jueves, 15 de mayo de 2014

¡YO ELIJO LA OPCIÓN!



¡Quedarás sin palabras! Después de sobrepasar años tormentosos y un intento de suicidio a los 10 años, Nick dice, que despertó. ¿Quieres saber cómo Nick eligió sacar el mayor provecho a su vida? Mira el video y sabrás.



¿ESTÁS CORRIENDO CON PACIENCIA?


¿Estás corriendo con paciencia?

Hebreos 12:1-2
"Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios".

Este pasaje nos habla de una carrera “que tenemos por delante”, la cual debemos correr. Se trata de la vida de cada uno de nosotros. Independientemente de los años que vayamos a vivir en este mundo, tenemos que “correr” esa carrera, y la Biblia nos dice que debemos correrla “con paciencia”. La palabra griega que se utiliza aquí para definir “paciencia” es “hipomoné”, la cual significa “persistencia firme”. No se trata, pues, de la paciencia que se sienta y acepta las cosas resignadamente. Se trata de una paciencia activa, dominante, que soporta todo pero no se detiene, sino que marcha adelante con firmeza, hacia la meta, con absoluta certeza en la victoria. Esta misma palabra se usa en Santiago 1:2-4 donde dice: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”. Esa paciencia, dice el apóstol Santiago, completará su obra cuando nos lleve a un estado de madurez o “perfección” espiritual, el cual debe ser el objetivo de todo cristiano.

En su primera carta a los corintios, el apóstol Pablo nos habla de otra carrera (una carrera deportiva), y la compara con la carrera de la vida. Dice 1 Corintios 9:24, 25: “¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible”. Al igual que aquellos deportistas, debemos abstenernos de todo lo que afecte negativamente nuestra carrera en esta vida, aunque en ocasiones lo deseemos con todas nuestras fuerzas. Asimismo debemos correrla deseando de todo corazón conseguir el premio. En el caso de aquellos atletas el premio era una corona de laurel corruptible y poco duradera. En nuestra carrera espiritual el premio es una corona incorruptible y eterna.

En la película “Chariots of Fire” (“Carros de Fuego”), hay una escena en la que el joven protagonista acaba de perder una carrera por primera vez en su vida. Y allí está él apartado, sufriendo su primera derrota, frustrado, deprimido, cuando se le acerca su novia tratando de consolarlo con palabras de aliento. Él la mira y le dice: “Si no puedo ganar, yo no corro”. Y ella le contesta: “Si tú no corres, no puedes ganar”. Ciertamente, si queremos ganar tenemos que “correr”, tenemos que estar en constante movimiento hacia adelante en nuestro crecimiento espiritual. Los obstáculos, las caídas, los golpes y sufrimientos no deben desalentarnos, todo lo contrario, tenemos que seguir corriendo “puestos los ojos en Jesús”, confiando plenamente en él, sabiendo “que la prueba de nuestra fe produce paciencia”, y que esa paciencia dará como resultado un crecimiento cabal y perfecto en nuestras vidas, conforme a los planes de Dios, quien nos ha llamado y nos espera al final de la carrera para que vivamos juntos con él por toda la eternidad. Así lo describe Pablo en su carta a los filipenses: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14).

Es pues, la paciencia, la clave fundamental para triunfar en esta carrera, pues necesitaremos en esta vida mucha tolerancia, mansedumbre, humildad, perseverancia y persistencia firme si queremos obtener la victoria. Seamos constantes en la búsqueda del Señor, leyendo y meditando en su Palabra y orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu.

ORACIÓN:
Amante Padre, ayúdame a ser perseverante en esta carrera que tú me has encomendado, que es mi vida. Que cada obstáculo que encuentre sirva para fortalecerme en lugar de desalentarme, y que cada paso que dé sea un testimonio que glorifique tu nombre. Por Cristo Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



miércoles, 14 de mayo de 2014

1 Pedro 4:7











1 Pedro 4:7
“Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed pues templados y velad en oración”




Marcos 13:32-33













Marcos 13:32-33
“Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo”


Marcos 13:13












Marcos 13:13
“…mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo”.


¿ESTÁS PREPARADO PARA LO QUE SE TE PRESENTE EN LA VIDA?


¿Estás preparado para lo que se te presente en la vida?

1 Juan 4:10
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”.

¿De cuantas formas crees que Dios puede llamarte? Piensa en tan solo alguna de estas palabras: Biopsia, cáncer, mioma, sida, despedido, divorcio, adulterio, hurto, quiebra, fracaso, solo por nombrar algunas.

La iglesia está llena de personas que han experimentado alguna de estas palabras en su vida y han atendido el llamado de rendirse a los pies de Cristo, buscando rescate y consolación. Yo soy una de esas personas que ahora me encuentro viviendo las consecuencias de algunas estas palabras.

Por todo esto, amado amigo, amada amiga, yo te invito a que no esperes a conocer de cerca una de estas palabras, ni sus consecuencias, para acercarte a Jesús y reconocerlo plenamente como el Señor y Salvador de tu vida. Atiende el llamado que Dios te haciendo ahora mismo, y entrégale tu corazón a Jesucristo para que viva en tu vida y puedas enfrentar con esperanza y gozo cualquiera de las situaciones que lleguen a tu vida. 

¡Gracia y Paz!

Pan de vida

¿QUÉ ESTÁS HACIENDO POR AYUDAR A LOS DEMÁS?


¿Qué estás haciendo por ayudar a los demás?

Gálatas 6:7-10
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”.

Hace varios años la revista Time publicó un artículo acerca de un médico japonés que vivió el terrible bombardeo de Hiroshima. Cuando ocurrió la explosión inicial, el Dr. Shigeto estaba esperando un tranvía como a una milla de distancia, pero estaba protegido por la esquina de un edificio de concreto. En cuestión de segundos después de la explosión, se le llenaron los oídos de los gritos de las víctimas que había a su alrededor. Sin saber qué había sucedido, el doctor Shigeto se quedó allí de pie, completamente perplejo por unos instantes, preguntándose cómo podría él solo atender aquella "montaña" de heridos. Después, aun un poco aturdido, el doctor Shigeto abrió su maletín y comenzó a atender a la persona que le quedaba más cerca. Y después a la siguiente. Y así sucesivamente...

Si miramos a nuestro alrededor, con seguridad veremos personas en necesidad, ya sea en el aspecto económico, o emocional, o físico, o espiritualmente. Dios puede usar a sus hijos, es decir a los que hemos aceptado a Jesucristo como Salvador, para ayudar a esas personas. Nosotros debemos estar siempre listos para ser instrumentos del Señor. El pasaje de hoy dice: “No nos cansemos, pues, de hacer bien”. Claro que Dios no espera que tratemos frenéticamente de ayudar a todo el que tenga una necesidad. Esa es una carga imposible de llevar. Simplemente sigamos el consejo de Dios: “Según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos”. Es decir, no es que tengamos que llegarnos a todos los que tienen necesidad y ofrecerles nuestra ayuda, sino que debemos ayudar a todo el que podamos siempre que se presente la oportunidad de hacerlo.

Otra pequeña historia cuenta que una mañana muy temprano un hombre se paseaba por la orilla del mar cuando a lo lejos vio una figura que se movía de manera extraña como si estuviera bailando. Al acercarse vio que era un muchacho que se dedicaba a coger estrellas de mar de la orilla y a lanzarlas al mar. El hombre le preguntó al joven qué estaba haciendo. Este le contestó: “Recojo las estrellas de mar que han quedado varadas y las devuelvo al mar. La marea ha bajado demasiado y muchas morirán”. El hombre entonces le dijo: “Pero esto que haces no tiene sentido. ¿No te das cuenta que hay miles de estrellas en esta playa? Nunca tendrás tiempo de salvarlas a todas”. El joven miró fijamente al hombre, cogió una estrella de mar de la arena, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó: “Para esta sí tiene sentido”.

Cuando te enfrentes a las enormes necesidades materiales y espirituales de un mundo perdido, no te desesperes. Todo lo que Dios te pide es que hagas lo que puedas. Si tienes un corazón dispuesto para servir al Señor, él gustosamente te usará como un instrumento para llevar a cabo sus planes. Mantente alerta, pues muchas veces, muy cerca de nosotros hay grandes oportunidades de servir. Los hambrientos, los necesitados, los enfermos, los que sufren, los que no han oído las buenas nuevas de salvación en Cristo Jesús. Todos estos se encuentran en nuestro barrio, o en nuestros centros de trabajo o de estudio, y Dios puede estar planeando usarte para hacerles bien. Y no olvides que siempre recibirás del Señor el fruto de lo que siembres, “pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”, Dios nos lo dice en el pasaje de hoy.

Aprovecha toda oportunidad que se te presente y ofrece tu ayuda con amor, y, sobretodo, hazlo siempre pensando en agradar a Dios. Así dice Colosenses 3:23, 24: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”.

ORACIÓN:
Padre celestial, alabado sea tu nombre. Te ruego, Señor, que me capacites para ser un instrumento tuyo ayudando a aquellos que están a mi alrededor que necesitan algún tipo de ayuda. Que sea tu Santo Espíritu dirigiéndome para que ellos puedan recibir exactamente lo que necesitan, y tu nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

martes, 13 de mayo de 2014

¿QUÉ TAN HUMILDE ERES CON LOS DEMÁS?


¿Qué TAN humilde ERES con los demás?  

Filipenses 2:3
“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”.

En un vuelo internacional que partía de Johannesburg, Africa del Sur, un negro de la tribu bantú se sentó al lado de una elegante mujer blanca surafricana. Indignada, la mujer llamó a la azafata para quejarse.

—¿En qué puedo servirle, señora? — preguntó la azafata.

—¿Es que no se da cuenta? Su aerolínea me ha sentado al lado de un bantú. No soporto viajar junto a este repugnante negro. ¡Búsqueme otro asiento!

—Cálmese, por favor, señora — le respondió la azafata. Este vuelo está repleto, pero voy a ver si hay algún otro asiento disponible. Ante esto, la altanera mujer miró con desprecio al negro, y a su vez fue objeto de la mirada acusadora de los pasajeros testigos del incidente. A los pocos minutos regresó la azafata.

—Señora, tal como sospechaba, lamentablemente está llena toda esta sección en clase turista, pero nos queda un asiento en primera clase.

La altiva pasajera miró con petulancia y autosuficiencia a los demás pasajeros, pero antes de que pudiera decir nada, la azafata continuó:

—Un cambio como este a primera clase es realmente excepcional, así que fue necesario que el capitán mismo lo concediera. Dadas las circunstancias, el capitán consideró intolerable que una persona se viera obligada a sentarse al lado de otra tan detestable. Dicho esto, la azafata se dirigió al negro y le dijo:

—Disculpe, señor, tenga la bondad de tomar su equipaje de mano y acompañarme al frente, donde le tengo el asiento reservado.

Manifestando su aprobación, los pasajeros que fueron testigos del suceso aplaudieron a su compañero de vuelo mientras éste se dirigía a primera clase para acomodarse en su merecido asiento.

Con semejante actitud llevada a la práctica, cualquier empresa o compañía en la actualidad se anotaría un triunfo en las relaciones públicas, así como se cuenta que sucedió con aquella aerolínea. Ciertamente los demás podrán olvidar lo que decimos, pero jamás olvidarán la manera como los tratamos.

La Palabra de Dios nos enseña que debemos tratar a los demás con humildad, integridad y justicia. Al apóstol Pablo le preocupaba que todos nosotros tuviéramos “con qué responder a los que se dejan llevar por las apariencias y no por lo que hay dentro del corazón” (2 Corintios 5:12). De esta manera respondió el capitán de la aerolínea a la mujer surafricana de esta anécdota. Pablo sabía que Dios no juzga por las apariencias, sino con justicia, como su Hijo Jesucristo nos exhortó a que hiciéramos en Juan 7:24: “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”.

Cuando Dios envió al profeta Samuel a ungir al que sería el próximo rey de Israel, le dio la siguiente recomendación: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16:7). Como cristianos debemos enfocar nuestros esfuerzos a valorar las personas por sus principios y actitudes por encima de la apariencia externa.

¡Qué maravilloso sería este mundo si todos siguiéramos la enseñanza de Jesús con relación a la regla de oro que nos dejó como parte de su legado! Dice Mateo 7:12: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. Es decir, que cada uno trate a los demás como quisiera que lo trataran a sí mismo. Esta sencilla regla es la receta divina para destruir todos los prejuicios que existen en este mundo, los maltratos, las injusticias. Pidamos a Dios que esta enseñanza se grabe en nuestros corazones y sobretodo que la apliquemos al tratar a aquellos que nos rodean.

ORACIÓN:
Amante Padre celestial, te ruego que tu Santo Espíritu implante esta enseñanza en mi corazón de modo que haya en mí una actitud humilde hacia mis hermano y hermanas de la Fe, mis amigos, mis compañeros de trabajo, mis familiares y todos aquellos con los que de una manera u otra me relaciono, y que yo pueda tratarlos como superiores a mí mismo en obediencia a tu palabra. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla


lunes, 12 de mayo de 2014

¿ESTÁS COMPARTIENDO EL AMOR DE DIOS?


¿Estás compartiendo el amor de Dios?

Juan 13:34-35
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”.

Un conocido ministro cristiano escribió: “Una vez que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, nosotros deliberadamente comenzamos a identificarnos con los intereses y propósitos de Jesucristo en las vidas de otros”. De esta manera lo expresó el apóstol Pablo en su carta a los Romanos: “Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5). Y Jesús, en Juan 15:12,13 nos dice: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”.

En este último versículo, así como en el pasaje de hoy está totalmente claro que amar a los demás no es una opción para el cristiano; es una orden, un mandamiento que nos dejó Jesús a todos los que habríamos de seguirlo, y que él espera que lo llevemos a la práctica. Por nuestras propias fuerzas, en muchas ocasiones nos resultará imposible obedecer este mandamiento, pero si hemos nacido de nuevo, con la ayuda del Espíritu Santo podremos amar aun a aquellos que nos han ofendido o nos han hecho daño. El apóstol Juan, en el cuarto capítulo de su primera carta enfatiza en el amor exhortando a los creyentes a amarse unos a otros. Dice: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:7-8).

Debemos recordar que los cristianos somos luz en un mundo oscurecido por el pecado, y que esa luz no se puede esconder (Mateo 5:14). Así es que decidámonos a compartir con aquellos que nos rodean la paz y el amor del Señor que hemos recibido por medio del Espíritu Santo. Desde que el apóstol Pablo conoció a Jesús en el camino a Damasco, entregó a él su vida y se dedicó a darlo a conocer al mundo y a mostrar el amor que el Señor había depositado en su corazón. Por donde quiera que Pablo iba, Jesucristo siempre podía hacer uso de su vida. Muchas veces nos concentramos sólo en nuestras propias metas, por lo que Dios no puede usarnos de la manera que él desea. La motivación de la vida del apóstol Pablo fue la entrega y la devoción a Jesús. Y esta devoción la manifestaba por medio del amor a los demás, aunque en ocasiones no recibía el merecido pago. Así lo expresa en 2 Corintios 12:15: “Yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos”. Tenemos que luchar contra la tendencia humana a ser devotos de las cosas que nos traen satisfacción y beneficios materiales, y preocuparnos más por recibir los beneficios espirituales que vienen de Dios.

La comunión con el Señor implica más que un tiempo diario a solas con él. Es necesario que como resultado de este tiempo devocional, en nuestros corazones se produzca el deseo de compartir la luz, la paz y el amor de Jesucristo con el mundo que nos rodea. Y que llevemos a la práctica este deseo producido por el Espíritu Santo, mostrando a todos con hechos, no sólo con palabras, el infinito amor de Dios. Cuando el amor de Dios es derramado en nuestros corazones, sentimos la paz inefable del Señor; cuando compartimos ese amor, sentimos además el gozo indescriptible del Espíritu Santo.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego perdones mi egoísmo y mi indiferencia cuando no comparto tu amor con los demás. Pon el fuego de tu Santo Espíritu en mi corazón para que dondequiera que me encuentre yo sea instrumento de tu paz y de tu amor, que mi testimonio sea agradable a ti y tu nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

domingo, 11 de mayo de 2014

¡TODO DEPENDE DE LA FORMA EN QUE LO DIGAS!


¡Todo depende de la forma en que lo digas!

Colosenses 4:6
“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.”

Dice una historia que un rey soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño. “¡Qué desgracia, mi señor!”, exclamó el sabio. “Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad”. ¡Qué insolencia!” gritó el rey enfurecido, “¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!” Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos. Más tarde mandó llamar a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al rey con atención, le dijo: “¡Excelso señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes”. Se iluminó el semblante del rey con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando este sabio salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: “¡No puedo creer esto! La interpretación que habéis hecho del sueño del rey es la misma que hizo el primer sabio. No entiendo porque el rey le pagó al primero con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro”. El segundo sabio respondió: “Recuerda bien, amigo mío, que todo depende de la forma en que lo digas.”

Uno de los grandes desafíos de la humanidad es precisamente aprender a expresarse de la manera correcta. De esto depende muchas veces la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Ciertamente la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma en que es comunicada es lo que provoca en algunos casos grandes problemas. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.

En el pasaje de hoy el apóstol Pablo da este sabio consejo a los cristianos de la iglesia en Colosas: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”. ¿Cómo seguimos nosotros este consejo? En primer lugar, para hablar con gracia es necesario que nuestra vida esté colmada de la gracia de nuestro Señor Jesucristo, a través de una íntima comunión con él. De esta manera, cuando hablamos, reflejamos el mismo carácter que manifestó Jesús al contestarle a los escribas y fariseos que le trajeron la mujer que había sido sorprendida en adulterio (Juan 8:1-11), y cuando contestó las preguntas de Nicodemo (Juan 3:1-14), y cuando, cercano a la muerte, daba aliento a sus angustiados discípulos (Juan 14:1-14), y en tantas otras situaciones que se le presentaron en su vida.

Como cristianos debemos siempre tratar de mantener este principio sean cuales fueren las circunstancias en las que hablemos. Es muy fácil actuar y hablar como verdaderos santos en la iglesia, pero es en la vida cotidiana donde se revela nuestra verdadera identidad cristiana. Es en nuestro centro de trabajo, o en el vecindario, o cuando andamos de compras, o en cualquier otro lugar público donde tenemos que manifestar la pureza de nuestro corazón expresada en una manera de hablar diferente al mundo que no conoce a Cristo. Debemos, pues, ser muy cuidadosos de la manera en que nos expresamos ante los demás.

Hazte el propósito de expresarte siempre “con gracia” y que tus palabras estén “sazonadas con sal”. Mantén una íntima comunión con el Señor leyendo la Biblia y orando diariamente, y al momento de hablar pregúntate mentalmente: ¿Cómo lo diría Jesús?

ORACION:
Mi amante Padre celestial, es mi anhelo agradarte tanto en lo que hago como en lo que pienso y lo que hablo. Por favor capacítame para honrarte en todo, y especialmente pon en mis palabras el amor y la dulzura de tu Espíritu para ser un testimonio que glorifique tu nombre. Por Cristo Jesús te lo pido, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

jueves, 8 de mayo de 2014

¿DIOS ABORRECE EL PECADO, PERO AMA AL PECADOR?


¿DIOS ABORRECE EL PECADO, PERO AMA AL PECADOR?

Seguramente muchos de Ustedes han escuchado esa frase famosa que dice: "Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador". Me imagino que si, pues, esta frase es muy usada por el Catolicismo, por el Humanismo, y hasta por muchos que se dicen ser "cristianos evangélicos". Pero quizás entre todos los que han escuchado esta frase tan popular haya muy pocos los que conozcan su origen o quién fue el autor de esta enseñanza.

Pues fue nada menos que el filósofo humanista-hinduista Mahatma Gandhi quien dijo: "Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador". Y hoy en día muchos falsos maestros introducidos por satanás entre el cristianismo lo enseñan como si fuera una enseñanza Bíblica. De esta manera muchos “ministros” cristianos predican la palabra de Gandhi y no la palabra de Dios. Éstos creen en el “evangelio” de Gandhi y no en el Evangelio de Jesucristo.

2. Gandhi, su oscura biografía y su enseñanza humanista-hinduista:

Mohandas Karamchad Gandhi, recibió el nombre honorífico de "Mahatma" (que significa "grande alma") por parte del pensador hinduista Rabindranat Tagore, de esta manera se empezó a llamar Mahatma Gandhi. Otros le llamaban "bapu", que significa "padre".

Él mencionaba a un dios en sus enseñanzas, pero el dios que él mencionaba no era el Dios de La Biblia, su dios era "Krisna", el dios del hinduismo lleno de misticismo y humanismo. Él profesaba la religión del hinduismo, y su espiritualidad estaba basada en la autoflagelación y obras no conforme a la palabra de Dios, propia de su naturaleza caída no regenerada por el Espíritu Santo.
Promovía la huelga de hambre, bregó por el retorno a las viejas tradiciones hindúes, ayunaba por motivos ajenos a la voluntad de Dios. Según algunos historiadores, financio grupos guerrilleros de parias en el sur de India, contradiciendo su propia filosofía de "no violencia". A los 36 años, estando casado, decidió guardar celibato, motivado por la doctrina hinduista "brahmacharia". Luego promovió tal doctrina en base a experimentos sexuales como el desnudismo.

Su lucha fue por la Independencia de la India, y no contra el pecado, la carne o el diablo. Es a raíz de la apostasía creciente profetizada por La Biblia, que la filosofía de Gandhi y de otros falsos maestros se ha introducido entre el cristianismo "Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras..." (2 Pedro 2:1).

He aquí algunas de sus frases que resumen sus enseñanzas:

Frase 1: "El mejor libro a estudiar es el de la humanidad... No podemos perder la fe en la humanidad". Pero La Biblia dice que no pongamos nuestra confianza en el hombre o en la humanidad. "Hombres son, y no Dios" (Isaías 31:3) "Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová" (Jeremías 17:5).

Frase 2: "Si quieres cambiar al mundo, cámbiate a ti mismo". Pero La Biblia dice que el hombre no tiene el poder de cambiarse a sí mismo. "El hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos" (Jeremías 10:23). "De Jehová son los pasos del hombre; ¿Cómo, pues, entenderá el hombre su camino?" (Proverbios 20:24).

Frase 3: "La verdad es lo que te dice tu voz interior". Pero La Biblia dice que el hombre no tiene ninguna verdad, solo Cristo, Él es la única verdad absoluta, y nada tiene que ver con alguna voz interior humana: "Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6). "y la Verdad vino por medio de Jesucristo" (Juan 1:17) y no por la voz interior del hombre.

3. ¿Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador?

Esta frase muy usada por el evangelismo moderno no está basada en las Sagradas Escrituras. Por favor piensa por un momento que estás en Sodoma para evangelizarlos, y les predicas diciendo: "Dios te ama pecador..." y luego Dios destruye la ciudad. Ves lo absurdo que es presentar el evangelio de esa manera, pues "los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera" (Génesis 13:13) e iban a ser destruidos por sus pecados. De la misma manera el hombre caído será destruido en el día del juicio si no se arrepiente de su maldad y cree en Cristo.

Por tanto, los pecadores necesitan oír un mensaje de arrepentimiento y fe, y no un mensaje de amor que les "acaricie el oído" o les "mueva las emociones". La frase de "Dios te ama" nunca fue el inicio de una predicación evangelistica, nunca fue el texto principal para exponer el evangelio a los inconversos, nunca fue una frase que hayan usado los discípulos al anunciar a Cristo. Puedes buscar en toda tu Biblia y no hallarán tal frase para hacer evangelismo de parte de los discípulos. Algunas personas bien intencionadas o no entendidas me dirán, pero mira lo que dice Romanos 5:8 y Juan 3:16.... Pues, si estudiamos Romanos 5:8 vemos que este texto forma parte del mensaje dirigido a los creyentes y no a inconversos. Dichos oyentes ya eran salvos, por tanto, podían comprender el amor de Dios, desde el punto de visto Bíblico, que había sido derramado en sus corazones. Mientras que Juan 3:16 es el único texto de la cual no se puede hacer doctrina de un solo texto, y en ese texto el autor expresa la manifestación del amor de Dios hacia el mundo, porque Dios es amor. Y ese amor está abierto a todo hombre que crea en Jesucristo, y no al que no cree.

Solo un creyente puede recibir ese amor, porque si toda la humanidad estuviera bajo el amor de Dios, entonces, todos serían salvos, como enseña el Catolicismo y algunas otras sectas, y no habría necesidad de convertirse a Cristo ya que, según ellos, Dios ama al hombre así de pecador.

Dios aborrece el pecado:
"Porque Jehová es justo, y ama la justicia" (Salmo 11:7). "Oh Dios, has amado al justicia y aborrecido la maldad" (Salmo 45:7).

Dios aborrece al pecador:
"Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad... Aborreces a todos los que hacen iniquidad" (Salmo 5:4-5). "Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días" (Salmo 7:11). "La ira de Jehová contra los que hacen mal" (Salmo 34:16). "El rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal" (1 Pedro 3:12). "Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injustica de los hombres que detienen con injusticia la verdad" (Romanos 1:18). "Abominación son a Jehová los perversos de corazón" (Proverbios 11:20).

El hombre no podrá entender acerca del amor de Dios, si es que antes no entiende su estado caído pecaminoso ante Dios, y su necesidad de arrepentimiento y fe en Cristo como Salvador. ¿De qué manera? Pues, mostrándole al hombre natural su naturaleza caída exponiendo la ley de Dios "porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado" (Romanos 3:20) y vean que "sirven a la inmundicia y a la iniquidad" (Romanos 6:19). Porque "todo designio de los pensamiento del corazón de ellos es de continuo solamente el mal" (Génesis 6:5). y "buscaron muchas perversiones" (Eclesiastés 7:29). "se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido" (Romanos 1:21). “siendo esclavos voluntarios del pecado (Juan 8:34).

Con esto se derriba el orgullo humano de creerse una buena persona y de creer que irá al cielo por llevar una vida moral y filosófica. La moralidad le podrá librar de la cárcel, pero no le salvara de la condenación eterna en el infierno. Todo camino que lleve el hombre sin Cristo es "espacioso y lleva a la perdición" (Mateo 7:13). Solo Cristo es el único Camino al cielo. Solo cuando el Espíritu de Dios le hace entender al hombre su condición perversa, abominable, vil, e inmunda, a causa de su pecado es que vendrá arrepentido a Cristo y le abrazará como su único Salvador.

“Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí viene, no le hecho fuera” (Juan 6:37).

"Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12). "Quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio" (Tito 1:14). "A fin de que cada uno se convierta de su maldad" (Hechos 3:26).

Espero que quede perfectamente claro: ¡DIOS aborrece el pecado y aborrece al pecador! Solo así podremos entender que la salvación es sólo por la infinita Misericordia y Gracia de Dios. Solo de esa forma podremos entender el verdadero Amor de Dios.

Roguemos a nuestro Soberano Dios para que nos siga limpiando de esa falsa imagen de un dios que nos hemos hecho, pero que no es el Dios de las Santas Escrituras. Roguemos al Señor para que nos siga mostrando Su Gloria y su Gracia. ¡Amén!

Gracia y Paz
Editado por: Carlos Martínez M.

Miguel Rodríguez

ORACION


ORACION:

Padre amado, yo entiendo que es necesario que yo mengüe para que Cristo crezca en mi, pero me resulta muy difícil lograrlo. Por favor, lléname de tu Espíritu y ayúdame a menguar para que Jesús sea el Rey y Señor de toda mi vida. En su santo nombre te lo pido, Amén.

¿ESTÁS DISPUESTO A MENGUAR PARA QUE CRISTO CREZCA?


¿Estás dispuesto a menguar para que Cristo crezca?

Juan 3:30
“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”

[Leer Juan 3:28-34]

Este pasaje nos muestra una declaración de Juan el Bautista a sus discípulos cuando estos indagaron acerca de Jesús. En primer lugar Juan deja claro ante todos que él no es el Cristo, sino que él había sido enviado para preparar el camino para el Mesías, tal y como había declarado el profeta Isaías más de siete siglos antes. Así leemos en Isaías 40:3: “Una voz proclama: Preparen en el desierto un camino para el Señor; enderecen en la estepa un sendero para nuestro Dios”. Juan les dice que “el que tiene la esposa, es el esposo"; él es simplemente el amigo del esposo, y se goza al oír la voz del esposo. Jesús es “el esposo”, y esta expresión es, sin duda, una alusión a “la esposa del Cordero” (la iglesia de Cristo) mencionada en Apocalipsis 21:9. También en Efesios 5:21-33, el apóstol Pablo dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”.

Habiendo establecido quien era el Cristo, Juan entonces dice: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”. “Menguar” significa disminuir, empequeñecer. A nadie le gusta disminuir. Esto es símbolo de derrota, y no nos gusta ser derrotados. Sin embargo en el aspecto espiritual, cuando nos bajamos nosotros del primer lugar y le damos el lugar de honor a Jesucristo, es decir cuando menguamos nosotros y engrandecemos al Señor es cuando verdaderamente obtenemos la victoria. Juan el Bautista hizo exactamente esto. Primero él era el centro de atención, el único que bautizaba, el que tenía discípulos. Ahora llegó el momento de dar el lugar de honor a Jesús, al cual llamó “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Cuando nosotros actuamos de esta manera, nuestro crecimiento espiritual no tiene límites, “pues Dios no da el Espíritu por medida", termina diciendo este pasaje.

Nuestro “yo” siempre se niega a retroceder o disminuir. Esto es característico de nuestra naturaleza pecaminosa, pero cuando recibimos a Jesucristo como Salvador personal se establece una lucha entre ese “yo” (la carne) y el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros. El resultado ideal de esta batalla debe ser quitar el primer lugar al “yo” y cederlo al Señor. Esto sólo es posible cuando menguamos más y más en nuestro orgullo, al extremo de morir a todo lo relativo a la naturaleza carnal para que Cristo viva en nosotros y actúe por nosotros. El apóstol Pablo entendió este principio perfectamente, y fue capaz de crecer espiritualmente al punto que pudo decir: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20).

Si quieres caminar en victoria en la vida debes renovar tu mente conforme a los principios del reino de Dios. Tu meta debe ser que no reine tu egoísmo personal sino el Señor Jesucristo. Mientras tu “yo” se mantenga en primer lugar, Cristo no puede reinar en tu vida. Cuando tu “yo” mengua, la vida de Jesús se manifiesta en ti, tu testimonio es agradable a Dios y sus bendiciones sobreabundan en tu vida.

Comienza pidiendo a Dios que te ayude a ser humilde, que ponga en ti el carácter de siervo que caracterizó a Jesús. Persiste en este propósito, escudriña las Escrituras cada día en busca de sabiduría, persevera en la oración y sirve en algún ministerio de tu iglesia, hasta que la vida de Jesucristo se manifieste en ti de manera evidente.

ORACION:
Padre amado, yo entiendo que es necesario que yo mengüe para que Cristo crezca en mi, pero me resulta muy difícil lograrlo. Por favor, lléname de tu Espíritu y ayúdame a menguar para que Jesús sea el Rey y Señor de toda mi vida. En su santo nombre te lo pido, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla

miércoles, 7 de mayo de 2014

ORACION


ORACION:

Amado Dios, te suplico perdones mis ofensas. Perdóname porque aún busco satisfacer mis deseos carnales y mundanos. Por favor ayúdame a librar la guerra que hay entre mi naturaleza carnal y la nueva naturaleza espiritual que tú me ofreces. Por favor Señor, no permitas que el enemigo me haga caer en sus trampas. Dame sabiduría y el poder de tu Santo Espíritu, para vencer las tentaciones. Te ruego me ayudes a someter mi voluntad a tu voluntad, cueste lo que cueste. Haz en mi vida lo que tú quieras no lo que yo quiera, te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.