sábado, 28 de marzo de 2015

LOS CAMINOS DE DIOS NOS MANTIENEN DENTRO DE LOS LÍMITES DE SUS BENDICIONES



Salmo 1:1
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores…”

Los hijos de Dios debemos tener perfectamente bién definidos los límites que hay entre el bien y el mal. Al igual que el salmista, debemos tener conciencia de que una vida bendecida es el resultado de deleitarse en el cumplimiento la Ley del Señor (Salmo 1:2); no de vivir como aquellos que «[andan] en consejo de malos, [y están] en camino de pecadores» (v. 1). 

Los cristianos debemos reconocer que los límites divinos no buscan quitarle dinamismo a nuestra vida, sino que son cercos levantados, según la sabiduría de Dios, para ayudarnos a evitar la trampa y los problemas de una vida insensata.

Cuando sientas tentación de traspasar los límites divinos, recuerda el propósito amoroso del Señor al levantar vallados. Glorifica a Dios por esos límites y por la bendición que son para ti. Los caminos de Dios nos mantienen dentro de los límites de sus bendiciones.


“Gracia y Paz”

Mateo 5:11


viernes, 27 de marzo de 2015

Mateo 5:4


SIEMBRA AMOR Y COSECHARÁS AMOR




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¿CÓMO EVITAS EL PECADO?



Salmo 116:5-8
“Clemente es Yahweh, y justo; sí, misericordioso es nuestro Dios. Yahweh guarda a los sencillos; estaba yo postrado, y me salvó. Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque Yahweh te ha hecho bien. Pues tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de lágrimas, y mis pies de resbalar”.

El monte Matterhorn, forma parte de la gran cadena montañosa de los Alpes en el centro de Europa. Esta montaña tiene 4,478 metros de altura (14,688 pies). Es muy popular entre los alpinistas profesionales por su forma peculiar de pirámide, y sus escarpadas laderas. En una ocasión dos excursionistas alemanes querían escalar este monte, y con ese fin contrataron a tres experimentados guías para que los acompañaran en su intento. Antes de comenzar el empinado ascenso, se ataron entre sí en este orden: guía, alpinista, guía, alpinista, guía. A menos de la mitad del camino, el último hombre perdió pie. Lo sostuvieron los otros cuatro porque cada uno pudo asirse de las concavidades que habían excavado en el hielo. Pero entonces el siguiente hombre resbaló y arrastró a los dos que estaban por encima de él. En ese momento, el único del que se pudieron agarrar fue el primer guía, el cual había perforado el hielo profundamente, por lo que se mantuvo firme mientras que los que estaban debajo de él pudieron volver a afirmar los pies en el hielo, y continuar la escalada hasta llegar a la cima.

Cuando estamos en el proceso de ascender en nuestra vida espiritual, de vez en cuando resbalamos. Esto forma parte del proceso de santificación. Es un recorrido difícil en el que a veces caminamos con firmeza y otras veces resbalamos, como sucedió a los alpinistas de la historia. Para esas ocasiones en las que caemos, Dios ha provisto la manera de levantarnos y sanarnos por grande y dolorosa que haya sido nuestra caída. Dice 1 Juan 1:9 que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Es decir, si hemos resbalado, si hemos caído en pecado y nos arrepentimos de haberlo hecho, sólo debemos confesarlo ante el Señor, y él nos perdona y nos limpia de toda maldad.

El rey David resbaló en diversas ocasiones, cayendo en pecado, incluyendo adulterio y homicidio, mintiendo y desobedeciendo las instrucciones de Dios, pero en cada ocasión se arrepintió de corazón y clamó a Dios por su perdón, como nos muestra el conocido Salmo 51:1-2: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado”. Y más adelante él clama por un cambio profundo en su vida: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:10). Habiendo sido lavado de sus pecados, y después de un cambio radical en su caminar, David pudo decir en el Salmo 31:1: “En ti, oh Yahweh, he confiado; no sea yo confundido jamás”. Y más adelante dice: “Porque tú eres mi roca y mi castillo; por tu nombre me guiarás y me encaminarás” (Salmo 31:3).

Cuando caminamos por este mundo tenemos la tendencia a apartar nuestra mirada del camino y mirar hacia los lados porque “algo ha llamado nuestra atención”. Entonces es fácil resbalar o tropezar y caer. Por eso el apóstol Pablo nos exhorta a mirar hacia arriba, hacia el cielo, hacia las cosas espirituales, y no hacia las cosas de este mundo. Dice Colosenses 3:1-3: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”. Cuando nuestra mirada está enfocada en “las cosas de arriba”, cuando mantenemos “los ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:1-2), entonces Dios toma control de nuestro caminar, y nos lleva con firmeza y nos guía por el camino que él ha preparado para nosotros.

Si tú has aceptado a Jesucristo como tu Salvador, estás a salvo en él; tu vida está guardada por Dios. Busca el rostro del Señor diariamente, mantén tus ojos fijos en él, y puedes tener la absoluta seguridad de que él guardará tus “pies de resbalar”.

ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, no tengo palabras para agradecerte tu perdón y tu misericordia para conmigo en momentos en los que te he fallado. Por favor, ayúdame a mantenerme firme en tus caminos y a acercarme cada vez más a ti. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla





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jueves, 26 de marzo de 2015

Efesios 5:8


2 Crónicas 7:14


¡CUÍDATE DE HACER ORACIONES EGOÍSTAS!




¿Qué significa orar egoístamente? La oración egoísta es la que hace quien solo quiere impresionarse así mismo, diciendo cosas que solamente él las cree para justificarse, y esta actitud lo convierte en un "Fariseo"

Cristo Jesús lo describe de la manera siguiente:

Lucas 18:10-14
"Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: "Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, diezmo de todo lo que gano". Pero el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "Dios, sé propicio a mí, pecador". Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro, porque cualquiera que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido".

El fariseo mientras -oraba consigo mismo-, también estaba pendiente, de las palabras que decía el otro hombre, (el publicano). Indudablemente que el fariseo al salir de allí, le contó a alguien más, lo que escuchó del publicano. Por esa razón Jesucristo dice que nuestras oraciones personales deben de ser en SECRETO, sin más testigos, solamente entre nosotros y nuestro Padre Celestial.

Algo importante para preguntarnos: ¿De qué le valió al fariseo ayunar dos veces a la semana, y dar los diezmos de todo lo que ganaba?, si Jesucristo dijo bien claro que "el publicano" descendió a su casa justificado antes que el otro; "porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido".


¡Gracia y Paz!


By Juan F. Roa

¡LA ORACIÓN CONSTANTE TRAE PAZ Y SOSIEGO A NUESTRAS ALMAS!



1 Tesalonicenses 5:17
"Orad sin cesar".

¿Es posible orar “sin cesar”? ¿Veinticuatro horas diarias, siete días a la semana? Si pensamos que para orar necesitamos estar en una postura de cabeza inclinada y ojos cerrados, tenemos que decir que no, que no es posible “orar sin cesar”. Pero evidentemente el apóstol Pablo no quiso decir esto cuando escribió esta carta a los tesalonicenses. Pablo les estaba enseñando que se puede vivir en un estado permanente de conciencia de la presencia de Dios. Esto es orar. Orar no es solamente pedir, es también escuchar a Dios. Orar es conectarnos espiritualmente con el Señor y mantener una comunión constante con él, de manera que cada pensamiento esté accesible a la presencia de Dios. Si cuando llega a nuestra mente un pensamiento pecaminoso, lo rechazamos inmediatamente, y pensamos, por ejemplo, en un versículo bíblico que niegue ese concepto pecaminoso, estamos orando. Y esto es posible hacerlo en cualquier momento y en cualquier lugar, ya sea en el trabajo, o mientras conducimos el automóvil, haciendo compras, etc.

Un célebre pianista, quien practicaba en su instrumento varias horas por día, acostumbraba decir: "Si un día descuido mi práctica de piano me doy cuenta enseguida; si lo descuido dos días seguidos, mis amigos lo notan; y si lo descuido tres días, el público es quien se da cuenta". Tal era la experiencia de ese artista. En efecto, solamente mediante un ejercicio ininterrumpido le era posible conservar la ligereza y la habilidad en sus dedos, manteniendo el nivel adquirido con paciencia y perseverancia. Este concepto se aplica también a la oración. El creyente que la descuida, aunque sea por corto tiempo, experimentará una sensible pérdida que afectará su vida espiritual. Si la descuida por un poco más de tiempo, sus amigos cristianos percibirán en su lenguaje o su conducta notas disonantes, inconsecuencias, una falta de delicadeza a las que no están acostumbrados. Finalmente, si descuida por mucho tiempo la oración diaria, su comportamiento cambiará lo suficiente como para que cada uno de los que están a su alrededor se dé cuenta de ello.

Un verdadero cristiano no puede prescindir de la oración como tampoco un músico puede descuidar impunemente el ejercicio de su arte. Una vida sin oración, interrumpe el fluir del Espíritu Santo y las bendiciones que provienen de una íntima relación con Dios. El carácter se amarga, la paciencia desaparece y no hay gozo ni paz en el alma. La oración constante, por el contrario, trae paz y sosiego a nuestras almas. Cuando venimos a Dios en oración trayendo a él nuestras cargas y preocupaciones, su paz llena nuestros corazones. El apóstol Pablo, en su carta a los Filipenses, escribió: "Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Filipenses 4:6-7).

En una ocasión, un joven le preguntó a su pastor cuánto tiempo debía dedicar a la oración. El pastor le contestó: “Debes orar tres veces al día, y todo el tiempo en el medio también”. Probablemente no fue este un número pensado al azar, sino basado en el ejemplo de Daniel, el cual, aun arriesgando su vida, solía orar de rodillas tres veces al día (Daniel 6:10). Realmente el pastor estaba tratando de enseñar al joven la importancia de dedicar tiempo a la oración, sin que las circunstancias que nos rodean lo impidan. Muchos cristianos citan con bastante frecuencia la falta de tiempo y el cansancio de un largo día de trabajo como obstáculos para mantener una vida de constante oración. Pero si tú te sobrepones a esto, y perseveras en la oración, el Espíritu Santo se manifestará con libertad y producirá su fruto en tu vida.

No descuides tu vida de oración. Hazte el firme propósito de dedicar cada día un tiempo para leer la Biblia y orar, y no permitas que el enemigo te sugiera excusas para dejar de orar un solo día. Si eres constante en esta práctica recibirás grandes bendiciones en todos los aspectos de tu vida.

ORACIÓN:
Bendito Dios, yo quiero vivir en constante comunión contigo disfrutando de tu presencia en mi vida. Pon en mi corazón una sed de ti que se traduzca en ansias de buscar tu rostro en oración, cada mañana, cada medio día, cada noche, día tras día, cualesquiera que sean las circunstancias que este yo viviendo. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

miércoles, 25 de marzo de 2015

Gálatas 5:14



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¿QUÉ BENDICIONES NOS DA LA PALABRA DE DIOS?


Romanos 15:4 dice que todo lo que está escrito en la Biblia es para nuestra enseñanza, y el resultado que Dios espera de nuestro aprendizaje es que “tengamos esperanza”. Según el diccionario la palabra “esperanza” significa “Confianza en que ocurrirá o se logrará lo que se desea”. También dice el pasaje que esto se logra “por medio de la paciencia”. Es decir, a veces puede parecernos que Dios “se tardando mucho” en resolver nuestro problema, pero lo cierto es que él siempre está trabajando, y si nos mantenemos firmes y somos pacientes, la tan esperada solución llegará en el tiempo del Señor. Esta debe ser siempre nuestra esperanza.

2 Timoteo 3:16-17 dice que “toda la Escritura es inspirada por Dios… a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra". La palabra “perfecto” en este versículo realmente significa “maduro”. La persona madura espiritualmente es aquella que ha entendido la importancia de establecer una íntima comunión con Dios. Esta madurez espiritual, desde luego, requiere un proceso más o menos largo en el cual el Espíritu Santo hace su obra en la vida del creyente. A medida que se lleva a cabo este proceso tendremos que enfrentarnos a situaciones difíciles que pondrán a prueba nuestra fe. Dios usa estas situaciones con el fin de madurarnos espiritualmente, pero el resultado depende de la manera en que nosotros reaccionamos ante esas pruebas.

En la Biblia se han escrito historias reales de hombres y mujeres, que, habiendo pasado por pruebas muy grandes, pusieron su confianza en Dios y al final resultaron victoriosos. Por ejemplo, en Génesis 37 comienza la historia de un joven judío llamado José, el cual, por envidia y celos, fue vendido por sus hermanos como esclavo. Fue llevado a Egipto donde un oficial del ejército de Faraón lo compró para que le sirviera. Como José actuaba de forma que agradaba a Dios, el Señor lo prosperó, y al cabo de un tiempo su amo lo nombró mayordomo de todos sus bienes. La esposa del oficial se enamoró de José e intentó seducirlo, pero él se negó a acceder a sus deseos, diciéndole: “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Génesis 39:9). Ella entonces, por despecho, lo acusó de que había intentado violarla, y el joven fue echado a la cárcel. En medio de tanta injusticia y sufrimientos, José permaneció fiel al Señor en todo momento, y su esperanza estuvo siempre puesta en el Todopoderoso.

Llegado Su tiempo, Dios movió las circunstancias favorablemente para José, y este fue liberado de la cárcel y llevado ante Faraón, el cual había tenido un sueño que nadie en Egipto había podido interpretar. Por la gracia de Dios José pudo interpretarlo, quedando Faraón tan impresionado que lo nombró el segundo hombre más poderoso de todo Egipto, y le dijo: “Solamente en el trono seré yo mayor que tú” (Génesis 41:40). Entonces hubo un hambre muy grande en todo el mundo, y en su posición de poder, José pudo alimentar a su padre y sus hermanos que estaban muriendo de hambre en su tierra. Esta es una historia larga (Génesis capítulo 37 al 50), pero cuando la leemos vemos claramente el propósito para el cual fue escrita, como nos dice el pasaje de hoy: confiemos, esperemos pacientemente, pongamos nuestra esperanza en Dios y él obrará en nuestro favor.

Cuando pasamos tiempo diariamente leyendo la Biblia y orando, el poder de la palabra de Dios se hace realidad en nuestras vidas, y nos fortalece, y nos da paciencia y esto resulta en esperanza aun en medio de las pruebas. Si estás atravesando por una situación difícil, ya sea porque has sido víctima de alguna injusticia o por cualquier otro motivo, recuerda la historia de José, y actúa de la manera que él lo hizo. Si te mantienes firme en el Señor, y basas tu esperanza en su amor y en su palabra él te recompensará como hizo con José y con tantos otros que confiaron en él.

ORACIÓN:
Padre Celestial, gracias por tu poderosa palabra que me alienta, me fortalece y me da esperanza en medio de las aflicciones de este mundo. Te pido que pongas en mi corazón un deseo ferviente de pasar tiempo cada día leyendo tu santa Palabra y orando. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

Deuteronomio 30:20


El amor y la obediencia constituyen el gran tema del libro de Deuteronomio. Si este asunto fue de tanta importancia para los Israelitas, ¡cuánto más importante es para ti y para mí en este día de la Gracia, en el que hemos recibido tanta más luz, más conocimiento. Siendo que se nos ha dado tanto más, nuestra responsabilidad es aún mayor el día de hoy.


¡Gracia y Paz!