viernes, 4 de enero de 2013

“YO Y EL PADRE UNO SOMOS: JESÚS ES DIOS”



Juan 5:18
Jesús dijo: “yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30) y también la Escritura dice: “Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque… decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios”.

Esas declaraciones de Jesús, nos enseñan es que Jesús es el Padre Eterno, el único Dios manifestado en carne.

Cuando Jesús hizo esas afirmaciones, la gran mayoría de judíos presentes estallaron de ira y tomaron piedras para matarlo acusándolo de blasfemia. La blasfemia en el mundo judío consistía en:

1. No dar a Dios la gloria debida a su ser.
2. Apropiarse de la gloria o atributos de Dios.
3. Dar tal gloria o atributos a una criatura.

Es evidente que los líderes religiosos judíos estaban furiosos porque Jesús había sanado al paralítico de Betesda en un día de de reposo (Juan 5:18), pero su mayor molestia consistía en que Jesús se hacía igual a Dios. A un pueblo estrictamente monoteísta “Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17). Ningún judío de esa época se refería a Dios mediante la expresión “mi Padre” y en caso de que lo hicieran le agregaban las palabras “que está en los cielos”; pero Jesús dijo “mi Padre” no “nuestro Padre” o “mi Padre que está en los cielos”. Más aún, agregó: “hasta ahora trabaja y yo trabajo”. Con esas dos afirmaciones, Jesús estaba manifestando que él es Dios y que obra como Dios, pues nadie puede ser igual a Dios, tener el completo carácter de Dios, sin ser el único Dios. Si Jesús es igual a Dios es porque él es el Dios único.

De igual manera, cuando Jesús afirmó: “yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30), había declarado previamente que él era el Cristo (Juan 10:24-25) y había manifestado que ninguno podrá arrebatar a sus ovejas de su mano (Juan 10:28); pero a renglón seguido afirma que nadie las podrá arrebatar de la mano del Padre (Juan 10:29). De manera indirecta Jesús declaró que él es el mismo Padre, pero no contento con eso pasó a afirmarlo explícitamente al decir: “yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). Fue tanta la ira que inspiraron estas palabras en los judíos, que ellos nuevamente tomaron piedras para asesinarlo, acusándolo de haber cometido blasfemia, porque decían que siendo hombre se hacía Dios (Juan 10:31-33).

La palabra griega que en Juan 10:30 traduce uno, es “hen”. Esta palabra es de género neutro e indica que se trata de uno en esencia y naturaleza. Una traducción más literal sería: “El Padre y yo somos lo mismo”. La ira de los judíos no se hizo esperar cuando Jesús dijo que él era el Padre.

En otras muchas ocasiones Jesús afirmó que él era el Padre. Una vez que los fariseos le preguntaron: ¿Dónde está tu Padre? La respuesta de Jesús fue: “ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mi me conocieseis también a mi Padre conoceríais” (Juan 8:19). Un poco más adelante el Señor les dijo: “si no creéis que Yo Soy en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24), Entonces ellos le preguntaron “¿Tú quién eres?, y Jesús les dijo: Lo que desde el principio os he dicho”. Jesús en realidad les estaba diciendo que él es el Gran Yo Soy (Éxodo 3:14), el único Dios de Israel, pero ellos no entendieron y por eso le preguntaron ¿quién eres? Ellos no entendieron que les hablaba del Padre (Juan 8:27).

El que aborrece al Hijo también aborrece al Padre (Juan 15:23); todo lo que el Padre hace lo hace el Hijo igualmente (Juan 5:19); todos deben honrar al Hijo como honran al Padre (Juan 5:23), y el que ve a Jesús, en realidad ve al Padre (Juan 12:45, 14:9), porque el Hijo es el Padre manifestado en carne. Por esta razón el Padre está en el Hijo y el Hijo está en el Padre (Juan 10:38, 14:11).

Dios fue manifestado en carne (1 Timoteo 3:16), pero Jesucristo es quien ha venido en carne (1 Juan 4:2). Algunas citas de la Escritura nos enseñan que Jesucristo, nuestra vida, se manifestará en su segunda venida (Colosenses 3:4, 2; Tesalonicenses 1:7; 1 Juan 2:28), pero Juan escribe que quien se manifestará será el Padre, y afirma que “cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:1-2). Por supuesto, seremos semejantes a él pero en su perfecta humanidad (no en su Deidad) y tendremos cuerpos gloriosos tal como el de Cristo glorificado. Para poder salvarnos, Dios se hizo semejante a nosotros, y para que nosotros seamos salvos debemos anhelar ser semejantes al Cristo resucitado (Efesios 4:13), pues Dios nos predestinó para que fuésemos hechos conforme a la imagen de su Hijo (Romanos 8:29).

La Escritura presenta otras declaraciones que nos enseñan que Jesús es el Padre. Por ejemplo, Jesús prometió que no nos dejaría huérfanos sino que vendría a nosotros (Juan 14:18) no en carne, sino en Espíritu (Juan 14:17) para estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28:20). Asimismo, Jesús prometió ser el Padre de todos los vencedores (Apocalipsis 21:7).

Jesús afirmó que todas nuestras oraciones deben ser realizadas en su nombre (Juan 16:24), por eso todo lo que pidamos al Padre será atendido por Jesús, porque Jesús es el Padre manifestado en carne como el Hijo, y por eso el Padre es glorificado en el Hijo (Juan 14:13-14).

El Padre es el que nos santifica (Judas 1:1), pero nuestro santificador es Cristo (Efesios 5:25-26). Dios levantó a Cristo de entre los muertos (Hechos 2:24), pero Jesucristo profetizó que él se resucitaría a sí mismo (Juan 2:19-21). El Padre es quien envía su Espíritu Santo a nuestras vidas (Juan 14:26), pero Jesucristo es el que bautiza con el Espíritu Santo (Mateo 3:11, Marcos 1:8, Lucas 3:16), es quien envía su Espíritu consolador (Juan 16:7) y es el Espíritu Santo (2 Corintios 3:17). Dios el Padre da vida a los muertos (Romanos 4:17) y nos levantará con su poder (1 Corintios 6:14), pero Jesucristo es el que nos resucitará en el día postrero (Juan 6:40).

La Escritura proclama que Jesús es el Padre, pues hay un solo Dios. Jesús es Dios y hombre, Espíritu y carne, Padre e Hijo. Jesús es el Padre manifestado en carne como Hijo. Jesús es el único Dios que se presentó simultáneamente como Padre y como Hijo.

“Gracia y Paz”
Aprendiendo la Sana Doctrina

¿LEEMOS NUESTRA BIBLIA?



2 Timoteo 2:9.
“Sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa”.

Juan 10:35
“…La Escritura no puede ser quebrantada”.

Un niño había descubierto en su casa una Biblia que cada día se iba llenando más de polvo. Cierto día le preguntó a su madre: –Mamá, ¿es este el libro de Dios? –Claro que sí, le respondió ella. –Como nunca lo leemos, ¿por qué no se lo devolvemos?, sugirió el niño.

En Francia, Jerôme Lebrat (1848-1912) había leído y estudiado la Biblia asiduamente. Alimentado por el Evangelio de Dios, lo predicaba de aldea en aldea. La gente se apiñaba en los graneros y, sentada en donde podía, escuchaba sin perder palabra; palabras a veces severas, que como flechas llegaban a las conciencias: «Si no quieren leer sus Biblias, quémenlas, porque en el día del juicio testificarán contra ustedes». Con esto se refería a lo que Jesús dijo: “El que… no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Juan 12:48).

Un día Jerôme Lebrat se dio cuenta de que sus oyentes, sin duda por comodidad, venían a las reuniones sólo con el Nuevo Testamento. El predicador temió que se descuidara el estudio del Antiguo Testamento, por ello decidió escoger los temas de sus predicaciones en esa parte de la Biblia.

Cristianos, no descuidemos el estudio de toda la Biblia, pues en ella encontraremos la paz, el gozo y las fuerzas para comportarnos como hijos de Dios en este mundo.

“Gracia y Paz”
La Buena Semilla

¿DÓNDE SATISFACES TUS NECESIDADES?



Salmo 42:1-2
"Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?"

A lo largo de nuestras vidas, cada uno de nosotros tendrá necesidad de muchas cosas. Además de las necesidades básicas en el aspecto físico que tienen como fin la supervivencia, todo ser humano tiene también necesidades espirituales y emocionales, así como otras necesidades que surgen en la vida, como la urgencia de resolver una determinada situación o prueba en la que se encuentre. Cuando David escribió el pasaje de hoy se encontraba huyendo en el exilio durante la rebelión de su hijo Absalón. Allí él clama a Dios desesperadamente: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”. Su urgente necesidad de ayuda, su infinita tristeza, su anhelo interior de comunión con Dios pueden compararse a la sed intensa que siente el ciervo que camina en tierra seca, jadeando y buscando con ansia las corrientes de las aguas que tanto necesita.

Una pequeña historia cuenta que en una ocasión un barco de recreo en el que viajaba un grupo de personas en el Océano Atlántico, cerca de las costas de Brasil, tuvo problemas con el motor y quedaron a la deriva. Por varios días estuvieron a merced de las olas y el viento sin tener la más mínima idea de donde se encontraban. Ya no tenían que comer ni beber; ni siquiera agua les quedaba. Algunos habían desfallecido por la deshidratación, y casi todos estaban a punto de morir de sed. De pronto divisan a lo lejos un barco que venía en dirección a ellos. Desesperadamente comenzaron a hacer señales de todas las formas que se les ocurrieron. Cuando el otro barco estuvo lo suficientemente cerca de ellos, todos gritaron pidiendo por favor un poco de agua. Del otro barco les gritaron, señalando hacia el agua: “Ahí tienen bastante agua. ¿Por qué no la beben?” Todos creyeron que se trataba de una broma de mal gusto y siguieron rogando por un poco de agua. Los otros insistieron en que tomaran de esa agua, y finalmente supieron que aquella agua era agua potable y dulce, y no agua salada del mar, pues el viento los había llevado hasta la desembocadura del río Amazonas, el cual es tan ancho, que ellos creían que aún estaban en el mar. Por poco mueren de sed, teniendo frente a ellos agua para beber.

En nuestros trabajos, en nuestros vecindarios, en nuestras propias familias, hay infinidad de personas como estas, que se están muriendo de sed, y necesitan de alguien que les diga que tienen a su alcance el agua que quita la sed para siempre. El mundo está lleno de personas que invierten años buscando a alguien o algo que satisfaga sus necesidades. Lamentablemente no se dan cuenta de que Dios es la única fuente de perfecta satisfacción. En él está la aceptación, la seguridad, el amor, el gozo y la paz que tanto buscan.

¿Estás tú en estos momentos en medio de una gran necesidad, ya sea económica, emocional, o espiritual? ¿Te sientes triste, o tu salud no está bien, o tienes algún otro tipo de problema? Reflexiona en esta enseñanza y aplícala a tu vida. Acércate a Dios, quien es el único que puede satisfacer tu necesidad. Los que hemos aceptado a Jesucristo como Salvador debemos recordar que dentro de nosotros corre una fuente de agua viva, como le dijo Jesús a la mujer samaritana junto al pozo de Jacob: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:13-14). Hagamos nuestras las palabras de Jesús a la mujer samaritana, y respondamos como ella respondió: “Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed…" (Juan 4:15).

Nuestra prioridad debe ser ir constantemente a esta fuente eterna y saciar nuestra sed espiritual, por medio de la lectura diaria de la palabra de Dios y la oración, de manera que esta agua divina se mantenga fluyendo y nos inspire a compartirla con los sedientos de este mundo.

ORACIÓN:
Padre santo, hoy vengo ante ti, clamando como el salmista por esa agua viva que quita la sed y da descanso al alma. Te ruego que quites de mí todo obstáculo que impida que esa agua fluya libremente no solamente para mi propia bendición sino para bendición de todos los que me rodean. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

EL PODER DEL NOMBRE DE JESÚS



Juan 14:13
“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”.

Orar en el nombre de Jesús muestra tanto nuestra relación con Jesucristo, como nuestro derecho —por medio de Él— de darnos acceso al Padre celestial directamente. También expresa nuestra...

Autoridad para presentar peticiones a Dios. El Cristo glorificado está ahora sentado a la diestra del Padre, donde intercede por nosotros sirviendo como nuestro sumo sacerdote (He 7:25). Él nos ha dicho que vengamos y pidamos lo que necesitemos. Estas palabras nos dan la autorización para acceder al trono de la gracia en cualquier momento, para hablar personalmente con el Padre. A toda persona que ha recibido a Jesucristo como su Salvador, el Señor le ha concedido el derecho de usar su nombre.

Armonía con los propósitos de Dios. Basados en nuestra relación familiar con Jesús, tenemos acceso al Padre y podemos hacerle peticiones con la autoridad de Cristo. Pero, para usar el nombre del Salvador, tenemos también que estar de acuerdo con los propósitos de Dios. Orar en el nombre de Jesús significa que estamos pidiendo en conformidad con su carácter y su voluntad. Como siervos de Dios, nuestra prioridad absoluta debe ser obedecer al Señor y su voluntad, no la nuestra.

Seguridad de una respuesta. “En el nombre de Jesús” es una frase de confianza. Es una confesión de certidumbre de que nuestras oraciones serán respondidas.

Dios no quiere que usted ore mecánicamente. Por tanto, cuando ore “en el nombre de Jesús” recuerde que esas cinco palabras no son una fórmula. Por el contrario, permita que sean un poderoso recordatorio de que usted pertenece a Él y del privilegio que tiene de estar involucrado en su obra.

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

LIMONADA TIBIA, SIN AZÚCAR



Si por las mañanas despiertas con mal sabor de boca, puede ser que estés siguiendo una dieta demasiado ácida. Toma en ayunas una limonada tibia, sin azúcar y empezarás a sentirte mejor.

SIEMPRE CONSULTA A TU MEDICO, para que mantengas tu cuerpo sano; “Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer” (Génesis 1:29). “He aquí Yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad” (Jeremías 33:6), “¿o ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 corintios 6:19).

“Gracia y Paz”
Publicado por: Carlos Martínez M.
Fuente: Medicamentos Accesibles

“¿DÓNDE ESTÁ, OH MUERTE, TU AGUIJÓN? ¿DÓNDE, OH SEPULCRO, TU VICTORIA?”



1 Corintios 15:55
“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?”.

En el versículo de hoy Pablo personifica a la muerte y el sepulcro como si fueran gente, y aquí hace burla de ellos por su derrota. La muerte y la tumba siempre han sido un misterio a los hombres, y han reinado con un dominio completo. Job se refiere a la muerte como “El Rey de los terrores” (Job 18:14); pero “el Rey de los terrores” ha sido completamente conquistado por nuestro Salvador quien sufrió y murió en nuestro lugar y se resucitó triunfante de los muertos, y dice; “Yo soy el primero y el último, y el que vivo, y he sido muerto; y he aquí vivo por siglos de siglos, Amén. Y tengo las llaves del infierno y de la muerte”. Y en Juan 5:28, 29 Él dijo, “Vendrá la hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron mal, a resurrección de condenación”. Así es que podemos decir con Pablo: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?”

“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

jueves, 3 de enero de 2013

¿DONDE ESTARÁS DESPUÉS DE MORIR?



Para los incrédulos o las personas que ignoran la Biblia, dicen que después de la muerte no pasa nada; porque en la tierra termina todo, y que el infierno y el cielo se viven aquí mismo en la tierra, además, que son cosa de las religiones; (por eso ellos viven como viven: en desorden, en libertinaje y con miedo a la muerte). Mas para los que conocen y creen en la Biblia… ¡Si existen estos dos lugares!, ya que el mismo Dios da testimonio de ellos.

Juan 6:40
“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.

En la Biblia existen versículos contundentes sobre la existencia de estos lugares: el cielo y del infierno.

Juan 5:28-29
“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”.

También dijo:

Mateo 25:41, 46
“Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno  preparado para el diablo y sus ángeles. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”.

Además dice:

Daniel 12:2
“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”.


Entonces, ¡SI EXISTE! una nueva vida después de la muerte.

Si no lo sabías, La Biblia es el puente y la guía infalible en el mundo para obtener la salvación y la vida eterna, porque es el libro escrito por hombres santos inspirados y guiados por el poder del Espíritu de Dios (la Biblia representa la voz de Dios).

Salmo 78:1
“Escucha, pueblo mío, mi ley; Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca”.

2 Timoteo 3:16-17
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir  para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.

Amado Hermano y amigo, si tu crees seriamente a estos textos bíblicos y deseas cambiar tu forma de vivir y buscar la salvación y la vida eterna; pues, Jesús te espera y esta dispuesto a concedértela.

“Gracia y Paz”

Para Meditar y Compartir

¿CREES TÚ QUE PODEMOS CONFIAR EN DIOS?



Romanos 4:16-21
“Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (¡siendo de casi cien años!), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido”.

Algunas veces la vida nos confronta con inesperadas e indeseables circunstancias, que nos dejan en estado de desánimo, desesperación, abatimiento, miedo, ansiedad o frustración. Hay ocasiones en que cuestionamos el amor de Dios hacia nosotros. ¿Realmente Dios se interesa por mí?, nos preguntamos. Si él me ama, ¿por qué permite estas cosas en mi vida? Empezamos a preocuparnos si real y ciertamente podemos confiar en él. Esto afecta nuestra salud espiritual. Para rechazar todo espíritu de duda y que nuestra confianza en Dios se mantenga firme, debemos recordar siempre cuatro verdades absolutas acerca de Dios en las que se basa su relación con nosotros:

Primera: Dios es perfecto en su amor.
La naturaleza misma de Dios es amor. Dice 1 Juan 4:8: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” El nos demostró esto en la cruz del calvario, según dice Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Por medio de su amor entregó a su hijo amado y nos adoptó en un pacto consigo mismo. Ahora somos sus hijos; él es nuestro Padre. No debe existir la más mínima duda de cuánto nos ama.

Segunda, Dios es infinito en su sabiduría.
Jeremías 10:12 nos dice que Dios “hizo la tierra con su poder, él puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría”. Por eso Dios sabe exactamente lo que es mejor para nuestras vidas, y a veces permite cosas que no nos agradan pero que él sabe resultarán en bendiciones para nosotros. Romanos 8:28 afirma: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien".

Tercera, Dios es soberano en su control.
El tiene dominio total sobre cada cosa en su creación. El pasaje de hoy dice que Dios “da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen”. Por eso el salmista declaró con toda seguridad: “Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas sus obras” (Salmo 73:28).

Cuarta, Dios es absoluta y totalmente fiel.
Podemos vivir con la plena seguridad de que Dios siempre está cerca de nosotros, listo para cumplir todas y cada una de sus promesas, Esto dice la Biblia en Hebreos 10:23: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió”. Y esto se cumple a pesar de nuestra propia infidelidad. Dice 2 Timoteo 2:13: "Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo".

El resumen de esta enseñanza lo encontramos en el Salmo 91:1-2: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré”. Cuando buscamos la compañía y la protección de Dios, vivimos bajo un paraguas de cuatro capas: el perfecto amor de Dios, su infinita sabiduría, su absoluto control y su eterna fidelidad. Sí, ciertamente podemos confiar en Dios.

ORACIÓN:
Padre santo, gracias por tu Palabra que refuerza las bases de mi confianza en ti. Perdona todas esas ocasiones en que he dudado de ti y ayúdame a entregarme y a confiar más en ti cada día. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

ORAR EN EL NOMBRE DE JESÚS



Juan 16:19-33
“Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis? De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre. En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios. Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. Le dijeron sus discípulos: He aquí ahora hablas claramente, y ninguna alegoría dices. Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios. Jesús les respondió: ¿Ahora creéis? He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”.

Poco antes de su crucifixión, Jesús dijo a sus seguidores que oraran en su nombre; en otras palabras, que pidieran conforme a su voluntad. Señaló que la oración hecha así tiene poder: “…para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé” (Juan 15:16). La oración en el nombre de Cristo significa que tenemos…

Asociación con el Salvador. Lo que hace posible que nos acerquemos a Dios mediante la oración, es nuestra relación con Jesús. Cuando fuimos salvos, pasamos de ser extraños y extranjeros, a hijos de Dios (Efesios 2:19). Nuestro Creador se ha convertido en nuestro Padre celestial; y Él escucha nuestras peticiones porque hemos pasado a ser miembros de su familia por la obra redentora de su Hijo. La presencia del Espíritu de Cristo demuestra que somos suyos.

Acceso al Padre celestial. La muerte de Jesús nos abrió el camino para tener entrada inmediata a la presencia del Padre. Cuando Jesús consumó su obra al hacer el sacrificio sacerdotal final (Hebreos 10:14), el velo del templo, que impedía al hombre penetrar en el Lugar Santísimo, se rasgó en dos (Marcos 15:38). Esto simbolizó la verdad espiritual de que ahora todos los que creen en Dios tienen acceso a Él. Por medio del Espíritu Santo, tenemos el derecho de hablar con Dios directamente, sin ningún intermediario humano (Efesios 2:18).

Jesucristo pagó en su totalidad el castigo por nuestros pecados al morir en la cruz. El aceptar su muerte expiatoria a favor nuestro, significa que tenemos ahora una nueva relación familiar y libre acceso al Padre celestial. ¡Detengámonos ya, y demos gracias a Dios por el increíble privilegio de la oración!

“Gracia y Paz”
Meditación Diaria

¿DESEAS MADURAR ESPIRITUALMENTE?



Efesios 4:10-15
“El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo”.

Cuando aceptamos a Jesucristo como Salvador el Espíritu Santo viene a morar en nosotros (2 Corintios 1:22). Somos entonces “nuevas criaturas” (2 Corintios 5:17), pues ahora somos sensibles a la voz del Espíritu, quien nos redarguye cuando pecamos y nos instruye en el camino a seguir de acuerdo a la voluntad de Dios. En este momento comienza el proceso de crecimiento espiritual o santificación, el cual es dirigido por el Espíritu Santo pero requiere nuestra activa participación. El fin de este proceso es “perfeccionar a los santos”, dice el pasaje de hoy. Sabemos que mientras estemos en este mundo no llegaremos nunca a ser perfectos, así es que aquí “perfección” significa más bien “madurez espiritual”. El hombre “perfecto” o “maduro espiritualmente” es aquel que cumple el propósito para el que Dios lo ha creado. Y esto será posible solamente cuando lleguemos “a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.

¿Por qué quiere Dios que maduremos? Porque él quiere usarnos “para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”. Dios quiere que seamos sus instrumentos para llevar a cabo sus propósitos en este mundo. Para ello es necesario que dejemos de ser “niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina”. En el aspecto físico dejamos de ser niños cuando crecemos al pasar los años. Nos convertimos en adolescentes y después en personas adultas. De igual manera en el aspecto espiritual existe un proceso de crecimiento, pero la diferencia estriba en que en el aspecto físico vamos a crecer de todas maneras, mientras que en el aspecto espiritual tenemos que desear crecer y para lograrlo debemos entender que es necesario seguir las instrucciones de la palabra de Dios, de manera que “siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo”.

¿Qué tenemos que hacer para crecer espiritualmente? Fundamentalmente tenemos que leer la Biblia diariamente, escudriñarla y meditar en ella, pues esta poderosa palabra es “la espada del Espíritu”, dice Efesios 6:17, es decir el instrumento fundamental con que cuenta el creyente para luchar contra todos los obstáculos que el enemigo pueda poner en nuestro crecimiento espiritual. También debemos orar “en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu” (Efesios 6:18), buscar el rostro del Señor y pasar tiempo en íntima comunión con él. Esta es la única manera de crecer o madurar espiritualmente. ¡No existe otra! La palabra de Dios es el “alimento sólido” para nuestros espíritus al que se refiere Hebreos 5:12-14, y la oración es el medio por el cual el Espíritu Santo nos da el discernimiento necesario para entender esta palabra y nos capacita para aplicarla a nuestra vida.

Cuando hacemos de esto un hábito diario, poco a poco iremos experimentando cambios en nuestro comportamiento, en nuestras reacciones ante las circunstancias, en nuestra actitud hacia los demás y se hará evidente la paz y el gozo de Dios en nuestros corazones, aun en situaciones difíciles que antes nos afectaban profundamente. Esta es la madurez espiritual.

ORACIÓN:
Padre mío, te ruego me ayudes a crecer y madurar espiritualmente. Dame fuerzas para dejar todo aquello que impide ese crecimiento y a concentrarme en adquirir conocimiento de tu palabra en el poder de tu Santo Espíritu. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

Y LOS ENTENDIDOS RESPLANDECERÁN COMO EL RESPLANDOR DEL FIRMAMENTO



Daniel 12:3
“Y los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan á justicia la multitud, como las estrellas á perpetua eternidad”.

Hay muchos que quieren ser una estrella; estrella del cine, estrella de beisbol, o estrella de Rock and Roll, etc. Si tu pudieras lograr esto, lo más que podrías gozar de esta fama sería solamente en ésta vida. ¿Pero qué tal si pudieras recibir el honor, y la fama, y el respeto para siempre? El plan de Dios es virar a la gente del pecado y la degradación a la obediencia, la justicia, y la salvación. Si tú conoces a Cristo, y ganas a otros a ÉL, este versículo nos dice que tú resplandecerás como una estrella brillante para siempre.

La mejor vida aquí en este mundo, es conocer a Cristo, y caminar con Él, y ganar otros a Él. Y luego viene la próxima vida. Ahí estará lo mejor.


“Gracia y Paz”
Un Versículo de la Biblia cada Día

martes, 1 de enero de 2013

AÑO NUEVO, VIDA NUEVA



Para este inicio de año la gente piensa mucho en lo nuevo, traje nuevo, muebles nuevos, calzado nuevo. La humanidad tiene una tendencia irresistible hacia lo nuevo, y llevados por esa tendencia hay los que equivocadamente consideran a los verdaderos seguidores de Cristo como gente anticuada, de mal gusto y ridícula, buenos para la primera centuria de la era cristiana pero no para este siglo. Pero la verdad es otra, nosotros los cristianos somos la gente de las cosas nuevas.

No necesitamos esperar un año nuevo, ni estrenar un traje nuevo para gozar la sensación de lo nuevo; porque nosotros mismos, todo nuestro ser, ha sido hecho nuevo. Vivimos en novedad de vida, y nuestro hombre interior se renueva de día en día (2 Corintios 4:16). Igualmente hay los que consideran la Biblia como un libro anticuado, fuera de moda, pero la Biblia es un manantial de cosas nuevas, en ella nosotros encontramos en primer lugar: noticias nuevas.

El mundo estaba perdido en el laberinto del paganismo, con sus millares de dioses y semidioses, con sus exigencias de sacrificios humanos, fundido en las tinieblas de la superstición enseñada por los sacerdotes paganos a través de los siglos; odiosa cadena que al ser arrastrada por los paganos, su eco siempre les hablaba de muerte, odio y tortura. Los hebreos aunque habían recibido más luz, con todo sus rituales y ceremonias les dejaban vacíos y necesitados, vivían bajo el pesado yugo de la ley.

En la interminable sucesión de siglos, el mundo pagano se aferraba a sus antiguas prácticas buscando la salvación. Y el mundo hebreo se adhería a la letra de la ley, pero todo era inútil. Mas una noche serena y hermosa el espacio resonó con nuevas noticias para unos y para otros: “os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11). Y cuando estas noticias nuevas son creídas y aceptadas, producen un nuevo nacimiento.

A causa del pecado la imagen de Dios en el hombre fue desfigurada, el hombre está muerto en delitos y pecados, se requiere un nuevo principio, una nueva creación, un nuevo nacimiento, a esto se refería el Señor cuando dijo a Nicodemo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). En este nuevo nacimiento, somos engendrados de Dios por medio del Espíritu Santo. Este nuevo nacimiento naturalmente se desarrolla en una nueva criatura.

Si la creación del primer hombre fue la obra maestra de la creación, la regeneración o la nueva criatura es la obra maestra de la eternidad. La multiforme sabiduría de Dios es notificada a todo el universo por medio de los nacidos de nuevo, el que “está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

Esta nueva criatura posee un nuevo corazón. El corazón es el asiento de nuestras emociones, es el centro mismo de nuestro ser, de allí nacen los instintos, por naturaleza el corazón es engañoso y perverso (Jeremías 17:9). Cristo declaró que “del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, lo adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez” (Marcos 7:21, 22). En vista de estas cosas, es que Dios dice: “Os daré un corazón nuevo… y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ezequiel 36:26).

Además de un corazón nuevo también nos es dada una mente nueva. La mente es la antesala del espíritu humano, a la mente acuden los demonios con sus malos pensamientos. Cuando esos pensamientos son recibidos en la mente, llegan hasta el corazón y de allí dominan el espíritu. La mente ejerce un poder tan determinante en nuestras vidas, que dice la Palabra de Dios:“Porquecual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7).

La mente del hombre sin Cristo está llena de pensamientos impuros, es por ello que la Palabra de Dios nos exhorta a renovarnos en el espíritu de vuestra mente (Romanos 12:2). Entonces con una mente nueva podemos pensar en todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo que es de buen nombre, en todo lo virtuoso (Filipenses 4:8).

Y como un complemento indispensable de esta nueva criatura, también nos es dado un cuerpo renovado. El cuerpo del hombre sin Cristo es juguete de las pasiones del alma. El alma pecaminosa tiene su gratificación impura por medio del cuerpo. Los miembros del cuerpo son ahora instrumentos de iniquidad, el amo es el espíritu humano controlado por el alma pecaminosa, el cuerpo es el esclavo, el alma pecaminosa manifiesta su maldad por medio del cuerpo. “Y manifiestas son las obras de la carne -esto es el alma operando por el cuerpo-, que son: adulterio, fornicación, inmundicia… y cosas semejantes a estas” (Gálatas 5:19-21).

Se hace pues necesario que nos sea dado un cuerpo renovado. “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros… vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu” (Romanos 8:11), para que vuestro espíritu, alma y cuerpo sea guardado entero, sin reprensión, en paz. Y con este cuerpo renovado nuestros miembros son presentados a Dios como instrumentos de justicia: manos, pies, ojos, lengua, oído, todo consagrado a Dios, no para que se manifieste un alma pecaminosa, sino para que se manifieste el Espíritu de Dios.

Esta nueva criatura, con corazón, mente, cuerpos nuevos, no queda desconectada o aislada del Señor, de Él recibe cada día nueva vida. De la misma manera que nuestros primeros padres comunicaban con Dios diariamente, así también la nueva criatura necesita estar en comunión con el Señor para de Él recibir nueva vida. Él es el dador sustentador de la vida, Él es la vida, nosotros los pámpanos, Él vino para darnos vida abundante, y con esta nueva vida naturalmente recibimos nuevas fuerzas.

El hombre sin Cristo es víctima del diablo, es flaco, débil, no tiene fuerzas morales, ni espirituales, ni físicas para resistir al demonio, pero la  nueva criatura tendrá nuevas fuerzas. Ahora esta nueva criatura puede cumplir el primer y grande mandamiento que dice: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Marcos 12:30; Deuteronomio 6.5). Y puede cumplirlo porque tiene todo su ser renovado. Las relaciones de esta nueva criatura para con Dios y para con los hombres han sido igualmente renovadas, sus relaciones para con Dios están regidas por un nuevo mandamiento.

El mundo está lleno de violencia, de odios, de guerras. ¿De dónde vienen esas cosas? De la codicia y el egoísmo, estas dos pasiones humanas son las que rigen las relaciones humanas (Santiago 4:1-2). Pero ahora esta nueva criatura es gobernada por la virtud del amor. “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros”, aun a sus enemigos, “amad a vuestros enemigos” (Juan 13:34; Mateo 5:44). Y “en esto conocerán todos que sois mis discípulos (que somos nuevas criaturas), si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35). “Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4:7, 8).

Y para esta nueva criatura están reservadas las más brillantes y gloriosas perspectivas, tendrá un nombre nuevo. De aquellos que viven olvidados de Dios, dice la Escritura que serán escritos en el polvo, un lugar muy inseguro para escribir, pronto se borra toda, pero de la nueva criatura se dice: “Y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará” (Isaías 62:2). Y también dice: “Y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe” (Apocalipsis 2:17).

También viviremos en una nueva ciudad, la morada final de los perdidos es escrita en las Escrituras con las palabras solemnes y terribles: tinieblas de afuera, hornos de fuego, el abismo, el infierno, lago de fuego y azufre, y si esta descripción es tan terrible, ¿cómo será la realidad? Pero la nueva criatura morará en la ciudad de Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo de Dios, una nueva ciudad cuyos fundamentos son piedras preciosas, cuyas puertas son perlas, cuya plaza de oro como vidrio trasparente, cuyo templo es el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero, cuya luz es el resplandor de Dios, y el Cordero es su lumbrera. En ella no entrará cosa sucia que hace abominación y mentira, sino los que están escritos en el libro de la vida del Cordero, allí serán también los cielos nuevos y la tierra nueva (Apocalipsis 21).

Y como un glorioso resumen de todo esto, nuestro Dios enfáticamente declara: “He aquí, yo hago nueva todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

¿Deseas tener una vida nueva? Entonces, ora delante de Él y acepta a Cristo como tu Salvador personal.

“Gracia y Paz”

¿CUÁLES SON TUS RESOLUCIONES PARA EL NUEVO AÑO?



Hebreos 12:1-2
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.

Estamos al comienzo de un nuevo año. Este es el tiempo en el que generalmente se hacen resoluciones y promesas acerca de cosas que deseamos cambiar en nuestras vidas, o se establecen metas a las que queremos llegar. Lamentablemente, muchas de estas resoluciones son las mismas que hemos hecho en años anteriores, y que por un motivo u otro nunca se cumplieron. Por regla general la razón es que nos enfocamos más en los medios que en el fin mismo, y por lo tanto perdemos de vista la meta. Por ejemplo, muchos se hacen el “firme" propósito de perder peso. Pero lo cierto es que “perder peso” no es el fin que verdaderamente desean, sino que es el medio para llegar a ese fin. El verdadero propósito es lucir bien físicamente, sentirse bien sicológicamente, gozar de buena salud, etc. Este es el fin al que se llega cuando se pierde peso, pero los esfuerzos se concentran en el medio, no en el fin.

Hay muchas otras resoluciones de año nuevo que se rigen por este mismo principio. Queremos ganar más dinero, tener un carro nuevo, o una nueva casa, o encontrar la pareja ideal, etc., pero en realidad lo que deseamos es ser felices, vivir una vida confortable, disfrutar de paz y tranquilidad, e inconcientemente nos enfocamos en los medios que, creemos, pueden llevarnos a ese fin en lugar de concentrarnos en el fin.

El pasaje de hoy dice que “…corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”. Cuando vamos por esta vida con la mirada fija en Jesús, nos estamos enfocando en el fin, pues él es la paz, la verdad, la felicidad, el pan de vida, el agua viva, el poder, el consuelo, el único camino al cielo, en fin todo lo que podemos desear en esta vida está en Jesucristo. Así lo afirma el apóstol Pablo en su carta a los colosenses: “Vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad” (Colosenses 2:10). No necesitamos nada más.

Teniendo esto en cuenta, hazte el firme propósito de seguir este simple ABC durante todo este nuevo año:

Ama a Dios.
Jesús les contestó a los escribas y fariseos en Marcos 12:28-30: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento”.

Busca el rostro del Señor cada día.
Dios dice en Jeremías 29:12-13: “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”.

Conoce a Dios más profundamente.
Orando Jesús al Padre, dijo: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

Y en Jeremías 33:3, el Señor dice: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”.

Cuando cada día de nuestras vidas leemos la Palabra de Dios y buscamos de todo corazón su rostro en oración llegaremos a conocerle profundamente; y al experimentar su compañía, su profunda paz, su gozo inefable y su infinito amor, entonces le amaremos por sobre todas las cosas. De esta manera disfrutaremos la vida “en abundancia” que Jesús nos ofrece en Juan 10:10. Este es el fin que debemos perseguir. Cualquier esfuerzo en otra dirección será en vano. Cuando ponemos a Dios en primer lugar todo lo demás viene por añadidura. Así nos dice Jesús en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

¿Cómo está tu relación con Dios? Cierra tus ojos y medita en esto por unos minutos. Este es un buen momento para que hagas la firme resolución de mejorar tu relación con el Señor en este nuevo año.

ORACIÓN:
Padre amado, en este nuevo año que comienza yo quiero crecer más espiritualmente. Quiero establecer una comunión más íntima contigo, mi Señor. Quiero amarte más, buscarte más y conocerte más. Te ruego me ayudes en el propósito de orar más y de leer más la Biblia. En el nombre de Jesús, Amén.

“Gracia y Paz”
Dios te Habla

EL MELÓN



Si quieres mejorar tú circulación sanguínea consume melón, pues aparte de ser delicioso ayuda a evitar la formación de coágulos en personas que sufren mala circulación, angina de pecho, ataques al corazón, entre otros padecimientos.

SIEMPRE CONSULTA A TU MEDICO, para que mantengas tu cuerpo sano; “Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer” (Génesis 1:29). “He aquí Yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad” (Jeremías 33:6), “¿o ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 corintios 6:19).

“Gracia y Paz”
Publicado por: Carlos Martínez M.
Fuente: Medicamentos Accesibles