sábado, 16 de noviembre de 2013

¿QUÉ DEJAS ENTRAR POR TUS OJOS?



2 Samuel 11:2-5
“Sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo. Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa. Y concibió la mujer, y envió a hacerlo saber a David, diciendo: Estoy encinta”.

Cuenta este pasaje que a David le gusto tanto Betsabé que la quiso para él, y como tenía el poder para hacerlo dio rienda suelta a sus deseos. Pero dice la Biblia que “esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová” (2 Samuel 11:27). Y el niño que había engendrado con esta mujer enfermó gravemente y murió. Y el rey David sufrió mucho a consecuencia de su pecado.

Los ojos son la puerta por la que entran en nuestras vidas imágenes que más tarde pueden convertirse en tentaciones, las cuales el enemigo usa para hacernos caer en pecado. Así sucedió en el huerto del Edén. Eva “vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella” (Génesis 3:6). Como consecuencia de su pecado, ambos perdieron su comunión con Dios y fueron echados del huerto.

Sin duda alguna hay una conexión directa entre los ojos y el sexo. De esta manera lo expresó Jesús en el Sermón del monte: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (Mateo 5:27-29). En sentido general, las tentaciones tienden a seguir un patrón similar: El ojo ve, la mente desea y la voluntad actúa. Es cierto que muchas veces no podemos evitar “ver” algo que pudiese ser “muy atractivo”. Pero el problema comienza cuando nos quedamos contemplando ese “algo”. Esto fue lo que sucedió a David cuando “vio” desnuda a Betsabé. Se detuvo demasiado tiempo en admirarla, su mente le indicó que era “muy hermosa”, y su corazón se llenó de deseos lujuriosos. Entonces cayó en pecado y después vinieron las consecuencias.

La Biblia nos cuenta en Génesis 39:7-12 que la mujer de Potifar, a quien José había sido vendido como esclavo, “puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo”. Pero el joven le dijo: “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” Sin embargo la mujer insistió en su intento de seducirlo, y en una ocasión que no había nadie en la casa, “ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió”. En lugar de quedarse “contemplando” aquella mujer, José apartó sus ojos de ella y huyó. Sus convicciones y su amor a Dios evitaron que él cayera en pecado.

Si estamos concientes de la relación entre los ojos y las tentaciones, y mantenemos esa puerta cerrada mantendremos al enemigo fuera de nuestras vidas. Pero si nos descuidamos y la dejamos abierta, entonces el diablo tendrá fácil acceso a nuestras mentes y nuestros corazones y seremos vulnerables a sus ataques. Job, en medio de grandes sufrimientos y ante las sugerencias de parte de sus amigos de que podrían deberse a pecados que él hubiese cometido, declaró su absoluta integridad diciendo: “Hice pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, había yo de mirar con deseo a una virgen?” (Job 31:1).

Este pacto es un compromiso delante de Dios de que nuestros ojos nunca se detendrán a contemplar lujuriosamente a una mujer (o a un hombre). Este pacto tiene un enorme poder protector contra las tentaciones y los ataques del enemigo. ¿Quisieras tú hacerlo en este momento y comprometerte delante del Señor a honrarlo cada día de tu vida?

ORACIÓN:
Padre santo, delante de tu presencia hago pacto con mis ojos. Te ruego fortalezcas mi espíritu para que yo permanezca fiel a mi compromiso y pueda apartar la mirada de todo aquello que no glorifique tu nombre. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.


“Gracia y Paz”

Dios te Habla

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