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lunes, 14 de mayo de 2012



Influencias de la infancia

Isaías 61:1-3
“El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya”.

Nadie tuvo una infancia perfecta. Lo que experimentamos durante esos años, ha tenido una influencia profunda, aun en la adultez. Las cosas que vimos, escuchamos, sentimos, e incluso que no sentimos, pueden afectarnos el resto de la vida.

Como es de esperarse, las influencias externas ayudan ciertamente a moldear nuestra personalidad. Sin embargo, el resultado no siempre es predecible. Por ejemplo, los primeros años llenos de experiencias dolorosas, dejan heridas profundas en algunos; pero en otros, contribuyen al desarrollo de la agudeza y la perseverancia.

Ya sea que su infancia haya sido alegre o dolorosa, puede ser útil reflexionar acerca de la influencia que dejó en su vida. Puede empezar analizando sus respuestas a los acontecimientos clave de su infancia. Después, identifique rasgos que apreciaba en sus padres y en los demás, cualidades que le gustaría cultivar en su propia vida. Por último, piense en las personas que le afectaron negativamente. Pídale a Dios que le sane y le libere de las conductas que pudo haber desarrollado como respuesta.

El Padre celestial quiere hacerle libre de todas las inclinaciones negativas que echaron raíces en su infancia. Él puede poner fin a cualquier patrón negativo, y reemplazarlo con esperanza y satisfacción profunda en Él.

Cuando reflexione en los efectos de las experiencias de la infancia, pídale a Dios que le permita ver a través del lente de la verdad. Pídale a Dios que le dé fuerzas para perdonar, y su ayuda para sanar aspectos de su vida, ya sean espirituales, emocionales o interpersonales.

“Gracia y Paz”
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jueves, 10 de mayo de 2012

La decisión de creer

Juan 3:5
“…el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”.

La fe no es algo que podemos adquirir por haber nacido de padres creyentes, o por vivir en un país cristiano. Tampoco podemos tenerla por asistir a la iglesia, aunque he oído con frecuencia tales afirmaciones incorrectas. En vez de eso, en los creyentes verdaderos se da lo siguiente:

Un claro entendimiento del evangelio es esencial para que una persona crea y reciba la buena nueva de Jesucristo. Su muerte en la cruz fue el único sacrificio requerido para quitar nuestros pecados. Dios ofrece su gracia como un regalo para cualquier persona que quiera recibirlo.

Un símbolo visible de lo que sucede cuando alguien recibe el Salvador --es decir, el bautismo--ilustra lo que es morir a la vida vieja, y resucitar a una vida en Jesucristo. Los creyentes deben dar este paso como una manera pública de identificarse con Él (Mateo 28:19).

El hombre o la mujer de fe que deciden entregarse a Cristo, abrazan la Palabra de Dios y viven plenamente para el Señor. Los creyentes verdaderos ya no se enredan con las prácticas de la religión por costumbre, sino que adoran y se regocijan en una vibrante relación personal con el Señor.

(Leer: Juan 3:1-21)

“Gracia y Paz”
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miércoles, 9 de mayo de 2012


La equivocación en cuanto a la iglesia

Mateo 5:14-15
“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa”.

Cada domingo, innumerables personas en todo el mundo van a las iglesias con un falso sentido de seguridad. Asumen que su moralidad, su membresía, o el bautismo, les merecerán un lugar en el cielo. Aunque muchas de estas personas están sinceramente deseosas de agradar a Dios, están equivocadas en cuanto a qué es la vida cristiana. Piensan en términos de hacer en vez de ser. Por tanto, imitan las acciones de los buenos cristianos: asisten a un servicio semanal, oran, leen la Biblia, y tratan de ser personas decentes.

Sin embargo, la salvación no es el producto de las buenas obras. Venimos al mundo con una naturaleza corrupta, y toda maldad proviene de un corazón apartado del Señor. Pecamos porque somos pecadores. Es así de simple. La buena noticia es que en la experiencia de la salvación se nos da una naturaleza nueva (2 Corintios 5:17). Nuestro pecado es borrado, porque Jesucristo sacrificó su vida por nosotros. Desde el momento en que pusimos nuestra fe en Él, el Espíritu Santo mora en nuestro corazón para que podamos vivir rectamente.

El mundo valora la acción, pero Dios da prioridad a la relación, específicamente a una buena relación con Él. Las personas que van por allí haciendo alarde de religiosidad, están desaprovechando la relación profundamente satisfactoria y gozosa que hay entre un creyente y el Señor.

Podemos ayudar a otros a convertir en una victoria su equivocación, cuando estamos dispuestos a explicarles por qué tenemos esperanza (1 Pedro 3:15). Hable de la relación con Cristo que es posible cuando la persona reconoce su necesidad y pone su fe en Él. Si su luz brilla, ella se reflejará en la iglesia.

“Gracia, Misericordia y Paz”
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martes, 8 de mayo de 2012


Cómo servir a la iglesia

1 Corintios 12:18-26 (RV60)
“Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan”.

Cuando hablo de servir a la iglesia con los talentos y los dones que Dios nos ha dado, la gente piensa a menudo en términos muy pequeños. Imaginan a la cantante del coro o al maestro de la escuela dominical. Pero si resulta que las personas no tienen esos dones, pierden todo interés.

Es hora de que dejemos de pensar en términos del “domingo solamente”. La iglesia no es un lugar ni un tiempo; es un cuerpo de creyentes, cada uno con dones especiales dados por Dios para guiar, ayudar, desafiar y apoyar al resto. En realidad, la mayor parte del servicio al Señor no tiene lugar dentro del edificio de la iglesia, sino afuera en el mundo, donde hacemos todas las cosas que la Biblia ordena.

La mayoría de los creyentes no está en condiciones de influir en muchas personas. Cuando actuamos o hablamos, solo los más cercanos a nosotros lo notan, pero se produce una reacción en cadena que afecta a toda una comunidad. La metáfora de Pablo en cuanto a las partes del cuerpo trabajando juntas en armonía es una descripción útil de cómo una pequeña acción puede tener un gran impacto.

Piense en cómo la tensión en el dedo gordo del pie mantiene estable a todo el pie, y eso estabiliza a todo el cuerpo. De la misma manera, una amable amonestación, un oído atento, o una acción amorosa, benefician a la iglesia al fortalecer a un hermano.

Estamos en este mundo para servir al reino de Dios y a su iglesia. Y lo hacemos, sirviéndonos unos a los otros en cosas pequeñas. Al hablar de ese servicio, le reto a que encuentre una necesidad en su iglesia o comunidad que Dios pueda satisfacer por medio de usted.

“Gracia, Misericordia y Paz”
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lunes, 7 de mayo de 2012


Una iglesia compasiva

Lucas 10:25-37
“Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo”.

Entiende usted que los creyentes no deben mirar más allá del cuerpo de Cristo para encontrar respuestas a sus necesidades? Fuimos hechos para ser un cuerpo que se vale por sí mismo. Después de varias décadas en el ministerio, he encontrado solo una manera para que la iglesia funcione como debe: los creyentes deben comprometerse a darse a sí mismos en beneficio de los demás.

Por ejemplo, un hombre decide orar y luchar al lado de un hermano que sufre, hasta que la gravosa situación se resuelva. O una mujer se ofrece a responder las preguntas que tiene una creyente nueva sobre el mensaje del domingo. Hay muchas otras formas de servir a otros, tales como transportando a una persona anciana a la iglesia, enseñando una clase de la escuela dominical, o visitando a una agotada madre soltera para escuchar sus preocupaciones.

Antes de que las necesidades que hay en su iglesia le agobien, permítame recordarle que el amor a los hermanos es un esfuerzo de toda la iglesia. Una sola persona no puede satisfacer todas las necesidades. Así que si usted se compromete a servir a un pequeño grupo de personas que Dios ha traído a su vida, y renuncia a sus preferencias centradas en usted mismo en cuanto a tiempo y recursos, el Señor le bendecirá con más gozo y más contentamiento de los que usted jamás haya conocido.

Servir a los demás antes de servirse a uno mismo es practicar el cristianismo auténtico. Estoy seguro de que si nos comprometemos a dar respuesta a las necesidades que el Señor nos presente, nuestras iglesias serán transformadas en un verdadero cuerpo de creyentes que funcionan juntos para la gloria de Dios.

“Gracia, Misericordia y Fe”
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domingo, 6 de mayo de 2012


Cuando dejamos de lado a Dios

Santiago 4:17
“y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”.

¿Se ha sentido alguna vez ignorado? Toda persona anhela tener amor, aceptación y atención, pero quizás un amigo o un pariente cercano ha mostrado poco interés en usted o en lo que desea decirles. Este trato es doloroso, y puede llevar a sentimientos de fracaso.

Pero hay algo aun peor que ser indiferente e ignorar a los demás: dejar de lado a Dios. Algo que todos hemos hecho. Una forma de hacerlo es desobedecerlo. Por ejemplo, si nos sentimos arrinconados, podemos estar tentados a justificar una mentira piadosa, y terminar ignorándolo por completo. El mismo principio se aplica cuando sentimos su dirección pero no la seguimos. Y a menos que nos disciplinemos para pasar tiempo con nuestro Padre celestial en su Palabra y en oración, lo estaremos ignorando de nuevo.

Las consecuencias son dolorosas. Primero, ignorar a Dios lo aflige porque Él es nuestro Padre celestial, que desea relacionarse con cada uno de sus hijos. También perdemos lo mejor para nuestras vidas. Puesto que la conexión con el Señor es como estar "conectado" a la fuente de la vida, ignorarlo significa desaprovechar lo mejor que Él tiene para nosotros. Luego, nos engañamos a nosotros mismos al no cumplir el propósito para el cual nos creó: glorificarle. Recuerde que un día tendremos que dar cuenta de nuestras acciones.

¿Cómo ha elegido usted vivir: atendiendo a lo que dice el Todopoderoso, o siguiendo sus propias normas? Sus decisiones deliberadas afectan su andar con Jesús. Si usted afina su espíritu para escuchar y disciplinarse con el fin de obedecer, disfrutará de una gran intimidad con el Señor.

“Gracia, Misericordia y Paz”
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sábado, 5 de mayo de 2012

Relaciones atinadas

Proverbios 27:17
“Hierro con hierro se aguza; Y así el hombre aguza el rostro de su amigo”.

Convertirse en una persona consagrada a Dios es una buena meta para cada creyente. Usualmente reconocemos que la oración y el estudio de la Biblia son esenciales para lograr este objetivo, pero ¿sabía usted que el tener relaciones atinadas es también un elemento fundamental en nuestro camino a la santidad? Amigos, familiares y compañeros de trabajo pueden, bien ayudarnos o bien impedirnos caminar estrechamente con el Señor.

Puesto que este mundo está lleno de personas que no comparten nuestras creencias o valores, necesitamos relacionarnos con aquellas que nos estimulen a convertirnos en las personas que Dios quiere que seamos. Necesitamos tener relaciones basadas en más que intereses comunes; necesitamos tener personas en nuestras vidas que nos alienten y edifiquen en la fe.

Esta clase de amigos nos dan consejos sabios basados en la Palabra de Dios. Sus consejos no siempre son agradables, pero siempre son beneficiosos. No tienen miedo a decir la verdad, aunque sea doloroso escucharla. Cuando hemos dejado el buen camino, ellos nos confrontan amorosamente y nos señalan la dirección correcta. Si enfrentamos tiempos de sufrimiento, ellos están a nuestro lado, animándonos a confiar en el Señor cuando atravesamos pruebas de fuego.

¿Qué clases de relaciones tiene usted? ¿Puede nombrar a alguien que le haya ayudado a ser más como Jesús? Estos amigos son tesoros de valor incalculable. Si usted no tiene a alguien así en su vida, pídale al Señor que le provea uno. No fuimos creados para caminar solos en nuestra peregrinación cristiana.

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viernes, 4 de mayo de 2012

Cómo reavivar el fuego de nuestro ministerio.
2 Timoteo 1:6-7
“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”

¿Qué puede usted hacer si ha perdido su entusiasmo por servir? Tal vez circunstancias difíciles le han llevado a desanimarse. O, tal vez, simplemente sigue trabajando, pero el Espíritu Santo parece estar ausente y no ve ningún fruto. Pablo le dijo a Timoteo: “Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti” (v. 6), pero ¿cómo se logra eso? Con los años, Dios me ha enseñado qué hacer cada vez que siento que mi llama está por extinguirse.

Recargarse:  El ministerio es emocionante cuando estamos llenos del Espíritu Santo, pero todo el mundo se desanima de vez en cuando. Doble sus rodillas ante el Señor, y pídale nuevas fuerzas. Examine su vida, arrepiéntase de cualquier pecado, y sométase a la dirección de Dios en todo.

Reenfocarse:  Cuando nos enfocamos en los obstáculos, estos se hacen más grandes. Pero cuando ponemos nuestros ojos en Cristo, Él se vuelve más grande que cualquier problema que enfrentemos.

Rechazar:  Cuando estamos decaídos, el diablo nos miente: No puedes hacerlo. Nadie te aprecia. ¿Por qué no tiras la toalla? Tenemos que reconocer que todos nuestros pensamientos de desánimo vienen del diablo ­--y rechazarlos.

Retirarse:  Desconéctese del teléfono, los aparatos electrónicos y los pasatiempos, y apártese con el Señor para reavivar su relación estrecha con Él.

Después de dar todos estos pasos, usted podrá volver al ministerio con entusiasmo. Es posible que persistan las circunstancias difíciles, pero estará equipado para manejarlas ya que la llama del Espíritu Santo estará ardiendo con gran resplandor dentro de usted.

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miércoles, 2 de mayo de 2012



LA IGLESIA: EL PLAN DE DIOS

Hebreos 10:23-25
“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”

Cuando usted oye la palabra “iglesia”, ¿imagina un templo lleno de personas elegantes? Por más encantadora que pueda ser esa imagen, el plan de Dios para la iglesia es otro. Él creó a la iglesia para que fuera una comunidad unida de creyentes que se animan unos a otros, y que llevan a cabo la obra de Él en el mundo.

La Biblia define claramente los siguientes ministerios de la iglesia: adorar al Dios viviente; instruir y edificar a los creyentes; hacer discípulos de todas las naciones; y ayudar a los necesitados. Sin embargo, si sus líderes no están vigilantes, estos propósitos pueden desequilibrarse, dejando al cuerpo mal alimentado. Por ejemplo, una iglesia con un énfasis excesivo en la alabanza puede volverse introvertida. Las congregaciones que enfatizan demasiado la enseñanza pueden perder su gozo; y las que evangelizan desatendiendo los otros aspectos, pueden privarse de crecer en la fe.

Debido al pecado y a los defectos humanos, no experimentamos a la iglesia como fue el propósito original. En cambio, hay la tendencia a enfatizar demasiado ciertos ministerios y actividades. Es más, las disputas, muchas de las cuales tienen que ver con cuestiones de poca importancia, como la preferencia en cuanto a música, suelen destruir la unidad. El afán de poder, el orgullo, el egoísmo y el chisme, pueden también destruir a una iglesia.

Por estar compuestas de personas imperfectas, las iglesias serán también imperfectas. Y aunque esperar otra cosa lleva a la frustración, debemos esforzarnos por lograr el plan original de Dios, midiéndonos continuamente por el patrón de la Biblia, y alineándonos de nuevo con el propósito de Dios.

“Gracia, Misericordia y Paz”
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