miércoles, 22 de mayo de 2013

EL QUE QUITA LA VERGÜENZA



2 Samuel 4:4
“…Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de los pies. Tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezreel la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán; su nodriza lo tomó y huyó, pero mientras huía apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo. Su nombre era Mefi-boset”.

Mefiboset significa “el que quita la vergüenza”. Para empezar diremos que Mefiboset nos tipifica a todos los cristianos. Solo que hay que ver en qué etapa. Se marcan dos etapas: Primero la del Mefiboset lisiado, luego la del Mefiboset restaurado.

Este hombre llegó a quedar lisiado. De igual manera nuestras vidas llegaron a estar atrofiadas cuando estábamos sin Cristo. La Biblia habla de una “viejo hombre” (Efesios 4:22), cuando señala la manera vacía de vivir que teníamos en su condición de pecadores, pero era la única vida que teníamos. Así como la vida de aquel hombre que lo dejó caer la nodriza y golpeándose los pies llegó a una condición de vida que podríamos llamar “desgraciada”, de igual manera tanta caída, tanta frustración, tanta derrota de una vida normal-natural nos dañó, y nos dejó también a nosotros de alguna manera lisiados. Estoy hablando de nuestra condición delante de Dios. La vida de un hombre puede estar tan bien físicamente, pero tan mal espiritualmente. De igual forma podría darse el caso de alguien que esté físicamente torcido, pero con un alma tan linda delante de Dios. Si el ser físico verdaderamente manifestara la condición real del hombre, creo que quedaríamos asombrados. Llegará el momento en que eso llegue a suceder, pero todavía no. Eso será en el desenlace final de los tiempos.

Mefiboset no lo sabía, pero Dios tenía un propósito para él. Cuando Jonatán, su padre, le pone nombre, quizá él no lo sabía, pero ya le estaba dando un propósito definido en la vida. Cuando lo nombró estaba diciendo acerca del él que se convertiría en aquel que “quita la vergüenza”. Dios también tiene propósito para tu vida, amado hermano. Para Mefiboset, Dios tenía un destino ya trazado. Dios quería que Mefiboset llegara a ser a la manera de un “redentor” para la casa en medio de la cual estaba naciendo. De igual forma, aunque tu mismo no lo sabías, Dios también ha determinado que tu seas a la manera de un “redentor” también en medio de tu casa, de tu familia, de tu trabajo, del círculo social en el cual te desenvuelves. Tu has sido elegido por Dios para “quitar la vergüenza” en cada una de esas esferas.

Nadie escoge en qué familia nacer, en qué lugar nacer, qué padres tener. Dios eligió por todos y cada uno de nosotros, Él sabe por qué y para qué, nacimos en el tiempo, lugar y familia en que nacimos. Nadie eligió llevar el apellido que lleva, o los rasgos físicos con que nació debido a la herencia genética. Nadie escogió su casa paterna. Dios tenía un propósito para con la casa en donde se nos permitió nacer. Quizá sea una familia muy religiosa, quizá sea una familia muy problemática o llena de vicios, de pecado, una familia no muy buena. Pero Dios nos mandó allí porque habría de llamarnos, levantarnos, redimirnos y usarnos para salvación de todos ellos, así como para la gloria suya. Si tu eres el primer “cristiano” en tu familia, es porque Dios tenía ya tenia ese propósito para ti, Dios quiso levantarte como luminar en medio de las tinieblas en que esa familia se encontraba. Dios quiere cambiar la historia de esa familia, quiere cambiar el destino eterno de sus integrantes, Dios quiere salvar a cada uno de sus miembros.

Si tu fuiste el primer creyente, pues allí está el propósito de Dios al hacerte nacer allí en donde naciste. Por alguien empieza Dios a salvar esa familia. Si tu fuiste el primero gózate, pues como Mefiboset, también tu fuiste llamado y elegido por Dios para que seas el que “quite la vergüenza”. Quizá por tu medio Dios alcance a padre, madre, hermanos, hermanas, el tío, la tía, el sobrino, el primo… y lleguen a reconocer a Cristo como Salvador y todo empezó por ti. Aleluya. Bendita misericordia de Dios. Porque Dios te vio a ti y determinó que tu llegaras a ser el instrumento por medio del cual se quitara el oprobio familiar delante de Dios. Aquella trayectoria de “parranderos y jugadores” que cada descendiente tenía, contigo se quebranta. Quizá aquella trayectoria de mujeriegos, quizá de prostitución, quizá de ladrones, quizá de brujos… esas “maldiciones” que la familia está arrastrando, allí contigo la historia cambia, y Dios te levantó para este fin. ¡Qué noble Su llamado, qué perfecta es Su obra!

La Palabra de Dios nos dice: “Cree en el Señor Jesucristo y será salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31). Claro que no es automático, pero ya señala el hermoso propósito de Dios. Y todo empieza con uno. Por medio de uno, Dios comienza a hacer una obra en medio de la familia. Al tiempo ya son dos, luego tres, cuatro, cinco… hasta que toda la casa sea alcanzada. Pero Dios, se hace primero de un instrumento, seas tu el instrumento en las manos de Dios, para que su propósito de salvación se cumpla en la familia a la cual te envió. Seas un Mefiboset en medio de tu casa y tu familia. Seas el vaso a través del cual, Dios “quitará la vergüenza” de  oprobio que por tanto tiempo tu familia ha arrastrado.

Déjate usar por Dios, créele a Dios y seguramente verás el cumplimiento de lo que hoy aquí te compartimos.


“Gracia y Paz”
Palabra de Miel

¿ENTIENDES TU EL PLAN DE DIOS?



Salmo 119:17-24
“Haz bien a tu siervo; que viva, Y guarde tu palabra. Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley. Forastero soy yo en la tierra; No encubras de mí tus mandamientos. Quebrantada está mi alma de desear Tus juicios en todo tiempo. Reprendiste a los soberbios, los malditos, Que se desvían de tus mandamientos. Aparta de mí el oprobio y el menosprecio, Porque tus testimonios he guardado. Príncipes también se sentaron y hablaron contra mí; Mas tu siervo meditaba en tus estatutos, Pues tus testimonios son mis delicias Y mis consejeros”.

¿Cómo describiría usted la voluntad de Dios? ¿La llamaría…

·      Fantasía (“No creo que Dios tenga un plan para áreas específicas de mi vida”)?
·      Misterio (“Dios tiene un plan, pero es tan difícil de entenderlo”)?
·      Biografía (“Sé que la Biblia dice quién es Dios y cuáles son sus planes, pero a veces me siento confundido”)?

Veamos algunas de las causas que pueden impedir que entendamos sus planes.

El manejo incorrecto de la Palabra de Dios. Cuando nuestros días están repletos de compromisos y actividades, nos resulta difícil alimentarnos regularmente de la Biblia. Si no dedicamos suficiente tiempo a la Palabra de Dios, tendemos a olvidar lo que le importa a Él, mezclar las mentiras del mundo con la verdad del Padre, utilizar incorrectamente las Escrituras para reforzar las decisiones que ya hayamos tomado. O bien, rechazarla y hacer las cosas a nuestra manera.

Escoger consejeros equivocados. A la hora de tomar decisiones, a veces confiamos demasiado en las opiniones de otras personas. Creemos que la manera más fácil y rápida de obtener respuestas, es pedirlas a amigos cristianos o a no creyentes que parecen ser “sabios”. Es decir, utilizamos el estilo de vida de nuestros amigos como una medida para discernir la voluntad de Dios: decidimos que si ellos pueden actuar de una manera determinada, nosotros también podremos hacerlo.

La mejor manera de no errar en cuanto a la voluntad de Dios, es hacer de la Biblia nuestra compañera diaria. Alístese para dedicar tiempo a su lectura, y para escuchar lo que le enseñe el Espíritu Santo sobre la voluntad de Dios para su vida.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

¿PORQUÉ DUDAS?



Mateo 14:28-31
“Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”

La Biblia nos relata que en una ocasión una gran tormenta sorprendió a los discípulos en medio del mar. Los vientos eran tan fuertes que amenazaban con hundir la barca. En ese momento “Jesús vino a ellos andando sobre el mar”, y les habló con el fin de animarlos. En la oscuridad de la noche, los discípulos no reconocieron a Jesús. Fue entonces que el impetuoso Pedro le respondió al Señor de la manera que nos cuenta el pasaje de hoy. Cuando Jesús le dijo: “Ven”, Pedro descendió de la barca y “andaba sobre las aguas para ir a Jesús”. Pero tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces el Señor le dijo: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”

Mientras Pedro mantuvo su mirada fija en Jesús pudo caminar perfectamente sobre las aguas. Pero tan pronto dudó y apartó su mirada del Maestro, comenzó a hundirse. Eso es exactamente lo que nos pasa a nosotros en muchas ocasiones; apartamos la mirada del Señor, nuestra fe flaquea, dudamos y nos hundimos en la desesperación. La duda es un sentimiento destructivo. Nos llena de incertidumbre, hace que actuemos con inseguridad, y afecta nuestra capacidad de acercarnos a Dios y recibir su sabiduría y su poder para actuar en circunstancias difíciles. ¿Cómo, pues, podemos eliminar las dudas? Las dudas desaparecen de nuestras vidas cuando creemos de todo corazón las siguientes verdades:

Primera: Dios nos ama siempre, en todas las circunstancias. Nos resulta fácil creer esto cuando pensamos que nos estamos “portando bien”, pero no cuando estamos concientes de que hemos sido desobedientes. Sin embargo, debemos estar seguros que el amor de Dios es incondicional, pues aun cuando estábamos muertos en nuestros pecados, Cristo dio su vida por nosotros. Esto afirma Romanos 5:8: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.

Segunda: Los que hemos aceptado a Jesucristo como nuestro salvador, hemos recibido “la adopción de hijos de Dios”, dice Gálatas 4:5. ¡Qué maravilloso que el Dios de todo poder nos considere sus hijos y que podamos contar con su infinito amor siempre! Así continúa diciendo Romanos 5:9: “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira”. Dios ha perdonado nuestra desobediencia. El sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario nos justificó y nos reconcilió con nuestro Padre celestial. Y aun cuando fallamos y caemos, “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”, dice 1 Juan 1:9.

Tercera: Mientras estemos en este mundo Cristo es el intermediario perfecto para llevar todas nuestras cargas y necesidades al único que puede suplirlas plenamente. Si él sufrió horriblemente en la cruz al dar su vida por nosotros, no debemos tener la más mínima duda de que cuando nos llegamos a él humildemente, nos recibirá y suplirá nuestras necesidades de todo tipo, y llenará nuestra alma de esa preciosa paz “que sobrepasa todo entendimiento”. Hebreos 4:15-16 nos anima de la siguiente manera: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”.

Por todo esto debemos tener la completa seguridad de que podemos llegarnos a nuestro Padre celestial con toda confianza, sin temor, sin dudas de ningún tipo y clamar a él por su ayuda en medio de nuestra necesidad. Jesús advirtió a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). No podemos evitar los problemas y las aflicciones, pero si confiamos en el Señor, él nos ayudará a salir victoriosos. Tengamos siempre presente lo que dice su Palabra: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7).

Hazte el propósito de leer la Biblia todos los días, medita en ella, ora. Rechaza toda duda. Mantén tus ojos fijos en el Señor y recuerda siempre que él estará contigo todos los días hasta el fin del mundo.

ORACIÓN:
Bendito Dios, te ruego aumentes mi fe, y me ayudes a echar de mí toda duda que intente robarme la paz y la seguridad de que tú estás en control. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

“EL QUE NO AMA A SU HERMANO, PERMANECE EN MUERTE”



Juan 13:35
“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.

1 Juan 4:8
“El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”.

Juan 3:16
“De tal manera amó Dios al mundo, que dió a su Hijo para morir en la cruz por nuestros pecados”.

Juan 13:1
“…Sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”.

La verdadera marca y sello de un cristiano es el amor, y cuando un verdadero cristiano encuentra a otro, siempre hay amor fraternal. Si parece que esto no es el caso con nosotros, debemos examinarnos para ver si en verdad somos salvos. Y si en verdad nos amos uno a otros, “sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos.


“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

martes, 21 de mayo de 2013

¿UN GRAN INGENIERO?



Génesis 1:1
“…Creó Dios los cielos y la tierra”.  

Hebreos 11:3.
“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”.

Desde la primera página la Biblia afirma que Dios creó los cielos, la tierra y todo lo que contiene. La ciencia nunca ha podido contradecir esta afirmación.

«Sobre el origen de la vida, no nos queda otro remedio que reconocer que no sabemos nada». Esta declaración del científico Jean Rostand sigue siendo válida hasta hoy.

Cada descubrimiento plantea más problemas de los que resuelve. Las hipótesis de los científicos nos dejan en la duda. La Biblia dice claramente que no somos el producto de la casualidad, sino de la divina y sabia voluntad.

La ciencia llega a conclusiones inciertas e inestables. El biólogo Rémy Chauvain explica que la teoría de la evolución, tan valiosa para Darwin, tuvo mucha aceptación porque era la única solución para sustituir la idea de Dios, que molesta la conciencia de mucha gente. Junto con muchos otros sabios de los más sobresalientes, físicos, biólogos, astrónomos, se pregunta: –¿No habría un gran Ingeniero?

En un lenguaje sencillo, que puede ser comprendido por los hombres de todos los tiempos, la Escritura revela cuál es el origen del hombre y del universo. Ella no nos ha engañado. En cambio, la ciencia evoluciona sin cesar, y las teorías que ayer eran presentadas como certezas, poco a poco son abandonadas.

Volvamos, pues, al Libro de Dios para descubrir en él no sólo nuestro origen, sino las promesas de Dios, quien quiere salvarnos.

“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

¿EN TIEMPOS DE PRUEBA, ESPERAS EN EL SEÑOR?



Salmos 27:14
Aguarda á Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón: Sí, espera á Jehová.

En cualquier circunstancia, tiempos de prueba, dificultades o problemas, debemos mirar a Dios y esperar en él. Debemos esperar usando los medios que se nos enseñan en las Sagradas Escrituras:

·      Asistir a la iglesia,
·      Participar en la Santa Cena,
·      Leer la palabra de Dios y meditarla,
·      Orar sin cesar,
·      Convivir y compartir con otros cristianos.

Todo esto nos traerá sin lugar a dudas una comunión intima con nuestro Padre Celestial. Nadie que le busque así dejará de recibir fuerza y bendición. “Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová” (27:14).

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

¿ERES UN VERDADERO AMIGO?



Proverbios 17:17
“En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia”.

Proverbios 18:24
El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un hermano”.

Las amistades son unos de los tesoros más valiosos. Mantener a nuestro lado amigos de verdad —esos que reirán con nosotros en los tiempos buenos y que se mantendrán a nuestro lado en las pruebas— requiere un compromiso compartido y una inversión de tiempo y energía. Las buenas relaciones florecen con…

Transparencia. Debemos ser sinceros con los amigos y animarlos a ser veraces con nosotros. Para preservar un vínculo fuerte, no podemos ocultar las heridas que pueden habernos causado. La transparencia puede ayudar a que las personas sean mejores. Una relación sólida permite a cada parte señalar con delicadeza los errores en la vida de la otra persona y ofrecer una amorosa rectificación.

Tiempo y comunicación. La amistad genuina requiere tiempo para desarrollarse. Tenemos que estar dispuestos a dejar de lado otras obligaciones y priorizar el pasar tiempo juntos para compartir nuestras opiniones y deseos, y para hacer preguntas que estimulen a nuestros amigos a hablar de lo que hay en sus mentes y corazones.

Gratitud. A todos nos gusta sentirnos apreciados. Expresar gratitud cuando los amigos son útiles, les permite saber que estamos agradecidos de tenerlos en nuestra vida. Además, confirmamos que les amamos cuando les decimos lo mucho que disfrutamos de cierto aspecto de su personalidad, o recordamos una ocasión que es especial para ellos.

Ser un buen amigo es una manera de servir a Dios. Él nos creó para relacionarnos con los demás, y por eso debemos dar lo mejor de nosotros a cada amigo que Él haya puesto en nuestra vida.

Eclesiastés 4:9-10
“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante”.


“Gracia y Paz”
Meditación Diaria


¿CÓMO ESTÁS CORRIENDO TU CARRERA?



Hebreos 12:1-2a
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”.

La vida es una carrera que comienza al nacer y dura un cierto número de años. ¿Cuántos? Sólo Dios lo sabe. Ninguno de nosotros sabe cuánto tiempo falta para el final de su propia carrera, pero de algo si podemos estar seguros: invariablemente ese final llegará. El pasaje de hoy nos habla de esa “carrera que tenemos por delante”, y nos indica cómo debemos correrla. Dice que la “corramos con paciencia”. La palabra griega que se utiliza aquí para definir paciencia significa “persistencia firme”. No se trata, pues, de la paciencia que se sienta y acepta las cosas resignadamente; se trata de una paciencia activa, dominante, que soporta todo pero no se detiene, sino que marcha adelante con firmeza, hacia la meta, con absoluta certeza en la victoria.

Esta es la manera de vivir una vida victoriosa, pero ¿podemos hacerlo por nosotros mismos? Imposible. ¿Cómo entonces? Poniendo “los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe”. Poner los ojos en Jesús es hacerlo a él el foco central de nuestras vidas. Es mirarlo a él y no a las circunstancias que nos rodean. Claro que esto es más fácil decirlo que hacerlo. Se requiere una preparación especial para lograr este nivel espiritual. En su carta a los Corintios, el apóstol Pablo escribe: “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible” (1 Corintios 9:24, 25).

Se nos exhorta a prepararnos espiritualmente de la misma manera que el atleta que quiere ganar la medalla de oro se prepara físicamente. Esto implica abstenernos de ciertas cosas que afectan nuestra vida espiritual. Implica dedicación, perseverancia, persistencia firme. Implica una buena alimentación espiritual diaria que sólo podemos obtener de la lectura de la Biblia y la oración. Implica aplicar esta palabra a nuestras vidas de manera que produzca cambios internos que otros puedan ver externamente. Implica una comunión con nuestro Señor y una búsqueda constante de su presencia, pues solos no podemos, como dice Jesús en Juan 15:5: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”.

Nuestras intenciones pueden ser muy buenas, pero llevarlas a cabo requiere la ayuda del Señor. Él es quien nos capacita, nos da la fuerza, la sabiduría, el valor y la persistencia para correr esta carrera exitosamente. Separados de él, dice Jesús, nada podemos hacer, y cuando hemos tratado por nosotros mismos, hemos sufrido muchas caídas y golpes, algunos muy dolorosos. Sólo una profunda comunión con Dios garantiza una victoria al final de la carrera.

Cuando el famoso cantante y actor americano Frank Sinatra llegó al final de su carrera, después de una larga vida de fama, riquezas y placeres de todo tipo, sus últimas palabras fueron: “I’m losing” (“Estoy perdiendo”). Unos segundos después cerró sus ojos para siempre. Bien pudo entonces haber conjugado el verbo en pasado: “Yo perdí.” Por otro lado, el apóstol Pablo describió así su carrera: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:7-8). Dos carreras diferentes, dos maneras diferentes de correrlas, dos finales diferentes. Uno terminó en derrota, el otro en victoria.

Ojalá cada uno de nosotros, al llegar al final de la carrera, pueda proclamar con gozo la victoria de la misma manera que lo hizo Pablo. Pero eso depende de cómo corramos nuestra carrera. Eso depende de la decisión de cada uno de nosotros de aplicar esta enseñanza a nuestras vidas.

ORACIÓN:
Padre santo, confieso delante de ti que soy totalmente incapaz de correr mi carrera con éxito, si no es con el poder y la dirección de tu Santo Espíritu. Por favor capacítame para mantener mis ojos fijos en Jesús, haciéndolo el Señor de mi vida. En su santo nombre te lo pido, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios Te Habla


lunes, 20 de mayo de 2013

¡HUMÍLLATE DELANTE DEL SEÑOR!



Santiago 4:10
“Humillaos delante del Señor, y él os ensalzará”.

El poema de Mortality por William Knox fue el favorito de Abraham Lincoln y empezó con las palabras, “¿Por qué debe ser orgulloso el espíritu del hombre?”. Como dijo el Apóstol Pablo, “¿Que tienes que no recibiste. Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” (1 Corintios 4:7). Por esto, “El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Corintios 1:31).

Sepamos que somos polvo, y al polvo volvemos, y que no tenemos nada propio, excepto la rebeldía y la culpabilidad y que merecemos el castigo eterno que Dios ha reservado para los que le desobedecen. ¡Sin embargo! Nuestro Padre Celestial entrego a su Hijo Jesucristo a que sufriera en nuestro lugar y que si creyéramos en él, tendremos vida eterna.

¡En nuestro Salvador sí podemos gloriarnos! Te damos gracias Señor. Amen.


“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día


¿ACTÚAS TÚ CONFORME A LA PALABRA DE DIOS?



Colosenses 3:17
"Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él".

A lo largo de la historia hemos sabido de mucha gente que hicieron cosas deshonestas "en el nombre de Dios". Ha habido incluso muertos por causa de “celos por la palabra de Dios” entre grupos afines a diferentes doctrinas supuestamente bíblicas. Y si nos remontamos al principio de la iglesia cristiana, después de Pentecostés, vemos ejemplos de muchos cristianos llenos del Espíritu Santo que fueron ejecutados por multitudes de judíos legalistas argumentando que lo hacían en el nombre de Dios. Pero es absolutamente erróneo hacer algo que sea contrario a la Palabra de Dios y pretender que se hace en el nombre del Señor, pues Dios y su palabra son una misma cosa y jamás pueden contradecirse.

Muchas veces nuestras palabras dicen una cosa y nuestras acciones dicen otra. Por un lado pretendemos glorificar al Señor y por el otro manchamos su Santo Nombre. El pasaje de hoy dice claramente que todo lo que digamos o hagamos debe ser hecho en el nombre del Señor Jesús. Hacer algo en el nombre del Señor significa que estamos obrando en su autoridad y en su total aprobación. Por lo tanto cada palabra o acción deben exaltar y glorificar el nombre de Jesucristo, y todo lo que hagamos debe ajustarse a lo que dice la Palabra de Dios. Este es el filtro para detectar si nuestras palabras o acciones son realmente hechas en el nombre del Señor. Pero debe ser hecho de todo corazón y con plena conciencia de a quien queremos agradar.

El apóstol Pablo, en esta misma carta, abunda un poco más sobre este punto en los versículos 23 y 24: "Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís". Y en el Sermón del Monte, Jesús enseñó a sus discípulos el secreto del origen de nuestras acciones y de nuestras palabras. Dice Lucas 6:45: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Debemos estar bien seguros en nombre de qué "señor" hablamos y actuamos. Si Cristo no está reinando en nuestro corazón lo que digamos o hagamos tendrá la característica de "otro señor". Quizás sea nuestro "yo" egoísta, o el mundo, o cualquier otro señor pero no nuestro Señor Jesucristo.

Es necesario tomar la firme determinación de hablar y vivir de acuerdo a lo que dice la Palabra de Dios. En 1 Pedro 4:11 dice: “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén”. Todo aquel que habla en el nombre del Señor hipócritamente podrá engañar a los demás por un tiempo, pero la Biblia dice que “Dios no puede ser burlado” (Gálatas 6:7). Más tarde o más temprano tendrá que pagar las consecuencias de sus acciones.

Claro que es imposible hablar o actuar conforme a la Palabra de Dios si no conocemos las Escrituras. Jesús dijo a un grupo de judíos: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). Decide hoy dedicar tiempo todos los días a leer la Biblia. Medita en lo que lees y pide al Señor que te dé discernimiento espiritual para entenderlo con absoluta claridad, y fe y valor para ponerlo en práctica.

ORACIÓN:
Padre del cielo, ayúdame a adquirir el conocimiento de tu Santa Palabra, y derrama en mí tu gracia para que mis palabras y hechos coincidan siempre con tu voluntad, y honren y glorifiquen tu nombre. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla



sábado, 18 de mayo de 2013

¿NO SABES QUÉ HACER?



Salmo 32:8
"Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos".

Los cristianos debemos tomar nuestras decisiones basados en esta promesa de Dios. Él nos promete que nos hará entender sus instrucciones, y nos enseñará el camino que debemos tomar. El Señor tiene un plan para nuestras vidas, y él está interesado en todas las decisiones que tomamos. Cuando tengamos que tomar alguna decisión, por simple o sin importancia que nos parezca, debemos consultar con nuestro Padre celestial en busca de dirección, sabiendo que él siempre quiere lo mejor para nosotros, y que él conoce el futuro, el cual a nosotros nos es totalmente desconocido.

Dios siempre está dispuesto a darnos una dirección clara en cada situación que se presenta en nuestras vidas. Pero es nuestra responsabilidad tenerlo a él en cuenta en todas las circunstancias. Aún más, él espera que mostremos temor ante él como Dios soberano que es. La Biblia dice en el Salmo 25:12: “¿Quién es el hombre que teme al Señor? El le enseñará el camino que ha de escoger”. Este temor no se refiere a un sentimiento de miedo o cobardía, más bien es una profunda adoración y reverencia sincera hacia Dios y su Palabra. Es ese temor el que nos guarda de pecar y nos empuja a alejarnos de la maldad y a acercarnos cada vez más al Señor. Cuando obramos así, él nos enseña el camino que debemos seguir.

Debíamos buscar siempre la ayuda de Dios al tomar una decisión, pero a veces razonamos así: “Esto es lo que yo quiero hacer. Si no es la voluntad de Dios, él no me dejará hacerlo”. Bueno, esto no siempre es cierto. Muchas veces el Señor no nos impedirá que hagamos lo que no es su voluntad, y no vendrá en nuestro rescate, si no hemos buscado antes su ayuda. Tendremos que pagar las consecuencias de nuestras propias decisiones, pero podemos aprender de las malas experiencias. Diariamente tomamos decisiones, y para que éstas sean sabias tenemos que aprender a conocer la voluntad del Padre. Debemos orar como David: “Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado” (Salmo 16:1). Y entonces decir por fe: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (v.11).

Nuestro Padre celestial proporciona dirección a sus hijos por medio del Espíritu Santo, que mora en nosotros. Jesús confortó a sus discípulos mientras los preparaba para el momento en que no estaría más con ellos físicamente. Les prometió que el Espíritu Santo sería su consolador, maestro y guía. En Juan 14:26 les dice: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”. Y en Juan 16:13 les dice: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir”. De igual manera, en la actualidad, el Espíritu Santo nos guiará a nosotros a través de las pruebas y las decisiones que debemos tomar, si pedimos a Dios que nos ayude.

¿Te encuentras en medio de una situación difícil? ¿Necesitas tomar una decisión? ¿No sabes qué hacer? Examina tu corazón y analiza tu actitud hacia Dios. Evalúa tu situación a la luz del carácter de Dios y de los principios de su Palabra. Pide al Señor humildemente y de todo corazón que te muestre el camino que debes tomar, así como el salmista clamó a Dios diciendo: “Muéstrame, oh Señor, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día” (Salmo 25:4-5).

ORACIÓN:
Mi amante Padre celestial, te ruego me perdones todas las veces que he tomado decisiones sin consultar contigo. Por favor ayúdame en esta situación de incertidumbre, y enséñame el camino que debo tomar para que se lleven a cabo tus planes en mi vida y tu nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

LOS BENEFICIOS DE TENER AL ESPÍRITU



Juan 16:5-22
“Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre. Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; y, porque yo voy al Padre? Decían, pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla. Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis? De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo”.

Los discípulos tuvieron la bendición de estar cerca de Jesús. ¿Puedes tu imaginar lo que disfrutaban al escuchar sus enseñanzas y verlo hacer maravillas sobrenaturales? Quizás tu has deseado, también, haber vivido en aquellos días, transitando los polvorientos caminos con Él. Desde nuestra perspectiva actual, no podemos concebir nada más grande que ver a Jesús en persona.

Ya que así se sentían los discípulos, podemos entender por qué se entristecieron cuando el Señor anunció que regresaría a su Padre en el cielo. Pero Él prometió enviar un Consolador; de manera que, en realidad, la partida de Cristo fue algo bueno, pues así vino el Espíritu Santo. Por tanto, ¿entendemos realmente los beneficios de gozar de su presencia en nosotros?

Aunque no podemos ver a Jesús cara a cara, podemos tener una relación aun más estrecha con Él, porque llevamos su Espíritu Santo en nuestros cuerpos. Una de las tareas del Espíritu es revelar los asuntos de Jesús. Si necesitamos sabiduría y discernimiento, Él está listo para darnos de ellos cada vez que leemos la Biblia. También libera su poder en nuestras vidas, el mismo poder divino que Cristo utilizó para llevar a cabo la voluntad de su Padre.

No obstante de estos beneficios maravillosos, muchos creyentes no sienten la presencia del Espíritu, ni aprovechan el discernimiento y el poder que están a su disposición. ¿Es el Espíritu Santo de Dios tu compañero, tu guía y tu ayudador, o simplemente un confuso concepto teológico? No descuides este tesoro. ¡Se que el Dios todopoderoso vive dentro de ti!

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

MIREMOS A CRISTO, Y SIGÁMOSLO A ÉL



1 Pedro 1:15
“Sino como aquel que os ha llamado es santo, sed también vosotros santos en toda conversación”.

En Israel antiguo, “…cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jueces 17:6). Parece que nada ha cambiado porque esto es lo que vemos todos los días en nuestra vida nacional con la plática sucia, matrimonios gay, parejas viviendo juntos sin casarse, el engaño, la mentira y el caos moral que vemos en el cine, en los periódicos, y en la televisión.

Pero debemos separarnos de toda esta iniquidad y ser también “santos en toda vuestra manera de vivir”. Jesús “por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:15).

Poco tiempo nos queda aquí, miremos a Cristo, y sigámoslo a él.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

LA SANTIDAD PERSONAL



Hebreos 9:11-14
“Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”.

Si tu te dirigieras al azar a cualquier persona en la calle y le preguntaras si irá al cielo, muy probablemente te diría que sí. Si le preguntas ¿por qué?, lo más probable es que te mencione las cosas buenas que ha hecho. A los no creyentes, y algunos creyentes también, se les hace difícil entender por qué sus obras no son suficientes para la salvación.

Suponen que ser un buen esposo, o un padre dedicado, que no engaña a nadie, y hace bien su trabajo, es suficiente para ganar la vida eterna. No se ven a sí mismos como pecadores, ni comprenden que el pecado los ha separado del Dios santo. Creen que pueden ganar un lugar en el cielo por medio de su conducta.

La trampa para las personas que piensan de esta manera, es que son incapaces de reconocer que el Señor es el único que puede hacer algo en cuanto a la condición pecaminosa del ser humano. La mayoría de nosotros nos vemos muy bien a nuestros propios ojos porque, al utilizar a otros como un patrón para hacer la comparación, siempre podemos encontrar a alguien cuyo estilo de vida o sus malas acciones nos hacen lucir mejor. Pero cuando nos comparamos con la santidad perfecta de Dios, por supuesto que ninguno de nosotros da la talla.

El Salvador murió por los pecados de la humanidad y resucitó para que cada persona pudiera buscar la santidad siguiendo su estilo de vida. Juan explicó cómo es lavado el pecado del creyente: “La sangre de Jesucristo su Hijo [de Dios] nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). Las buenas obras no significan nada, a menos que sean el resultado de un espíritu limpio.

“Seguid la paz con todos; y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).


“Gracia y Paz”
Meditación Diaria