuándo, Yahweh? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, con tristezas en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? Mira, respóndeme, oh Yahweh Dios mío; alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte; para que no diga mi enemigo: Lo vencí. Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara. Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación. Cantaré a Yahweh, porque me ha hecho bien”.

La inseguridad no es algo que simplemente se confiese y automáticamente desaparezca. Más bien es una condición que debe ser confrontada por un período de tiempo más o menos largo. Sobre todo la persona que tiene este problema debe tomar la decisión de confiar en lo que Dios ha prometido y no en lo que el enemigo trata de hacerle creer. David estaba pasando por momentos de gran inseguridad e incertidumbre en su vida. Al describir su situación, en el pasaje de hoy, se muestra temeroso e impaciente ante la supuesta “tardanza” de Dios para acudir en su ayuda. Sin embargo, en medio de su ansiedad, su corazón (que “era conforme al corazón de Dios”) le recuerda que, independientemente de lo difícil de la situación, siempre debía confiar en el Señor. Por eso pudo decir con toda seguridad: “Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación” Esta expresión implica seguridad, no en él mismo, no en las circunstancias, no en la suerte, sino en el Dios de amor y misericordia que todo lo puede. Y anticipando esta salvación termina exclamando: “Cantaré a Jehová, porque me ha hecho bien”. Este salmo comienza con un lamento pero termina con una canción.


¡Gracia y Paz!

sábado, 27 de septiembre de 2014

¿QUIÉN ES JESÚS PARA TI?



¿QUIÉN ES JESÚS PARA TI?

Mateo 1:18-21
“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”

Para muchos, “Jesús” es simplemente el nombre de un hombre, quizás un gran hombre. Otros piensan que fue un profeta muy famoso. Algunos creen que fue un gran maestro moral. Muchos creen que es el nombre del Mesías, el hombre que vino enviado por Dios a salvar el mundo. Y esto es cierto. Pero, ¿nada más? Para nosotros, los cristianos, Jesús es mucho más que todo esto. Él es Dios mismo encarnado en la persona del Hijo. En Juan capítulo 14, cuando Felipe le pidió al Señor que le mostrara al Padre, Jesús le dijo: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí?”

En la gloria, donde estaba desde antes de la creación del mundo, el Hijo de Dios no tenía nombre de hombre. Pero, al ser manifestado en carne recibió uno. En la escritura de hoy, un ángel dijo a José que María, su mujer, estaba embarazada; “y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús”. En el idioma hebreo, este nombre significa “el salvador”. En Hebreos 1:4 dice que Jesús fue “hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos”. También dice la Biblia que Dios “le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9).

En el Antiguo Testamento, cientos de años antes del nacimiento de Jesús, su nombre era motivo de inspiración de profetas y cantores. El profeta Isaías anunció: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Y más adelante, Isaías dice: “Oh Señor, te hemos esperado; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra alma” (Isaías 26:8).

El nombre de Jesús es señal de autoridad y poder para los que en él han creído. Así dijo el Señor: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17-18). Y el apóstol Pablo escribió lo siguiente en su carta a los Filipenses refiriéndose a Jesús: “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11).

Y si nos reunimos en su nombre, podemos tener la completa seguridad de que él estará con nosotros. Así lo prometió en Mateo 18:20: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Y nos ha asegurado que todas nuestras necesidades serán suplidas cuando acudamos al Padre en su nombre. “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Juan 14:13).

No hay otro nombre dado a los hombres que tenga el poder de salvarnos de la condenación eterna y darnos la entrada al cielo. Sólo a través de Jesús, por su muerte en la cruz del Calvario y su posterior resurrección, somos perdonados, justificados y reconciliados con Dios Padre. Si has aceptado a Jesús como tu Salvador, ¡Gloria sea al Señor! Si aun no lo has hecho, y crees en tu corazón todo lo que te ha dicho hoy la palabra de Dios, confiesa ante el Señor tus pecados, arrepiéntete e invita a Jesús a entrar en tu vida, “y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31).

ORACIÓN:
Padre santo, gracias por tu Hijo Jesús y por la salvación eterna que a través de él nos ofreces. Hoy traigo ante tu altar a mis familiares y amigos que no conocen el poder de ese nombre maravilloso que es sobre todo nombre. Bendícelos y envuélvelos con tu amor y tu misericordia. Te lo pido en el nombre poderoso de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

ORACIÓN



No hay otro nombre dado a los hombres que tenga el poder de salvarnos de la condenación eterna y darnos la entrada al cielo. Sólo a través de Jesús, por su muerte en la cruz del Calvario y su posterior resurrección, somos perdonados, justificados y reconciliados con Dios Padre. Si has aceptado a Jesús como tu Salvador, ¡Gloria sea al Señor! Si aun no lo has hecho, y crees en tu corazón todo lo que te ha dicho hoy la palabra de Dios, confiesa ante el Señor tus pecados, arrepiéntete e invita a Jesús a entrar en tu vida, “y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31).

ORACIÓN:

Padre santo, gracias por tu Hijo Jesús y por la salvación eterna que a través de él nos ofreces. Hoy traigo ante tu altar a mis familiares y amigos que no conocen el poder de ese nombre maravilloso que es sobre todo nombre. Bendícelos y envuélvelos con tu amor y tu misericordia. Te lo pido en el nombre poderoso de Jesús, Amén.

viernes, 26 de septiembre de 2014

¿CÓMO ESTÁ TU CORAZÓN?





Salmo 24:3-4
“¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño”.

Al escuchar estas preguntas que hace el salmista, todos levantaríamos la mano inmediatamente. ¿Quién no desea estar en “su lugar santo”, cerca de Dios? ¡Realmente es maravilloso estar cerca del Señor! En su presencia "hay plenitud de gozo”, dice el Salmo 16:11; en su presencia hay paz, hay seguridad, hay protección contra todo lo malo de este mundo. Pero no todos pueden llegarse hasta ese lugar santo. La escritura de hoy dice que sólo puede llegar hasta allí el “limpio de manos y puro de corazón”. Todo lo que está relacionado a Dios es limpio y puro, nada sucio o corrupto puede acercarse a donde está el Señor. La suciedad del pecado nos separa de Dios, la limpieza de nuestro corazón nos acerca a él. En el sermón del Monte Jesús enseñó a sus discípulos: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8).

Cuando David cayó en pecado de adulterio al acostarse con Betsabé, mujer de Urías heteo, y más tarde planeó la muerte de éste, perdió el gozo de la presencia de Dios, se sintió sucio de corazón, y se arrepintió quebrantándose amargamente al escribir el Salmo 51. En el versículo 10 David suplica al Señor: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí”. Y más adelante clama: “Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente” (v.12). En medio de su dolor por haberle fallado a Dios, David le pidió un corazón limpio y un espíritu restaurado. Él sabía que esto era necesario para volver a sentir el gozo de la presencia de Dios. Esta es la única manera de tener una relación profunda con el Señor. Por eso el primer paso para una reconciliación del hombre con su Creador es aceptar a Jesucristo y su sacrificio que nos limpia de todo pecado, de toda suciedad, de todo aquello que nos separa de Dios.

La Biblia nos habla de la manera de obtener la purificación de un corazón que no está limpio. Efesios 5:26 nos dice que “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra”. Espiritualmente, nuestros corazones son limpiados cuando utilizamos el detergente del Señor: su Santa Palabra, la Biblia. La palabra de Dios ha sido dada a la humanidad como un libro de enseñanza y un medio para limpiar nuestra suciedad al revelarnos nuestros pensamientos equivocados o una conducta que no glorifica el nombre de Dios. Cuando la Escritura habla a nuestro corazón, el Espíritu Santo nos redarguye, confesamos nuestros pecados y nos arrepentimos; y se produce la limpieza. 1 Juan 1:9 dice que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Entonces podemos acercarnos “confiadamente al trono de la gracia de Dios” (Hebreos 4:16). Un corazón debe estar limpio para que el Espíritu Santo se manifieste en él, y nos lleve delante de nuestro Padre celestial.

Por eso es tan importante separar un tiempo diariamente en el que leamos la Biblia y oremos. Si es posible temprano en la mañana, al comenzar el día, debemos buscar un momento en el que podamos tranquilamente leer la Palabra de Dios y buscar el rostro del Señor en oración. Por regla general, durante los primeros minutos de oración muchos pensamientos de todo tipo vienen a la mente, pero si insistimos buscando la presencia de Dios, si pedimos al Espíritu Santo que nos lleve hasta él, si nos humillamos ante la infinita santidad de Dios, si nuestro esfuerzo se concentra en una adoración sincera que salga del corazón, pronto vamos a comenzar a sentir una paz profunda, inefable que nos anuncia la entrada a ese lugar santo donde podremos disfrutar plenamente de la presencia del Señor. Es verdaderamente un tiempo precioso que ministra profundamente nuestro espíritu. A medida que lo hagamos día tras día, nos resultará más fácil andar en el Espíritu y vivir en una íntima comunión con Dios.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

Busquemos por la mañana la presencia de Dios



Busquemos por la mañana la presencia de Dios, pidámosle al Espíritu Santo que nos lleve hasta él. Si nos humillamos ante la infinita santidad de Dios, si nuestro esfuerzo se concentra en una adoración sincera que salga de nuestro corazón, sentiremos una paz inefable y profunda, que nos permita disfrutar plenamente de la presencia del Señor. Es verdaderamente un tiempo precioso que ministra profundamente nuestro espíritu. A medida que lo hagamos día tras día, nos resultará más fácil andar en el Espíritu y vivir en una íntima comunión con Dios.

ORACIÓN:
Padre santo, gracias por el privilegio que me das de llegarme hasta tu trono de gracia. Te ruego que perdones mis ofensas y limpies mi corazón, para que nada interfiera en que yo disfrute de tu santa presencia, y de tu paz, y de tu gozo. En el nombre de Jesús, Amén.


¡Gracia y Paz!

miércoles, 24 de septiembre de 2014

¿PREFIERES SER IMPACIENTE QUE ESPERAR EN DIOS?




Éxodo 23:25-30
“Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti. No habrá mujer que aborte, ni estéril en tu tierra; y yo completaré el número de tus días. Yo enviaré mi terror delante de ti, y consternaré a todo pueblo donde entres, y te daré la cerviz de todos tus enemigos. Enviaré delante de ti la avispa, que eche fuera al heveo, al cananeo y al heteo, de delante de ti. No los echaré de delante de ti en un año, para que no quede la tierra desierta, y se aumenten contra ti las fieras del campo. Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques y tomes posesión de la tierra”.

En este pasaje, Dios, a través de Moisés, se dirige al pueblo de Israel después de haberlos liberado de la esclavitud en Egipto. Aquí el Señor les habla acerca de los planes de bendición que él tenía para ellos una vez llegaran a la Tierra Prometida: el alimento y el agua no faltarían, habría sanidad total (les dice: “Quitaré toda enfermedad de en medio de ti”); no habría abortos ni mujer estéril, y la protección contra todos los enemigos estaba asegurada. Así dice el v.28: “Enviaré delante de ti la avispa, que eche fuera al heveo, al cananeo y al heteo, de delante de ti”.

En fin, Dios lo tenía todo perfectamente planeado para su pueblo. Pero había un problema: tomaba tiempo, y eso no le gustaba a los israelitas (ni nos gusta a nosotros tampoco). El Señor les dice: “Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques y tomes posesión de la tierra”. Quizás los israelitas se preguntaron: “¿Y por qué poco a poco? ¿Por qué no inmediatamente?” El v.29 expresa la razón de la demora: “No los echaré de delante de ti en un año, para que no quede la tierra desierta, y se aumenten contra ti las fieras del campo” ¡Qué interesante! Si Dios echa de allí inmediatamente a los habitantes, aquella tierra quedaría desierta y entonces las fieras del campo se iban a multiplicar y a ocuparla, haciendo difícil la supervivencia de los israelitas. Dios no siempre va a decirnos la razón por la cual se está tomando su tiempo. Y realmente no tiene por qué hacerlo, pues él es soberano y no tiene que rendir cuentas a nadie. Pero nosotros podemos estar absolutamente seguros de que detrás de toda acción de Dios hay una razón perfectamente lógica e irrefutable, ya que “él sabe todas las cosas” (1 Juan 3:20), y además tiene para sus hijos “planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11).

Muchas veces Dios nos dice que la cosa es “poco a poco”, pero nosotros la queremos ahora mismo (¡Para luego es tarde!), y además a nuestra manera. Tenemos que aprender a esperar en el Señor, simplemente porque él, en su omnisciencia, conoce el pasado, el presente y el futuro, y nosotros no tenemos idea de lo que va a suceder el próximo minuto. Él tiene toda la información para tomar una decisión correcta, todo el poder para llevarla a cabo y toda la sabiduría para determinar el tiempo perfecto. Por eso debemos confiar en él. El pueblo de Israel no solamente fue impaciente, sino también desobediente. Por eso, los planes que Dios tenía, tan perfectos y preciosos, no se llevaron a cabo hasta que aquella generación rebelde falleció en el desierto.

En su juventud, el rey David expresó en muchos de sus salmos una gran impaciencia, y un deseo urgente de que Dios resolviera sus problemas inmediatamente. Pero, a través de los años llegó a conocer íntimamente al Señor, y siendo un anciano escribió el Salmo 37 en el cual las quejas y la impaciencia dan lugar a la confianza y la paciencia. Dice el versículo 7: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él”. Este es un precioso consejo que nunca debemos olvidar.

Si te parece que tu espera ha sido demasiado larga, puedes tener la absoluta seguridad de que Dios está trabajando y creando las condiciones para que todo se realice de manera perfecta conforme a sus planes. Ciertamente vale la pena confiar y esperar pacientemente en Dios. Dice Hebreos 10:35-36: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me des paciencia para esperar a que los planes que tú tienes para mi vida se lleven a cabo en tu tiempo. Ayúdame a echar a un lado mi ansiedad y a confiar plenamente en tu propósito para mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla

martes, 23 de septiembre de 2014

¿SUFRES POR ALGUNA “DEBILIDAD” QUE ESTÁ AFECTANDO TU VIDA?



2 Corintios 12:7-10
“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”

Hay una cosa que es absolutamente cierta: ningún ser humano es perfecto. Todos tenemos uno, dos o más defectos o “debilidades” con las que tenemos que lidiar. Quizás muchos piensen que están muy bien en el aspecto espiritual, pero a estos la palabra de Dios les advierte: “El que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10:12). Si te miras honestamente a ti mismo, probablemente podrás identificar lo que tú consideras tu “debilidad”. Puede ser física, o emocional, mental o espiritual. Cualquiera que esta sea, puedes aplicar a tu vida la enseñanza del pasaje de hoy. El primer paso es reconocer la existencia de esa debilidad. Segundo, es muy importante que entiendas que Dios puede tener un propósito con tu “debilidad”. Pablo dice que “el aguijón” en su carne (cualquiera que éste fuese) le fue dado para evitar que él se enalteciera demasiado. Era algo así como medicina preventiva de parte de Dios, quien sabía que si Pablo no dependía de él y se dejaba llevar por su orgullo, esto le traería malas consecuencias.

Debemos estar conscientes de la manera en que nuestra debilidad se manifiesta en nosotros. Por ejemplo, si una persona tiene la tendencia a mentir con mucha frecuencia, un análisis de su mente podría revelar que su verdadero problema es el temor a ser rechazada. Para protegerse a sí misma, se las arreglará para salir de situaciones en las que siente ese temor, mintiendo a diestra y siniestra. Claro que este comportamiento a la corta o a la larga traerá a su vida malas consecuencias. Sin duda no es una buena manera de enfrentar su debilidad, como tampoco lo es ignorarla, o negarla, u ocultarla con diversas excusas. La única manera efectiva de manejar nuestra debilidad es poniéndola en las manos del Señor, y dependiendo totalmente de su gracia.

Entre los intérpretes y comentaristas de la Biblia hay distintas opiniones en cuanto a lo que era “el aguijón” al cual Pablo se refiere en su carta, pero todos están de acuerdo en que era algo que le molestaba, y de lo cual él estaba muy deseoso de librarse. Sin embargo, la respuesta del Señor fue: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Entonces Pablo entendió y pudo decir: “Me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Solamente somos fuertes cuando dependemos del poder de Dios, y este poder se manifiesta al máximo cuando reconocemos nuestra debilidad. Las palabras de Dios al apóstol Pablo deben servir de aliento y fortaleza a todo aquel que cree en la poderosa y maravillosa gracia del Señor.

¿Tienes tú alguna “debilidad” que está afectando tu vida? No sufras, no te desesperes, simplemente tráela delante del Señor. Quizás él no te la quite inmediatamente, pero tan pronto la confieses delante de Dios, su poder se va a perfeccionar en ti, y comenzará un proceso por medio del cual el Espíritu Santo te va a limpiar de todo aquello que no glorifica el nombre de Dios, y tu vida cambiará totalmente. Ten la completa seguridad de que su gracia es más que suficiente para llenar tu corazón de paz y de gozo y darte una vida plena de felicidad.

ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, te ruego me des discernimiento para entender en lo profundo de mi espíritu este precioso mensaje de tu palabra, y me ayudes a aplicarlo en mi vida. Hoy reconozco mi debilidad, y la traigo ante ti con la seguridad de que tu gracia es más que suficiente para darme una vida de victoria. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla

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lunes, 22 de septiembre de 2014

¿QUÉ ACTITUD ELIGES: OBEDECER O IGNORAR A DIOS?


¿QUÉ ACTITUD ELIGES: OBEDECER O IGNORAR A DIOS?

Corazín fue una vez una ciudad floreciente junto al mar de Galilea. Actualmente sólo quedan escombros y ruinas. No muy lejos de Corazín hay otra pila de piedras amontonadas, residuos de edificios de la antigua ciudad de Capernaum. Lo mismo le sucedió a Betsaida. Una vez era una próspera ciudad en el comercio y la pesca. Piedras, nada más que piedras se pueden ver actualmente. Cuando Jesús caminaba por las calles de estas ciudades, conocía el futuro que les esperaba debido a su ingratitud y su incredulidad. Y así profetizó: “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida!... Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida…” En estas ciudades, Jesús se mostró claramente como el Hijo de Dios. Aquel que era todopoderoso y podía hacer grandes milagros, y cuyo amor y compasión se manifestaron de manera evidente. Allí el Señor predicó su mensaje de arrepentimiento, de perdón, de paz y de esperanza. Sin embargo, la gente rehusaba escuchar su mensaje. Como resultado de ello, Dios maldijo a Corazín, a Capernaum y a Betsaida y las redujo a un montón de piedras, monumentos a su incredulidad (Lee Mateo 11:20-24).

A través de toda la Biblia, de diferentes maneras y por medio de muchas diferentes personas y situaciones, Dios nos habla y nos da instrucciones con el fin de llevar a cabo sus planes de bienestar y esperanza para nuestras vidas, de los que nos habla Jeremías 29:11. Pero en última instancia seremos nosotros los que escogeremos seguir esas instrucciones o simplemente ignorarlas y tomar la dirección que estimemos conveniente. Por ejemplo, en Deuteronomio capítulo 30, Moisés se dirige al pueblo de Israel y, después de exponerles de parte de Dios las condiciones para su restauración, les dice: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19). También Josué, el sucesor de Moisés, les habló a los israelitas en estos términos: “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

Sabemos que Dios es amor (1 Juan 4:8); es paciente y grande en misericordia (Salmo 86:15), es clemente y compasivo (Salmo 116:5), pero también es justo, y “él juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud”, dice el Salmo 9:8. Dios envió profetas y líderes al pueblo de Israel para comunicarles sus planes, y les exhortó a que obedecieran sus instrucciones, pero no los forzó a obedecer, sino que les dio libertad para que ellos escogieran. Lamentablemente escogieron el camino de la desobediencia y se perdieron de muchas bendiciones. La mayoría de ellos, en lugar de disfrutar de la preciosa tierra prometida, encontraron muerte y desolación en el desierto.

La enseñanza de hoy es clara y fácil de entender. Cuando Dios habla debemos prestar atención. Si seguimos sus instrucciones recibiremos recompensas y bendiciones, tanto materiales como espirituales. Si no lo hacemos sufriremos las consecuencias como les sucedió a los israelitas, y a Corazín y a Betsaida y a Capernaum.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

ORACIÓN

Mateo 11:20-24

“Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo: ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras. Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti”.

ORACIÓN:
Amoroso Padre celestial, una vez más te agradezco la oportunidad que me das de vivir. Alabo tu paciencia y misericordia y te doy gracias porque de muchas formas tú me adviertes de las consecuencias que puedo vivir si soy desobediente. Sé que tienes planes preciosos para mi vida. Te ruego fortalezcas mi fe y me ayudes a ser obediente a tu Palabra para poder disfrutar de todas tus bendiciones. En el nombre de Jesús, Amén.

domingo, 21 de septiembre de 2014

¿ESTÁS VIVIENDO CON DUDAS Y TEMORES?



¿ESTÁS VIVIENDO CON DUDAS Y TEMORES?

¿Hombre o mujer de Dios qué es lo que estas pasando que esta variando el rumbo de tu barca? ¿Estás viviendo con problemas en tu vida; te invaden la duda, el miedo, las preocupaciones? ¿Piensas que Dios se ha alejado de ti? ¿Últimamente las tribulaciones han llegado a tu vida, y todos esos problemas te están haciendo mover de forma extraña tu barca?

¿Has pensado en abandonar el camino santo? Es posible que digas que tu fe ya no te alcanza para superar tus pruebas, etc. Bueno, pues déjame decirte que todos hemos pasados por esos momentos, y que todos, absolutamente todos serán para nuestra bendición, aunque otras veces son las consecuencias de nuestros pecados y errores. Solo te puedo decir que ante estas pruebas y dificultades no te sueltes de Dios, no tengas miedo, que la duda no te consuma, ya no creas a los comentarios negativos que llegan a tu vida, que la falta o escasez de dinero no te haga preocupar, que la enfermedad no te haga desmayar, que esa relación infructuosa no te perjudique mas. Solamente reposa, descansa, espera y CONFÍA en TU Señor, en Yahweh Dios. Generalmente preguntamos: ¿Por qué Señor? ¿Qué hice para que reciba esto?, cuando deberíamos preguntar: ¿Para qué Señor? ¿Qué propósitos tienes en mi vida Señor? Deja que Dios tome el control de la situación por la cual estas pasando.

Ninguna aflicción es comparable con lo que recibiremos los hijos de Dios (lee Romanos 8:18-27). Por más que el panorama te parezca extraño y no veas el cielo azul, sigue confiado y alégrate de la bendición que vendrá sobre tu vida, sé que es difícil, yo mismo estoy padecido muchas pruebas, aun varias veces he pensado en abandonar este camino de vida eterna. Eso sería fácil, pero sería indigno de recibir lo que Dios me ha prometido. Lo que estás viviendo es difícil y doloroso, pero son sólo tribulaciones momentáneas (lee 2 Timoteo 3:12). Consagra tu vida y tu familia a nuestro Padre Celestial y confía en que veras un cielo despejado y limpio dentro de poco. Confía, Cree, Confía, Cree, Confía (Hebreos 11:1-40).

Sigamos en la presencia del Señor, refugiémonos en Él, pidámosle que renueve nuestras fuerzas y que nuestra FE sea aumentada cada día.

Dios te dice: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Yahweh tu Dios estará contigo dondequiera que vayas” (Josué 1:9).

¡Gracia y Paz!



DIOS SABE LO QUE NECESITAMOS...



Dios sabe lo que necesitamos. Sus milagros se amoldan a nuestra necesidad. ¿Tienes hoy una necesidad? Solo habla con Él, su mano se extenderá de manera prodigiosa y para Él no hay casualidades, sino Milagros.

Salmo 4:1
“Cuando clamo, respóndeme, oh Dios de mi justicia. En la angustia me has aliviado; ten piedad de mí, escucha mi oración”.

Salmo 9:9
“Será también el Señor baluarte para el oprimido, baluarte en tiempos de angustia”.

Salmo 18:6
“En mi angustia invoqué al Señor, y clamé a mi Dios; desde su templo oyó mi voz, y mi clamor delante de El llegó a sus oídos”.


¡Gracia y Paz!

sábado, 20 de septiembre de 2014

¿ESTÁS ADORANDO A DIOS COMO ÉL LO PIDE?



¿ESTÁS ADORANDO A DIOS COMO ÉL LO PIDE?

A través de los siglos y en todas partes del mundo, el ser humano ha manifestado siempre un deseo innato de adorar a alguien o a algo. Civilizaciones antiguas rindieron culto al sol o a la luna o a otros cuerpos celestes. Hay tribus de remotas regiones que adoran el agua, o el fuego, o el viento, o cualquier otro elemento de la naturaleza. Millones de personas adoran imágenes o ídolos fabricados de madera, piedra u otro material. Hasta existen sectas que adoran al diablo. ¿Puedes creer esto?

¿Y qué nos dice la Biblia acerca de la adoración? Hace muchos siglos cuando Dios, por medio de Moisés, dio al pueblo de Israel los Diez Mandamientos, les expresó con suma claridad su sentir en relación a adorar algo o alguien que no fuese él mismo. Dice Deuteronomio 5:7-9: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Yahweh tu Dios, fuerte, celoso…” Ciertamente la Palabra de Dios establece de una manera muy clara que el único a quien debemos adorar es al Dios Todopoderoso.

El Salmo 96:7-9 es una viva exhortación a exaltar a Dios y a darle la honra, la gloria y el poder que solamente él merece. El salmista invita al pueblo a “adorar a Yahweh en la hermosura de la santidad”. Y finalmente les dice: “Temed delante de él, toda la tierra”. En los tiempos del Antiguo Testamento era muy común observar esta actitud de santo temor al adorar a Dios. Por ejemplo, cuando Dios se presentó ante Abram para hablarle acerca de sus planes en relación al pueblo de Israel, “Abram se postró sobre su rostro” (Génesis 17:2). De igual manera, cuando el Señor se le apareció a Moisés en medio de una zarza ardiendo, dice la Biblia que “Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios” (Éxodo 3:6).

Con la venida de Jesús al mundo, vemos un cambio en la manera de adorar a Dios. En Juan capítulo 4, la Biblia nos narra acerca de la conversación que Jesús sostuvo con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob. Allí, la mujer expresó la manera de pensar de aquellos tiempos en relación a la adoración cuando le dijo al Señor: “Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar”. Y Jesús le contestó: “Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:21; 24).

Por varios siglos los judíos adoraron a Dios en el tabernáculo. Este tenía dos habitaciones: una anterior llamada el lugar santo y una posterior llamada el lugar santísimo. En este lugar santísimo habitaba Dios. Ambas habitaciones estaban separadas por un velo (Éxodo 26:33). Todos los sacerdotes podían servir en el lugar santo, pero sólo el Sumo Sacerdote podía entrar al lugar santísimo una vez al año, el Día de la Expiación, llevando la sangre del chivo expiatorio para la remisión de los pecados de los Israelitas (Levítico 16:34). Cuando Jesús murió en la cruz del Calvario, “el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo” (Mateo 27:51), eliminando la separación entre el lugar santo y el lugar santísimo. Este sacrificio nos ha dado acceso directo al Padre, y podemos adorarle de una forma íntima y personal.

Hebreos 4:16 nos dice: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia...” Y Santiago 4:8 nos dice: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”. Mientras más nos acercamos al Señor, más se acerca él a nosotros, y mayor será en nosotros el deseo de adorarle en “la hermosura de la santidad”. Adorar a Dios no quiere decir que tenemos que estar postrados todo el día. Le adoramos cuando tratamos de agradarle de todo corazón en todo lo que hagamos, y en cada una de nuestras acciones demostramos que le amamos y no queremos entristecer su Espíritu. De esta manera le adoramos en “espíritu y en verdad”. Esta es la verdadera adoración.

Salmo 96:7-9
“Tributad a Yahweh, oh familias de los pueblos, dad a Yahweh la gloria y el poder. Dad a Yahweh la honra debida a su nombre; traed ofrendas, y venid a sus atrios. Adorad a Yahweh en la hermosura de la santidad; temed delante de él, toda la tierra”.

Gracia y Paz
Dios te Habla



ORACIÓN

Salmo 96:7-9

“Tributad a Yahweh, oh familias de los pueblos, dad a Yahweh la gloria y el poder. Dad a Yahweh la honra debida a su nombre; traed ofrendas, y venid a sus atrios. Adorad a Yahweh en la hermosura de la santidad; temed delante de él, toda la tierra”.