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lunes, 10 de febrero de 2014

¿EN QUIÉN TIENES PUESTA TU ESPERANZA?



1 Timoteo 6:17-19
“A los ricos de este mundo, mándales que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos. Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, y generosos, dispuestos a compartir lo que tienen. De este modo atesorarán para sí un seguro caudal para el futuro y obtendrán la vida verdadera.”

La mayoría de las personas anhelan la felicidad de muchas maneras. Unos piensan que una casa grande y cómoda los hará muy felices, otros anhelan el automóvil mas lujoso y caro, o quizás unas largas vacaciones en un sitio lejano. Otros se enfocan en una carrera universitaria, o tal vez en triunfar en los negocios, o en la política. Muchos consideran que una buena suma de dinero sería suficiente para ser felices. La lista es larga, pero generalmente la atención se dirige de una manera u otra a los logros materiales, a la abundancia de bienes y riquezas.

En los últimos tiempos estamos siendo testigos de esta inseguridad de las riquezas. En medio de los problemas de tipo económico que sufre el mundo, hemos escuchado acerca de muchas personas que han perdido millones de dólares “de la noche a la mañana”. Capitales que fueron acumulados a través de muchos años han sido reducidos a la nada, y lo peor de todo es que nadie puede garantizar que a muchos otros no les pase lo mismo. Y también se conoce de miles  y miles de personas que han perdido sus casas porque no pudieron pagar la hipoteca al banco. ¡Qué terrible desilusión!

Y aún aquellos a los que supuestamente les ha ido “bien” en el aspecto económico, no tienen ninguna seguridad de que van a ser felices con sus riquezas. ¡Cuántas personas se han ganado millones de dólares en la lotería y su vida se ha convertido en una verdadera desgracia! Son muchos los testimonios de matrimonios terminados en divorcio por esta causa, hijos y padres disgustados por la ambición del dinero, y, en el peor de los casos, hasta asesinatos cometidos por causa de la codicia y la avaricia producidas por los bienes materiales y económicos.

Jesús habló sobre este tema en Lucas 12:16-21: “También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios”. No es por falta de advertencias en la Biblia que muchos cometen el grave error de concentrarse en la búsqueda de riquezas materiales y se despreocupan totalmente de su relación espiritual con Dios. Construyen sus propios tesoros, ponen en ellos toda su esperanza y después sufren las consecuencias.

Pablo le aconseja a Timoteo que les diga a los ricos “que sean ricos en buenas obras, y generosos”. La generosidad es una cualidad que implica estar siempre dispuestos a dar a los demás, no sólo en el aspecto económico sino en todo lo que signifique ayudar a los que están en necesidad. A Dios le agrada que seamos generosos. La Biblia dice: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35). También dice la Biblia que “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). Si queremos recibir en abundancia debemos sembrar en abundancia. Cuando lo hacemos de corazón agradamos a Dios, y él entonces “nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos”, dice el pasaje de hoy.

Pon tu esperanza en Dios, pues es el único que puede proveernos de todo lo que necesitamos, y la seguridad eterna. Si tú aplicas esta enseñanza en tu vida, y pones a Dios en primer lugar vivirás en paz, con la seguridad de su protección en este mundo y por la eternidad.

ORACIÓN:
Padre santo, gracias porque tú me provees de todo en abundancia, y nada habrá de faltarme si soy obediente a tu palabra. Te ruego me ayudes a profundizar en mi relación contigo y a concentrar mi esperanza en tu amor y tu misericordia. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

miércoles, 15 de enero de 2014

¿QUÉ ES MAS IMPORTANTE PARA TI: LA BÚSQUEDA DE DINERO O LA BÚSQUEDA DE DIOS?


Deuteronomio 8:18-20
“Acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día. Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis. Como las naciones que Jehová destruirá delante de vosotros, así pereceréis, por cuanto no habréis atendido a la voz de Jehová vuestro Dios”.

Por medio de Moisés, Dios instruyó al pueblo de Israel acerca de todo lo que ellos tenían que hacer para cumplir su parte en el pacto que habían acordado con él. Después de darles los Diez Mandamientos y otros principios y reglas que debían seguir, en este pasaje Dios les habla acerca de las riquezas. Conociendo la naturaleza humana, egoísta y ambiciosa, el Señor les dice que él les daría “el poder para hacer las riquezas” con el fin de que llevaran a cabo los planes establecidos en el pacto, pero les advierte que si llegaran a olvidarse de él y anduvieren en pos de dioses ajenos, de cierto perecerían.

Han transcurrido más de 3,000 años de esa declaración, pero aun en nuestros tiempos esta advertencia de Dios está vigente para sus hijos. Dios espera responsabilidad de nuestra parte en el uso de los bienes materiales que recibimos de él. Él considera el dinero como un instrumento que debe ser usado para el bien de nuestras familias, de aquellos que nos rodean, de los necesitados, y para la expansión de su reino. Este principio es totalmente opuesto al concepto que prevalece en el mundo. Por regla general la gente, en lugar de pensar en el dinero como un medio para llevar a cabo los planes de Dios en sus vidas, lo sitúan en un plano predominante y muchos llegan a considerarlo como un ídolo, amándolo y deseándolo sobre todas las demás cosas.

La tentación de amar el dinero es sumamente fuerte. La sociedad actual está saturada de un sentimiento de avaricia y ambición por las cosas materiales. Esto crea las circunstancias para que el ser humano llegue a sentir amor por el dinero, pues con el dinero puede conseguir todas las cosas materiales que desea. La Biblia nos alerta acerca de este sentimiento en 1 Timoteo 6:10. Allí dice: “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”. Es importante notar que este versículo no dice que “la raíz de todos los males es el dinero”, sino “el amor al dinero”. De hecho, es perfectamente aceptable ganar una gran cantidad de dinero mientras éste no afecte negativamente tu relación personal con el Señor o tu servicio a él. Dios quiere que te enfoques más en tu crecimiento espiritual que en el crecimiento de tu cuenta bancaria.

En Mateo 22:37-38 Jesús resume este concepto con estas palabras: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento”. No debe haber nada más importante en la vida de un ser humano que pensar en Dios, amar a Dios, adorarle y agradarle en todo. Nada debe ocupar este primer lugar en tu corazón. Cuando se trata del dinero es aún peor, pues el amor a él es “la raíz de todos los males”, es decir este pecado dará lugar a muchos otros pecados con sus correspondientes malas consecuencias.

Piensa en esta simple pregunta: ¿Qué consume más energía y pensamientos en tu vida, la búsqueda de dinero o la búsqueda del Señor? La respuesta a esta pregunta te dirá si tu punto de vista acerca de las riquezas está conforme al corazón de Dios. Si antes que cualquier otra cosa, tú buscas el rostro del Señor cada día de tu vida, él suplirá todas las cosas materiales que tú necesitas. Eso dice Mateo 6:33: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Escucha lo que Dios quiere decirte sobre el dinero y su uso, y pon en práctica los principios financieros de su reino. Si tú pones al Señor en primer lugar en tu vida, por encima de cualquier otra cosa, puedes tener la absoluta seguridad de que él te bendecirá en gran manera y suplirá todas tus necesidades.

ORACIÓN:
Padre mío, yo deseo que mi vida sea un ejemplo de honestidad y fidelidad hacia ti. Ayúdame a tener en cuenta tus enseñanzas al tomar decisiones en relación al dinero, de manera que mi fin principal sea honrar y glorificar tu santo nombre. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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viernes, 25 de octubre de 2013

¿VIVES TU EN AVARICIA?



¿Qué es la avaricia? La avaricia es el afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas. Al leer la definición se puede entender el porqué del comportamiento del ser humano con el tema es el dinero. Porque dice: “afán desordenado de poseer”. Esto da una connotación que la avaricia busca satisfacerse de la forma que sea. Es decir que a la persona que es avara, no le importa absolutamente nada ni nadie, pues, con tal de obtener dinero puede llegar a hacer cualquier cosa. Si lo que busca es encontrar satisfacción a su deseo desmedido de poseer, entonces, incluso, buscará correr riesgos altos. Para ilustrar la palabra recurriremos al pensamiento de los rabinos, pues ellos veían la avaricia así: “tal como tener un barril el cual no tiene fondo, el cual por más que se intente llenar nunca pueden hacerlo”. Así son las personas avaras, nunca se llenan.

La avaricia es un mal  que se da en cualquier ámbito de nuestras vidas, ocurre con el comerciante que no da un precio justo y constantemente incrementa los costos de sus productos para subir sus ganancias. O el patrón que se enriquece a costa de retenerles los sueldos a sus empleados o de no pagarles lo justo. O el empleado que es capaz de hacer hasta lo inmoral con tal de obtener un puesto donde ha de tener una mejor paga. Existen personas que incluso han matado a familiares con tal de quedarse con propiedades.

La avaricia se da incluso dentro las iglesias, muchos han cambiado la fe, la sencillez y la humildad del evangelio por el deseo desmedido de obtener riquezas. Mucha razón tuvo Pablo al escribir: “porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6:10). Tanta ostentación solo denota que no vivimos una vida justa tal como Jesucristo lo demostró. También el apóstol Pedro dijo “y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 Pedro 2:3). Por eso Jesús enseñó en Lucas 12:15 sobre la avaricia y les dijo a quienes lo escuchaban: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”. Originalmente dice: la vida del hombre no es o no está en la abundancia de bienes que posee. Porque las personas se afanan por tener cada día más dinero, no duermen pensando cómo han de hacer más y cada vez más.

A la persona que es avara no le importa la familia que abandona y destruye con tal de estar más tiempo en el trabajo y amasar más fortuna. No le importa su calidad moral como ser humano y se corrompe. Sacrifica todo por tal de alcanzar mucho dinero. Es aquí donde se puede aplicar la regla del contentamiento la cual dice en Hebreos 13:5 “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré”. Dios está en control de nuestras vidas si le permitimos que Él nos guíe, por eso el salmista inicia diciendo en el Salmo 23: “El señor es mí Pastor nada me faltará”, lo cual me hace vivir confiadamente en Dios, sabiendo que Él es nuestro proveedor. No intento decir que no deberíamos trabajar, o que no deberíamos tener aspiraciones en la vida, por supuesto que no, pero si intento decirte que debemos equilibrar nuestra vida, nuestra casa, nuestra familia, nuestros amigos, todo.

Como seres humanos deberíamos entender que el dinero solo es moneda de cambio, que va y viene, que sirve pero no me va dominar. Por eso Jesús dijo que “nadie puede servir a dos señores, o ama a Dios o ama el dinero”. Y el apóstol Juan dijo: “la vida pasa y sus deseo pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. No podemos pasar vida tratando de llenarnos de riquezas porque al morir NADA nos vamos a llevar dentro del ataúd. Seamos más bien justos, paguemos a quien le debemos, paguemos los salarios justos, compartamos con quienes lo necesitan. Proverbios 3:28 dice: “Nunca digas a tu prójimo: «Vuelve más tarde; te ayudaré mañana», si hoy tienes con qué ayudarlo. A veces tenemos algo que podemos compartir y preferimos no hacerlo. A veces desperdiciamos la comida y siempre hay quien no tiene ni que comer. Incluso nuestros padres, más si ya están avanzados en edad, tienen necesidades que nosotros podemos ayudar a suplirlas y no lo hacemos. ¿Ves lo que intento decir? ¡…que por una vez en tu vida pienses que tú puedes compartir lo que posees con quien  no tiene nada! Que el dinero que ganas no es solo para satisfacerte a ti mismo. Sino que también puede bendecir a otros. Haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible.


“Gracia y Paz”

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