sábado, 5 de enero de 2013

EL COMPROMISO



Nehemías 6:1-3
“Cuando oyeron Sanbalat y Tobías y Gesem el árabe, y los demás de nuestros enemigos, que yo había edificado el muro, y que no quedaba en él portillo (aunque hasta aquel tiempo no había puesto las hojas en las puertas), Sanbalat y Gesem enviaron a decirme: Ven y reunámonos en alguna de las aldeas en el campo de Ono. Mas ellos habían pensado hacerme mal. Y les envié mensajeros, diciendo: Yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros”.

La palabra “Compromiso” encierra un gran significado, pero en términos sencillos se trata de un convenio, de una obligación contraída por medio de acuerdo, promesa o trato que se hace entre dos o más personas. En la Biblia encontramos que Dios pactó un compromiso con los hombres, y que su compromiso con los hombres fueron indefinidos.

La Biblia nos dice que Dios se acordó de su pacto con Israel. “Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob”, Éxodo 2:24. Dios llamó a Moisés para que liberte a su pueblo que estaba bajo el yugo de esclavitud en Egipto. Y respondió Dios a ese compromiso con Abraham, que haría de él una nación grande, que sería bendición a todas las naciones, y multiplicaría su descendencia y le daría esa tierra (Canaán) en heredad a su simiente.

Recordemos que José pidió a Faraón que se le concediera a su familia un lugar en Egipto. Luego surgió el temor en Faraón de que esta gente estaba creciendo demasiado y creyó que se  convertiría en un problema fuerte, entonces se lanzó un plan para detener el crecimiento. Éxodo 1:12 dice que “cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían”. Y los egipcios los esclavizaron y el pueblo de Israel comenzó a quejarse y elevó su corazón a Dios, acordándose de las promesas que el Señor les había hecho a sus padres, y Dios determinó darles la salida después de más de 400 años, parecía que Dios se había olvidado de ellos, pero Dios cumple sus promesas.

En el libro de Nehemías 6:1, leemos: “Cuando oyeron Sanbalat y Tobías y Gesem el árabe, y los demás de nuestros enemigos, que yo había edificado el muro, y que no quedaba en él portillo (aunque hasta aquel tiempo no había puesto las hojas en las puertas)”. Ya se había edificado, ya se había levantado, eso despertó la envidia, despertó la oposición, despertó la maquinación; y se dieron a criticar, a ridiculizar, a burlarse y a tratar de detener la obra. La oposición nunca cesará ni se demorará en llegar cuando se inicia una labor a favor del Señor.

Estos enemigos de la Obra fingen ser espirituales, fingen ser de ellos, de querer edificar con ellos, pero todo esto no era cierto, ellos querían meterse dentro del pueblo, querían camuflarse dentro del pueblo, y así comenzar a hacer daño, a murmurar, a desalentarlos. Nehemías logró mantener el ánimo y lo transmitió al pueblo; de tal manera que se mantuvo el pueblo, los ayudantes, y todos, para seguir adelante en este proyecto que habían comenzado.

Cuando estos enemigos de la Obra ven todo esto le enviaron a decir: “Ven y reunámonos”. Aparentemente era una reunión de paz, pero ellos estaban pensando hacer mal. Nehemías dice: “Mas ellos habían pensado hacerme mal. Y les envié mensajeros, diciendo: Yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros” (Nehemías 6:3). Este hombre de Dios demuestra que era él estaba comprometido con Dios, y con su obra, y con su pueblo.

Nehemías se negó rotundamente a ir a esas reuniones porque su compromiso no era con Sanbalat, ni con Tobías ni con Gesem el árabe, el compromiso de Nehemías era con Jehová de los ejércitos y con su pueblo, para él estaba claro con quien era el compromiso. Cuando una persona está comprometida con Dios y con su Obra, no se distrae, no quita la mirada del arado, siempre mira al frente y coloca su mirada en el Señor, no coloca la mirada en los seres humanos ni en las circunstancias. Nehemías era una persona comprometida con una causa, con una misión, no se deja distraer ni pierde el objetivo, ni pierde el plan.

Si miramos desde otro ángulo, Nehemías estaba bien al lado del rey, hubiera podido hacer caso omiso al informe de sus hermanos, pudo ser indiferente. Pero era un hombre de oración, sensible a la voz de Dios, que estaba en el palacio de un rey pagano pero vivía con Dios, que no se había desubicado ni aislado. Cuando alguien tiene un compromiso con Dios, no importa donde esté, está conectado con Dios, por eso no fue rebelde ni indiferente, atiende al llamado que le hace Dios a través del informe contado por sus hermanos, y se llena de compasión, de dolor al ver que sus hermanos estaban en semejante condición. Y ora a Dios, que si quiere le abra las puertas y que está dispuesto a ir a ayudar. Y Dios le dio gracia con el rey, y el monarca le permite ir porque sabía que Nehemías era un hombre de palabra, recto, serio y confiable.

El compromiso es necesario en la vida, la mayoría de los seres humanos quieren estar abiertos a toda opción, no quieren comprometerse con nada. La gente quiere llegar a la Iglesia y al Evangelio pero sin comprometerse. El Señor le dijo a las multitudes: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame… Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios… Así, pues, cualquiera de vosotros que  no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Mateo 16:24; Lucas 9:62; Lucas 14:33).

Uno le dijo a Jesús: “Señor, te seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Lucas 9:58). Este hombre no continuó, porque se enteró que no había comodidades, que no había ganancias. “Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios” (Lucas 9:59-60). Una vez que uno se compromete, no se puede echar para atrás.

No podemos venir a hacer un compromiso y después decir que no lo sabíamos. Uno debe conocerlo, “porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula (considera) los gastos, a ver si tiene lo que necesita  para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar” (Lucas 14:28-30). Muchos quieren llegar a ser hombres de Dios, tener muchas cosas en el programa de Dios, pero nunca se han sentado por un instante a considerar como llegar allá, que precio o exigencia le demanda Dios.

Si usted Hermano es un Pastor, la Obra le demanda tiempo, el pueblo que pastorea le demanda tiempo; los programas de trabajo, de evangelización que llevan a otros a alcanzar a Cristo nos demanda tiempo; dar cursos de formación, de liderazgo, enseñarle a otros demanda tiempo; le demanda horas en las noches de estudio y de oración, días de ayuno, noches de vigilia, eso es servir a Dios, eso es estar comprometido. Algunos aparentemente son pastores, pero en la práctica no lo son porque no tienen un compromiso real con Dios. Si hay un llamado en el corazón de una persona, no se puede estar quieto, no puede cruzar los brazos y quedarse meses y meses quieto, cuando uno tiene un llamamiento es como tener un fuego dentro que no le deja tranquilo, que no le deja dormir, tiene que estar produciendo, tiene que estar haciendo algo, tiene que estar ocupado.

En 1 Samuel 10:26-27 nos dice: “Y envió Samuel a todo el pueblo cada uno a su casa. Saúl también se fue a su casa en Gabaa, y fueron con él los hombres de guerra cuyos corazones Dios había tocado. Pero algunos perversos dijeron: ¿Cómo nos ha de salvar éste? Y le tuvieron en poco, y no le trajeron presente; mas él disimuló”. Saúl era un hombre de campo, de fincas, era un hombre que tenía yuntas de bueyes que araban la tierra; en el capítulo 11 del mismo libro nos habla de que él se fue a su casa al ver que lo menospreciaron, que lo tuvieron en poco, y recordemos que cuando lo fueron a nombrar, se escondió, o sea, no quería el compromiso, no quería comprometerse, se escondió porque sabía lo que eso significaba estar al frente del pueblo, no era fácil, se asustó.

Y Saúl se entretuvo en su casa arando. Dios lo había llamado, lo habían ungido, pero su corazón no se había comprometido para esa labor. Hay gente ungida, que Dios le ha llamado, con capacidades, Dios no puede poner a alguien para lo cual no somos capaces, nos permite cosas conforme a nuestra capacidad. Pero Saúl estaba en el campo.

Nahas amonita viene y acampa contra los de Jabes de Galaad (una de las tribus), y comienza a hacerles presión, a amenazarlos, a humillarlos, a desesperarlos, y entonces los de Jabes se sentían sin rey que los defendiera, que los ayudara, y viéndose en estrecho dijeron: “Haz alianza con nosotros, y te serviremos” (1 Samuel 11:1). “Y Nahas amonita les respondió: Con esta condición haré alianza con vosotros, que a cada uno de todos vosotros saque el ojo derecho, y ponga esta afrenta sobre todo Israel” (1 Samuel 11:2). Porque no solamente era perder el ojo, era perder el honor, era perder el testimonio de Dios, era perder todo, se iban a burlar los pueblos y las naciones; iban a perder el ojo derecho por cobardes, por pusilánimes, por medrosos, porque no fueron capaces de enfrentar al adversario, al enemigo, se llenaron de miedo.

El diablo trata de negociar con nosotros la visión, trata de negociar el compromiso con Dios, no podemos perder el honor, no podemos perder lo que Dios nos ha dado. La Obra ha crecido por la gracia y misericordia de Dios, Él es el que abre las puertas, Él es quien toca los corazones, quien provee, que pone en nosotros el querer como el hacer por su buena voluntad. Nosotros estamos comprometidos con Dios, comprometidos a no ceder, a no retroceder, a no bajar la guardia, a mantenernos en la senda, en la brecha, no importa la persecución, no importa la difamación, no importa el menosprecio, eso no nos detendrá, eso no nos va a desanimar, nosotros hemos “puesto los ojos en Jesús, el autor y consumador (preservador) de la fe” (Hebreos 12:2).

“Entonces los ancianos de Jabes le dijeron: Danos siete días, para que enviemos mensajeros por todo el territorio de Israel; y si no hay nadie que nos defienda, saldremos a ti” (1 Samuel 11:3). Y se fueron a pregonar ese mensaje a las demás tribus, y el que iba oyendo comenzaba a llorar. “Y he aquí Saúl que venía del campo, tras los bueyes; y dijo Saúl: ¿Qué tiene el pueblo que llora? Y le contaron las palabras de los hombres de Jabes. Al oír Saúl estas palabras, el Espíritu de Dios vino sobre él con poder; y él se encendió en ira en gran manera. Y tomando un par de bueyes, los cortó en trozos y los envió por todo el territorio de Israel por medio de mensajeros, diciendo: Así se hará con los bueyes del que no saliere en pos de Saúl y en pos de Samuel. Y cayó temor de Jehová sobre el pueblo, y salieron como un solo hombre” (1 Samuel 11:5-7). Saúl cuando vio esta situación se olvidó del menosprecio de los perversos, se olvidó de los malos comentarios, se dio cuenta que estaba evadiendo su compromiso con Dios.

Por eso el hombre de Dios que está comprometido, no se puede desviar, nadie que milita, que ha sido reclutado, puede enredarse en los negocios ajenos a fin de no agradar aquel que le tomó por soldado, ninguna persona que Dios ha llamado puede entretenerse y seguir como si nada hubiera pasado, alistando todas las mañanas sus bueyes y trayéndolos de nuevo en la tarde.

Dios nos está reclamando un compromiso de verdad, una entrega total, y lo primero que tenemos que hacer es sacrificar los bueyes. Aquellos bueyes que nos tienen separado del trabajo y de la responsabilidad dada, esos bueyes que nos tienen entretenidos y que no nos dejan ver la necesidad de otros y no nos dejan oír el clamor y el llanto de otros. Entonces Saúl fue y liberó a su pueblo y Dios le dio una gran victoria contra los amonitas y el pueblo lo reconoció, se dio cuenta que de verdad Dios lo había puesto, lo había probado ahora. Al matar, al sacrificar los bueyes, fue el día en que él se comprometió, fue el día en que sacrificó el impedimento para un compromiso verdadero con Dios.

Mientras no sacrifiquemos nuestros ídolos, mientras no sacrifiquemos lo que nos tiene indiferentes, mientras no sacrifiquemos lo que nos tiene aislados de los propósitos de Dios, no habrá verdadero crecimiento, no habrá avance si no sacrificamos todo esto en el altar, por eso el apóstol Pablo nos dice: “Os ruego por la misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2).

Dios quiere que tengamos un compromiso de verdad con esta Obra, que no sea solamente de labios sino de corazón, ríndale a Dios su vida, renueve su compromiso, no haga alianzas con el enemigo, no pierda la visión, sacrifique lo que tenga que sacrificar, no pierda lo que Dios le ha dado, manténgase fiel a toda costa, no importa que le critiquen, no importa que le tengan en poco, que le menosprecien. Haga un compromiso con Dios, si no lo ha hecho hágalo ya, y si ya lo ha hecho renuévelo, hoy es el día de comprometernos con Dios y con su Obra.

“Gracia y Paz”
Aprendiendo la Sana Doctrina

¿ESTÁS ESPERANDO EL TRIUNFAL REGRESO?



Apocalipsis 1:17, 18
"Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades."

Muchos cristianos pasan por alto el libro de Apocalipsis porque piensan que no pueden entenderlo. Lo consideran demasiado misterioso y complicado, y cuando tratan de leerlo se sienten abrumados con las expresiones simbólicas de su contenido, al extremo que pierden el punto clave del libro: Nuestro Señor Jesucristo. La palabra griega “apokalypsis” significa “revelación”, “quitar el velo”. Eso es precisamente lo que este libro hace en relación al unigénito Hijo de Dios, el cual es exaltado como el centro de Apocalipsis porque Dios desea que veamos a su Hijo como realmente es: nuestro Salvador, quien es digno de nuestra adoración, alabanza, honor y gloria.

Cuando estudiamos cuidadosamente este libro, vemos que Jesús es:
• El Señor de Su Iglesia (Apocalipsis 1:12-19).
• El Cordero que fue sacrificado por nuestra redención (Apocalipsis 5:1-13).
• El Rey de reyes (Apocalipsis 19:11-16).
• El Juez de toda la humanidad (Apocalipsis 14:6, 7).

Y cuando Jesús regrese a la tierra en toda Su gloria, toda rodilla se doblará, y cada lengua confesará que él es el Señor (Romanos 14:11): "Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios". Nadie será capaz de negar su majestad. ¿Cómo se relaciona esta declaración con nosotros hoy en día? Cada uno de nosotros tiene la oportunidad de recibir a Jesucristo en su vida y de conocerle como Señor y Salvador. Y si nuestra vida en este mundo termina antes de que él vuelva, todos los que le hemos recibido sabemos que él ha preparado lugar para nosotros en el cielo. Pero si aún estamos aquí cuando él venga otra vez, sabemos también que nos llevará con él. De una manera u otra, tenemos la plena seguridad de que pasaremos la eternidad junto a nuestro Señor. Esto prometió Jesús en Juan 14:2-3: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

¿Estás listo para la segunda venida de Jesús? ¿Esperas con ansiedad el momento en el que él regrese a llevar a casa a sus amados? Si no estás seguro de cual es tu condición espiritual, examina tu corazón. Si aún no has aceptado a Jesucristo como tu Salvador puedes hacerlo ahora mismo. La Biblia dice en Romanos 10:9-10 "que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación".

Es decir, sólo tienes que creer lo que dice la Biblia acerca de Jesucristo, y con tus propias palabras elevar una oración al cielo reconociendo tu condición de pecador y la necesidad de un Salvador que es Cristo Jesús. Pídele que venga a morar en tu corazón por siempre. Al hacerlo, su sangre derramada en la cruz te limpia de todo pecado y recibirás el regalo de la vida eterna.

ORACIÓN:
Amante Dios, te doy gracias una vez más por Jesucristo, por su nacimiento, su muerte y su resurrección. Porque por él me has dado entrada al Reino de los cielos, y en él baso mi esperanza de que estaré junto a ti por toda la eternidad. Te alabo y exalto tu nombre. Por Cristo Jesús, mi Rey y mi Señor, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

PERDONAR O CULPAR



Colosenses 3:12-17
“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él”.

Decir: “La culpa no es mía”, es una actitud generalizada hoy día. Para evitar la responsabilidad por sus actos, las personas culpan a otros: “No le gritaría tanto a mis hijos, si mi madre me hubiera amado más”, o “No hablaría mal de mi jefe, si él me demostrara respeto”. El resentimiento crece hasta que la víctima se ciega a todo, menos a cómo su vida ha sido afectada por las acciones de otra persona. Entonces culpar a otros es fácil. Pero Dios nos manda perdonar a quienes nos hieran.

El Padrenuestro menciona varias de las responsabilidades de Dios para con nosotros: perdonar a los deudores (Mateo 6:12). La alusión a la deuda describe bien al pecado. Una persona que ha sido agraviada, siente usualmente que la parte responsable le debe una disculpa o desagravio. Pero al mostrar misericordia a alguien que ha pecado, usted pone un sello de “cancelado totalmente” a su deuda. Ya no se requiere ninguna compensación o retribución.

A veces, nuestras heridas son tan profundas que el perdón no viene fácilmente. Recuerde que Jesús lleva las cicatrices de los pecados de otros, también, y que su Espíritu Santo capacita a los creyentes para cumplir con esta difícil tarea. Aunque es posible que su deudor no haya hecho nada para merecer misericordia, decida dársela de todos modos, así como Jesús la tuvo con usted.

Cuando Dios nos perdona, nunca más se acuerda de nuestros pecados (Jeremías 31:34). Esto no significa que ellos nunca ocurrieron, sino que el Señor se niega a utilizarlos como una razón para castigarnos. Él estableció el patrón en cuanto a la eliminación de la deuda, y nosotros debemos seguir su ejemplo (Mateo 6:15).

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

NINGUNO PUEDE VENIR Á MÍ, SI EL PADRE QUE ME ENVIÓ NO LE TRAJERE...



Juan 6:44
“Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero”.

La mayor parte del tiempo, estamos tan ocupados ganándonos la vida, o buscando los deseos de la carne, y solucionando los problemas diarios, que el pensar en Dios; y que debemos abandonar nuestros pecados y acudir a Él apenas entra en nuestra mente. Las escrituras enseñan que a menos que el Padre nos hable, y atraiga nuestro corazón a Cristo, seguiremos en nuestra senda de abandono y pecado que lleva a la eterna vergüenza y desprecio, y la separación de todo lo que es bueno y agradable. Si la idea entra a tu cabeza, o la sugerencia entra tu corazón que debes recibir a Cristo y vivir por Él, este es el momento que El Espíritu Santo te está diciendo, “HIJO, YA ES HORA”. En aquel momento El Padre te atrae, y la puerta de la salvación está abierta. Es cuando el ángel mueve las aguas y que la curación se te ofrece.

He aquí, ahora es el tiempo, hoy es el día de la salvación. Tal vez recibirás otra llamada… ¿Pero quién sabe? La vida es corta y la eternidad larga. Jesús es nuestro afable y misericordioso Salvador. Están abiertos sus brazos. ¿Y los tuyos también?

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

viernes, 4 de enero de 2013

“YO Y EL PADRE UNO SOMOS: JESÚS ES DIOS”



Juan 5:18
Jesús dijo: “yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30) y también la Escritura dice: “Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque… decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios”.

Esas declaraciones de Jesús, nos enseñan es que Jesús es el Padre Eterno, el único Dios manifestado en carne.

Cuando Jesús hizo esas afirmaciones, la gran mayoría de judíos presentes estallaron de ira y tomaron piedras para matarlo acusándolo de blasfemia. La blasfemia en el mundo judío consistía en:

1. No dar a Dios la gloria debida a su ser.
2. Apropiarse de la gloria o atributos de Dios.
3. Dar tal gloria o atributos a una criatura.

Es evidente que los líderes religiosos judíos estaban furiosos porque Jesús había sanado al paralítico de Betesda en un día de de reposo (Juan 5:18), pero su mayor molestia consistía en que Jesús se hacía igual a Dios. A un pueblo estrictamente monoteísta “Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17). Ningún judío de esa época se refería a Dios mediante la expresión “mi Padre” y en caso de que lo hicieran le agregaban las palabras “que está en los cielos”; pero Jesús dijo “mi Padre” no “nuestro Padre” o “mi Padre que está en los cielos”. Más aún, agregó: “hasta ahora trabaja y yo trabajo”. Con esas dos afirmaciones, Jesús estaba manifestando que él es Dios y que obra como Dios, pues nadie puede ser igual a Dios, tener el completo carácter de Dios, sin ser el único Dios. Si Jesús es igual a Dios es porque él es el Dios único.

De igual manera, cuando Jesús afirmó: “yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30), había declarado previamente que él era el Cristo (Juan 10:24-25) y había manifestado que ninguno podrá arrebatar a sus ovejas de su mano (Juan 10:28); pero a renglón seguido afirma que nadie las podrá arrebatar de la mano del Padre (Juan 10:29). De manera indirecta Jesús declaró que él es el mismo Padre, pero no contento con eso pasó a afirmarlo explícitamente al decir: “yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). Fue tanta la ira que inspiraron estas palabras en los judíos, que ellos nuevamente tomaron piedras para asesinarlo, acusándolo de haber cometido blasfemia, porque decían que siendo hombre se hacía Dios (Juan 10:31-33).

La palabra griega que en Juan 10:30 traduce uno, es “hen”. Esta palabra es de género neutro e indica que se trata de uno en esencia y naturaleza. Una traducción más literal sería: “El Padre y yo somos lo mismo”. La ira de los judíos no se hizo esperar cuando Jesús dijo que él era el Padre.

En otras muchas ocasiones Jesús afirmó que él era el Padre. Una vez que los fariseos le preguntaron: ¿Dónde está tu Padre? La respuesta de Jesús fue: “ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mi me conocieseis también a mi Padre conoceríais” (Juan 8:19). Un poco más adelante el Señor les dijo: “si no creéis que Yo Soy en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24), Entonces ellos le preguntaron “¿Tú quién eres?, y Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho”. Jesús en realidad les estaba diciendo que él es el Gran Yo Soy (Éxodo 3:14), el único Dios de Israel, pero ellos no entendieron y por eso le preguntaron ¿quién eres? Ellos no entendieron que les hablaba del Padre (Juan 8:27).

El que aborrece al Hijo también aborrece al Padre (Juan 15:23); todo lo que el Padre hace lo hace el Hijo igualmente (Juan 5:19); todos deben honrar al Hijo como honran al Padre (Juan 5:23), y el que ve a Jesús, en realidad ve al Padre (Juan 12:45, 14:9), porque el Hijo es el Padre manifestado en carne. Por esta razón el Padre está en el Hijo y el Hijo está en el Padre (Juan 10:38, 14:11).

Dios fue manifestado en carne (1 Timoteo 3:16), pero Jesucristo es quien ha venido en carne (1 Juan 4:2). Algunas citas de la Escritura nos enseñan que Jesucristo, nuestra vida, se manifestará en su segunda venida (Colosenses 3:4, 2; Tesalonicenses 1:7; 1 Juan 2:28), pero Juan escribe que quien se manifestará será el Padre, y afirma que “cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:1-2). Por supuesto, seremos semejantes a él pero en su perfecta humanidad (no en su Deidad) y tendremos cuerpos gloriosos tal como el de Cristo glorificado. Para poder salvarnos, Dios se hizo semejante a nosotros, y para que nosotros seamos salvos debemos anhelar ser semejantes al Cristo resucitado (Efesios 4:13), pues Dios nos predestinó para que fuésemos hechos conforme a la imagen de su Hijo (Romanos 8:29).

La Escritura presenta otras declaraciones que nos enseñan que Jesús es el Padre. Por ejemplo, Jesús prometió que no nos dejaría huérfanos sino que vendría a nosotros (Juan 14:18) no en carne, sino en Espíritu (Juan 14:17) para estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28:20). Asimismo, Jesús prometió ser el Padre de todos los vencedores (Apocalipsis 21:7).

Jesús afirmó que todas nuestras oraciones deben ser realizadas en su nombre (Juan 16:24), por eso todo lo que pidamos al Padre será atendido por Jesús, porque Jesús es el Padre manifestado en carne como el Hijo, y por eso el Padre es glorificado en el Hijo (Juan 14:13-14).

El Padre es el que nos santifica (Judas 1:1), pero nuestro santificador es Cristo (Efesios 5:25-26). Dios levantó a Cristo de entre los muertos (Hechos 2:24), pero Jesucristo profetizó que él se resucitaría a sí mismo (Juan 2:19-21). El Padre es quien envía su Espíritu Santo a nuestras vidas (Juan 14:26), pero Jesucristo es el que bautiza con el Espíritu Santo (Mateo 3:11, Marcos 1:8, Lucas 3:16), es quien envía su Espíritu consolador (Juan 16:7) y es el Espíritu Santo (2 Corintios 3:17). Dios el Padre da vida a los muertos (Romanos 4:17) y nos levantará con su poder (1 Corintios 6:14), pero Jesucristo es el que nos resucitará en el día postrero (Juan 6:40).

La Escritura proclama que Jesús es el Padre, pues hay un solo Dios. Jesús es Dios y hombre, Espíritu y carne, Padre e Hijo. Jesús es el Padre manifestado en carne como Hijo. Jesús es el único Dios que se presentó simultáneamente como Padre y como Hijo.

“Gracia y Paz”
Aprendiendo la Sana Doctrina

¿LEEMOS NUESTRA BIBLIA?



2 Timoteo 2:9.
“Sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa”.

Juan 10:35
“…La Escritura no puede ser quebrantada”.

Un niño había descubierto en su casa una Biblia que cada día se iba llenando más de polvo. Cierto día le preguntó a su madre: –Mamá, ¿es este el libro de Dios? –Claro que sí, le respondió ella. –Como nunca lo leemos, ¿por qué no se lo devolvemos?, sugirió el niño.

En Francia, Jerôme Lebrat (1848-1912) había leído y estudiado la Biblia asiduamente. Alimentado por el Evangelio de Dios, lo predicaba de aldea en aldea. La gente se apiñaba en los graneros y, sentada en donde podía, escuchaba sin perder palabra; palabras a veces severas, que como flechas llegaban a las conciencias: «Si no quieren leer sus Biblias, quémenlas, porque en el día del juicio testificarán contra ustedes». Con esto se refería a lo que Jesús dijo: “El que… no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Juan 12:48).

Un día Jerôme Lebrat se dio cuenta de que sus oyentes, sin duda por comodidad, venían a las reuniones sólo con el Nuevo Testamento. El predicador temió que se descuidara el estudio del Antiguo Testamento, por ello decidió escoger los temas de sus predicaciones en esa parte de la Biblia.

Cristianos, no descuidemos el estudio de toda la Biblia, pues en ella encontraremos la paz, el gozo y las fuerzas para comportarnos como hijos de Dios en este mundo.

“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

¿DÓNDE SATISFACES TUS NECESIDADES?



Salmo 42:1-2
"Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?"

A lo largo de nuestras vidas, cada uno de nosotros tendrá necesidad de muchas cosas. Además de las necesidades básicas en el aspecto físico que tienen como fin la supervivencia, todo ser humano tiene también necesidades espirituales y emocionales, así como otras necesidades que surgen en la vida, como la urgencia de resolver una determinada situación o prueba en la que se encuentre. Cuando David escribió el pasaje de hoy se encontraba huyendo en el exilio durante la rebelión de su hijo Absalón. Allí él clama a Dios desesperadamente: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”. Su urgente necesidad de ayuda, su infinita tristeza, su anhelo interior de comunión con Dios pueden compararse a la sed intensa que siente el ciervo que camina en tierra seca, jadeando y buscando con ansia las corrientes de las aguas que tanto necesita.

Una pequeña historia cuenta que en una ocasión un barco de recreo en el que viajaba un grupo de personas en el Océano Atlántico, cerca de las costas de Brasil, tuvo problemas con el motor y quedaron a la deriva. Por varios días estuvieron a merced de las olas y el viento sin tener la más mínima idea de donde se encontraban. Ya no tenían que comer ni beber; ni siquiera agua les quedaba. Algunos habían desfallecido por la deshidratación, y casi todos estaban a punto de morir de sed. De pronto divisan a lo lejos un barco que venía en dirección a ellos. Desesperadamente comenzaron a hacer señales de todas las formas que se les ocurrieron. Cuando el otro barco estuvo lo suficientemente cerca de ellos, todos gritaron pidiendo por favor un poco de agua. Del otro barco les gritaron, señalando hacia el agua: “Ahí tienen bastante agua. ¿Por qué no la beben?” Todos creyeron que se trataba de una broma de mal gusto y siguieron rogando por un poco de agua. Los otros insistieron en que tomaran de esa agua, y finalmente supieron que aquella agua era agua potable y dulce, y no agua salada del mar, pues el viento los había llevado hasta la desembocadura del río Amazonas, el cual es tan ancho, que ellos creían que aún estaban en el mar. Por poco mueren de sed, teniendo frente a ellos agua para beber.

En nuestros trabajos, en nuestros vecindarios, en nuestras propias familias, hay infinidad de personas como estas, que se están muriendo de sed, y necesitan de alguien que les diga que tienen a su alcance el agua que quita la sed para siempre. El mundo está lleno de personas que invierten años buscando a alguien o algo que satisfaga sus necesidades. Lamentablemente no se dan cuenta de que Dios es la única fuente de perfecta satisfacción. En él está la aceptación, la seguridad, el amor, el gozo y la paz que tanto buscan.

¿Estás tú en estos momentos en medio de una gran necesidad, ya sea económica, emocional, o espiritual? ¿Te sientes triste, o tu salud no está bien, o tienes algún otro tipo de problema? Reflexiona en esta enseñanza y aplícala a tu vida. Acércate a Dios, quien es el único que puede satisfacer tu necesidad. Los que hemos aceptado a Jesucristo como Salvador debemos recordar que dentro de nosotros corre una fuente de agua viva, como le dijo Jesús a la mujer samaritana junto al pozo de Jacob: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:13-14). Hagamos nuestras las palabras de Jesús a la mujer samaritana, y respondamos como ella respondió: “Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed…" (Juan 4:15).

Nuestra prioridad debe ser ir constantemente a esta fuente eterna y saciar nuestra sed espiritual, por medio de la lectura diaria de la palabra de Dios y la oración, de manera que esta agua divina se mantenga fluyendo y nos inspire a compartirla con los sedientos de este mundo.

ORACIÓN:
Padre santo, hoy vengo ante ti, clamando como el salmista por esa agua viva que quita la sed y da descanso al alma. Te ruego que quites de mí todo obstáculo que impida que esa agua fluya libremente no solamente para mi propia bendición sino para bendición de todos los que me rodean. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

EL PODER DEL NOMBRE DE JESÚS



Juan 14:13
“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”.

Orar en el nombre de Jesús muestra tanto nuestra relación con Jesucristo, como nuestro derecho —por medio de Él— de darnos acceso al Padre celestial directamente. También expresa nuestra...

Autoridad para presentar peticiones a Dios. El Cristo glorificado está ahora sentado a la diestra del Padre, donde intercede por nosotros sirviendo como nuestro sumo sacerdote (He 7:25). Él nos ha dicho que vengamos y pidamos lo que necesitemos. Estas palabras nos dan la autorización para acceder al trono de la gracia en cualquier momento, para hablar personalmente con el Padre. A toda persona que ha recibido a Jesucristo como su Salvador, el Señor le ha concedido el derecho de usar su nombre.

Armonía con los propósitos de Dios. Basados en nuestra relación familiar con Jesús, tenemos acceso al Padre y podemos hacerle peticiones con la autoridad de Cristo. Pero, para usar el nombre del Salvador, tenemos también que estar de acuerdo con los propósitos de Dios. Orar en el nombre de Jesús significa que estamos pidiendo en conformidad con su carácter y su voluntad. Como siervos de Dios, nuestra prioridad absoluta debe ser obedecer al Señor y su voluntad, no la nuestra.

Seguridad de una respuesta. “En el nombre de Jesús” es una frase de confianza. Es una confesión de certidumbre de que nuestras oraciones serán respondidas.

Dios no quiere que usted ore mecánicamente. Por tanto, cuando ore “en el nombre de Jesús” recuerde que esas cinco palabras no son una fórmula. Por el contrario, permita que sean un poderoso recordatorio de que usted pertenece a Él y del privilegio que tiene de estar involucrado en su obra.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

LIMONADA TIBIA, SIN AZÚCAR



Si por las mañanas despiertas con mal sabor de boca, puede ser que estés siguiendo una dieta demasiado ácida. Toma en ayunas una limonada tibia, sin azúcar y empezarás a sentirte mejor.

SIEMPRE CONSULTA A TU MEDICO, para que mantengas tu cuerpo sano; “Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer” (Génesis 1:29). “He aquí Yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad” (Jeremías 33:6), “¿o ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 corintios 6:19).

“Gracia y Paz”
Publicado por: Carlos Martínez M.
Fuente: Medicamentos Accesibles

“¿DÓNDE ESTÁ, OH MUERTE, TU AGUIJÓN? ¿DÓNDE, OH SEPULCRO, TU VICTORIA?”



1 Corintios 15:55
“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?”.

En el versículo de hoy Pablo personifica a la muerte y el sepulcro como si fueran gente, y aquí hace burla de ellos por su derrota. La muerte y la tumba siempre han sido un misterio a los hombres, y han reinado con un dominio completo. Job se refiere a la muerte como “El Rey de los terrores” (Job 18:14); pero “el Rey de los terrores” ha sido completamente conquistado por nuestro Salvador quien sufrió y murió en nuestro lugar y se resucitó triunfante de los muertos, y dice; “Yo soy el primero y el último, y el que vivo, y he sido muerto; y he aquí vivo por siglos de siglos, Amén. Y tengo las llaves del infierno y de la muerte”. Y en Juan 5:28, 29 Él dijo, “Vendrá la hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron mal, a resurrección de condenación”. Así es que podemos decir con Pablo: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?”

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

jueves, 3 de enero de 2013

¿DONDE ESTARÁS DESPUÉS DE MORIR?



Para los incrédulos o las personas que ignoran la Biblia, dicen que después de la muerte no pasa nada; porque en la tierra termina todo, y que el infierno y el cielo se viven aquí mismo en la tierra, además, que son cosa de las religiones; (por eso ellos viven como viven: en desorden, en libertinaje y con miedo a la muerte). Mas para los que conocen y creen en la Biblia… ¡Si existen estos dos lugares!, ya que el mismo Dios da testimonio de ellos.

Juan 6:40
“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

En la Biblia existen versículos contundentes sobre la existencia de estos lugares: el cielo y del infierno.

Juan 5:28-29
“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”.

También dijo:

Mateo 25:41, 46
“Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno  preparado para el diablo y sus ángeles. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”.

Además dice:

Daniel 12:2
“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”.


Entonces, ¡SI EXISTE! una nueva vida después de la muerte.

Si no lo sabías, La Biblia es el puente y la guía infalible en el mundo para obtener la salvación y la vida eterna, porque es el libro escrito por hombres santos inspirados y guiados por el poder del Espíritu de Dios (la Biblia representa la voz de Dios).

Salmo 78:1
“Escucha, pueblo mío, mi ley; Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca”.

2 Timoteo 3:16-17
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir  para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.

Amado Hermano y amigo, si tu crees seriamente a estos textos bíblicos y deseas cambiar tu forma de vivir y buscar la salvación y la vida eterna; pues, Jesús te espera y esta dispuesto a concedértela.

“Gracia y Paz”

Para Meditar y Compartir

¿CREES TÚ QUE PODEMOS CONFIAR EN DIOS?



Romanos 4:16-21
“Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (¡siendo de casi cien años!), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido”.

Algunas veces la vida nos confronta con inesperadas e indeseables circunstancias, que nos dejan en estado de desánimo, desesperación, abatimiento, miedo, ansiedad o frustración. Hay ocasiones en que cuestionamos el amor de Dios hacia nosotros. ¿Realmente Dios se interesa por mí?, nos preguntamos. Si él me ama, ¿por qué permite estas cosas en mi vida? Empezamos a preocuparnos si real y ciertamente podemos confiar en él. Esto afecta nuestra salud espiritual. Para rechazar todo espíritu de duda y que nuestra confianza en Dios se mantenga firme, debemos recordar siempre cuatro verdades absolutas acerca de Dios en las que se basa su relación con nosotros:

Primera: Dios es perfecto en su amor.
La naturaleza misma de Dios es amor. Dice 1 Juan 4:8: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” El nos demostró esto en la cruz del calvario, según dice Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Por medio de su amor entregó a su hijo amado y nos adoptó en un pacto consigo mismo. Ahora somos sus hijos; él es nuestro Padre. No debe existir la más mínima duda de cuánto nos ama.

Segunda, Dios es infinito en su sabiduría.
Jeremías 10:12 nos dice que Dios “hizo la tierra con su poder, él puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría”. Por eso Dios sabe exactamente lo que es mejor para nuestras vidas, y a veces permite cosas que no nos agradan pero que él sabe resultarán en bendiciones para nosotros. Romanos 8:28 afirma: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien".

Tercera, Dios es soberano en su control.
El tiene dominio total sobre cada cosa en su creación. El pasaje de hoy dice que Dios “da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen”. Por eso el salmista declaró con toda seguridad: “Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas sus obras” (Salmo 73:28).

Cuarta, Dios es absoluta y totalmente fiel.
Podemos vivir con la plena seguridad de que Dios siempre está cerca de nosotros, listo para cumplir todas y cada una de sus promesas, Esto dice la Biblia en Hebreos 10:23: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”. Y esto se cumple a pesar de nuestra propia infidelidad. Dice 2 Timoteo 2:13: "Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo".

El resumen de esta enseñanza lo encontramos en el Salmo 91:1-2: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré”. Cuando buscamos la compañía y la protección de Dios, vivimos bajo un paraguas de cuatro capas: el perfecto amor de Dios, su infinita sabiduría, su absoluto control y su eterna fidelidad. Sí, ciertamente podemos confiar en Dios.

ORACIÓN:
Padre santo, gracias por tu Palabra que refuerza las bases de mi confianza en ti. Perdona todas esas ocasiones en que he dudado de ti y ayúdame a entregarme y a confiar más en ti cada día. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

ORAR EN EL NOMBRE DE JESÚS



Juan 16:19-33
“Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis? De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre. En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios. Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. Le dijeron sus discípulos: He aquí ahora hablas claramente, y ninguna alegoría dices. Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios. Jesús les respondió: ¿Ahora creéis? He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”.

Poco antes de su crucifixión, Jesús dijo a sus seguidores que oraran en su nombre; en otras palabras, que pidieran conforme a su voluntad. Señaló que la oración hecha así tiene poder: “…para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Juan 15:16). La oración en el nombre de Cristo significa que tenemos…

Asociación con el Salvador. Lo que hace posible que nos acerquemos a Dios mediante la oración, es nuestra relación con Jesús. Cuando fuimos salvos, pasamos de ser extraños y extranjeros, a hijos de Dios (Efesios 2:19). Nuestro Creador se ha convertido en nuestro Padre celestial; y Él escucha nuestras peticiones porque hemos pasado a ser miembros de su familia por la obra redentora de su Hijo. La presencia del Espíritu de Cristo demuestra que somos suyos.

Acceso al Padre celestial. La muerte de Jesús nos abrió el camino para tener entrada inmediata a la presencia del Padre. Cuando Jesús consumó su obra al hacer el sacrificio sacerdotal final (Hebreos 10:14), el velo del templo, que impedía al hombre penetrar en el Lugar Santísimo, se rasgó en dos (Marcos 15:38). Esto simbolizó la verdad espiritual de que ahora todos los que creen en Dios tienen acceso a Él. Por medio del Espíritu Santo, tenemos el derecho de hablar con Dios directamente, sin ningún intermediario humano (Efesios 2:18).

Jesucristo pagó en su totalidad el castigo por nuestros pecados al morir en la cruz. El aceptar su muerte expiatoria a favor nuestro, significa que tenemos ahora una nueva relación familiar y libre acceso al Padre celestial. ¡Detengámonos ya, y demos gracias a Dios por el increíble privilegio de la oración!

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

¿DESEAS MADURAR ESPIRITUALMENTE?



Efesios 4:10-15
“El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo”.

Cuando aceptamos a Jesucristo como Salvador el Espíritu Santo viene a morar en nosotros (2 Corintios 1:22). Somos entonces “nuevas criaturas” (2 Corintios 5:17), pues ahora somos sensibles a la voz del Espíritu, quien nos redarguye cuando pecamos y nos instruye en el camino a seguir de acuerdo a la voluntad de Dios. En este momento comienza el proceso de crecimiento espiritual o santificación, el cual es dirigido por el Espíritu Santo pero requiere nuestra activa participación. El fin de este proceso es “perfeccionar a los santos”, dice el pasaje de hoy. Sabemos que mientras estemos en este mundo no llegaremos nunca a ser perfectos, así es que aquí “perfección” significa más bien “madurez espiritual”. El hombre “perfecto” o “maduro espiritualmente” es aquel que cumple el propósito para el que Dios lo ha creado. Y esto será posible solamente cuando lleguemos “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.

¿Por qué quiere Dios que maduremos? Porque él quiere usarnos “para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”. Dios quiere que seamos sus instrumentos para llevar a cabo sus propósitos en este mundo. Para ello es necesario que dejemos de ser “niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina”. En el aspecto físico dejamos de ser niños cuando crecemos al pasar los años. Nos convertimos en adolescentes y después en personas adultas. De igual manera en el aspecto espiritual existe un proceso de crecimiento, pero la diferencia estriba en que en el aspecto físico vamos a crecer de todas maneras, mientras que en el aspecto espiritual tenemos que desear crecer y para lograrlo debemos entender que es necesario seguir las instrucciones de la palabra de Dios, de manera que “siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo”.

¿Qué tenemos que hacer para crecer espiritualmente? Fundamentalmente tenemos que leer la Biblia diariamente, escudriñarla y meditar en ella, pues esta poderosa palabra es “la espada del Espíritu”, dice Efesios 6:17, es decir el instrumento fundamental con que cuenta el creyente para luchar contra todos los obstáculos que el enemigo pueda poner en nuestro crecimiento espiritual. También debemos orar “en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu” (Efesios 6:18), buscar el rostro del Señor y pasar tiempo en íntima comunión con él. Esta es la única manera de crecer o madurar espiritualmente. ¡No existe otra! La palabra de Dios es el “alimento sólido” para nuestros espíritus al que se refiere Hebreos 5:12-14, y la oración es el medio por el cual el Espíritu Santo nos da el discernimiento necesario para entender esta palabra y nos capacita para aplicarla a nuestra vida.

Cuando hacemos de esto un hábito diario, poco a poco iremos experimentando cambios en nuestro comportamiento, en nuestras reacciones ante las circunstancias, en nuestra actitud hacia los demás y se hará evidente la paz y el gozo de Dios en nuestros corazones, aun en situaciones difíciles que antes nos afectaban profundamente. Esta es la madurez espiritual.

ORACIÓN:
Padre mío, te ruego me ayudes a crecer y madurar espiritualmente. Dame fuerzas para dejar todo aquello que impide ese crecimiento y a concentrarme en adquirir conocimiento de tu palabra en el poder de tu Santo Espíritu. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla