lunes, 17 de febrero de 2014

¿ERES TÚ UN HUESO SECO?



Ezequiel 37:1-6
"La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová"

Este pasaje nos habla de una ocasión en la que Dios llevó al profeta Ezequiel, “en el Espíritu de Jehová”, a un cierto lugar con el fin de encomendarle una misión de gran trascendencia. El Señor le muestra al profeta “un valle que estaba lleno de huesos” Y le dice que profetice sobre ellos y les diga: “Huesos secos, oíd palabra de Jehová”, y a continuación expone su plan. Dios haría entrar espíritu en aquellos huesos y vivirían, y pondría tendones sobre ellos, y carne, y finalmente los cubriría de piel. Es decir, total restauración. Y sabrían ellos que él era Jehová Dios todopoderoso.

Quizás podamos tratar de ponernos en el lugar de Ezequiel en estos momentos. ¿Qué quiere decirme el Señor? ¿Cuál es su propósito al mostrarme estos huesos secos y decirme que los va a revivir? ¡Cuántas preguntas pasarían por la mente del profeta! Entonces Dios le dice (v.11): “Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos”

¡El amado pueblo de Dios! La desobediencia y el pecado los habían llevado a ese estado, trayendo pesar y dolor al corazón del Señor. Muertos y alejados de Dios... condición de hueso seco. Y, según afirmó el profeta, “secos en gran manera” Su condición era realmente deprimente. Pero Dios, en su infinito amor y misericordia persistía en darles vida. Y este fue su mensaje por medio de Ezequiel: “Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová” (vv. 12-14).

Vida abundante, reposo, paz, bendiciones. ¡Victoria total! Sólo está disponible cuando vivimos bajo el amparo y la protección del Señor. La Biblia dice que cuando el hombre está alejado de Dios está muerto. Y él es el único que puede darle vida. Con ese fin envió a su Hijo Jesucristo para que, por medio de su muerte en la cruz del Calvario, recibiéramos vida eterna. Así lo dice en Efesios 2:1: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”

¿Cuál es tu condición espiritual en estos momentos? ¿No conoces a Jesucristo como tu salvador? ¿Te has alejado de Dios? ¿Sientes que te has ido desnutriendo? ¿Acaso como la hierba sin agua te has marchitado? ¿Te sientes como los huesos secos del pasaje de hoy? ¡Es posible un avivamiento! Aun huesos secos pueden revivir. La venida del Espíritu de Dios trae vida en abundancia.

Lo primero que Dios dijo a Ezequiel que profetizara a su pueblo fue “Oíd palabra de Jehová” Pongamos, pues, atención a la palabra del Dios todopoderoso. En ella y sólo en ella está el poder que revive, que levanta de los muertos, que vivifica. Dios es el único que puede cambiar tu lamento en baile, las tinieblas en luz, tu tristeza en gozo. Y "tendrás nuevas fuerzas; levantarás alas como las águilas; correrás, y no te cansarás; caminarás, y no te fatigarás", dice Isaías 40:31.

Escudriña la Palabra de Dios cada día de tu vida. En ella está el alimento para tu espíritu. Busca el rostro del Señor en oración todos los días. Pasa tiempo en comunión con él y permite que la paz y el gozo de su Santo Espíritu inunden tu corazón.

ORACIÓN:
Padre santo, yo no quiero ser un hueso seco. Yo anhelo disfrutar de la vida abundante que tu Hijo vino a traernos. Te ruego me llenes del poder, la paz y el gozo de tu Santo Espíritu para que pueda ser yo un testimonio al mundo que honre y glorifique tu nombre. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

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