lunes, 10 de marzo de 2014

¿TRATAS A LOS DEMÁS COMO SUPERIORES A TI?



¿Tratas a los demás como superiores a ti?

Filipenses 2:3-4
“No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien con humildad, considerando a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás”.

En este pasaje el Señor nos exhorta a tener una buena relación con los que nos rodean y nos da una clave para lograrlo: “Trátalos como si fueran superiores a ti”. Por regla general nos resulta fácil tratar con respeto a nuestros superiores en rango ya sea en el trabajo, en la escuela, en la iglesia, en el campo militar o en cualquier otra área en la que esté claramente definido el “nivel” de cada uno. Sin embargo hay una tendencia a no ser tan respetuosos y amables con aquellos que son considerados “inferiores” ya sea en educación, cultura, posición social o económica, etc. En estas situaciones debemos manifestar humildad y darles a ellos un lugar preferente. Esto no es fácil, pero si hacemos el esfuerzo y actuamos de esta manera veremos una gran mejoría en nuestras relaciones con los demás.

Generalmente pensamos en nosotros mismos primero y ponemos a todos los demás en segundo lugar. Esto se llama "egoísmo". El egoísmo es la raíz de los males de este mundo. Si Adán y Eva hubieran pensado en agradar y obedecer a Dios antes que satisfacer sus propios deseos, la historia de la humanidad se hubiera escrito de una manera completamente distinta.

Cuando estudiamos Gramática en la escuela, aprendimos a conjugar los verbos siguiendo este orden: Yo, tú, él, etc. Esta secuencia es un reflejo de la manera en que actuamos en la vida. La Biblia nos enseña una Gramática totalmente diferente. Primero está “él” (Dios), en segundo lugar "tú" (el prójimo) y por último "yo". Si empezamos a aplicar esta Gramática celestial en nuestras vidas y conjugamos los verbos, es decir, si actuamos siguiendo estas reglas nuestras prioridades cambiarán y empezaremos a obtener frutos y bendiciones que antes no veíamos. Jesús nos dice en Marcos 10:31, que “muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros”. Cuando hacemos un esfuerzo por actuar humildemente y nos situamos detrás de los demás, muchas veces el Señor se encargará de movernos a los primeros lugares.

Cuando un fariseo intérprete de la ley, tratando de tentar a Jesús le preguntó: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?” (Mateo 22:36), el Señor le contestó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento”. Y continuó Jesús: “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Primero Dios, después tu prójimo, y por último tú. Esta es la enseñanza que Jesús dio a los fariseos. De ella debemos aprender nosotros.

Cuando ponemos a Dios en primer lugar en nuestras vidas estamos renunciando a la manera fácil que nos dicta nuestra naturaleza pecaminosa; es decir estamos negándonos a nosotros mismos, muriendo a los deseos de la carne. Dice Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Una vez el Señor ocupe el primer lugar en nuestros corazones, no solamente esta promesa será una realidad en nuestras vidas y él suplirá todas nuestras necesidades, sino que el amor y la paz de Dios harán que nos resulte mucho más fácil amar y respetar a nuestro prójimo.

Recordemos siempre y pongamos en práctica la Gramática celestial: Él, tú y yo. Consideremos a los demás como superiores a nosotros, y el nombre de Dios será glorificado a través de nuestro testimonio, y como resultado seremos abundantemente bendecidos.

ORACIÓN:
Bendito Dios, te pido perdón por mis actitudes egoístas, porque aún, en muchas cosas, yo quiero seguir siendo el primero. Dame un espíritu de gratitud para ponerte en primer lugar en mi vida, por encima de todo lo que ahora resulta más importante para mí. Y también pon humildad y servidumbre en mí espíritu para que yo pueda tratar a los demás como superiores a mí mismo. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

Dios te Habla

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