¡Quedarás sin palabras! Después de sobrepasar años
tormentosos y un intento de suicidio a los 10 años, Nick dice, que despertó.
¿Quieres saber cómo Nick eligió sacar el mayor provecho a su vida? Mira el video y sabrás.
jueves, 15 de mayo de 2014
¿ESTÁS CORRIENDO CON PACIENCIA?
¿Estás corriendo
con paciencia?
Hebreos 12:1-2
"Por tanto, nosotros también, teniendo
en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y
del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por
delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por
el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se
sentó a la diestra del trono de Dios".
Este pasaje nos habla de una carrera “que tenemos por
delante”, la cual debemos correr. Se trata de la vida de cada uno de nosotros.
Independientemente de los años que vayamos a vivir en este mundo, tenemos que
“correr” esa carrera, y la Biblia nos dice que debemos correrla “con paciencia”.
La palabra griega que se utiliza aquí para definir “paciencia” es “hipomoné”,
la cual significa “persistencia firme”. No se trata, pues, de la paciencia que
se sienta y acepta las cosas resignadamente. Se trata de una paciencia activa,
dominante, que soporta todo pero no se detiene, sino que marcha adelante con
firmeza, hacia la meta, con absoluta certeza en la victoria. Esta misma palabra
se usa en Santiago 1:2-4 donde dice: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando
os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce
paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y
cabales, sin que os falte cosa alguna”. Esa paciencia, dice el apóstol
Santiago, completará su obra cuando nos lleve a un estado de madurez o
“perfección” espiritual, el cual debe ser el objetivo de todo cristiano.
En su primera carta a los corintios, el apóstol Pablo nos
habla de otra carrera (una carrera deportiva), y la compara con la carrera de
la vida. Dice 1 Corintios 9:24, 25: “¿No sabéis que los que corren en el
estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de
tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos,
a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una
incorruptible”. Al igual que aquellos deportistas, debemos abstenernos de todo
lo que afecte negativamente nuestra carrera en esta vida, aunque en ocasiones
lo deseemos con todas nuestras fuerzas. Asimismo debemos correrla deseando de
todo corazón conseguir el premio. En el caso de aquellos atletas el premio era
una corona de laurel corruptible y poco duradera. En nuestra carrera espiritual
el premio es una corona incorruptible y eterna.
En la película “Chariots of Fire” (“Carros de Fuego”),
hay una escena en la que el joven protagonista acaba de perder una carrera por
primera vez en su vida. Y allí está él apartado, sufriendo su primera derrota,
frustrado, deprimido, cuando se le acerca su novia tratando de consolarlo con
palabras de aliento. Él la mira y le dice: “Si no puedo ganar, yo no corro”. Y
ella le contesta: “Si tú no corres, no puedes ganar”. Ciertamente, si queremos
ganar tenemos que “correr”, tenemos que estar en constante movimiento hacia
adelante en nuestro crecimiento espiritual. Los obstáculos, las caídas, los
golpes y sufrimientos no deben desalentarnos, todo lo contrario, tenemos que
seguir corriendo “puestos los ojos en Jesús”, confiando plenamente en él,
sabiendo “que la prueba de nuestra fe produce paciencia”, y que esa paciencia
dará como resultado un crecimiento cabal y perfecto en nuestras vidas, conforme
a los planes de Dios, quien nos ha llamado y nos espera al final de la carrera
para que vivamos juntos con él por toda la eternidad. Así lo describe Pablo en
su carta a los filipenses: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya
alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y
extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo
llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14).
Es pues, la paciencia, la clave fundamental para triunfar
en esta carrera, pues necesitaremos en esta vida mucha tolerancia, mansedumbre,
humildad, perseverancia y persistencia firme si queremos obtener la victoria.
Seamos constantes en la búsqueda del Señor, leyendo y meditando en su Palabra y
orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu.
ORACIÓN:
Amante Padre, ayúdame a ser perseverante en esta carrera
que tú me has encomendado, que es mi vida. Que cada obstáculo que encuentre
sirva para fortalecerme en lugar de desalentarme, y que cada paso que dé sea un
testimonio que glorifique tu nombre. Por Cristo Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
miércoles, 14 de mayo de 2014
1 Pedro 4:7
1 Pedro 4:7
“Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed pues templados y velad en oración”
Marcos 13:32-33
Marcos 13:32-33
“Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están
en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad; porque no sabéis
cuándo será el tiempo”
¿ESTÁS PREPARADO PARA LO QUE SE TE PRESENTE EN LA VIDA?
¿Estás preparado
para lo que se te presente en la vida?
1 Juan 4:10
“En esto consiste el amor: no en que
nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su
Hijo en propiciación por nuestros pecados”.
¿De cuantas formas crees que Dios puede llamarte? Piensa en
tan solo alguna de estas palabras: Biopsia, cáncer, mioma, sida, despedido,
divorcio, adulterio, hurto, quiebra, fracaso, solo por nombrar algunas.
La iglesia está llena de personas que han experimentado alguna
de estas palabras en su vida y han atendido el llamado de rendirse a los pies
de Cristo, buscando rescate y consolación. Yo soy una de esas personas que ahora
me encuentro viviendo las consecuencias de algunas estas palabras.
Por todo esto, amado amigo, amada amiga, yo te invito a
que no esperes a conocer de cerca una de estas palabras, ni sus consecuencias, para
acercarte a Jesús y reconocerlo plenamente como el Señor y Salvador de tu vida.
Atiende el llamado que Dios te haciendo ahora mismo, y entrégale tu corazón a
Jesucristo para que viva en tu vida y puedas enfrentar con esperanza y gozo cualquiera
de las situaciones que lleguen a tu vida.
¡Gracia y Paz!
Pan de vida
¿QUÉ ESTÁS HACIENDO POR AYUDAR A LOS DEMÁS?
¿Qué estás
haciendo por ayudar a los demás?
Gálatas 6:7-10
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado:
pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra
para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el
Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer
bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos
oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”.
Hace varios años la revista Time publicó un artículo
acerca de un médico japonés que vivió el terrible bombardeo de Hiroshima.
Cuando ocurrió la explosión inicial, el Dr. Shigeto estaba esperando un tranvía
como a una milla de distancia, pero estaba protegido por la esquina de un
edificio de concreto. En cuestión de segundos después de la explosión, se le
llenaron los oídos de los gritos de las víctimas que había a su alrededor. Sin
saber qué había sucedido, el doctor Shigeto se quedó allí de pie, completamente
perplejo por unos instantes, preguntándose cómo podría él solo atender aquella
"montaña" de heridos. Después, aun un poco aturdido, el doctor
Shigeto abrió su maletín y comenzó a atender a la persona que le quedaba más
cerca. Y después a la siguiente. Y así sucesivamente...
Si miramos a nuestro alrededor, con seguridad veremos
personas en necesidad, ya sea en el aspecto económico, o emocional, o físico, o
espiritualmente. Dios puede usar a sus hijos, es decir a los que hemos aceptado
a Jesucristo como Salvador, para ayudar a esas personas. Nosotros debemos estar
siempre listos para ser instrumentos del Señor. El pasaje de hoy dice: “No nos
cansemos, pues, de hacer bien”. Claro que Dios no espera que tratemos
frenéticamente de ayudar a todo el que tenga una necesidad. Esa es una carga
imposible de llevar. Simplemente sigamos el consejo de Dios: “Según tengamos
oportunidad, hagamos bien a todos”. Es decir, no es que tengamos que llegarnos
a todos los que tienen necesidad y ofrecerles nuestra ayuda, sino que debemos
ayudar a todo el que podamos siempre que se presente la oportunidad de hacerlo.
Otra pequeña historia cuenta que una mañana muy temprano
un hombre se paseaba por la orilla del mar cuando a lo lejos vio una figura que
se movía de manera extraña como si estuviera bailando. Al acercarse vio que era
un muchacho que se dedicaba a coger estrellas de mar de la orilla y a lanzarlas
al mar. El hombre le preguntó al joven qué estaba haciendo. Este le contestó:
“Recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar. La
marea ha bajado demasiado y muchas morirán”. El hombre entonces le dijo: “Pero
esto que haces no tiene sentido. ¿No te das cuenta que hay miles de estrellas
en esta playa? Nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas”. El joven miró
fijamente al hombre, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza
por encima de las olas y exclamó: “Para esta sí tiene sentido”.
Cuando te enfrentes a las enormes necesidades materiales
y espirituales de un mundo perdido, no te desesperes. Todo lo que Dios te pide
es que hagas lo que puedas. Si tienes un corazón dispuesto para servir al
Señor, él gustosamente te usará como un instrumento para llevar a cabo sus
planes. Mantente alerta, pues muchas veces, muy cerca de nosotros hay grandes
oportunidades de servir. Los hambrientos, los necesitados, los enfermos, los
que sufren, los que no han oído las buenas nuevas de salvación en Cristo Jesús.
Todos estos se encuentran en nuestro barrio, o en nuestros centros de trabajo o
de estudio, y Dios puede estar planeando usarte para hacerles bien. Y no
olvides que siempre recibirás del Señor el fruto de lo que siembres, “pues todo
lo que el hombre sembrare, eso también segará”, Dios nos lo dice en el pasaje
de hoy.
Aprovecha toda oportunidad que se te presente y ofrece tu
ayuda con amor, y, sobretodo, hazlo siempre pensando en agradar a Dios. Así
dice Colosenses 3:23, 24: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para
el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa
de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”.
ORACIÓN:
Padre celestial, alabado sea tu nombre. Te ruego, Señor,
que me capacites para ser un instrumento tuyo ayudando a aquellos que están a
mi alrededor que necesitan algún tipo de ayuda. Que sea tu Santo Espíritu
dirigiéndome para que ellos puedan recibir exactamente lo que necesitan, y tu
nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
martes, 13 de mayo de 2014
¿QUÉ TAN HUMILDE ERES CON LOS DEMÁS?
¿Qué TAN humilde ERES
con los demás?
Filipenses 2:3
“Nada hagáis por contienda o por vanagloria;
antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él
mismo”.
En un vuelo internacional que partía de Johannesburg,
Africa del Sur, un negro de la tribu bantú se sentó al lado de una elegante
mujer blanca surafricana. Indignada, la mujer llamó a la azafata para quejarse.
—¿En qué puedo servirle, señora? — preguntó la azafata.
—¿Es que no se da cuenta? Su aerolínea me ha sentado al
lado de un bantú. No soporto viajar junto a este repugnante negro. ¡Búsqueme
otro asiento!
—Cálmese, por favor, señora — le respondió la azafata.
Este vuelo está repleto, pero voy a ver si hay algún otro asiento disponible.
Ante esto, la altanera mujer miró con desprecio al negro, y a su vez fue objeto
de la mirada acusadora de los pasajeros testigos del incidente. A los pocos
minutos regresó la azafata.
—Señora, tal como sospechaba, lamentablemente está llena
toda esta sección en clase turista, pero nos queda un asiento en primera clase.
La altiva pasajera miró con petulancia y autosuficiencia
a los demás pasajeros, pero antes de que pudiera decir nada, la azafata
continuó:
—Un cambio como este a primera clase es realmente
excepcional, así que fue necesario que el capitán mismo lo concediera. Dadas
las circunstancias, el capitán consideró intolerable que una persona se viera
obligada a sentarse al lado de otra tan detestable. Dicho esto, la azafata se
dirigió al negro y le dijo:
—Disculpe, señor, tenga la bondad de tomar su equipaje de
mano y acompañarme al frente, donde le tengo el asiento reservado.
Manifestando su aprobación, los pasajeros que fueron
testigos del suceso aplaudieron a su compañero de vuelo mientras éste se
dirigía a primera clase para acomodarse en su merecido asiento.
Con semejante actitud llevada a la práctica, cualquier
empresa o compañía en la actualidad se anotaría un triunfo en las relaciones
públicas, así como se cuenta que sucedió con aquella aerolínea. Ciertamente los
demás podrán olvidar lo que decimos, pero jamás olvidarán la manera como los
tratamos.
La Palabra de Dios nos enseña que debemos tratar a los
demás con humildad, integridad y justicia. Al apóstol Pablo le preocupaba que
todos nosotros tuviéramos “con qué responder a los que se dejan llevar por las
apariencias y no por lo que hay dentro del corazón” (2 Corintios 5:12). De esta
manera respondió el capitán de la aerolínea a la mujer surafricana de esta
anécdota. Pablo sabía que Dios no juzga por las apariencias, sino con justicia,
como su Hijo Jesucristo nos exhortó a que hiciéramos en Juan 7:24: “No juzguéis
según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”.
Cuando Dios envió al profeta Samuel a ungir al que sería
el próximo rey de Israel, le dio la siguiente recomendación: “No mires a su
parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no
mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus
ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7). Como cristianos debemos
enfocar nuestros esfuerzos a valorar las personas por sus principios y actitudes
por encima de la apariencia externa.
¡Qué maravilloso sería este mundo si todos siguiéramos la
enseñanza de Jesús con relación a la regla de oro que nos dejó como parte de su
legado! Dice Mateo 7:12: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres
hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. Es decir, que cada
uno trate a los demás como quisiera que lo trataran a sí mismo. Esta sencilla
regla es la receta divina para destruir todos los prejuicios que existen en
este mundo, los maltratos, las injusticias. Pidamos a Dios que esta enseñanza
se grabe en nuestros corazones y sobretodo que la apliquemos al tratar a
aquellos que nos rodean.
ORACIÓN:
Amante Padre celestial, te ruego que tu Santo Espíritu
implante esta enseñanza en mi corazón de modo que haya en mí una actitud
humilde hacia mis hermano y hermanas de la Fe, mis amigos, mis compañeros de
trabajo, mis familiares y todos aquellos con los que de una manera u otra me
relaciono, y que yo pueda tratarlos como superiores a mí mismo en obediencia a
tu palabra. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
lunes, 12 de mayo de 2014
¿ESTÁS COMPARTIENDO EL AMOR DE DIOS?
¿Estás
compartiendo el amor de Dios?
Juan 13:34-35
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros;
como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos
que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.
Un conocido ministro cristiano escribió: “Una vez que el
amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo,
nosotros deliberadamente comenzamos a identificarnos con los intereses y
propósitos de Jesucristo en las vidas de otros”. De esta manera lo expresó el
apóstol Pablo en su carta a los Romanos: “Y la esperanza no avergüenza; porque
el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo
que nos fue dado” (Romanos 5:5). Y Jesús, en Juan 15:12,13 nos dice: “Este es
mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene
mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”.
En este último versículo, así como en el pasaje de hoy
está totalmente claro que amar a los demás no es una opción para el cristiano;
es una orden, un mandamiento que
nos dejó Jesús a todos los que habríamos de seguirlo, y que él espera que lo
llevemos a la práctica. Por nuestras propias fuerzas, en muchas ocasiones nos
resultará imposible obedecer este mandamiento, pero si hemos nacido de nuevo,
con la ayuda del Espíritu Santo podremos amar aun a aquellos que nos han
ofendido o nos han hecho daño. El apóstol Juan, en el cuarto capítulo de su
primera carta enfatiza en el amor exhortando a los creyentes a amarse unos a
otros. Dice: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo
aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha
conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:7-8).
Debemos recordar que los cristianos somos luz en un mundo
oscurecido por el pecado, y que esa luz no se puede esconder (Mateo 5:14). Así
es que decidámonos a compartir con aquellos que nos rodean la paz y el amor del
Señor que hemos recibido por medio del Espíritu Santo. Desde que el apóstol
Pablo conoció a Jesús en el camino a Damasco, entregó a él su vida y se dedicó
a darlo a conocer al mundo y a mostrar el amor que el Señor había depositado en
su corazón. Por donde quiera que Pablo iba, Jesucristo siempre podía hacer uso
de su vida. Muchas veces nos concentramos sólo en nuestras propias metas, por
lo que Dios no puede usarnos de la manera que él desea. La motivación de la
vida del apóstol Pablo fue la entrega y la devoción a Jesús. Y esta devoción la
manifestaba por medio del amor a los demás, aunque en ocasiones no recibía el
merecido pago. Así lo expresa en 2 Corintios 12:15: “Yo con el mayor placer
gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas,
aunque amándoos más, sea amado menos”. Tenemos que luchar contra la tendencia
humana a ser devotos de las cosas que nos traen satisfacción y beneficios
materiales, y preocuparnos más por recibir los beneficios espirituales que
vienen de Dios.
La comunión con el Señor implica más que un tiempo diario
a solas con él. Es necesario que como resultado de este tiempo devocional, en
nuestros corazones se produzca el deseo de compartir la luz, la paz y el amor
de Jesucristo con el mundo que nos rodea. Y que llevemos a la práctica este
deseo producido por el Espíritu Santo, mostrando a todos con hechos, no sólo
con palabras, el infinito amor de Dios. Cuando el amor de Dios es derramado en
nuestros corazones, sentimos la paz inefable del Señor; cuando compartimos ese
amor, sentimos además el gozo indescriptible del Espíritu Santo.
ORACIÓN:
Padre santo, te ruego perdones mi egoísmo y mi
indiferencia cuando no comparto tu amor con los demás. Pon el fuego de tu Santo
Espíritu en mi corazón para que dondequiera que me encuentre yo sea instrumento
de tu paz y de tu amor, que mi testimonio sea agradable a ti y tu nombre sea
glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
domingo, 11 de mayo de 2014
¡TODO DEPENDE DE LA FORMA EN QUE LO DIGAS!
¡Todo depende de
la forma en que lo digas!
Colosenses 4:6
“Sea vuestra palabra siempre con gracia,
sazonada con sal para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.”
Dice una historia que un rey soñó que había perdido todos
los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que
interpretase su sueño. “¡Qué desgracia, mi señor!”, exclamó el sabio. “Cada
diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad”. ¡Qué
insolencia!” gritó el rey enfurecido, “¿Cómo te atreves a decirme semejante
cosa? ¡Fuera de aquí!” Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien
latigazos. Más tarde mandó llamar a otro sabio y le contó lo que había soñado.
Este, después de escuchar al rey con atención, le dijo: “¡Excelso señor! Gran
felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos
vuestros parientes”. Se iluminó el semblante del rey con una gran sonrisa y
ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando este sabio salía del Palacio,
uno de los cortesanos le dijo admirado: “¡No puedo creer esto! La
interpretación que habéis hecho del sueño del rey es la misma que hizo el
primer sabio. No entiendo porque el rey le pagó al primero con cien latigazos y
a ti con cien monedas de oro”. El segundo sabio respondió: “Recuerda bien,
amigo mío, que todo depende de la forma en que lo digas.”
Uno de los grandes desafíos de la humanidad es
precisamente aprender a expresarse de la manera correcta. De esto depende
muchas veces la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Ciertamente la
verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la
forma en que es comunicada es lo que provoca en algunos casos grandes
problemas. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos
contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado
embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.
En el pasaje de hoy el apóstol Pablo da este sabio
consejo a los cristianos de la iglesia en Colosas: “Sea vuestra palabra siempre
con gracia, sazonada con sal para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”.
¿Cómo seguimos nosotros este consejo? En primer lugar, para hablar con gracia
es necesario que nuestra vida esté colmada de la gracia de nuestro Señor
Jesucristo, a través de una íntima comunión con él. De esta manera, cuando
hablamos, reflejamos el mismo carácter que manifestó Jesús al contestarle a los
escribas y fariseos que le trajeron la mujer que había sido sorprendida en
adulterio (Juan 8:1-11), y cuando contestó las preguntas de Nicodemo (Juan
3:1-14), y cuando, cercano a la muerte, daba aliento a sus angustiados
discípulos (Juan 14:1-14), y en tantas otras situaciones que se le presentaron
en su vida.
Como cristianos debemos siempre tratar de mantener este
principio sean cuales fueren las circunstancias en las que hablemos. Es muy
fácil actuar y hablar como verdaderos santos en la iglesia, pero es en la vida
cotidiana donde se revela nuestra verdadera identidad cristiana. Es en nuestro
centro de trabajo, o en el vecindario, o cuando andamos de compras, o en cualquier
otro lugar público donde tenemos que manifestar la pureza de nuestro corazón
expresada en una manera de hablar diferente al mundo que no conoce a Cristo.
Debemos, pues, ser muy cuidadosos de la manera en que nos expresamos ante los
demás.
Hazte el propósito de expresarte siempre “con gracia” y
que tus palabras estén “sazonadas con sal”. Mantén una íntima comunión con el
Señor leyendo la Biblia y orando diariamente, y al momento de hablar pregúntate
mentalmente: ¿Cómo lo diría Jesús?
ORACION:
Mi amante Padre celestial, es mi anhelo agradarte tanto
en lo que hago como en lo que pienso y lo que hablo. Por favor capacítame para
honrarte en todo, y especialmente pon en mis palabras el amor y la dulzura de
tu Espíritu para ser un testimonio que glorifique tu nombre. Por Cristo Jesús
te lo pido, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
jueves, 8 de mayo de 2014
¿DIOS ABORRECE EL PECADO, PERO AMA AL PECADOR?
¿DIOS ABORRECE EL PECADO, PERO AMA AL PECADOR?
Seguramente muchos de Ustedes han escuchado esa frase famosa
que dice: "Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador". Me imagino
que si, pues, esta frase es muy usada por el Catolicismo, por el Humanismo, y
hasta por muchos que se dicen ser "cristianos evangélicos". Pero quizás
entre todos los que han escuchado esta frase tan popular haya muy pocos los que
conozcan su origen o quién fue el autor de esta enseñanza.
Pues fue nada menos que el filósofo humanista-hinduista
Mahatma Gandhi quien dijo: "Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador".
Y hoy en día muchos falsos maestros introducidos por satanás entre el
cristianismo lo enseñan como si fuera una enseñanza Bíblica. De esta manera
muchos “ministros” cristianos predican la palabra de Gandhi y no la palabra de
Dios. Éstos creen en el “evangelio” de Gandhi y no en el Evangelio de
Jesucristo.
2. Gandhi, su oscura biografía y su enseñanza
humanista-hinduista:
Mohandas Karamchad Gandhi, recibió el nombre honorífico
de "Mahatma" (que significa "grande alma") por parte del
pensador hinduista Rabindranat Tagore, de esta manera se empezó a llamar
Mahatma Gandhi. Otros le llamaban "bapu", que significa
"padre".
Él mencionaba a un dios en sus enseñanzas, pero el dios
que él mencionaba no era el Dios de La Biblia, su dios era "Krisna",
el dios del hinduismo lleno de misticismo y humanismo. Él profesaba la religión
del hinduismo, y su espiritualidad estaba basada en la autoflagelación y obras
no conforme a la palabra de Dios, propia de su naturaleza caída no regenerada
por el Espíritu Santo.
Promovía la huelga de hambre, bregó por el retorno a las
viejas tradiciones hindúes, ayunaba por motivos ajenos a la voluntad de Dios.
Según algunos historiadores, financio grupos guerrilleros de parias en el sur
de India, contradiciendo su propia filosofía de "no violencia". A los
36 años, estando casado, decidió guardar celibato, motivado por la doctrina
hinduista "brahmacharia". Luego promovió tal doctrina en base a
experimentos sexuales como el desnudismo.
Su lucha fue por la Independencia de la India, y no
contra el pecado, la carne o el diablo. Es a raíz de la apostasía creciente
profetizada por La Biblia, que la filosofía de Gandhi y de otros falsos
maestros se ha introducido entre el cristianismo "Pero hubo también falsos
profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que
introducirán encubiertamente herejías destructoras..." (2 Pedro 2:1).
He aquí algunas de sus frases que resumen sus enseñanzas:
Frase 1: "El mejor libro a estudiar es el de la
humanidad... No podemos perder la fe en la humanidad". Pero La Biblia dice
que no pongamos nuestra confianza en el hombre o en la humanidad. "Hombres
son, y no Dios" (Isaías 31:3) "Así ha dicho Jehová: Maldito el varón
que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de
Jehová" (Jeremías 17:5).
Frase 2: "Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti
mismo". Pero La Biblia dice que el hombre no tiene el poder de cambiarse a
sí mismo. "El hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es
el ordenar sus pasos" (Jeremías 10:23). "De Jehová son los pasos del
hombre; ¿Cómo, pues, entenderá el hombre su camino?" (Proverbios 20:24).
Frase 3: "La verdad es lo que te dice tu voz
interior". Pero La Biblia dice que el hombre no tiene ninguna verdad, solo
Cristo, Él es la única verdad absoluta, y nada tiene que ver con alguna voz
interior humana: "Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;
nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6). "y la Verdad vino por
medio de Jesucristo" (Juan 1:17) y no por la voz interior del hombre.
3. ¿Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador?
Esta frase muy usada por el evangelismo moderno no está
basada en las Sagradas Escrituras. Por favor piensa por un momento que estás en
Sodoma para evangelizarlos, y les predicas diciendo: "Dios te ama
pecador..." y luego Dios destruye la ciudad. Ves lo absurdo que es presentar
el evangelio de esa manera, pues "los hombres de Sodoma eran malos y
pecadores contra Jehová en gran manera" (Génesis 13:13) e iban a ser
destruidos por sus pecados. De la misma manera el hombre caído será destruido
en el día del juicio si no se arrepiente de su maldad y cree en Cristo.
Por tanto, los pecadores necesitan oír un mensaje de
arrepentimiento y fe, y no un mensaje de amor que les "acaricie el
oído" o les "mueva las emociones". La frase de "Dios te
ama" nunca fue el inicio de una predicación evangelistica, nunca fue el
texto principal para exponer el evangelio a los inconversos, nunca fue una
frase que hayan usado los discípulos al anunciar a Cristo. Puedes buscar en
toda tu Biblia y no hallarán tal frase para hacer evangelismo de parte de los
discípulos. Algunas personas bien intencionadas o no entendidas me dirán, pero
mira lo que dice Romanos 5:8 y Juan 3:16.... Pues, si estudiamos Romanos 5:8
vemos que este texto forma parte del mensaje dirigido a los creyentes y no a
inconversos. Dichos oyentes ya eran salvos, por tanto, podían comprender el
amor de Dios, desde el punto de visto Bíblico, que había sido derramado en sus
corazones. Mientras que Juan 3:16 es el único texto de la cual no se puede
hacer doctrina de un solo texto, y en ese texto el autor expresa la
manifestación del amor de Dios hacia el mundo, porque Dios es amor. Y ese amor
está abierto a todo hombre que crea en Jesucristo, y no al que no cree.
Solo un creyente puede recibir ese amor, porque si toda
la humanidad estuviera bajo el amor de Dios, entonces, todos serían salvos,
como enseña el Catolicismo y algunas otras sectas, y no habría necesidad de
convertirse a Cristo ya que, según ellos, Dios ama al hombre así de pecador.
Dios aborrece el
pecado:
"Porque Jehová es justo, y ama la justicia"
(Salmo 11:7). "Oh Dios, has amado al justicia y aborrecido la maldad"
(Salmo 45:7).
Dios aborrece al
pecador:
"Porque tú no eres un Dios que se complace en la
maldad... Aborreces a todos los que hacen iniquidad" (Salmo 5:4-5). "Dios
es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días" (Salmo
7:11). "La ira de Jehová contra los que hacen mal" (Salmo 34:16). "El
rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal" (1 Pedro 3:12). "Porque
la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injustica de los
hombres que detienen con injusticia la verdad" (Romanos 1:18). "Abominación
son a Jehová los perversos de corazón" (Proverbios 11:20).
El hombre no podrá entender acerca del amor de Dios, si
es que antes no entiende su estado caído pecaminoso ante Dios, y su necesidad
de arrepentimiento y fe en Cristo como Salvador. ¿De qué manera? Pues,
mostrándole al hombre natural su naturaleza caída exponiendo la ley de Dios
"porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado" (Romanos
3:20) y vean que "sirven a la inmundicia y a la iniquidad" (Romanos
6:19). Porque "todo designio de los pensamiento del corazón de ellos es de
continuo solamente el mal" (Génesis 6:5). y "buscaron muchas
perversiones" (Eclesiastés 7:29). "se envanecieron en sus
razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido" (Romanos 1:21). “siendo
esclavos voluntarios del pecado (Juan 8:34).
Con esto se derriba el orgullo humano de creerse una buena
persona y de creer que irá al cielo por llevar una vida moral y filosófica. La
moralidad le podrá librar de la cárcel, pero no le salvara de la condenación
eterna en el infierno. Todo camino que lleve el hombre sin Cristo es
"espacioso y lleva a la perdición" (Mateo 7:13). Solo Cristo es el
único Camino al cielo. Solo cuando el Espíritu de Dios le hace entender al hombre
su condición perversa, abominable, vil, e inmunda, a causa de su pecado es que vendrá
arrepentido a Cristo y le abrazará como su único Salvador.
“Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí
viene, no le hecho fuera” (Juan 6:37).
"Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro
nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos
4:12). "Quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda
iniquidad y purificar para sí un pueblo propio" (Tito 1:14). "A fin
de que cada uno se convierta de su maldad" (Hechos 3:26).
Espero que quede perfectamente claro: ¡DIOS aborrece el pecado y aborrece al pecador! Solo así podremos entender
que la salvación es sólo por la infinita Misericordia y Gracia de Dios. Solo de
esa forma podremos entender el verdadero Amor de Dios.
Roguemos a nuestro Soberano Dios para que nos siga
limpiando de esa falsa imagen de un dios que nos hemos hecho, pero que no es el
Dios de las Santas Escrituras. Roguemos al Señor para que nos siga mostrando Su
Gloria y su Gracia. ¡Amén!
Gracia y Paz
Editado por: Carlos Martínez M.
Miguel Rodríguez
ORACION
ORACION:
Padre amado, yo entiendo que es necesario que yo mengüe
para que Cristo crezca en mi, pero me resulta muy difícil lograrlo. Por favor,
lléname de tu Espíritu y ayúdame a menguar para que Jesús sea el Rey y Señor de
toda mi vida. En su santo nombre te lo pido, Amén.
¿ESTÁS DISPUESTO A MENGUAR PARA QUE CRISTO CREZCA?
¿Estás dispuesto a
menguar para que Cristo crezca?
Juan 3:30
“Es necesario que él crezca, pero que yo
mengüe”
[Leer Juan 3:28-34]
Este pasaje nos muestra una declaración de Juan el
Bautista a sus discípulos cuando estos indagaron acerca de Jesús. En primer
lugar Juan deja claro ante todos que él no es el Cristo, sino que él había sido
enviado para preparar el camino para el Mesías, tal y como había declarado el
profeta Isaías más de siete siglos antes. Así leemos en Isaías 40:3: “Una voz
proclama: Preparen en el desierto un camino para el Señor; enderecen en la
estepa un sendero para nuestro Dios”. Juan les dice que “el que tiene la
esposa, es el esposo"; él es simplemente el amigo del esposo, y se goza al
oír la voz del esposo. Jesús es “el esposo”, y esta expresión es, sin duda, una
alusión a “la esposa del Cordero” (la iglesia de Cristo) mencionada en
Apocalipsis 21:9. También en Efesios 5:21-33, el apóstol Pablo dice: “Maridos,
amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí
mismo por ella”.
Habiendo establecido quien era el Cristo, Juan entonces
dice: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”. “Menguar” significa
disminuir, empequeñecer. A nadie le gusta disminuir. Esto es símbolo de
derrota, y no nos gusta ser derrotados. Sin embargo en el aspecto espiritual,
cuando nos bajamos nosotros del primer lugar y le damos el lugar de honor a
Jesucristo, es decir cuando menguamos nosotros y engrandecemos al Señor es
cuando verdaderamente obtenemos la victoria. Juan el Bautista hizo exactamente
esto. Primero él era el centro de atención, el único que bautizaba, el que
tenía discípulos. Ahora llegó el momento de dar el lugar de honor a Jesús, al
cual llamó “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).
Cuando nosotros actuamos de esta manera, nuestro crecimiento espiritual no
tiene límites, “pues Dios no da el Espíritu por medida", termina diciendo
este pasaje.
Nuestro “yo” siempre se niega a retroceder o disminuir.
Esto es característico de nuestra naturaleza pecaminosa, pero cuando recibimos
a Jesucristo como Salvador personal se establece una lucha entre ese “yo” (la
carne) y el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros. El resultado ideal de esta
batalla debe ser quitar el primer lugar al “yo” y cederlo al Señor. Esto sólo
es posible cuando menguamos más y más en nuestro orgullo, al extremo de morir a
todo lo relativo a la naturaleza carnal para que Cristo viva en nosotros y
actúe por nosotros. El apóstol Pablo entendió este principio perfectamente, y
fue capaz de crecer espiritualmente al punto que pudo decir: “Con Cristo estoy
juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20).
Si quieres caminar en victoria en la vida debes renovar
tu mente conforme a los principios del reino de Dios. Tu meta debe ser que no
reine tu egoísmo personal sino el Señor Jesucristo. Mientras tu “yo” se
mantenga en primer lugar, Cristo no puede reinar en tu vida. Cuando tu “yo”
mengua, la vida de Jesús se manifiesta en ti, tu testimonio es agradable a Dios
y sus bendiciones sobreabundan en tu vida.
Comienza pidiendo a Dios que te ayude a ser humilde, que
ponga en ti el carácter de siervo que caracterizó a Jesús. Persiste en este
propósito, escudriña las Escrituras cada día en busca de sabiduría, persevera
en la oración y sirve en algún ministerio de tu iglesia, hasta que la vida de
Jesucristo se manifieste en ti de manera evidente.
ORACION:
Padre amado, yo entiendo que es necesario que yo mengüe
para que Cristo crezca en mi, pero me resulta muy difícil lograrlo. Por favor,
lléname de tu Espíritu y ayúdame a menguar para que Jesús sea el Rey y Señor de
toda mi vida. En su santo nombre te lo pido, Amén.
¡Gracia y Paz!
Dios te Habla
miércoles, 7 de mayo de 2014
ORACION
ORACION:
Amado Dios, te suplico perdones mis ofensas. Perdóname porque
aún busco satisfacer mis deseos carnales y mundanos. Por favor ayúdame a librar
la guerra que hay entre mi naturaleza carnal y la nueva naturaleza espiritual que
tú me ofreces. Por favor Señor, no permitas que el enemigo me haga caer en sus
trampas. Dame sabiduría y el poder de tu Santo Espíritu, para vencer las
tentaciones. Te ruego me ayudes a someter mi voluntad a tu voluntad, cueste lo
que cueste. Haz en mi vida lo que tú quieras no lo que yo quiera, te lo pido en
el nombre de Jesús, Amén.
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