miércoles, 17 de abril de 2013

CON LA MIRADA MÁS ALLÁ DE LA DECEPCIÓN



Juan 11:3-6
“Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba”.

Cuando se sufre desilusiones en la vida, es fácil culparse a uno mismo o a otros —o incluso a ambos. Con frecuencia, es difícil saber qué decir o qué hacer, por no poder identificar realmente la causa o el propósito verdadero de la decepción.

La desilusión suele ser una respuesta emocional a nuestro fracaso, o al de otros, por no lograr que un deseo, una esperanza, un sueño o una meta se conviertan en realidad. Esto puede llevar a perder la fe en alguien en quien confiábamos, e incluso en una persona que amamos.

El evangelio de Juan nos dice que Jesús amaba a Marta, a su hermana María, y a Lázaro, el hermano de ellas. Por esto, no sintieron la necesidad de decir al Señor algo más que “el que amas está enfermo” (Juan 11:3). Su expectativa era que tan pronto Jesús oyera esto, Él vendría para sanar a su hermano. Sin embargo, Jesús no se puso en marcha sino hasta dos días después.

Cuando llegó, Marta salió a su encuentro y le dijo: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto” (v. 21). Había tenido la esperanza de que Él viniera de inmediato, para salvar la vida de Lázaro. Ella no veía el propósito del Señor, que era el de hacer un milagro más grande.

Dios tiene razones para dejar que suframos decepciones. Él podría evitarlas, pero quiere mostrarnos su propósito. Su deseo es que confiemos, creamos y dejemos que nuestras circunstancias lo glorifiquen a Él (vv. 4, 25). Cuando lleguen las desilusiones, ¿quedarás tu paralizado y desorientando en cuanto a los planes de Dios para tu vida? ¿O estarás abierto a lo que el Señor quiere enseñarte, y ansioso por entender el propósito de Él, y su lección en esas situaciones? La respuesta correcta es simplemente confiar en Él.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

¿DICES TÚ LA VERDAD SIEMPRE?



Proverbios 19:5-9
“El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras no escapará. Muchos buscan el favor del generoso, y cada uno es amigo del hombre que da. Todos los hermanos del pobre le aborrecen; ¡Cuánto más sus amigos se alejarán de él! Buscará la palabra, y no la hallará. El que posee entendimiento ama su alma; el que guarda la inteligencia hallará el bien. El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras perecerá”.

La mentira es el lenguaje del diablo. Así les dijo Jesús a un grupo de judíos en Juan 8:44: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”. Satanás usó la mentira para hacer que Eva pecara comiendo la fruta prohibida. Cuando la mujer le dijo que Dios les había dicho que no comieran del fruto del árbol que estaba en el medio del huerto, para que no murieran (Génesis 3:3), la serpiente, es decir el diablo, le contestó: “No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”.

De aquel fatídico encuentro en el huerto del Edén, debemos aprender que la mentira nos separa de Dios, mientras que la verdad fortalece nuestra relación con el Señor. En Juan 14:6 Jesús dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. No sólo Jesús dice la verdad, sino que él mismo es la verdad. No existe otra verdad que el Señor y las palabras que él pronunció. Y esa verdad es tan poderosa que puede hacer libre a todo aquel que la hace suya. Así les dijo Jesús a un grupo de judíos que habían creído en él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8 31-32).

Un niño de 12 años fue testigo clave en una demanda legal. Uno de los abogados de la parte contraria, en medio de un intenso interrogatorio, le dijo: “Tu papá te indicó lo que tenías que decir, ¿verdad?”

“Sí” --contestó el niño. “Y dime, --prosiguió el abogado-- ¿cuáles fueron sus instrucciones?”

“Bueno, --respondió el muchacho— mi papá me dijo que los abogados iban a tratar de enredarme en mi testimonio; pero que si tenía cuidado y decía siempre la verdad, no tendría problemas”.

Una persona veraz no tiene nada que ocultar, pero el que miente paga un precio muy grande por su falta de honestidad. Por regla general una mentira lleva a la otra para tapar la anterior, y a la larga, el mentiroso queda atrapado en su propia red de engaños. El pasaje de hoy dice: “El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras no escapará”.

Vivir en la verdad es imprescindible para nuestro crecimiento espiritual. La mentira impide la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas. En su carta a los efesios, el apóstol Pablo los exhorta a que vivan “siguiendo la verdad en amor, creciendo en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15). Aquellos que pertenecen a Cristo han de darse a conocer como personas veraces. La mentira puede parecer una salida cómoda, pero en realidad es un callejón sin salida. Por tanto, la opción correcta es decir siempre la verdad, y nada más que la verdad.

Desde luego, nuestra naturaleza carnal y pecaminosa nos dirige hacia la mentira. Se te presentarán muchas ocasiones en las que sentirás la tentación de decir una “mentirita” para salir del paso. Resiste la tentación y di la verdad. Quizás pienses que te va a traer malas consecuencias, pero a la larga siempre obtendrás la recompensa por haber agradado a Dios.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me ayudes a rechazar la mentira porque no proviene de ti, y a decir siempre la verdad y nada más que la verdad, para honrar tu nombre a través de mi testimonio ante los que me rodean. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

ORACIÓN



Padre santo, te ruego me ayudes a rechazar la mentira porque no proviene de ti, y a decir siempre la verdad y nada más que la verdad, para honrar tu nombre a través de mi testimonio ante los que me rodean. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”

LAS PERLAS




ESTE MENSAJE ES MUY EDIFICATIVO PARA TI PRINCESA DE DIOS, ATRÉVETE A LEERLO PARA QUE TENGAS IDEA DE COMO ESTE HERMOSO DIOS QUE TENEMOS OBRA EN TU VIDA.

¡¡Que hermosas son las perlas, pero aún así debemos saber que las perlas son producto del dolor...!!

Toda perla es la consecuencia de una ostra que ha sido herida por un grano de arena que ha entrado en su interior. Una ostra que no ha sido herida no puede producir perlas...

En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia llamada “nácar” y cuando un grano de arena penetra en la ostra, ésta lo recubre con capas de nácar para protegerse. Como resultado, se va formando una hermosa y brillante perla.

¿Te has sentido herida por las palabras, o actitudes de alguien?

¿Has sido acusada de decir cosas que nunca has dicho?

¿Han sido tus ideas rechazadas o ridiculizadas?

¿Te han culpado de haber hecho algo que jamás hiciste?

¿Tu actitud frente a ciertas situaciones, se malinterpreta?

¿Has sufrido alguna vez los golpes de la indiferencia?

¿Te han herido precisamente aquellas personas que menos esperabas?

¿No te valoran como realmente lo mereces?

Entonces, perdona y haz de tu herida una perla. Cubre tus heridas con varias capas de amor, recuerda que cuanto más cubierta esté tu herida, menos dolor sentirás.

Por el contrario, si no la cubres de amor, esa herida permanecerá abierta, te dolerá más y más cada día, se infectará con el resentimiento y la amargura y peor aún, nunca cicatrizará.

En nuestra sociedad, podemos ver muchas "ostras vacías" no porque no hayan sido heridas, sino porque no supieron perdonar, comprender y transformar el dolor en una perla.

“Una perla es… una herida sanada por el amor"

Te has puesto a pensar alguna vez que la belleza interior que llevas dentro tuyo es el producto de tantas tribulaciones, de muchos sufrimientos, de muchos dolores, que el mismo Dios lo permite para limpiarte y purificarte de todo pecado y de todo mal, de actitudes negativas para hacer de ti una persona nueva con una vida cambiada y orientada hacia el amor y la misericordia de Dios...

¡¡Tu eres una perla hermosa…!!

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16: 33)

“Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra y te apacentarás en la verdad”. (Salmos 37:3)


“Gracia y Paz”
Reflexiones para el Alma

martes, 16 de abril de 2013

CUANDO LLEGA LA PRUEBA



Job 1:21
“El Señor dio, y el Señor quitó; sea el nombre del Señor bendito”.

Santiago 5:11
“Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto… que el Señor es muy misericordioso y compasivo”.

Pocas personas han pasado tan repentinamente de una riqueza inaudita, como era la de Job, a una completa pobreza. En un día perdió a todos sus hijos y toda su fortuna.

Job habría podido acusar a los elementos naturales: el rayo que había matado a sus ovejas y la tempestad que había destruido la casa donde sus hijos se hallaban reunidos. Habría podido maldecir a los saqueadores que destrozaron sus rebaños. ¿Qué consuelo le hubiese dado esto? ¿Qué instrucción habría recibido de ello?

En lugar de esto Job, quien conocía a Dios, discernió inmediatamente su intervención. Sabía que su prosperidad no era sólo el resultado de sus esfuerzos o de circunstancias favorables, sino que todo se lo debía a Dios. Asimismo aceptó que Dios, en su soberanía y perfecta sabiduría, le quitara lo que le había dado. “¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?”, respondió a su mujer, desesperada por las desdichas que caían sobre ellos (Job 2:10). Y bendijo el nombre del Señor.

Quizá discernimos fácilmente la mano de Dios cuando nuestras condiciones de vida son favorables, pero no cuando el viento ha cambiado. Sepamos reconocer su intervención en cada prueba. Como Job, aceptémosla de parte de Dios quien, con bondad, quiere instruirnos y bendecirnos al final. En medio de la fe cristiana hay esta seguridad: Dios es amor. La recibimos aun a través de las lágrimas, con una dicha profunda y eterna.


“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

¿TIENES COSTUMBRES NOCIVAS EN TU MATRIMONIO?



Hebreos 13:5
“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque EL dijo: No te dejaré ni te desampararé”.

1 Corintios 15:33
“No erréis, las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”.

Hay muchas costumbres o mañas, que pueden ser letales para un matrimonio.

Las costumbres son hábitos de comportamiento en la vida regular de las personas, que pueden ser positivos o negativos. Todo matrimonio tiene hábitos buenos y malos. Pero cada matrimonio debe esforzarse por mantener y reforzar los buenos hábitos e ir desechando los malos. Entre más positivo sea el balance de hábitos más saludable será el matrimonio.

La mayoría de costumbres buenas o malas, las aprendemos desde niños en medio de la convivencia familiar y del ambiente en que nos desarrollamos.

Algunos cónyuges tienen la mala costumbre de criticar y juzgar a su pareja constantemente. Es como si estuvieran atentos a cada falla de su cónyuge para criticarle, reclamarle y hasta condenarle. Esta costumbre es muy destructora, ya que por lo general el cónyuge afectado termina cansándose de esa actitud y reacciona negativamente.

En la Comunicación, hay quienes que tienen la costumbre de gritar constantemente, lo cual bloquea la comunicación. Hay personas que tienden a asumir los pensamientos del cónyuge y se indisponen porque creen saber lo que el cónyuge está pensando.

Podríamos enumerar un sinfín de costumbres que afectan al matrimonio. Hay costumbres que quizás para uno no son molestas, pero lo son para el otro y entonces deben respetarse. Los esposos deben abrir el corazón y dejarse saber mutuamente con respeto y suavidad, que costumbres del otro le molestan con el único propósito de informar, para que el otro lo sepa y tome la decisión por si solo de cambiar esas costumbres que le hacen sentir mal a su pareja. No por presión, sino por convicción.

La primera y más importante costumbre que debe tener todo matrimonio es procurar una relación permanente con nuestro Padre Celestial. O sea, que ambos tomen la decisión de leer la Biblia juntos, orar juntos, asistir regularmente a la Iglesia y practicar la obediencia a la palabra de Dios.

Segundo, deben tomar la decisión de desarrollar hábitos de compartir juntos, afirmarse mutuamente, pensar diariamente en que podemos hacer para el bienestar de nuestro cónyuge. La misión más importante de cada cónyuge en el matrimonio es encargarse del bienestar del otro. Esto debe convertirse en un poderoso hábito de vida en el Matrimonio que les va a dar excelentes beneficios a la relación y a la familia.

Tomen la decisión hoy mismo de cambiar esas malas costumbres en el matrimonio y desarrollar nuevos hábitos de beneficio y bendición para tu familia.

Tu matrimonio y tu familia es el segundo tesoro más valioso que Dios te ha dado, después de tu salvación. CUÍDALO!


“Gracia y Paz”
Noviazgo y Matrimonio

LA ORACIÓN: UN PRIVILEGIO EXTRAORDINARIO



1 Juan 5:14-15
“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”.

Una pregunta resuena en el corazón de casi todos los cristianos en algún momento de su vida: Si Dios lo sabe todo acerca de mí, ¿por qué tengo que orar por mis necesidades? El Señor tiene razones específicas por las cuales no utilizar su omnipotencia para responder a ciertos deseos y sufrimientos nuestros, a menos que le hablemos de ellos.

Dios nos anima a orar para crear una relación estrecha entre Él y nosotros. El Señor está interesado en mucho más que la satisfacción de nuestras necesidades; también quiere convertirse en nuestra fuente de fortaleza en cada prueba. Sabemos que para que una amistad crezca se requiere invertir tiempo. Las oraciones rápidas de tres minutos, aunque son valiosas e importantes para mantener un continuo olor de “incienso fragante” delante de Dios, no son suficientes para mantener una conexión personal con nuestro Padre celestial.

Santiago 1:17 dice: “Toda buena dádiva... desciende de lo alto”. El Señor quiere que le reconozcamos como la fuente de todas nuestras bendiciones. Dirigir nuestras oraciones a Dios, y confiar en que serán respondidas de acuerdo con su voluntad y en su tiempo, fortalece nuestra conciencia de que sin Él, no podemos lograr nada. En la vida cristiana, nuestra dependencia de Dios crece en proporción directa a nuestra madurez espiritual. Ese concepto va en contra de nuestra naturaleza y cultura, que valoran la independencia por encima de todo lo demás.

Somos privilegiados de pertenecer a un Dios que desea tener una relación de Padre-hijo con nosotros. Él puede, desde luego, satisfacer nuestras necesidades sin una sola palabra de nuestra parte, pero entonces nunca conoceríamos la maravilla de pedir y recibir por amor.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

¿HAS NACIDO DE NUEVO?



Juan 3:1-7
“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.

Jesús le dice a Nicodemo que para ver el reino de Dios, "es necesario nacer de nuevo.” Y aquel que era fariseo, maestro de Israel y principal entre los judíos no entendió lo que el Señor quiso decirle. Realmente no es fácil entender la frase “nacer de nuevo”. No se trata de que en nuestras vidas se lleve a cabo un cambio cuando entramos en una relación con Cristo; es algo mucho más profundo. Se trata de que nuestra vieja manera de vivir termina y comienza una nueva vida en el Espíritu que es completamente distinta a la anterior.

Agustín de Hipona fue un hombre nacido en el norte de Africa a mediados del siglo IV. Durante su juventud vivió una vida lujuriosa e inmoral, la cual narra con vergüenza en su libro “Confesiones”. En su libro, Agustín cuenta que en medio de aquella vida de placeres sexuales y codicia había un constante vacío imposible de llenar. Un día conoció a Jesús, abrió a él su corazón y su vida cambió totalmente. Después de su conversión, Agustín renunció a todas sus posesiones, fundó un monasterio y se retiró por tres años a orar y meditar en la Palabra de Dios, y allí escribió varios libros y poemas. Agustín de Hipona dedicó el resto de su nueva vida a servir al Señor.

Harold Hughes fue un conocido político norteamericano, quien después de prestar servicio como gobernador del estado de Iowa fue elegido al Senado de los Estados Unidos. En su autobiografía, Hughes confiesa tristemente que en sus años de juventud fue “borracho, mentiroso y tramposo”. Después de tocar fondo, en medio de su vergüenza y desesperación, decidió cometer suicidio. Sin embargo, justo antes de apretar el gatillo de su pistola sucedió algo milagroso. Así lo describió Hughes: “Igual que un niño herido perdido en la tormenta, de repente había caído en los calurosos brazos de mi Padre” Y al experimentar la gracia perdonadora de Dios prometió: “Señor, haré lo que me pidas”. Ese fue el comienzo de una nueva vida para Harold Hughes, una vida que sí valía la pena vivir.

Saulo de Tarso tuvo una experiencia similar cuando se dirigía a la ciudad de Damasco en gestiones para continuar su persecución de los cristianos. Allí en el camino se le apareció Jesús, y le dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4). Entonces Saulo cayó rendido de rodillas, y “temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?” Desde ese instante la vieja vida de Saulo de Tarso dejó de existir, y en su lugar surgió la nueva vida de quien más tarde llegaría a hacer el gran apóstol Pablo, el cual escribió: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

Pablo también dijo en su carta a los Gálatas: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Este es el nuevo nacimiento del cual le habló Jesús a Nicodemo: morir a la vida pecaminosa de nuestra naturaleza carnal y comenzar a vivir la vida abundante que Jesucristo vino a ofrecernos. Cualquier persona, por muy derrotada y quebrantada que esté, puede experimentar este nuevo nacimiento creyendo sinceramente en Jesucristo y abriendo a él su corazón en fe. Si no lo has hecho, y deseas comenzar una vida que valga la pena vivir, abre tu corazón a Jesús ahora mismo e invítalo a entrar.

ORACIÓN:
Querido Padre celestial, gracias por el milagro del nuevo nacimiento a través de la muerte y resurrección de tu Hijo Jesús. Ayúdame a morir a la vida de pecado y comenzar a vivir esa vida abundante que tu amado Hijo vino a traernos. En su santo nombre, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

LA SOLUCIÓN QUE VIENE DE LO ALTO



Filipenses 4:13
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Parece que hoy en día los problemas se multiplican y es imposible resolverlos; enfermedades, problemas en el trabajo, cuentas que pagar, etc. etc. No es necesario que enfrentemos estos problemas con nuestras propias fuerzas. Tenemos un Salvador que se entregó por nosotros, y él está listo y dispuesto a ayudarnos.

A ver; ¿Cuáles son las limitaciones de este versículo? Dice, TODO lo puedo en Cristo que me fortalece. No hay limitaciones. Todo quiere decir, TODO. Pero hay que llamarle a él y suplicar que nos de sabiduría para resolver nuestras situaciones. Allí está el detalle. La promesa no nos ayuda a menos que actuamos en ella.

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

EL MATRIMONIO



Hebreos 13:5
“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque EL dijo: No te dejaré ni te desampararé”.

1 Corintios 15:33
“No erréis, las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”.

Hay muchas costumbres o mañas, que pueden ser letales para un matrimonio.

Las costumbres son hábitos de comportamiento en la vida regular de las personas, que pueden ser positivos o negativos. Todo matrimonio tiene hábitos buenos y malos. Pero cada matrimonio debe esforzarse por mantener y reforzar los buenos hábitos e ir desechando los malos. Entre más positivo sea el balance de hábitos más saludable será el matrimonio.

La mayoría de costumbres buenas o malas, las aprendemos desde niños en medio de la convivencia familiar y del ambiente en que nos desarrollamos.

Algunos cónyuges tienen la mala costumbre de criticar y juzgar a su pareja constantemente. Es como si estuvieran atentos a cada falla de su cónyuge para criticarle, reclamarle y hasta condenarle. Esta costumbre es muy destructora, ya que por lo general el cónyuge afectado termina cansándose de esa actitud y reacciona negativamente.

En la Comunicación, hay quienes que tienen la costumbre de gritar constantemente, lo cual bloquea la comunicación. Hay personas que tienden a asumir los pensamientos del cónyuge y se indisponen porque creen saber lo que el cónyuge está pensando.

Podríamos enumerar un sinfín de costumbres que afectan al matrimonio. Hay costumbres que quizás para uno no son molestas, pero lo son para el otro y entonces deben respetarse. Los esposos deben abrir el corazón y dejarse saber mutuamente con respeto y suavidad, que costumbres del otro le molestan con el único propósito de informar, para que el otro lo sepa y tome la decisión por si solo de cambiar esas costumbres que le hacen sentir mal a su pareja. No por presión, sino por convicción.

La primera y más importante costumbre que debe tener todo matrimonio es procurar una relación permanente con nuestro Padre Celestial. O sea, que ambos tomen la decisión de leer la Biblia juntos, orar juntos, asistir regularmente a la Iglesia y practicar la obediencia a la palabra de Dios.

Segundo, deben tomar la decisión de desarrollar hábitos de compartir juntos, afirmarse mutuamente, pensar diariamente en que podemos hacer para el bienestar de nuestro cónyuge. La misión más importante de cada cónyuge en el matrimonio es encargarse del bienestar del otro. Esto debe convertirse en un poderoso hábito de vida en el Matrimonio que les va a dar excelentes beneficios a la relación y a la familia.

Tomen la decisión hoy mismo de cambiar esas malas costumbres en el matrimonio y desarrollar nuevos hábitos de beneficio y bendición para tu familia.

Tu matrimonio y tu familia es el segundo tesoro más valioso que Dios te ha dado, después de tu salvación. CUÍDALO!


“Gracia y Paz”
Noviazgo y Matrimonio

lunes, 15 de abril de 2013

¿POR QUÉ DIOS PERMITE QUE NOS SUCEDAN COSAS DESAGRADABLES?




DANIEL 6:7-28
“Todos los gobernadores del reino, magistrados, sátrapas, príncipes y capitanes han acordado por consejo que promulgues un edicto real y lo confirmes, que cualquiera que en el espacio de treinta días demande petición de cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones. Ahora, oh rey, confirma el edicto y fírmalo, para que no pueda ser revocado, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada. Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la prohibición. Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes. Entonces se juntaron aquellos hombres, y hallaron a Daniel orando y rogando en presencia de su Dios. Fueron luego ante el rey y le hablaron del edicto real: ¿No has confirmado edicto que cualquiera que en el espacio de treinta días pida a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones? Respondió el rey diciendo: Verdad es, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede ser abrogada. Entonces respondieron y dijeron delante del rey: Daniel, que es de los hijos de los cautivos de Judá, no te respeta a ti, oh rey, ni acata el edicto que confirmaste, sino que tres veces al día hace su petición. Cuando el rey oyó el asunto, le pesó en gran manera, y resolvió librar a Daniel; y hasta la puesta del sol trabajó para librarle. Pero aquellos hombres rodearon al rey y le dijeron: Sepas, oh rey, que es ley de Media y de Persia que ningún edicto u ordenanza que el rey confirme puede ser abrogado. Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre. Y fue traída una piedra y puesta sobre la puerta del foso, la cual selló el rey con su anillo y con el anillo de sus príncipes, para que el acuerdo acerca de Daniel no se alterase. Luego el rey se fue a su palacio, y se acostó ayuno; ni instrumentos de música fueron traídos delante de él, y se le fue el sueño. El rey, pues, se levantó muy de mañana, y fue apresuradamente al foso de los leones. Y acercándose al foso llamó a voces a Daniel con voz triste, y le dijo: Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones? Entonces Daniel respondió al rey: Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo. Entonces se alegró el rey en gran manera a causa de él, y mandó sacar a Daniel del foso; y fue Daniel sacado del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque había confiado en su Dios. Y dio orden el rey, y fueron traídos aquellos hombres que habían acusado a Daniel, y fueron echados en el foso de los leones ellos, sus hijos y sus mujeres; y aún no habían llegado al fondo del foso, cuando los leones se apoderaron de ellos y quebraron todos sus huesos. Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: Paz os sea multiplicada. De parte mía es puesta esta ordenanza: Que en todo el dominio de mi reino todos teman y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel; porque él es el Dios viviente y permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido, y su dominio perdurará hasta el fin. El salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra; él ha librado a Daniel del poder de los leones. Y este Daniel prosperó durante el reinado de Darío y durante el reinado de Ciro el persa”.

Si Dios permitió que Daniel que era su siervo fiel fuera echado en el foso de los leones, justamente por serle fiel. ¿Qué destino esperan aquellos que nunca pronuncian el nombre de Dios con respeto?, ¿Aquellos que viven en esta tierra, como si El no existiera?, ¿algunos que se autonombran creyentes, pero su conducta revela otra cosa?, ¿los que se dicen yo se que Dios está conmigo?, de cualquier denominación que sean y con sus hechos se ve a las claras que no temen ofender ni a los hombres ni a Dios. Que dicen amar a las personas pero las critican a sus espaldas, planean males contra otros, tienen sus mentes llenas de malos pensamientos, tienen su confianza puesta en el dinero, en las posesiones, en sus trabajos, en su status social, en sus títulos universitarios. Olvidan que un día todas estas cosas perecerán con ellos, que ni su dinero les comprara la salud, ni un segundo más de vida del que Dios les otorgue.

Muchos dicen si existiera Dios no dejaría que esto pase ¿que pasen qué cosas?, ¿Que paguemos las consecuencias de nuestras malas decisiones?, ¿Qué hayamos desobedecido a nuestros padres y después nuestras vidas sean un desastre? ¿Que vivamos como se nos dé la gana, sin pensar en nada ni en nadie?, porque decimos, mi vida es mi vida y hago lo que quiero, pero cuando nos sucede algo trágico nos acordamos de Dios y decimos si existiera no permitiría que esto me suceda. Tú permitiste que te suceda, porque no quisiste escuchar, porque vives ignorando que El existe, porque crees que Dios se presentará delante de ti cada vez que vas a cometer un error y te va a señalar con un dedo diciéndote no lo hagas, pero El no obra así. Y te digo más… aunque lo hiciera, lo ignorarías, seguirías tu camino y harías lo que quieres, porque no lo reconocerías.

“Si el justo con dificultad se salva” dice la Biblia, y tenemos vidas complicadas y difíciles, por lo tanto… que esperan todos aquellos que nunca han intentado acercarse a El, y todavía lo culpan o dicen si yo me muero, ¡voy al cielo!. ¿Estas seguro? No permitiré que nadie delante de mí le eche la culpa a Dios de nada de lo que ocurra. Porque nosotros sus hijos, también pasamos pruebas, sufrimos muertes en la familia, nos enfermamos, tenemos tiempo de escasez, nos traicionan, nos abandonan, nos son infieles, nos critican, nos insultan, y también moriremos. Porque todos moriremos, los santos y los impíos, ¿cómo y cuando? es solo anecdótico, ¡pero moriremos!

La diferencia es que los hijos de Dios, los verdaderos hijos de Dios, sabemos adónde iremos cuando abandonemos este envase de carne y huesos, y los que nunca pensaron en Dios, aunque aparenten ser “buenas personas”, no saben adónde irán… por eso temen tanto a la muerte, porque no saben que sigue después.

Por esa razón Daniel al estar en el foso de los leones, tuvo miedo como cualquiera, pero su confianza seguía estando en Jehová, sabía que si vivía, sería para la Gloria de Dios y si moría estaría en su seno.

La razón de porque nos suceden tantas cosas a los hijos de Dios, es porque mientras estemos en esta tierra, sufriremos todas las cosas que le suceden a los humanos, pero las viviremos sabiendo que hay un propósito de Dios en cada una de ellas: fortalecernos, hacernos sabios, aceptar su voluntad, mostrar su victoria a través de nuestras vidas y no negar nunca su nombre.

Mateo 10:33
“Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos”.

“Gracia y Paz”
By. Graciela Mesa
Aprendiendo la Sana Doctrina

RENOVARSE COMO EL ÁGUILA



Salmo 103:5
“(Dios) es quien… sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila”.  

Isaías 40:31
“Los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas”.

Dotado de poderosas garras, de una vista aguda y de un temible pico, el águila se alimenta de reptiles, pájaros o pequeños mamíferos. Desde el cielo domina los prados y los bosques…

Cuando envejece, alrededor de su pico se forman verrugas, lo que con el tiempo lo impide alimentarse. Pero el águila no quiere dejarse morir de hambre. Entonces restriega con fuerza su pico contra las asperezas de las rocas hasta que las membranas sean cercenadas y su pico liberado. ¡Así puede saciarse nuevamente con los festines de las praderas!

Quizás a esto alude el primer versículo del encabezamiento, que invita al creyente a un rejuvenecimiento espiritual en el ocaso de su vida. Sí, con el correr del tiempo las fuerzas físicas disminuyen y llegan las flaquezas. El cansancio y el desaliento pueden alcanzar al creyente, pero las promesas del Señor son dadas para todas las edades y circunstancias de la vida.

Mediante la energía de la fe, el creyente cansado debe alimentarse con las certezas que ofrece la Palabra de Dios, quien no puede mentir. Contar con él cada hora, día tras día, es el secreto de una fuerza renovada y de una paz estable. Entonces, como el águila, el creyente puede elevarse por encima de las circunstancias de la vida, en lugar de ser prisionero de ellas, y acercarse a Dios, quien siempre está dispuesto a renovar sus fuerzas espirituales.

“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

CONFIANZA AL ORAR



Mateo 7:7-11
“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”

A veces, nos volvemos impacientes en nuestra vida de oración. Podemos enojarnos, o simplemente darnos por vencidos y llegar a la conclusión de que Dios no nos escucha cuando no responde nuestras oraciones de inmediato o de la forma exacta que esperábamos. La verdad es que Dios se deleita en responder nuestras oraciones, y ha dado abundantes promesas que deben motivarnos a hablar con Él. Si entendemos lo que Jesús estaba diciendo en Mateo 7, podremos orar con mayor confianza.

Pedir es la parte fácil. Pedimos ayuda para hacer nuestro trabajo o protección para nuestros hijos. E incluso, pedimos estar más cerca de Dios.

Sin embargo, algunas veces necesitamos hacer algo antes de que Dios dé una respuesta a nuestras oraciones. Por ejemplo, si le decimos a Dios: “Señor, ayúdame a entender la Biblia”, debemos proceder a abrir la Biblia y comenzar a leerla.

Por último, llamar demuestra que estamos viniendo al Señor con un sentido de dependencia de Él. Reconocemos que no podemos manipular una respuesta a nuestras peticiones, sino confiar en el la voluntad de Dios. Además, nuestra capacidad de “llamar” es incomparable, porque nuestro Dios está interesado en nosotros.

El Señor Jesús utiliza las palabras pedir, buscar y llamar, de tal manera que nos anima a “pedir y seguir pidiendo; buscar y seguir buscando; llamar, y seguir llamando”. En la Biblia, la oración es comparada con el incienso, lo que implica una corriente continua que fluye de nosotros hasta llegar al cielo. ¿Estás tu ofreciendo una fragancia continua al Señor por medio de tus oraciones al Él?

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

¿CÓMO IMPACTAS LA VIDA DE LOS QUE TE RODEAN?



Mateo 5:13
“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres”.

A todos nos gustaría ser recordados como personas que causaron un impacto agradable y perdurable en la vida de otros. El problema es que tendemos a centrarnos tanto en nosotros mismos que con frecuencia no impactamos de manera apreciable ni siquiera la vida de nuestros vecinos más cercanos. Por regla general, es nuestro carácter lo que determina el éxito o el fracaso que tengamos al afectar la vida de los demás, pero en última instancia es nuestro impacto espiritual lo que realmente le interesa a nuestro Padre celestial.

En el pasaje de hoy, parte del Sermón del monte, Jesús asemeja al creyente con la sal, la cual es un elemento que puede modificar o transformar todo aquello con lo que entra en contacto. La sal realza el sabor de los alimentos. Cuando echamos un poco de sal a una comida insípida, la disfrutamos más al saborearla. Los cristianos debemos afectar positivamente la vida de aquellos que nos rodean, dirigiéndolos a Jesús, y mostrándoles con nuestro testimonio una vida de una calidad superior a la de ellos.

La sal preserva la comida. En el mundo antiguo, la sal era el más común de todos los preservadores. Se usaba para impedir que los alimentos se pudrieran o corrompieran, pues detenía el proceso de putrefacción. El cristiano debe ser el elemento antiséptico y purificador en cualquier grupo en que se encuentre presente. Debe ser la persona que, con su sola presencia, detiene la corrupción producida por el pecado y actúa como agente restaurador, actuando como instrumento del Señor.

La sal tiene también propiedades curativas. Una cucharadita de sal en un vaso de agua tibia es excelente remedio para una garganta irritada. Unas pocas gárgaras producen inmediata mejoría. Esta misma solución puede usarse para tratar las llamadas “aftas bucales”, que no son más que pequeñas llagas en la boca. Unos cuantos enjuagues las sanan en la mayoría de los casos. Y esta agua de sal puede también sanar y cicatrizar pequeñas heridas en la piel. De la misma manera, el médico divino, Jesucristo, puede usarnos para consolar y sanar las heridas emocionales de aquellos que están sufriendo en medio de una prueba.

Seamos como la sal dando sabor a la vida de los que nos rodean; actuemos de manera que sean preservados de la corrupción y el deterioro moral y espiritual de este mundo, y sirvamos como un elemento que traiga consuelo y sanidad espiritual. Para ello debemos tener muy en cuenta la advertencia del Señor: La sal puede volverse insípida, y entonces “para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres”. Nosotros debemos mantener nuestra pureza y nuestro sabor andando en el Espíritu y rechazando las cosas del mundo. Dice 1 Juan 2:15: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. Cuando el amor del Padre está en nosotros, los demás serán influidos positivamente por nuestro testimonio.

Es nuestra responsabilidad avivar en nuestras vidas el poder transformador del Espíritu Santo, leyendo la Biblia y orando diariamente e imitando a Jesús en todo, de manera que su vida sea reflejada en la nuestra.

ORACIÓN:
Padre santo, te ruego me ayudes a ser la sal de la tierra que tú esperas que yo sea. No permitas que se desvanezca en mí el poder transformador de tu Espíritu, sino que cada día sienta yo con más fuerza tu presencia y tu amor para poder ser instrumento tuyo dondequiera que me encuentre. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla