viernes, 31 de octubre de 2014

¿Sabes porque puedes confiar en Dios?



¿Sabes porque puedes confiar en Dios?

Salmo 37:1-9
“No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán. Confía en el Señor, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda al Señor tu camino, y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. Guarda silencio ante el Señor, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades. Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo. Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en el Señor, ellos heredarán la tierra”.

En los tiempos que vivimos es sumamente difícil encontrar una persona confiable. La avaricia, la excesiva ambición de cosas materiales, el deseo de enriquecerse a toda costa son características muy comunes en nuestros días. Son tantas las historias de fraudes, estafas, engaños de todo tipo con el fin de obtener beneficios personales, que pasamos una gran parte de nuestras vidas temiendo ser víctimas de uno de estos individuos, y poco a poco nos volvemos muy desconfiados. Por eso cuando le hablamos a alguien acerca de poner su confianza en Dios, encontramos muchas veces una reacción negativa. Quizás esa persona se pregunte: “¿Por qué razón debo yo confiar en Dios?”

En la escritura de hoy David expresa su confianza en el Señor. He aquí varias razones por las que tú puedes confiar en Dios:

Primera: Dios es digno de absoluta confianza porque él es el único y verdadero Dios. No existe otro como él. Dice Isaías 37:16: “Yahweh Señor de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra”

Segunda: No tenemos que preocuparnos de que haya cambios en sus principios, en su carácter o en sus valores, como sucede tan a menudo en los seres humanos. Hebreos 13:8 dice: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. Por eso podemos confiar en Dios.

Tercera: Dios es la esencia misma de la verdad. Sus actos no dependen de una lista de “bien” o “mal”. Más bien él mismo es el modelo para cualquier comparación o análisis. Dios no miente, porque él es la verdad y solamente la verdad. Jesús dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).

Cuarta: Dios es absolutamente fiel. A través de los siglos, él ha demostrado siempre su fidelidad. La Biblia afirma: “Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” (Lamentaciones 3:22-23). Ni aun cuando nosotros somos infieles, Dios deja de ser fiel. En 2 Timoteo 2:13 leemos: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo”.

Quinta: Dios es digno de confianza porque él tiene absoluto control sobre todas las circunstancias. El Salmo 103:19 dice: “El Señor estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos”. Por lo tanto, podemos confiar que Dios tiene poder para cambiar nuestras circunstancias, sin importar lo difícil que nos parezca la situación en la que estamos.

Sexta: Dios ha demostrado con creces su amor por nosotros. Dice Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Y Romanos 5:8 dice que “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Si Dios mostró un amor tan grande por nosotros cuando éramos pecadores, cuánto más podemos esperar de él ahora que, a través del sacrificio de Cristo, hemos sido justificados y reconciliados con él.

Sin lugar a dudas podemos poner nuestra confianza en Dios, sabiendo que él nunca nos decepcionará. Cualquier persona en este mundo puede fallarnos, incluso nuestros padres, pero Dios nunca lo hará. David lo expresó de esta manera: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, el Señor me recogerá” (Salmo 27:10).

Oración:
Amante Padre celestial, gracias por la seguridad que me ofreces a través de tu Palabra de que puedo confiar plenamente en ti, en todo momento y en todas las situaciones. Ayúdame a mantenerme firme en la fe cuando las circunstancias tiendan a hacerme dudar. En el nombre de Jesús, Amén.

¡Gracia y Paz!
Dios te Habla

Síguenos en:

No hay comentarios:

Publicar un comentario