lunes, 23 de junio de 2014

¿DÓNDE ESTÁS BUSCANDO LA AYUDA QUE NECESITAS?



¿Dónde estás buscando la ayuda que necesitas?

Isaías 31:1
“¡Ay de los que descienden a Egipto por ayuda, y confían en caballos; y su esperanza ponen en carros, porque son muchos, y en jinetes, porque son valientes; y no miran al Santo de Israel, ni buscan a Jehová!”

No es difícil asegurar que muchas personas que dicen ser cristianas, en realidad nunca han tenido un encuentro personal con el Señor ni le conocen íntimamente. Claro está que ni debemos juzgar a otros ni tenemos la capacidad de adentrarnos en la vida espiritual de nadie, pero Jesús claramente indicó: “Por sus frutos los conoceréis...” (Mateo 7:16). Es decir, la actitud o la manera de actuar de una persona pueden darnos una buena idea de su relación con Dios.

A veces hablamos mucho de religión pero demostramos poco la vida de Cristo con nuestras acciones. Nuestra manera de practicar el “cristianismo” es generalmente mediocre y apenas impacta a los incrédulos debido a que ellos no ven en nosotros un testimonio vivo y poderoso. En determinadas acciones algunos cristianos no se diferencian de aquellos que no creen en Dios. La escritura de hoy nos muestra esta triste realidad. El pueblo de Israel en vez de buscar al Señor para que los ayudara y supliera sus necesidades, confiaba y ponían su esperanza en los recursos de los paganos. Dios, por medio del profeta Isaías, advierte: “¡Ay de ellos!” “¡Pobre de ellos!”

Egipto representa hoy para nosotros el mundo sin Cristo, y los caballos, los carros, y los jinetes representan los recursos materiales que ese mundo nos ofrece. Los años han pasado pero el pueblo de Dios sigue tristemente en esa misma línea de incredulidad confiando en lo que pueden ver en lugar de confiar en lo que no pueden ver; buscando lo corrupto de afuera cuando tienen todo lo glorioso dentro del reino de Dios. Esto pone de manifiesto una pobre relación con Dios, falta de crecimiento espiritual y una fe muy pequeña. Nadie que busca en primer lugar la ayuda del mundo puede experimentar intimidad con el Señor. Santiago 4:4 dice: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. En el Sermón del monte, Jesús enseñó a aquellos que le escuchaban que no debían preocuparse ni afanarse por las cosas materiales que necesitaban. Y los exhortó a dirigirse en primer lugar a la fuente inagotable de toda provisión. Así les dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

La Biblia está llena de pasajes que nos dan la plena seguridad de que podemos contar con la ayuda y el apoyo de nuestro Padre celestial en cualquier momento que lo necesitemos. Por ejemplo, Hebreos 4:16 nos exhorta a acercarnos “confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. El Salmo 22:26 afirma que “los pobres comerán y se saciarán; los que buscan al Señor, le alabarán”. En el Salmo 23:1, David  nos dice: “Jehová es mi pastor; nada me faltará”. Y en Salmo 37:25 él dice: “Yo fui joven, y ya soy viejo, y no he visto al justo desamparado, ni a su descendencia mendigando pan”. Y Jesús nos promete en Mateo 21:22 que “todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. Podríamos mencionar muchas más citas bíblicas que manifiestan de manera clara el deseo del Señor de suplir todas nuestras necesidades. ¿Qué necesidad hay, pues, de buscar ayuda en otro lugar?

En su carta de Pablo a los filipenses, se nos alienta diciéndonos: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Nuestra mirada debe estar siempre puesta en Jesús pues él es “el autor y consumador de la fe”, dice Hebreos 12:2. Desviar de él nuestra mirada nos traerá malas consecuencias. Mantenernos en él nos garantiza que todas nuestras necesidades (físicas, materiales y espirituales) estarán cubiertas. Reflexiona en esto por unos minutos y contesta esta pregunta: “En medio de la necesidad o la prueba, ¿hacia dónde enfocas tu mirada?” “¿Te diriges hacia Egipto (el mundo) o hacia el Dios de la provisión eterna?”

ORACIÓN:
Padre Santo, gracias infinitas porque tu Palabra nos asegura que podemos acudir a ti siempre en busca de ayuda y de sustento. Por favor, aumenta mi fe para dirigirme a ti siempre cualquiera sea mi necesidad, sabiendo que tú suplirás todo lo que me falte. En el nombre de Jesús. Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla


AGAR


Génesis 21:13
"Y también del hijo de la sierva haré una nación, porque es tu descendiente".

[Lee Génesis 21:9-21]

Agar había sido sacada de Egipto cuando era una niña y vendida como esclava. Probablemente había estado ya con Sara en Ur de los Caldeos. El caso es que entre muchos criados y criadas, Agar era tenida en gran estima por su ama. Esto es evidente por el hecho que cuando Sara quería que Abraham tuviera un hijo, cuando ella creía ser estéril, se la dio a Abraham, para que naciera de Agar el hijo de la promesa. Desde el punto de vista de Sara era imposible conceder mayor honor a una esclava.

Y con todo, esto constituyó un pecado delante de Dios, para los tres aunque menos para Agar. Era un pecado y como tal permaneció, pues el acto sexual no es permisible fuera del matrimonio. Es verdad que las costumbres de la época eran diferentes, pero esto no anula las leyes de Dios. Por tanto, los tres eran culpables. En el caso de Abraham y Sara a esta violación de los preceptos de Dios se añadía el pecado de la incredulidad. El intento de asegurar el Hijo de la promesa a través de Agar era el resultado de una falta de fe en la Omnipotencia de Dios y la certeza de sus promesas. Agar, siendo una esclava era, naturalmente, la menos responsable por tener menos libertad.

Por tanto, no es de sorprender que de este arreglo humano no resulto ninguna bendición. Agar "miraba con desprecio a su señora", ya antes de nacer Ismael, y se escapa de su dueña. Luego, cuando Sara dio a luz a un hijo, aparecen los celos entre las dos, celos que luego se trasladan de las madres a los hijos. Ismael se burla de Isaac. Aparece la discordia entre Abraham y Sara. Sólo después de la intervención de Dios Abraham despide a Agar. Esta vez sale para el desierto con el hijo.

Pero esto no completa el episodio de Agar, pues de él ha habido consecuencias visibles aún hoy. De Ismael proceden los árabes, de los cuales salió Mahoma. Así que la fuerza del Islam que todavía es potente en tres continentes, está en su origen unida al nombre de Agar.

De hecho, hay en esta circunstancia un misterio que no ha sido bien comprendido todavía. Es indudable que esta muchacha egipcia había llegado a un conocimiento del verdadero Dios en la tienda de Abraham. Por la gracia de Dios había aparecido la fe en su corazón. Y a través de esta promesa había en ella fe en el Mesías. Agar tiene que haber soñado que iba a dar a luz al antecesor del Mesías. Y así lo creería durante años, pero en el curso del tiempo sus ojos se abrirían y entró la desilusión.

Sin embargo, antes y después de esta ilusión de la fe, Agar fue objeto de un especial cuidado por parte de Dios. Dos veces tuvo el privilegio de ser testimonio de la aparición del Señor. La primera vez en el camino de Shur, cuando se había escapado; la segunda en el desierto de Beerseba, cuando Ismael se estaba muriendo de sed. Con toda esta atención por parte de Dios es natural que tenga un gran significado en la historia de su reino. Porque el Señor le dio ricas promesas. En el desierto de Beerseba le dijo claramente que haría de su hijo una gran nación. Antes le había dicho que "sería hombre fiero, la mano de todos contra él, su mano contra todos". Y a Abraham, Dios le dijo que daría prosperidad a Ismael por ser la simiente de Abraham. Todo esto está registrado en Génesis 16:10-12 y en 21:13, mucho antes del nacimiento de Mahoma. Vemos que la profecía se ha cumplido literalmente. Y con todo, esta página de la historia, que empieza con la fe de Agar y termina con la falsa fe del Islam, permanece envuelto en la niebla. Sólo se puede decir que el pueblo nacido de Agar ha sido empleado por Dios para disciplinar a su Iglesia. Pero hemos de considerar también que poseen grandes territorios que constituyen una barrera contra el paganismo. Todos ellos, muchos millones, creen en un solo Dios, y en la revelación profética de Dios. Hemos de recordar que los mahometanos reconocen a Jesús como profeta. Su error es no creer en Jesús como Mesías, y en colocar un falso profeta por encima de Él. Por ello permanecen en parte del Antiguo Testamento y rechazan el Nuevo. Colocan su fe en el contenido del Corán.

Esto es quizá lo que insinúa Pablo cuando en Gálatas 4:22 compara a Sara con una mujer libre y a Agar con una esclava, y místicamente lo interpreta significando que los que no encuentran al Mesías permanecen "hijos de la esclava", y los otros "hijos de la libre". Es posible que se refiera a la Jerusalén terrenal, y a la religión cristiana, que no busca su Jerusalén sobre la tierra, sino eternamente en los cielos.

Sea como sea, Agar aparece en las Escrituras por más razones que meramente estimular nuestra simpatía por el hecho que se perdió en el desierto. Aparece como un eslabón en la cadena de la Providencia insondable de Dios. El nombre de Agar está entrelazado con las raíces de la historia de la Iglesia de Dios.

“Gracia y Paz”
Editado por: Carlos Martínez M.

Beatriz C. González


sábado, 21 de junio de 2014

2 Crónicas 15:7



2 Pedro 1:21



2 Corintios 3:17



1 Pedro 4:8


¡Que Yahweh les mire con amor y les conceda la paz!


ORACION


¡Que Yahweh les mire con amor y les conceda la paz!



¿CÓMO MANEJAS LOS ELOGIOS QUE RECIBES?



¿Cómo manejas los elogios que recibes?

Proverbios 27:2
“Que te alabe el extraño, y no tu boca; el forastero, y no tus labios”.

¿A quién no le agrada recibir una palabra de elogio? Después de un largo día de trabajo, al completar una tarea agotadora o al enfrentar circunstancias difíciles, una frase halagadora o un gesto de amabilidad puede ser gratificante e inspirador. Sin embargo, hay que tener cuidado al recibir elogios. Manejados correctamente, no hay ningún problema. Pero puede haber peligro dependiendo de la manera en que lo recibimos, pues nuestra naturaleza carnal tiende a llenarse de orgullo y vanidad con mucha facilidad. Y esto, desde luego, puede acarrearnos malas consecuencias en nuestras vidas.

Un ejemplo lo encontramos en Daniel capítulo 5. La Biblia cuenta que Dios le dio al rey Nabucodonosor “el reino y la grandeza, la gloria y la majestad” (v.18). Y por esto todos los pueblos y naciones “temblaban y temían delante de él”. Todos se esmeraban en halagarle y presentar ante él todo tipo de elogios y alabanzas. Producto de ello, el rey se llenó de orgullo y se olvidó de Aquel que le había dado todo. Dice el versículo 20 que “cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, fue depuesto del trono de su reino, y despojado de su gloria”. Pero no sólo esto, más adelante Nabucodonosor “fue echado de entre los hijos de los hombres, y su mente se hizo semejante a la de las bestias, y con los asnos monteses fue su morada. Hierba le hicieron comer como a buey, y su cuerpo fue mojado con el rocío del cielo” (v.21). Ciertamente un cambio enorme en su vida, de rey y señor de Babilonia, y envidia de todos los reinos de alrededor, a un perturbado mental, viviendo a la intemperie y actuando como las bestias del campo. Todo como resultado de su soberbia y su orgullo. Aquí se cumplen de manera perfecta las palabras de Jesús en Mateo 23:12: “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

Una actitud de soberbia y orgullo siempre traerá malas consecuencias, porque “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”, dice Santiago 4:6. Para evitar el orgullo, la jactancia o el egocentrismo como resultado del elogio, la Biblia nos da pautas a seguir que nos permiten aceptar halagos con gracia:

Evita elogiarte a ti mismo.
El pasaje de hoy nos enseña que debemos dejar que otros nos alaben y no nosotros mismos. La Biblia también nos enseña que cuando actuamos con humildad, Dios mismo nos exaltará en Su tiempo. Dice 1 Pedro 5:6: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo”.

Dale la honra a Dios.
Recibir felicitaciones acerca de tu estilo de vida positivo o por tu buen trabajo puede ser una buena oportunidad para darle el crédito a Dios por lo que él está haciendo en tu vida. Dice Isaías 12:5: “Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra”. Compartir la razón de tu actitud positiva o del cambio en tu vida, puede ser un testimonio del poder de Dios para el no creyente. Por eso siempre debes darle la gloria al Señor. Y que todos los que están a tu alrededor lo sepan.

Responde con el corazón.
Comparte con la persona que te alaba cómo el halago que te hizo afectó tu vida. Proverbios 25:11 dice: “Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene”. Muestra agradecimiento a la persona que te hizo sentir bien y de manera amable preséntale a Aquel que produce en ti ese comportamiento.

Agradécele a Dios en oración.
¿Le has pedido a Dios recientemente por una motivación para entregarte más a él y servirle? Quizás él ha contestado tu oración por medio de las palabras de estímulo de otra persona. Recuerda agradecerle a Dios por esos halagos en tu tiempo de oración. Hebreos 13:15 dice: “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre”.

Resumiendo, debemos pensar y actuar siempre sobre la base de que todo lo bueno que recibimos proviene de Dios, incluyendo los halagos, los cuales pueden ser usados por el Señor tanto para probar nuestra madurez espiritual como para impactar la vida de quien nos halaga, dependiendo de nuestra reacción.

ORACIÓN:
Padre Santo, te ruego pongas en mí un espíritu de humildad que no me permita exaltarme a mí mismo en nada, sino que cada vez que me den un elogio por algo que yo haga, seas tú quien reciba la gloria y el honor que únicamente tú te mereces. En el nombre de Jesucristo, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



¡Que Yahweh les mire con amor y les conceda la paz!


martes, 17 de junio de 2014

Colosenses 3:2



¿ERES AGRADECIDO CON EL SEÑOR?



¿Eres agradecido con el Señor?

Lucas 17:11-19
“Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado”.

Para entender bien lo que este pasaje nos narra, tenemos que pensar en la vida que aquellos leprosos llevaban. En primer lugar no existía cura para esta enfermedad, y además era muy contagiosa. Por eso estas personas eran forzadas a vivir fuera de la villa o aldea. La ley requería que se mantuviesen a distancia de las demás personas, y cuando el viento soplaba del leproso hacia la persona sana la ley establecía que la distancia debía ser por lo menos de ciento cincuenta pies. Eran víctimas del rechazo de la sociedad en que vivían. Ni siquiera podían acercarse a sus familias, a sus hijos, a sus amistades. ¡Qué vida tan terrible!

Aquellos hombres clamaron a Jesús desesperadamente, y a distancia le gritaron: “¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!” Jesús tuvo misericordia de ellos y los sanó. Y en el mismo instante en que la lepra desapareció, nueve de ellos, ansiosos por ser declarados limpios y por lo tanto volver a ser aceptados por la sociedad, continuaron su camino para mostrarles a los sacerdotes que ya ellos eran sanos y que podían vivir una vida normal. Ni siquiera les pasó por la mente aquel que había hecho tan precioso milagro en sus vidas. Sin duda sus pensamientos estaban concentrados en su propio beneficio y en su corazón no había una pizca de agradecimiento. Sólo uno de ellos volvió a donde estaba Jesús, y “se postró rostro en tierra a sus pies, dándole las gracias”. Entonces Jesús le pregunta: “¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?” Casi podemos percibir la tristeza en estas palabras del Señor. Por último le dijo: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado”. No sólo fue aquel hombre sanado de su enfermedad, sino que su agradecimiento le llevó a recibir del Señor el regalo más precioso que un ser humano pueda recibir: la salvación de su alma.

De diez leprosos sólo uno mostró gratitud. El mínimo posible. Pero esto no debe extrañarnos. La falta de agradecimiento forma parte de la naturaleza humana. En sentido general todos somos malagradecidos en mayor o menor grado. ¿Cuántos de nosotros tomamos cada día unos minutos para decirle a Dios: gracias por mi vida, gracias por mi salud, gracias por mi trabajo, gracias por mi familia, gracias por tu provisión, en fin, gracias por todas las bendiciones recibidas día tras día?

En esta vida nos suceden muchas cosas contrarias a como deseábamos, como suponíamos, o como teníamos previsto, pero en todos los casos debemos dar gracias a Dios, pues sus planes para sus hijos son “planes de bienestar y no de calamidad”, dice Jeremías 29:11. Aun en los malos momentos por los que a veces pasamos debemos ser agradecidos ya que ellos son usados por el Señor para moldear nuestro carácter y mover las circunstancias para un final favorable a nosotros.

A Dios le agrada que seamos agradecidos. 1 Tesalonicenses 5:18 dice: “Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. Demos gracias al Señor cada mañana al despertar, gracias por el alimento de cada día, gracias porque podemos llamarle “Padre nuestro”, gracias porque él conoce nuestras necesidades y las suple “conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Recordemos cada día el sacrificio de Jesús en la cruz que nos ha dado vida eterna, y la infinita misericordia de Dios. Y seamos agradecidos.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego perdones mi ingratitud, y me ayudes a vivir consiente de todas las bendiciones que recibo diariamente. Y que de mi corazón salga un constante agradecimiento que llegue hasta tu trono de gracia. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

APRENDI A DEFENDERME



APARTATE DEL MAL Y HAZ EL BIEN


Síguenos en: www.facebook.com/CarlosMartinezM.AprendiendoLaSanaDoctrina

lunes, 16 de junio de 2014

¿HAS SENTIDO LA CARGA DEL ESPÍRITU SANTO PARA ORAR POR ALGUIEN?



¿Has sentido la carga del Espíritu Santo para orar por alguien?

Juan 16:5-15
“Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber”.

A medida que se acercaba el momento de su muerte, Jesús con frecuencia se refirió al “Consolador” que él enviaría, el cual enseñaría y capacitaría a los creyentes para una vida conforme a los planes de Dios. En Juan 14:26, el Señor les dice a sus discípulos: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.

Una de las principales funciones del Espíritu Santo es ayudarnos a llevar a cabo aquello para lo cual Dios nos ha llamado. Una de sus responsabilidades es ser nuestro asistente en la oración. Él es el que pone en nosotros “la carga” que nos mueve a orar. Él tiene conocimiento de las tentaciones que esperan por nosotros más adelante, o las duras experiencias por las que tendremos que pasar. Por eso nos urge a que nos mantengamos en contacto con nuestro Padre celestial. Cuando sientas la necesidad de orar no debes ignorarla bajo ningún concepto. En 1 Tesalonicenses 5:19, la Biblia nos dice: “No apaguéis al Espíritu”. Apagamos al Espíritu cuando ignoramos sus instrucciones, cuando lo limitamos o lo estorbamos. No debemos olvidar esta divina advertencia.

Cuando sentimos una carga o peso para que oremos por alguien, es el Espíritu Santo obrando para darnos la oportunidad de participar en la obra de Dios. En ocasiones hemos sentido que debemos orar por una cierta persona en un cierto momento, y más tarde nos enteramos que esta persona estaba en medio de una situación difícil que requería la ayuda divina. La carga en nuestros corazones para que oremos por nosotros mismos o por otras personas es una demostración muy especial del amor de Dios. Al movernos a la oración, él comienza un proceso de hacernos sensibles a las circunstancias que nos rodean, o de prepararnos para una batalla que él sabe se acerca. Debemos estar preparados para escuchar la exhortación del Espíritu Santo y obedecer fielmente sus instrucciones, alejándonos de todo aquello que interfiera en nuestra comunión con Dios.

Efesios 5:18 dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”. La única manera de ser “llenos del Espíritu” es estableciendo una íntima comunión con nuestro Padre celestial. Con ese fin, separa todos los días un tiempo para el Señor, leyendo su palabra, meditando en ella y orando, y “alabando al Señor en vuestros corazones”, como dice Efesios 5:19. La Biblia dice que “el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26). Pide a Dios que te revele aquello por lo que debes orar. El Espíritu Santo pondrá en tu corazón una carga por algo o por alguien a quien Dios quiere bendecir o usar para llevar a cabo algún plan que él tiene. Participa tú en ese plan divino siendo sensible a las instrucciones del Espíritu Santo.

ORACIÓN:
Padre santo, por favor lléname de tu Santo Espíritu. Ayúdame a hacer mi parte en este proceso, de manera que yo pueda disfrutar plenamente de tu amor y de tu paz, y llegar a tener un oído sensible para escuchar todo lo que el Consolador me diga. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

domingo, 15 de junio de 2014

¿Y TÚ DE QUÉ MANERA CLAMAS A DIOS?



¿Y tú de qué manera clamas a Dios?

Nehemías 1:4-9
"Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre".

A Dios le agrada que meditemos en su Palabra y guardemos sus mandamientos. A él le encanta que aprendamos las lecciones de las sagradas Escrituras y las pongamos en práctica en nuestro diario vivir. Y también le complace que prestemos atención a lo que él ha prometido y a lo que él ha advertido son las consecuencias de nuestras acciones. A través de los siglos, el Señor ha mostrado de manera inequívoca su fidelidad al cumplimiento de sus promesas. Dice Hebreos 10:23: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”. Ciertamente Dios es fiel y siempre cumple su palabra.

En el pasaje de hoy, Nehemías oró usando las mismas palabras que Dios había pronunciado años antes, cuando se dirigió a Moisés advirtiéndole acerca de la infidelidad y el pecado del pueblo de Israel, y recordándole su promesa de reunirlos y llevarlos a la tierra prometida si ellos guardaban sus mandamientos. Nehemías no estaba insinuando que Dios pudiera haberse olvidado de sus propias declaraciones. Él simplemente confiaba en las Escrituras y las guardaba en su corazón y en su mente. Cuando Nehemías dice a Dios "acuérdate de la palabra que diste a Moisés", está diciendo que él cree en esa palabra de todo corazón y que su esperanza reside en las promesas que el Señor ha dado a su pueblo.

Una de las mejores maneras de orar y ayunar es manteniendo la Biblia abierta, trayendo ante Dios su propia palabra, y mostrándole a él que nuestra esperanza se basa en sus promesas. David trajo ante Dios su pecado y lo confesó, declarando: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:16-17). Hoy nosotros, si estamos luchando contra alguna situación pecaminosa, podemos aferrarnos a esas mismas promesas, declararlas, hacerlas nuestras y venir humildemente delante del Señor arrepentidos y confesando nuestros pecados.

¿Tienes problemas económicos? Haz una prioridad tu búsqueda del Señor, y acércate a su trono de gracia expresando las palabras de Jesús en Mateo 6:33: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. ¿Andan tus hijos por caminos que no son de Dios? Si tú has creído, ora aferrándote a la promesa de Hechos 16:31: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. ¿Necesitas paz y descanso espiritual? ¿Sientes sobre ti una carga muy pesada? En Mateo 11:28, Jesús nos dejó una preciosa promesa: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar". Ven al Señor en oración trayendo estas promesas, confiando que él habrá de cumplirlas en ti plenamente.

ORACIÓN:
Amante Padre, te doy gracias por tus promesas y por tu fidelidad. Tú has prometido descanso para todos aquellos que estamos trabajados y cansados Has prometido suplir nuestras necesidades, y estar con tus hijos todos los días hasta el fin del mundo. Hoy yo vengo a ti y te entrego todas mis necesidades confiando en que tú las suplirás. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y paz”

Dios te Habla