sábado, 2 de agosto de 2014

¡VIVE, NO MUERAS!




¡VIVE, NO MUERAS!

En una escuela primaria, una maestra explicaba la teoría de la evolución tratando de convencer a sus alumnos de que la tierra no había sido creada por Dios.

Pidió a un niño que saliera al patio y trajera un informe de las cosas en donde viera a Dios. Cuando regresó, el pequeño contó con detalle todo lo que había visto. Al terminar, la maestra le preguntó: «¿Has visto a Dios en lo que has contemplado?». «No, maestra, no he visto a Dios», contestó el niño.

Una pequeña, que se movía intranquila en su asiento, pidió permiso para realizar unas cuantas preguntas a Juanito. Como si no hubiera presenciado la escena anterior, preguntó a su compañero: «¿Viste a Dios en los árboles?». «No», dijo él. «¿Lo viste en las flores?». «No», respondió de nuevo. «¿Ves a la maestra?», continuó preguntando. «Sí», afirmó el muchacho. «¿Ves el cerebro de la maestra?», fue la última pregunta. «Por supuesto que no». «Entonces - la niña declaró enfáticamente —, la conclusión de lo aprendido en esta clase, es que la maestra no tiene cerebro».

“Todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente, ¿Crees esto?” (Juan 11:26).

El versículo anterior comienza diciendo: «Todo aquel que vive y cree en mí». Es importante notar que no todo el que vive cree en Dios. Aunque todos fuimos creados con sus manos, nos movemos, respiramos y vivimos por su constante amor y poder, muchos prefieren borrar la mano invisible de un Dios que se ve en todas las cosas creadas.

Querido amigo, hoy tienes la oportunidad de creer en el Dios de la vida. Sus manos te han hecho especial y desea compartir contigo la vida eterna, si tan solo crees en él.


¡Gracia y Paz!

Ruth Herrera

SI TU CORAZÓN ESTA BIÉN...



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ORACIÓN



ORACIÓN

Padre santo, ayúdame a reconocer la importancia y la necesidad de vivir en comunión contigo. Pon en mi corazón un ferviente deseo de buscar tu rostro en oración cada día de mi vida, de manera que yo pueda recibir de ti la fortaleza, la sabiduría y el valor para vivir una vida victoriosa. En el nombre de Jesús, Amén.

¿SI JESÚS ORABA, TU PORQUE NO?



¿Si Jesús oraba, tu porque no?

Marcos 1:35
“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba”

Este pasaje nos habla de una ocasión en la que Jesús se levantó de madrugada y se apartó en busca de tranquilidad. “Y allí oraba”. Esto era algo que el Señor hacía regularmente. Orar fue una prioridad en la vida de Jesús. Él se comunicaba con su Padre constantemente en busca de fortaleza y sabiduría. En ocasiones pasaba la noche entera orando. Y normalmente oraba varias veces durante el día. La oración fue el arma más poderosa usada por Jesús durante su vida terrenal. Él oraba en busca de sabiduría cuando tenía que tomar una decisión importante, como cuando eligió a los doce apóstoles (Lucas 6:12-13); oró por un milagro ante la tumba de Lázaro y éste resucitó (Juan 11:41); oraba buscando la voluntad del Padre, especialmente lo hizo en el huerto de Getsemaní ante la perspectiva de la cruz que le esperaba (Mateo 26:39, 42, 44 ); y allí mismo oró en busca de fortaleza cuando estaba a punto de desfallecer, y dice la Biblia que “se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle” (Lucas 22:43). Una vez fortalecido se dirigió a la cruz a dar su vida por cada uno de nosotros. Y poco antes de caminar hacia su muerte, el último consejo que dio a sus discípulos fue precisamente acerca de la necesidad de orar. Allí Jesús les dijo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

La oración debe ser una prioridad esencial en la vida de todo aquel que es usado por Dios. De hecho, la oración es lo más importante en toda persona que ha decidido caminar en el Espíritu y vivir una vida santa. La oración es esencial para nuestra supervivencia. Cuando nuestro tiempo a solas con Dios no es una prioridad, damos lugar al desaliento, dudas y desilusiones, todo lo cual puede llevar al desastre. El enemigo de nuestras almas nos ataca, primero, con la desilusión y una vez que perdemos la esperanza somos presa de su próxima arma: la duda. En este estado no es difícil que pongamos atención a las declaraciones del diablo: “¿Dónde está Dios?”, “La vida cristiana no funciona”, “No vale la pena tratar de obedecer la Palabra de Dios”, etc., etc. Todo esto puede afectar profundamente la vida espiritual del cristiano. Pero la oración constante crea una barrera entre nosotros y estos ataques, y nos llena de la paz y el gozo que provienen del Espíritu Santo.

Cuando no mantenemos una comunión constante con Dios comenzamos a sentir el peso de nuestras circunstancias terrenales en el aspecto espiritual, emocional y físico. La oración levanta nuestras cargas para que no tengamos que soportar su peso. La Biblia nos exhorta a echarlas sobre Dios. Dice el Salmo 55:22: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará”. Aguantar el peso de cargas para el que no estamos preparados, no sólo repercute en nosotros espiritualmente, sino que nos deja física y emocionalmente extenuados. Cristianos cansados y preocupados son un blanco de ataque que Satanás conoce muy bien.

Si Jesús, el Hijo de Dios, necesitó de la oración, cuánto más cada uno de nosotros, débiles e incapaces seres humanos. Si sientes que las cargas te abruman, acércate al Señor en oración y confiadamente deposítalas en sus brazos. Jesús invita a todos los que estamos abrumados y cansados a venir a él. Dice Mateo 11:28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. El descanso que Jesús te da es un descanso profundo que va más allá del aspecto físico, es un descanso para el alma. Decide aceptar su invitación y acércate al Señor por medio de la oración. El precio de no hacerlo es demasiado alto y las consecuencias pueden ser terribles.

ORACIÓN
Padre santo, ayúdame a reconocer la importancia y la necesidad de vivir en comunión contigo. Pon en mi corazón un ferviente deseo de buscar tu rostro en oración cada día de mi vida, de manera que yo pueda recibir de ti la fortaleza, la sabiduría y el valor para vivir una vida victoriosa. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla


viernes, 1 de agosto de 2014

Deuteronomio 6:5



Salmo 32:1-6



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¿CÓMO ESTÁS EDIFICANDO TU HOGAR?



¿CÓMO ESTÁS EDIFICANDO TU HOGAR?

Salmo 127
“Si el Señor no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el Señor no guardare la ciudad, en vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño. He aquí, herencia del Señor son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta”.

El pueblo de la antigua China trató de protegerse de los ataques de los ejércitos bárbaros que bajaban desde el norte y arrasaban con todo, construyendo la famosa Gran Muralla China. Según la agencia de noticias Xinhua, que condujo una investigación que tomó 7 años, el enorme muro tiene una longitud de 21,196 kilómetros (13,173 millas), una anchura que varía entre 4.6 y 9.1 metros (15 a 30 pies) y una altura de 5 a 8 metros (16 a 26 pies) dependiendo del terreno y otros factores. La muralla era demasiado alta para que el enemigo la escalara, demasiado gruesa como para ser derribada, y demasiado larga como para rodearla. Era, sin duda, una construcción verdaderamente impresionante y supuestamente proveía una absoluta protección y seguridad. Sin embargo, durante los primeros cien años de la existencia de la muralla, China fue invadida tres veces. ¿Cómo pudieron los invasores quebrantar la rigurosa defensa de tan impresionante pared? Simplemente, los enemigos sobornaron a los guardias que vigilaban una de las entradas, y tranquilamente entraron por la puerta sorprendiendo a todos dormidos. El fatal defecto en la defensa de China fue que gastaron una enorme cantidad de riquezas y esfuerzo humano en construir la muralla, pero no se preocuparon por construir el carácter de los centinelas.

De manera similar, muchos matrimonios gastan una fortuna en construir una casa con todas las comodidades, la equipan con efectos eléctricos de la mejor calidad, no escatiman esfuerzos en añadirle equipos electrónicos con la más moderna tecnología. Pero para lograr sostener este nivel de vida, por regla general ambos cónyuges tienen que trabajar, y normalmente salen muy temprano de la casa y regresan al anochecer, por lo que apenas tienen contacto con los hijos, los cuales tienen que permanecer en la escuela hasta tarde o en muchos casos, solos en la casa hasta que llegan sus padres. El resultado, generalmente, es una relación pésima entre padres e hijos; el carácter de estos se construye con toda la basura que les llega a través de la televisión o de malas compañías, y al final las consecuencias son terribles.

El pasaje de hoy hace énfasis en la necesidad de hacer del Señor el centro del hogar. El único fundamento sobre el cual debemos edificar nuestra familia es Dios. Si no es así, en vano es todo esfuerzo que se pueda hacer. Una familia sin Dios, no tiene la capacidad de experimentar el lazo espiritual que solamente él puede crear en las relaciones. Ejemplo de este lazo es Jesús mismo en relación con Su Padre. En Juan 5:19 dice: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente”. Esta declaración de Jesucristo nace de su estrecha unidad con el Padre y es reflejo de esa relación espiritual que sólo existe cuando Dios es el centro de nuestra vida. En su carta a los efesios, el apóstol Pablo enfatiza en la importancia de aplicar en el hogar las reglas y los principios del evangelio de Cristo (Efesios 5:21-6:4).

“He aquí, herencia del Señor son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre”, dice el pasaje de hoy. Ciertamente Dios valora la herencia que te ha dado, y espera que de la misma manera la valores tú, y que cuides de tu familia, que ames a tu cónyuge y que sobre todas las cosas edifiques tu hogar sobre la roca firme y segura que es la Palabra de Dios. Solamente así podrás disfrutar de verdadera paz y felicidad.

ORACIÓN:
Bendito Padre celestial, te ruego que me des discernimiento espiritual para entender con toda claridad el mensaje de tu palabra, sabiduría para aplicarla en mi hogar de la manera correcta y fe para mantenerte a ti como centro y eje de mi familia. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
Carlos Martínez M
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jueves, 31 de julio de 2014

DEVOLVER MAL POR BIEN...




Efesios 5;1-2



ORACIÓN



ORACIÓN:

¡Gracias Padre, porque en ti soy una nueva criatura! Ayúdame a entender que la sangre de Cristo me ha justificado y me ha preparado para recibir tu promesa de pertenecer a un reino de sacerdotes y gente santa. Capacítame para actuar en mi condición de sacerdote y proclamar al mundo las maravillas de la salvación que tú nos ofreces. En el nombre de Jesús, Amén.

¿ESTÁS CONSCIENTE DE LO QUE TÚ ERES PARA DIOS?



¿ESTÁS CONSCIENTE DE LO QUE TÚ ERES PARA DIOS?

1 Pedro 2:9-10
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable, vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia”.

Después que el pueblo de Israel fue liberado de la esclavitud en Egipto, Dios les habló por medio de Moisés, y les dijo: “Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa” (Éxodo 19:4-6). El Señor les recuerda a los israelitas lo que él hizo y de donde los sacó, y les expresa sus planes y sus propósitos para con ellos. Si eran obedientes y guardaban el pacto que él les ofrecía, ellos serían su “especial tesoro sobre todos los pueblos”. Precioso privilegio que Dios les concedía, pero esto implicaba una gran responsabilidad: Ellos serían “un reino de sacerdotes, y gente santa”. Tal como el sacerdote era intermediario entre Dios y los hombres, el pueblo de Israel debía ser portavoz de Dios para los demás pueblos del mundo.

Muchos siglos después el apóstol Pedro escribió el pasaje de hoy a “los expatriados de la dispersión”, como llamó a los creyentes (tanto judíos como gentiles) que habían salido al exilio después de la destrucción de Jerusalén. Al haber creído en Jesucristo como el Mesías prometido, pasaron entonces a ser “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios”. Al igual que aquel pueblo israelita fue liberado de la esclavitud en Egipto, los que hemos creído en Jesucristo como nuestro salvador, hemos sido liberados de la esclavitud del pecado. Cuando la luz del Evangelio de Cristo viene a nuestras vidas nos permite ver de dónde nos ha sacado Dios. Es como si tomáramos conciencia del pecado y la inmundicia que gobernaba nuestras vidas. Pasamos de la esclavitud a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la mentira a la verdad poderosa de la Palabra de Dios.

Es necesario entender que todas aquellas cosas viejas pasaron y que todas han sido hechas nuevas, como dice 2 Corintios 5:17. Ahora somos hijos de Dios, y como tales somos “linaje escogido, real sacerdocio”, no personas de baja clase; somos una “nación santa”, es decir apartados para Dios, y un “pueblo adquirido por Dios” a un precio muy elevado: la preciosa sangre de su Hijo derramada en la cruz del Calvario. Este privilegio nos ha sido concedido, no porque lo merezcamos, sino por la gracia y la misericordia de Dios. Esa es nuestra realidad presente, la cual nada ni nadie puede cambiar pues ha sido un decreto de Dios Padre hacia nosotros sus hijos. El tiempo, el mundo y las circunstancias pueden cambiar, pero los atributos de un verdadero sacerdote de Dios permanecen constantes.

Renueva tu mente y disfruta la vida de la manera que el Señor quiere que la disfrutes como parte de su pueblo escogido. Pero no olvides que, como sacerdote, tienes también la responsabilidad de proclamar al mundo el evangelio de salvación a través de Cristo Jesús. Con ese fin debes preparar tu mente, tu corazón y tu espíritu por medio de la lectura diaria de la Biblia y pasando tiempo en oración cada día. A medida que crezcas espiritualmente el Espíritu Santo te usará más y más en tu condición de sacerdote y el nombre de Dios será glorificado a través de ti.

ORACIÓN:
¡Gracias Padre, porque en ti soy una nueva criatura! Ayúdame a entender que la sangre de Cristo me ha justificado y me ha preparado para recibir tu promesa de pertenecer a un reino de sacerdotes y gente santa. Capacítame para actuar en mi condición de sacerdote y proclamar al mundo las maravillas de la salvación que tú nos ofreces. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
Carlos Martínez M.
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miércoles, 30 de julio de 2014

EL VERDADERO AMOR NO ES UN SENTIMIENTO



EL VERDADERO AMOR NO ES UN SENTIMIENTO

Alguien ha dicho que el verdadero amor es similar a un OVNI (Objeto Volador No Identificable). Todos hablan de él, pero pocos lo han visto realmente.

Por lo general, el mundo considera que el amor es un sentimiento—una emoción fuerte que invade a la persona y ella “se enamora.” Pero los sentimientos son muy variables y una persona puede “desenamorarse” rápidamente. Esta clase de amor (que se basa en sentimientos) es la clase de amor que se ve usualmente en la televisión, en las películas, en libros, en revistas, etc.

Según la Biblia, el verdadero amor incluye cuatro cosas:

1. DECIDIR— Tengo que decidir que amaré a la otra persona (no importa lo que sienta hacia él/ella), sencillamente porque esa persona tiene una necesidad y yo puedo satisfacer esa necesidad. El verdadero amor comienza con un acto de voluntad.

2. DAR—Tengo que darme a mí mismo por el bien de la otra persona. Mi preocupación no es lo que puedo obtener de la otra persona, sino lo que yo puedo darle.

3. SACRIFICIO—Dar siempre involucra un sacrificio y un costo. Mi amor por otra persona me puede costar dinero, puede costar mi tiempo, puede costarme energía. Pero estoy dispuesto a gastarme y ser gastado por el beneficio y bienestar de la persona amada. El costo vale la pena.

4. BUSCAR—Tengo que buscar lo mejor para la persona amada. No quiero nada menos que lo mejor que Dios tiene para esa persona.

Juan 15:12
“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado”.

1 Corintios 13: 4-13
“El amor es sufrido, es benigno; El amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece. No hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor. No se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser… Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres. Pero el mayor de ellos es el amor”.


¡Gracia y Paz!

Edificando Matrimonios conforme al Propósito de Dios

EN TU ORACIÓN NUNCA TE OLVIDES DE PEDIRLE A DIOS....


martes, 29 de julio de 2014

ORACIÓN:



ORACIÓN:

Padre santo, te ruego me ayudes a vivir una vida Cristo céntrica, imitando en todo a mi Señor y Salvador, viviendo de acuerdo a los principios y valores que él enseñó y practicó, para que todos los que me rodean puedan ver en mí un ejemplo digno de imitar, para la gloria y la honra de tu nombre. Por Cristo Jesús te lo pido, Amén.