martes, 3 de junio de 2014

¿SABES LO QUE SIGNIFICA SER UN BUEN DISCÍPULO DE JESÚS?



¿Sabes lo que significa ser un buen discípulo de Jesús?

Marcos 3:14-15
“Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios”

El discipulado no es un aprendizaje teórico; es una relación entre dos personas: el maestro y el discípulo. Jesús escogió a los doce “para que estuviesen con él”, dice este pasaje. Los invitó a compartir con él su vida para formar en ellos su carácter y prepararlos para la Gran Comisión que les dejaría encomendada antes de ascender al cielo para estar junto al Padre. Aquellos hombres convocados por Jesús iban a aprender por medio de la práctica diaria no solamente lo que Jesús decía, sino también lo que él sentía y lo que él hacía. Durante tres años caminaron con él, rieron y lloraron con él, compartieron momentos de gozo, y momentos de peligro y ansiedad, trabajaron y comieron con él día tras día. Para ellos era claramente visible el amor de Jesús por los enfermos y necesitados, su indignación con los hipócritas, su arduo trabajo y dedicación, su sabiduría y su vida santa e intachable.

Jesús les habló claramente a todos aquellos que le seguían, con el fin de que ellos supieran que si decidían ser sus discípulos no debían esperar ningún beneficio material, sino más bien dificultades y sufrimientos. En Lucas 9:23, Jesús expresó este concepto con toda claridad: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. Además debían estar dispuestos a dejarlo todo por él, incluyendo sus familias. Dirigiéndose a una multitud que iba con él, Jesús les dice: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26-27). Ciertamente ser un discípulo de Cristo no es nada fácil, pues hay muchas cosas que nuestra humana naturaleza ama y desea, a las cuales debemos renunciar de la misma manera que hizo el Señor durante su caminar por este mundo.

Jesús derramó sobre sus discípulos el poder y la verdad de su palabra. Y les prometió la venida del Espíritu Santo diciéndoles: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”. Más tarde, ellos recibirían el Espíritu Santo y con él el poder por medio del cual pondrían en práctica las enseñanzas del Señor, su vida, sus obras, sus planes. Si tú has aceptado a Jesucristo como Salvador, también has recibido el Espíritu Santo.

Jesús no puede enviarte a predicar con autoridad, a sanar a los enfermos y a echar fuera demonios si no vives en íntima comunión con él. Debes buscar su presencia diariamente, debes escudriñar y estudiar sus enseñanzas en la Biblia, debes oír su voz en oración, llenarte con su Espíritu Santo, adorarlo y obedecerlo. También debes encontrarte con Jesús en la iglesia local, junto a tus hermanos en los que él también habita, y poner en práctica el compañerismo, la lealtad y la unidad que Jesús predicó y llevó a cabo con sus discípulos.

Jesús te ha escogido para que “estés con él”, para que vivas con él, para que le conozcas íntimamente y seas capacitado para servirle. Cada día, cada hora, cada minuto, él camina a tu lado y comparte contigo su vida. Tu responsabilidad es mantener tu relación diaria con el Maestro, aprender de él y ponerlo en práctica. Procura ser un buen discípulo de Jesús, y disfrutarás la vida plena y abundante que él nos ofrece (Juan 10:10).

ORACIÓN:
Querido Padre, gracias por la oportunidad que me das de estar unido con tu Hijo por medio de tu Santo Espíritu. Ayúdame a obtener el máximo de esta experiencia, de manera que yo pueda llegar a ser un buen discípulo de Jesús, y un siervo fiel que glorifique tu nombre. Por Cristo Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



lunes, 2 de junio de 2014

HABRÁ MÁS BENDICIÓN....


¿SABES ESPERAR EN EL SEÑOR?



¿Sabes esperar en el Señor?

Isaías 40:31
“Los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán vuelo como las águilas; correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán”.

Si hiciéramos una encuesta preguntando a la gente si le agrada esperar, sin lugar a dudas la gran mayoría diría un rotundo “¡no!”. A nadie le gusta esperar. Hay un dicho popular que dice: “El que espera desespera”. Éste nos muestra la actitud general de aquellos que al esperar entran en un fuerte estado de desesperación. Ejemplos de esto podemos verlos cuando nos encontramos en medio de un tráfico muy congestionado, o cuando llevamos horas esperando en la consulta de un médico, o en una larga fila para pagar en una tienda. Peor aún es la situación en que esperamos noticias importantes que parecen no llegar nunca o la resolución de un conflicto que está afectando nuestras vidas. En estas situaciones y otras por el estilo, un incómodo sentimiento de impaciencia y desasosiego comienza a apoderarse de nosotros.

Como cristianos, nosotros tenemos recursos divinos para poder enfrentar y vencer los tiempos de espera. La Escritura de hoy nos dice que los que esperan en el Señor “tendrán nuevas fuerzas”, es decir recibirán interiormente un poder que los fortalecerá y los capacitará para mantenerse firmes y actuar de manera que las circunstancias se tornen favorables. Entonces podrán decir como dijo el apóstol Pablo en su carta a los filipenses, la cual escribió estando preso en una cárcel romana: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Continúa el pasaje de hoy diciendo que los que esperan en el Señor “levantarán vuelo como las águilas”, refiriéndose a la capacidad de estas aves de volar a muy grandes alturas, donde abre sus alas para dejarse llevar tranquilamente por la corriente de los vientos. Para nosotros significa levantar vuelo sobre las preocupaciones y problemas y dejarnos llevar por las suaves corrientes del Espíritu de Dios. ¡Maravilloso! Por último dice que “correrán y no se cansarán, y caminarán y no se fatigarán”. Esto nos habla de resistencia y perseverancia, indispensables en los tiempos de espera. Tus tiempos de espera pueden ser tiempos agradables y provechosos si pones tu confianza en el Dios todopoderoso y esperas pacientemente a que él obre.

El rey David, en su juventud, escribió Salmos que expresaban un ferviente deseo de que Dios terminara con sus enemigos inmediatamente. Se sentía acosado, perseguido y desesperado y clamaba a Dios pidiendo la destrucción de aquellos que buscaban eliminarlo. Por ejemplo, David escribió en el Salmo 55:9: “Destrúyelos, oh Señor; confunde la lengua de ellos; porque he visto violencia y rencilla en la ciudad”. Sin embargo, después de años de experiencia y un profundo conocimiento de Dios, siendo un anciano, David escribió el Salmo 37. Aquí muestra una actitud completamente distinta. Dicen los primeros siete versículos de este Salmo: “No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán. Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. Guarda silencio ante Jehová, y espera en él”. A través de las pruebas por las que pasó, David llegó a conocer íntimamente a Dios. Entonces le resultó fácil esperar en él.

Cuando nos deleitamos en la presencia del Señor cada día de nuestras vidas, leyendo su palabra y meditando en ella, y pasando tiempo en oración, llegaremos a confiar plenamente en él y no nos resultará difícil esperar, porque sabremos que él va a concedernos las peticiones de nuestros corazones, conforme a su perfecta voluntad y en su perfecto tiempo.

ORACIÓN:
Amado y Eterno Padre, hoy te entrego mi impaciencia y todos mis afanes. Dame la gracia de aprender a esperar en ti confiadamente como lo enseña tu santa Palabra. Ayúdame a deleitarme en tu presencia mientras espero pacientemente tus bendiciones que han de venir. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla




¿NO TE ASOMBRA LA GRACIA DE DIOS?


¿No te asombra la gracia de Dios?

Efesios 2:4-10
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.

En su libro “What’s so amazing about grace?” (¿Qué es tan asombroso acerca de la gracia?), el escritor cristiano Phillip Yancey dice que el mundo tiene una necesidad y una sed de gracia en maneras que no es capaz de reconocer. Él escribe: “No es una gran sorpresa que el himno “Sublime Gracia” haya estado entre las diez canciones favoritas del público doscientos años después que se escribió.” John Newton, compositor del himno, que había sido ateo y comerciante de esclavos, había estado sediento de gracia. Cuando descubrió la gracia de Dios, nunca salió de su asombro. Y la gente nunca ha dejado de cantar su himno “Sublime Gracia”.

Agustín de Hipona fue un hombre nacido en el norte de Africa a mediados del siglo IV. Durante su juventud vivió una vida lujuriosa e inmoral, la cual narra con vergüenza en su libro “Confesiones”. Este libro es un relato autobiográfico de su jornada espiritual; es una obra maestra de investigación psicológica del corazón del hombre ante Dios. En su libro, Agustín narra que en medio de aquella vida de placeres sexuales y codicia había un constante vacío imposible de llenar. Un día conoció al Señor, abrió su corazón a Cristo y su vida cambió totalmente. Entonces pudo experimentar una verdadera y profunda paz que antes no conocía. Después de su conversión, Agustín renunció a todas sus posesiones, fundó un monasterio y se retiró por tres años a orar y meditar en la Palabra de Dios. Allí escribió varios libros y poemas dedicados a la infinita gracia de Dios. En uno de ellos expresó su sentir de la siguiente manera: –Ahora siento una infinita paz, y sólo amor es mi respuesta a ti, Señor; aunque la espalda te dí, tú me salvaste porque siempre me amaste, Señor.

¿Qué es, pues, la gracia de Dios? “Gracia” es un regalo. Aún más, es un regalo inmerecido. En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo dice que Dios nos amó “aun estando nosotros muertos en pecados”. O sea, gracia es el favor de Dios derramado sobre quienes no podían hacer nada para ganarlo, puesto que estábamos muertos espiritualmente. Es también gracia la provisión de Dios de comunión espiritual con los demás (v.5, 6); es el instrumento de Dios para dar salvación a todo el que cree (v.8); y la divina influencia de Dios que equipa a todo creyente para que cumpla Sus propósitos. Pablo resumió las incontables virtudes de la gracia de Dios llamándolas “abundantes riquezas en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (v.7). Esta es la gracia de Dios: Darnos lo que no merecemos. Por su infinito amor.

La gracia de Dios no sólo es asombrosamente rica, sino que también es totalmente gratis. Así dice Romanos 3:24: “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”. Es decir, el Dador mismo ha pagado el precio. Saciémonos de la asombrosa gracia de Dios para que podamos dar gracia a un mundo sediento y necesitado.

ORACIÓN:
Mi amoroso Padre, no podré jamás entender tu infinita gracia y misericordia, pero por ellas tengo la esperanza de vida eterna junto a ti. Gracias por darme este precioso regalo aun cuando yo no lo merecía. Por favor, ayúdame a expresarte mi amor y mi agradecimiento, con toda mi alma y con todo mi corazón y con todas mis fuerzas. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



NO TE PREOCUPES...



NO TE DEJES VENCER....



viernes, 30 de mayo de 2014

1 pedro 3:12



1 pedro 2:21



1 Pedro 1:3



¿DE QUÉ DEPENDE TU FELICIDAD?



¿De qué depende tu felicidad?

Salmo 4:6-7
“Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto”.

La búsqueda de la felicidad es sin duda uno de los desafíos más grandes, si no el mayor, a los que se enfrenta toda persona durante su vida. El ser humano no se siente totalmente feliz mientras le falte algo que él considera que debe tener, ya sea en el aspecto material, emocional o espiritual. Por eso muchas personas se pasan toda la vida buscando “eso” que les falta, y cuando lo encuentran se dan cuenta que todavía no son lo felices que esperaban ser. Y, mientras tanto, en el proceso se encuentran circunstancias tanto positivas como negativas las cuales los llevan de arriba a abajo en el aspecto emocional.

Los sicólogos, que se habían centrado siempre en la curación y el alivio de las enfermedades mentales, comenzaron hace unos años el estudio de las personas normales y su potencial para la alegría, el gozo y la realización personal. David Lykken, profesor emérito de la Universidad de Minnesota, ha elaborado lo que él llama “La teoría del punto de felicidad”. Él llegó a la conclusión de que la mayoría de las personas regresan a su nivel anterior de felicidad de seis meses a un año después de acontecimientos dramáticos como la tristeza por perder a un ser querido, o la emoción de mudarse a la casa soñada. Lykken llama a ese punto de referencia original el “punto de felicidad”.

En el cristiano el “punto de felicidad” es muy diferente al del mundo, pues no depende de los altibajos normales de la experiencia humana. La Biblia nos dice que busquemos nuestra felicidad en el Dios inmutable y no en nuestras variables e inciertas circunstancias. En el pasaje de hoy, David alaba a Dios diciéndole: “Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto”. Esta “alegría en el corazón” es muy diferente y mucho más profunda que la sensación de bienestar que proviene de las circunstancias favorables. Se refiere al gozo que proviene del Espíritu de Dios, el cual no depende de si nos va bien o nos va mal, sino que está relacionado exclusivamente con la presencia de Dios en nuestras vidas. Así lo dice David en el Salmo 16:11 “En tu presencia hay plenitud de gozo”. Nosotros tendremos la misma experiencia que el salmista cuando dejemos de decir: “Yo sería feliz si...” y empecemos a decir: “Yo soy feliz porque mi Padre celestial siempre está conmigo”. El gozo que se basa en el amor y la misericordia de nuestro Dios, independientemente de nuestras circunstancias, debería ser nuestro constante “punto de felicidad”.

El apóstol Pablo llegó a conocer el secreto de la verdadera felicidad, la que se siente lo mismo en la escasez que en la abundancia, cuando falta algo o cuando algo sobra. En su carta a los filipenses les dijo: “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad” (Filipenses 4:10-12). Y entonces completa el pensamiento con el secreto de su constante gozo y felicidad: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Si estás pasando por momentos de tristeza en tu vida, acércate a Dios, alábale, clama a él, pídele que derrame la unción restauradora de su Espíritu en tu espíritu quebrantado. Mantente firme en tu relación con el Señor y pronto comenzarás a sentir su paz y su gozo inundando tu corazón.

ORACIÓN:
Mi bendito Padre, ayúdame a entender que tú eres la fuente de todo lo que yo necesito en la vida para ser feliz. Yo rechazo todo intento de Satanás de confundirme con las cosas del mundo, y confió en que tu presencia llena mi vida de paz y de gozo. Por Cristo Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



Bendicion Aronica


jueves, 29 de mayo de 2014

¿PUEDES PERMANECER CALLADO?


¿Puedes permanecer callado?

Marcos 15:1-5
“Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. Y los principales sacerdotes le acusaban mucho. Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba”.

Callar no es precisamente una cualidad intrínseca del ser humano. Desde muy pequeños, los niños muestran una marcada tendencia a tratar de captar la atención de los demás ya sea llorando, o gritando o, cuando aprenden a pronunciar palabras, hablando sin cesar. Cuando somos adultos, ya no lloramos o gritamos como los pequeños, sin embargo todavía nos resulta difícil callarnos, sobre todo cuando nos insultan o nos acusan injustamente. Por eso, en el pasaje de hoy, Pilato se maravilló cuando Jesús permaneció callado ante las acusaciones de que era objeto por parte de los sacerdotes judíos. Seguir el ejemplo de Jesús no es nada fácil, sin embargo la Biblia nos exhorta a mantener una actitud pasiva y prudente en situaciones en las que nuestra naturaleza carnal nos impulsa a defendernos de acusaciones falsas o de alguna calumnia de la que hemos sido víctimas. Por ejemplo, Proverbios 19:11 dice: “El buen juicio hace al hombre paciente; su gloria es pasar por alto la ofensa”.

En Mateo 12:34, Jesús les dice a un grupo de judíos: “¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Ciertamente un corazón lleno de ira y amargura producirá palabras que no glorificarán el nombre de Dios. Por eso, en su carta a los efesios, el apóstol Pablo les dice: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:31-32). Pablo nos advierte que debemos despojarnos de “toda amargura”, pues hay un peligro muy grande cuando permitimos que ésta se acumule en el corazón y eche raíces. Hebreos 12:15 nos alerta de la siguiente manera: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”. De igual manera debemos librarnos de enojo, ira, gritería y maledicencia, ya que nada de esto proviene de Dios.

En la corte judicial de un pequeño pueblo había un abogado que solía hacer comentarios despectivos y usaba en ocasiones lenguaje provocativo dirigido al juez en funciones de dicho tribunal. En lugar de tomar medidas enérgicas contra el abogado y mandarle a callar, el juez sonreía y se quedaba callado. La gente se preguntaba cómo podía ser tan paciente. En una ocasión, durante una cena, alguien le preguntó al juez: “¿Por qué usted no hace algo respecto a ese insolente abogado?” El juez puso su tenedor en el plato, y con una leve sonrisa contestó: “Tengo una vecina que tiene un perro. Siempre que hay luna llena, el perro ladra sin cesar toda la noche”. Luego, el juez reanudó su comida tranquilamente. Una persona le preguntó: “Pero señor juez, ¿qué tiene que ver eso del perro y la luna con ese abogado?” Él contestó: “Pues que la luna simplemente ¡sigue brillando!”

Los sacerdotes judíos insultaron y acusaron a Jesús. Él simplemente calló. Y su gloria siguió brillando y seguirá alumbrando por la eternidad. Debemos aprender a callar en lugar de hablar algo ofensivo. Y si es absolutamente necesario que hablemos en nuestra defensa, debemos hacerlo con mansedumbre, controlando las emociones y recordando que “la blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1). Ciertamente podríamos evitar muchos problemas si aprendiéramos a hablar con suavidad, y a callarnos cuando no tuviéramos algo bueno que decir de la otra persona.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego llenes mi corazón de tu amor y de tu paz, de manera que siempre que yo hable lo haga con palabras que edifiquen y no ofendan aun en momentos en que me han herido u ofendido de alguna manera. Y dame la fuerza para permanecer callado cuando sea prudente hacerlo. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla



miércoles, 28 de mayo de 2014

¿ERES TÚ UN INSTRUMENTO DEL SEÑOR?


¿Eres tú un instrumento del Señor?

1 Samuel 16:6-13
“Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Yahweh está su ungido. Y Yahweh respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Yahweh no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Yahweh mira el corazón. Entonces llamó Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a éste ha escogido Yahweh. Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a éste ha elegido Yahweh. E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Yahweh no ha elegido a éstos. Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí. Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Yahweh dijo: Levántate y úngelo, porque éste es. Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Yahweh vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá”.

Se cuenta una historia de un famoso violinista que anunció un concierto en que tocaría utilizando, como de costumbre, uno de los famosos (y muy valiosos) violines Stradivarius. Mucha gente acudió al concierto no sólo por escuchar al violinista, sino también por ver el violín. El concierto resultó un éxito extraordinario. La gente aplaudió hasta el cansancio. Pero al final, ante el asombro de todos, el violinista tomó el violín y lo tiró al piso, y después lo rompió pisoteándolo. La gente no podía creer lo que estaba viendo. “¿Cómo es posible que este hombre haya roto un instrumento tan valioso?”, se preguntaban, mirándose unos a otros. Entonces el violinista tomó el micrófono e hizo la siguiente aclaración: “El violín con que he tocado no es un Stradivarius de trescientos mil dólares. Es un violín común y corriente que me costó sólo sesenta y cinco dólares. He hecho esto para que vean que lo importante no es el violín, sino el violinista”.

El pasaje de hoy, nos muestra un momento sumamente importante en la historia del pueblo de Israel. Dios había decidido desechar a Saúl como rey, y ordenó al profeta Samuel que fuera a ver a un hombre llamado Isaí, el cual tenía varios hijos, uno de los cuales sería el próximo rey de Israel. Dios le enseñaría lo que debía hacer, y le dijo: “Me ungirás al que yo te dijere” (1 Samuel 16:3). Lo primero que advierte el Señor a Samuel es que no se deje llevar por la apariencia, sino que prestara atención a su dirección, pues para él lo más importante no era el aspecto físico sino el corazón. Uno a uno fueron pasando delante del profeta los hijos de Isaí. Siete en total, y en todos los casos Samuel dijo: “Tampoco a éste ha escogido Yahweh.” Finalmente enviaron por el menor de todos, un jovencito que estaba apacentando las ovejas de su padre. La Biblia dice que éste era también de buen parecer, pero en él había algo más, algo muy especial que los demás no tenían: su corazón era conforme al corazón de Dios (1 Samuel 13:14). Cuando aquel joven hizo su entrada, “entonces Yahweh dijo: Levántate y úngelo, porque éste es”. Como rey de Israel, años más tarde, David llegó a ser un instrumento poderoso en las manos del Señor.

Dios considera a cada uno de sus hijos un instrumento en potencia, sin importarle la apariencia física, raza o nacionalidad, inteligencia, educación, o posición social o económica. Lo más importante para el Señor es un corazón dispuesto a adorarle y servirle. Entonces, en sus manos, nos convertimos en un poderoso instrumento por medio del cual él puede hacer maravillas que asombren al mundo. Dispón hoy tu corazón a servir a Dios, pídele que te use para su honra y gloria, y en sus divinas manos llegarás a ser el Stradivarius que él, el Maestro de maestros, ha dispuesto que seas.

ORACIÓN:
Padre mío, te doy gracias por no tener en cuenta mi apariencia ni mis debilidades. Hoy dispongo mi corazón a servirte, y te ruego que me capacites y me uses como instrumento que glorifique tu nombre delante de los demás. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!

Dios te Habla