lunes, 18 de febrero de 2013

¿ERES CAPAZ DE PERSISTIR HASTA LA META?



Filipenses 3:12-14
“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.

Alguien dijo: “Los sueños y la perseverancia son una poderosa combinación”. Ciertamente lo son si se mantienen unidos. Sin embargo muchas veces, cuando encontramos obstáculos en nuestro camino, desistimos en nuestro empeño de llegar a la meta que deseábamos alcanzar. En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo expresa exactamente lo contrario cuando dice: “Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. Esto es precisamente lo que Dios quiere que hagamos, que prosigamos, que nos mantengamos firmes, que no desmayemos, que seamos persistentes en la búsqueda de la meta que él nos ha trazado. “Persistencia” es insistencia, firmeza, empeño en la ejecución de algo. Es posible que en el camino encontremos fracasos, pero si somos persistentes alcanzaremos la meta, con la ayuda de Dios.

Hay una gran diferencia entre ser un fracasado y experimentar fracasos en la vida. En primer lugar, una vez que confiamos en Jesucristo como nuestro Salvador somos una nueva creación, y debemos olvidarnos de nuestros fracasos del pasado. Así lo expresa Pablo en este pasaje: “Olvidando ciertamente lo que queda atrás…” De ahí en adelante, cualquier error que cometamos o cualquier fracaso en el que caigamos, debe ser visto como una caída transitoria. A Pablo no le importó cuantas veces fue echado fuera de los pueblos, o cuántas veces fue apedreado o encarcelado. Nunca se consideró un fracasado. Se vio a sí mismo como un pecador perdonado con la misión de parte del Señor de llevar el evangelio a los gentiles, y a ella se entregó de todo corazón.

Tenemos que entender que cuando encontramos dificultades y pruebas no significa que automáticamente tenemos que cambiar de dirección. Tal vez nos retrasen en el propósito de alcanzar nuestras metas, pero no son calles sin salida. Acepta las pruebas como oportunidades que pueden ayudarte a crecer espiritualmente. Durante los momentos de caídas, Dios quiere enseñarnos algo que nos ayude a triunfar más adelante. Jesús dijo a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Confía, acude al Señor en oración cuando estés en medio de una prueba, y él te enseñará y te ayudará a seguir adelante.

Pablo no tomó los trágicos eventos de su vida como una señal de detenerse o de cambiar de rumbo. El sabía para lo que Dios le había llamado y al persistir en su fe, encontró el poder para transformar su carácter y fortalecer su esperanza. Por eso escribió a los romanos: “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza” (Romanos 5:3-4). La palabra griega que se utiliza aquí para definir “paciencia” significa persistencia firme. Se trata, pues, de una paciencia activa, dominante, que soporta todo pero no se detiene, sino que marcha adelante con firmeza, hacia la meta, con absoluta certeza en la victoria. Es la misma palabra que se menciona en Hebreos 12:1-2: “Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe...” Esta debe ser nuestra actitud en la vida, marchar adelante con persistencia firme y con los ojos puestos en Jesús.

¿Sientes en estos momentos una tendencia a desistir en tu empeño? ¿Crees que no puedes continuar esperando la solución de tu problema? No desmayes, continúa hacia adelante, persiste en el nombre del Señor. Si crees que no puedes por tus propias fuerzas, no olvides que siempre puedes contar con la ayuda del Señor, y por fe declarar: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

ORACIÓN:
Padre santo, gracias por la esperanza y el poder que me ofreces en Cristo Jesús. Te pido me capacites para persistir con firmeza hasta alcanzar la meta que has establecido en mi vida. Aumenta mi fe y dame la fuerza y el valor para continuar adelante sin desmayar. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

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