sábado, 5 de enero de 2019
martes, 11 de diciembre de 2018
"Sean nuestros hijos como plantas crecidas en su juventud, nuestras hijas como esquinas labradas como la de un palacio". (Salmos 144:12).
Nuestra obra por Cristo debe comenzar con la familia, en el hogar… No hay campo misionero más importante que éste.
Dichosos los padres cuya vida es un reflejo fiel de la vida divina, de modo que las promesas y los mandamientos de Dios despierten en los hijos gratitud y reverencia; dichosos los padres cuya ternura, justicia y longanimidad interpreten fielmente para el niño el amor, la justicia y la paciencia de Dios; dichosos los padres que al enseñar a sus hijos a amarlos, a confiar en ellos y a obedecerles, les enseñan a amar a su Padre celestial, a confiar en él y a obedecerle. Los padres que hacen a sus hijos semejante dádiva los enriquecen con un tesoro más precioso que los tesoros de todas las edades, un tesoro tan duradero como la eternidad.
Dios quiere que todo niño de tierna edad sea su hijo, adoptado en su familia. Por muy jóvenes que sean, pueden ser miembros de la familia de la fe, y tener una experiencia muy preciosa. Pueden tener corazones tiernos y dispuestos a recibir impresiones duraderas. Pueden sentir sus corazones atraídos en confianza y amor hacia Jesús, y vivir para el Salvador. Cristo hará de ellos pequeños misioneros. Toda la corriente de sus pensamientos puede cambiarse, de manera que el pecado aparezca, no como cosa que se pueda disfrutar, sino a la cual hay que rehuir y odiar.
Por precepto y por ejemplo, los padres han de enseñar a sus hijos a trabajar por los inconversos. Los niños deben ser educados de tal manera que simpaticen con los ancianos y afligidos y traten de aliviar los sufrimientos de los pobres y angustiados… Desde los primeros años debe inculcárseles la abnegación y el sacrificio en favor del bienestar ajeno y del progreso de la causa de Cristo, a fin de que sean colaboradores con Dios…
Dios quiere que las familias de la tierra sean un símbolo de la familia celestial. Los hogares cristianos, establecidos y dirigidos de acuerdo con el plan de Dios, se cuentan entre sus agentes más eficaces para formar el carácter cristiano y para adelantar su obra.
Gracia y Paz Meditaciones Diarias
jueves, 6 de septiembre de 2018
Salmo 27:14
“Aguarda al Señor; esfuérzate y
aliéntese tu corazón; si, espera a Dios” (Salmos 27:14).
¡Espera! ¡Espera! ¡Y que tu
espera sea en el Señor! Digno es de ser esperado y jamás confundirá al alma que
en Él espera. Mientras esperas, mantente firme. Cuenta con una completa
liberación y esté dispuesto a bendecir a Dios por ella. La promesa libertadora
se halla en la mitad del versículo: «Aliéntese tu corazón». Esta promesa va
directamente dirigida al punto en que necesitas ayuda. Si el corazón está sano,
todo el organismo funcionará bien. El corazón necesita calma y tranquilidad, y
ambas cosas se lograrán si se encuentra fortalecido.
Un corazón fuerte descansa y
se regocija, y envía la fuerza de sus latidos a todos los miembros del cuerpo.
Nadie puede penetrar en esta urna secreta de la vida, que es el corazón, para
fortalecerlo. Dios está lleno de fortaleza, y, por lo tanto, puede darla a
quienes están necesitados de ella. ¡Sé valiente!, porque el Señor te la
concederá, y así hallarás calma en la tempestad y gozo en la tristeza.
El autor de estas líneas puede
decir con David: «Si, espera al Señor». Lo digo con toda verdad. Por larga y
profunda experiencia sé que es bueno esperar en el Señor.
Señor, Gracias por darme la
oportunidad de esperar solo en ti y vivir para ti. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Charles Spurgeon.
miércoles, 8 de agosto de 2018
Hebreos 12:4-15
“Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual
nadie verá al Señor. Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de
Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a
muchos” (Hebreos 12:4-15).
La amargura nace en nuestro corazón por la falta de
perdón o la falta de fe para superar alguna situación, es cuando nos dejamos
arrastrar por las heridas o la desilusión. Si tienes recuerdos constantes de
situaciones pasadas, como heridas emocionales, frustraciones, o si acostumbras
a decir palabras pesimistas, es porque tienes una raíz de amargura. No podrás
avanzar en la vida, no podrás alcanzar grandes cosas, no podrás dejar fluir las
bendiciones, ni el poder del Espíritu Santo, si dejas que la amargura esté
presente en tu corazón. Hoy Dios te dice, renuncia a vivir amargado porque te
ayudaré a superar los problemas para vivir libre y feliz.
Oración:
“Padre hoy decido renunciar a toda clase de amargura en
mi corazón, perdono y dejo atrás las frustraciones, las heridas y la
desilusión, para darle lugar a tu presencia en todas las áreas de mi corazón.
Lléname con tu amor y con tu Espíritu Santo para poder mirar el futuro con fe y
esperanza en el nombre de Jesús, Amén”.
“Gracia y Paz”
Esteban Correa
miércoles, 1 de agosto de 2018

1 Tesalonicenses 5:23
"Y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible…"
"Y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible…"
Dios desea sanar nuestro cuerpo, sanar nuestras emociones. Quiere que nuestro cuerpo, alma y espíritu, sean una unidad íntegra. El pecado viene para deteriorar y destruir esa integridad, no sólo en nosotros, sino también en los seres a quienes amamos. La iniquidad puede causar enfermedades y aflicciones en el espíritu, alma y cuerpo. Solamente Dios puede limpiar del pecado estas tres partes de nuestra vida (Espíritu, Alma y Cuerpo).
¡Qué esperanza y fortaleza le da Jesús a nuestra apesadumbrada alma cuando nos dice: "Tu fe te ha salvado, ve en paz" (Lucas 7:50; 8:48)!
De esta forma Dios quiere sanar nuestra existencia. El Espíritu Santo quiere que cada parte de nuestra vida sea salva, pura y saludable. Desea darnos vida y poder para que nuestro cuerpo, alma y espíritu funcione perfectamente.
1 Corintios 6:19
“¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”
¡Gracia y Paz!
sábado, 21 de julio de 2018
miércoles, 20 de junio de 2018
jueves, 5 de abril de 2018
domingo, 18 de marzo de 2018
jueves, 15 de febrero de 2018
24 RAZONES POR LAS QUE EL INFIERNO ES UN LUGAR REAL.
24 Razones por las que el Infierno es un Lugar
Real.
Como cristianos, creemos que
Jesús es Dios encarnado. Si Él resucitó realmente de entre los muertos,
entonces esto constituye un ratificación y confirmación de que, lo que dijo en
vida, era VERDAD. Es interesante como muchos cristianos gustan de leer exclusivamente
de los pasajes de Jesús donde se muestra amoroso, compasivo, paciente y
tolerante, pero como dice Frank Turek, “¡¡Jesús no era Barnie!!”
Jesús tuvo también palabras de
advertencia y palabras de juicio. Confirmó la existencia del infierno en
numerosas ocasiones. Siendo Dios, creo que sería prudente escuchar sus sabias
palabras. He aquí 24 razones por las que el infierno es un lugar real y Dios no
quiere que estés ahí:
1.- Jesús dijo ser Dios (Juan
1:1,17-5; Mateo 11:27; Col. 1:15-19; Col. 2:9; Heb. 1:1-3; Apocalipsis 1:8) en
vida.
2.- Jesús resucitó de entre
los muertos, siendo así confirmado por Dios mismo. Por lo tanto Jesús es Dios.
3.- Todo lo que dice Dios es
verdad y debemos creerlo.
4.- Jesús hizo del
arrepentimiento y la fe requisitos para el perdón de pecados: “Os digo: No;
antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lc. 13:3 RV60).
“diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado;
arrepentíos, y creed en el evangelio” (Mr. 1:15).
5.- El “agua de vida” está
disponible para todos, pero no todos la reciben o aun la desean. “Y el que
tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Ap.
22:17).
6.- La Escritura afirma
claramente que habrá un día de juicio después de la muerte física. “Y de la
manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después
de esto el juicio” (Heb. 9:27).
7.- Todos aquellos que no han
experimentado una conversión real experimentarán el justo juicio debido a su
maldad que la Escritura define como “la muerte segunda.” “Pero los cobardes e
incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los
idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego
y azufre, que es la muerte segunda (Ap. 21:8).
8.- Jesús enseña que la mayor
parte de la humanidad lleva un camino que va a la perdición. “Esforzaos a
entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no
podrán. Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta,
y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos,
él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois…Pero os dirá: Os digo que no sé de
dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad” (Lc. 13:24-27).
9.- Jesús habló de un lugar de
juicio para aquellos que practican la maldad: “…y a los que hacen iniquidad, y
los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes”
(Mat. 13:41-42).
10.- La Biblia enseña que Dios
es amor, pero también que castiga la maldad con juicio justo. Sin embargo Jesús
pago con su propia vida por nuestra maldad para eliminar nuestra deuda.
Simplemente hay que confiarle nuestra vida: “Mas Dios muestra su amor para con
nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho
más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira”
(Rom. 5:8-9).
11.- En uno de los más grandes
ejemplos de amor en la Escritura, Jesús nos da una salida para evitar el justo
juicio que merecemos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su
Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga
vida eterna” (Jn. 3:16).
12.- La Escritura enseña que
existe un juicio eterno para aquellos que no conocen a Dios y rechazan su
oferta salvadora: “…cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los
ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no
conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los
cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y
de la gloria de su poder” (2 Tes. 1:7-9).
13.- Jesús enseñó que es
necesario que la persona experimente un nuevo nacimiento para poder entrar al
reino de los cielos: “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo,
que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn. 3:3).
14.- Pablo claramente estipula
lo que hay que hacer para ser salvo: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás
salvo” (Hech. 16:31).
15.- Jesús nunca dio
indicación de que hay muchos caminos para llegar a Dios. De hecho afirmo sin
lugar a equivocarse que El es el único camino: “Yo soy el camino, y la verdad,
y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).
16.- Los discípulos de Jesús
predicaron que Cristo es el único camino para la salvación: “Y en ningún otro
hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en
que podamos ser salvos” (Hech. 4:12; ver también 1 Tim. 2:5; Heb. 2:3-4; 1 Ped.
1:3-5).
17.- De acuerdo a la
Escritura, no todos son hijos de Dios sino solo los que le reciben y creen en
él: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio
potestad de ser hechos hijos de Dios: (Jn. 1:12).
18.- El evangelio es poder de
Dios para salvación a todo el que cree. “Porque no me avergüenzo del evangelio,
porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío
primeramente, y también al griego” (Rom. 1:16; Ver también 10:9).
19.- Solo aquellos cuyos
nombres están en el Libro de la Vida del Cordero tienen acceso a la vida
eterna: “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al
lago de fuego” (Ap. 20:15; ver también 21:27).
20.- El hombre no es declarado
como “justo” automáticamente. Solo aquellos que depositan su confianza en
Cristo son declarados como “justos”: “Sin embargo, al que no trabaja, sino que
cree en el que justifica al malvado, se le toma en cuenta la fe como justicia”
(Rom. 4:5).
21.- La vida eterna viene por
medio de una relación con Dios. No podemos conocer al Padre al menos que
conozcamos al Hijo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único
Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn. 17:3).
22.- La cruz de Cristo es
donde el pago de nuestros pecados fue saldado. Solamente creyendo en esto podemos
ser salvos: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es
necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él
cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:14-15).
23.- Solo a los que tienen al
Hijo de Dios tienen vida eterna: “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado
vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida;
el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Jn. 5:11-12).
24.- Dios te ama y quiere que
vengas al arrepentimiento. El es paciente y está esperándote. No le dejes con
los brazos abiertos: “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia
y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (Rom.
2:4).
“El Señor no retarda su
promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con
nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al
arrepentimiento” 2 Pedro 3:9.
¡Gracia y Paz!
Chris Du Pond
lunes, 12 de febrero de 2018
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