jueves, 7 de junio de 2012

LAS BENDICIONES DE LA INCOMPETENCIA

2 Corintios 3:1-6
“¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros? Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica”.

Pablo nunca afirmó que era capaz de lograr todo lo que Dios lo llamó a hacer. Simplemente aprendió a mirar más allá de su propia incompetencia, a la competencia de Cristo. Si adoptamos la misma práctica, podremos descubrir las bendiciones ocultas en nuestras experiencias de incompetencia.

Nuestra insuficiencia nos lleva a Dios. Cuando nos damos cuenta de que una situación es más grande de lo que podemos manejar, nos apresuramos a abrir la Biblia y orar en busca de orientación y poder.

La incompetencia nos libera de la carga de luchar con nuestras propias fuerzas y de la autosuficiencia.
La incompetencia lleva a la dependencia del poder divino. Nunca seremos competentes hasta que recurramos al poder del Espíritu Santo. Él hace en y a través de nosotros lo que Dios nunca quiso que hiciéramos por nuestras propias fuerzas.

Al utilizar personas débiles e insuficientes, Dios demuestra cuán grandes cosas puede hacer. Él se deleita escogiendo a personas que no prometen nada, para realizar sus propósitos. No hay límite a lo que Él puede hacer por medio de alguien dispuesto a darle el control total.

El sentimiento de incompetencia desafía nuestra fe. Pablo dice: "Nuestra competencia proviene de Dios" (v. 5). Quienes se enfocan en la fiabilidad de esta promesa y dan un paso de obediencia, crecerán en la fe.

¿Por qué sufrir todo el temor, la presión y la frustración que acompañan a los sentimientos de insuficiencia, cuando hay una alternativa? Deje que el Señor le haga competente: confíe en Él, y permita que Cristo viva en y a través de usted. Él sustituirá su ansiedad con un tranquilo espíritu de contentamiento.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

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