martes, 14 de junio de 2022

TU FE TE HA SALVADO

 


"El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino". (Marcos 10:50-52)

Jesús estaba pasando por Jericó por última vez. Iba camino a Jerusalén donde sería arrestado, juzgado, condenado y clavado en la cruz. Era la última oportunidad que tenía la ciudad de Jericó. Fue entonces cuando Bartimeo, un mendigo ciego, al oír que Jesús pasaba por allí, gritó: «Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí». La multitud que seguía a Jesús trató de callar sus voces, pero Bartimeo, decidido a recibir la curación de Jesús, gritó aún más fuerte: «Hijo de David, ten piedad de mí.

Jesús se detuvo y mandó a buscarlo. Cuando escuchó esta buena noticia, tiró su capa golpeada, se levantó de un salto, contradiciendo la psicología de un ciego, que no salta, y fue a Jesús. Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti? Bartimeo no dudó. Respondió con urgencia y claridad: «Maestro, puedo ver de nuevo». Jesús entonces hizo una declaración bendita: «Ve, tu fe te ha salvado. Y en seguida volvió a ver y siguió a Jesús por el camino.

Jesús identificó en este ciego una oscuridad más profunda que la que inundó sus ojos. Bartimeo pidió una bendición y recibió dos: por la fe recibió la salvación y la curación. Salvado y poseedor de una visión completa, no se quedó en Jericó, sino que se unió a las filas de los seguidores de Cristo. ¡Se convirtió en un discípulo!

Ante la oscuridad que puede nublar el brillo de nuestro camino, recordemos las veces en que Dios, con su extensa misericordia y amor incalculable nos ha bendecido con alumbrarnos y permitirnos seguir adelante; esos momentos son la viva prueba de la fe salvadora, aquella que nos libra del mal y con ello nos anima a buscar más y más al Señor y expandir su Reino.

Señor, Que no olvide las veces en que me has concedido la fe salvadora, la confianza de haber creído totalmente en Ti y haber sido librado. Amén.


Gracia y Paz

Caminando con Dios

jueves, 30 de mayo de 2019

EL RESPALDO DE DIOS



Génesis 39:23 (NTV) dice: “El encargado no tenía de qué preocuparse, porque José se ocupaba de todo. El Señor estaba con él y lo prosperaba en todo lo que hacía”.

José fue un hombre favorecido por el Señor, atravesó grandes luchas y en todas el Señor lo ayudó. Pudo salir del pozo que sus hermanos lo echaron, pudo superar las falsas acusaciones y la traición; también pudo sobresalir en la cárcel, a la que injustamente fue condenado. Desde allí, Dios le dio Gracia donde fue llamado al palacio con honores y recompensas.

Cuando enfrentas los desafíos y metas, sabiendo que Dios te respalda, las cosas suceden de manera especial, las puertas se abren, las personas nos ayudan, los contactos que necesitamos, aparecen; ideas llegan a nosotros para ser levantados y bendecidos. El Señor te respalda en la cárcel y también en el pozo, desde allí los sucesos se van dando de una manera difícil de entender para nuestra lógica, pero es Él, quien moviliza hilos invisibles que conectan las cosas, hace que lo mejor suceda a nuestro favor.

José amaba a Dios, era fiel, obediente y esforzado. Por eso debes imitar su ejemplo, así llegará el día en que serás llamado, levantado y bendecido a una posición que jamás imaginaste.


“Gracia y Paz”

Esteban Correa

martes, 11 de diciembre de 2018





"Sean nuestros hijos como plantas crecidas en su juventud, nuestras hijas como esquinas labradas como la de un palacio". (Salmos 144:12).
Nuestra obra por Cristo debe comenzar con la familia, en el hogar… No hay campo misionero más importante que éste.
Dichosos los padres cuya vida es un reflejo fiel de la vida divina, de modo que las promesas y los mandamientos de Dios despierten en los hijos gratitud y reverencia; dichosos los padres cuya ternura, justicia y longanimidad interpreten fielmente para el niño el amor, la justicia y la paciencia de Dios; dichosos los padres que al enseñar a sus hijos a amarlos, a confiar en ellos y a obedecerles, les enseñan a amar a su Padre celestial, a confiar en él y a obedecerle. Los padres que hacen a sus hijos semejante dádiva los enriquecen con un tesoro más precioso que los tesoros de todas las edades, un tesoro tan duradero como la eternidad.
Dios quiere que todo niño de tierna edad sea su hijo, adoptado en su familia. Por muy jóvenes que sean, pueden ser miembros de la familia de la fe, y tener una experiencia muy preciosa. Pueden tener corazones tiernos y dispuestos a recibir impresiones duraderas. Pueden sentir sus corazones atraídos en confianza y amor hacia Jesús, y vivir para el Salvador. Cristo hará de ellos pequeños misioneros. Toda la corriente de sus pensamientos puede cambiarse, de manera que el pecado aparezca, no como cosa que se pueda disfrutar, sino a la cual hay que rehuir y odiar.
Por precepto y por ejemplo, los padres han de enseñar a sus hijos a trabajar por los inconversos. Los niños deben ser educados de tal manera que simpaticen con los ancianos y afligidos y traten de aliviar los sufrimientos de los pobres y angustiados… Desde los primeros años debe inculcárseles la abnegación y el sacrificio en favor del bienestar ajeno y del progreso de la causa de Cristo, a fin de que sean colaboradores con Dios…
Dios quiere que las familias de la tierra sean un símbolo de la familia celestial. Los hogares cristianos, establecidos y dirigidos de acuerdo con el plan de Dios, se cuentan entre sus agentes más eficaces para formar el carácter cristiano y para adelantar su obra.

Gracia y Paz Meditaciones Diarias

jueves, 6 de septiembre de 2018

Salmo 27:14




“Aguarda al Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón; si, espera a Dios” (Salmos 27:14).

¡Espera! ¡Espera! ¡Y que tu espera sea en el Señor! Digno es de ser esperado y jamás confundirá al alma que en Él espera. Mientras esperas, mantente firme. Cuenta con una completa liberación y esté dispuesto a bendecir a Dios por ella. La promesa libertadora se halla en la mitad del versículo: «Aliéntese tu corazón». Esta promesa va directamente dirigida al punto en que necesitas ayuda. Si el corazón está sano, todo el organismo funcionará bien. El corazón necesita calma y tranquilidad, y ambas cosas se lograrán si se encuentra fortalecido.

Un corazón fuerte descansa y se regocija, y envía la fuerza de sus latidos a todos los miembros del cuerpo. Nadie puede penetrar en esta urna secreta de la vida, que es el corazón, para fortalecerlo. Dios está lleno de fortaleza, y, por lo tanto, puede darla a quienes están necesitados de ella. ¡Sé valiente!, porque el Señor te la concederá, y así hallarás calma en la tempestad y gozo en la tristeza.

El autor de estas líneas puede decir con David: «Si, espera al Señor». Lo digo con toda verdad. Por larga y profunda experiencia sé que es bueno esperar en el Señor.

Señor, Gracias por darme la oportunidad de esperar solo en ti y vivir para ti. En el nombre de Jesús, Amén.


¡Gracia y Paz!

Charles Spurgeon.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Hebreos 12:4-15




“Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos” (Hebreos 12:4-15).

La amargura nace en nuestro corazón por la falta de perdón o la falta de fe para superar alguna situación, es cuando nos dejamos arrastrar por las heridas o la desilusión. Si tienes recuerdos constantes de situaciones pasadas, como heridas emocionales, frustraciones, o si acostumbras a decir palabras pesimistas, es porque tienes una raíz de amargura. No podrás avanzar en la vida, no podrás alcanzar grandes cosas, no podrás dejar fluir las bendiciones, ni el poder del Espíritu Santo, si dejas que la amargura esté presente en tu corazón. Hoy Dios te dice, renuncia a vivir amargado porque te ayudaré a superar los problemas para vivir libre y feliz.

Oración:
“Padre hoy decido renunciar a toda clase de amargura en mi corazón, perdono y dejo atrás las frustraciones, las heridas y la desilusión, para darle lugar a tu presencia en todas las áreas de mi corazón. Lléname con tu amor y con tu Espíritu Santo para poder mirar el futuro con fe y esperanza en el nombre de Jesús, Amén”.


“Gracia y Paz”

Esteban Correa

miércoles, 1 de agosto de 2018

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1 Tesalonicenses 5:23
"Y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible…" 
Dios desea sanar nuestro cuerpo, sanar nuestras emociones. Quiere que nuestro cuerpo, alma y espíritu, sean una unidad íntegra. El pecado viene para deteriorar y destruir esa integridad, no sólo en nosotros, sino también en los seres a quienes amamos. La iniquidad puede causar enfermedades y aflicciones en el espíritu, alma y cuerpo. Solamente Dios puede limpiar del pecado estas tres partes de nuestra vida (Espíritu, Alma y Cuerpo).

¡Qué esperanza y fortaleza le da Jesús a nuestra apesadumbrada alma cuando nos dice: "Tu fe te ha salvado, ve en paz" (Lucas 7:50; 8:48)!

De esta forma Dios quiere sanar nuestra existencia. El Espíritu Santo quiere que cada parte de nuestra vida sea salva, pura y saludable. Desea darnos vida y poder para que nuestro cuerpo, alma y espíritu funcione perfectamente. 

1 Corintios 6:19
“¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”

¡Gracia y Paz!